Chapter Text
—Te encontré, Nakamura.
Los ojos del azabache giraron lentamente hacia la persona que lo detuvo. Sus ojos se abrieron como platos, sorprendiéndolo a tal nivel que el aire frío que lo rodeaba empezó a disminuir, así como el brillo de la visión Cryo se atenuaba poco a poco, disminuyendo el poder que lo rodeaba al darse cuenta de la persona que le tomaba la muñeca.
—¿Hirose...?
Se sobresaltó asustado, soltándose del agarre del chico mientras colocaba la visión en su cinturón, intentando ocultar lo que estaba haciendo. No esperaba que la persona que lleva más de un año evitando apareciera de repente a sus espaldas, mientras él estaba a punto de cometer lo que le dijeron que no hiciera.
Desvió la mirada para evitar el contacto visual, a la vez que el corazón le latía a mil por minuto, rezando que el corazón no se salga de su pecho. Esto era justo lo que quería evitar: que sus emociones se desborden al pensar en Hirose Aiki. Pero no podía hacer eso frente a él.
Todavía no asimilaba que estaban de vuelta, uno al lado del otro, en la mismísima nación de Sumeru, después de no verse en mucho tiempo. No quería admitirlo, lo extrañó, pero le dolía hacerlo porque recordaba aquel amor unilateral que no ha llegado a superar.
El castaño, por su lado, estaba nervioso.
Se despertó en medio de la noche por la combinación de los ronquidos de Takeuchi acompañado de la ansiedad de haber visto a Nakamura. Quería relajar la mente para pensar en lo que le diría al día siguiente en la excursión, pero fue sorprendido por un repentino aire frío, más de lo normal. Al buscar el origen, observó la luz de la visión de Nakamura. Pensando que estaba apunto de hacer algo drástico, no dudó en retenerlo al sostenerle la muñeca.
Sus mirada se cruzaron por primera vez desde que llegó, pero el más alto desvió cortó el contacto, alejando su muñeca y evitando verlo.
Extrañó escuchar su nombre salir de sus labios.
—Hey...— Decidió empezar la conversación, intentando aliviar la incomodidad que se estaba formando en el silencio que se encontraban— Yo... Yo me alegro de verte bien, Nakamura.
No hubo respuesta.
Nakamura mantenía la mirada fija en otro lado, evitando nuevamente el contacto con el castaño. No estaba preparado para hablarle. Icchan subió a su hombro para estar a la altura de Hirose y lo saludó con un tentáculo, haciendo que este sonría un poco para extender el dedo y corresponder el saludo del pulpo.
—También es bueno verte mucho mejor, Icchan— Dijo mientras chocaba los cinco. Notó como eso hizo una pequeña sonrisa en Nakamura, una que se borró inmediatamente, pero no pasó desapercibida.
Eso le dió un poco de esperanza de que podrían arreglarlo todo. Respiró profundamente, buscando la valentía para seguir hablando.
—¿Crees que podamos hablar? Por favor... sobre hace un año.
Aquellas palabras tensaron al azabache. Inconscientemente, un aire frío volvió a rodearlo. El pulpo se dió cuenta e intentó detenerlo. Un escalofrío rodeó a Hirose, pero cuando quería preguntar al respecto, Nakamura se volteó para verlo a los ojos.
—¿Sabías donde estaba? ¿Qué haces aquí...?— Su mirada era seria.
Nunca había recibido esa mirada de parte de Nakamura antes. —Yo... Mi equipo subió de rango en el gremio de aventureros y podemos aceptar encargos de otras naciones, e-este fue una coincidencia— Intentó explicarse, levemente asustado por la mirada fría de quien consideraba su mejor amigo.
—¿Coincidencia? ¿De verdad?
Avanzó dos pasos, haciendo retroceder a Hirose con un ligero temblor.
—E-El encargo lo solicitó Matsumura, así que...— Intentó responder, pero no pensaba con claridad.
Ya no diferenciaba si era por el frío que liberaba la visión cryo o el temor del tono de Nakamura al dirigirle la palabra. Aunque en el pasado han tenido desacuerdos, sus discusiones nunca eran con palabras secas y despectivas. Quería hablar, pero el azabache tomó la palabra.
—¿Quién te dijo donde estaba? ¿El viajero? ¿Paimon? ¿O acaso lo hizo Hana?— Siguió avanzando hasta acorralar a Hirose contra una pared cercana, quien se puso más nervioso al escuchar el nombre de la chica. Una risa fría salió de los labios de Nakamura al darse cuenta. —Entonces fue ella...
—Escúchame, Nakamura-
—¿Por qué no vino ella contigo?
—¿E-Ella no pudo, pero eso no es importante, yo— Reaccionó por un momento antes de seguir hablando con nuevas dudas—. ¿Le pediste que... no me dijera donde estabas? ¿Por eso no escribiste que estarías en Sumeru en la carta?
—No exactamente, aunque por tu reacción, parece que te la dió y claramente ella te dijo todo.
La conversación estaba escalando, mas no como Hirose esperaba. Así no es como imaginaba volver a encontrarse con su amigo. Su actitud era muy diferente a la última vez que se vieron. No comprendía, pero no iba a dejar esto así como así.
—Me dijo que viniste a Sumeru a estudiar a la Akademiya, sí... Recordé que te encanta estudiar a las criaturas marinas, y tuvo todo el sentido del mundo que vinieras, pero hay algo que no comprendo— Levantó la mirada.
Pese a estar acorralado, intentó mantener la firmeza para preguntarle lo que quería decir.
—¿Por qué no pudiste decirme antes? ¿Por qué me lo ocultaste hasta que te fuiste?— El azabache se quedó mudo, si mirada seguía siendo fría como el aire que de pronto los rodeaba, haciendo temblar a Hirose un momento, pero no se quedó así y siguió preguntando— Te escribí cartas esperando que me las respondieras, pensé que no lo hacías porque estabas ocupado estudiando, y me esforcé para poder venir a buscarte...
El silencio hizo que poco a poco la cordura se desvaneciera del castaño. Nakamura seguía sin dirigirle la palabra y mucho menos la mirada.
Esa era la gota que colmó el vaso.
Frunció el ceño mientras agarra con fuerza a Nakamura para obligarlo a verlo a los ojos, sosteniendo sus prendas para capturar su mirada con enojo.
—¿¡POR QUÉ ME IGNORAS?! ¿¡QUÉ FUE LO QUE TE HICE!? ¡Dímelo para arreglarlo, maldición! Llevo más de un año esperando una señal de que seguimos siendo amigos— Lágrimas empezaron a salir de sus ojos antes de lanzar la última pregunta con enojo— ¿Por qué demonios pensabas escribirme que no te buscara?
El silencio volvió a reinar a su alrededor.
—¿Acaso no somos amigos?
El castaño pudo notar los ojos del contrario reaccionar ante aquellas palabras. Estaba estupefacto. El pulpo a su lado movió los tentáculos como si intentara decirle algo.
Pero el aire frío regresó, así como su mirada inexpresiva. Golpeó ligeramente la mano de Hirose, haciendo que lo soltara y este cambiara su expresión de enojo a una triste.
—Distanciarnos era lo mejor... Para los dos— Fue todo lo que dijo antes de caminar en dirección de regreso a la posada. La visión cryo dejó de brillar a medida que este se acercaba al lugar de reposo y soltaba un suspiro que soltaba un vaho helado.
—Espera, Nakamura— Los pasos del nombrado se detuvieron en la entrada mientras Hirose intentaba acercarse— Disculpa que haya gritado, no quería expresarme así, por favor, intentemos hablar...
—Creo que hablamos lo suficiente— Dijo en seco mientras habría la puerta— Estoy agotado...
Los ojos del pulpo buscaron la mirada del castaño, moviendo los tentáculos en señal de que algo estaba mal, pero la puerta se cerró detrás de su dueño antes de que sus expresiones pueran transmitir el mensaje completo al castaño.
Hirose por su parte, estaba estupefacto.
El frío se había ido, pero aún temblaba, no por la baja temperatura, sino por el miedo de la inminente ruptura de su amistad.
—¿De verdad hice algo malo...?— Se preguntó mientras se sostenía de la pared con lágrimas en los ojos— Yo no quiero que esto termine así...
Apretó los puños con determinación. Sabía en el fondo que le ocultaba algo. No sabía el porque de esa actitud, no comprendía la razón de su enojo hacia él y mucho menos el porque decidió mantener distancias.
Pero no se iría de esta nación sin respuestas.
(...)
A la mañana siguiente, todos despertaron de manera puntual temprano. Nakamura y el resto de sus compañeros estaban en una mesa a parte, mientras Aether y Tighnari coordinaban con Hirose y su equipo la ruta hacia la Floresta Apam, junto con las indicaciones de sus posiciones para escoltar al equipo. Aunque el castaño prestaba atención al guarda forestal, no podía evitar mirar de reojo a la mesa donde estaba quien consideraba su mejor amigo. Notó ojeras prominentes debajo de sus ojos, seguía con la mirada seria de anoche.
Tampoco es que él estuviera mejor, apenas pudo pegar ojo pensando en la discusión. Sintió una mano en el hombro y volteó para notar como Mukai le observaba.
—Presta atención— Susurró en voz baja para que solo el castaño escuche.
Asintió con la cabeza y se limitó a escuchar las explicaciones del chico de orejas grandes. Buscará después la oportunidad de arreglarse con Nakamura... O eso espera.
Por otro lado.
—¿Oigan, Nakamura no está un poco raro?— La pregunta de Matsumura llamó la atención del resto de compañeros de estudio, mientras el mencionado seguía con la mirada perdida.
—Se ve desanimado...— Comentó Collei preocupada.
—Incluso estuvo de acuerdo con Matsumura dejar su investigación del lago que rodea la floresta de último, él nunca estaría a favor de eso— Recordó Layla mientras miraba con preocupación.
—¡Oye! Pensé que hablábamos de sus claras orejotas y su clara lentitud, no de que estuvo de acuerdo conmigo. Tarde o temprano iba a ceder.
—No es el momento Matsumura, Shh— Kawamura le hizo una señal de que mantenga silencio mientras su mirada se dirigía a la mesa donde estaban Hirose y el resto de aventureros, antes de voltearse a ver a Reiko— ¿Crees que...?
—No lo creo...— Su mirada se posó en Nakamura, quien apenas bajó la mirada para acariciar la cabeza de Icchan, quien tenía una expresión de preocupación en sus ojos e intentaba hacerlo reaccionar con el movimiento de sus tentáculos—. No me hizo caso...
—Hirose también se ve desanimado, y miró varias veces en esta dirección... Es muy diferente a como lo recordaba— Los recuerdos de su tiempo en Inazuma, y en base a las cartas que su amigo le enviaba en aquel entonces, solo para compararlo con la manera en que el azabache ignoraba a quien ha amado tanto, sin saber si aquellos sentimientos seguían ahí— Deberíamos hacer algo por él, pero ¿Qué haremos?
La peliazul pensó un momento en silencio, mientras su mirada variaba entre su kohai y aquel que decía era el chico de sus sueños. Buscó entre sus pertenencias unas cartas del tarot que una vez le entregó una poderosa bruja que decía pertenecer a un aquelarre y le enseñó a leer el futuro. Con una sonrisa, empezó a colocarlas en la mesa mientras murmuraba unas palabras.
—¿Qué haces rarita?
—No me interrumpas, Matsumura— Dijo en seco mientras continuaba colocando las cartas.
Sus ojos brillaron, como si una respuesta divina le diera una repentina fuerza y determinación. La fortuna estaba de su lado definitiva. Una risa que parecía ligeramente malvada escapaba de sus labios, preocupando a los demás, incluso a Nakamura, quien levantó la mirada hacia su superior.
—¿Qué es lo que te pasa?— Preguntó con seriedad y una ligera preocupación hacia la aparente risa de bruja de Aokiyama, quien al darse cuenta, se limitó a toser para intentar disimular.
—Tú tranquilo— Fue todo lo que dijo mientras guardaba sus cartas.
La voz de Tighnari los hizo reaccionar. Era hora de irse a la excursión a la floresta.
El grupo salió de la posada camino hacia el bosque en dirección al Noroeste. El guarda forestal iba adelante junto a Aether. Nakamura y los demás estudiantes iban detrás de ellos acompañados de Takeuchi. Mientras, cuidando la retaguardia, estaban Hirose y Mukai. Posicionados así con el propósito de proteger al grupo en el lugar.
—Reiko, ¿Qué es lo que te dijeron las cartas?
La pregunta de Layla hizo a la chica sonreír de solo recordar lo que vio, captando la atención de Kawamura.
—No puedo decírtelo todo, pero sí puedo decirte que debemos darles un empujón.
—¿Cómo en las novelas?
Asintió con la cabeza, haciendo emocionar a la chica de lentes— Pero necesitamos ayuda de alguien...
—¿De quién?
—Matsumura~ — La peliazul atrasó su caminar para alcanzar al chico que iba detrás de ellos, quién observó con preocupación la cercanía de la chica hacia él.
—¿Crees que esta es una buena idea?
—Quiero ayudar a Nakamura, Layla— Contestó Hifumi en voz baja mientras juntaba sus propias manos como si quisiera rezar en aquel momento— Tuvo el corazón roto mucho tiempo, pero esta no es la manera de usar el poder que nos otorgaron las visiones... Congelar sus sentimientos no es la respuesta...
Los ojos dorados de la chica se posaron en el frente para ver la cabellera negra de Nakamura. Pudo notar su agotamiento y la preocupación de aquel yokai pulpo que lo acompañaba, a la vez que volteaba hacia atrás para notar como el aventureros castaño del gremio estuvo observando todo este tiempo en aquella misma dirección. Desvió la mirada apenas fue descubierto por la erudita y volvió a ver a su amiga de Haravatat.
—Tienes razón, Hifumi...
(...)
—¡Woaaaahhh! ¡Hace mucho no veníamos a la Floresta Apam! ¡Está igual de hermosa!
La voz alegre de Paimon anunció su llegada al lugar. Frondosos árboles gigantes rodeaban esta parte del bosque, y un lago gigante rodeaba el lugar que conectaba con un río, que desembocaba en puerto Ormos y el océano. Tantos los estudiantes de la Akademiya como el equipo de aventureros reaccionaron maravillados, pues no habían estado antes en esta zona de la nación.
