Chapter Text
Fachada de Paz Falsa.
Aquel paisaje le era conocido. El prado iluminado por el que siempre ansiaba caminar. Sentado en el pasto sentía la fresca brisa revolver sus claros cabellos. Al levantarse, notó una pequeña laguna unos pasos de él. Asomó su cabeza y pudo ver su reflejo. Seguía siendo él después de todo.
Norman. Producto de Calidad Premium de Grace Field. Actual jefe de la villa Minerva. Libertador de los niños ganado. Destructor de Neverland. Genocida de demonios.
Tantos honorarios y ninguno le daba mayor satisfacción como el de “amigo de Emma y Ray”. Sin embargo, teniendo en cuenta lo que su borrosa memoria le comenzaba a recordar, era uno que no le habían llamado en mucho tiempo y por lo visto, no volverían a llamarlo jamás.
¿Acaso este era el limbo? Porque sí, Norman juraba que había muerto.
Sabía que no era el paraíso, cometió demasiados pecados para merecerse un puesto en un lugar tan puro y sagrado como ese. Tampoco era el infierno, demasiada serenidad y luz, no parecía un lugar en el que lo torturarían por la eternidad. Él nunca creyó en la vida después de la muerte, mas el estar ahí le hacía flaquear en sus ideales.
- Hey, Norman. – una voz melodiosa y aguda llamó su atención. La reconoció al instante, pero sonaba diferente a la última vez que la escuchó.
Al voltearse se encontró con una visión que no esperaba. Era ella, su viva imagen… de cuando tenía 11 años. No era la mujer determinada y enojada que le gritó con toda su ira e indignación. Era la niña que lo miraba con esos ojos tan cargados de sentimiento que reciprocaban los suyos.
- E-emma… ¿estás…? –
- ¿Muerta? – completó su frase – Esta parte de mí sí lo está. –
La niña caminó hacia el joven, deteniéndose a una muy corta distancia de él. La diferencia de tamaño era gigantesca, cosa que tenía incómodo al albino. Ella tomó las grandes manos de este con las suyas y le brindó una sonrisa.
No fue hasta ese momento que Norman se dio cuenta, que esa era la Emma de la que él estaba enamorado. Norman creció, así como Emma, pero la chica que él amaba no creció junto con ella, se mantuvo estática y cada vez que hablaba con ella, no veía a quien tenía en frente, sino a aquella niña con la que solía jugar en el orfanato.
- Te amo, Norman. – confesó la chica de pronto – Nunca supe cómo definir esto hasta que crecí mucho tiempo después. Pero para cuando supe lo que era el amor romántico… ya ese sentimiento por ti había desaparecido. –
Los orbes azules del muchacho se abrieron como platos. Dio un paso hacia atrás en negación y se mantuvo cabizbajo, pero desviando la mirada de la pelinaranja. La brisa volvió a soplar, está vez, intentando atenuar un momento incómodo. El agarre en la mano del albino se afianzó y ella dio un paso adelante para acortar de nuevo la distancia. Tomó su otra mano con urgencia.
- Eso que dices no es posible… - negó el albino, frustrado
- Perdón por no decirlo en su momento. Como dije, no sabía lo que sentía… pero ¡pasamos muy buenos ratos juntos! Fui muy feliz contigo y no me cabe la menor duda que era correspondida. – sonrió de esa forma hermosa que solo ella podía
El chico comenzó a lagrimear, en serio… quizás sí era el infierno después de todo. Saber que Emma lo amó de la misma forma que él a ella, justo a la vez, y no poder haber mantenido a salvo esos sentimientos… ah… era lo que le faltaba.
- Pero Emma, yo soy un canalla. – era su turno de apretar las manos de la niña con fuerza. - ¿No sabes de mis errores? ¿No sabes de mis pecados? ¿Tantas vidas que deseché? ¿Tantas mentiras que te dije? ¿Todas las veces que fui egoísta? ¿Todas las veces que manipulé a mis amigos? Acaso… ¿no ves nada de eso? – su voz y manos temblaban, su respiración era irregular y las lágrimas ya se encontraban recorriendo sus mejillas.
- Yo no… no sé nada de eso… - afirmó ella
- Lo suponía. – el albino tenía una sonrisa vacía en su rostro. – Si supieras el mínimo de los detalles, dejarías de amarme. –
Ahora ella también había empezado a llorar, de forma más sonora que el chico.
- ¿E-en serio crees que fue por eso? – preguntó afligida
- No, tienes razón, no fue solo… - corrigió lo dicho recordando al pelinegro – Tú te enamoraste de Ray. Incluso aunque yo no hubiera hecho nada malo, incluso aunque me hubiese quedado, aunque te hubiera apoyado; tarde o temprano, te acabarías enamorando de él… - trató de secarse las lágrimas, cerrando sus ojos en el proceso, pero era en vano – Al fin y al cabo, nunca llegaré a entenderte tan bien como él, nunca hubiéramos hecho tan buen equipo y nunca hubiese sido completamente sincero contigo. –
La pequeña se puso de puntillas para llegar al rostro del joven quien, al sentir su manita en su mejilla, abrió los ojos para mirarla con detalle.
