Chapter Text
Gran Premio de Japón, 2026
La puerta se abrió violentamente; George Russell empujó dentro del cuarto a su cachorro de equipo, cerrando con un portazo.
El ambiente tensó el hospitality de Mercedes. Con maldiciones de voces que discutían.
En la habitación, un maremoto de aromas furiosos se estrellaba.
—¡No puedo creer que hayas hecho eso! ¡En qué carajo estabas pensando!
—¡Yo no hice nada! —el joven alfa se defendió con los ojos abiertos y los dientes exhibidos. La rabia en su persona era evidente.
—¡Ni se te ocurra mostrarme tus colmillos de leche, cachorro! ¡Ubícate o te hago ubicar, pendejo de mierda! —La siempre pulcritud del británico estaba rota, su cabello en todas direcciones por el forcejeo de arrastrar al chico lejos de flashes o narices curiosas.
No necesitaban más prensa sobre ellos.
Kimi disminuyó el gruñido, viendo el fuego en la mirada de la diva del paddock.
George estaba enojado.
Muy enojado.
Nunca fue un buen presagio ver a su autodenominada madre de la grilla enojada.
—¡¿Sos pelotudo o te hacés?! ¿A quién se le ocurre intentar marcar a un omega en pleno fanzone?
—¡No lo intenté marcar! —se defendió con vehemencia.
—¡No solo eso, a Colapinto de todos los omegas! —George lo vio con los ojos desorbitados de ira.
Kimi tragó hondo, se olvidó de lo espeluznantes que pueden ser esas cuencas azules cuando lo miraban fijamente hasta su alma.
—Entonces dime, Kimi de mi corazón, si decís que no intentaste marcarlo. ¿Cómo carajo lo llamarías? —George colocó sus manos en su cadera, la postura tensa—. Porque seguro que abrazarlo más de la cuenta, tomarlo de la mano para las fotos, buscarlo con la mirada y despedirlo sin respetar un centímetro de su espacio personal, no es intentar marcarlo, ¿eh? Seguro.
Kimi, aún en medio de su cólera, enrojeció de vergüenza.
No pensó verse tan expuesto.
Tan obvio.
Pero era George William Russell; no había nada que se le escapara.
George estaba por cometer un asesinato en primer grado.
Realmente no podía dar crédito al comportamiento de su compañero de equipo. Tendría que pedirle disculpas al omega argentino y al alfa por el comportamiento de su cachorro hormonal.
¡Y Dios! George odiaba tener que pedir disculpas.
¡Ni con su Maxie lo hacía!
Pero era obvio que en este caso, por jerarquía, no le quedaría de otra. Mas sí quería mantener su buena amistad con la pareja superior.
El británico no era ciego; por el contrario, era extremadamente intuitivo. Y podía notar las intenciones de su autodenominado cachorro italiano para con Franco.
El primer saludo en el fanzone fue algo extraño. Duró más de lo profesional, incluso para el argentino, conocido por ser el piloto más abrazable de toda la parrilla.
Que Kimi buscara su mirada en toda la sesión fue exasperante.
Que tomara su mano fue completamente innecesario.
Pero la despedida…
Vio la cara de incomodidad del omega, que mantuvo profesionalidad con la sonrisa tensa ante las cientos de cámaras que los grababan. Alejó sutilmente su cuerpo y su cuello del joven alfa, replegándose sobre sí mismo.
George lo conocía por la cantidad de partidos de pádel en los que fueron compañeros. También por la cantidad de citas dobles que realizaban quincenalmente con sus respectivos alfas.
Esa sonrisa que en fotos se percibía auténtica era farsa; no había brillo en su mirada y George sabía que, una vez el último flash lo dejara en paz, iría directamente con Lewis para regularse.
Franco, como la mayoría de los omegas, era muy sensible con las marcas aromáticas.
Sobre todo si eran sorpresivas.
Sobre todo él, con la experiencia desagradable que ya vivió una vez en el paddock.
Experiencia que desencadenó un instinto protector de su compañero, el alfa superior de la manada, y que todos sabían tácitamente que nunca tenían que volver a provocarlo.
Todos menos, se ve, el inadaptado social de su cachorro.
Dirigiéndose a la caravana, Toto arqueó los ojos, juzgándolos; no estaba contento con el show que el piloto menor hizo.
George sabía lo protector que era su jefe para con el omega de Alpine. A esta altura prácticamente lo consideraba su yerno, la pareja de su pródigo hijo mayor.
Hijo mayor... que rezaba que no tomara represalias.
