Chapter Text
Blüdhaven había comenzado como una pequeña ciudad ballenera que para sorpresa de muchos se fue industrializando de una manera acelerada gracias a las inversiones de ciudadanos de Gotham a la pequeña ciudad, sin embargo la manera despectiva para referirse a ella era ser una copia barata de Gotham, pues también adquirió un alto índice de criminalidad, si bien para la mayoría no tenía gracia vivir allí ya que contaba con un bajo número de habitantes a comparación de otras grandes ciudades, ese no era un impedimento para el joven Richard Wayne viera a Blüdhaven como su nuevo hogar.
Su padre siempre se preguntó la razón por la cual su hijo se había encaprichado con aquella ciudad, pero jamás halló alguna que le satisficiera del todo. Si bien intentaba asimilar que su hijo mayor se quisiera distanciar, comenzar una vida independiente de él y Gotham, había más opciones más factibles que Blüdhaven. Bruce dijo Metrópolis, Dick dijo Blüdhaven; Bruce dijo Ciudad Central, Dick dijo Blüdhaven; Bruce dijo Ciudad Estrella, Dick dijo Blüdhaven; y así una larga lista de opciones que su padre daba y el joven e inexperto Wayne desechaba.
El lote de departamentos también fue un tema a debatir, Bruce tenía millones de dólares en las cuentas de cada uno de sus hijos, sin embargo, Dick devolvió la tarjeta de crédito y solo pidió la renta de su departamento. No fue uno de cinco estrellas en el centro de la ciudad, ni tampoco un condominio lujoso a las afueras de esta, simplemente fue un departamento de mala muerte cerca del lugar donde trabajaría.
Clark recordaba como Wayne padre y Wayne hijo discutían a palabra abierta sobre las decisiones que Richard estaba tomando, eran bastante absurdas para el murciélago quien aún sentía latente el ver como su hijo le abandonaba, sin comprender que su querido pajarillo estaba emprendiendo el vuelo.
—Estás siendo demasiado duro —mencionó una vez el hombre de acero al ver que el mal humor de su amigo le afectaba a su trabajo, un gruñido se escuchó como contestación sin despegar la vista del computador enfrente—. Es normal que quiera irse, es parte de crecer; yo hice lo mismo cuando abandone Kansas y vine a Metrópolis.
—No te entrometas Clark —sentenció al ver a donde iba la conversación.
—Si no puedes admitir que te sientes traicionado por Dick al menos intenta pensar en que es un paso a la madurez —el murciélago paro los movimientos de sus dedos sobre el teclado y debajo de la máscara le miro serio—. Sus decisiones al final tendrán consecuencias y como un joven adulto debe comenzar a ver que toda acción tiene consecuencias en su mayoría graves; se está descubriendo, quiere formarse a costas propias, no a las de Batman ni a las de su padre; Bruce entiende por favor y respeta sus decisiones, así como Alfred ha respetado las tuyas.
Aquella vez Bruce le había escuchado ante el consejo de su amigo, Clark sabía que era difícil para Bruce entender, a final de cuentas no tuvo una vida normal pues la figura de su padre y madre estuvieron ausentes, y aun así Alfred le crió como a un hijo. Bruce y Dick eran tan parecidos y a la vez tan diferentes, Bruce debía entender que a veces las diferencias se obtienen de las decisiones que uno toma y Dick estaba tomando una importante.
Nunca había visitado a Richard desde que este salió de la mansión Wayne, solo Bruce le ponía al tanto de las cosas básicas de su hijo mayor, “Dick está bien”, “Tiene novia nueva”, “Su trabajo le gusta”, y así jamás se había atrevido a tratarlo otra vez de manera directa. Sin embargo Clark se encontraba allí, frente a un conjunto de departamentos bastante económicos, como en el que se había alojado cuando llego de primera instancia a Metrópolis.
Estacionó su auto, bajo de este y se dirigió al número correspondiente, por instinto sacó el papelito con la dirección escrita para calmar un poco los nervios de estar allí, llegó a la puerta y tocó el timbre, entonces se arrepintió de inmediato y maldecía a Bruce por haberlo convencido de hacer tremenda tontería.
La puerta se abrió antes de que pudiese escapar a máxima velocidad, y se quedó estático cuando el joven Dick Wayne le miraba sumamente sorprendido, parecía que acababa de levantarse pues portaba una playera azul marino al revés y un par de pantalones deportivos, su cabello negro estaba revuelto y su mirada azulada clavada en el súper hombre.