Una sonrisa de satisfacción se asomó en los labios de Tighnari al verlo admirar el lugar con fascinación. Aether lo hizo reaccionar y el peliverde empezó a toser para proceder a explicar.
—Bien, las ruinas son más adelante, cruzando este lago— Apuntó adelante mientras caminaba frente al grupo— Estaremos aquí unas horas, no se separen, recuerden que se sospecha que hay monstruos del abismo en los alrededores— Su mirada se posó en Hirose y sus amigos y les dedicó una sonrisa— Nuevamente, les agradezco por haber venido con nosotros.
—No es nada, gracias a usted, Tighnari-san— Tomó Mukai la palabra.
El guardabosques empezó a guiarlos por la floresta, quedando el grupo de tres detrás de los estudiantes.
—Espero esto sea rápido para que vayamos a la ciudad de Sumeru, quiero ver la actuación de la linda Yuuka— Comentó emocionado Takeuchi, haciendo suspirar a su amigos, quienes rezaban que se tomara en serio su trabajo.
El grupo avanzó por la Floresta para llegar a las ruinas. No había peligro a la costa, lo cual era bueno, pues podrían investigar con tranquilidad y harían el trabajo de los chicos ligeramente más fácil. Mukai y Takeuchi estaban hablando por su parte, admirando los alrededores del bosque, cuya vibra era totalmente diferente a su nación natal. A medida que hablaban, notaba que Hirose no había dicho palabra, preocupándolos un poco.
—¿Él sigue triste por lo de Nakamura? Ya está aquí, ¿Qué le pasa?— Susurró Takeuchi para evitar que el castaño le diera un zape por aquellas preguntas.
—No es tan fácil como parece, si una persona importante para ti te dejara de la noche a la mañana, y la vuelves a ver después de un año, ¿Le hablarías como sí nada?
—Yo...— Lo pensó un momento antes de desviar la mirada con una expresión extraña entre disgusto y tristeza— Supongo que no...
—¿Ya ves? Dale tiempo— Mukai suspiró aliviado al ver que Takeuchi se había calmado relativamente.
Decidió que era momento de aprovechar la delantera del grupo de eruditos para acercarse a su amigo, pero este tenía la mente fija, el ceño fruncido y los puños apretados. Conocía esa expresión: Era la que Hirose hacía cuando tomaban algo de él. Pero Mukai y Takeuchi no tenían ninguna de sus cosas, y su mirada no estaba dirigida a ellos. Buscó el origen de su enojo para darse cuenta de la razón de su expresión.
Más adelante, Matsumura se encontraba al lado de Nakamura. Parecía estaban discutiendo sobre sus notas. Aunque la mirada del chico era seria y mostraba ejemplos con un bloc de notas, el más alto se acercaba. Pese a sus desacuerdos, parecían amigos. A la vez, Kawamura y Layla se acercaron para continuar una conversación, que no entendían del todo por la terminología que usaban.
Parecían cercanos. Y eso era lo que le daba rabia. Pero Hirose debía intentar mantener la calma. Fue porque sus emociones explotaron anoche que no pudieron resolver su conversación anoche, pero ver a quien era su mejor amigo de toda la vida cercano con otros, y cuando a veces cruzaban miradas, se limitaba a ignorarlo, o fingir que no vio nada ni nadie.
Liberó un largo suspiro y siguió caminando.
—Se ve molesto...— Dijo Takeuchi al ver a su amigo con una mirada casi asesina, viendo como Mukai le hacía una señal de silencio.
—Shhh, si lo dices en voz alta, te mata. Y no con la mirada.
(...)
Avanzando por la floresta, llegaron a una cueva subterránea.
—Aquí adelante se encuentran las ruinas, estos túneles son un laberinto, procuren no separarse— Indicó el guarda forestal y dirigió su mirada a su aprendiz.
—Tengan estos pañuelos— Empezó a repartir la chica a sus compañeros y aventureros— Si se pierden, procuren amarrarlos a un arbusto, hongo o planta cercana para tener un camino que seguir en caso de separarnos.
—¡Paimon ha recorrido estas cuevas antes! ¡Síganme, fieles estudiantes!
—Tú también eres estudiante de la Akademiya, Paimon— recalcó Aether con una sonrisa burlona a su amiga, quien empezó a darle golpecitos para que se calle.
—Hifumi, caminemos adelante, ¿Bien?
—Pero Nakamura-
—Vamos, vamos— La insistencia de Reiko al tomarla de la muñeca la hizo seguir el paso de su superior, quien desvió la mirada para ver como Matsumura seguía al lado de Nakamura, tal y como esperaba.
No esperaba que decirle unas cuantas verdades sobre la opinión de Nakamura y su investigación iban a hacer que estos se hicieran cercanos por medio del debate. No era del todo lo que esperaba, pero ella estaba satisfecha con el resultado: La reacción de Hirose.
El grupo se adentró en la cueva. Gotas de agua caían de la parte superior de la misma, demostrando que todo estaba anteriormente inundado en el agua. Según las explicaciones del viajero, hay un dispositivo que puede hacer llover en la Floresta Apam, y cuando el agua de la lluvia dura muchos días, inunda aquella cueva. Por eso, este día era ideal para explorarla pues la marea del río estaba baja.
A medida que avanzaban, encontraban objetos pertenecientes a las ruinas no muy lejanas. Cosa extraña, pues están muy lejos de donde esta se encontraba.
Tighnari se agachó a inspeccionar los objetos, algunos en buen estado, y otros húmedos por el agua.
—Parece que hubieron ladrones del tesoro que intentaron llevarse algo de las ruinas, aprovechando el estado de la cueva— Mukai observó los alrededores mientras se acercaba al guarda forestal, quien asintió con la cabeza.
—Todos tengan cuidado— Advirtió mientras sus orejas se movían en varias direcciones, esperando escuchar algo fuera de lo normal.
El grupo asintió con la cabeza y siguieron avanzando.
Sin ningún contratiempo, llegaron a la entrada de las ruinas. Se encontraban frente a lo que parecía ser un gran templo, lleno de musgo y grandes paredes de piedra. Habían escritos en la entrada, que Kawamura reconoció como el idioma usado en el desierto de los seguidores del rey Deshret. Sus ojos brillaron de fascinación que no pudo evitar empezar su investigación ahí mismo.
Habían varias reliquias y escrituras ocultas en los alrededores. Todos decidieron dividirse por grupos, pero sin alejarse mucho y recordando las indicaciones de Tighnari y Collei.
Gracias a algunas movidas de las chicas, y a sus amigos, Hirose pudo estar como escolta en el mismo grupo de investigación de Nakamura, donde también estaba Matsumura, Aokiyama y Collei. El azabache no tenía ninguna opinión al respecto de que los acompañara, pues era su trabajo encargado después de todo. Pero a la vez, lleva todo el día ignorándolo y sin dirigirle la mirada por mucho tiempo.
El grupo llegó hasta lo que parecía era un almacén donde los antiguos habitantes guardaban varios artilugios de interés, además de que había un librero en casi perfecto estado.
—Hey, ¡Okuto! ¡Mira! ¡Un libro de estrellas de hace años!— Los ojos de Aokiyama brillaban con intensidad mientras le hacía señas a Nakamura para que se acercara.
El chico suspiró mientras iba con ella— Que raro que uses mi nombre de pila.
Aquello llamó la atención de Hirose un momento, intentando no mostrar molestia mientras vigilaba con los brazos cruzado en la entrada del archivo. No pasó desapercibido por la peliazul y siguió hablando con una sonrisa.
—Ya nos conocemos hace mucho, ¿Qué tiene? Icchan está de acuerdo— Levantó la mano para chocar los cinco con el tentáculo del pulpo, quien movía los tentáculos con alegría, haciendo suspirar a su dueño.
—Como digas— Fue todo lo que respondió mientras revisaba los libros en buen estado que puedan servir para su propia investigación.
El castaño observaba desde la distancia. Debía cumplir su encargo de cuidarlos, estaba consciente de ello, pero aún quería acercarse a Nakamura. Pero, el hecho de que estaba más cómodo con las personas que conoció en Sumeru, le hacía pensar...
—¿Y si venir aquí fue un error?— Murmuró para sus adentros. Levantó la mirada para verlo como conversaba con naturalidad con aquella chica, e incluso recordando como antes hablaba con Matsumura en el camino a las ruinas.
Si lo comparaba con el fallido intento de conversación de anoche, le hacía doler ligeramente el pecho. No le quedaba más que suspirar e intentar seguir adelante en el momento adecuado.
—¡Hirose!— Se asustó un poco al escuchar su nombre mientras estaba perdido en sus pensamientos. Su mirada se posó en Collei y Matsumura, siendo este último quien lo llamaba— ¡Ven aquí! ¡Ayúdame con algo!
Asintió con la cabeza y se acercó para ver lo que quería. Era curioso ver como aquel chico millonaria había crecido tanto. Era incluso mucho más alto que él, recordaba vagamente que eran de la misma estatura.
—Me alegro mucho que estés aquí, he querido hablar contigo todo el camino pero parecías distraído y no me hacías caso.
—¿De verdad? Lo siento mucho, Ko...— Recordó el apodo por el que lo llamaba y miró a los alrededores— Quizás después del encargo, me quedaré explorando un tiempo con los chicos igualmente...
—¿De verdad? Tengo tanto que contarte y con que ponerte al día, y-
—Ejem— La voz de Collei lo hizo reaccionar y recordó lo que estaba haciendo antes.
—C-Cierto, no tenemos mucho tiempo— Se rascó un poco la sien mientras recobraba la compostura— Verás, hay un dispositivo para mover esta puerta, lo resolví pero la puerta no abre. Si pudieras ayudarnos, sería de mucha ayuda.
Asintió con la cabeza e invocó su mandoble para destrabar la puerta. Debía concentrarse en su trabajo y dejar de pensar en Nakamura y su pelea.
(...)
Cuando Matsumura llamó a Hirose, los ojos de Nakamura se posaron casi de manera inmediata al lugar donde se encontraban. Intentó disimularlo, pero tenía a una bruja de compañera ahora mismo observando con atención sus expresiones faciales. El chico pudo haber intentado congelar sus sentimientos, pero en el fondo, sabe que no es fácil fingir por tanto tiempo, aún si utiliza un poder como apoyo.
—Hey— La voz de la chica lo hizo reaccionar y bajó la mirada. Aokiyama siguió hablando— ¿De verdad vas a seguir así?
Hubo silencio entre ambos. El azabache apretó los puños mientras intentaba no pensar en aquello. Pero era difícil. La mano de la chica se posó en su hombro y sonrió.
—¿Recuerdas lo que me dijiste? ¿Qué el viajero rubio aseguró que nunca te juzgaría?— Nakamura asintió, aún con desanimo— Tú cortaste lazos con él sin explicarle nada.
—No quiero hablar de eso, Reiko...
—Puedes no hablarlo, pero sé lo que intentaste hacer anoche— Amenazó con el tono de su voz, poniendo tenso al chico.
—No... No sé de que hablas...— Murmuró en voz baja, intentando negarlo.
Pero por más que intentara mentir, no podía engañarla. Suspiró con pesar mientras empezaba a hablar.
—Anoche, la ventana de mi dormitorio se abrió por el viento y empecé a sentir mucho frío— Empezó a relatar— Y te vi discutiendo con ese chico anoche, mientras tu visión brillaba...
—Debes entenderlo, Reiko...
—No, no lo entiendo— Su mirada hacia el chico era seria mientras apuntaba a su pecho— Te advertí lo que podía pasar, fuiste grosero con él anoche, actuaste raro todo el día y tu pobre Icchan se ve desde lejos que está preocupado por ti.
La mirada del chico se posó en su amado pulpo. Aokiyama tenía razón, la forma en que movía los tentáculos era la misma forma que hacía cuando se preocupaba por su bienestar, acariciando su rostro con los mismos. Los ojos del chico se abrieron de par en par en shock al recordar lo ocurrido, y además de eso, ser descubierto.
A la chica no le quedó más que suspirar antes de seguir regañando a su Kohai— Él tenía derecho a saber, y creo que en el fondo lo sabes.
—Él tiene novia, Reiko... Con una chica linda y amable, y que también es mi amiga...— Bajó la mirada recordando a Hana y el día del festival de hace más de un año, con pesar, su visión empezó a brillar de manera tenue antes de seguir hablando— No quiero entrometerme, esta es la única manera de controlar mis emociones y que no me odie.
—Por lo que pude ver, vas a lograr el efecto contrario— Su mirada se posó en el castaño, que seguía lidiando con aquella puerta trabada— Vas a perder la amistad de alguien importante para ti, y que también está preocupado por tu bienestar... Y no van a arreglarlo reprimiendo tus emociones de esa manera.
La conversación fue interrumpida por un temblor repentino. Las puertas que Hirose y Matsumura intentaron abrir se movieron, abriendo un pasaje hacia un extenso pasillo, asombrando a los presentes en la habitación.
—Increíble, este dispositivo es tecnología antigua para una puerta secreta...— Matsumura empezó a murmurar en voz alta un montón de datos e información de la civilización antigua y su tecnología, que ninguno llegaba a entender del todo, o no querían prestar la atención suficiente.
—B-Busquemos a Aether y Paimon, capaz ellos sepan a donde va este pasadizo— Propuso Collei algo nerviosa al ver la oscuridad del camino adelante.
Ciertamente, era un camino oscuro del cual apenas se llegaban a ver las antorchas. No era seguro seguir adelante por su cuenta. Estaba a punto de regresar por el camino que vinieron al punto de reunión, cuando nuevamente se escuchó otro temblor, acompañado del sonido de vidrio roto y el choque de espadas.
Hirose tomó la delantera para ver lo que ocurría. Más adelante, sus compañeros estaban luchando contra unos magos del abismo, compañados de Hilichurls guerreros y Mitachurls con armas en fuego. Takeuchi estaba al frente, luchando en la delantera con su espada, mientras Mukai estaba en la retaguardia, oculto detrás de una pared junto a Kawamura y Layla, quienes le brindaban soporte a los chicos, siendo la chica de cabello celeste quien mantenía un escudo con sus poderes para retener los ataques de los monstruos.
—¡Mukai! ¡Takeuchi!— Intentó llamar a sus amigos, quienes solo podían ver de reojo mientras se deshacían de los monstruos.