- ¿Y tú, Norman? –
- ¿Y-yo…? –
- ¿No te hubieras enamorado de alguien más? – su entrecejo fruncido y sus comisuras decaídas no desaparecían de su rostro - ¿De verdad me amarías para toda la vida? –
- Sí, te amaré por siempre, Emma. – juró con voz vacilante - Nunca he conocido ni conoceré a nadie como tú… -
- Si estás tan seguro, bésame. – murmuró la niña con mejillas sonrojadas
Norman quedó una vez más estático. Sus lágrimas dejaron de brotar y sus pupilas se dilataron. Un sonrojo cubrió sus blancas mejillas. Dudó por un segundo, pues aquella Emma era mucho menor que él, pero a esas alturas ¿a quién le importaba? Ya estaba muerto, en aquel limbo no existía lo correcto ni incorrecto y en su interior una voz le gritaba que cediera.
- Emma… - la llamó con anhelo, lágrimas cayendo de nuevo
Cerró sus ojos e inclinó su cuerpo con lentitud, hacia adelante y hacia abajo, para buscar su boca. Antes de lo previsto, sintió una presión en sus labios, su boca más grande de lo que esperaba. Ella no tardó mucho para profundizar el beso. Se sentía bien, demasiado bien, tanto que ni se preocupó por el hecho que ahora se sentía reclinado con ella encima de él. La mano de ella tomó su rostro y tampoco notó que era mayor a la que lo había acariciado hacía unos minutos atrás.
A la chica pareció gustarle tanto la sensación que optó por introducir su lengua en el interior de la boca del joven. Este sintió sus mejillas arder con mayor intensidad, embobado por las caricias de ella, se dejó llevar e intentó corresponder como pudo. Alzó su mano derecha (por alguna razón no pudo con su izquierda) para tomarla de sus cabellos, los sintió más lacios de lo que esperaba, sin embargo, le gustó su textura. Realmente le gustaba todo. Su boca sabía a frutos del bosque, no era exactamente como lo imaginaba, pero no por eso dejaba de ser adictivo.
Por fin, cuando ambos se quedaron sin aliento, la joven optó por separarse de él. Norman aún embelesado por tan placentero intercambio, abrió sus ojos lentamente, ahora por alguna razón, la luz le molestó. Cuando comenzó a enfocar su vista, no vio el naranja y verde que esperaba encontrar, sino un blanco casi rubio, un azul tan intenso como el suyo y un color chocolate que endulzó su despertar.
- ¿E-eh? – aún no recobraba del todo su conciencia
- Que alivio, ya despertaste. – esa voz no le sonaba en lo absoluto, lo cual provocó que sus alertas se activaran
Abrió sus ojos de par en par, esta vez teniendo una vista bien definida de la chica que se encontraba sentada al lado de su cuerpo acostado. Con rapidez, se sentó en la cama y se echó para atrás, chocando con el espaldar de esta.
“¿Quién…? ¿¡Quién es ella!? ¿¡Dónde estoy!?”
Y cuando iba a peinar sus cabellos con su zurda, le fue imposible, no pudo. Dirigió su vista a su brazo y no estaba. Palideció al instante y antes de que pudiera gritar de la conmoción, la joven inició conversación.
- Buenos días. Deber estar muy confundido. – ella tomó un poco de agua, que había en un plato curvo, con una toalla y la pasó por la amplia frente del joven. – Mi nombre es Ayse. Te salvé de morir desangrado por la amputación de tu brazo. –
- Ah… y-yo soy… -
- Norman. Lo sé. Bárbara me habló mucho de ti… mucho… - al decir esto apartó un poco la vista, para al momento aclarar su garganta y continuar. – Estuviste a punto de morir a manos de Jiev. Estaba presente cuando todo pasó. Disfrazada más bien. -
- Sí, el demonio médico también me habló de ti. “La demonio que siempre anda junto a Jiev es en realidad una amiga mía humana” me dijo. – comentó, relajándose un poco en aquella extraña situación
- Entonces no soy la única que escuchó del otro por una tercera persona. – retiró la toalla de su frente y la escurrió en el plato – Te desmayaste por pérdida de sangre. Si hubiera tardado un segundo más en hacerte un torniquete, no hubieras sobrevivido. Estoy más tranquila. -
- Muchas gracias por salvarme, perdón por las molestias... – agradeció su hospitalidad con sinceridad
- No hay de qué. No podía dejarte morir. – sus palabras eran dulces, mas su expresión se mantenía estoica.
Norman analizó con detenimiento lo anteriormente ocurrido y temió preguntar.
- Hey… - llamó y esta le brindó toda su atención – Puede que me equivoque, pero… - su rostro volvió a tomar color - …acaso tú… ¿me besaste? –
- Perdón por eso. – ella apartó su rostro de él – Es que, mientras dormías, parecías soñar con un beso… tu boca se movía sola y hablabas en voz alta. –
- ¿¡Eh!? ¿Y qué decía? – su rostro entero ahora era de color rojo
- Repetías el nombre de una chica casada. –
- ¿¡¡¡EH!!!? ¿C-c-c-casada? – Norman no entendía nada
- ¿Hm? ¿No es así? Kooji me dijo que Emma era la esposa de Ray. –
“¡Ese maldito demoniooo! ¡Creando malentendidos! ¡Cuando lo vea de nuevo lo asesinaré! Además, ¡no puedo creer que dijera su nombre en voz alta! ¡Qué vergüenzaaaa!”
