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Qué ganas de comerte

Chapter 27: Morir con la verdad para mantener la dignidad, parte uno

Notes:

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Chapter Text

“Si algo te puedo asegurar,

Es que mi vida la soñé contigo,

Eres todo lo que necesito,

Y aquí me quiero quedar.

Si mi vida de continuar,

Si otro día llegará

Si he de volver a comenzar,

Será por ti.”

Por ti; Belanova.

‧₊˚❀༉‧₊˚. ৡ˚ˋঌ˖

HyunJin miró el televisor de la sala de hospital, transmitiendo un video de YouTube que compilaba las noticias de las últimas semanas. No podía importarle demasiado todo lo que pasaba, menos lo que podía procesar. Estaba con una somnolencia crónica que solo podía aliviar cuando los medicamentos hacían efecto. Sus recuerdos se iban a las nubes, a las caídas, a las peleas y al incesante miedo que lo acompañó durante todo el conflicto. Escenas medianamente borrosas, contaminadas con plantas, nubes, fuego, sangre y una caída libre que acabó por explotarle en el pecho las ganas de ser un buen Héroe.

Parte de su cuerpo estaba quemado. Tenía más bolsas que salían de sus intestinos y del pene como para decir que estaba bien. Un oído le zumbaba tanto que lo volvía loco, y bajo sus ojos tenía un halo de presencia que no le permitía ver por completo, irritado desde las córneas hasta las pestañas. Los médicos le dijeron que salió mejor parado de lo que alguien normal podía recibir un impacto de misil de tanque. «Claro, si es un Héroe», había contestado YingYing con orgullo. El médico, más suspicaz, dijo que el más normal habría simplemente desaparecido.

HyunJin creía que lo hizo, o al menos una parte de él. Daba igual la materialización, él estaba bastante ido.

Tenía un peso infantil en el pecho, que también podía explicarse por un colapso pulmonar ante el impacto. No veía a sus padres en el televisor, pero escuchaba de ellos. Las notas, acusaciones, información del Ministro de Interior y denuncias abiertas que llevarían a un juicio solo en un par de días. La policía había dado vueltas por su habitación varias veces al día, en la espera de que los médicos afirmaran que se encontraba en condiciones para poder hablar y relatar lo que pasó. El periodo de investigación iba a acabar, y HyunJin estaba seguro de que hasta en código morse lo presionarían para apuntar todas las culpas que alguien más tenía.

Porque HyunJin tenía demasiado qué contar. Vio mucho. Hizo un par. No sabía dónde iniciaba y terminaba su culpa, su responsabilidad. Porque el Héroe se hacía cargo de las escenas por ser la estrella y era por quien merecía resolver los casos. Razón por la que la opresión pulmonar casi le produjo un paro al enterarse que Ann MaeRim estaba muerta.

—Se disparó en la cabeza —explicó YingYing a su lado. La única leal mientras el resto de la familia extendida se paseaba por aquí y por allá—. Tienen a un par de cómplices agarrados. Dicen que han hablado, no lo sé. Están invitando a los testigos acercarse a contar sus relatos. ¿No quieres hablar, también?

Quizá cuando HyunJin pudiese armar más de dos oraciones sin que la garganta le pasase como lija. Aunque no sabía si hablar sobre MaeRim significaba sepultar aun más la presencia de sus padres.

No podía culparlos. Mierda, no podía siquiera pensar en que eran los Villanos cuando sucumbieron al injerto. HyunJin sabía cómo funcionaba, lo que producía. Era ese odio colérico donde el cuerpo solo era un límite débil que impedía explotar por completo, y aquello era lo que generaba la angustia con el resto. Las muertes, los heridos, los desmembramientos- todos eran víctimas de la bala.

Le gustaría que las cosas fuesen blanco y negro, así al menos podía decir que las víctimas eran solo eso- víctimas. El problema es que sus padres podían serlo solo que no estaban desmembrados.

Rehabilitarse fue difícil. Le sacaron la sonda de la barriga cuando los reflejos para tragar estaban siendo contundentes y la papilla le hizo soñar por un pedazo de carne con papas asadas. Movía sus dedos de a poco, desestructurar las muñecas y hacer funcionar sus codos. No quería moverse tanto porque la posición en cama le hacía feliz, tranquilo; una planta enraizada a la verdad del sueño donde quedaba parado en días donde no tenía que hablar mal en contra de nadie, donde no debía asumir responsabilidad. Donde podía seguir siendo la figura anónima del hijo de sus padres aun cuando videos de su rescate a la gente que caía de la SUS lo mostraban casi como el sucesor de Héroe Nacional.

Le era tan difícil sostener un poco la cordura que iba perdiendo cada que no pensaba en él mismo y su salud. Parecía que su egocentrismo era el que lo mantenía vivo, donde su cuerpo era el desenlace de lo sucedido y que, cada cuando la droga mataba su dolor, la cabeza le atornillaba con la imagen de sus padres y de su novia. Con las testificaciones, y con todo lo que YingYing, su familia extendida y el televisor decían.

Las maravillas que entregaba la posición.

Mientras tanto, JiSung aun miraba la higuera.

La veía desde el balcón, apoyado en el barandal mientras las hojas se balanceaban de un lado a otro. Las brevas no existían, solo un par de higos bien verdosos que no lucían apetitosos. JiSung estiró su mano hacia una de las ramas, de a poco extendiéndose hasta engrosar y amarrarse al balcón. Un crecimiento lento que llegó hasta la casa Hwang. JiSung se subió a la higuera, la cruzó, y subió por completo la ventana entreabierta para llegar al pasillo de la casa.

Estaba tan vacía que daba miedo.

De seguro YingYing iba a asear cuando tenía oportunidad, aunque JiSung no la hubiese atrapado. Estaba todo en su lugar, una habitabilidad demasiado tímida para dos adultos grandes que pasaban sus últimos años viajando mientras que dejaban al hijo al cuidado de todo como del ajeno. Eso pasaba en ese instante, pensó; con los Héroes Nacionales detenidos en Estados Unidos por su nivel de peligrosidad mientras tenían de vuelta al hijo solo en el hospital. ¿Sería hora ya de JiSung para ir a verlo?

Lo era, y se recriminaba la cobardía como un elemento fundamental de por qué su relación con HyunJin nunca avanzó. Podía recriminar cómo a los dieciocho nunca dio el primer paso, algo que seguramente habría modificado todas las consecuencias en un futuro. Su idea de entrar a al SUS para seguir a HyunJin no habría sido tan mal vista por cualquiera que lograse descubrirlo, y una vida tranquila de sumisión asistencial habría rescatado la relación para un chico que tenía las presiones de un yunque para convertirse en Héroe. Todo para que ahora el nuevo título fuese transferido a él internado en el hospital.