—¡Hay una invasión del abismo no muy lejos de aquí! ¡El viajero y Tighnari fueron a acabar con el origen!— Dijo Mukai mientras seguía disparando con sus flechas a los monstruos, que caían poco a poco.
—Son demasiados para nosotros, ¡Hay que dividirnos!— Gritó Takeuchi antes de girar con su espada para distanciar a los enemigos que lo rodeaban y regresar con su amigo.
El castaño iba a decir algo, pero escuchó los gritos de un Mitachurl acercarse por el otro lado del camino. Levantó el mandoble para golpear con al suelo con fuerza, creando una barrera de fuego que hacía retroceder al monstruo, haciéndolo retroceder en el proceso. Los gritos se intensificaron, y magos del abismo rodeados por un escudo hydro aparecían con refuerzas junto al Mitachurl, haciendo retroceder a Hirose.
Sus ojos se posaron en las varitas de los monstruos, que empezaron a disparar ataques hacia el chico, quien esquivaba con agilidad y contraatacaba con su mandoble, pero eran demasiados y volvió con el grupo.
—¿Qué es lo que ocurre?— Preguntó Collei preocupada.
—El abismo se encuentra aquí, un portal está abierto en alguna parte de las ruinas y se acercan aquí— Sus ojos se posaron en una antorcha y la encendió con el poder de su visión Pyro— Son demasiados, así que debemos avanzar.
—¿Avanzar? ¿Quieres ir por el pasadizo oscuro?— Sudor frío pasó por la frente de Matsumura, quien al escuchar como los monstruos los encontraron, comenzó a cambiar de opinión— Después de ti.
—¡Adentro, Matsumura!— Sin paciencia, Reiko lo empujó por el pasadizo antes de tomar la muñeca de Collei y seguir sus manos.
Era el turno de Nakamura de entrar, pero Icchan movió sus tentáculos, alertando a su dueño para que este se voltee y esquive una flecha de los hilichurls arqueros que los habían encontrado. Estaba apunto de levantar su lanza para contraatacar, pero fue agarrado de la muñeca por Hirose, quien lo empujó al pasaje con él, para cerrar la entrada detrás de ellos con un golpe de su mandoble.
Una vez adentro, soltó la muñeca del azabache con rapidez, con algo de temor de haberlo hecho enojar. Ahora a salvo, el grupo de cinco intentó recuperar el aliento del susto que pasaron. El lugar era oscuro, solo iluminado por la antorcha que encontró el castaño anteriormente.
—¿Todos se encuentran bien? ¿En una pieza?
—De milagro— Se quejó Matsumura mientras suspiraba con pesadez— Si no fuera por mí, que encontré este pasadizo con el dispositivo, hubiéramos estado en una situación muy fea, deberían agradecerme— Presumió con una sonrisa altanera llena de orgullo.
El ruido de las hachas y hechizos de los monstruos interrumpe la paz que los rodeaba. No tenían tiempo de escuchar la grandiosa hazaña y lo mejor era seguir adelante y alejarse de la entrada del pasaje.
—Este camino debe llevar a alguna parte, avancemos y recemos que nos lleve a un lugar seguro donde reunirnos con los demás— Comentó Hirose mientras caminaba adelante, guiando el camino.
(...)
Caminaron un rato en silencio por el extenso pasadizo de las ruinas. No habían palabras ni conversaciones, solo tensión en el ambiente. Collei iba adelante junto a Hirose con el arco preparado para cualquier emboscada, pues no sabían por donde vendrían los monstruos esta vez. Gotas de agua caían del techo, resonando el eco del lugar cerrado. Vagos ruidos de gemidos de monstruos caídos se escuchaban a la distancia del otro lado de las paredes, demostrando que no estaban lejos de un combate.
Así no era como Hirose esperaba que fuera su trabajo, pero no le quedaba de otra. Debía escoltarlos a la salida de este lugar y encontrar a sus amigos.
Adelante de ellos, se presentaron varios pasillos iguales. Claramente se encontraban en un laberinto dentro de las ruinas. Observó con detenimiento los alrededores para buscar el camino adecuado, pero el grito de los Hilichurls se empezó a escuchar no muy lejos de donde estaban.
—Parece que encontraron la manera de seguirnos— Fruncía Hirose el seño mientras buscaba el camino a seguir, pero los pasos acelerados de los monstruos se acercaban a ellos.
—¿Pero por donde nos iremos? ¿Vamos a pelear? ¿En serio?— Matsumura miró a los alrededores y se puso detrás de Nakamura, a quien empujó hacia adelante— Tú entrenaste, tú combate.
—¿En serio, Matsumura? ¿El arco de tus padres es de lujo?
—¡No es el momento!— La voz de Reiko hizo que cesara la discusión. Su mirada se posó en el castaño y lo apuntó— Vamos a atacar y nos iremos en grupo a los túneles, tú y yo haremos explotar a los monstruos.
—Reiko, yo puedo-
—No, quédate atrás Okuto, abusaste de tus poderes estos últimos días, no quiero que abuses de ellos. Hirose y yo nos encargamos de esto— La mirada de la chica se posó en la peliverde— No permites que use su visión— Ordenó a la menor, quien asintió con la cabeza.
Hirose dudó un momento. Su mirada se posó brevemente en el chico, preocupado por el bienestar de este. Pero el recuerdo de su pelea lo hizo dudar de sus acciones. No le quedó de otra que acatar al plan de la peliazul y avanzar junto a ella al frente.
Por el lado de Nakamura, este quería detenerlo de este plan arriesgado, pero no se sintió en derecho de opinar. No después de todo lo que había hecho. Matsumura pareció notar la extraña expresión de su compañero. Suspiró antes de acercarse a él para susurrar con algo de molestia.
—¿Qué te pasa? ¿No estás de acuerdo con el plan?
—...No del todo— Respondió mientras observaba a Icchan en su hombro, quien también parecía suspirar.
Genuinamente estaba preocupado. ¿Qué pasaría una vez cruzaran aquellos caminos que desconocían? ¿Estará Hirose realmente a salvo? Collei les recordó a todos amarrar los pañuelos en puntos de referencia para no perderse, mientras también levantaba el arco en posición defensiva, preparada para atacar en cualquier momento. Pero le era imposible pensar en otra cosa.
Nuevamente las palabras de su superior resonaban en su cabeza: Reprimir sus emociones le harían perder a alguien querido para él.
—¡Mosi Mita!— El grito de los Hilichurls al haberlos encontrado los puso alerta nuevamente.
Eran varios, acompañados de los magos del abismo de antes y Mitachurls con hachas gigantes. Los magos lanzaron hechizos de agua hacia ellos como proyectiles, los cuales Collei interceptaba a la perfección con su arco, evitando que estos los alcancen, siendo cubierta por Matsumura, quien se resignó y empezó a luchar también.
El momento había llegado— ¡Ahora!— Gritó Reiko mientras su catalizador se posicionaba a su lado.
La chica invocó varios siluetas con apariencia fantasmal para atacar con su poder electro a los enemigos, quienes quedaban electrocutados, y bajaban las defensas de los escudos de los magos del abismo. Con su señal, Hirose creó una onda de fuego en dirección a los enemigos, causando una reacción de sobrecarga, causando una explosión que hizo retroceder a los monstruos lo suficiente para darles tiempo a escapar. Pero a la vez, la explosión fue tan fuerte que los alrededores empezaron a temblar.
Las ruinas se estaban haciendo inestables y el polvo estaba ascendiendo junto con las gotas de agua que bajaban con rapidez del techo. Sin pensarlo mucho, el grupo se echó a correr sin ver a donde y por separado, mientras el camino detrás de ellos se cerraba por el derrumbe.
(...)
Aether, Paimon y Tighnari corrian mientras enfrentaban a los monstruos que se le aparecían en frente. El rubio tomó la delantera, y con su espada imbuida en electro, se movió a gran velocidad para acabar con el grupo de Hilichurls que se encontraban en frente. El rubio suspiró de alivio y observó los alrededores de las ruinas, buscando al resto del grupo.
—Destruimos el portal de origen, así que ya no vendrán más monstruos del abismo, pero me preocupa el resto..— Comentó Tighnari, bajando las orejas por la ansiedad.
—Los magos del abismo son los más peligrosos, podrían abrir otro al mínimo descuido.
—¡No te preocupes, Tighnari! ¡Aether y Paimon encontrarán a tus alumnos!— Sonrió la chica mientras flotaba por los alrededores.
Caminaron por el silencioso lugar en ruinas. Más adelante, encontraron las armas de los hilichurls en el suelo, haciendo un camino a seguir. Avanzaron con precaución y escucharon un grito agudo que los alertó.
Llegaron al origen de los gritos en la habitación del archivo para encontrar a Layla acompañada de Hifumi, siendo esta última la que gritó.
—¿Qué pasó? ¿Están bien?— Paimon se acercó primero a ellas, solo para encontrar a la chica con el rostro sonrojado y la cara cubierta por sus manos por la vergüenza.
—Es que él... y él, y se— Quería terminar la frase, pero fue silenciada por las manos de Mukai, quien tenía la cara igual de roja.
El chico negó con la cabeza, pidiéndole con la mirada que se callara. De la misma manera observó a Layla, quien asintió con la cabeza, afirmando que guardará silencio. La mirada de Paimon se asomó al fondo, donde estaba Takeuchi evitando mirar la situación. No entendía lo que había ocurrido, pero claramente los culpables intentaban callar.
Su mirada volvió a la chica de lentes, quien estaba sonriendo, aliviando a la peliblanca al ver que estaban a salvo, a excepción de algunas heridas en los cuerpos de los aventureros recientemente tratadas.
—¿Dónde están los demás?— Preguntó Tighnari al hacer el conteo y notar que faltaba el grupo de Nakamura.
—F-fueron por ese pasaje, pero no podemos abrir la puerta...— Señaló Layla el camino por el que se habían ido anteriormente— L-Los chicos acabaron con los monstruos, pero Nakamura y el resto se encuentran por ahí...
Aether observó los alrededores e intentó buscar la forma de abrir el pasadizo. No muy lejos, encontró un dispositivo que intentó manipular para controlar la puerta. Pero por más que intentaba, esta no se movía, haciendo fruncir el ceno del rubio. Sus ojos se posaron en una ruptura en la puerta, con la forma de un mandoble y señales de quemaduras en ella.
Una idea se formuló en su mente y se alejó de la puerta mientras invocaba su espada.
—Detrás mío— Fue todo lo que dijo.
Su espada se iluminó en un brillo dorado, clavando su espada en el suelo, creó unas columnas de geo que hicieron que la puerta se mueva poco a poco, dejando una apertura lo suficientemente grande para pasar. Sonrió satisfecho al ver que logró abrir la puerta, pero no duró mucho, pues nuevamente volvieron a escuchar gritos acercándose, pero estos eran humanos.
—E-Eso suena como Reiko— Dijo Kawamura con un poco de temor.
—Tighnari, ¿Puedes sacarlos de aquí? Paimon y yo buscaremos el resto.
—Déjamelo a mí— Asintió el guarda forestal mientras guiaba al grupo a la salida, guiados por pañuelos que guiaban el camino.
Acompañado de su fiel guía, avanzaron por el pasadizo oscuro, iluminado por antorchas encendidas con anterioridad. Una señal de que alguien estuvo ahí. Paimon recorrió el lugar, y encontró armas de hilichurls en el suelo y señales de que hubo una pelea, preocupando a la chica.
—¿Crees que estén bien?
—Collei está con ellos, y Nakamura y Hirose son buenos en combate, es probable que estén bien... Pero no está de más preocuparse— Respondió el chico mientras observaba los alrededores.
Apenas dijo esas palabras, escuchó un temblor, que lo hizo avanzar sus pasos a gran velocidad. El techo de las ruinas empezó a caerse y esquivó con agilidad los escombros que caían y destrozaban en el suelo. Sus pasos lo llevaron al origen de una explosión de sobrecarga. Hilichurls cayeron sin fuerzas detrás del viajero, mientras con su espada se abría paso entre los escombros.
Sus ojos se posaron en un solo camino abierto, mientras los demás fueron tapados por las piedras, y decidió correr en esa dirección.
Frente a él estaban los chicos que faltaban, pero el humo no le permitía ver del todo bien. Un jalón de Paimon lo ayudó a esquivar unos escombros, mientras la peliblanca le apuntaba al techo apunto de caer donde estaban los demás.
Sus concentración va hacia los escombros que caen, y en posición de ataque, utiliza el poder anemo para destrozar las piedras y pulverizarlas hasta hacerlas polvo. Con este mismo poder, aleja el humo que rodeaba el lugar para encontrar a Reiko, quien utilizaba su poder electro para que los monstruos no se acerquen a ella y Collei, quien se encontraba a su lado.
Aether no dudó en ayudarlas, eliminando los monstruos restantes con ágiles movimientos de espada. Una vez el área estaba limpia, miró a las chicas.
—¿Se encuentran bien?
—¡Viajero!— Al disiparse el escudo, Collei corrió hacia ellos con una sonrisa— ¿Qué hay de ustedes? ¿Están bien?
—Estamos bien, ¿Dónde están los demás?— Paimon observó los alrededores.
—Causamos una pequeña explosión para alejar a los monstruos y corrimos en direcciones diferentes al parecer— Explicó Reiko mientras seguía levitando su catalizador, a la vez que observaba los alrededores— Tuve suerte de que los espíritus me señalaron un mapa de como eran las ruinas en su tiempo de auge, podemos encontrar a los demás... O eso espero— Sonrió nerviosa la chica mientras le entregaba el mapa al rubio.
—Bien, ¿Por dónde empezamos?
El techo se empezó a quebrar poco a poco, poniendo al grupo alerta como si fueran atacados por más monstruos del abismo. Cuando este se rompe en su totalidad, una figura alta cae del mismo encima de Paimon. El choque hizo que el polvo ascendiera, preocupando al viajero rubio y preparando su espada para pelear con lo que sea que haya aplastado a su amiga.
Los gemidos de dolor de la chica demostraron que algo la aplastaba. El poder anemo del viajero desvió el polvo para darse cuenta de quien cayó encima de Paimon.
—P-Paimon encontró a Matsumura...— Dijo mientras intentaba escapar del cuerpo del más alto, quien estaba mareado en el suelo.