- ¡A-aun así! ¿¡Q-qué te da el derecho a besarme!? ¡F-fue mi p-p-primer beso, ¿sabes?! –
- Es que… - ella volvió a mirarlo, ambos orbes azules se encontraron por un par de segundos hasta que Ayse hizo una leve reverencia en señal de arrepentimiento – Lo siento. Te veías tan hermoso que no lo pude evitar. –
“¿Eh…? ¿Ehhh…? ¿¡EHHH!?” su mente era un lío, un completo desastre “¿¡Qué demonios!? ¿Es que acaso no tiene vergüenza? ¿Cómo puede decir algo tan embarazoso como eso con tanta normalidad? ¿O es que lo sabe y quiere que me dé un ataque al corazón? ¡Me dijo hermoso! ¡HERMOSO! Nunca… pensé serlo… ¿soy… hermoso…?” una sonrisa casi imperceptible se asomó en su rostro “¡NO, ESPERA! ¡Ese no es el punto!” la sonrisa desapareció y volvió su ceño fruncido de confusión “¿De dónde saca esa confianza? Pero es que… ¡ahhhh no entiendo! ¿Quién es esta chica? ¡Es muy rara!”
- M-mejor o-o-olvídalo. – le dijo el albino claramente afectado por sus palabras
Antes que la conversación continuase, escuchan el sonido de una puerta abriéndose y luego unos ladridos.
- Ya estamos aquí. – una voz grave también desconocida por Norman habló desde la puerta
De pronto, tres perros invadieron la habitación en la que se encontraban, dejando anonadado al joven. Dos de ellos se dirigieron a saludar a la dueña, mas el otro se subió a la cama y comenzó a oler al humano desconocido. El corazón del chico latía nerviosamente y saltó en su lugar cuando el animal comenzó a lamer su rostro con confianza. No le molestó tanto como pensaba, el perro no parecía hostil, de hecho, movía su cola con rapidez, indicando que estaba feliz de conocer a alguien nuevo. Acarició el pelaje del perro-lobo con su única mano, fascinado por este, ya que era primera vez que veía e interactuaba con uno de verdad.
- Ayse, ya estoy… ¡oh! Pero miren quien se ha levantado. Soy Poch, mucho gusto. – este se encontraba asomado por la puerta de la habitación - ¿Cómo están? -
Al ver al demonio, Norman volvió a palidecer. Su corazón latió con mayor fuerza, en su rostro se apreciaba el miedo.
- Papá. – llamó Ayse y el albino se seguía sorprendiendo con cada segundo que pasaba – Estamos bien. Norman acaba de despertarse, está en perfectas condiciones. –
- ¿Segura? Yo lo veo un poco desconcertado. –
La chica de piel oscura enarcó una ceja y volteó a verlo. En efecto, sus rasgos faciales estaban contrariados. Ella optó por tomarlo de su hombro para calmarlo y recibió otro pequeño salto por su parte.
- Oye, ¿estás bien? – preguntó preocupada
- ¿Por qué? Después de lo que me escuchaste decir en la villa… ¿cómo me puedes traer cerca de un demonio…? – habló en casi un susurro, aun así, el demonio lo oyó
- Hmm, tranquilo muchacho, ya estamos enterados de que fue un acto. – el albino relajó su expresión al escuchar esto
- La quema de la casa de Emmett fue una apuesta arriesgada de Jiev. – comenzó a explicar la joven - No había forma de que hubiese sido orquestado por Emma o Ray, ellos querían la paz. Además, con lo que me contó Bárbara, tú nunca hubieses recurrido a unos niños tan pequeños para un plan tan macabro. Por eso cuando te echaste la culpa, sabía que era mentira. Estabas haciendo todo eso para quitarle la responsabilidad a tus amigos, ¿verdad? – ella le brindó la primera sonrisa
Norman debía admitirlo, se sentía bien tener a alguien que entendiera sus acciones y punto de vista sin tener que dar tantos argumentos. Era una sensación parecida a la que sintió con Zazie, Bárbara, Cícero y Vincent, lo que desde hacía unos años se había distorsionado un poco. Por más cariño que le tuviera a Zazie, no era alguien con mucho raciocinio, así que no contaba; Bárbara a veces no seguía sus órdenes por capricho y actuaba temerariamente sin pensar las consecuencias; Cícero era inmaduro y no le cuestionaba nada por el simple hecho de que no entendía; y Vincent… al conocer a Ray comenzó a admirarlo de igual forma, por lo que su pensamiento estaba dividido y hasta comenzó a cuestionarle. Así que, después de tanto tiempo, al fin, alguien no lo señalaba con un dedo acusador. Era hasta reconfortante.