—¿Quién es, Dick? —preguntaron desde dentro para luego ver asomarse a una mujer de cabellera roja, supo de inmediato que se trataba de Bárbara Gordon quien al ver el estado de su novio tomó la iniciativa e invito a pasar a Clark.
Se sentó en un cómodo sofá, si bien por fuera no parecía albergar más que unas cuantas cosas, por dentro el departamento estaba inmensamente amueblado, contaba con un lindo juego de sala en color negro, una sección pequeña para la cocina que estaba bien equipada, cuadros de la familia Wayne colgados por doquier y portarretratos en los muebles, tenía una televisión de plasma en la sala. Clark suspiro negando en su mente, a final de cuentas Bruce era demasiado necio y ya se le había hecho extraño que cumpliera a la perfección los deseos de su hijo.
Bárbara le ofreció un café a Clark, pero solo acepto un vaso de agua, pasaban las doce de la tarde así que le era más conveniente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Dick directamente, Bárbara le propino un zape ante el tono dado.
—No, está bien Bárbara, me alegra que Dick quiera ir directo al punto —dijo Clark ante la reacción de la novia de Dick—. Me gustaría hablar de algunas cosas contigo —miró a Bárbara esperando que entendiera que era necesario dejarlos solos, por supuesto la chica entendió a qué iba todo ello, conocía a Dick y sabía el problema tan recurrente entre su padre y él, que tenía que ver precisamente con su visita.
Sin esperar más la chica se excusó con ambos diciendo que no tenían nada en la nevera para desayunar, así que iría al supermercado y traería unas cuantas cosas, Dick quiso parar en seco su idea, pero cuando lo intento la joven pelirroja ya había cruzado el umbral del departamento, el más joven suspiro ante el abandono de su pareja, lo último que quería en esos momentos era estar a solas con Clark Kent.
El carraspeó de la garganta de Clark le hizo volver la vista al hombre frente a él, le vio nervioso, Dick lo conocía lo suficientemente bien que sabía que cuando Clark comenzaba a rascarse la parte baja de la nuca y fruncía los labios de un lado para otro era porque estaba muy nervioso.
—Así que papá te contó, ¿cierto? —Clark dejó sus tics nerviosos y vio a Dick confundido, si bien fue Bruce quien le pidió ir no sabía exactamente a que se debía, el joven Wayne hizo una mueca y se levantó, necesitaba estirar las piernas pues gracias a la espera comenzaban a adormecerse.
—Bruce me ha contado lo bien que te ha ido, eso me alegra mucho —dijo sin saber a dónde iba el punto, aun no sabía cómo decirle lo que había estado pensando toda la noche y el resto del camino—. Esto es parte de crecer Dick, tomar decisiones, darse de topes ante la vida, lidiar con un jefe, es bueno saber que ya eres todo un adulto —hizo una pausa y continuó al ver que Dick se había concentrado en los portarretratos del mueble donde se hallaba el televisor—. Sin duda fue difícil para Bruce dejarte ir, crecer sin su ayuda; es difícil para un padre ver crecer a su pequeño petirrojo que saltaba de los tejados con la alegría reflejada en sus pequeños y radiantes ojos azules, llenos de admiración, de esperanza, aquel niño que se dejaba cargar en mis hombros y me pedía mil y un veces que le llevara a un paseo en el cielo, que me pedía contarle un cuento antes de dormir porque muchas veces las pesadillas te atormentaban el sueño —y Clark se había perdido en sus recuerdos, aquellos que compartía con Dick.
—¿Por qué? —Clark se calló cuando por fin el joven Wayne pronunció palabra, no entendió a qué se refería, pero antes de siquiera pedir una especificación Dick continuó—. ¿Por qué has venido luego de tantos años?
—Perdóname Dick —por fin el joven se giró, las lágrimas parecían comenzar a nublar su vista—. Perdón por alejarme de tu vida, por hacerte creer que te despreciaba, jamás fue así.
—¿No? —Clark negó de inmediato y le pidió a Dick que se sentara a su lado—. Entonces, ¿por qué? —el hombre de acero tomó un gran suspiro conteniéndose de arrasar con todo el lugar ante su fuerza se quitó los anteojos y por fin, luego de muchos años dejó salir la verdad ante ello.
