Actions

Work Header

La razón de Bárbara Gordon

Chapter 12: La gran revelación de Bárbara Gordon

Notes:

Mi estimado AHermameluri ha hecho la lectura preliminar y a él le debéis que no haya grandes gazapos por aquí (más o menos, porque soy un desastre corrigiendo y, por supuesto, todos los destrozos a la lengua inglesa corren por mi cuenta).

Volví de vacaciones, así que esto va con un día de retraso ¡pero aquí lo tenéis y entramos ya en la tercera parte y recta final!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Inspiración de la Parte Tres

La gran revelación de Bárbara Gordon

Al día siguiente, seguía dándole vueltas a la conversación con Dick. No tanto a la discusión sobre Metamorfo como a la parte en la que le decía que se estaba volviendo una mala persona. Pensar en ello le llevaba de vuelta a la última vez que habían hablado en la Torre del Reloj, cuando Dick le preguntó si sabía lo que quería.

También le llevaba a cómo Dick había defendido a Bruce y, al compararlos a ambos, ella había salido perdiendo.

El enfado le calentaba el pecho cada vez que lo pensaba.

Pasó buena parte del turno de mañana en la biblioteca pensando en ello y leyendo a medias un ensayo sobre preservación digital que normalmente le habría interesado mucho más.

—Estás inquieta.

Bárbara levantó la vista y se sorprendió al ver al mismísimo Comisario Gordon frente a ella.

—No estoy inquiera, papá.

—Llevas diez minutos en la misma página. Así que calcula cuánto tiempo llevo yo merodeando por aquí como para saberlo.

Ella cerró el libro.

—Eso sí es inquietante.

Jim sonrió.

—¿Problemas con los vigilantes o problemas normales?

—¿Hay diferencia?

—Los problemas normales suelen ser más difíciles.

Aquello la hizo resoplar.

—Te quedan tres minutos de turno y ya he visto entrar a la señora Rowards. ¿Comemos juntos?

Y así lo hicieron. Apenas quince minutos después, ambos paseaban por la vereda del Parque Row comiendo sabijs del puesto ambulante.

Los árboles del parque creaban sombra y viento, lo que era agradable en el mes de agosto, incluso si la zona estaba llena de grafitis y había basura tirada aquí y allá.

—Entonces, ¿qué pasa?

Bárbara vaciló y se planteó la posibilidad de dar un gran mordisco que le comprara tiempo.

No lo hizo.

—¿Alguna vez has tenido la sensación de que todo el mundo está avanzando y tú no?

Jim arqueó una ceja.

—¿Te está pasando a tí?

—No pongas esa cara.

—Perdona, pero eres… No eres una persona que se queda atrás, Bárbara.

—También soy bibliotecaria veinte horas a la semana.

—Porque quieres.

—Exactamente.

Su padre asintió despacio.

—Así que no es un problema laboral.

Ahora sí, Bárbara dio un mordisco, pero justo antes, masculló:

—Quizá no.

—Entonces… ¿Personal?

Bárbara masticó y Jim le dio su tiempo. Al final, tragó y suspiró.

—Dick y Kori han montado esa fundación para jóvenes juntos. Steph está en la universidad y… no sé, centrada después de lo de Wally. Kate tiene a Maggie y su vida bien estructurada. Helena tiene sus clases en el Instituto y hace nada atrapó a Zsasz. Incluso Tim está intentando convertirse en una persona funcional.

—¿Y?

—Y yo sigo igual.

Jim esperó.

—¿Igual cómo?

Bárbara abrió la boca.

Y tardó varios segundos en encontrar una respuesta.

—Trabajando. Patrullando. Saliendo con gente que no me importa demasiado.

Una brisa de verano agitó las hojas de los grandes sauces llorones de esa zona y ellos tuvieron que proteger sus sabijs de todo lo que el viento arrastraba.

—Babs, no creo que estés estancada.

Ella le miró con ambas cejas alzadas.

—Creo que llevas años evitando preguntarte qué quieres.

Aquello fue incómodamente parecido a lo que Dick le había dicho.

Bárbara decidió ser práctica.

—Bueno, ¿y qué se supone que debería hacer?