Fue al dormitorio de HyunJin, casi pareciendo el cuartel de un investigador que intentaba localizar un villano imaginario. Las pesas, las armas, todo alrededor de una cama hecha, limpia y desocupada, que entregaba una vista regia de lo difícil que fue para HyunJin cumplir su sueño. JiSung se estiró hasta uno de los altos muebles para alcanzar la cámara fotográfica, y se sentó en la cama para revisarla. Fotos variadas, de viejos años como modernos. Algunos eventos de la FEU en la SUS que requirieron de su habilidad para captar la normalidad, mientras que el diario se llenó de fotos de MaeRim hasta que HyunJin encontró que ya dejó de ser tan mundano como para seguir con esas costumbres.

JiSung viajó por las fotografías hasta el treinta y uno de octubre, donde la fiesta de la FEU en la iglesia abandonada había sacudido el mundo de JiSung de una forma tan humillante que ni siquiera podía tomarse en serio. Recordó el vómito de los pétalos al ver a HyunJin y MaeRim besarse, toda su catarsis posterior y cómo cada paso que daba de autonomía lo alejaba más de HyunJin. Podía ver esa misma cama donde hablaron para año nuevo y cómo las recriminaciones ajenas terminaron por distanciar aquello que solo se sostenía porque JiSung estaba enamorado.

¿No era eso un poco patético?

Sin embargo, entre las fotos de Halloween, encontró una de él con MinHo. Un beso premeditado que quedó capturado bajo el ojo de HyunJin, donde JiSung buscaba desesperadamente que se viera el amor en alguien quien todavía no tenía sentimientos románticos. MinHo se lo había dicho esa noche, «el amor se nota». Al fin JiSung le pudo dar la razón porque ese beso lo veía tan divertido y al mismo tiempo tan insulso que lo encontró gracioso.

¿Cómo es posible que JiSung haya fingido toda una relación por HyunJin, solo para que al final ni siquiera se quedara con él?

«Los caminos de la vida no son lo que yo esperaba…».

Tras dejar la cámara, siguió curioseando. Tanto que le recriminó a HyunJin por no respetar su privacidad cuando JiSung estaba haciendo lo mismo- bueno, él era distinto. JiSung lo hacía porque no tenía idea de cuándo HyunJin regresaría a casa. Razón por la que se tomó una apropiación grosera y decidió guardar todo lo que tuviese que ver con el heroísmo. Cuando sea el día en que a HyunJin le diesen de alta y regresase a casa, debía de ser recibido por un lugar que lo validase por quien es y no por lo que deseó ser.

Al quitar uno de los mapas de las paredes, encontró la pared de corcho colgada con un tierral perezoso. Fotografías impresas de distintos lugares que HyunJin visitó, entre la costa, reservas y el viaje a la frontera de Corea para visitar a la Madre de JiSung. Vistas preciosas al atardecer donde tras la cámara estaba siendo acompañado, visto y querido. Junto a la frondosidad, la fotografía de los dos en la graduación de la escuela se colaba con sus uniformes de invierno mientras esperaban tener un futuro distinto. No mejor, solo… solo uno que les hiciera justicia a lo que fueron.

Razón más grande por la que JiSung debió aceptar que no volverían a ser ellos.

—¡JiSung! —escuchó a su padre llamarlo desde la casa de al lado. JiSung dejó el desorden sin responsabilizarse y fue hacia el pasillo para cruzar la higuera. Al llegar a su balcón, quiso pasar desapercibido, pero la acusatoria mirada de Richard le colocó nervioso, en especial cuando su padre se asomó por la puerta—. ¿Qué hacías?

—Nada. Nada —sacudió su cabeza—. ¿Qué pasó?

—DaeSung llegó.

JiSung tomó aire, y asintió. Volvió a acomodarse el gorro del polerón para que cubriera su cabeza y cuello, y bajó hacia la primera planta.

Como el mundo continuaba y los treinta y un día de investigación desde el atentado de la gala se estaban acabando, se acercaba el juicio.

Con la SUS suspendida en el aire, con las audiencias a punto de iniciar, y con citaciones y compilación rápida de las víctimas, las cosas llevaron a pensar en que sería un poco menos caótico, aunque la prensa estuviese deseosa de ser alimentada por el morbo. Ya en tribunales se ganaban las familias de las víctimas fatídicas esperando la piedad y la perspectiva de los jueces al dar las sentencias.

JiSung no estaba preparado para enfrentar culpas penales cuando aun no resolvía la culpa moral.

—Dije todo lo que tenía que decir, así que dile a DaeSung que te prepare una buena defensa.

—Ni siquiera deberías de estar llamándome.

—¿Qué haremos si terminas en la cárcel?

—¿Estás siendo gracioso o fatalista?

—Un poco de esto, un poco de aquello…

JiSung se tendió en su cama. —Si termino en la cárcel, seremos de esas parejas que se comunican por correspondencia. No puedo esperar a que me veas todos los días porque debes continuar con tu vida.

—Hm, me encantaría que mi padre le dijera eso a mi madre.

—No proyectes tus dramas familiares en nosotros, que somos diferentes y me harás vomitar —atacó—, solo correo, ¿vale? Hasta que DaeSung vuelva a apelar o mi papá junte el dinero para la fianza. Tú sigue con tu vida, que yo saldré y cobraré venganza con la gente que me engañaste.

—Me parece un buen plan.

—… Y no sabrán quién acabó con ellos, entonces abrirán otra investigación pero ya será tarde para acusarme porque yo ya me habré vuelto loco, y te habré secuestrado, también.

—… Ya te chalaste.

—Y nos iremos a Dinamarca.

—No suena tan mal.

—¿Ves?

—De todas formas, tampoco voy a intentar meterte a-

—¡No, no, no! ¡No me digas! ¡Ya es bastante ilegal que me llames! —JiSung insistió a MinHo—. Quiero que esto sea lo más legítimo posible. No necesito dramatismo barato para que las cosas hagan resultado en penas que me corresponden. Yo sé lo que hice.

—Sí, y que lo hiciste sin estar del todo consciente —MinHo repitió—, la única culpable acá es MaeRim, que no se te olvide.

—Está muerta. Hay que culpar a los vivos.

—Y los vivos no son homogéneos. Por eso a ti te representa tu tío alcohólico y a los Héroes Nacionales abogados jodidamente clasificados.

—¿Me estás consolando o me estás asustando?