—Te veías tan feliz —Dick le miró confundido por lo que Clark aclaró—. Cuando Bruce y yo estábamos juntos, te veías tan feliz; nos decías una y otra vez lo mucho que nos querías juntos, me admirabas y a la vez a tu padre, incluso Bruce me dijo que gracias a mí su relación de padre-hijo había mejorado, pero cuando las cosas entre él y yo ya no funcionaron…
—¿Qué pasó?
—Yo no quería que culparas a tu padre de nuestro rompimiento —soltó ganándose una mirada de sorpresa por parte de Richard, iba a protestar, pero Clark se adelantó—. Vamos Dick, en ese tiempo llamabas a tu padre por su nombre y solo le veías como un mentor, yo no quería arruinar el progreso que llevaban, me querías tanto como yo a ti y no quería pegarte todos los sentimientos de mi rotura con Bruce.
—Pero, Bruce y tu terminaron porque papá no quiso nada formal, yo los escuche —el joven Wayne estaba más que confundido, él recordaba aquella noche fría donde la discusión entre los dos hombres que más admiraba (por supuesto después de Alfred) se daba en la cueva de Batman, recordaba el reproche de Clark ante la negativa de su padre y las excusas que Bruce le daba.
Clark le vio con confusión en su rostro, jamás había pasado una discusión de ello, en realidad ni siquiera era la razón por la cual Bruce y él había terminado, sin embargo, Dick esperaba paciente a su respuesta.
—Tal vez confundiste las cosas Dick, en realidad la razón por la cual terminamos no fue esa.
—¿Cuál?
El kriptoniano sacó el celular de la bolsa trasera de sus pantalones, había una canción que se le vino de inmediato a la mente y que de hecho le ayudo a conservar su amistad con el murciélago, buscó en su reproductor de música, si bien ya no la escuchaba le gustaba saber que estaba allí. Pulso el botón de reproducir y una guitarra se hizo presente Dick prestó suma atención cuando la voz de una chica comenzó a cantar en español, gracias a sus clases de idiomas sabía que decía.
Fuiste tú,
Tenerte fue una foto tuya puesta en mi cartera,
Un beso y verte hacer pequeño por la carretera.
Lo tuyo fue la intermitencia y la melancolía,
Lo mío fue aceptarlo todo porque te quería,
Verte llegar fue luz, verte partir un blues.
Fuiste tú.
Su voz pronto fue reemplazada por la de un hombre, al igual que la chica cantaba con tanto sentimiento que comenzó a entender de qué iba todo eso.
De más está decir que sobra decir tantas cosas,
O aprendes a querer la espina o no aceptes rosas.
Jamás te dije una mentira o te inventé un chantaje,
Las nubes grises también forman parte de paisaje.
Y no me veas así, si hubo un culpable aquí,
Fuiste tú.
Y entonces cuando creyó que cada uno seguiría sus propios estribillos ambas voces cantaron al mismo tiempo el coro, fusionando sus sentimientos y era interesante.
Que fácil fue tocar el cielo la primera vez
Cuando los besos fueron el motor de arranque
Que encendió la luz que hoy se desaparece.
Así se disfraza el amor para su conveniencia
Aceptando todo sin hacer preguntas
Y dejando al tiempo la estocada a muerte.
Nada más que decir,
Sólo queda insistir.
Dilo
Fuiste tú.
La luz de neón del barrio sabe que estoy tan cansada,
Me ha visto caminar descalza por la madrugada.
Estoy en medio del que soy y del que tú quisieras,
Queriendo despertar pensando cómo no quisiera.
Y no me veas así, si hubo un culpable aquí
Fuiste tú.
Era interesante ya que parecía una discusión entre una ex pareja, intentando explicar porque no funcionó y porque habían terminado, intentando culpar a la otra parte, y lo más interesante era, que ambos tenían razón.
Que fácil fue tocar el cielo la primera vez
Cuando los besos fueron el motor de arranque
Que encendió la luz que hoy se desaparece.
Así se disfraza el amor para su conveniencia
Aceptando todo sin hacer preguntas
Y dejando al tiempo la estocada a muerte.
Nada más que decir,
Sólo queda insistir.
Fuiste tú.
La melodía termino, Dick observó que su visita guardaba nuevamente el aparato, se sintió extraño, había demasiadas cosas que rondaban ahora su mente, estaba confundido, sorprendido, intrigado, timado, todo al mismo tiempo; se sentía como cuando su padre había tenido aquella charla con él, donde le decía que el hada de los dientes, Santa Claus y el conejo de pascua no existían.