—Estoy... bien...— Aclaró el pelinegro.
—Eso solo nos deja...
(...)
El golpe de una pequeña piedra despierta a Nakamura, quien parecía haber quedado noqueado por el repentino derrumbe de las ruinas. sus ojos se posaron en Icchan, que movía sus tentáculos con alivio al ver que su dueño se encontraba bien. El azabache se levantó y puso al pequeño pulpo en su hombro. Observó los alrededores y notó el camino cerrado por el derrumbe de piedras. Tomó su lanza e intentó hacerse camino golpeando las piedras, pero no ocurría nada. Estaba a punto de utilizar el poder cryo para probar suerte, pero algo lo detuvo.
El sonido de una tos llamó su atención. Sus ojos analizaron el lugar para darse cuenta que no se encontraba solo.
Hirose se encontraba en el mismo lugar, a pocos metros de distancia, apoyándose de su mandoble mientras tosía y se cubría la boca. Habían heridas superficiales que no tenía antes, además de mucho polvo encima, lo cual le pareció curioso a Nakamura, pues él no tenía heridas y el polvo encima de él no era tanto.
Solo había una conclusión para esto, pero temía que su teoría fuera correcta. Se acercó al castaño, quien sintió sus pasos y volteó para verlo. Una ligera sonrisa se posó en los labios de Hirose una vez observó a Nakamura de pies a cabeza.
—Parece que estás bien... Me alegro— Se reincorporó, mirando los alrededores tenuemente iluminados por hongos brillantes. Algo raros, pero no tanto al recordar que las ruinas estaban en una cueva inundada por la lluvia.
El exceso de humedad hizo cambios en el ambiente así como en la estructura de las ruinas.
Mas eso no era lo importante ahora. Los ojos negros del más alto se posaron en el contrario: Cortes en el rostro y en partes de su ropa, una gotas de sangre bajar de su frente y su pierna medio cojeaba. Hirose se dió cuenta y se levantó con una falsa seguridad.
—E-El camino parece estar bloqueado, sigamos adelante, quizás encontremos una salida y nos reunamos con tus... tus amigos— Dijo esto último con pesar mientras empezaba a caminar, siendo sus pasos detenidos por el más alto.
—¿Por qué estás herido?
El castaño estaba apunto de responder, pero a su mente llegaron los recuerdos de su discusión. Su mirada fría, acompañado de cuestionamientos sobre el porque se encontraba ahí. En el fondo, quería traer ese tema a la mesa, pero ¿Qué le garantiza que arreglen aquella relación rota?
—Distanciarnos era lo mejor... Para los dos.
Aquellas palabras lo llevaban atormentando. De verdad que no quería que la conversación quedara así, pero ser rechazado de esa manera le rompía mucho el corazón. Pero eso no le impidió evitar que Icchan y Nakamura estuvieran a salvo del derrumbe. Luego de la explosión, lo vio a la distancia y saltó para empujarlo a uno de los caminos, colocándose arriba de él y recibiendo los golpes de piedras y escombros que iba hacia ellos.
El azabache quedó inconsciente por el golpe, y Hirose estuvo a punto de perder la conciencia, pero el dolor repentino de su pierna lo hizo reaccionar, pues esta estaba atrapada. En silencio, intentando no despertar a Nakamura, usó su mandoble para liberarse, siendo ayudado, aunque no se notara, por Icchan, quien ayudaba a mover las piedras sobre el pie del chico, quien el agradeció en silencio.
Estuvo reteniendo su dolor en silencio con tal de no darle problemas a Nakamura, siempre recordando aquellas palabras.
—Estoy bien— Mintió, pero no estaba dispuesto a seguir la discusión e intentó liberarse, pero Nakamura no lo dejaba— Déjame caminar adelante, debo escoltarte fuera de las ruinas con el resto de tus amigos.
—Estás mintiendo— Frunció en ceño mientras seguía reteniendo al castaño, quien gimió con dolor por el agarre, volviendo a agacharse y sosteniéndose de su mandoble, intentando resistir.
—No es nada... — Respondió con la respiración ligeramente agitada.
Por más que lo intentar negar, no podía ocultarle nada al azabache. Sus expresiones siempre fueron fáciles de leer para él, incluso ahora después de no haberse visto por un año completo. No estaba en condiciones para pelear si los enemigos volvían.
—Deja de mentirme— Respondió con seriedad mientras se asomó que no estaban muy lejos de un lo que parecía ser un estudio antiguo.
Apoyó el brazo de Hirose sobre su hombro para ayudarlo a caminar. El contrario estaba apunto de negarse y replicar, después de todo, él también le ocultó la verdad en el pasado, pero bajó la mirada avergonzado por la situación en la que se encontraba y se resignó a ser guiado. La verdad es que no estaba en condiciones para discutir después de todo, el dolor no lo dejaba pensar con claridad.
No tardaron en llegar al lugar. Tenía una biblioteca con libros que no se encontraban del todo en buen estado, y mesas y sillas de piedra, un mapa antiguo se posaba en la pared, pero la erosión hizo que el musgo rodeara las paredes. Nakamura posó su mirada en la mesa, donde ayudó a Hirose a sentarse, mientras buscaba el botiquín de primeros auxilios entre sus pertenencias.
—Voy a tratarte las heridas— Expresó mientras sacaba los medicamentos.
Estaba apunto de acercarse a Hirose cuando este retrocedió, negándose a que le pongan una mano encima, haciendo fruncir el ceño de Nakamura.
No era la primera vez que el castaño se negaba a ser tratado de sus heridas. En Inazuma era igual. Cuando salía herido de sus encargos de eliminar monstruos, era el primero en ofrecerse a curar sus heridas. Al inicio se negaba por temor al dolor que implicaba aplicarse el medicamento, pero con el paso del tiempo, siempre y cuando fuera Nakamura quien sostuviera el botiquín, se hacía el valiente y enfrentaba las heridas.
Pero esta vez era diferente. El castaño no le dirigía la mirada, se negaba y se movía con tal de que Nakamura no siguiera. Le hacía perder la compostura poco a poco.
—Yo puedo hacerlo solo, no necesitas ayudarme...— Bajó la mirada con tristeza mientras apretaba los labios para intentar retener lo que quería decir a continuación, mas no lo logró. —Ya que por lo visto, ya no somos amigos...
Los ojos negros del azabache se abrieron de par en par, pero decidió responder— Ambos sabemos que no sabes ponerte bien las vendas y le temes al desinfectante, déjame hacerlo.
—Así que ahora si me reconoces. Me trataste como desconocido desde que llegué— El castaño frunció el ceño y cruzaba de brazos y desviaba la mirada. No quería que notara como sus ojos empezaban a humedecerse por el hecho de recordar lo mal que se sentía desde que llegó a esta nación a intentar arreglar las cosa, solo para fallar miserablemente.
El azabache quería replicar, pero Hirose tenía razón.
No solo él. Todos a su alrededor tenían razón sobre su actitud. Icchan lo estuvo juzgando todo el día con la mirada, aunque no dijera nada. Incluso se bajó de su hombro para ponerse al lado del castaño para cruzar los tentáculos e imitar su actitud.
Actuó de manera fría, aunque notó la preocupación del chico hacia él. Las cartas que había recibido, el como le habló anoche antes de que le respondiera de esa manera, y su deducción de que posiblemente el castaño fue el que recibió los golpes por él en el derrumbe.
Aokiyama se lo había replicado también en el archivo: Perdería a la amistad más valiosa de su vida por algo que ni siquiera era culpa del chico. Hirose tiene derecho de ser pareja de quien sea, aunque no sea él, así como tenía todo el derecho de saber sus planes de salir de Inazuma. No debió ocultarse, no debió reprimir sus emociones, y mucho menos romper la confianza que los unía en aquel entonces. Lo apreciaba demasiado.
No.
Todavía lo amaba demasiado. Y todo lo que hizo para intentar alejar aquellos sentimientos, le hizo daño. No solo a él. A su preciado amigo también.
—...Lo siento mucho... Hirose.
Escuchar su nombre de la boca de Nakamura después de tanto tiempo lo hizo reaccionar de lo que estaba diciendo. Dejó de cruzar los brazos y bajó la mirada para encontrar aquellos ojos negros mirándolo fijamente. Tragó saliva y desvió la mirada, pero Nakamura siguió hablando.
—Debí decírtelo... No solo por la carta que te envié, sino en persona. Fui grosero contigo, te hablé mal, e incluso te he mentido por mucho, mucho tiempo.
Hirose abrió ligeramente los ojos con sorpresa antes de preguntar— ¿Me... mentiste?
—Prometo que cuando salgamos de aquí, te diré todo... Pero por favor, déjame tratar tus heridas— Bajó la mirada con al esperanza de que su largo fleco cubriera sus mejillas que se coloreaban de un tono rojizo después de tanto tiempo. —No... No soporto verte herido.
Hubo un silencio por un instante. No era incómodo, pero el castaño no sintió que hicieran falta palabras. Hirose observó a Icchan por un momento, quien parecía asentir con la cabeza para que confiara en él. Suspiró un momento y dejó la pierna herida a visibilidad de Nakamura, quien al darse cuenta, volvió a tomar los medicamentos en sus manos.
Tuvo que quitarle el zapato y levantar ligeramente el pantalón para ver la herida. Estaba ligeramente abierta y ensangrentada. Con un poco de desinfectante en un pañuelo, empezó a limpiar. El contacto de la medicina con la herida hizo limpiar, pero el contacto de esta con la piel hacía temblar al castaño por el repentino dolor. Intentó fingir que no era nada, pero era imposible, no le quedó otra que resistir.
Nakamura siguió con la tarea de aliviar su herida, pero con la mente clara de que Hirose necesitaría un médico que le ponga puntos en la pierna. No le iba a gustar esta noticia, pero se lo diría después. Una vez terminó de limpiar la sangre, empezó a vendarlo para que no se le siga infectando y pueda resistir hasta escapar de las ruinas.
Por su parte, Hirose tenía tantas cosas que quería decir, quería gritar del dolor de la pierna y el resto de su cuerpo. Pero permaneció en silencio, apretando los labios y cerrando los ojos para resistir.
—Eso es todo— Nakamura se levantó al terminar de vendar la pierna del chico, levantando la mirada para comprobar su estado— ¿Crees poder caminar?
—S-sí, seguro que puedo— Con algo de dificultad, se baja de la mesa donde estaba sentado e intentó caminar, con algo de dificultad. Notó la mirada de duda de Nakamura e intentó sonreír— ¿Ves? De maravilla.
—Mentiroso.
—Mira quien lo dice— Volvió a fruncir el ceño.
Estaban a punto de descubrir cuando un ruido empezó a azotar las paredes del lugar. Los ojos del azabache se posaron en el camino bloqueado por las piedras, las cuales temblaban por los golpes que recibían.
—¿Crees que sean el viajero y los demás?— Preguntó Hirose, acercándose detrás de Nakamura para observar.
No respondió. Se limitó a observar y levantar su lanza. El ruido cesó un momento, hasta que el camino bloqueado explotó de repente. Detrás de este, los magos del abismo hydro los habrían encontrado.
—Más estorbos— Fue todo lo que dijo uno de ellos antes de atacar con un poderoso disparo de agua.
Nakamura levantó su lanza y con el poder cryo, congeló los ataques de los magos del abismo. Con enojo, los magos invocaron Hilichurls y Mitachurls a través de un portal, buscando aliados para acabar con el par.
—Esto es muy malo...— movió la lanza nuevamente para invocar una pared de hielo lo suficientemente gruesa, pero quedando atrapados en el estudio de las ruinas.
Pese a la resistencia de aquella barrera helada, se escucha a los monstruos intentando atravesarla con hachas y ballestas, a la vez que los magos del abismo reían con malicia.
La mirada del azabache se posó en Hirose, quien intentaba mantenerse firme para pelear. Pero en el fondo sabía que no podría con la pierna en ese estado. Sus ojos volvieron a la pared congelada que empezó a quebrarse poco a poco. No había tiempo que perder. Cargó a Hirose sobre su hombro y se acercó a los gigantes libreros del estudio, mientras este se quejaba.
—¡Nakamura! ¿¡Qué te pasa!? ¡Bájame!
—No puedes pelear— Habló con seriedad mientras se acercaba a dos libreros uno al lado del otro— Quiero que te hagas a un lado.
—¡No puedes decirme que puedo y que no hacer! ¡No se te ocurra apartarme de nuevo!— Movió la piernas con fuerza y golpear ligeramente a Nakamura para hacer que lo baje, pero el dolor del cuerpo no le permitía forzarse mucho. Lágrimas empezaron a salir de sus ojos. —¡Suéltame!
No hizo caso. Ocultó a Hirose entre los libreros, y antes de que este pudiera salir, dejó a Icchan a su lado y levantó un muro de hielo a su alrededor para que este se quede atrapado y no salga. El castaño estaba apunto de usar su visión, que al ser pyro, podría derretir el hielo de Nakamura fácilmente, pero el dolor del cuerpo volvió a darle dificultades.
Nakamura sabía que Hirose, cuando se lastimaba de gravedad, no podía utilizar bien sus poderes. Y esta no parecía ser la excepción. Suspiró aliviado al ver que estaría a salvo, pero escuchó los golpes de los monstruos hacerse más fuertes, mientras el hielo seguía rompiéndose por la amenaza.
—¡Déjame salir, Nakamura!— Hirose quería luchar, pero Icchan le hacía señas para que se calmara, pero no funcionaba— ¡Aún puedo pelear! ¡Nakamura! ¡NAKAMURA!
—No quiero que lo hagas. Fuiste tú quien evitó que saliera herido por las piedras, ¿No es así?
El castaño guardó silencio mientras retrocedió un poco tenso por ser descubierto. Apretó los puños y dejó de golpear el muro de hielo, bajando la mirada al pulpo, que cruzaba los brazos como si lo estuviera regañando.
—Tu silencio me dice que estoy en lo correcto— Apartó el mandoble de Hirose que estaba en el suelo para que los monstruos no lo tomen, y levantó su propia lanza preparado para luchar— Considera esto el pago por ayudarme.
Antes de poder gritar, los monstruos destruyeron la barrera y llegaron al espacio, donde solo vieron a Nakamura armado y preparado para luchar. Los magos del abismo se limitaron a reír antes de enviar a los monstruos para atacar.