—Un poco de esto, un poco de aquello…

Nada lo convencía, y MinHo tampoco estaba siendo muy agradable consolando sus mismas ansiedades. Por ende, cuando llegó el veintiuno de abril, la primera audiencia abrió con protestas fuera del Palacio de Justicia, con una cobertura mediática bastante sofocante, la llegada de los Héroes Nacionales antes de ser trasladados a la cárcel de Soong-Du, y con la presencia de los victimarios tanto conscientes como de aquellos que fueron impactados por la bala neurológica.

—¿Ya comenzó? ¿Comenzó? —ChangBin preguntó mientras entraba al dormitorio compartido del hospital de alta complejidad.

—Aún no —contestó Dosie, jugando cartas con Felix a los pies de JeongIn—. Mucho preámbulo. Mucho drama. Le dije a MinHo que viéramos otro canal, pero no quiere.

ChangBin bufó, y fue hacia la silla a un lado del cuerpo dormido de JeongIn. MinHo tenía sus piernas cruzadas, su índice en la boca, con un olor a ceniza emanando del cuerpo mientras golpeaba el control remoto en su rodilla. Cuando ChangBin se le acercó, MinHo solo lo miró.

—Hazme espacio, que vengo cansado —ChangBin ordenó.

MinHo no contestó, solo regresó su mirada al televisor. Su olor a ceniza incrementó.

—¡Okey, okey! —ChangBin aleteó, y fue a la segunda de las cuatro camas que tenía la habitación. Todos con pacientes en estado vegetativo o comatosos—. Mierda, nos regañarán si alguien viene.

—Hay paro de enfermeros. Nadie vendrá —dijo Dosie, y lanzó una carta al mazo—. Ja, ¡uno!

Felix soltó: —Nooo…

MinHo, finalmente, chistó. —Cállense. Mierda, cállense. Miren, va a comenzar.

—Al fin —Felix se recostó a los pies mientras Dosie juntaba las cartas—. ¿Creen que regresemos a clases durante esto? Es decir, el juicio puede tardar años.

—Ni de chiste durará tanto. Mira la cobertura —dijo ChangBin—, además, no nos pueden tener del todo detenido. La SUS volvió a levitar y ya la reconstruyeron.

—Ya, pero no hay Decana.

—Como si no hubiésemos sobrevivido sin ella. Es probable que regresemos a clases durante el juicio —teorizó ChangBin—, dará mayor peso a la fiscalía para perjudicar a los acusados. La primera semana será mortífera.

—¿Puedes callarte? —MinHo le dijo.

—Oye, todos estamos nerviosos. Ninguno quiere perjudicar a JiSung con sus relatos.

—Nah, ninguno lo hará —Dosie le restó importancia—, estuvimos en otro lugar completamente diferente. Podemos decir un aproximado, pero nada para echar culpa. Eso es bueno.

—Salvo MinHo —recordó Felix.

Y MinHo pudo sentir los ojos de los chicos sobre él. Los ignoró, aferrado a la poca cordura que le quedaba, y se concentró en el inicio del juicio.

Se veía el movimiento en la sala; bulla, cantos de las familias de las víctimas, los abogados de ambas partes conversando, y la presencia de los acusados en el centro. MinHo estuvo bastante ajeno a los datos verídicos que había en el caso, llamándole la atención no solo la presencia de JiSung ubicado en la misma mesa que los Héroes Nacionales y la Decana, pero también algunos habilidosos y mundanos que se vieron afectados por las balas neurológicas; así, otros chicos como BX, el Rata y Park SeRim se encontraban presentes en la parte.

No fue tan espectacular como imaginó lo que sería, lo cual le hizo sentir más ansioso porque la mitad de las palabras que salían tanto del fiscal como los abogados defensores de los acusados eran con consignas que MinHo desconocía. Las pruebas acusatorias le daban dolor de estómago, como también la recapitulación hora por hora de los hechos compilados por los testigos y registros de videos captados. MinHo veía cómo de tanto en tanto las cámaras apuntaban a JiSung, aunque estuviese la prensa más ensimismada en el Demoledor y la Ventisca. Lo vio con un traje negro, seguramente de JiYoung; lucía más mayor, más maduro.

—Hey, despertaste. —Felix dijo al notar a JeongIn pestañear en la cama. Él y Dosie se bajaron de la cama para darle espacio—. ¿Nos escuchas?

Felix chasqueó sus dedos a un lado de sus oídos. JeongIn frunció la cara y giró con dificultad su cabeza hacia el otro lado.

—Nos oye.

—¿Una médica? —preguntó MinHo.

Felix negó. —Dijeron que viéramos el tiempo que pasa consciente. Según sus papás, ayer estuvo cinco horas.

—Hmmm… —JeongIn mugió, lento, y frunció el ceño—. Mue… re… te…

ChangBin se levantó de la otra silla. —Iré a la cafetería a avisarle a sus padres.

El primer día, cargado de rastros mediáticos, manifestaciones contra los acusados y una presentación que producía dolor de estómago, acabó con medidas cautelares. El estómago de MinHo cayó al suelo escuchar que el Demoledor y la Ventisca estarían en el ala de alta seguridad de la cárcel de Soong-Du, yendo con el pensamiento automático hacia su padre. Después, le siguió con la idea de que JiSung acabaría con ellos en ese lugar, solo para caer en las mismas medidas que BX, el Rata y a Park SeRim les dieron.

—¿Arresto domiciliario? —Los chicos rotaron con los padres de JeongIn para que ellos tuvieran un momento con su hijo consciente. Mientras, los cuatro se refugiaron en la cafetería del hospital—. Les- ¿es arresto? —preguntó Dosie.

—Seh —explicó MinHo. El cartón del café estaba chamuscado—. No puede tener contacto con las víctimas o testigos del hecho en ninguna de sus formas, y solo podrá salir por autorización tribunal.

—Ah, es una mierda.

—¿Y qué hay de HyunJin? —ChangBin ideó—. ¿No podrá hablar él? Sabe lo que pasa. Es un buen testigo- mierda, un buen Héroe. Protegió a su madre de un jodido misil y junto a KyuJin rescataron a los civiles que se caían.

—¿Qué sé yo por qué él no quiere estar ahí? —MinHo murmuró.

—… ¿Porque le llegó un misil?

—Excusas.

El interés poco a poco comenzó a disminuir a medida que las semanas empezaban a pasar. MinHo tuvo que haber aprovechado un último beso o encuentro con JiSung si es que la lejanía lo iba a tener dando vueltas en el colchón y desconcentrándose en el trabajo.

