Chapter Text
“Ya estamos.” Gruñe Grantaire, cayendo vergonzosamente al suelo.
“Lo siento.” Enjolras hace una mueca y le tiende la mano.
“Pensé que ya lo habías pillado.” Dice R, rechazando su mano y levantándose él solo.
“Yo también lo pensaba.” Suspira el rubio. “¿Estás seguro de que no es por esa condenada canción?”
“Esta mañana he puesto ese CD por error y se ha quedado atascado y yo no puedo hacer nada para arreglarlo.” Suspira Grantaire a su vez mientras pone la canción desde el principio.
Vuelve a sonar la misma pegajosa melodía que les arrastra a ambos a un choque de pies y movimientos bruscos. Ninguno mira al otro a la cara y ambos están frustrados y enfadados. Sin saber muy bien por qué.
“Joder.” Dice Grantaire entre dientes, a él tampoco le salen las cosas hoy. “Vamos a descansar un momento.”
“Sí, mejor.” Enjolras se sienta a un lado del reproductor, que continúa con la canción.
Grantaire se deja caer al otro lado y suspira.
“Podríamos poner una canción en mi móvil.” Sugiere el rubio con otro suspiro.
“¿Y bailar qué? ¿Wonderful Tonight a ritmo de robot escacharrado?” Contesta Grantaire.
“Pero es mejor que oír todo el rato el mismo tipo cantando del mismo tema, “kiss like real people do” Entonces cuando alguien no quiere besar a alguien, deja de ser real, ¿no?” Gruñe Enjolras. Grantaire le mira un momento y se ríe. Enjolras le mira de vuelta y sonríe con desgana. Una desgana mal simulada.
“Habla de amor, Apolo.” dice Grantaire, aún mirándole. “Y de que el pasado no importa. Que dos personas rotas pueden quererse por rotas que estén.”
“Yo creo que habla de un asesino. ¿Para qué iba nadie a sacar a nadie de la tierra una noche? Y dice el otro que de una forma triste, ya sabe lo que pasa. Son los dos asesinos.”
Grantaire suelta una carcajada sonora y Enjolras sigue con su pequeña sonrisa.
“Pues yo creo.” Dice R recuperándose de la risa. “Que el que habla le está diciendo a la otra persona que no le importa lo que haya vivido. ‘I will not ask you where you came from, I will not ask you and neither should you.’ mientras a la otra persona no le importe lo que haya vivido él. Y que deberían besarse como hace la gente real en lugar de andarse con tantas vueltas. Es como un…un carpe diem, supongo. Un ‘¿qué más da el pasado? Ahora solo somos tú y yo.’¿Sabes cómo te digo?”
“Sí.”
Se quedan un rato en silencio. Enjolras mira el techo, distraído, y Grantaire mira a Enjolras discretamente. Pasan unos minutos así, hasta que empiezan a oír llover y ambos reaccionan, saliendo de sus pensamientos.
“Venga vamos.” Dice Grantaire levantándose. Esta vez, él le tiende la mano a Enjolras. “Han pasado más de cinco minutos desde la última vez que oí el punteo de la guitarra y ya siento que me falta algo.”
Enjolras gruñe y se agarra de la mano de Grantaire. Y no puede evitar notar otra vez el calor del día anterior que ya creía imposible recuperar. Y en el momento en que lo recupera, quiere que desaparezca, pues nota sus mejillas encendidas.
“Pon la canción desde el principio.” Pide el rubio, soltando la mano de R.
“No, si quieres la pongo desde el final y empezamos por ahí. A lo mejor así nos sale.” Se burla Grantaire.
Enjolras suelta una especie de bufido de exasperación y se coloca en posición. R pone la canción de nuevo y se une a él. Enjolras contiene el aliento cuando al primer contacto se le acelera el corazón. La mano del pintor en su cintura le hace sonrojarse. Por suerte Grantaire está entretenido vigilando donde ponen ambos los pies con la mirada hacia abajo.
“¿No me vas a pedir que te mire esta vez?” pregunta R.