- Sí… fue eso mismo. – respondió a lo dicho por la albina
- No somos los únicos que lo creen. La cuidadora de Emmett también. Ella nunca dudó de Emma, sabía que ni ella ni sus amigos pudiesen hacer algo tan horrible. Así que, cuando fui a curarte e intenté llevarte lejos de la villa, ella salió a defenderte. –
- Esa demonio… ¿hizo eso…? ¿Por qué…? – era una realidad a la que no parecía acostumbrarse
- Ella se dio cuenta de tus intenciones, obviamente no retractó nada de lo que dijiste, pero sí logró convencerlos que me dejaran llevarte con vida. “Ahora que sabemos que Emma y sus amigos realmente no tienen malas intenciones, deberíamos demostrarle que nosotros tampoco, manteniendo con vida a su ex-líder.” Esas fueron sus palabras. – contó Ayse
- ¿Y todos estuvieron de acuerdo? – cuestionó Norman, incrédulo
- Por supuesto que no, había muchos aún asustados o enojados por tu actitud, pero decidieron correr el riesgo. – respondió la joven, levantándose de su asiento y en dirección a la puerta para saludar mejor a su padre
- No debería sorprenderte que le demos oportunidades a los humanos. – empezó Poch – Todos huimos de nuestras vidas anteriores por muchas razones, la más predominante era que estábamos cansados. Era demasiado sufrimiento, demasiada injusticia. Yo toda mi vida comí humanos, no me quedaba de otra. Robaba hasta pedazos de alta calidad con la esperanza que la deformación que tenía de nacimiento se eliminara, pero nunca pasó. Todo hasta que vi a mi pequeña. – abrazó a su hija con ternura – La crie porque me recordó a mí y a medida que pasaba el tiempo me di cuenta que entre humanos y demonios apenas hay diferencia. – soltó el agarre de la joven y se acercó al albino - Por eso, desde que la empecé a cuidar, me dolía cada vez que debía alimentarme de uno. Era un niño como ella, y me lo estaba comiendo, odiaba esa sensación, no quería que ninguno de los míos se comiera a mi Ayse. Así que cuando la fundadora llegó al pueblo cercano a dónde vivíamos, no dudamos en buscarla. -
- Ya veo… - Norman giró sus piernas fuera de la cama, sentándose en esta con los pies en el suelo
- Ven, Norman. Debes tener hambre. – Ayse le extendió la mano para ayudarlo a levantarse
El mencionado miró el rostro de la chica, sus comisuras ligeramente inclinadas hacia arriba. Después al demonio que se hacía llamar el padre de una humana, todo sereno y expectante de su respuesta. Luego bajó su vista a los perros, los tres caninos frente a él moviendo sus colas emocionados por la visita. Por último, a la mano de la muchacha, la duda permanecía atormentándolo, recordando todas las razones por las que debería negarse, mas antes que pudiera detenerse, su diestra se movió sola y la tomó con fuerza, sosteniéndola para levantarse y ella no lo dejó caer.
- Gracias por la invitación, Ayse. Espero que nos llevemos bien. – le devolvió el gesto con una sonrisa amplia y sincera, una que hacía tiempo no brindaba
Ella, sin embargo, borró la suya dada la sorpresa. Sintió su corazón latir rápido y un ardor en sus mofletes. Soltó su mano y caminó hacia la pequeña sala de estar, el albino caminando tras de ella.
“Eso fue peligroso. Bárbara tenía razón, ¡él es demasiado atractivo! Así que este es el poder de los machos humanos…”
///
En la villa Minerva había una algarabía de lo más inusual.
Después que Ray y Emma escucharan la historia de Kooji y lo regañaran por sus acciones, no perdieron el tiempo en apurar a todos. Debían terminar todos los preparativos ya. Mientras antes llegaran, antes podrían hacer algo con respecto a Norman. Ambos sabían que quizás ya era demasiado tarde, que a esas alturas ya él había tomado su decisión y que no llegarían a tiempo, ¡pero no podían rendirse! Existía ese uno por ciento de probabilidad, y mientras existiera, ellos se arriesgarían. Para su suerte, las carretas ya estaban terminadas y la ruta trazada en el mapa no solo era corta y casi recta, sino que era por una zona libre de obstáculos (que era la principal razón de la demora). Si sumado a eso, aumentaban la velocidad del trayecto debido a la urgencia, llegarían en unos 5 días con ayuda de un camión, la diferencia era abismal.
Ya todos estaban decorando las carretas y empacando los trajes de demonio, mientras, Emma y Ray se dirigían hacia el sótano una vez más. Iban a buscar a su amiga. Allí yacía, en la urna que había creado para ella. ¿Cómo podía verse tan sublime a pesar de carecer de vida? Así era Mujika, tan especial para todos. Al fin todas las personas a las que ayudó podían despedirse de ella. La pelinaranja se acercó lentamente y tomó su mano una vez más mientras le dedicaba una sonrisa triste.
- Pronto nuestro sueño se hará realidad. ¿Puedes sentirlo? –
Ray pudo sentir el dolor en su voz, así que decidió incorporar también su mano izquierda a la unión, para brindarle apoyo y mostrar su arrepentimiento.