La tensión de la prensa también variaba acorde a las circunstancias. A nadie le parecía importar mucho a los mundanos afectados por la bala más allá de explicar desde los médicos y peritos las afecciones, y aunque la desinhibición violenta se volvía parte crucial del relato, los mundanos entraban en ser unos inofensivos bajo la estructura comparada. El número de los fallecidos ascendió de setenta y uno a setenta y cinco, y se estimaban también que aumentarían para la sentencia final.

Entre tanto, la primavera de Corea del Sur fue absolutamente rara. Abril se caracterizó por unas llamadas lluvias que produjeron fuertes oleajes mientras los árboles frutales se cargaban con rapidez, pudriendo sus frutas. Casi por décima vez desde la existencia de JiSung que el Alcalde del Municipio de Seúl debió enviar una carta informando que JiSung estaba alterando mucho. Fue lo único que MinHo supo de él a través de los programas de chismes, quienes encontraban demasiado pintoresca aquella reacción.

Respetó la radicalidad de JiYoung con mantener la distancia. «Esto es para no perjudicar a ninguno de los dos», le explicó en una llamada. Lo mejor era evitar contaminar relatos o dejar a la vista de algún desafortunado tercero que pudiese presenciar algo que los perjudicaría. MinHo podía entenderlo, era solo que muchas cosas lo estaban colocando nervioso y no podía soportar mucho tiempo sin saber directamente del estado de JiSung.

Gente habla en los juicios, cada audiencia centrada al nombre de un acusado. ChangBin, Felix y Dosie fueron a hablar al menos una vez hablando sobre los chicos de la FEU. Haewon hizo su aparición como habilidosa telépata que debió ser mediada por un perito habilidoso de manipulación mental para que la información fuese legítima. La fiscalía comenzó con los llamados desde la segunda semana y, cuando se le vino un pensamiento, se escabulló hacia la casa de Dosie y le dijo:

—¿Vamos en busca de Yuna?

A ella la citaron un lunes cuatro de mayo a las once de la mañana. MinHo y Dosie salieron a las tres de la madrugada en dirección a su pueblo para estar cerca de las nueve en Seúl. Un viaje con una silla de ruedas en el asiento trasero que apretó a MinHo contra la ventana, con canciones que tenían de interludios melancólicos silencios donde ni MinHo ni Dosie sabían sostener. MinHo tuvo la vista en diagonal de Yuna en el copiloto, y en algunas horas, cuando la vista se le perdía en el paisaje, MinHo veía a su madre.

—La puta mierda. Una no se percata de las jodidas rampas de discapacitados hasta que te sacan la pierna —Yuna dijo mientras era llevada por MinHo dentro del Palacio de Justicia—. No los tengo que ver, ¿cierto?

—No, solo está el abogado representante —explicó MinHo—. Solo tienes que ir y decir tu verdad.

—Ojalá sirva de algo, porque si los terminan absolviendo solo porque estaban bajo una sustancia que los alteraba, todo esto habrá sido en vano.

Fue un comentario, una opinión destinada a su herida profunda y a la violencia del Demoledor; sin embargo, MinHo no pudo evitar interpretar esas palabras enfrascándolas en JiSung, en su moral culposa y cómo los familiares de las víctimas que cayeron del cielo estarían sintiéndose por las inexplicables razones por las que la SUS se invirtió.

Aunque los relatos fuesen televisados, Dosie fue la única que pudo estar entre el público de periodistas y familiares. La narración de Yuna fue mucho más pausada, más detallada de toda la bruma incendiaria y sangrienta que MinHo recordaba. Escuchó los planes iniciales, la violencia dentro de los camerinos y cómo con KyuJin intentaron hacer algo hasta que el Rata las encontró sin la bala; Cho YuJin le disparó al tipo para contaminarlo, y atosigó a Yuna hasta llevársela a la zona de combate. MinHo podía ver la escena en tercera persona, sostenida por la voz de una chica de diecinueve que sostenía el tono monótono. Nada de plegaria ni piedad, solo un cuento de sufrimiento donde no acababa cuando la pierna era arrancada.

«Si los terminan absolviendo porque estaban bajo una sustancia que los alteraba, todo esto habrá sido en vano». Yuna lo dijo con tanta licitud que MinHo envidiaba la imparcialidad. Pensaba en su propia testificación y cómo no tenía un objetivo para asentar justicia, solo evitar a que su novio no resultase peor parado.

Tuvieron un viaje de regreso esa misma tarde al pueblo de Yuna, y ella les ofreció si querían pasar la noche ahí. MinHo no supo por qué, solo fue una sensación un poco veraniega para el clima muerto donde más que una noche se quedó por cuatro días más, compensando con jornadas completas en el trabajo porque, de pronto, Seúl si estaba siendo sofocante. Pudo ser una traición a su madre al no querer regresar a Soong-Du.

Los canales de chismes eran su mayor repertorio, sonando justo en las horas muertas del restaurante. A veces se paraba con sus colegas a escuchar las atrocidades que se escapaban entre panelistas al querer mencionar cualquier cosa que perjudicara a los Héroes Nacionales; desde parlamentaristas populistas de partidos cuestionables que se contactaron con fundaciones de prótesis para las víctimas vivas de los desmembramientos. A la par, también se mencionó -dentro de la misma mesa enjuiciadora de panelistas mencionaron que el hijo de los Héroes iba a testificar para fiscalía.

—¿El hijo de los Héroes? —preguntó uno de sus colegas—. ¿Sigue vivo?

MinHo no sabía qué responder. Tenía luces de la participación de HyunJin, de su conocimiento al experimento de MaeRim, y de los efectos de la bala neurológica al haber sido víctima durante la Simulación de enero. Por un momento, MinHo pudo ver un poco optimista el pronóstico de la sentencia si es que las palabras de HyunJin eran lo suficiente influyentes como para convencer a los jueces y a fiscalía lo que significaba estar bajo la bala.

Algo que MinHo aprendió durante ese tiempo fue que la vida seguía. No podía recordar cómo fue el periodo de juicio de su padre, aunque supuso que no tuvo uno muy legítimo porque sus acciones estaban tipificadas casi de manual dentro de la leyes antiterroristas. Un proceso mucho más sencillo, capaz y negligido, que dictaminó la sentencia de una cadena perpetua. Aquellos días eran demasiado difusos para MinHo, de seguro porque pasó de residencia en residencia y se intentaba acostumbrar a Seúl. Ahora, él solo tenía que continuar con su vida. Una vida extraña, casi pausada como de razonamiento veloz al notar que iba a acabar mayo. Tanto fue su extrañeza que, para una noche cuando estuvo en el dormitorio, le llegó un correo institucional.

De Bang jodido Chan.

«Asunto: clases retomadas.