“No veo el por qué debería.”
“Ya, bueno. Ayer insististe tanto… Me hacía ilusión que dependieras de mis ojos para que te saliera.” Ríe Grantaire.
“No dependía de tus ojos, más bien me ayudaban a concentrarme. Por tener un punto fijo al que mirar, supongo.” Contesta Enjolras secamente.
“Podías mirar mi frente, eso también es un punto fijo.” Sonríe R.
“Hmm.” Se limita a decir Enjolras, concentrado.
“Hmm” imita Grantaire.
Honey just put your sweet lips on my lips, we should just kiss…
“Like real people do.” Canturrea R mientras hace girar a Enjolras torpemente.
“Concéntrate, Grantaire, maldita sea.” Exclama Enjolras, tropezando.
Se produce un silencio frustrado mientras Enjolras mismo pone la canción de nuevo. Grantaire suspira y fuerza una media sonrisa.
“No soy yo el único que debería concentrarse.”
“Perdona, pero hoy tú te estás equivocando también. Sabía que debía venir a asegurarme de que podía bailar, ni siquiera repitiendo todo el rato lo mismo consigo hacerlo, estúpida boda que tenían que…” farfulla Enjolras volviendo a su sitio. R se une a él, su media sonrisa ahora entera y ya no forzada por culpa de Enjolras siendo Enjolras. Por culpa o gracias a.
“A ver, Apolo.” Dice R cuando empiezan a bailar. “Coge aire, cierra los ojos, relájate y-”
“Déjate llevar, sí ya lo sé, lo has dicho un millón de veces.”
“Y tú sigues sin conseguirlo.”
“Ayer lo conseguí.”
“Porque tuviste un punto fijo al que mirar.” Sonríe Grantaire, alzando la mirada.
“O porque tú estabas concentrado y sabías lo que hacías.”
“Eres un amor.”
“Era más fácil dejarse llevar cuando no me entraba miedo a morir a cada paso que daba.”
“Era más fácil dirigirte cuando… oh, espera, nunca ha sido fácil porque tienes complejo de mandamás.”
Enjolras gruñe mientras Grantaire le hace girar. Ninguno de los dos repara en lo bien que ha salido el paso, absorbidos por su discusión.
“Es gracioso porque te rebelas contra las figuras de poder, cuando tú mismo eres una figura del poder. Más justo y menos cabrón por supuesto, pero una figura de poder después de todo.”
“No es… no funciona… A ver, Grantaire, yo soy una figura autoritaria para aquellos que quieren verme como tal. No tengo por qué serlo necesariamente. De todas formas, como “líder” de nuestro grupo, es normal que asuma cierta responsabilidad que tenga que ver con ser… Bueno, eso, un líder, de vez en cuando.” Se precipita a decir Enjolras. “Pero ten claro que siendo líder de algo, sería líder de la libertad.” Se para un momento a pensar lo que ha dicho y niega con la cabeza. Le sudan las manos y nota el calor en sus mejillas. “No, a ver…”
“Es tan raro verte sin palabras para reafirmarte que casi duele.” Se acerca el final de la canción y Grantaire no se ha separado de su sonrisa.
“No necesito reafirmarme.” Dice Enjolras seriamente, sosteniendo la mirada del pintor.
“No, claro.”
Termina la canción y ambos se encuentran sorprendidos. ¿Cuándo han bailado todo seguido? Enjolras lo piensa un momento y le pesa admitir que ambos empezaron a suavizar sus torpes movimientos al juntar las miradas.
“Seguro que ha sido por mirarnos.” Dice Grantaire, con tono burlón.
“A lo mejor.” Asiente Enjolras, que lo piensa mucho y no le ve otra explicación. Los ojos de Grantaire son un punto fijo más fácil a la vista. Por eso de que son azules y destacan.
Se produce un silencio fugaz, cargado de algo…algo que ninguno de los dos puede determinar con exactitud, pero…pero algo.
Grantaire carraspea “¿Otra vez?”