La batalla empezó. Los Hilichurls y Mitachurls tomaron la delantera. Los gigantes intentaron golpear a Nakamura con sus hachas, pero ágilmente, logra esquivar los ataques, al simultáneo que golpeaba a los monstruos más pequeños, que intentaban acertarle con sus ballestas. Levantó la lanza y creó diversos tentáculos de hielo que atacaron a los hilichurls, a la vez que su lanza imbuida en poder cryo, congeló a los magos del abismo que eran rodeados por el poder hydro de sus escudos.
Los monstruos se volvían a levantar para seguir luchando, cansando poco a poco a Nakamura, pero no iba a rendirse. Mientras tanto, atrapado en el hielo, Hirose observaba con preocupación como este luchaba. Sabía de lo que era capaz, el entrenamiento de la comisión Tenryou le dio habilidades de combate lo suficientemente fuertes para cualquier tipo de enfrentamiento contra los monstruos. Pero los magos del abismo se levantaban para abrir nuevamente el portal, distrayendo a Nakamura con los Mitachurls.
La pierna lo estaba torturaron de dolor, pero quería salir. Estaba apunto de usar sus poderes Cryo cuando Icchan saltó a su rostro para intentar detenerlo. Se sorprendió por el repentino ataque, sí, pero logró sacárselo del rostro.
—No intentes detenerme, Icchan, debo ir a ayudarle— El pulpo negó con la cabeza con rapidez y movió los tentáculos para intentar detenerlo, pero el castaño no hacía caso— Siguen invocando monstruos del abismo y no sabemos cuando llegará el viajero y los demás, déjame ir a ayudarlo.
El pulpo cruzó los tentáculos y lo ignoró, pero sus ojos se posaron en Nakamura, quien seguía luchando. Uno de los ataques llegó a pegarle, y aunque se defendió con su lanza, fue lanzado al otro lado del lugar, chocando con la pared. Ambos se asustaron, pese a que el chico se levantó y se preparó para seguir luchando, Hirose no podía quedarse más tiempo al margen.
—No quiero que se repita lo de hace un año, Icchan, por favor...— Sus ojos empezaron a aguarse mientras bajaba la mirada al pulpo— Déjame ir.
Apretó los puños mientras se acercaba al muro de hielo, preparado para derretir el hielo. Nuevamente la mirada del Yoaki se posa en su dueño, quien seguía luchando. No le quedó otra que darle su aprobación al chico para derribar el muro.
(...)
Aether y el grupo corrían detrás de Aokiyama, siendo perseguidos por un grupo de hilichurls que eran alejados por Matsumura y Collei con sus habilidades de arquería. Seguían el ruido de una batalla no muy lejos de ahí, con la esperanza de encontrar a Nakamura y Hirose antes que los magos del abismo.
—¿A dónde vamos ahora, Reiko?— Preguntó Paimon preocupada, a la vez que flotaba junto a la chica.
—Este mapa dice que hay un pasaje que nos llevará la camino bloqueado que no hemos revisado, es el único lugar que nos queda explorar para encontrar a los chicos. Pero los monstruos hacen imposible encontrar el camino.
Su mirada se dirigió a la retaguardia, donde volvió a invocar espíritus electro que vencieron a los hilichurls que los perseguían al reaccionar a los poderes elementales de Collei y Matsumura. Se detuvieron finalmente para recuperar el aliento. La peliazul volvió a observar el mapa y lo comparó con los alrededores.
De pronto, un aire frío empezó a inundar el ambiente, haciéndolos temblar.
—¿S-Sienten ese frío de repente?— Paimon se lanzó hacia el viajero rubio para abrazarlo e intentar calentarse.
Era extraño que hiciera frío de repente. Aether observó los alrededores, usando su visión elemental especial, pudo notar rastros de cryo que dejaban un rastro. Empezó a caminar hacia adelante y encontró uno de los pañuelos que Collei repartió con anterioridad.
—¿Vinieron por este camino?— La chica negó con la cabeza, confirmando la teoría del viajero rubio— Nakamura tiene una visión cryo, debe ser él.
—¡Sigamos adelante!
Con las palabras de Paimon, el grupo corrió, siguiendo el rastro elemental del poder del azabache. Los ruidos del combate se hacían cada vez más fuertes, de tal manera que empezó a temblar.
Llegaron al pasillo que llevaba al estudio donde Nakamura y Hirose estaban atrapados con los monstruos, sin embargo, un portal se abrió frente a ellos, del cual salió un par gigantesco de Lawachurls acorazados de elemento electro. El grupo retrocedió al ver que uno de ellos se acercaba, mientras el otro iba al camino contrario. Paimon flotó para ampliar su rango de visión, y notó como Nakamura estaba peleando solo contra una horda de monstruos, mientras el Lawachurl se acercaba a brindar soporte.
—¡Nakamura está peleando solo!— Gritó la peliblanca asustada al ver el peligro más adelante.
Los ojos del rubio se posaron en el enemigo adelante de ellos, pero también se desviaban buscando una salida.
—Collei, Matsumura, cúbranme la espalda— El par asintió mientras retrocedían para apuntar con sus armas desde una distancia segura. Su mirada ahora se posó en la peliazul— Aokiyama, haré un espacio para que pases y ayudes a Nakamura.
—¡Cuenta conmigo! ¡Los espíritus del más allá y yo salvaremos a esas pobres almas en desgracia!
—Quizás sea mejor que yo vaya en lugar de ella— Intentó decir Matsumura, pero el rugido del monstruo acompañado de un golpe en el suelo con poder elemetal electro lo hizo retroceder y volver a ponerse en posición de combate— Pensándolo bien, confiamos en ti, senpai.
El combate comenzó. Aether atrajo al monstruo y usando el poder dendro pudo hacerle daño al Lawachurl gigante. Cuando intentaba golpear con sus puños la viajero rubio, las flechas elementales de los arqueros lo hacían desviar su atención, así dándole una apertura al espadachín para asestarle golpes críticos al monstruo.
Sus gritos se intensificaron por los golpes, y con sus puños golpeaba el suelo, haciéndolo temblar e invocando relámpagos en las grietas que causaba, los cuales casi alcanzan a los chicos. Pero fueron salvados por las columnas geo creadas por el viajero.
—¿Se encuentran bien?
—¡Estamos bien!— Afirmó Collei mientras preparaba a su confiable Colleámbar, a quien lanzó para distraer a Lawachurl, quien centró su atención en el muñeco. —¡Aprovechemos ahora, Matsumura! ¡No dejes que ataque al viajero!
—Entendido— Asintió con la cabeza y preparó su arco para seguir atacando.
Aprovechando la distracción del gigante, Reiko logró esquivarlo y correr en dirección al combate de Nakamura, sorprendida por el repentino cambio de temperatura en el ambiente, puesto que antes hacía frío.
Cuando llegó al combate, sus ojos se abrieron de par en par al ver lo que estaba ocurriendo.
(...)
Nakamura estaba jadeando con agotamiento, apoyándose en su lanza al ver que solo quedaba un Mitachurl en pie. Finalmente era el último de los monstruos, pero uno de los magos del abismo también quedaba en pie. Tomó un último respiro y volvió a imbuir su arma en elemento cryo, a la vez que invocaba los tentáculos de hielo para darle soporte y atacar los monstruos que quedaban rodeándolo.
Pensando erradamente que estaba apunto de terminar con la batalla, los pasos del Lawachurl acorazado electro se acercó a él. Levantó la mirada para ver al gigante acercarse y levantar los puños y golpear el suelo con fuerza para invocar rayos que ataquen a Nakamura, quien esquiva saltando con el impulso de los tentáculos congelas.
—¿Qué demonios? ¿Todavía quedaba este monstruo?— Se preguntó mientras intentaba recuperar el aliento.
Los monstruos de antes lo estaban agotando. Su mirada se dirigió por un momento al lugar donde encerró a Hirose, pero ese segundo bastó para que un ataque del Lawachurl le asestara un golpe que lo lanzó hacia la pared de las ruinas. Al caer al suelo, intentó traer su lanza, pero un solo pisotón del gigante hizo que esta se rompa, dejándolo indefenso sin su arma, además de adolorido.
El gigante no cesó en sus ataques, con sus puños y pisadas intentó golpear a Nakamura, pero este lograba esquivarlo al correr. Volvió a invocar los tentáculos de hielo, que recibían los ataques del monstruo gigante. Pero aquella defensa no iba a durar mucho por el desgaste y el agotamiento. Cuando sus defensas empezaron a quebrarse, el Lawachurl fue rodeado en llamas, causando una explosión de sobrecarga por el choque de poderes.
Buscó el origen de aquel poder, abriendo los ojos de par en par al ver el responsable de aquel ataque.
—¿¡Hirose?!
El castaño se había liberado del muro de hielo, pese a sus heridas. Luego de atacar, se sostuvo del mandoble al caer al suelo. Aprovechando al Lawachurl en el suelo, fue corriendo hacia Nakamura.
—¿Te encuentras bien?— Llegó a su lado y colocó a Icchan en su hombro, quien acarició el rostro de su dueño con preocupación.
—Te dije que te hicieras a un lado.
—Que bueno que no te hice caso— Sonrió mientras volvía a la posición de ataque, con algo de dificultad por el dolor que intentó disimular— Intenta congelar sus pies, le daré el golpe final.
—Se te puede abrir la herida— Replicó el azabache, pero Hirose lo miró de reojo.
—Y eso puede matarnos, creo que es mucho peor— Volvió a posar su mirada en el monstruo gigante que se estaba levantando para volver a atacar. —Confía en mí, por favor...
Dudó un momento. Está claro que el castaño no aguantaría un golpe de esa criatura. Pero no le quedaba otra opción que hacerle caso, y esperar que el plan funcione. Su visión brilló por un momento e hizo lo que le pidieron. Alcanzó un pedazo de su destrozada lanza, especialmente la punta, imbuida en poder elemental cryo y lo tiró a los pies del monstruo, llegando a congelar sus pies y dificultando sus movimientos.
Intentó moverse, más Nakamura siguió controlando el hielo, volviendo a invocar los tentáculos para retenerlo. El monstruo intentó moverse, pero no podía hacer nada. Esa fue la señal de Hirose, quien levantó su mandoble para envolverlo en llamas. Aguantando el dolor, saltó con toda la resistencia que le quedaba para atacar al Lawachurl y romper su coraza electro. La temperatura del lugar subió, derritiendo el hielo que rodeaba al monstruo, pero a la vez, quemando el cuerpo de la criatura.
Con las pocas fuerzas que le quedaban al gigante, tomó a Hirose con su mano para apartarlo. Estaba apunto de caer en el suelo, cuando sintió que cayó encima de alguien que lo sostuvo, evitando que el golpe fuese peor. Levantó la mirada para encontrarse con Nakamura, quien lo abrazaba con la respiración agitada, mientras escondía la mirada en su cuello. Parecía que estaba apunto de entrar en pánico al notar que ocultaba su mirada para no ver la herida en la pierna del chico, que empezó a sangrar nuevamente.
Aún con dolor, intentó sonreír para separarse un poco, pero sin soltar el abrazo para poder verlo—Estoy bien, Nakamura...
El azabache negó con la cabeza mientras baja la mirada, sin soltarlo. Una pequeña risa salió de los labios de Hirose.
Sin embargo, el Lawachurl parecía que iba a volver a levantarse, listo para atacar, aún débil de fuerzas. El castaño estaba apunto de levantarse para pelear, pero entre el dolor del cuerpo, la herida en la pierna y los brazos de Nakamura que no lo soltaban, no pudo atacar.
Nakamura iba a tomar la delantera del ataque, levantándose y poniéndose frente al castaño para defenderse de cualquier ataque. Pero unos espectros morados rodearon al monstruo gigante, invocando un relámpago con gran potencia que dió fin al Lawachurl acorazado. Los ojos del azabache reconocían ese poder.
—¿Reiko-senpai?
—¡Aquí están, viajero!
La peliazul salió corriendo para ver el estado de los chicos, en shock al ver el estado de ambos, pero aliviada por verlos bien, a medias por las heridas.
El resto del grupo llegó corriendo hacia ellos detrás de la chica. Hirose estaba apunto de levantarse para saludar al resto, pero su vista empezó a nublarse poco a poco, sus párpados empezaron a pesar y poco a poco, su consciencia se fue apagando. Las voces que lo rodeaban se escuchaban amontonadas, pero a la vez, extrañas y confusas.
Hasta que ya no escuchaba nada a excepción de su nombre en repetición.
—¡Hirose! ¡Hirose!
(...)
Había un aroma a incienso en el ambiente. Era relajante, e incluso un poco dulce. Poco a poco, los ojos marrones del chico se abrieron para observar su alrededor. El lugar era familiar y distinto a la vez.
Era el Gran Santuario de Narukami, y se encontraba frente al cerezo sagrado.
—¿Qué hago... de vuelta en Inazuma?— Se preguntó a si mismo mientras se levantaba del suelo.
Sus pasos lo llevaron al interior del santuario, donde observó una figura familiar. Un chico pelinegro estaba mostrando sus respetos, y se acercó a buscar un palillo de la fortuna. No tardó mucho en darse cuenta de que era su viejo amigo, Nakamura Okuto. Pero se veía diferente.
Más joven. Mucho más joven.
—Esto fue hace años...— Sus ojos se abrieron de par en par. Recordaba este día.
Cuando tenía 13 años, subió por primera vez las inmensas escaleras del santuario para pedir fortuna para su hermana mayor, quien se encontraba enferma de gravedad en aquel entonces. Sus ojos se posaron en una versión más joven de si mismo que llegó jadeando con cansancio por subir la montaña. Una sombra tapó la luz del pequeño castaño para notar que aquel joven de cabellos oscuros lo observaba con un ligero rubor en sus mejillas y una expresión de preocupación.
Le extendió la mano antes de hablar— ¿E-Estás bien?
El pequeño Aiki asintió con la cabeza y tomó su mano para reincorporarse, dedicándole una sonrisa brillante— ¡Sí!