Apenas se adentraron por los pasillos, el omega británico explotó contra su cachorro. Lo llevó a rastras a su habitación.
Kimi necesitaba disciplina. Y él necesitaba una respuesta del porqué de esta evidente falta de respeto. Atentaba ante la imagen que él mismo daba.
¿Así educaba al cachorro que tomó bajo su cuidado?
—Dime, Kimi, ¿qué era entonces? —Volviendo a la conversación, lo apuró a responder al ver cómo el italiano se quedaba callado. —Yo lo que veo es una evidente falta de respeto a todos.
—¡No le falte el respeto a nadie!
—¡Sí lo hiciste! ¡Le faltaste el respeto a Franco, a su alfa, a todo el equipo de Alpine y al nuestro! ¿Cómo crees que quedamos parados ante el resto de las escuderías? ¿Acaso piensas en estas cosas o solo actúas como un niño consentido?
Presenció en tiempo real cómo la pose de Kimi se resquebrajó. Su mirada se tornó borrosa, intentando contener las lágrimas.
Sabía que le había dado un golpe bajo. Sabía que uno de los mayores miedos de su cachorro adoptado era defraudar al equipo que le dio una oportunidad.
Intento respirar profundamente; no serviría de nada si perdía los estribos. Solo generaría más ansiedad a la situación.
—Puede ser que haya exagerado con lo último —habló relajando el mordisco de su voz, aunque con la firmeza de un reto. —Pero no podemos tener esos comportamientos en las fanzones, somos gente pública, Puppy.
—Lo sé, pero realmente no fue mi intención. —El enojo en Kimi se replegaba y volvía. Un vaivén que no terminaba de asentarse.
—Puede ser que no haya sido tu intención del todo, pero es lo que se percibió. Sigue siendo una falta de respeto hacia Franco. Te vas a tener que disculpar con él…
—Lo sé, lo sé —Kimi pronunció cabizbajo, tratando de serenarse.
—Y con Bearman también —el omega agregó tardíamente. Realmente se había olvidado de ¿la pareja? de su cachorro en todo el asunto.
George atestiguó el latigazo que hizo con la cabeza el menor ante la mención del nombre. El alfa lo miró con los ojos abiertos y una expresión de traición.
Interesante. Se guardó la información.
—¿¡Qué?! ¿¡Por qué me tengo que disculpar con él?!
—¿Vos no estabas con el niño oso? —cuestionó arqueando la ceja perfectamente perfilada.
—¡Eso es historia pasada! Hace semanas que cortamos, ¡estoy soltero! —anunció con sarcasmo.
Eso… eso no se lo esperaba. Realmente, la pareja de rookies daba más vueltas que una calesita.
Aunque ahora George se explicaba cómo su pequeño pasó de hablar 24 h del omega de Hass a ni siquiera mencionarlo.
—...Y porque estoy soltero, tengo derecho a encarar a las personas —terminó Kimi de rematar su alegato.
—Obvio que sí, pero no tienes derecho a incomodar a un omega. —Apretó con sus dedos el puente de su nariz, tratando de mantener los estribos.
—¡No lo quise incomodar! ¡Dios! Solo lo estaba despidiendo.
—Kimi, fue obvio que ese saludo se demoró mucho más de lo socialmente permitido; nadie estira el cuello si no es para marcar. —Agregó con la burla imprimiéndose en sus palabras—. También te lo comiste con la mirada durante toda la fanzone.
—Todo el mundo lo hace. —El alfa giró los ojos con fastidio. Sabía que odiaba sentirse juzgado. —Pierre se lo coge con la mirada en cada foto; ¡porque a él no le decís nada!
—Puppy, tres cosas: Uno, lo que haga Pierre me tiene sin cuidado. Dos, está con Charles hace años. Tres: Es francés; ellos dicen que es parte de su "mirada". —Recordó cómo Máx casi lo asesina al otro alfa por el mismo motivo.
«En Francia miramos con amor; no es mi culpa que todos ustedes sean unos frígidos de mierda».
Menuda excusa.
El joven alfa no hizo más que tragarse un grito exasperado, respirando fuertemente por sus fosas nasales dilatadas. Se arrojó contra la pared, chocando su espalda, deslizándose en el suelo, abrazando sus rodillas con los brazos.
El aroma a tomate era intenso, vicioso. Escuchó un tarareo, una forma alfa de autorregularse.
George solo suspiró. ¿Para qué se metía en estos aprietos?
Toto no le pagaba lo suficiente. Podía dejar a Kimi allí, recalculando solo su comportamiento.
Pero no.