La información oficial por parte del nuevo decano será publicado el miércoles veintisiete de mayo, pero quiero informar de antemano a mis alumnos que, para cuando se retome las clases durante la primera semana de junio, esperaré evaluar las unidades dos, tres y cuatro. También, en el documento adjunto la pauta de evaluación del trabajo individual que constará el 45% de su calificación semestral.

Asimismo, quiero mencionar expresamente que, aunque presencialmente serán tres alumnos, deseo que notifiquen de antemano si es que congelarán sus estudios hasta el siguiente año acorde a las nuevas normativas que la SUS quiere aplicar. El aviso es para saber si me dan ganas de llevar colación a los más pocos que seremos. Si solo seremos dos para el siguiente semestre, genial. Si seremos tres o cuatro, qué mal.

Atentamente,

Docente Bang Chan».

Claro que ese hijo de puta les iba a forzar a retomar sus vidas. MinHo no tenía idea de sus otros compañeros -BeomGyu y Chaeryeong-, de cómo se encontraban o qué tan involucrados estuvieron durante la gala. Sin embargo, la mención sutil de JiSung le dio dolor de estómago. El impulso de querer llamarlo para quejarse de Bang Chan estuvo a la punta de sus dedos, pero se contuvo. Se contuvo tanto que dolió más el arrepentimiento de haber desaparecido los quince días posteriores del atentado, cuando pudieron haber aprovechado el tiempo si iban a llevar cinco semanas y contando de distanciamiento forzoso. ¿Qué valía la pena continuar si MinHo aún se sentía pausado?

La respuesta le llegó el lunes primero de junio, con un comunicado oficial por parte de la SUS presentando al nuevo decano de la institución, y un cambio estructural que hizo a MinHo caer de la cama.

«(…)

Punto tres. Se ha agregado una nueva titulación para los alumnos de la institución: Héroe-Profesional, Asistente-Profesional, Héroe, Asistente, y Profesional. Por favor, los que soliciten el cambio de malla y especialidad, pueden acercarse a Servicios Académicos a partir del martes dos de junio (…)».

—¿Cómo que escoger? —Dosie preguntó en la cafetería del hospital de mediana complejidad—. O sea- ¿escoger lo que haremos? ¿Después de bombardearnos con información militar hasta por las orejas?

—Qué buena medida cautelar —se quejó ChangBin mientras comía de pudín de chocolate—. Ya se dieron cuenta que los criaderos de Héroes son peligrosos.

—Yo debería ser Héroe —al otro lado de la mesa, JeongIn realizaba sus ejercicios motores con un pequeño juguete de bebé, de manos temblorosas y el porta sueros a un lado—. Después de… de esto… Yo- ah, mierda. —Se le cayó la pieza de la mano—. ¿Qué me quejo? Volveré de seguro el otro año.

—¿Cómo Asistente? —le preguntó Dosie.

—Obvio. Yo no estaba estudiando algo profesional.

—Yo quiero ser Asistente —dijo Felix—, es lo más divertido y con sentido. Además, con lo que hicimos para la Gala asumo que nos da un poco de reconocimiento, ¿no?

—No estoy seguro —ChangBin opinó—, nadie nos ha dado un premio por lo que hicimos. Una medalla o algo. De seguro llegaremos el primer día, el nuevo Decano estrechará nuestras manos, y dirá que fuimos capaces de cumplir nuestra responsabilidad como habilidosos.

—La secretaria académica JaeMin dijo que los habilidosos teníamos una responsabilidad moral —MinHo contó, un poco más ajeno del grupo—, nacimos con una mutación que nos hace sentirnos apartados, nada respondiendo al humano o subhumano original que se crearon. Estar en sociedad y que los mundanos nos haya permitido evolucionar es lo suficiente como para que nosotros respondamos a una protección instantánea a sus necesidades. Por eso la SUS tiene ese enfoque tan militarizado: responsabilidad moral.

La mesa se calló hasta que Felix dijo: —Vaya, eso es demasiado deprimente.

—¿Y qué hay de ti? —Dosie le preguntó a MinHo—. ¿Seguirás con la doble carrera? Salvaste a gente.

¿Seguir? ¡Ja! Quizá fue con esa pregunta donde MinHo pudo por primera vez esbozar una sonrisa desde que inició el juicio. Si MinHo tenía la oportunidad para desligarse del heroísmo, lo tomaría sin dudarlo.

Él quería una nueva opción, la oportunidad de escoger lo que su corazón dictaba sin sentir que debía de retribuir socialmente algo que el mismo Estado le quitó. Su condena como hijo de villano no era la redención, era convertir la normalidad en una forma de resistencia. MinHo iba a seguir con sus pensamientos, de ser el profesional legítimo y politólogo para darle un regalo a la Villa que le hizo crecer. Su heroísmo no destacaba por lo que realizó en el gimnasio- al contrario, encontraba más heroico desertar de la idea fantasiosa antes que seguir el sueño negligente de ser un militar desalmado.

 Por eso, se perdió en parte de la conversación. No supo dónde ubicar esa postura con chicos que estaban siguiendo la línea que aspiraron. Una parte de él los juzgaba, especialmente a Dosie por venir de los mismos lares de MinHo y aun así querer continuar un camino del heroísmo porque era la retribución que quería dar; era lo que la mantendría en paz consigo misma.

Y quizá MinHo debía ya de seguir esa filosofía, más cuando su vida misma fue un caos por completo. El tipo de persona que resultó de lugares de donde vino lo debieron de convertir en alguien más, sin embargo, su propia calma, paciencia y vía le hizo notar que, el buscar la paz consigo mismo y aprender a vivir era la prioridad. Si no lograba seguir eso, estaría perdido.

  Cuando llegó a su dormitorio esa misma tarde, luego del hospital, encontró algo distinto- no, no algo. Si no todo distinto. Porque de pronto su dormitorio sobre el restaurante era el jardín del edén por toda la cantidad de plantas que poseía aquellas cuatro paredes. Lo tomó como mensaje de JiSung, aunque no supo específicamente reconocer a lo que apuntaba. Los mismos helechos que lo acompañaron en el gimnasio eran los que amanecían en cada cuarto cada que tenían sexo o dormían juntos, con una humedad acompañada, olor a frescura, enredaderas verdes que cubrían las paredes y rincones de arbustos floreados con colores cálidos y fríos entregaron una seguidilla de memorias en MinHo sobre la mantención de la paz y de sus decisiones.

Por eso, cuando llegó su día para declarar, supo lo que iba a decir.