- Perdón por no haberte salvado, Mujika. – profirió cabizbajo
- Ray, no digas eso… -
- Sí, lo digo. Necesitaba decirlo. – su mano derecha rodeo la cintura de la pelinaranja y la acercó a él sin que se perdiera el agarre de sus manos y continuó hablando con la demonio – Emma y yo te queremos mucho... Tú y Sunk-Joo fueron nuestro rayo de esperanza cuando parecíamos perdidos. Fueron quienes nos enseñaron que no somos tan diferentes. Pronto tendrás un entierro digno. Estarás cerca de tu hijo, de aquellos que salvaste y de aquellos que nunca te conocieron, pero igual respetan tu memoria, pues nunca perdíamos la oportunidad de enaltecer todo lo bueno que hiciste. –
- Ray… - sollozó la chica
- A-ah, lo siento, Emma. – ahora él había empezado a lagrimear también – No fue mi intención. –
- No… está bien. Estoy segura que ella amó lo que dijiste. – separó una de sus manos y secó sus lágrimas con esta – Yo tengo… tantas cosas que decir que… no sé por dónde empezar. –
- Deberías guardar tus sentimientos para cuando estemos con todos. Creo que a Emmett y al resto le gustaría oír tus palabras. – le sonrió para calmarla
- Hmm. – soltó un sonido en señal de afirmación.
Por un segundo sintieron una calidez a su alrededor, como si unos brazos los rodearan. No saben si fue solo su imaginación, pero el hecho que ambos comenzaran a llorar a la vez les daba de pensar que había sido real, pues ambos jurarían haber escuchado su dulce voz.
“Gracias, Emma, Ray. No quiero que sigan sufriendo por mí. Yo no los culpo de nada. Por favor, sean felices, eso es suficiente para mí. Los quiero mucho.”
Su pesar seguía brotando sin detenerse, realmente no era la primera vez que les ocurría algo así. Emma lo sintió con Yuugo y Lucas; Ray con Isabella y Conny; y ahora los dos, lo estaban sintiendo con Mujika.
Sus almas siempre los estarían cuidando y velando por ellos desde donde sea que estuviesen.
///
Ya habían llegado. Aquellos 5 días habían pasado volando. El trayecto no había sido fácil, pero lograron llegar sin improvistos. Eso demostraba lo tan dispuestos que estaban todos a cumplir su objetivo.
Se encontraban a pocos metros de la villa. Todos estaban organizando y arreglando de nuevo las carretas, vistiéndose con los ropajes. Ray y Emma, quienes ya estaban vestidos, se encontraban en la parte trasera del camión principal, observando el movimiento de todos; el pelinegro parado, recostado al vehículo y ella a su lado, sentada en el borde. Se sentía ansiosa, no sabía que había hecho Norman, así que no sabía que esperar. Su pareja notó su inseguridad y tocó su hombro para reconfortarla.
- Hey, ¿estás nerviosa? –
- Hah… - suspiró la pelinaranja – Tengo miedo, Ray. ¿Y si Minerva prevaleció? ¿Y si ya no hay nada que salvar? No quiero, pensar en eso, quiero mantenerme positiva, pero si lo hago, siento que la decepción será mayor. –
El joven la miró con sus cejas arqueadas hacia arriba y con sus comisuras caídas. No le gustaba verla así de nuevo. Había estado todo el viaje evitando el tema, para no entrar en pánico, mas pronto sería la hora de la verdad y tenía que enfrentarla. Se agachó para estar a su altura y acarició su mejilla, por encima de donde se encontraba la cicatriz que ya iba desapareciendo. La miro comprensivo sin sonreír, a decir verdad, él también se encontraba inquieto.
- No te diré “todo va a estar bien” porque ni yo me lo creo. – comenzó a hablar un poco más confiado – Aunque es cierto que no sabemos qué va a pasar, quiero que sepas que, si necesitas apoyo, yo te lo daré incondicionalmente. – ahora el joven había tomado sus manos, haciendo círculos con el pulgar en sus nudillos.
Emma no dijo nada, solo cerró sus ojos y se inclinó para besarlo. El pelinegro realmente amaba sus besos. Durante todo el trayecto de esos 5 días, la chica se la pasaba buscando oportunidades para comenzar una sesión de besos con él. Sin embargo, sabía que la razón principal por la que lo hacía, era para despejar su mente. Ray la hacía olvidarse de los problemas, cuando la besaba el mundo exterior no existía. Ahora que había descubierto aquello, no había vuelta atrás, cada vez que se sentía insegura o decaída, lo llevaba a la parte trasera del camión y lo besaba sin previo aviso, manteniendo las caricias por largos minutos. Se sentía bien, se sentía correcto.
- Emma. - el chico la separa de él – Ya... –
- Raaaay. - lo llamó a forma de protesta
- “Raaaay” nada. – repitió imitando su tono, pero este último fue más severo – No te vayas a desanimar ahora, por favor. Todos contamos contigo. Eres la cabeza de este plan, después de todo. –
- Si… yo… - suspiró sonoramente y con resolución – Yo voy a ponerlo en marcha. –
Al decir esto se bajó del camión y comenzó a caminar con dirección a la villa. Ray caminó tras ella y volvió a hablar.
- Aun no han terminado los preparativos. ¿Segura que quieres entrar ya? –
- Si. No entraremos con las carretas hasta que nos autoricen. Si lo hacemos sin previo aviso, pueden pensar que es una falta de respeto a su cultura y lo que es peor, una invasión. – razonó la muchacha, por supuesto que había pensado en aquella posibilidad – Por ello, debemos entrar tú y yo, anunciar nuestra llegada. Si nos tratan de forma hostil huimos y ponemos en marcha el plan B. -
- Kooji y Luka nos defienden. –
- Exacto. Si, por el contrario, todo sale bien, damos la orden de hacer pasar la carreta con Mujika. – ella soltó otro suspiro – Si es que aún queda villa… -
Al unísono y sin decir una palabra, tomaron las manos del otro. Su paso era ligero y constante, los nervios provocando el rápido latir de sus corazones. Cuando estaban llegando al claro, colocaron las máscaras sobre sus ojos, sus característicos cabellos podían verse, para que no hubiese duda de que eran ellos.