Algo en él tiraba más fuerte, su cerebro posterior gritando con el mero pensamiento de abandonar la habitación.
Podía imaginar las palabras de su alfa como una vocecita en su hombro.
«Liefde, vos tenés un corazón demasiado grande, por eso lo adoptaste cuando lo viste tan desprotegido al salir del auto».
Lo que hacen en un omega los instintos.
George se sentó junto al chico, pegando la espalda a la pared, bombeando feromonas calmantes. Su aroma de Pimm’s, con las notas cítricas, ginebra y menta reemplazando el olor a tomate rancio que provenía del alfa.
No iba a dejar a su cachorro a la deriva. Pero por sostenerlo no lo iba a tratar entre nubes de algodón.
—Kimi, ¿A qué viene todo esto? Porque dudo que te hayas levantado hoy diciendo: “¡Oh, qué ganas de cogerme a Franco!”.
—¡No fue así! ¡Y no me lo quiero coger!
—A otro perro con ese hueso —cortó su reclamo—. Fue muy obvio; agradecé que Franco se lo tomó bien y no hizo un escándalo, pero es superior a vos. Hay polvos más fáciles, Puppy.
—O sea, no es que solo me lo quiera coger. —Kimi lo miró inseguro, sus defensas altas. —Creo… creo que él puede ser mi omega…
—¿Franco? ¿Tu omega? —La declaración lo tomó por sorpresa. No se esperaba este giro de acontecimientos.
Había concluido que lo más probable es que Kimi solo estaba hormonado y solo quería morder el culo al omega. No lo iba a juzgar; él mismo le pidió su rutina de glúteos.
Pero… ¿Sentimientos?
«Eso complica mucho más las cosas».
—¿Qué, tan loco suena? —La vacilación palpable en la voz del menor lo hizo nuevamente concentrarse.
—Puppy, es una locura. ¿Sabés con quién te estás metiendo, no?
Sintió la tensión fría atravesar el cuerpo alfa. No era necesario ponerlo en palabras.
Kimi sabía bien a quién se refería.
¿Sabía a qué se estaba enfrentando?
¿Qué es Hamilton capaz de hacer?
¿Qué esperaba conseguir?
—Sí, lo sé. Sé lo que pasó con Horner —Kimi tragó hondo al mencionar su nombre—. Pero creo que podríamos ser… Destinados —concluyó con voz bajita, apenas un susurro.
El omega mayor sintió compasión.
Un enorme sentimiento de compasión hacia su cachorro.
Entendía que, después de una ruptura, uno tiende a buscar aquello que cree que lo puede anclar en un lugar mejor. Aunque ese lugar sea tierra infértil para uno.
«¿Destinados?» En qué pensaba su niño. Esto se ponía cada vez peor.
—Kimi, Dios, ¿te caíste de la cama hoy? ¿Te estás escuchando?
—¿No me dijiste que pasaba así? Que un día simplemente tu cerebro te dice: “Es él” —le cuestionó el alfa, con un temblor en la voz. Una ilusión a la que parecía aferrarse.
—Sí, Kimi, suele suceder así… —George aflojó el mordisco de su voz, entendiendo—. El instinto marca y uno solo sabe que es la persona correcta.
Con suavidad le rodeó el hombro al menor, expulsando más ráfagas de feromonas calmantes.
—Pero Franco no puede ser tu persona correcta, Kimi. —George intentó de una forma suave.
—¿Por qué no? —susurró caprichoso, negándose a la verdad que ya sabía.
—Porque Franco es el omega de Lewis. Lo sabés bien.
—Sí lo sé, pero no necesariamente tienen que estar juntos… Quizás no están destinados y nosotros sí…
George arqueó una ceja, exasperado por la terquedad, pero a la vez no sorprendido. El joven alfa era un cabeza dura como ningún otro.
Igual a su Maxie. De tal palo, tal astilla.
La sangre no importaba.
—Escuchá, vos no podés intentar nada con Franco. NADA. —Abrió los ojos, remarcando cada palabra. Que su mensaje llegue a esa mente obstinada.
—¡¿Por qué no?! Quizás él ni está tan feliz…
—¿Preferís quedar como una Tatiana rompehogares? —Si la dulzura no pudo ser, intentaría con la firmeza.
—Arre, no sería nada de eso; si uno está destinado, ¡lo está!
George pensó en qué palabras usar para disuadir al menor de cometer un suicidio público.
Conocía a su antiguo compañero de equipo; bajo esa apariencia de relajación y sabiduría infinita, habitaba un alfa implacable.
Un alfa que había vivido más de lo que cualquiera podía imaginar.
