Chapter Text

El apartamento de Morgan no es ostentoso ni grande, aunque tampoco es precisamente pequeño; solo tiene una habitación, 1 baño y una sala de estar que está conectada a la cocina, solo dividida por una bonita barra de madera con 3 bancos del mismo material.
Los colores del apartamento son una mezcla de blanco, café claro (con estampado de madera) y muebles color negro.
También hay una alta variedad de plantas medicinales y místicas por todo el balcón, con algunas dentro del departamento, al lado de objetos como cartas de Tarot, piedras, velas, etc.
Theo se tuvo que dormir en el sillón; aunque Morgan estaba un poco apenada por eso, a Theo no le molesta, es mejor que los incómodos asientos traseros de su camioneta. Está más que feliz de dormir en un sillón calentito y relajado después de un baño con agua caliente.
Morgan le explicó lo básico del embarazo cuando iban de camino al apartamento: le dijo que el embarazo se divide en 3 trimestres:
El primer trimestre: Va desde la semana 1 hasta la 12. En esta etapa se forman los órganos vitales del embrión y el inicio de varios síntomas como el asco, los mareos, el cansancio, etc.
El segundo trimestre: Abarca de la semana 13 a la 26. El bebé crece rápidamente y sus órganos comienzan a funcionar; algunos síntomas desaparecen y otros los reemplazan, como son el crecimiento del vientre, dolores de espalda, etc.
Y el tercer trimestre: Cubre de la semana 27 hasta el nacimiento. El bebé gana peso y se prepara para nacer.
No sabe si él también subirá de peso y lucirá una barriga de embarazada; tan solo de pensarlo le revuelve el estómago; ser un hombre con el abdomen completamente desproporcionado a su cuerpo le es raro de pensar.
Bueno, ya cruzará ese puente cuando llegue.
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Conseguir un trabajo de tiempo completo es mucho más fácil si te ayuda alguien que ha vivido toda su vida en la ciudad; ahora es mecánico, una profesión que le agrada mucho. Siempre fue de él el que arreglaba su camioneta; es como operar a alguien, pero sin la sangre ni los gritos.
Su trabajo de medio tiempo se ajustó para que sea de 2 p. m. A 6 p. m.
Llega a casa de Morgan agotado y sucio, con apenas tiempo para “disfrutar” de la etapa del embarazo que, según Morgan, todas las embarazadas disfrutan, algo que no tiene sentido ya, que ese estúpido embarazo es todo menos agradable; tener que soportar los mareos y asco constantes, el hambre incontrolable, el cansancio que te hace parecer un zombie cada mañana y, por último las incontrolables necesidad de ir al baño cada media hora… No es para nada agradable.
Theo sospecha que Morgan se estaba burlando de él con ese comentario...
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Su rutina se vuelve tan repetitiva que Theo empieza a aburrirse.
De lunes a viernes es: Despertarse antes de las 6:30, bañarse y desayunar (Ya que el parásito que tiene por bebé se despierta con tanta hambre que no deja de hacer gruñir su estómago), ir al taller, trabajar, comer, ir a la biblioteca, comer, regresar al apartamento de Morgan, preparar la cena, cenar, preparar todo para dormir, comer algo de por medio y, por último, dormir.
Los fines de semana se la pasa pidiendo horas extras en el taller, biblioteca o buscando trabajos, también evitando el apartamento de Morgan porque no quiere toparse a sus amigas, que, por lo que oye en sus llamadas (que a veces hablan de él, por cierto), son un poco intensas en cuanto al “chisme”, sea lo que sea eso.
Theo descubre por las malas que ellas también saben de lo sobrenatural. ¿Por qué a las malas? El primer sábado que pasa con Morgan desde que se mudó, se topó con una de ellas: Kaze, una loca de lo desconocido que es tan curiosa como un cachorrito, pero sin lo lindo y adorable.