Alivio fue el sentimiento que los inundó cuando llegaron y vieron como todo seguía como si nada. Mas no duró mucho pues si la villa estaba en perfectas condiciones, eso significaba que Norman….
Ray apretó su agarre en su mano, para reconfortarla. Alzó su vista para encontrar el rostro enmascarado de su novio quien le brindó una sonrisa triste.
“Después pensamos en ello, ¿sí?” era como si pudiera leer su mente.
La chica asintió y continuaron caminando al interior de la villa.
Justo como había pasado con su amigo, poco a poco, los demonios comenzaron a notar su presencia. Las reacciones estaban divididas. Algunos sonrieron al reconocer que eran Emma y Ray, mientras que otros se ocultaron con el miedo a que fuera un atentado como el ocurrido hacía unas semanas. Jiev se hizo presente de inmediato, como sabía que ellos eran pacifistas, no le dio el menor temor al acercarse.
- ¿Qué hacen ustedes dos…? ¿¡No les dije que no quería volverlos a ver por aquí!? ¿¡Además con nuestras ropas!? ¿Se piensan que por vestirse como nosotros algo va a cambiar? – les atacó verbalmente sin dudar
Emma ignoró su vociferación y notó la extremidad que le faltaba.
- Gusto verte de nuevo, Jiev. ¿Estás bien? ¿Qué le pasó a tu brazo? –
Ray tuvo que aguantar la risa ante la hipocresía con la que su pareja le habló al demonio. Obvio que su tono de voz lo enfureció más.
- ¡No es de tu incumbencia! –
- Al menos te volverá a crecer, ¿no? Qué fácil lo tienen, ehhh. – habló el pelinegro con el mismo tono usado por Emma
- Tch, idiotas. Creen que por usar esas ropas saben mucho de nosotros, pero apenas tienen idea. No, desgraciadamente mi brazo no volverá a crecer a menos que coma un humano, cosa que no haré, que asco. – maldijo el peliazul
- Aww, qué pena por ti. Bueno, al menos nos alivia saber que no nos comerás. – tras decir esto, su tono cambió a uno más sincero y centrado – En fin, dejemos los rodeos. Hemos venido a pedir disculpas por todo. Por lo que hemos hecho y por lo que les hiciste creer que hicimos. – soltó sin miedo
- No tengo ni idea de que-
- No te hagas el desentendido. Los tres sabemos que el incendio fue tu culpa. Puedes fingir delante de tu pueblo, pero de nosotros no. – atacó Ray
- Así es. – continuó Emma – Sabemos que odias a los humanos, no nos importa el por qué. Es más, tú como tal no nos importas. Nos interesa la coexistencia pacífica de ambas villas. Venimos aquí con la mejor de las intenciones. – la chica sin temor alguno se acercó al demonio mirándolo fijamente al rostro – Puedes pataletear todo lo que quieras, puedes quejarte; nosotros nunca tendremos malas intenciones, por más que quieras, no lo haremos. – se alejó un poco de él, ahora mirando a los alrededores - ¿Tanto te duele en el orgullo el estar equivocado con respecto a los humanos? -
Los dos humanos podían sentir la ira del demonio. Juraría que los atacaría de no ser por una mano que se posó en su hombro y lo detuvo.
- ¡Emma! – la demonio llamó
- Ah, ¡señora mamá de Emmett! – la chica se dio cuenta que no sabía como llamarla y se avergonzó - Perdón, creo que no recuerdo su nombre… - se sentía terrible por olvidar el nombre de alguien que le había agradado tanto en tan poco tiempo
- Jaja, no querida, no te preocupes, es que nunca llegué a mencionarlo. – extendió su mano hacia la joven – Puedes llamarme Waena. –
- ¡Oh, era eso! – correspondió el gesto, dándole la mano, le recordó a la de Mujika - ¡Qué despiste el mío! ¡Me disculpo una vez más! –
- Ya dije que no hay problema jajaj. – ahora se dirigió al chico – Y tú debes ser su esposo Ray. –
- Ajajaja, pero ¿qué les pasa a ustedes los demonios? – el pelinegro sentía su cara arder, ¡cómo les gustaba esa palabra! - ¿Es que acaso en su cultura no existen los “novios”? – al decir esto, le dio un apretón de manos
- He leído que así lo llaman ustedes. Lo que para ustedes es usado después del casamiento, para nosotros es lo que va antes. El simple hecho de estar en una relación amorosa los hace cónyuges. – soltó el agarre del chico, mas no dejaba ir la mano en el hombro de Jiev
- ¿Y qué va después del casamiento entonces? – preguntó curiosa la pelinaranja, el líder solo reviró sus ojos
- No no, ahora no es momento de esta conversación. Vinieron aquí por algo importante, ¿no es cierto? – Waena intuyó
- Si… - la humana dio una sonrisa triste - Mujika… -a la mención de su nombre, los dos demonios reaccionaron – Queremos que sea enterrada aquí, junto a su gente, cerca de su hijo, en la villa que ella creó... – bajó su cabeza y dejo que Ray completara su oración.