Un alfa que había encontrado finalmente un omega al cual adorar y ser adorado a la vez. Un alfa que no dudaría un segundo en destrozar al idiota que se metiera con su pareja.
Con su dulce adoración.
Oh, bueno, no tenía otra alternativa. Les pediría disculpas en la próxima cena doble que tuvieran.
Quedaría como el chismoso más grande, pero evitaría una masacre en el paddock.
Los sacrificios que uno tiene que hacer por los cachorros estúpidos que adopta.
Tomando por los hombros al joven alfa, respiró hondo antes de clavar su mirada en él. Con voz firme le habló, agravando el acento.
Se acabaron las sutilezas. Era por el propio bien del italiano.
—Lo que te voy a decir tiene que morir acá. Franco está fuera de cualquier posibilidad. —Odiaba tener que ser el que diera una estocada que podría partir un corazón.
—Pero George…
—Franco fue reclamado —lo cortó de raíz. El tono serio, aumentando la veracidad de sus palabras. —Se enlazaron. ¿Entendés qué significa eso?
Kimi Andrea Antonelli nunca sintió un estremecimiento tan intenso como el que lo atravesó apenas procesó las palabras.
—¿Qué? ¿Cómo…?
—Mordida de apareamiento en el último celo. Lo aprendés en primaria, Kimi.
El menor enrojeció de vergüenza. Vio cómo sacudió rápidamente la cabeza, quizás queriendo borrar imágenes no deseadas.
—¡Sí, eso lo sé! Dios, no soy tan boludo…
—Pues parece la verdad. Porque más allá del enlace, todo el mundo sabe que no se tiene que meter con Franco. Y vos vas tratando de marcar olfativamente al omega de un alfa superior.
—¡No es que lo intenté marcar! Es que no sé… no puedo creer que se enlazó; Lewis no dijo nada en el grupo.
—Ajam, Fran tampoco habló. Lo sabemos pocas personas. Así que cerrás el orto o me matan. —El omega respiró hondo, tratando de bajar la intensidad de sus nervios. —No lo quieren anunciar todavía. No tienen ganas de fumarse comentarios pelotudos por redes. Pero ya están enlazados hace semanas, así que realmente no podés meterte, Kimi.
—Pero…
—Pero nada. Kimi, Franco es feliz. —Odiaba usar un tono duro, pero era la única forma de dejar en claro el asunto. —Y no voy a permitir que te metas con un omega recién reclamado. Menos si son amigos míos. No seré vinculado a un tatiano pendejo —agregó lo último para intentar aliviar el ambiente.
Kimi se desinfló. Toda la tensión de sus hombros y su postura confiada se desvaneció, dejando un rostro dolido. El agua se acumuló en sus ojos.
Ahora el joven alfa entendía por qué, al momento del abrazo al final de la fanzone, sintió en el argentino una base sutil de té Earl Grey en su aroma. Un olor que le generó una sensación de alerta que nunca antes había sentido.
Tenía sentido si la reclamación era reciente.
Parte del complejo entramado de marcas aromáticas que rodeaban a sus segundos géneros.
La sensación de injusticia era evidente.
Los instintos de George se dispararon al percibir las primeras gotas provenientes de los ojos marrones tocar el suelo. Abrió sus brazos, atrayéndolo a ellos.
Kimi se acurrucó en su cuello.
Llorando una ilusión que ni siquiera tomó forma de todos modos.
George lo acunaba, meciéndolo con ternura.
Su compañero de equipo que le saca canas verdes.
Su cachorro de alfa que adoptó inconscientemente y que le rompía no poder ayudarlo.
Lo dejó ser, lo dejó desahogarse.
—¡No es justo! ¿Por qué tiene que ser así?
—No siempre la vida es justa, pequeño —George afirmó con ternura—, pero vos también mirá en quién te venís a fijar, ¿eh?
—¡¿Es mi culpa que estén todos emparejados?! —la voz chillona salió quejándose de forma infantil. El puchero era perceptible.
El omega se rió con razón. Tenía un punto el chico.
Con cuidado lo despegó de sí, viendo cómo Kimi sorbía ruidosamente sus mocos.
Qué elegante.
—De igual forma, ¿cómo surgió lo de Franco? —empezó, queriendo entender el origen de todo esto. —¿Cómo pudo escapársele por tanto tiempo? —Porque dudo que te haya tirado onda. Solo tiene ojos para Hamilton.
—No me tiró onda, pero no sé, es supercopado y muy cariñoso —empezó el alfa con vergüenza—. Pensé… pensé que quizás había algo allí.