—A veces las cosas no son como uno las imagina —dijo el súper hombre ante el silencio dado por el joven Wayne—. Entendí eso al lado de Bruce, creo que ambos estábamos decepcionados de que las cosas no eran como las hubiésemos querido, yo no era para él, ni él para mí; pero eso ya lo sabes tú Dick, sabes a qué me refiero.
Por primera vez en todo ese tiempo Dick sonrió negando con la cabeza, era bien sabido que la lista de novias que había tenido era bastante larga y ahora siendo un adulto, ya no como un chiquillo, comprendió muchas cosas. Había experimentado esas sensaciones antes, más que nada con su ahora amiga Kory Anders, la quería y había disfrutado al máximo de su noviazgo, pero todo terminó sin siquiera tener una razón en particular, solo era un sentimiento de: No eres para mí.
—Cuando pasaron los años y Bruce y yo continuamos con nuestras respectivas vidas quise volver a tu vida, pero no sabía cómo hacerlo —declaró el kriptoniano con melancolía—. Habían pasado muchos años y sentí que realmente estabas molesto conmigo por lo de tu padre, prefería mil veces eso.
—Jamás estuve molesto Clark —respondió Dick de inmediato—. Siempre creí que lo sucedido con mi padre había cambiado tu panorama hacia mí, creí que me odiabas y que habías dejado de quererme.
Richard apoyo sus brazos en sus piernas con un sinfín de emociones mezclándose en su interior, tantos años sintiéndose odiado por el súper hombre, tantos más culpando a su padre por ello. Clark le vio a su lado, tan indefenso y le recordó a la primera vez que lo conoció, ese pequeño niño le miraba expectante con sus adorables ojos azules, tan limpios como el mar abierto. Se sintió inmensamente culpable pero ahora que había aclarado las cosas, el peso de su pecho se aligeró notablemente, ¿Cuánto daño le había causado a ese niño que tanto quería?
Sin pensarlo más colocó su mano en la espalda alta de Dick, al girarse para verlo le tomó en un abrazo, uno que dejó los sentimientos del joven Richard salir sin más, y entonces lloró, lloró como lo hacía un niño cuando se golpeaba la rodilla y su madre le abrazaba, sin restricciones, sin vergüenza alguna. Abrazó el fuerte tronco del mayor, quien intentaba no seguirle en el llanto, pero también le fue inútil.
—Te quiero tanto hijo —le susurró, hace mucho tiempo que no le decía de esa forma y se sintió bien con ello, al igual que Bruce Wayne, Clark había comprendido porque amar a Richard Grayson era tan fácil y completamente inevitable, y así como el murciélago le amo, él le amo como a un hijo.
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Desde las afueras del departamento una joven pelirroja observaba la puerta, sentada en una de las escaleras aun sosteniendo las bolsas del supermercado esperaba a que Clark Kent saliera, no quería interrumpir su conversación, tenían tanto de que hablar y si bien Dick nunca le había contado sus inquietudes en el pasado, ella como buena detective sabía que le atormentaba tanto a Richard.
Se topó con unos elegantes zapatos negros cuando bajo la vista, levantó la mirada topándose al millonario playboy de Gotham, Bruce Wayne le preguntó con la mirada que hacía allí afuera y Bárbara le dijo simplemente.
—Gracias —Bruce frunció el ceño ante lo dicho, sin saber a qué se debía, Bárbara sonrió—. Gracias por pedirle a Clark que viniese.
—Debí hacerlo hace mucho —mencionó observando la puerta del departamento de su hijo mayor, solo había llegado a corroborar que realmente el súper hombre había llegado como lo acordado, regresó su mirar a Bárbara quien le pregunto si iba a quedarse a comer algo, Bruce negó de inmediato—. Cuídalo mucho Bárbara, él es-
—Uno de los hijos que tanto amas —terminó la frase de Bruce quien relajo su rostro—. Lo sé, y te aseguró que también lo sabe, cuidaré de él Bruce, yo le amo.
—Es bueno saberlo.
Se dio la vuelta para subir a su lujoso auto, tenía unos cuantos asuntos que arreglar en su ciudad, sin embargo, se sintió mucho más tranquilo al saber que los mal entendidos entre Clark y Dick estaban siendo aclarados, y porque sabía que su adorado hijo estaba al lado de alguien que lo amaba.
Tal vez Dick realmente hablaba en serio cuando le dijo que pensaba pedirle matrimonio a Bárbara, y si era así, le agradaba la idea.
Bruce Wayne amaba a sus hijos, quería verlos felices, y ahora también a Hal Jordan.