A Kaze solo le tomó verlo unas horas antes de preguntarle: —¿Estás embarazado? — Theo casi se atragantó con su comida; no sabe cómo lo descubrió, no es como que Theo tenga una enorme barriga que grita: ¡embarazado! Solo han pasado unas pocas semanas desde su embarazo; aún tiene sus abdominales, pero no le importa cómo lo descubrió; solo lo niega y la empieza a evitar como un gato al agua.
Eso fue hace casi 2 meses.
Ahora sí tiene una barriga de embarazada, no tan grande como esperaba que fuese; es como un pequeño melon, apenas y se nota si se pone una camisa holgada (que se vuelve su outfit durante todo el embarazo).
No sabe si es su cara o la constante forma en la que se soba el abdomen lo que termina llamando la atención de Morgan.
—Muy bien, ¿Qué te pasa? — Theo se detiene en medio de la cocina, donde está preparando la cena de esa noche: alitas con chipotle; voltea a ver a Morgan, con una ceja levantada —Nada, ¿Por qué? — Morgan no parece creérselo, ya que esta se cruza de brazos y espera a que Theo ceda.
—¿Es normal que no tenga una barriga? ¿No estoy comiendo lo suficiente? ¿Tiene algo el bebé? — suelta las tres principales preguntas que le rondan la mente, con una sola respiración y la camisa levantada para que Morgan vea su abdomen apenas abultado —Oh— abre los ojos de parar en para asustado —¿Oh? ¿Es un “Oh” malo? ¿Le hice algo al bebé? ¿Lo lastimé? —
Morgan toma los hombros de Theo, que no sabe en qué momento empezó a caminar en círculos casi hiperventilando —Respira— Theo lo hace, copiando las respiraciones pausadas de Morgan —El “Oh” significa que ya entendí el problema— explica lentamente —Y sé que no es nada malo, pero yo no soy la más indicada para decirte eso; tienes que ir con un ginecólogo—
Theo se queda paralizado viendo a Morgan con los ojos bien abiertos —¿Hablas en serio? — Morgan asiente, desentendida de su estúpida idea —Soy un hombre sobrenatural… — dice lentamente para que entienda la estupidez que dijo —Hay ginecólogos sobrenaturales; dudo que ver un hombre embarazado los sorprenda—
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—Esto es una terrible idea, no sé por qué te dejé traerme aquí— Theo ve a las felices parejas esperando su turno para ver al ginecólogo, y se siente fuera de lugar porque sí, vino con una mujer, pero no es ni su novia (o esposa) ni es la que está embarazada.
—Deja de ser tan dramático— murmura Morgan poniendo los ojos en blanco —El ginecólogo aquí es bueno y además es un kitsune— Theo suelta un bufido porque aún sigue sin agradarle la idea de que alguien más sepa de algo tan privado como es su embarazo.
Cuando es su turno, sus nervios están por los cielos y sus ganas de salir corriendo crecen cada segundo. —Ustedes deben ser el señor y la señora Raeken— dice el Doctor nada más cierran la puerta —No. — Theo da media vuelta, listo para salir ahí, pero Morgan se le adelantó y lo tomó del brazo con fuerza.
—No. No somos pareja, solo vengo a acompañarlo para que no se acobarde— explica Morgan, para el horror de Theo.
El Doctor abre los ojos de par en par, siendo para nada sutil ante su sorpresa —¿Qué? Si soy un hombre y estoy embarazado… — gruñe, sintiéndose como una raza de circo —Oh… Yo, yo- lo siento, no quise— tartamudea el Doctor torpemente.
Theo sabía que era una mala idea —Muy bien… Acuéstese en la camilla y súbase la camisa— ve la camilla indeciso; estar acostado para que un Doctor pueda acceder a su abdomen le trae malos recuerdos —Bien— murmura, haciendo lo que el Doctor le pidió.