—Puppy, Franco es cariñoso con todos. Es argentino, el chamuyo está en su sangre —rodó los ojos al recordar el tono conquistador que usaba con todas las personas existentes.
Recordó cómo tuvo que morder el interior de su mejilla la primera vez que lo vio hablar con Max; cómo lo odió por largas semanas, deseando que simplemente desaparezca. Hasta que notó el brillo enamorado en sus ojos que le dedicaba únicamente al alfa mayor de la grilla.
Retomó la conversación al escuchar a Kimi balbucear.
—Sí lo sé… soy un tarado…
—Lo sos —se sinceró—. Sos un cachorro de alfa, es normal.
—Gracias, eh, me ayudás tanto.
—Siempre, Puppy —le sonrió con todos sus dientes.
El alfa se fue calmando, dejando ir la emoción, solo quedándose con una profunda desazón.
El silencio que los rodeó fue ameno, de aquellos en donde el entendimiento era todo lo que se necesitaba.
Kimi se mordió el labio inferior, clavando su colmillo sobresaliente.
Un pensamiento se instaló en su mente. Algo visceral que necesitaba expulsar.
Necesitaba contárselo a alguien.
No tenía con quién.
Miró al omega mayor, aquel que lo adoptó como una madre sin preguntárselo. Que lo recibió con una sonrisa y se enfrentó a Toto Wolff cuando su racha de malos resultados había superado a las positivas en el 2025.
Kimi sabía que podía confiar en él.
Sabía que podría tener la respuesta que tanto necesitaba.
—¿George? —empezó inseguro.
—¿Mm? —El británico lo observó, girando su rostro para visualizar mejor al chico.
—¿Te puedo preguntar algo?
—Ya lo estás haciendo —la sonrisa maliciosa tiró de sus facciones—, pero sí, pregúntame.
—¿Alguna vez te arrepientes de no haber funcionado con Alex Albon?
Vio cómo el rostro del mayor pasó de sorprendido a una mueca indescriptible.
Un torrente de emociones pasando por sus ojos azules.
Cariño, dolor, nostalgia.
Kimi se arrepintió al segundo de haber preguntado.
Se sabía, porque todo se terminaba sabiendo en el paddock, que el primer Alfa de George Russell no fue Max Verstappen.
Fue su amigo de la infancia, Alex Albon.
No sabe cuánto tiempo; los detalles se pierden en los años. Pero sí que para cuando el alfa tailandés volvió a la categoría en 2022 ya no estaban juntos. Kimi sabía que no era asunto suyo, pero sentía que era lo único que podía explicar lo que sentía.
—Sé que medio te adopté, pero no sabía que también te transmití mi amor por el chisme —empezó a hablar el omega después de un largo tiempo en silencio.
—¡No es chisme! De verdad te pregunto…
—Y yo de verdad te respondo —el británico fijó su mirada a un punto en la pared. Sus ojos azules perdidos en recuerdos del ayer.
—La respuesta corta es no. —Empezó a hablar con voz suave. Aquella que a Kimi le encantaba escuchar.
“No me arrepiento de no haber funcionado con Alex.
Aunque no voy a negar que siempre será una espina de por qué no pudimos funcionar… pero entiendo que simplemente hay personas que no son compatibles bajo ciertas etiquetas.
Todo el mundo esperaba que estuviéramos juntos; es mi mejor amigo desde que tengo memoria. Crecimos juntos, competimos juntos. Era esperable que, siendo él un alfa y yo un omega, termináramos como pareja. O sea, es la naturaleza presentándote a un alfa durante toda la vida; sabés cómo es, cómo te puede tratar. Es algo seguro. ¿Qué mejor que esa oportunidad?”
Kimi asintió, viéndolo expectante. Entendía ese sentimiento.
George suspiró antes de seguir, con la mirada perdida en recuerdos lejanos.
“Estuvimos juntos un año entero, quizás más. Las fechas son difusas a esta altura. Lo intentamos, realmente lo intentamos, eh. Pero nos lastimábamos más que el bien que nos hacíamos. No sabíamos congeniar como pareja.
No porque sea mala persona, Alex es un tipazo. Y siempre estaré agradecido por los momentos vividos. Pero él no es el tipo de alfa que quiero y yo no soy el tipo de omega que necesita.
Y fingir ser algo que no éramos nos estaba quemando por dentro.”
El brillo de lágrimas de antaño empañó los ojos del omega. No derramó una sola gota.
“Un día nos sinceramos. Fue horrible, Kimi.
Uno de los peores días de mi vida.