Un toque de nostalgia invadió al Hirose grande al ver aquel recuerdo. Fue el día en que conoció a Nakamura. Este le ayudó a pedir un palillo de la fortuna y un amuleto de la suerte para su hermana, deseándole que esta se mejore. No tardó en darse cuenta que estaba soñando. O quizás estaba viendo su vida pasar ante sus ojos.
Pero no le tomó mucha importancia. Se quedó embelesado viendo aquellos recuerdos junto a él. Sus aventuras en el gremio, los entrenamientos de combate que tuvieron juntos, festivales a los que asistieron y momentos difíciles en los que acompañaron al otro.
Nakamura es la única persona frente a la que Hirose sintió la confianza suficiente para llorar. Siempre que se sentía mal, se podía desahogar frente a él, porque sabía que estaría ahí para escucharlo y podría confiarle cualquier secreto.
Nuevamente, aquella pregunta volvió a atormentarlo.
¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Qué hizo para que Nakamura tomara la repentina decisión de no volver a hablarle?
Ahora se encontraba en un espacio oscuro. Los recuerdos terminaron y solo quedaban voces diciéndole que era el peor amigo, que era una mala persona, que debió insistir más, que no debió dar por sentado que podrían hablar sobre lo que le atormentaba aquel día en la isla Watatsumi antes de que se fuera.
Aquel bardo del bosque tenía razón en algo: Tenía mucho pesar en su corazón.
Pensó ingenuamente que ver a Nakamura automáticamente arreglaría todo, pero no fue así. El recuerdo de su discusión volvió a atormentarlo en sueños. Quería llorar y gritar. Era un sueño después de todo, pero luego...
Notó algo en aquel recuerdo. Cuando Nakamura le dió la vuelta, un líquido salió de su rostro. Intentó ocultarlo, pero lo llegó a notar. Era una lágrima congelada. Pequeña y que pasó casi disimulada. ¿Por qué justo ahora lo notaba?
—Hirose.
Volvió a escuchar su nombre. Pero ahora reconocía la voz perfectamente.
(...)
Sus ojos se abrieron de repente. Estaba apunto de levantarse, pero el repentino dolor en su cuerpo lo hizo imposible. Bajó la mirada a su pierna, que se encontraba vendada nuevamente, así como su pecho, brazos y su cabeza. Aquel dolor lo hizo volver a acostarse en la cama. Exploró sus alrededores.
Se encontraba en la posada del Puerto Ormos. No comprendía ni recordaba lo ocurrido después del combate del Lawachurl. Parecía ser que perdió el conocimiento. Volteó a ver la ventana para ser recibido por luces anaranjadas, posiblemente del atardecer. Todo era muy confuso, y la cabeza lo atormentaba.
El sonido de la puerta abrirse lo sorprendió y volteó para observar quien había entrado. Quería sonreír, pero se decepcionó un poco al ver a su compañero de equipo entrar al lugar.
—Ah, Mukai...
—Perdón por preocuparme por mi amigo que lleva dos días dormido— Mencionó mientras entraba con una bandeja con comida.
Sus palabras hicieron a Hirose abrir los ojos como platos— ¿¡DOS DÍAS!? ¿Q-Qué pasó en las ruinas? ¿Q-Qué hay de Nakamura y los demás?
—Cálmate— Le ofreció el plato de comida para tomar un asiento a su lado, cerrando los ojos mientras recordaba lo ocurrido— No estaba ahí, pero... Las ruinas empezaron a temblar, y vi como Nakamura te traía sobre su espalda con el resto del grupo que faltaba. Estabas herido de gravedad y regresamos a la posada del Puerto Ormos donde un doctor de atendió. Tighnari canceló la excursión a esas ruinas y le pidió a los estudiantes que regresaran a la Akademiya en la ciudad de Sumeru.
—C-Comprendo...— Bajó la mirada desanimado, pero decidió seguir preguntando— ¿Se encuentran bien?
—¿Hablas de los estudiantes, o especialmente de Nakamura?— Mukai sonrió con picardía cuando notó a su amigo bajar la mirada avergonzado al verse descubiertas sus intenciones. —Tú eras el más herido de todos, los demás solo tenían heridas superficiales. Incluido él.
Guardó silencio un momento. Apretó sus labios, intentando no mostrar que se encontraba triste, pero era imposible de ocultar— Ya veo...
—¿Quieres que te traiga algo? Puedo traer al doctor para que te revise si te duele algo.
El castaño se acomodó en la cama, dejando la comida a un lado y evitando la mirada de su amigo. —Estoy bien, Mukai...— Mintió.
—...Iré a decirle a Takeuchi que despertaste, estaba muy preocupado por ti— Se limitó a decir. Sus pasos llegaron a la puerta, pero antes de irse se dirigió a Hirose para darle una noticia— ¿Sabes? Algunos de los chicos de la excursión siguen en el puerto porque desobedecieron a Tighnari.
Los ojos del chico se abrieron de par en par. Se volteó en dirección a la puerta con la esperanza de que su amigo le respondiera la duda que le carcomía la cabeza, solo para encontrar la puerta cerrándose y quedando completamente solo en la habitación. Su cabeza volvió a la almohada, resistiendo el dolor de cabeza y volviendo a cerrar sus ojos.
—...Te extraño, Nakamura...— Susurró en voz baja mientras se arropaba, cubriéndose totalmente para intentar recuperar fuerzas.
(...)
En la cima de una montaña a las afueras del puerto, la vista era asombrosa. Se podía observar todo el lugar, e incluso se podía observar el inmenso desierto. Ahí se encontraba Nakamura, sentado en una piedra mientras sus ojos oscuros se posaban en Puerto Ormos, en dirección a la posada donde se quedaba Hirose. Mantenía los puños apretados y suspiraba con pesar y una ligera ansiedad.
Desde que escaparon de la Floresta Apam, no podía dejar de pensar en el chico, en las heridas de su cuerpo, y su respiración que se debilitaba poco a poco mientras perdía sangre en camino a ver al médico. Este les dijo que estaba estable, pero necesitaba descansar por el agotamiento y el posible dolor con el que despertaría.
Tighnari les había indicado que hablaría con los profesores de la Akademiya sobre lo ocurrido para que tengan más tiempo de realizar sus trabajos de investigación. Pero Nakamura fue el primero en negarse a regresar a la ciudad. No cuando era su culpa que el chico terminara en tal estado. Sus amigas decidieron acompañarlo, incluso Matsumura decidió quedarse en el puerto, aunque con la excusa de que buscaría otro tema de investigación en la zona, solo para negar que seguía preocupado por lo ocurrido en batalla.
Collei debía regresar a la villa Gandharva con Tighnari, pero prometió regresar al puerto con frutas para Hirose. Layla también se quedó en el puerto, porque su profesor le pidió que se tomara unos días, dado lo fácil que es para la chica entrar en estado de estrés extremo, por lo que sería mejor que se relajara.
Por su parte, el día anterior, Nakamura citó a Mukai y Takeuchi aparte, lejos del resto de chicos de la Akademiya.
—¿Qué ocurrió allá?— Preguntó Takeuchi con los brazos cruzados y una mirada que parecía querer matarlo con la mirada.
El azabache soltó un suspiro, nunca fueron grandes amigos, solo se toleraban por Hirose, pero sin él aquí, no había nadie que mediara su actitud— Fue... fue mi culpa que terminara en ese estado. Él me ayudó cuando un Lawachurl Acorazado se acercó a nosotros, me quedé sin mi lanza y él atacó, pese a que su pierna estaba herida... Esos golpes también los recibió por mi en un derrumbe de rocas dentro de las ruinas...
Mantuvo una actitud firme y seria para contarle a los amigos del chico lo ocurrido, lo intentó con todas sus fuerzas, pese a que en el fondo quería llorar por lo ocurrido.
El par de aventureros se miraron un momento después de las palabras del chico. Takeuchi quería explotar de rabia, pero Mukai decidió tomar la palabra.
—Era de esperarse. Hirose estaba preocupado por ti desde que te fuiste— Se acercó a Nakamura y solo le dió unas palmadas en el hombro— No debes disculparte con nosotros, pero supongo que eso ya lo sabías, ¿No es así?
Asintió con la cabeza apenado, pero desvió la mirada. Sus ojos se sorprendieron al darse cuenta que su conversación no era tan privada como esperaba. Matsumura estaba observando desde una esquina, y no se veía muy contento con la situación. Se acercó a ellos con seriedad y algo de enojo y posó sus ojos en Nakamura mientras fruncía el ceño.
—Si algo malo le pasa, ten en cuenta que es tu culpa.
Aquellas palabras lo atormentan desde entonces. No sabía que a Matsumura le importara tanto Hirose. Había escuchado que él tenía un amigo en Inazuma que era lo más preciado para él. Como siempre evitaba hablar del chico, no había notado las similitudes. Ahora no podía dejar de pensar en que aquello era su culpa, y de verdad lo era.
Necesitaba un momento a solas, lejos de la posada donde él se encontraba. Estaba incluso considerando irse del puerto, pero si lo hacía, estaría repitiendo lo mismo de hace más de un año: Escapar.
Unos pasos empezaron a sonar detrás de él. Cuando levantó la mirada para darse cuenta de quien era, intentó esbozar una sonrisa.
—Aether, Paimon...
—¿Cómo te encuentras, joven aprendiz?— Preguntó Paimon con una sonrisa mientras se sentaba a su lado.
—Aprendiz fracasado, querrás decir...— Un ligero suspiro salió de sus labios mientras volvía a observar el horizonte— ¿Qué hacen aquí?
—Es una divertida historia. Tu amiga Hifumi nos dió un encargo— Reveló Paimon mientras se acercaba al viajero rubio, haciéndole señales de que le entregue el paquete.
Aether no pudo evitar reír un poco por las expresiones de su amiga, pero se acercó a Nakamura con una caja en manos. Lo miró con confusión, pero el rubio le insistió en que abra la caja.
Dentro de esta, se encontraba Icchan, quien saludó con sus tentáculos y subió al hombro de su dueño, haciendo que este sonría.
—¿Qué haces aquí? Te pedí que te quedaras en la posada, jaja— Acarició con ternura a su amado pulpo y volvió a observar la caja. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver que se encontraban las cartas que Hirose le había enviado, y que él tanto había evitado abrir. —¿Qué...? Pero, si las dejé en casa.
—Cuando fuimos a la ciudad con Hifumi, conocimos a dos chicas bastante amigables, uhm... Una mercenaria de pelo corto y rojo cenizo, y otra de pelo largo y negro, que es aprendiz de Nilou— Empezó a explicar Paimon, intentando recordar.
—¿Masako y Yuuka?
—Ajá— Asintió con la cabeza y siguió hablando— Nos dijeron que te entregáramos esto, pues podría ser importante para ti.
—Me sorprende más el hecho de que entraron a mi dormitorio y sacaron esto sin que nadie sospechara...
Aunque quizás no debería sorprenderse. Masako es una mercenaria, claro que se iba a infiltrar en su habitación. Posiblemente deba reforzar la cerradura. No entendía porque las tres se habían esforzado tanto en traerles esto. Miró a Icchan un momento, quien le incitaba a leer las cartas. Pero no estaba seguro de las palabras que encontraría.
Quizás le escribía cartas expresando su enojo, o peor, su odio por haberlo dejado. Mas de haber sido así, no tendría sentido todo lo que hizo por él. Las dudas volvían a invadirlo, pero una mano en su hombro lo hizo despertar.
—Deja de pensarlo tanto— Fueron las palabras de Aether, mientras le dedicaba una sonrisa.
—Pero me peleé con él apenas tuvo la oportunidad de hablarme... No quiero que realmente resulte que me odie...
—En el fondo sabes que no es así—Tras darle unas palmadas en la espalda como apoyo, se levantó junto a Paimon y empezaron a caminar.
—¡Te dejaremos para que las leas! ¡Cuéntale a Paimon que tal te va!
Y así se despidieron mutuamente con la mano. Una vez se alejaron, Nakamura volvió a observar la caja con las cartas.
Ya era hora de enfrentar lo que llevaba tanto tiempo posponiendo. Los tentáculos de Icchan le pasaron la primera carta. Tragó saliva con nervios, pero decidió abrirla para empezar a leer.
"Hola, Nakamura.
Recibí tu carta por medio de Hana. Sé que estás en Sumeru gracias a ella.
No te enojes con ella por contarme. Yo le insistí demasiado porque quería saber de ti. Katheryne me había dicho que te distanciaste del gremio de aventureros, y si Hana no me hubiera dicho, quizás no te habría podido enviar esta carta.
Tenía miedo de escribirla, porque en la tuya habías tachado que no te buscara.
¿Qué querías decir con ello?
¿Estás molesto conmigo?
Por favor, respóndeme.
Hirose Aiki"
Su corazón dió un salto con un ligero dolor antes de cerrar la carta. Tomó un profundo respiro asimilando las palabras del castaño. Recordó el día en que un aventurero le entregó la carta, y al ver que era de él, la ocultó en una caja de su dormitorio. Se mostraba reacio a leerla, no quería volver a verlo para olvidar sus sentimientos. Incluso consideró romper la carta, pero no podía.
Buscó la siguiente carta, que llegó unos meses después de esta.
"Hey, Nakamura.
No has respondido mi primera carta. Pensé por un momento que quizás decidiste ignorar la primera, o simplemente no te llegó. Pero no quiero dejar de hablar contigo.
Me deprime pensar que me estás ignorando. Y si lees esto, no permito que te burles por ello. Ya tengo mucho con Hana riéndose de mi por mis desgracias.
Ahora solo somos amigos, pues nuestra relación no funcionó. También me pidió que te diga que le escribas a ella también, porque son amigos.
¿Te va bien en la Akademiya?
Puede que estés muy ocupado estudiando y por eso no haya leído mis cartas. Sigo esperando tu respuesta.
Hirose Aiki"
Sus ojos se abrieron de par en par a medida que leía— ¿Terminaron? Pero...— Estaba confundido, pero entiende que no le haya podido decir. Ahora tenía muchas preguntas.
Le conmueve que quería saber como le iba, así como le duele haberlo ignorado desde un inicio. Quizás pudo haber evitado que saliera lastimado si le hubiera contado todo desde que se vieron. Se hubiera arriesgado a revelar sus sentimientos, pero al menos, si lo rechazaba podría haberlo dejado a un lado y no hubiera tenido que salvarlo del derrumbe.
Pero no quería pensar en esa posibilidad.