Ve cómo el Doctor trae una máquina con pantalla y un palo raro conectado a esta —Con esto te practicaré un ultrasonido, no te lastimará y tampoco al bebé, solo nos permitirá ver al bebé— explica el Doctor con tranquilidad, algo que incomoda y tranquiliza un poco a Theo; nunca antes habían sido tan delicados y considerados con él.
Es... raro.
—El gel puede estar un poco frío— advierte el Doctor antes de verter un gel azul claro directamente en el abdomen de Theo, provocándole un escalofrío.
Después de unos 10 largos y dolorosos segundos de estática, el Doctor apunta un pequeño bulto que resalta en lo negro:

—Aquí está su pequeño bebé— dice el Doctor, apuntando al bebé, dejando a Theo paralizado y maravillado por la imagen —¿Está sano? — es la primera pregunta que le sale de la boca —Para ser un bebé de 2 meses está bien, un poco pequeño, pero nada que unas vitaminas prenatales no arreglen— Theo asiente sin separar la vista de su bebé.
Al llegar al apartamento, Theo desea poder enmarcar la foto del ultrasonido y presumirlo con todos; luego recuerda su situación y se desanima un poco; quizás podrá presumir cuando ya nazca...
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Los meses pasaron volando, algo que lamenta para sus adentros, pues sentir y oír a su hijo dentro de él le gustaba un poco. Claro, hay cosas que no eran agradables, como los antojos raros y los cambios de humor.
Por otro lado, las pataditas fueron una relación de amor/odio; al principio las amó, porque poder sentir a su hijo moverse le recordaba que estaba vivo y que no era una alucinación o sueño, pero luego ese amor se convirtió en irritación cuando el muy cabrón de su hijo se dignaba a golpearlo en la pelvis.
¿Qué tiene de malo que las pataditas sean en la pelvis? ¡Pues que se siente como si le patearan las pelotas desde adentro!
Theo tenía que soportar esas “pataditas” mientras trabajaba y evitar que se notara en su expresión. Con cada “patadita” recordaba aquella vez que un dichoso Beta lo amenazó con golpearlo ahí mismo y, claro, como no pudo hacerlo, mandó a su descendencia a que lo haga por él.
Otro síntoma que adora demasiado es su barriga; no es tan grande como la de una mujer embarazada normal, pero tampoco es precisamente pequeña, lo que se traduce como: no poder dormir cómodamente, ya no poder ocultarla de los demás y sentirse gordo.
Siempre fue una persona algo vanidosa en cuanto a su aspecto físico. Le gusta su cuerpo, ¿Y qué? ¡Demándelo!
Pero ahora que tiene un ser humano creciendo dentro de él…
Morgan le dice que solo son las hormonas del embarazo y nada más, que cuando dé a luz se verá como antes, pero Theo no necesitó su oído sobrenatural para saber que ni ella misma se creía sus palabras.
Bueno, pues Theo ya verá si es cierto que volverá a tener el aspecto físico de antes o si tendrá que volver a Beacon Hills para desfigurar al Beta causante de dicho cambio.
—Te recuerdo que la anestesia no dañará al bebé, está hecha para seres sobrenaturales— repite el ginecólogo por undécima vez, ayudando a Theo a practicarse la cesárea, porque ni loco va a esperar a descubrir por dónde va a decidir salir su hijo.
Theo pondría los ojos en blanco si no estuviese manteniéndose consciente y ralentizando su curación —He soportado operaciones peores y no me arriesgaré a que le pueda dañar a mi hijo— dice apretando los dientes mientras el ginecólogo practica el último corte y empieza a sacar a su bebé.
Segundos después, un fuerte llanto sale e inunda el desolado consultorio del ginecólogo —Está perfectamente sano— murmura el ginecólogo poniendo al bebé en una de esas cunas de hospital.
Cuando el ginecólogo voltea a ver a Theo, este suelta un suspiro de alivio cerrando los ojos por un segundo. Por tan solo un segundo.