Jim reflexionó un momento.

—Algo que sea tuyo.

—Muy específico.

Su padre se rio con su voz cascada.

—No puedo responder a la pregunta que tú tienes que hacerte, Babs. Tienes que inventarla y decidirte tú.

Bárbara lo sabía, pero había deseado un atajo.

—Podría casarme… —bromeó.

Jim Gordon no lo vio como una broma.

—Podrías. Serías una novia muy hermosa y construirías un hogar muy feliz.

La garganta de Bárbara se cerró y se forzó a dar otro mordisco y a tragarlo. Mientras el silencio se asentaba, sólo podía sentir pasar cada segundo, arrepentida por no haber dicho otra tontería más y estar permitiendo que las palabras de su padre calasen en la conversación como…

—O hacer una fundación, como la de Dick y Kori —dijo, al fin, con la boca todavía llena.

—Eso también sería genial.

Por algún motivo, a Bárbara, de pronto, no se lo pareció.

Fue después, volviendo sola a casa por las calles de Gotham cuando entendió por qué: ella lo haría sola.

De pronto, Bárbara entendió algo sobre lo que no se había dejado pensar a sí misma desde hacía meses. Entendió lo que Bruce había intentado expresar, de su manera hosca y torpe, en aquel balcón en Star City, que las bodas traen cambios, que Dinah se había ido, que la dinámica había cambiado.

Dinah era su mejor amiga y no estaba para acompañarla en una nueva aventura.

Se paró en mitad de la calle, procesando la punzada en el pecho.

No estaba enfadada, ni molesta, tal vez no estaba ni siquiera triste, sólo… Podía llamarla, claro, ella siempre respondía. Y podía contarle todo aquello y ella le ayudaría.

Pero no podía volver a Gotham para abrir con ella un centro diurno para ancianos o un refugio de mascotas o una empresa de… de lo que fuera.

Tragó saliva y volvió a caminar.

Dinah era muy feliz. Ella encontraría su propia felicidad.

Todo esto, de algún modo, le llevó de vuelta a Dick. En otras circunstancias, podría haber pensado en acudir a él, pero no podía. No porque él ya estuviera haciendo algo con Kori, eso era lo de menos, hacer algo era lo de menos. Lo importante era decidir qué quería.

No, las circunstancias que le impedían acudir a él es que Bárbara, bajo el sol de la tarde del verano de Gotham, estaba empezando a sospechar que Dick, su padre y quizá media Gotham habían llegado a la misma conclusión antes que ella.

Que llevaba demasiado tiempo organizando la vida de los demás.

Y no suficiente construyendo la suya propia.

***

Fue unos días después, apenas cinco desde el picnic, cuando le llegó la noticia. Y no fue a través de Michael. Fue a través de Steph.

Steph se pasó esa noche por la Torre del Reloj. No lo había hecho el mes siguiente al desastre con Wally y había vuelto poco a poco a aparecer por allí en los últimos tiempos, aunque Bárbara no la había visto desde el picnic.

No aceptó pasar al saloncito, ni quiso algo de beber o palomitas, pero merodeó tras la silla de Oráculo un momento después de haber terminado su informe.

—Bueno… —dijo, después de que Bárbara le diera a Azrael el aviso de un robo en una clínica del centro—. Entonces, ¿qué tal estás?

Desde que Steph no aceptara ni bebida ni comida, Bárbara supo que sería una conversación… real.

Decidió ser pragmática y entrar en ella con ambos pies.

—¿Por lo del picnic de Kate? Sigo creyen…

—Por lo de Holt —la interrumpió Stehp.

Bárbara frunció el ceño.

—¿Qué pasa con Michael?

El rostro de la chica, siempre abierto y transparente, lleno de emociones como ella, pasó por varias expresiones: cansancio, complicidad, incredulidad y, finalmente, indignación.

—¡No te lo ha dicho!

Fue una acusación.

Bárbara comprendió de pronto que Michael había empezado a salir con alguien. Steph pensaba que todavía le dolería.