- …y queremos disculparnos en nombre de todos los humanos, por todo. Por más que pasáramos siglos siendo comida, la mayoría de los demonios que murieron por la masacre no tenían nada que ver con las granjas, además que siempre hubo un camino pacífico y no pudimos descubrirlo a tiempo. –
La madre adoptiva de Emmett sonrió conmovida. Jiev solo los miraba sin decir una palabra, claramente incómodo por todo. La demonio por fin, liberó su agarre del peliazul y tomó ambas manos de los humanos.
- Me aseguraré de hacer correr la voz. Muchos de aquí no creyeron del todo que ustedes fueran malas personas. ¡Nos parecía absurdo! Si les hablan con la misma sinceridad que me hablaron a mí, poco a poco, todos van a saber y podrán traer a la fundadora. Aunque asimilamos que… ya no está entre nosotros… quisiéramos verla una vez más, despedirnos como es debido. – al terminar dejó salir un suspiro de melancolía
Emma y Ray asintieron decididos, dejándose guiar por ella. Jiev apretó su puño y decidió encerrarse en su cabaña, lo cual nunca era bueno, más aún sin Myzha en los alrededores. ¿Quién sabe lo que ese desequilibrado estaba planeando hacer? En cualquier caso, ellos lo enfrentarían. Ya estaban predispuestos a que él no era de fiar.
Justo como había dicho Waena, de a poco fueron hablando con los demonios, quienes hablaron con sus compañeros, quienes hablaron con sus familiares y el tema de la visita en son de paz de los humanos ya había llegado a todos, y con mayor aceptación de la que esperaron. Por supuesto, no faltaron los casos de demonios aún resentidos o que todavía no creían en ellos, mas se sensibilizaban al saber que traían a su querida fundadora. Lo dejarían pasar solo por esta ocasión.
A medida que iban enterándose, los habitantes se iban incorporando al centro de la villa, esperando la entrada de Mujika. Ahora es cuando los nervios realmente comenzaron a afectar a Emma. La reacción que tendrían al verla, sería lo que lo decidiría todo. Tomó a Ray del brazo y ambos se retiraron para avisar a sus amigos que ya el camino estaba despejado para su entrada.
La carreta de Mujika se había mantenido hermosa durante el recorrido, se habían asegurado de ello, al igual que ella, era casi impresionante verla, parecía que dormía plácidamente. Una vez que comenzó de nuevo a moverse todos sabían que ya no había vuelta atrás. Cruzaron mentalmente los dedos para que la reacción al verla no fuera negativa.
Lo visión que recibieron los demonios fue una carreta de madera decorada con flores moradas, bien conocidas por ellos. En el centro de estas, yacía una urna grande de cristal dentro de la cual se encontraba el cuerpo de la majestuosa Mujika. A pesar de haber fallecido, se encontraba tan perfecta que pareciera como si en cualquier momento se fuese a levantar de un largo sueño que tuvo. Sus ropajes eran blancos al igual que el del resto de humanos disfrazados que caminaban a paso constante al lado del vehículo. A diferencia de la cultura humana donde la vestimenta blanca significaba felicidad, para los demonios se usa el blanco para rendir respeto y simbolizaba sus tradiciones y prácticas más antiguas, la de los demonios puros que no se dejaban cegar por la gula.
Desgraciadamente, debido a lo anticipado que dejaron su hogar, no le dio tiempo a Nat a aprenderse completamente la canción que compuso, mas Kooji y Luka quienes se encontraban liderando ambos grupos de humanos (a cada lado de la carreta) cantaban en su idioma natal una melodía típica de su cultura para ese tipo de situaciones tan devastadoras. Muchos de sus amigos sonrieron aliviados al ver que el médico se encontraba bien, después de la mentira dicha por Minerva, la noticia de la supuesta muerte de Kooji había contribuido a aumentar la depresión que asediaba a los demonios.
Todas estas emociones afectaron a los habitantes. Los más jóvenes y ancianos se encontraban llorando, mientras que las reacciones de los adultos estaban divididas. Algunos lagrimeaban, otros se sentían contrariados, incluso impotentes.
Al fin, la carreta que transportaba a la fundadora se detuvo en el medio de la plaza. Emma inhaló profundamente para luego exhalar en un suspiro. Debía repasar de forma mental todo lo que quería expresar.
- Dear villagers. – comenzó y todos demonios presentes se sorprendieron al escucharla hablar su idioma natal – We humans came here to properly apologize. –
- Queridos aldeanos, nosotros los humanos hemos venido aquí a disculparnos apropiadamente. -Ray repasaba sus palabras y las repetía en su idioma en voz baja, para rectificar que no hubiese ningún error.