Volvió a abrir la siguiente carta.
"Hola, Nakamura.
Mi equipo y yo estamos cerca de subir de rango en el gremio de aventureros para poder aceptar encargos en otras naciones. Ya que no has querido responder mis cartas, o quizás no te hayan llegado, tendré que ir yo hacia ti.
Quiero verte.
Por favor no me rechaces.
Hirose Aiki"
Al terminar de leer, revisó la fecha de esta carta. Pareció haber llegado hace pocos meses. No pudo evitar sonreír un poco.
—Ya pensaba venir...— Pero esta sonrisa se borró poco a poco. —Y aún así... Yo le hablé de esa manera...
Los tentáculos de Icchan empezaron a acariciar su rostro con la intención de calmarlo. Un leve suspiro escapó de sus labios mientras cerraba esta carta. Solo quedaba una carta. Esta había llegado hace pocas semanas. Nervios volvieron a apoderarse de su cuerpo a medida que abría la carta.
Esta era más corta que las anteriores.
"Pronto iré a Sumeru.
Me he resignado a pensar que quizás no quieras ver, y por eso es que no has leído mis cartas. Pero también quiero pensar que se perdieron en el correo y no te llegaron.
De ser así, esta seria mi última carta. No quiero molestarte por insistir.
Cuando nos veamos
Por favor
No me odies.
Hirose Aiki"
Lágrimas empezaron a caer sobre el papel mientras las manos de Nakamura apretaban la última carta. Todo lo que estuvo reprimiendo tanto tiempo finalmente se estaba desbordando. No había poder elemental que pudiera ayudarlo a sellar sus emociones en ese instante.
Levantó la miraba para ver el cielo teñirse de naranja por el atardecer. Estaba apunto de guardar las cartas, cuando notó una nota pegada en ella, con una letra diferente a la de Hirose. Sus ojos se abrieron de par en par al notar lo escrito en esta. Apenas la leyó, acomodó a Icchan en su hombro y salió corriendo.
"Despertó. Está en la posada.
—Aether y Paimon <3"
(...)
—Puedo comer solo, Takeuchi.
—¡Déjame hacer esto por ti! ¡Ahora abre la boca para el avión!— Sostuvo la cuchara con comida para acercarla a la boca de Hirose como si fuera un bebé, haciendo enojar a este y manteniendo la boca cerrada.
Su amigo estaba siendo exageradamente atento con él, insistiendo en darle la comida. Cosa que no era necesario, estaba adolorido, no discapacitado. Y no era lo peor, Matsumura también le había llevado cajas de regalo con todo un poco para intentar animarlo, pero rechazó todas esas por ser demasiadas cosas que no podría llevar a Inazuma.
Buscó a Mukai con la mirada, suplicándole que sacara al insistente de su amigo para que le deje comer en paz y soledad, que era todo lo que quería ahora mismo. Este asintió y tomó a Takeuchi de cuello.
—Creo que el paciente tuvo suficiente de tus cuidados, tú y yo tenemos una conversación pendiente.
—¿Qué? Pero yo...— La mirada fulminante del más alto le recordó algo que lo hizo apartar la mirada avergonzado. —Ah... sobre eso...
Hirose no entendía aquellos códigos que sus amigos tenían repentinamente entre ellos, pero agradecía que fue lo suficientemente convincente para que se fueran. Soltó un largo suspiro mientras dejaba la comida a un lado y se volvía a recostar en la cama. Finalmente era de noche, y desde donde estaba podía admirar la luna llena, iluminando el cielo en el firmamento.
La puerta empezó a sonar, pero el castaño solo suspiró antes de contestar— Ya te dije que no quiero ayuda para comer, Takeuchi...
Hubo un breve silencio hasta que la voz al otro lado de la puerta habló.
—No soy Takeuchi...—Los ojos de Hirose se abrieron al reconocer aquella voz, la cual hizo que mirara a la puerta con nervios— ¿Puedo pasar?
Quedó estupefacto por unos instantes antes de contestar— Claro, adelante...
El sonido de la cerradura abrirse lo tensó un momento. Nakamura asomó la cabeza indeciso de pasar, pero dió el paso al frente, cerrando la puerta detrás suyo antes de acercarse a la cama, tomando asiento en una silla cercana para quedar frente al castaño.
Icchan saltó del hombro del azabache para caer en las piernas del herido, saludando con sus tentáculos a este, haciéndolo sonreír. Eso le dió un poco de valor a Nakamura para hablar.
—¿Cómo te encuentras?— Preguntó sin llegar a verlo a los ojos.
—Solo me duele el cuerpo, y me pusieron puntos en la pierna. Me exigieron que no me mueva mucho o se me volvería a abrir la herida, jaja— Empezó a relatar con normalidad mientras movía la pierna vendada— Takeuchi y Mukai no quieren que haga mucho esfuerzo hasta que me mejore...
—N-No la muevas, por favor.
—No es para tanto... Pero no creo que hayas venido a hablar solo de mis heridas, ¿Verdad?
Intentó buscar la mirada de Nakamura, pero él no lo miraba. Solo negó con la cabeza, dándole la razón. Quería decir tantas cosas, no sabía por donde empezar, excepto por una.
—Lo lamento mucho...
—¿Hablas de lo ocurrido?— Negó el azabache con la cabeza. —¿Entonces...?
—Por todo... Por no decirte nada, por ignorarte, por gritarte... Por irme...— Con un poco más de valor, levantó la mirada para verlo— De verdad quería decírtelo, quería contarte todo... Pero no tuve el valor porque tenía miedo... Miedo a lo que dirías...
—¿A lo que... yo diría?
Apretó los puños. Si el momento de arriesgarse no era ahora, ¿Cuándo sería?
—Hirose... Te he estado ocultando algo desde hace mucho tiempo, un secreto demasiado pesado que... que si te cuento, podrías odiarme, y eso es lo último que quiero. Eres una persona demasiado importante para mí...
—Nakamura...
Lo interrumpió— Déjame terminar...— Apenas dijo eso, Hirose se quedó callado y esperó que hablara— Cuando recibí la carta de aceptación, fuiste la primera persona en la que pensé que debía contarle, pero no encontraba las palabras adecuadas, y menos el momento. Pensé que con la fortuna de mi lado, podría hacerlo...
—¿Hablas... de decirme que te ibas?
—No solo eso... pero el hecho de que me preguntes, me confirma que Sakamoto no te dijo nada...— Sonrió con tristeza mientras juntaba sus dedos con nervios.
—¿Le contaste a ella antes de a mí?— Frunció el ceño con una ligera molestia.
Aquello hizo que Nakamura soltara una pequeña risa antes de seguir hablando— Pensé que al contarte a una extraña me sentiría mejor. También hablé con el viajero y Paimon en aquel entonces... Antes del festival.
—Pensé que entre nosotros no había secretos.
—Este es uno diferente...
Los nervios hacían que sus palabras se ahogaran. Hirose lo observaba con una ligera ansiedad, pues no entendía que era lo que ocultaba. Debía mantener la calma. Respiró profundamente antes de seguirse explicando.
—El día del festival, vi como Hana se confesaba a ti. Así como te contó, yo le dije que fuera valiente para decir sus sentimientos... Algo hipócrita de mi parte, porque yo no pude hacer lo mismo...—Los ojos de Hirose se abrieron de par en par ante sus palabras, poniendo más nervioso a Nakamura antes de que pueda seguir hablando. —Luego pasó lo de Icchan, vi que eras novio de ella y tomé la decisión de... intentar olvidarte. Porque no podía soportar verte con alguien más. Se supone que era tu mejor amigo, y no pude soportar verte con ella ni apoyar tu relación de manera genuina...
Aquello parece hizo reaccionar a Hirose. No quería arriesgarse con su pregunta, pero la curiosidad le ganó.
—¿Estabas celoso...?— No esperó que Nakamura bajara la cabeza solo para asentir y esquivar su mirada.
—Esto es demasiado difícil para mí, pero me prometí explicarte todo. Y serás totalmente libre de odiarme y dejar de hablarme, porque eso es lo que quería evitar al irme sin despedirme apropiadamente de ti.
Eso hizo enojar un poco a Hirose, de tal manera que frunció el ceño nuevamente.
—¿Por qué te odiaría?
—Por qué...— Intentó hablar. —Yo...
El silencio reinó nuevamente la habitación. Nakamura abría la boca con la intención de hablar y responder a su pregunta, pero el miedo era más fuerte. El corazón le latía rápido y la ansiedad lo estaba consumiendo. Pero encontró los ojos marrones del chico observándolo, no con intensión de juzgar, sino con preocupación.
Recordó nuevamente lo que le decían sus amigos. Él tenía derecho a saber. Y si si amistad iba a romperse por eso...
Que así sea.
Mantuvo la mirada firme y finalmente soltó aquellas palabras que llevaba tantos años guardando en su corazón.
—...Me enamoré de ti desde el primer día que nos conocimos.— Lágrimas empezaron a escapar poco a poco de sus ojos a medida que hablaba, era tal que ya no podía mantener la mirada fija en el castaño. —Y a medida que pasábamos tiempo juntos, solo podía quererte más y mi corazón se aceleraba cada vez que veía... Quería estar a tu lado siempre, y que aunque estemos separados, sigamos estando juntos, porque eres lo más importante para mí...— Con su manga empezó a secar sus lágrimas para cubrir su mirada sollozantes— Pero no podía soportar verte feliz con alguien más, y menos cuando esa persona se convirtió en mi amiga, así que... así que...
Ya no podía seguir hablando. La voz se le cortaba y los llantos no se detenían. No quería ver la cara de Hirose. Se había prometido mantenerse firme y fuerte para afrontar la situación, pero no lo pudo aguantarlo más.
Quería decir más, pero se concentró en intentar calmarse.
Sintió unas manos mover su brazo para secar sus lágrimas. Se tensó un momento antes de levantar la mirada y encontrar el rostro de Hirose, que se encontraba colorado. Esto sorprendió a Nakamura por un momento, pues no comprendía porque el chico estaba de esa manera.
El castaño siguió sentando sus lágrimas, y dió unas palmadas en la esquina de la cama, en señal de que el contrario se siente a su lado. Este obedeció.
—E-Entonces... ¿Viniste a Sumeru solo para olvidarme?
Negó con la cabeza— Siempre quise... estudiar a las criaturas marinas de más allá de Inazuma... Cuando recibí la carta de aceptación antes del festival, quería decirte primero lo que sentía y pensé que ese día sería el adecuado para decirte todo, pero... te vi con ella y pensé que no merecía estar a tu lado— Bajó la mirada antes de seguir hablando— Intenté suprimir mis emociones con el poder Cryo de mi visión desde entonces, pues a final de cuentas, yo no soy una chica, no soy como Sakamoto, y jamás lo seré...
—Nakamura...
—Pensé que sería mejor para ti que estuvieras con una chica linda, y ella es amable y muy buena persona. Ella es... Ella es normal.
—Nakamura.
—Ella puede hacerte feliz, al contrario de mi...
—¡Nakamura!— Las manos de Hirose alcanzaron su rostro para que lo mire fijamente, mientras un dedo le tapaba la boca para que este deje de hablar— ¡Shhhh! Ahora yo soy el que va a hablar, ¿Entendido?
Asintió con la cabeza.
El castaño suspiró antes de preguntar— ¿Leíste mis cartas?— Nakamura asintió nuevamente y siguió hablando— ¿Sabes por qué Hana terminó conmigo?
Pensó un momento, pero negó con la cabeza.
—Ella dijo que yo no sentía lo mismo que ella sentía por mí. Aunque acepté que saliéramos y fuéramos pareja, no me sentía conectado de esa forma. Y puede que ella haya tenido razón —Soltó su rostro y siguió hablando. —Takeuchi y los demás decían que nos veíamos bien juntos, pero yo no sentía algo diferente a cuanto éramos amigos. Las expresiones de cariño no eran muchas, y tampoco llegué a besarla como me decían que lo haría eventualmente... Solo podía pensar en lo dolido que estaba porque te distanciaste de mí.
—Yo...
—¡Shh!— Lo silenció nuevamente con el dedo, antes de soltar un leve suspiro. —Deja de pensar que no puedes hacerme feliz... Yo no te odiaría jamás por lo que sientes por mí, jamás. —Se acercó un poco más al cuerpo de Nakamura con una leve sonrisa al notar lo nervioso que estaba, pero este no se retiró ni se apartó por la cercanía— Ahora que me contaste, muchas cosas tienen más sentido para mí, y te estoy muy agradecido.
—¿Me... agradeces...?
Asintió. —También eres la persona más importante para mi, y no hablo solo porque eres mi mejor amigo. O bueno, eras, porque me dejaste de hablar y sigo molesto por ello— Los ojos se Nakamura se abrieron de par en par, retrocediendo un poco hasta que Hirose le sostuvo la muñeca, evitando que escape, pero manteniendo su sonrisa— Me ignoraste, me gritaste y me ocultaste algo muy importante por lo que parece ser mucho tiempo. ¿Creíste que te perdonaría así de fácil?
Los nervios del pelinegro estaban a flor de piel, su rostro enrojecido y no encontraba en donde enfocar su mirada. Buscaba evitar la mirada de Hirose, pero este estaba haciendo la tarea más difícil.
—D-De verdad lo siento mucho...— Estaba tan distraído que casi olvidaba que había confesado sus sentimientos hace pocos minutos.
Solo él podía poner su mundo de cabeza de esa forma.
—¿Quieres que te perdone?— Nakamura asintió con la cabeza, haciendo sonreír a Hirose, motivándolo a acercarse un poco más. —No va a ser fácil, debes prometerme muchas cosas.
Tragó saliva un momento, pero asintió nuevamente con la cabeza.
—H-Haré lo que me pidas... De verdad estoy arrepentido por todo lo que te hice. No merecías todo lo que hice para alejarte.
—Que bueno que estés consciente de ello.
Aunque Hirose hacía lo posible para demostrar su enojo por todo lo ocurrido, en el fondo se estaba muriendo de ternura por su expresión de arrepentimiento. Pellizcó su mejilla, sin la intención de lastimarlo, pero con fuerza suficiente para ver su expresión de molestia por su acción. Soltó una pequeña risa antes de acercarse más al rostro del chico y examinar cada parte de este.