El nueve de junio era su declaración. Sin embargo, antes tuvo la primera semana en la SUS luego de la gala. Parecían esforzarse de sobremanera querer cerrar el horrible primer semestre académico con repeticiones de calificaciones, coeficientes dos, y trabajos prácticos casi aleatorios que les daba una ventana para que pudieran responder como alumnos sin perder más de dieciséis semanas en pura crisis. Regresar no fue lo más cómodo para MinHo, y pensó que el malestar era individual hasta que notó que el Edificio Central tenía una placa honorando a los fallecidos. MinHo no quiso entrar a ese lugar- mierda, hasta le generaba pavor mirarlo. Agradeció tomar el camino de la politología porque, seguir como Héroe y entrar al gimnasio, lo habría paralizado por completo.

Debía de ser la sugestión donde aun veía gritos y heridos en el campus, lo que era significativo porque durante el ataque nunca salió del gimnasio. El edificio de Farmacología lucía una estructura nueva, solo de tres pisos y mucho más ancho. Se modificó el césped con cierto porcentaje biológico a un verde total hecho de forma artificial; lo único real eran los árboles, y MinHo lo pensó solo porque había pulmones dando vuelta que necesitaban de ellos a gran altura. En el campus, así, también corría poca gente. Menos de lo que él recordaba, inclusive para lo que fue la gala. Le picaba el cuerpo entero en los caminos y la sensación de vértigo en el estómago lo acompañó durante el primer día de clases, donde con Choi BeomGyu y Lee Chaearyeong compartieron pesares visibles en un incómodo silencio donde nadie daba el primer paso.

Claro, hasta que llegó a su última clases del jueves: Pensamiento Político, y debió enfrentar a Bang Chan.

—Oh, ¿solo tres? —preguntó él, burlesco—, ya será récord si es que uno llega al final de la carrera. —A MinHo no le había sentado bien el chiste, y Bang Chan lo reconoció enseguida—. Antes que todo- medida cautelar no impide que continúe con estudios, aunque el decano informó que se suspendería a todos los acusados del proceso.

—¿Aun cuando todos tienen distintos grados de involucramiento? —consultó Chaeryeong—, es decir- agruparlos o generalizarlos… Es un caso bastante complicado.

—No podemos hablar de eso —BeomGyu le dijo, y miró a MinHo—, aun te falta declarar.

MinHo asintió. —La otra semana.

—Estuviste muy metido —Chaeryeong dijo, y pareció que al fin soltaron los tres la tensión de las demás clases—. Yo recuerdo haberme refugiado en la cabina del guardia con más de diez personas tan pronto como la SUS empezó a inclinarse.

—Yo estuve adentro —contó BeomGyu—, en el gimnasio, entre las gradas y todo. Me sentí tan mal Asistente- en el momento que hubo una salida, hui sin mirar atrás.

—Bueno, ¿y qué iban a hacer? —les dijo Bang Chan—, nada de eso era su lucha, solo una situación límite. Lo importante era mantenerse a salvo.

—No estamos siendo entrenados para eso.

Bang Chan movió la cabeza, desinteresado. —¿Y? ¿Es que los evaluaron? ¿Les reclamaron? ¿Los van a meter presos porque fueron incapaces de ayudar a más gente? Porque si ustedes están así, imagínense a los Héroes.

—Dos de los Héroes de nuestra generación participaron en la masacre —dijo BeomGyu—, y eso que son… son seis. Los otros cuatro…

MinHo notó que la mirada cayó en él. Hasta Bang Chan lo veía desde su podio.

Negó. —No puedo… no puedo hablar de eso.

—No le contaremos a nadie —Chaeryeong alentó.

—No. No puedo. No… —MinHo hizo un ademán en su cuerpo—, no quiero contarlo tantas veces.

Aun tenía la sensación de los cadáveres en sus manos, del desmembramiento frente a sus ojos, de su sentido heroico yéndose a la mierda al envidiar a todos los que lograron escapar. Recordar las pisadas del Demoledor en su espalda también lo llevaron a otra parte de su memoria, de su pulmón colapsado, del esfuerzo de seguir peleando.

Por eso, cuando llegó el nueve de junio y se sentó en medio de esa gran sala del Palacio de Justicias, se sintió tan pequeño.

Al menos tres jueces frente a él. A la izquierda, la fiscalía. A la derecha, el abogado DaeSung junto al abogado del matrimonio Hwang. «¿Usted jura decir la verdad, solo la verdad, y nada más que la verdad?», le preguntaron.

—Lo juro —contestó él. La voz ni siquiera salió por el micrófono.

Fiscalía le pidió relatar los hechos de aquella noche, y el vómito necrótico de MinHo se convirtió en palabras que solo veía en imágenes en su cabeza. Cada parte de su cuerpo reaccionó a lo que dijo, desde la juvenil intención de salir a fumar hasta que perdió la consciencia dentro de todo un gimnasio destruido. Cambiar al villano del Demoledor hacia JiSung le llenó los ojos de lágrimas. No pensó en lo televisado, en la gente que estaba de público o en los chicos que de seguro también estaban en la sala. Tampoco pensó en la posibilidad de que en otros rincones podían estar viendo lo que decía.

El interrogatorio fiscal se apuntó más a comprobar los hechos. «Mi fuego es más material en lapsus de peligro; derretí la bala antes de que me tocara». «Vi cómo el Demoledor pisaba la pata de Yuna en forma de gato». «Sí, quemé a este chico en el almacén de deportes porque disparaba balas reales». «No, nunca tuve la intención de dañar a Han JiSung de verdad, solo quería que dejara de atacar».

—¿Usted sabía que las balas tenían una mecánica, en el momento del atentado? —preguntó el abogado de los Hwang.

—Fue una mezcla de información. Algunos se toparon con Park SeRim y encontraron en él el líquido de la bala. Recordé el día de la Simulación que tuvimos a inicio de año donde Hwang HyunJin fue víctima de ella bajo los disparos de Cho YunJin. Después me enteré que fue una creación de Ann MaeRim.

—¿Cómo reconoció que el Hwang DaeSung y Hwang Yeri estaban bajo ella?

—No reconocí a primera instancia, solo quería protegerme. Después de juntar la información fue la hipótesis más clara. Lo confirmé cuando tuve la pelea en el almacén de deportes al ir por Yuna y KyuJin. Y ya cuando a JiSung le llegó la bala ya tenía una idea con lo que estaba enfrentando.

—Antes del atentado, apareció una fotografía con usted, la testigo Jang Dosie, junto a Hwang DaeSung y Hwang Yeri. Algunos atestiguan que hubo una confrontación entre ustedes. ¿Puede ser que la potencialidad de la violencia bajo la bala haya influenciado por esta actitud?