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Cuando Theo vuelve a abrir los ojos, se da cuenta de que las luces en el techo se atenuaron y un tranquilo silencio lo envuelve. Inconscientemente, se lleva una mano al abdomen con intención de sobar su barriga como cada vez que despierta.
Un terror le hiela la sangre al sentir solo una bata de hospital y un abdomen plano. Se levanta de golpe, ignorando cómo los puntos se estiran y rompen su piel; su mente está más ocupada llenándolo de terror y posibles razones de la desaparición de su hijo.
¿Y si los Doctores se lo llevaron? No, no, no ellos están muertos, la Bestia los mató; ellos no pueden haberse llevado a su hijo. ¿Y si la Manada se enteró y decidieron que Theo no merecía criar a su hijo? ¿Y si ese hijo nunca existió y solo fue otra pesadilla, otra alucinación?
De repente, una figura cargando algo en brazos irrumpe en la habitación, interrumpiendo el inevitable ataque de pánico —Despertaste— dice la figura acercándose hasta que Theo puede distinguir quién es: —¿Morgan, dónde está mi hijo? — las palabras le salen roncas y entrecortadas por la falta de aire.
Morgan sonríe acercándose más, hasta que Theo puede distinguir lo que lleva en brazos: una cobijita color azul cielo, que envuelve lo que ahora es lo más importante en su vida.
—Es- es… — la sonrisa de Morgan se torna tierna y compasiva al asentir y acercarle al bebé en brazos —Sí, está durmiendo, así que disfruta de la paz que ese niño tiene pulmones de acero— Theo apenas escucha las palabras de Morgan.
Se queda sin aliento en el momento que logra ver el pequeño y redondo rostro de su hijo.
Sus ojos recorren cada milímetro de las lindas facciones de su hijo; las delgadas cejas fruncidas en su frente se van relajando conforme Theo lo acerca a su pecho, envolviéndolo con firmeza.
Ve cómo su pequeña nariz se mueve con cada inhalación y exhalación; sus pequeños y rosados labios están ligeramente levantados en una pequeña sonrisa que derrite el corazón de Tara que late en su pecho.
—Eres hermoso— Theo no puede creer que él, un monstruo, una criatura apenas humana, haya sido capaz de crear algo tan puro y hermoso como es este niño. ¿Cómo es posible que un demonio literalmente salido del infierno puda crear a un ángel?
—¿Cómo lo vas a llamar? — pregunta Morgan, casi haciendo brincar a Theo, quien se había olvidado de su presencia —Yo… — Theo se queda sin palabras porque esa es la cuestión: ¿Cómo va a llamar a su hijo?
Theo siempre estuvo postergando ese tema desde que se enteró del sexo del bebé, siempre con la misma excusa: “Aún no nace, tengo tiempo”. Ahora que tiene a su hijo en brazos y no tiene idea de qué nombre ponerle, Morgan siempre daba nombres de la nada, intentando parecer natural en lugar de una manipulación pasiva para que Theo al fin eligiese un nombre.
Antes de que Theo pudiese pensar o decir algo, nota cómo los párpados de su hijo revolotean un par de veces para segundos después abrirse, revelando grandes orbes color caramelo oscuro.
—Alec— susurra sin separar la mirada de su hijo —¿Qué dijiste? — Theo se queda hipnotizado viendo esos lindos orbes oscuros, apenas capaz de pensar en otra cosa que no sea: “Alec”.
—Se va a llamar Alec… Alec Raeken— prueba ese apellido y siente cómo sus ojos se llenan de lágrimas —¿Te gusta, Alec? — pregunta con la voz quebrada, sin saber a quién se lo está preguntando, ¿A él? ¿A su hijo? ¿A Morgan?
¿A Alec?
El bebé en sus brazos solo se le queda viendo fijamente antes de cerrar sus ojitos otra vez, y Theo siente cómo sus animales gimen de luto, queriendo volver a ver los ojos de su hijo y revivir el recuerdo del antiguo dueño del nombre Alec.
