Chapter Text
— Esto es una putada.
— ¡Shh! El viejo puede escuchar a un kilómetro a la redonda. No quiero desengrasar la parrilla otra vez.
— ¿Qué? ¿Donde está tu espíritu? — le reprochó a Jamal.— Tengo razón ¿O que, Eggsy? ¿Eggsy? ¡Eggsy! ¡Hey men, despierta!
El muchacho dio un brinco y casi deja caer el plato de porcelana al suelo. Por fortuna, la escuela militar adiestró sus reflejos, así que lo atrapó en el aire.
Se cumplía la segunda semana en el campamento y con una frecuencia que incluso sus amigos comenzaban a notar (pronto lo haría el resto de la clase), Eggsy permanecía babeando casi literalmente, por el Chef Hart.
— ¿Perdón?
— ¿"Perdón"? Ese viejo te ha lavado la cabeza.— Ryan negó secando un vaso antes de colocarlo junto al resto.— Llevamos aquí casi dos semanas y no hemos tocado un pepino...
— Ey, creí que era Eggsy el que se moría por el pepino del viejo.
Eggsy enrojeció de pies a cabeza y estuvo a punto de golpearlos en la cara con el sartén de acero que fregaba en ese instante. Pero el Chef, haciendo gala de su omnipresencia, llegó justo a tiempo para prevenir un par de contusiones.
— ¿Algún problema, caballeros?
Entre Jamal y Ryan se las arreglaron para alentar a Eggsy con algunos codazos.
Al subir los ojos para encontrarse con los del Chef Hart, el corazón hizo otro tanto pero pareció atorarsele en la garganta. A riesgo de parecer un imbécil incapaz de juntar una frase delante de alguien sumamente elocuente, Eggsy trazó una curva hacia abajo cuando sus comisuras descendieron y negó fugazmente.
— No puedo creer a este hijo de puta.
— Señor Carlson, modere su vocabulario.
— No. Usted modere su actitud inflada. Yo no quería venir a este campamento de mierda con un montón de mocosos hijos de papi. Pero ya que estoy aquí, al menos podría tocar una puta berenjena.
— ¡Ey, Ryan! — Charlie, el apuesto e idiota ricachón bajó la mano para empuñar su intimidad mientras hablaba, una vez consiguió que Carlson le mirase.— Puedes tocar la mía cuando quieras, marica.
— ¡Jodete!
Ryan saltó por encima de la barra de práctica en su desesperación por llegar hasta él. Sólo entonces Eggsy pudo despertar del hechizo. El plató se hizo añicos y la barra se volcó junto con todo aquello que tenía encima.
Había lechuga, aderezo, harina y claras de huevo por todas partes. Pero Eggsy lo inmovilizó postrando una rodilla en su espalda baja, torció su brazo por detrás y se inclinó para alcanzar el oído de su amigo.
— No seas estúpido. Van a suspenderte y entonces tú madre le dirá a tu padre lo que hicimos. A ti te enviaran a un internado y a mi al reformatorio porque mataré al hijo de puta si vuelve a tocar a mi madre.
Una garganta al aclararse les recordó que todo esto había sucedió en presencia del Chef e inmediatamente el alboroto desapareció. La clase completa giró el rostro para contemplar al instructor totalmente sereno retirandose la haría que le espolvoreó la impecable filipina.
A Eggsy le recorrió un espeluznante escalofrío desde la espalda baja, a lo largo de la espina dorsal y en lo alto de la nuca.
No sabía si era su imaginación, pero algo en las gafas daba el efecto de tener los cristales empañados. No podía verla, pero casi escuchó el palpitar de la sien con una cólera jamás vista en alguien tan dueño de sí mismo. Incluso había jurado captar un aura oscura a su alrededor.
Tragó.
— Tengo la impresión de que profesan, todos ustedes, un amor excepcional por labores de intendencia. En cuyo caso la sanción que les impondré peca más de premio; asistirán a mi equipo de subchefs esta noche. Organizarémos una cena especial por aniversario de nuestro director; Chester King.— las protestas no se hicieron esperar. Pero cuando Hart se acomodó las gafas, guardaron silencio hasta que salió del aula.
— Esto puede ser bueno.
— Si, para ti. "Chef Hart... " — Ryan hizo un ridículo gesto de lanzar besos al aire mientras levantaba el desorden que había ocasionado, minutos más tarde.
— Está vez estoy con Ryan, Eggsy.
— Escucha a tus matones, huevito.— dijo Charlie desde el otro extremo, al escuchar a Jamal. Incluso su grupito debía limpiar, por órdenes de Hart. Él se encargaba del suelo con la mopa, en ese momento.— Míranos.— hizo un gesto con la mano que sostenía el palo.— No hacemos más que fregar cacerolas, organizar contenedores, refrigerar ingredientes. No hemos cocinado nada. ¿Qué crees que nos espera? Yo te lo diré; Stewart.
— ¿Quién?
Charlie bufó una risa sardónica.
— ¿Es en serio? Stewart...— pero ninguno de los tres comprendió de lo que hablaba.— ¡Ni siquiera seremos lavaplatos! Seremos ayudantes de los ayudantes.
— ¡¿Qué?! ¿Eso existe?
— Voy a demandar a esta puta escuela, lo juro. Papá lo sabrá...— Charlie farfulló ignorando las preguntas de Eggsy, quien también volvió a su labor.