Enjolras le mira, rascándose la nuca. Tiene dos opciones, dar la sesión por terminada, con eso de que ya les ha salido entero, y salir pitando, o quedarse y arriesgarse a que el siguiente intento no le salga bien y tener que permanecer allí tres horas más por lo menos, con el sofocante calor del salón del apartamento de Grantaire y su aún más sofocante mano sobre su cintura.
“Sí, supongo que será lo mejor no fiarnos de un golpe de suerte repentino.” Murmura Enjolras acercándose al reproductor.
“Bueno, yo no lo llamaría un golpe de suerte repentino, llevamos desde ayer repitiendo el baile, yo creo que es una merecida mejora.” Grantaire se ríe y su risa tiene un tono que roza la suplica.
“Sí, bueno, pero ni siquiera me he dado cuenta de que hacíamos el baile entero.”
“Eso es porque te has dejado dirigir, has dejado que los pasos fluyan solos. Es lo mismo que hiciste ayer. Y lo que tendrás que hacer al bailar en la boda, da igual cuanto practiquemos, cuanto menos consciente seas de que bailas, mejor lo harás, Apolo.”
Enjolras le mira unos instantes, pensando, intuyendo, calibrando, midiendo y barajando la posibilidad de que R tenga razón. De que lo que necesita es una distracción al bailar en lugar de una constante y forzada concentración.
“¿Otra vez?” Enjolras repite las palabras del pintor, extendiendo la mano y con el ceño fruncido pero una ligera sonrisa.
El corazón de Grantaire pega un vuelco. Se atreve a imaginar por un segundo que del baile surge un sentimiento, que del sentimiento surge un roce y que del roce surge… Del roce no surgiría nada por varios sencillos y lógicos motivos. Uno de ellos es que Enjolras no le miraría a la cara de no ser porque tiene una apariencia semi-humana y de ellos solo han nacido peleas y rencor. Otro con una importancia considerable es que si Grantaire rozara algo más que la mano y la cintura de Enjolras, se derretiría al instante, dejando tras de sí un recuerdo amargo y una colección de pinturas que para él carecen de valor.
Así que se despierta a sí mismo, asiente y espera a Enjolras en el centro de la habitación. Cuando se reúnen de nuevo y se agarran y todos los sentimientos de Grantaire vuelven a estar a flor de piel, cuando todos sus deseos parecen expuestos y todo su corazón muere y revive a cada latido, en ese momento Grantaire entiende mejor que nunca lo jodido que está.
Agacha la cabeza otra vez. Sabe que no debería, que al parecer eso es lo que les ayuda a avanzar, pero quiere que se lo pida, quiere oír como Enjolras le necesita, como depende de él para algo.
“R…” el rubio suspira. “Hazme el favor de no mirar para abajo todo el rato, por favor.”
“Perdona, tienes unos pies preciosos.” Le mira un segundo y le guiña un ojo. La música empieza a sonar.
“Por favor, Grantaire, de verdad, quiero acabar ya, la boda es la semana que viene y se supone que tengo que ser un buen amigo y aprender a hacer esto y aunque sea siempre con la misma canción y tenga que bailar contigo constantemente, tengo que bailar en esa chorrada de convencionalismo social que sigo sin entender, pero respeto, que celebren.” Enjolras suelta toda la parrafada casi sin tomar aire. Se nota el cansancio en su tono de voz, pero es un cansancio muy distinto al físico. Enjolras está emocionalmente exhausto, lleva toda la tarde y desde el día anterior sintiendo revoltijos en el estómago e ideas en su cabeza que pasan deprisa, que no le da tiempo a desarrollar, pero que le dejan el regusto de la pregunta.
Y tenga que bailar contigo constantemente. Grantaire saborea esa frase y considera que eso es súplica suficiente viniendo de quien viene. Alza la mirada y el rostro de Enjolras denota agradecimiento y alivio. Bailan lo que queda de canción hasta el final, siguiendo la música, sin exceso de sentimientos, sin la conexión eléctrica de la otra vez, con una intensidad más baja. Pero la bailan sin equivocaciones y sin tropiezos. La bailan en silencio y R cree que tal vez eso es lo que falle, el silencio, la paz que no parece tener derecho a reinar entre ellos.