MinHo se encogió de hombros. —Solo nos burlamos de la ironía en donde estábamos, considerando que ellos metieron preso a nuestros padres. Pero ellos son personas que han enfrentado mucho, visto demasiado, y hecho muchas cosas. No sé si una discusión con un par de alumnos universitarios desencadene un desmembramiento masivo.

No le hicieron muchas preguntas respecto a los Héroes Nacionales. MinHo asumió que porque su relato era lo suficiente contundente y que a la defensa no le convenía demasiado muchas palabras donde repitiese lo mismo.

—Con respecto a Han JiSung —el abogado DaeSung comenzó cuando el juez le dio la indicación. MinHo lo había visto pocas veces, así que le llamó la atención notarlo tan serio—, ¿podría describir su relación con él?

Ah, ¿por dónde empezaba?

—Pareja. —Era el mejor resumen—. Desde hace un par de meses.

—¿Desde cuándo, específicamente?

¿En serio iba a llevar la farsa inicial de la relación hasta tribunales? Era una situación tan surreal que el amago de una risa se le posó en el estómago cuando dijo: —Veintiséis de septiembre.

—Entre el atentado hasta ahora, ¿han mantenido contacto?

—No. Lo fui a ver una vez en el hospital porque estaba un par de pisos más arriba, pero me echó. Intercambiamos un par de correos electrónicos, porque yo me fui a Soong-Du durante unas semanas. Él pidió que lo fuera a ver, pero el padre me echó.

—Los abogados tienen los correos —aclaró DaeSung. El fiscal asintió—. Entonces, para la noche del atentado, ¿cómo es que Han JiSung llegó al gimnasio, si acorde a su relato y de testigos él iba hacia el edificio de Farmacología?

—No lo tengo muy claro —confesó MinHo—, yo también me sorprendí al verlo. Pensé que había escapado, ya que justo antes de que sellaran las puertas del gimnasio él había quedado afuera con JeongIn y ChangBin. Me ayudó a cargar a Yuna, una vez que el Demoledor, la Ventisca y la Decana abandonaron el gimnasio. Pensamos que estábamos libre de peligro cuando la bala le llegó. Él se asustó. Se defendió.

—¿Lo atacó?

—Sí. Él… —Hm, no supo si comentarlo, pero la presión de los ojos de los jueces hizo que hablara despacio—. Él demostró tener un alcance de su habilidad demasiado amplio. Modificó el clima de la SUS, como también el entorno.

—¿Han JiSung había hecho eso antes?

—Sí, unos días antes. Fue por unos pocos minutos. Habíamos tenido una discusión que lo atrapó sorprendido e hizo que una selva tomara la SUS. Cuando yo me pongo muy nervioso hago combustión. Es una expresividad de habilidoso.

—Entonces, reconocía el alcance de su habilidad al también ser desinhibido por la bala.

—Sí.

—¿A qué escenarios cambió Han JiSung?

—Una selva, un desierto, un oleaje.

—Con estas habilidades potenciadas- desinhibidas. ¿Por qué dice que Han JiSung no actuó acorde a lo esperado con las balas?

—Porque- porque yo tenía entendido que las balas solo desinhibían. Sí, aumentaban la violencia, pero su actitud no iba hacia otro. Al contrario, se autoflagelaba. Yo sabía que, mientras más expandía su habilidad, más era probable que desapareciera en ella. Por eso lo detuve quemándole la espalda para sacar la bala.

—¿Le quemó la espalda?

—Sí.

—Las balas se desactivaban.

—Yo… yo no tenía conocimiento de eso en ese momento. Ni que JiSung también sabía. Yo solo quería que dejara de hacerse daño

Fiscal alzó la mano. El juez y el abogado DaeSung le cedieron la palabra.

—Con esta manifestación extensiva de su habilidad como parte del ecosistema, siendo tratado en su Registro Nacional de Habilidosos como hijo directo de la Madre Tierra —leyó el Fiscal—, y que el componente biológico natural de la institución era lo suficiente como para mutar a voluntad de Han JiSung, ¿podría considerar que, al momento de invertir la Súper Universidad de Superhéroes, fue también una acción de su habilidad?

MinHo tomó aire, se acercó al micrófono y dijo: —No me consta.

El Fiscal lo miró fijamente. —¿Está respondiendo en base a que es una acusación contra su pareja?

—La SUS ya había presentado dos acciones defensivas ante posibles ataques —contestó MinHo—, lo cual fue sellar las puertas del gimnasio, y descender. La inversión pudo haber sido también una reacción defensiva de la universidad, pero que eso lo haya realizado JiSung no me consta. Su habilidad es ecológica, no gravitacional.

—Usted consideró que era un peligro. Dijo que lo quemó para evitar que atacara.

—Sí, de la misma forma que Yang JeongIn detuvo al Demoledor y a la Ventisca. Para cuando JiSung fue disparado, el gimnasio estaba prácticamente vacío.

—Cuando la pericia regresó a la escena, encontró parte de los cadáveres bajo tierra.

—Debieron quedar cuando JiSung modificó el entorno.

—¿Solo el entorno?

—Solo el entorno.

—Entonces, para corroborar, Han JiSung modificó su entorno.

—Correcto.

—Mezclándose con el componente biológico que tiene la institución.

—Sí.

—Y que, durante el tiempo estimado de su influencia por la bala, la institución se invirtió.

—Sí.

—Y no hubo ningún otro habilidoso que pueda explicar dicha inversión.

—Ajá.

—¿Y eso no explicaría que fue Han JiSung quien la invirtió?

Y, una vez más, MinHo dijo: —No me consta.

‧₊˚❀༉‧₊˚. ৡ˚ˋঌ˖

—… ¿Aló?

—¿Aló, tío? ¿Cómo se encuen-

—Aún no hay respuesta de fiscalía y el tribunal.

—¡Hm! Pero- ¡presione!

—¡No voy a presionar! Ya de por sí es bastante sospechoso todo lo que pasó. Ahora, deja de llamarme. O van a hacer seguimiento y nos meterán a todos a la cárcel.

—Eso no va a pasar, ¿qué le pasa?

—Pasará. Tengo una deuda enorme por multas de tránsito que-

Click. JiSung cortó la llamada. Tenía problemas más grandes que escuchar las tragedias de su tío DaeSung. Ocho semanas encerrado ya le había hecho perder la cordura.

¿Qué más podía hacer estando encerrado solo con sus pensamientos? Casi agradeció su buena consciencia por él mismo y meterse en terapia virtual porque no iba a salir vivo de todo eso. JiYoung le forzó a formarse una rutina que lo mantuviese activo, algo que le hiciera seguir con su vida. Y, bueno, ¡igual era un poco difícil hacerlo cuando podías irte preso en cualquier momento y ya llevabas ocho semanas de encierro!