Hacía tanto tiempo que no se veían que ya extrañaba sus expresiones, la forma en la que le hablaba de manera diferente al resto. Extrañaba molestarlo. Ver sus ojos. Escucharlo hablar de las cosas que le gusta.
Le hizo demasiada falta.
Tanta que ya no tenía autocontrol en absoluto.
—Si quieres que te perdone, no vuelvas a dejarme de lado— Empezó a ordenar. —No vuelvas a mentirme, no vuelvas a ocultarme cosas, no vuelvas a intentar olvidarme, no vuelvas a compararte con Hana, no vuelvas a oprimir tus emociones. Y sobre todo...
Esbozó una ligera sonrisa antes de cerrar la distancia entre sus labios. Sus manos se aferraron a los hombros del pelinegro para evitar que este escape. El beso era algo torpe por la inexperiencia, pero cargado de sentimiento que se llevaban mucho tiempo acumulando. La sorpresa de Nakamura no se hizo de esperar, pero disfrutó esta cercanía que llevaba esperando por mucho. Era casi como si se derritiera algo dentro de él.
Al separarse, el rostro del pelinegro era todo un poema. Estaba rojo hasta el cuello y las orejas, y parecía que quería balbucear palabras sin sentido, pero el dedo de Hirose volvió a callarlo mientras entrecerraba los ojos con una pequeña sonrisa entre pícara y satisfecha.
—Y sobre todo... No se te ocurra enamorarte de otra persona...— Recostó su cabeza en el pecho del más alto para soltar un suspiro de alivio, ocultando su rostro colorado mientras se aferraba a sus brazos. —Perdón por haber tardado tanto en darme cuenta y lastimarte de esa manera.
No hicieron falta más palabras. Se acomodó para abrazarlo, sin aplicar mucha fuerza por más que quisiera, para evitar lastimarlo. Se aferró a la ropa del más bajo, de manera que parecía no querer soltarlo nunca. No podía estar más feliz al sentir las manos del chico abrazarlo de vuelta para corresponderlo.
Las ganas de volver a besarlo estaban ascendiendo. Se separó un poco del abrazo, mas no se alejó mucho, quedando con las frentes juntas pegada a la otra. Hirose no dejaba de sonreír, mientras Nakamura se veía nervioso a mas no poder.
—Si hago todo eso, ¿Me perdonarás?
—Puede ser...— respondió con picardía. —Así como debes compensarme el mal rato, yo debo compensarte estos años que no pude notar tus sentimientos.
Aquellas palabras le estaban dando cuerda. Quería acercarse a besarlo de nuevo, pero levantó la mirada hacia el cabecero de la cama. Sus ojos se abrieron de pánico y vergüenza al notar los ojos verdes de Icchan observarlo con intensidad. Podría jurar que estaba sonriendo por la expresión de sus ojos. Su rostro se volvió totalmente rojo y no le quedó otra que ocultarse en el cuello de Hirose para evitar ver como su mascota lo juzga con la mirada.
El castaño volteó la cabeza y saludó un poco apenado al pulpo antes de volver a ver al contrario. Acarició con ternura su cabello antes de hablar— ¿Te apena besarme frente a tu pulpo, Nakamura~?
—Ya déjame... D-Dejaré que te mejores, tus amigos volverán pronto— Se levantó de la cama y tomó al pulpo en sus manos para colocarlo en sus hombros.
Estaba apunto de salir hasta que fue retenido por Hirose, quien lo agarró de la mano. Su cara estaba roja hasta las orejas y parpadeó varias veces buscando las palabras correctas.
—¿Volverás mañana a verme...? N-No me he mejorado todavía y me aburriré esperando a que mi pierna y mi cuerpo mejoren...
Hubo un breve silencio. Pero sin mas dudas, el azabache apretó la mano de Hirose para dejarle un beso en la mano.
—No iré a ninguna parte...
(...)
Los días pasaron. Desde aquella conversación, cada que Mukai y Takeuchi salían por su cuenta para explorar la nación, Nakamura se quedaba en la posada conversando con Hirose. Se ponían al día sobre las situaciones ocurrida en el último año y contaban experiencias de lo vivido. Sabían que un día, este tendría que volver a Inazuma, por lo que querían aprovechar cada minuto.
Sus heridas mejoraron un par de semanas después, y ya podía caminar con casi total libertad. A excepción que sus amigos seguían preocupado por él y que se vuelvan a abrir los puntos.
—¡Déjenme! ¡Quiero ir con Nakamura!
—¡Tu novio puede esperar, pero no puedes correr!— Gritó Takeuchi, quien lo jalaba de la ropa para retener a su amigo.
—¡Maldita sea, Takeuchi! ¡Ayúdame Mukai!
Este solo cerró los ojos, haciendo caso omiso a las exigencias de su amigo, quien se sintió traicionado ante tal acción.
—¡Exijo mi libertad!
El caos de ambos era tal que llamó la atención de Paimon y Aether, quienes iban acompañados de Kaveh y Alhaitham caminando por el puerto. El par de aventureros reconocieron inmediatamente al grupo y se detuvieron a observar la discusión. El rubio no pudo evitar sonreír al darse cuenta de lo ocurrido.
Estaba feliz de que Hirose y Nakamura finalmente hayan arreglado sus diferencias y ahora estén muy juntos.
Un alivio porque Paimon estaba casi asesinando al castaño por lo ocurrido.
—No vas a comprar vino, no has pagado la renta de este mes.
—¡Pero es de edición limitada! ¡Solo quiero uno para probar, eso es todo! ¡Yo decido que hacer con mi dinero!— Gritó el rubio mientras se acercaba al puesto, siendo seguido por el escriba.
—Te vas a arrepentir, superior Kaveh— Fue todo lo que dijo antes de llevarse al mayor de la capa de su ropa, ignorando sus quejas.
—¿Otra vez?
—Déjalos discutir, Paimon— Suspiró el rubio antes de voltearse para notar como Mukai y Takeuchi buscaban por los alrededores con desesperación.
Parece que Hirose se les perdió de nuevo. Pero este se podía hacer una idea de donde se encontraba.
O más bien, con quien se encontraba.
(...)
El castaño finalmente aprovechó un descuido de su amigo para caminar a paso rápido para escapar. Estaba cansado de quedarse encerrado en la posada y quedó en encontrarse con Nakamura para explorar los lugares cercanos. No tardó mucho en encontrarlo acompañado de tres chicas, de las cuales reconoció a Kawamura. Decidió esconderse para escuchar, por curiosidad al ver que este se encontraba rojo y avergonzado.
—¿Entonces~? ¿Cuándo nos presentas a tu novio?— Preguntó la chica de pelo largo y oscuro mientras sacudía el brazo de Nakamura.
—Queremos conocerlo, has hablado taaaaanto de él que queremos verlo. No es justo que solo lo conozca Hifumi.
—Basta las dos— La cara del chico estaba demasiado roja como tomate mientras se soltaba de sus amigas— ¿No tienes un ensayo que hacer con Nilou, Yuuka?
—El ensayo puede esperar, esto es muchísimo más importante, ¿Verdad, Masako?— Los ojos de la aprendiz de bailarina brillaron con entusiasmo cuando su amiga mercenaria asintió con la cabeza.
Sus amigas fueron a visitarlo al puerto, ya que cada que regresaba a la ciudad durante las últimas semanas, siempre se iba, dejándoles sin nada de tiempo para hablar. No fue hasta que su amiga Kawamura reveló que había un chico de por medio. Motivación suficiente para hacerlas viajar de la ciudad al puerto para que su amigo responda todas las dudas.
Este último estaba apenado, y mucho más cuando desvió la mirada y encontró al castaño espiándolos.
—¿¡Hirose!?
Las tres chicas voltearon la cabeza como el exorcista para ver al chico, quien saludó con una sonrisa mientras se acercaba al grupo.
—¿Q-Qué haces aquí? Te dije que te vería en la posada, no deberías...
—Ya puedo caminar, no seas tan sobreprotector.
Estaba apunto de reclamar, cuando las chicas empujaron a Nakamura a un lado para ver al famoso chico que le roba el sueño a su amigo. Sus ojos brillaron apenas lo conocieron.
—¿Así que tu eres Hirose Aiki, dinos, cuales son tus intenciones con Nakamura?— Empezó a preguntar Yuuka.
Masako se adelantó a preguntar. —Él nos dijo que ya no le romperás el corazón, pero ¿Cómo estamos tan seguras de eso?
—¿Puedo inspirarme en ustedes para mi siguiente novela ligera?
Los ojos del castaño buscaban al más alto, mientras buscaba como responderle a las chicas— Uhm... ¿Mis intenciones? Pues...
Antes de poder hablar, Nakamura se reincorporó para ponerse frente al castaño e intentar controlar a sus amigas. Intento fallido por Masako era mucho más fuerte, y no les quedó otra que cumplirles sus caprichos al responder preguntas.
La conversación con las chicas eran fluidas, pese a su intensidad, eran amigable y solo buscaban el bienestar para su amigo. Aunque sentía que estaba en una entrevista con los padres del novio antes de poder pedir su mano en matrimonio.
Quizás era bueno prepararse de manera previa.
No dudaron mucho en ser encontradas por Nilou, quien buscaba a su aprendiz para ensayar para una actuación que tendrían próximamente. No le quedó de otra que seguir a su maestra, acompañadas de sus amigas que querían observarla baila.
Finalmente, la pareja se encontraba sola a las afueras del puerto, sentados en la orilla del río.
—Lamento lo ocurrido...
—No tienes porque disculparte, ellas me caen muy bien— Sonrió el castaño mientras balanceaba los pies. —Tienen sus razones, porque también te hice daño en el pasado, pero eso no se va a repetir más.
Aquello hizo sonreír a Nakamura un poco avergonzado. Se sorprendió al ver una caja en sus piernas.
—¿Qué es esto?
—Es de parte de Hana... Casi se me olvida dártelo— Respondió apenado antes de desviar la mirada al agua del río— Viéndolo en retrospectiva, creo que ella notó antes lo que sentía que yo.
Con curiosidad, Nakamura empezó a abrir la caja de regalo de la chica. Dentro de esta, habían dos amuletos de la fortuna. Los reconoció al instante, eran amuletos de pareja para que el amor fluya. Sus mejillas se coloraron al ver una nota dentro de la caja.
"Debes hacerlo feliz. Y si él no te hace feliz, lo golpearé por ti.
—Hana"
No pudo evitar reírse, dándole curiosidad a Hirose, quien quiso acercarse la nota, pero su vista fue opacada por el amuleto, el cual tomó en sus manos y notó que era similar al de Nakamura, haciendo que este sonría.
—Parece que era un regalo para los dos...— Comentó Nakamura mientras cerraba la caja con la nota de la chica. —Dice que te golpeará si me tratas mal.
—No dice eso, déjame ver— Intentó alcanzar la caja con la nota, pero el pelinegro aprovechó su altura para que el contrario no la alcance. Esto hizo al más bajo fruncir el ceño y extendiendo más la mano para alcanzar la caja— ¡Quiero ver!
—Nop.
Ambos se levantaron de donde estaban sentados solo para que Hirose no alcanzara la caja y persiguiéndolo por la zona. No fue hasta que el chico decidió sacar su último as bajo la manga.
—¡Okuto!
Apenas dijo estas palabras, este último perdió el equilibro, tropezando con unas ramas que lo hicieron caer junto a Hirose, a quien sostuvo por un abrazo para retener su cuerpo de la caída, quedando él de espaldas mientras el castaño se encontraba encima de él.
Sus ojos se observaron mutuamente y la caja fue olvidada en su totalidad. Una sonrisa tierna escapó de los labios del castaño mientras se acomodaba en el pecho del chico.
—Dijiste mi nombre... O sea...
—Tu amiga la bruja puede llamarte así pero ¿Yo no?— Preguntó con cierta molestia fingida.
—N-No quise decir eso...
—Llámame Aiki, y quizás considere no ofenderme.
Aquello mantuvo en silencio a Nakamura. Definitivamente, Hirose amaba molestarlo de esta manera. No era la primera vez que le pedía que lo llamara por su nombre de pila, pero cada que se lo pedía este se avergonzaba y podía admirar su carita de vergüenza.
Quería seguirse burlando, hasta que una mano se posó en su mejilla y abrió los ojos de par en par.
—Aiki... Tú puedes llamarme Okuto también, n-no me molesta...
Contraataque. Ahora era Hirose quien tenía la cara roja. No pudo más y abrazó a Nakamura, colocando sus brazos tras el cuello del mayor mientras escondía su rostro apenado en el cuello del contrario.
—Aún no puedo creer que pensé que me odiabas...
—Nunca lo hice, y nunca podré...
Ambos se reincorporaron, quedando Aiki encima del regazo de Okuto, quien le acarició la mejilla con ternura para darle una tímida sonrisa. Se acercó para pegar su frente con la del contraria con la cara llena de cariño.
—No importa que tenga a los dioses en mi contra, o incluso mala fortuna... Yo siempre te amaré, Aiki.
Aquello apenó bastante al castaño, haciendo que se sonroje, pero manteniendo la mirada firme —¿Lo dices en serio? ¿De verdad no me odiarás?
—Hablo muy enserio. Mi corazón es tuyo, y siempre lo será Aiki... Te amaré hasta el fin de Teyvat, e incluso más allá— Confesó con sinceridad mientras acariciaba su rostro nuevamente.
Esto hizo sonreír al más bajo, quien se acercó para volver a juntar sus labios en un beso profundo de sentimiento y caricias.
—Yo también, Okuto... Te amaré también hasta el fin de Teyvat, y más allá si es necesario— Dijo a pocos centímetros de sus labios antes de estos volver a juntarse con ternura, perdiéndose en el amor que ambos se tenían.
Bastantes fueron las dificultades que atravesaron, pero lo importante ahora es el regalo que les otorga el presente. El poder de los dioses puede ser una bendición y una maldición dependiendo de como se use.
Tuvo que aprenderlo a la mala, sí. Pero ahora por fin podía seguir adelante sin arrepentimientos de nada.
Hirose algún día tendría que seguir sus aventuras en otra nación, o bien regresar a Inazuma. Pero aquello era lo menos importante ahora. Siempre podrían volver a verse.
Siempre podrán volver a encontrarse.
Hasta que llegue el fin de Teyvat.