Fue horrible darse cuenta de que la “ilusión” que te inculcaron de chico no pudo ser. Que tu propia expectativa no pudo ser.
Que a veces no importa el cariño existente. Ni lo mucho que lo intentes.
Simplemente no está ahí tu verdadero amor.
Estaba destrozado después de eso.
Acababa de subir al equipo de mis sueños y lo único que quería era morir porque la persona que se suponía que amaría toda mi vida era una farsa.
Lewis me ayudó, Kimi. Él vivió algo parecido y entendía mi sentimiento de fracaso. “Es mejor llorar por un corazón roto que por haberte perdido a ti mismo”, me dijo una vez cuando me derrumbé en el box de Mercedes.”
Una sonrisa tenue tiró de sus facciones. Una mirada cariñosa ocupa el lugar de la nostalgia.
“Pero no todo fue horrible.
Tiempo después, un alfa idiota me empezó a pelear públicamente.
Estaba tan estreñido emocionalmente que no sabía cómo llamar mi atención y pensó que hacerme la vida imposible era la mejor opción.
Me costó, Kimi.
Me costó horrores no pensar que iba a tener un nuevo fracaso, pero un día simplemente supe que sería Max.
Que lo quería el resto de mi vida.
Y es algo de lo que nunca me voy a arrepentir”.
Kimi escuchó las palabras. Cada una.
Captó la emoción escondida en ellas y se sintió completamente comprendido.
Comprendido y desesperanzado.
—¿Esto tiene que ver con tu no relación con el niño oso, Puppy? —agregó George con un dejo de suspicacia, después de permanecer en silencio.
Kimi se paralizó. No pensó que sería tan obvio, que los ojos azules que miraban el alma, efectivamente miraran la suya.
¿Cómo es que lo logra?
—¿Creíste que no me iba a dar cuenta? No te parí, pero casi casi que me duele la cesárea, Puppy. —El británico se rio jocosamente, mirándolo de costado, la ternura dominando sus rasgos.
El chico no pudo hacer otra cosa que hundir su cabeza entre sus brazos, escapando de la mirada del omega.
—¿Qué sucede, Kimi? —escuchó el tono suave de George, invitándolo a hablar—. Porque, hasta lo que sabía, estabas en una relación con Bearman. Ahora me decís que estás soltero, pero sigues usando su collar.
Inconscientemente llevó su mano al dije que colgaba.
Un collar viejo, tan viejo que la cuerda apretaba contra su cuello, nostalgia de una época en donde quedaba holgado.
Todo bajo la atenta mirada del omega.
No tenía que subestimar a su madre del paddock.
—Es… complicado. —Empezó con voz trémula; no pensaba exponer sus penurias tan prontamente. — Éramos novios, pero terminamos hace unas semanas. Pero antes de eso también terminamos y volvimos. No sé si esta es la definitiva.
Fue el momento de Kimi de perder su vista en la pared, dejándose dominar por las emociones, recordando el momento exacto en donde dijo 'no más’.
Le dolía. Le dolía como ninguna otra cosa.
Más que los DNF.
Más que la vergüenza de pedir disculpas públicas.
Kimi alineó su mirada con la del omega, inundándose de valor.
—Y duele. Duele mucho. Lo amo desde que tengo memoria. Siempre estuvo ahí —sonrió con dolor, las lágrimas acumulándose en sus ojos, mientras desviaba su mirada a la pared nuevamente. —Lo conozco desde cachorro. Compartimos escudería en F2; allí arrancó nuestra relación.
La nostalgia dominó su relato.
—Al principio no queríamos saber nada. Pero la escudería quería aprovechar que éramos amigos desde chicos, además de que todo el mundo esperaba que termináramos juntos. O sea, somos un alfa y un omega.
—El famoso “ya era hora”, ¿no? —George le preguntó con dulzura.
—¡Sí! ¡Eran insoportables! Todo el tiempo nos decían cosas así —la risa se atenuó, volviendo a sus recuerdos—. Al principio éramos un tiro al aire, pero después fuimos inseparables.
“El problema fue cuando subimos a F1. Al principio era increíble. Un sueño hecho realidad, quiero decir: ¡Lo logramos! ¡Juntos!
¿Qué pareja de pilotos debuta junta como pareja en equipos tan top? Él esperaba la llamada de Ferrari y yo con Mercedes.
Pero las cosas empezaron a ser difíciles. No sé, algo se rompió.
Ferrari nunca lo llamó como le habían dicho y Haas no lo ayudaba. Me reclamaba que no podía entender su frustración si corría para Mercedes. Pero no es mi culpa eso, ¿no?