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Algunos pensarían que cada vez que su hijo, Alec, abre los ojos solo puede ver la cara de aquel moribundo niño, pero no es así. No es que ya se haya olvidado de él, jamás podrá olvidarse de él… Es solo que cada vez que ven los ojos de su hijo, solo puede pensar: Alec, como si no solo fuese su hijo, sino también Alec…
Es difícil de explicar y sabe que no tiene ningún sentido; después de todo, no existen las reencarnaciones y, aunque existiesen, ¿Por qué ahora? ¿Por qué reencarnar después de tanto tiempo y además hacerlo como hijo de una de las personas que lo llevó a su muerte? No tiene sentido.
Cómo quiera, Theo no tiene mucho tiempo como para poder pensar o meditar de eso, no cuando tiene que encontrar una manera de calmar los llantos de Alec.
Theo se mudó del apartamento de Morgan justo una semana después de tener a su hijo, no solo porque no podía seguir durmiendo en el sofá de Morgan y tener la cuna de Alec en medio de la sala, sino que necesitaba su propio espacio, un lugar en el que no tiene que preocuparse por molestar a su compañera de piso y solo sentarse a cuidar de Alec.
Morgan estuvo en contra, repitiendo una y otra vez que cuidar a un niño no es fácil, que necesitará ayuda y otras tonterías que Theo dejó de escuchar, demasiado ofendido con lo anteriormente dicho. ¿Ayuda? Pfff… Theo ya sabe todo sobre cómo cuidar a un bebé; él no necesita “ayuda” de nadie.
Ahora se arrepiente profundamente, pues Alec no ha podido dormir bien, no ha dejado de llorar y ni de quejarse.
Lo ha intentado todo, no tiene sarpullido por el pañal, hace bien sus necesidades, lo que significa que no está estreñido ni suelto del estómago; cambió de fórmula para bebé 2 veces (compró tres marcas distintas por si una no le caía bien) ¡Lo ha intentado todo!
Ya pasaron 3 días; no sabe cuándo fue la última vez que durmió o comió. De por sí no dormía bien, teniendo que levantarse cada 3 horas para darle de comer a Alec y de comer ni se diga, pues no tenía tiempo suficiente como para prepararse una comida decente. Esa última semana ha estado viviendo a base de sándwiches, sopas instantáneas y agua.
Pero toda esa semana no es nada comparado con esos 3 infernales días; no le molesta el no poder dormir o comer, ya ha vivido así antes, como cuando recién salió del infierno y no podía dormir; no recordaba el cómo y cuándo conciliaba el sueño; las manos heladas de Tara lo despertaban minutos después.
También había olvidado que necesitaba comer para vivir, ya que estar tantas regresiones allá abajo donde no se necesitaba comer o dormir, lo dejó desorientado unas semanas; de hecho, le costó mucho más tiempo convencerse de que ya no estaba allá abajo y que ahora era “libre”.
Así que no, no comer ni dormir es una molestia para él; está más preocupado que molesto, no sabe qué es lo que tiene Alec y cada llanto lo aterra más y más.
Es en la noche de ese mismo tercer día cuando se traga su orgullo y llama, casi llorando, a Morgan en búsqueda de ayuda.
Morgan llega en menos de 5 minutos y Theo se agradece por haber aceptado vivir en el mismo edificio que el de Morgan —¡¿Qué pasa con Alec?! — pregunta con desesperación nada más entra al departamento de Theo.
—¡No lo sé! — se queja, arrullando a Alec, en un intento inútil por calmarlo —No deja de llorar, no tiene hambre, hace bien del baño, el pañal no lo irrita, no tiene fiebre… ¡No sé qué le pasa! — enumera las posibles razones del por qué Alec llora así —Ok, calmate— contesta Morgan sin saber si se lo está diciendo a Theo, a ella o a los dos.