Se sintió sonreír, pensando que podría ser Kori. Tendría mucho sentido. Probablemente ella lo había confrontado de nuevo para “aclarar las cosas” o para disculparse, porque era una persona muy emocional, y, ya fuera con una pelea, ya fuera con profunda comprensión, la chispa habría vuelto a saltar entre ellos y estarían juntos ahora.

Otro plan que salía bien. ¡Y en el mejor momento! Porque Bárbara necesitaba sentirse… útil, válida, lo que fuera, ahora mismo.

Estaba a punto de tranquilizar a Steph cuando la chica volvió a hablar, dejando congelada la mano con la que iba a tocarle cariñosamente el brazo.

»Se va de Gotham. Por la mañana.

Bárbara notó su mandíbula caer.

—¿Cómo que… se va? —preguntó, con un hilo de voz.

—Se va —insistió Steph—. Con todas sus cosas, su equipo y dando por terminada la colaboración con Industrias Wayne.

Eso no tenía ningún sentido. Bárbara sabía que iba a quedarse.

—¡Pero le gusta mucho Gotham!

Steph pareció retroceder, incómoda.

—No sé…

—Le gusta mucho, Steph —insistió, pero la chica no parecía convencida—. Ha disfrutado mucho y me ha dicho que hacía tiempo que no se reía tanto como patrullando con nosotros.

—Yo… no he oído lo mismo. ¡Estoy segura de que contigo sí! —se apresuró a añadir—. Os habéis llevado muy bien y todo, pero Gotham no le gusta.

—¿Por qué dice eso?

De nuevo, Steph se removió incómoda.

—No sé. Me lo parece…

Bárbara no tenía ganas de precisar más. Estaba tratando de ponerse al día en su cabeza y comprender que Michael Holt se iba en unas horas.

Ambas se quedaron un largo tiempo calladas. Algo sonó en las pantallas, Bárbara se giró, lo atendió y revisó todas las misiones en curso. Cuando volvió a mirar a Steph, ella se había vuelto a colocar la capa y, aunque no estaba yéndose, estaba preparada para hacerlo.

—Creo que deberías hablar con él.

—Hoy no está de misión —masculló Bárbara, comprendiendo que estaba preparando todo para su partida.

Steph asintió.

—Llámame si me necesitas después.

***

Bárbara se dijo que no tenía tiempo durante la noche para encarar a Michael, así que hackeó sin dificultad el Aeropuerto Internacional Archie Goodwin, encontró el nombre de Michael Holt en primera clase en un vuelo regular, con esa información encontró su billete de metro y, cerca del medio día del sábado, Bárbara lo interceptó en la estación de Briston Hill. Alfred lo había acercado en coche y ella esperó a que entrase en la estación para abordarlo.

Ni siquiera tuvo que abrir la boca, en cuando la vio esperándolo, tuvo, al menos, la decencia de acercarse. Lo que le dijo no fue tan bueno:

—Pensaba llamarte en cuando aterrizara.

—¿Al aterrizar? ¿Tenías miedo de que hackease en avión y os obligase a regresar si me llamabas justo antes de despegar?

Hubo un silencio. La estación estaba bastante vacía, sólo algunos grupos de niños-bien que disfrutaban del final del verano y algunas familias que salían a comer al centro.

—Bárbara…

Y sólo por cómo dijo su nombre, Bárbara supo que no le iba a gustar lo siguiente.

»Necesito volver a California. Al menos una temporada.

Steph no había insinuado que fuera temporal, al contrario.

—¿Durante cuánto tiempo?

—No lo sé.

La respuesta la irritó instantáneamente, tal vez porque se había hecho ilusiones justo un segundo antes. Porque él le había hecho hacerse ilusiones.

—¿No lo sabes o no quieres decírmelo?

Otro silencio. Michael suspiró.

—Las dos cosas, supongo.

La mente de Bárbara gritó “¡cobarde!”, pero se mordió la lengua.

Una parte de ella siempre había sabido que Michael era indeciso y que aquello era un defecto, pero Bárbara había querido verlo como lo contrario, como una cualidad

No era el momento de pensar en si aquella posición se debía a que era uno de los rasgos que más lo alejaban de Bruce.

—¿Y qué ha pasado, exactamente? —demandó, tratando de ser práctica.

Michael tardó varios segundos en responder.