Peleamos mucho. Que para entenderlo tengo que estar en un equipo chico y yo no quiero ‘descender’. Puedo sentir su bronca, pero no parece ser suficiente. Él ahora está muy en la suya; casi ni nos vemos desde que se mudó con Bortoleto. Intenté darle su espacio, pero simplemente no estamos funcionando…
Yo… yo terminé con Ollie esta vez. Pero no estoy seguro.
No quiero… Quiero arrepentirme de estar tirando todo a la basura”.
El quejido de inseguridad lo dominó; su olor a tomate podrido, su angustia afloró.
—Entonces, estas últimas semanas me di cuenta de que Franco está allí. Es amable, es cariñoso. O sea, el tipo en un día me dio más abrazos que mi novio en un mes. Y no sé, pensé que podría ser… ya sabes, eso. —Terminó hablando bajito, como un susurro de condena.
—¿Tu delirio de destino, no? —completó la frase el británico.
«Dios sonaba peor en voz alta».
—Sí, eso. Pero no sé. Estoy muy confundido. Me duele cortar con Ollie, pero también siento que tengo que seguir adelante… —Soltando todo el aire de sus pulmones, pronunció las últimas palabras—: …Pero ¿qué tal si sigo adelante y me arrepiento? Te pregunté por Alex, porque no conozco a nadie más a quien le haya pasado algo similar.
Vio cómo George miraba al vacío una vez más.
Seguramente midiendo sus pensamientos.
Quizás juzgándolo.
Kimi no podía decirlo.
—Alex siempre será una persona especial en mi vida. No me imagino a ella sin él. Pero no por mantenernos cerca vamos a forzar algo que no existe. Es doloroso darse cuenta de que el primer amor no siempre funciona. Nos crían con esa idea, cachorro. —La empatía inundaba la mirada que le dedicaba el omega. —“Cuando uno conoce a una persona, se miran a los ojos y punto. Tu amor de toda la vida para siempre”. La realidad no es un cuento de hadas y es más probable que tu primer amor sea efímero.
—No lo veo así, Geor —Kimi le respondió cabizbajo, frustrado—. Literal, todo el paddock está con su primer amor. Siento que soy un bicho raro.
—Eso lo crees porque no le sabes al chisme, hijo mío. —El británico se rió con complicidad, golpeando con su codo el costado. — Mirá, te cuento para que no te deprimas tanto: Carlos estuvo con Lando durante su época de McLaren. No funcionaron porque Carlos quería algo más serio y, básicamente, Lando era poco más que un cachorro tardío. Pierre juraba amor eterno con Yuki, porque no quería aceptar que le rompía el corazón no sentirse a la altura de Charles. Fernando tuvo mil omegas antes de Lance. Nico Hulkenberg hasta se casó con Kevin, pero ese divorcio era más cantado que Despacito.
El omega respiró hondo, mientras le pasaba la mano por sus rulos desprolijos, calmándolo con su tacto.
—Ni hablemos de Lewis, que hasta hay artículos en la Wikipedia sobre el Brocedes. Franco también tuvo su historial, aunque no lo creas. Incluso mi Maxie tuvo su primer flechazo con Ricciardo y terminó en la nada, porque el lenguaje emocional no es su fuerte. —Con camaradería le susurró. —No le digas que te dije esto último.
Kimi se rió ante la ocurrencia del omega; este le sonrió al ver cómo el brillo juguetón volvió a su mirada apagada.
—Es más, te digo. ¿Las parejas que se formaron el año pasado? No sé cuánto seguirán. A Liam se le nota más cómodo con Arvid que con Isack, que se está comportando como un pelotudo. Gabi, no sé cuánto durará con Nico; su escudería los está forzando más de la cuenta.
—¿Y Franco? —Un pequeño dejo de esperanza se asomó en sus ojos. Tenía que aferrarse a una esperanza.
—Kimi. Puppy, cachorro mío, déjate de joder con Franco; él juega en otra liga.
George observó divertido cómo el joven alfa se desinflaba.
—Vos no sos su tipo de alfa ni en pedo. Él siempre amó a Hamilton. ¿Pensás que lo va a dejar ir? Está viviendo su sueño literal. —El omega levantó una mano, impidiendo que Kimi le respondiera. — Lewis está enamorado. Realmente enamorado, sé de lo que hablo. Créeme, no va a soltar a Franco nunca, mucho menos después de enlazarlo.
—Fah, ¿tan duro tenés que ser?