—¿Ya cambiaste la leche? — Theo asiente. Apesar de haber cambiado la fórmula los días anteriores, seguía igual —Ehhh, ¿Comprobaste si son cólicos? —
Theo se queda paralizado por un segundo; se queda viendo a Morgan, luego voltea a ver a Alec y luego de nuevo a Morgan —¿Esos no les da solo a las mujeres cuando están menstruando? — Morgan se queda callada, inmóvil, viendo a Theo como el pobre imbécil que es.
Morgan toma a Alec de los brazos de Theo, llevándolo al único sillón del departamento, acuesta a Alec, toma sus dos piernitas y las flexiona hacia su abdomen; repite el proceso hasta que Alec suelta pequeños gases.
Los llantos de Alec se convierten en lloriqueos un poco más tranquilos, aliviándose un poco conforme Morgan soba y masajea su abdomen. —¿Qué? — pregunta Theo con los ojos muy abiertos, sorprendido por lo que acaba de hacer Morgan.
—Estos ejercicios solo alivian el malestar, no son la solución a los cólicos— explica Morgan mientras sigue haciendo los ejercicios —También puedes acostarlo boca abajo en tu antebrazo; eso también lo puede ayudar un poco—
Theo se deja caer de rodillas al suelo, sintiendo cómo el alivio lo inunda —Los cólicos en los bebés normalmente se ocasionan por una mala digestión, retención de gases por algunos ingredientes en la leche y más— asiente, tomando nota mental de lo explicado —Si quieres que duerma un poco, cuando tiene cólicos, acuestalo en tu pecho, cerca de tu corazón, después de todo, fue el primer sonido que escuchó— dice Morgan con una sonrisa.
—Podría besarte ahora mismo— dice Theo aliviado y agradecido —Qué asco— Theo rueda los ojos, viendo como Morgan carga a Alec para luego sentarse en el sillón y poder acostarlo contra su pecho, tal y como le dijo —Gracias… — murmura con una sonrisa, viendo cómo Alec deja de llorar, calmándose poco a poco hasta quedarse dormido.
—Te lo dije—
—¿Qué?— frunce el ceño, volteando a ver a Morgan, sin entender —Que no durarías cuidando a Alec tú solo— aclara con una sonrisa de triunfo, sobando la espalda de Alec —Como sea— Morgan se rei, contenta consigo misma por la pequeña victoria.
El departamento al fin se queda en silencio, después de tres tortuosos días de los llantos de Alec y la desesperación de Theo. Es tan pacífico que Theo empieza a cabecear, casi quedándose dormido —Imbécil, no te duermas— susurra Morgan, dándole una patada que lo despierta de golpe —Te ves de la mierda… —
—Vaya, gracias— Theo entrecierra los ojos falsamente ofendido, porque sabe que es cierto; se ve terrible, su olor a pino, césped recién cortado y químicos es un triste recuerdo, siendo reemplazado por el olor agrio a sudor, leche, vómito de bebé y otras sustancias desagradables.
Arruga la nariz oliendo su propio aroma —Sí creo que necesito un baño— Morgan levanta una ceja con diversión antes de decir: —¿Crees? — rueda los ojos con una media sonrisa, levantándose del suelo, escuchando sus huesos crujir como hojas secas —¿Puedes… —
—Sí, sí solo no te duermas en el baño— lo interrumpe Morgan, despidiéndolo con una mano y con la otra sobándole la espalda al ahora tranquilo Alec.
Theo suspira agradecido, yendo rumbo al baño; casi quedándose dormido en el momento que el agua tibia tocó su agotado cuerpo.
Al salir, solo se puso unos pantalones deportivos grises y una camiseta sin mangas, dejándose caer junto a Morgan, que en seguida le puso a Alec en el pecho para que este al fin pudiera dormir tranquilo, escuchando el latido de su Padre.