Además, ¡echaba de menos a MinHo!

Vale, vale. Ese no estaba encima de sus prioridades. Culpen al encierro y a la paranoia que le impedía ser funcional; JiYoung le decía «haz yoga y zumba conmigo», o que cocinase algo, que limpiase más a fondo y que se pusiera al corriente con la carrera aunque lo tuviesen suspendido. Suspendido. Tal como la SUS, tal como su situación. Ya no era divertida la parálisis de vida cuando estabas a un par de testimonios en terminar a la cárcel.

Por eso, la rutina era lo único que lo sostenía. Rutina, rutina y rutina. Hacer que los días pasaran rápido independiente de si sus veintes solo quedaban en residuos de traumas y estragos legales. Aferrarse a lo positivo, como lo era la mensajería instantánea, llamadas, ver las jodidas audiencias, leer sobre eco terrorismo, alimentar y jugar con Richard, y esperar a que su tío DaeSung le diera una buena noticia.

La trajo el fin de semana del veinte de junio, que coincidió milagrosamente (¿o quizá a propósito?) con un viaje de su padre a alguna parte de Tailandia como invitado para la presentación de un seminario del uso de células eucariotas con células madre. Fue el llamado de su tío DaeSung que le dijo «ya lo aprobaron» que le hizo dar vueltas de carnero por toda la casa hasta que le golpearon la puerta de la casa. Casi se lanzó a la recepción al abrirla.

—Tu tío me llamó y presiento que esto es demasiado ilegal —MinHo le dijo entre jadeos. Su rostro estaba colorado, con solo camiseta y pantalones ignífugos. Y, lo mejor, una mochila sobre su hombro—. Y no es que no confíe en él, es solo que-

—Ay, cállate. —Pidió JiSung, y lo atrajo a la casa desde el cuello para besarlo.

Tan desesperado fue el contacto que olvidó su problema más troncal hasta que MinHo lo abrazó. Su pecho se apegó al del otro, tan reacio que MinHo lo interpretó como atracción. Los pasos se mezclaron yendo a la sala; la espalda siendo explorado bajo palmas calientes y abiertas sobre el gran polerón, de izquierda a derecha, arriba y abajo, en una mezcla de repudio profundo al hormigueo que le corría por la columna y de una excitación ubicada en el vientre y poco más abajo, casi explotando cuando se derrumbaron en el sofá.

Ocho semanas de distanciamiento, más los quince días que a MinHo le dio por sostener en distancia. Solo una visita clandestina entre medio que debió de saciar todo el rencor, odio, conflicto y amor que se tenían. Ya JiSung pensaba que aquello sí planteaba una ilegalidad tremenda, más cuando su tío DaeSung le explicó que las visitas de MinHo debían de tener a un tercero cualquiera en la casa y que solo podía estar en el día. Una ilegalidad más, una menos. Ya qué, JiSung tampoco respetaba mucho la ley.

Y si tuviese que defender esa apelación de visitas reguladas, ¿cómo lo explicaría? No sabía si era muy ético o moral explicar a los jueces que sus piernas desnudas buscaban tanto la pelvis de MinHo que no lo dejaban ir; que su camiseta estaba empapada de sudor resguardada por el polerón, pero que el césped floreado se escapaba por su cuello y brotaba con más intensidad porque su presencia es lo que estaba sosteniendo su cordura.

Había cosas que caía en la naturaleza de los hechos, porque JiSung no podía juzgar a MinHo si él mismo se desplazaba sobre la otra piel como si fuese la suya. Por primea vez JiSung pensó en su espalda desde una dimensión estética y hasta superficial, demasiado vergonzosa. Se le caía el estómago cada que MinHo escapaba una mano al borde de donde cruzaba la cicatriz o el vid que cosía y sostenía la herida. MinHo lo recordaba, movía el brazo y se sumía de nuevo en la excitación antes de que el mismo instinto lo llevara.

—Deja de tocar.

—Lo siento. Se me olvida.

La idea se reflejó en la sonrisa de JiSung. —¿Hacemos algo divertido?

La naturaleza volvió a poseer el hogar como las veces anteriores, porque parecía que el amor y el odio estaba suscrito en el mismo código definitorio para la acción humana. Cargado de un bosque profundo que entrelazaba los troncos, ramas, arbustos y campos floreados de raíces gruesas que abrumaban visualmente. Las manos de MinHo quedaron a cada lado de su cabeza, en el marco de la cama. Sus muñecas mezcladas en un enraizamiento que se perdía por antebrazos y dedos, en una inmovilización tortuosa que producía terremotos en los muslos de MinHo.

JiSung había tenido demasiados pensamientos sobre MinHo, en especial cuando parte de su tragedia era apuntada directamente por si existencia. Ver la audiencia de él le hizo colocar algunas cosas en perspectiva que había dado por sentado en los instantes más ambiguos de su relación, y, aunque pudiese encontrar divertido que la falta de amor era una de las enromes características que tuvieron durante el inicio, sí le encendió un poco el corazón cómo ante la ley MinHo decretó la fecha del comienzo de su farsa. Quizá era una perspectiva un poco melodramática, tintadas con cursilerías que a este punto JiSung ya se ahogaba, pero ver cómo lo que eran ambos lo asentaban más a un trabajo en equipo para sobrellevar adversidades era lo que le mantenía seguro.

MinHo miró a la ley y confirmó la quemadura, el daño; que aunque las buenas razones existieran, él cometió una atrocidad. MinHo se lo dijo, si para salvarle la vida debía quemarlo, lo haría. Una lealtad retorcida que se expresó en el anarquismo atípico de un chico que mintió a la ley. MinHo lo había rescatado de las peores formas, le secundó en los horribles planes, y accedió a las terribles decisiones, y quizá, si es que JiSung pensaba un poco más alto, era porque lo quería.

¿O todavía era muy pronto para decir que lo amaba?

Ah, daba igual. La camiseta y polerón de JiSung lo estaban asorochando, aunque podía recibir la piel de MinHo como el mismo reemplazo de la suya. Moverse sobre él, comérselo a besos, escucharlo suspirar sobre su lengua. JiSung no necesitaba de fuego para derretirse.

Al terminar, lado a lado en la cama, JiSung le preguntó a MinHo:

—Y…, ¿cómo estás?

—He tenido días mejores.

 

Notes:

Primera parte del capítulo final, upsi.
Gracias por leer, les amo.

Notes:

¡Espero que les guste! No olviden dejar su kudo y comentario<3