—Y sí. Si no estás entendiendo, cabeza dura. —El británico le golpeó levemente la cabeza, enfatizando su punto. —En fin, sé que es doloroso… Pero no estás solo. No sos un fracaso solo porque tu primer amor falló. Cuando sea, va a terminar siendo. No lo fuerces. Ya sea con Ollie o con otra persona. Simplemente será.
Kimi procesó sus palabras. El peso de su pecho fue aliviándose a cada respiración. Su tragedia no era la única.
No fue el único que no pudo con las expectativas.
Era difícil expresar sus sentimientos hacia Ollie. Sus desencuentros los hacen girar en un círculo vicioso que a nadie le sirve. Pero a la vez…
Siempre, siempre lo querrá. No lo quiere fuera de su vida.
Vivir con su fantasma sería peor.
—Pero, ¿qué pasa si quiero que siga en mi vida? ¿Eso está mal?
—No está mal, siempre y cuando Ollie esté de acuerdo. Quizás al inicio necesiten su espacio. Dejen que las cosas sanen. Es el duelo de una ilusión lo que están viviendo. —George bajó la voz, arrullándolo. —Cada uno lo lleva a su tiempo y a su manera. Ahora concéntrate en sanar. Después, pensá: ¿Qué no te gustó de la relación y qué podés cambiar vos?
—Es difícil…
—Nadie dice que es fácil, cachorro. Pero la solución no es meterse con otro omega de una. Y menos si están enlazados –lo señaló con un dedo acusador.
Kimi bufó por el reproche.
—Pero, ¿qué pasa si estoy con otro omega? —¿Y él no quiere que me lleve bien con Ollie? —Sabía que estaba siendo obstinado, pero su mente no podía evitar abrumarse ante la perspectiva de lo desconocido.
Ollie era un mal conocido.
No saber nada lo llenaba de una sensación de pavor.
—No tengo una respuesta para eso, Kimi. Porque cada pareja y sus acuerdos son un mundo. —George se quedó pensando un momento. —Yo te puedo decir lo que yo hice. Alex siempre será mi mejor amigo y nada de lo que sucedió va a cambiar eso. Nadie le va a sacar su parte de mi corazón y de mi vida. Max sabe exactamente eso y lo tuvo que aceptar si quería estar conmigo. Porque yo no voy a renunciar a las personas que me hacen ser como soy por un alfa. —Suspiró y con eso dejó ir la melancolía. —Pero esa es mi experiencia. Vos no sabés ni lo que vas a hacer mañana. No te calentés por lo que vendrá.
—¡Sí sé lo que voy a hacer mañana! —El joven alfa se defendió con ahínco.
Kimi sintió cómo el nudo de su estómago se fue aflojando.
El aire se volvió liviano.
Sus pulmones respiraban llenos por primera vez en días.
—¿Te abro mi corazón y solo te quedas con eso? Qué pendejo malagradecido —George le reprendió afectuosamente, con un ligero golpecito sobre sus rulos inquietos.
El omega se enderezó, levantándose del duro suelo, estirando los brazos y quebrando la espalda. El sonido de sus vértebras al acomodarse resonó en la habitación.
Le tendió la mano con una sonrisa.
Kimi la aceptó, siendo jalado para ponerse de pie. No se había dado cuenta de lo entumecido de la posición.
—Ahora vamos, que Toto seguro nos va a cagar a pedos. A vos por atrevido y a mí por mala madre.
—¿Qué? ¡¿Por qué?!
—Quizás, no sé... ¿Por qué intentaste marcar a su yerno favorito frente a todo el público?
—Pensé que era Max su favorito…
—Su sueño húmedo es que mi Maxie conduzca para él —rodó los ojos—, pero Franco es su debilidad. O sea, hizo que su hijo mayor, que era un tiro al aire, asentara la cabeza. ¿Sabés cómo lo tiene en un altar? Ya le prende velas para conseguir un nieto.
Ante la cara de asco del joven alfa, el omega se burló. Oh, lo que le falta aprender de la familia Mercedes a su cachorro. Con una mano sobre su hombro, lo condujo fuera de la habitación.
—¡Ah! Y también te tenés que disculpar con Franco y Lewis.
—Okey... pero no es tan malo, ¿no? Con Lewis, quiero decir.
George se paró de golpe, girando para mirar directamente los ojos avellanas en un gesto serio.
—Kimi, te podés ir despidiendo de tu campeonato, o al menos te va a torturar todo lo que pueda antes que lo ganes. Y agradecé que Lewis te quiere mucho, cachorro mío, porque puede ser mucho peor.
Kimi se estaba arrepintiendo de cada decisión que tomó hasta ese momento.