“¿Tú qué opinas del matrimonio hoy en día?” Enjolras les sorprende a ambos con una pregunta de curiosidad sincera. No sabe si buscando un debate o…
“Me parece bastante innecesario, la verdad, yo no lo haría. Pero no creo que te importe mi opinión, es más ‘filosófica’” hace énfasis en las comillas de la palabra “que política.”
“Bueno, tú prueba.”
“La canción no da para tanto.”
“Si te la pasas diciéndome que no, desde luego que no.”
En estas están cuando dan el último giro y los tres pasos del final. Grantaire tiene su media sonrisa que despide algo parecido a la victoria. O a las ganas de restregarle esa victoria a Enjolras, que da al botón del reproductor de nuevo, casi con furia, y corre a su lado. Y al agarrarle de la mano, siente como la aprieta con más fuerza que antes y le mira desafiante. La música comienza de nuevo.
“¿Decías?” Es el incansable e invencible Enjolras, que no tolerará que R piense que se ha salido con la suya o que ha tenido razón en algo. No tolerará que esa media sonrisa se burle de él.
“El matrimonio.” Grantaire repasa la palabra con una mueca, mirando al frente por supuesto, mientras bailan. “El matrimonio es una chorrada. La gente se casa para asegurar una relación duradera, cuando nadie puede determinar cuándo una relación va a terminar, pues todas son para siempre hasta que dejan de serlo. Además de que tiene raíces en el machismo y todo eso que tú dijiste ayer, el intercambio de bienes y todo eso. Es una atadura innecesaria. Una reafirmación insustancial. Una redundancia.”
Primer giro. Dos pasos adelante, uno atrás.
Enjolras repasa y evalúa lo que ha dicho, como un juez en un concurso, y parece que lo da por bueno, porque asiente y dice “No hay nada de lo que hayas dicho ahora con lo que no esté de acuerdo. Aunque sea menos político y más filosófico, como tú dices.”
“Bueno” Grantaire finge decepción. “No podemos estar en desacuerdo siempre.”
Segundo y tercer giro. Tres pasos a la derecha, uno atrás.
Se miran fijamente y a Enjolras le resulta frustrante lo bien que se siente. Lo fácil que le resulta olvidar su autoritaria personalidad. Tan frustrante que de nuevo se le encienden las mejillas “Por el amor de- otra vez no.” Piensa.
“Pero bueno, Apolo, esos colores, ¿tanto te gusta que estemos de acuerdo?” R se ríe, casi tropiezan, pero no.
Enjolras ha perdido la cuenta de los giros por culpa de esa carcajada. Pero igualmente siente que sabe dónde va cada paso y en qué momento hacer cada pirueta. Terminan la canción sin decir nada más.
Más tensión. Más sonrojamientos. Más frustración. Más baile durante otra media hora. Y tres veces de lo mismo todo el rato. Silencio, discusión, silencio, silencio, equivocación repentina, silencio, discusión, discusión, pausa, silencio, discusión, mirada intensa…
Suspiros de Grantaire, suspiros de Enjolras. Llegados a un punto en que por fin creen que lo pueden dar por finiquitado.
“Todo se verá en el día del juicio final.” Anuncia Grantaire mientras le abre la puerta de su casa a Enjolras y vive un dejavu.
“Espero no morirme en el intento.” Enjolras sale por la puerta, con la frustración a cuestas, haciéndole sonar entre irritado y contento.
“Espero que no, me prometiste un baile.”
“A este paso estoy seguro de que acabaré dependiendo de que estés tú ahí para ser siquiera capaz de mover un dedo al ritmo de la música.” Admite Enjolras en voz alta, muy a su pesar.
A Grantaire le da un vuelco la vida e intenta hacer un comentario despectivo y burlón, pero el rubio no le da tiempo y baja las escaleras corriendo, diciendo “Hasta el sábado.”
¿Hasta el sábado?
Bueno, vale, hasta el sábado.