—Nada.

—Michael.

—Nada… nada distinto.

—¿Qué significa eso?

Michael inclinó la cabeza y, al menos, pareció arrepentido al decir:

—Que Gotham no me gusta demasiado.

Bárbara parpadeó.

—¿Perdón?

—Me distraigo aquí.

Ella se quedó mirándolo.

—¿Te distraes?

—Hay villanos, problemas personales, tensiones entre vigilantes, mafias en la ciudad… Es demasiado. Los villanos por sí solos son demasiado. Si le agregas cualquier otra cosa es… un desastre.

Bárbara se quedó un segundo en silencio, atónica.

—Claro que hay problemas, Michael, si no, no tendíamos que ponernos la máscara.

Michael se lamió los labios antes de responder:

—Tengo proyectos pendientes. Mi fundación. Mi trabajo. La reconstrucción de varias instalaciones. Los T-Spheres.

A Bárbara le irritó todavía más que ni siquiera le respondiera directamente a la pregunta, sino que fuera hacia otro lado.

—Llevas aquí todo el verano y lo has gestionado sin problemas.

Él volvió a bifurcar la conversación:

—Metamorfo sigue enfadado conmigo. Linnya está poco cooperativa. Estoy perdiendo tiempo solucionando conflictos que no debería haber creado. Paso más horas discutiendo que trabajando.

—¿Y?

Michael exhaló despacio.

—Bárbara, en Gotham termino dedicando demasiada energía a cosas que no son prioritarias.

La palabra cayó entre ellos como una piedra. Prioritarias.

Bárbara conocía esa palabra.

La había oído salir de Bruce cientos de veces.

Prioridades.

Eficiencia.

Optimización.

Asignación de recursos.

De pronto se sintió absurdamente joven, como una adolescente sentada frente al despacho del director, esperando que alguien más importante le explicara por qué estaba equivocada.

—Ya veo.

—No pretendía que sonara así.

—Pero ha sonado así.

Michael cerró los ojos un instante.

Ella lo conocía lo suficiente para saber qué eso eran duda e indecisión. Cobardía.

»No pasa nada —se hizo cargo ella, cuando fue obvio que Michael sufría y era incapaz de avanzar.

—Sí pasa.

—No, Michael —lo cortó, sintiéndose cansada—. No estamos juntos. No me debes realmente explicaciones. Pero sí me debías una despedida.

Él bajó la mirada.

—No quería… hacerlo difícil.

Bárbara asintió.

—Sí, me estoy dando cuenta ahora de que no te gustan las cosas difíciles.

—Eso es injusto, Bárbara.

Y, pese a todo, Michael tenía razón. Nadie que entregase su vida al vigilantismo tomaba, como norma general, las decisiones fáciles. Pero a la vez…

Le costó un momento a Bárbara comprender que le estaba pidiendo a Michael un nivel de entrega y compromiso que sólo algunos héroes aceptaban: quedarse en Gotham.

Y le supo a amargura y a hiel tragar la realidad de que aquellos eran los vigilantes que Batman había…

Su primer pensamiento fue que Bruce los había “manipulado”, pero supo, al mirar los ojos del hombre indeciso ante ella, que nadie podría manipular a Michael para quedarse. Y si no se podía conseguir en Michael ¿cómo podría Batman haber manipulado a Kate, a Helena… a ella misma? Los Robbins eran diferentes, pero…

Incluso Steph había surgido de la nada, dispuesta a entregarlo todo por la dura Gotham.

Casi mareada por las revelaciones, se dio cuenta de que Michael la miraba, seguramente buscando cómo apaciguar la discusión, quedar en buenos términos…

Bárbara, con el estómago revuelto, dio el paso, impidiendo que todo empeorase:

—Cuídate —le dijo, finalmente.

Michael boqueó, pero pronto lo comprendió y asintió, más tranquilo.

—Tú también.

Se dieron un abrazo que fue sorprendentemente fácil y Michael se alejó hacia los tornos. Bárbara no se quedó para verlo partir, enfiló hacia las puertas automáticas y salió bajo el sol fuerte de agosto. Se había quedado fría dentro y su piel se erizó de gusto.

Dick había descrito a Michael como un “polímata escéptico e indeciso”. Bárbara no se había dado cuenta que era lo mismo que decir “Bruce Wayne indeciso” hasta ese momento.

Ambos eran millonarios que transformaron una pérdida devastadora en el motor para superar el límite humano. Compartían el mismo molde: atletas de élite, genios en todo y estrategas por vocación. Mientras Bruce era el mejor detective del mundo, Michael era la tercera mente más brillante del planeta. Uno dominaba las sombras; el otro se volvía invisible con sus Esferas-T.

Holt era el espejo de Bruce. Salvo por la responsabilidad. Batman aceptaba la responsabilidad de su propia arrogancia castigándose incluso cuando era fortuito y aunque su autocastigo arrastrase a otros a problemas; Michael estaba aterrado de la responsabilidad y se hundía en un mar de dudas que, al dilatar las decisiones, causaban a otros problemas.

Tal vez por eso había buscado tanto apoyo en Bárbara tras decidir apartar a Metamorfo en la última misión.

Tal vez por eso había sido despectivo con sus sentimientos.

Bárbara, en cambio. No tenía excusa.

Atribulada, llamó a Dick todavía a las puertas de la estación de metro, pero, para su asombro, él no respondió la llamada, sino que le colgó y le mandó un mensaje. Estaba en una reunión con la arquitecta del Centro Juvenil Jump y no podía contestar. Si era algo muy importante, interrumpiría la reunión.

Bajo el sol, Bárbara se quedó pensando.

Por algún motivo, su corazón palpitaba rápido y sentía que necesitaba hablar con Dick. Pero por otra parte… ¿Qué era lo importante? ¿Necesitaba decirle que Michael se había ido? ¿Qué había entendido lo que Dick había tratado de decirle sobre él y Bruce y lo perdida que Bárbara parecía? ¿Que él había tenido razón al decirle que Michael no estaba sacando lo mejor de ella en el picnic?

No eran cosas por las que interrumpir una reunión.

Sintiendo las comisuras de los labios tirantes hacia abajo, escribió con ligereza que no la llamase, que ya hablarían después.

Se guardó el móvil, cerró los ojos y dio un largo suspiro. Había llegado en moto a la estación, pararía en Scoop & Sprout a por una tarrina de helado y meditaría en la Torre del Reloj hasta la hora de la patrulla. Dick le llamaría más tarde, hablarían y se sentiría mejor.

Sin embargo, Dick no llamó.

 

Continuará…


Notas de Capítulo

Sabij: sándwich tradicional israelí en pan de pita, relleno de berenjena frita, huevo duro, humus, tahini, amba (salsa de mango picante) y ensalada.

Scoop & Sprout: heladería ficticia creada para la historia. Podéis encontrarla en otros de mis fanfics, incluso si este fanfic no pertenece a ningún universo ni nada.

Notes:

Parece que Bárbara empieza a sentir que, por muy confiada que esté en sí misma y por mucha estabilidad y firmeza que muestre su brújula moral, puede que haya alguna que otra desviación en ella... ¿será capaz de darse cuenta de todo? ¿podrá aceptar que ha echado capas y capas de brea metafórica para alisar todos los aspectos de su vida y seguir y seguir y seguir? ¿llegará a plantearse qué y quién es Bruce bajo la luz de la adultez y ahora que, todos dicen, está intentando cambiar?

¡Ya me diréis qué opináis!

También, muchas gracias a todos los que habéis tomado un momento de vuestro día (o noche) para dejar comentarios. Aunque me gusta escribir, la sensación de escribir y no estar hablando al vacío es increíble (además, algunos teneís ideas mucho mejores que las mías y es genial leerlas). También gracias a los que habéis dejado kudos :) Y, en general, gracias a todos los que habéis llegado aquí leyendo.

Notes:

¡Empezamos nuevo fanfic!
No pertenece al universo de Días Oscuros, pero ha surgido a raíz de todo lo que he pensado sobre la relación de Bruce con Dick y con Bárbara, los primeros chicos de la batfamilia.

Hay un cambio en el canon muy importante: Dick y Bárbara nunca han estado juntos, Dick y Kori tampoco.