- Despite existing another path to solve things the pacific way, we couldn’t find it on time. Sadly, the only one of us who knew about it, was blinded by hate and kept it hidden from the rest. – continuó, tomando un poco de confianza a medida que hablaba
- A pesar de que existiera otro camino para resolver las cosas de forma pacífica, no pudimos encontrarlo a tiempo. Tristemente, el único de nosotros que sabía sobre esto estaba cegado por el odio y lo ocultó del resto. – el pelinegro comprobó
- So, he went through with genocide and annihilated all of your kind. What’s worse! He was able to do so with a poison created using Mujika’s blood. I bet she couldn’t leave with the guilt… and that breaks my heart. – su voz temblaba, sus palabras fluían desde lo más profundo de su alma
- Así que, él prosiguió con el genocidio y aniquiló a toda su especie. ¡Lo que es peor! Fue capaz de hacerlo con un veneno creado usando la sangre de Mujika. Apuesto a que ella no podía vivir con la culpa… y eso me rompe el corazón. – el chico se sintió identificado con lo dicho
- We are deeply regretful, for everything. – Emma se sentó sobre sus piernas en señal de arrepentimiento, cerró sus párpados y comenzó a recitar - We apologize in stand for our former leader, for all the thousands of lives of innocent people he took away and will never ever come back. We apologize for not being fast enough, because even if we did found out the peaceful solution, it was already too late. We apologize for Mujika’s demise. If we would have known sooner about her condition, we definetely would have save her. That remorse will forever be weighting on our conscience. And finally, we are really sorry about the recent incident, we should have been more careful and we will from now on, so no more accidents like that one would ever happen again. – concluyó con sus disculpas y abrió por fin sus ojos.
- Estamos profundamente arrepentidos, por todo. – Cuando la chica se arrodilló, también lo hizo su pareja – Nos disculpamos por nuestro antiguo líder, por las miles de vidas de personas inocentes que tomó y que nunca jamás volverán. Nos disculpamos por no haber sido lo suficientemente rápidos, porque a pesar que sí encontramos esa solución pacífica, ya era demasiado tarde. Nos disculpamos por el fallecimiento de Mujika. Si hubiésemos sabido antes de su condición, nosotros definitivamente la hubiésemos rescatado. Ese remordimiento estará para siempre pesando en nuestra conciencia. Y finalmente, estamos realmente arrepentidos sobre el más reciente incidente, debimos haber sido más cuidadosos y lo seremos de ahora en adelante, para que ningún otro accidente como ese vuelva a ocurrir. – el chico también abrió los ojos tras repasar lo dicho
- We came here in peace, open to start a friendship between our villages, but first we wanted you to see your founder, Mujika, one last time and let her rest here among her people. We don’t deserve to have her after everything. – Emma se levantó y comenzó a caminar hacia la mencionada
- Hemos venido en paz, abiertos de empezar una amistad entre nuestras villas, pero primero queríamos que vieran a su fundadora, Mujika, una última vez y que la dejaran descansar aquí entre su gente. No merecemos tenerla después de todo. – Ray estuvo de acuerdo con esto, sus pecados cada vez le pesaban más en su espalda
- You can believe our words or not, just you know that we won’t fight against you, that’s the least of our intentions and if any of us ever breaks that promise, you are free to attack us and we won’t fight back since that’s what we deserve! – Emma hizo una declaración contundente que dejó a todos sorprendidos, incluso a los humanos
- Pueden creer nuestras palabras o no, solo sepan que no pelearemos contra ustedes, es la menor de nuestras intenciones y si alguien de nosotros alguna vez rompe esa promesa, son libres de atacarnos y no contraatacaremos, pues lo tendríamos merecido… – el joven suspiró
Ray llevó su mano a su rostro, cubriéndolo en señal de vergüenza. Su novia realmente era impulsiva, aquella era una declaración muy problemática teniendo en cuenta que Cislo y Norman aún no estaban convencidos del todo y lo que era más, no tenían ni idea de que era lo que había pasado con ellos. Aunque tenía que admitir, las caras de los demonios al oír esto le demostraban que había funcionado. La mayoría se encontraban reluctantes antes de todo, sin embargo, al Emma pronunciar aquella promesa con tanta firmeza y seguridad, los hizo flaquear.
“¿Realmente están dispuestos a correr ese riesgo por nosotros?” sea la pregunta que muchos de ellos debían estarse cuestionando.
Antes de lo previsto, uno de los ciudadanos se acercó a ellos y le extendió la mano. La joven se sorprendió genuinamente.
- Te creo. Lo he hecho desde aquel brindis que hice en tu honor. – al instante, Emma recordó al demonio
- Eres el dueño del bar de aquí, ¿no? – ella le brindó una sincera sonrisa y correspondió el gesto
- ¡Oh, te acuerdas de mí! Sí, así es. – terminaron el saludo y este continuó – A muchos nos agradaste sin hacer esfuerzo, no podemos imaginar que tengas malas intenciones. Lo podemos notar en tu voz, en tus expresiones… siempre eres transparente cuando hablas. Además, confiamos en el juicio de nestra fundadora, ella jamás dejaría su confianza en alguien que nos pudiera perjudicar. –
- Muchas gracias, en serio. –
Emma no lo había notado cuando se había acercado, a su lado ahora se encontraba otro demonio.
- Yo desconfié de ustedes después de lo que pasó, pero dado a los últimos acontecimientos les daré otra oportunidad. Me están convenciendo. –
- Yo aún no creo en su palabra, demasiadas coincidencias para que no fueran intencionales. Pero no voy a negar la entrada de nuestra fundadora, haremos su entierro aquí. Después ya veremos qué hacemos con ustedes. – hasta los que no creían estaban cediendo
- Opino lo mismo, centrémonos en nuestra fundadora por el momento. -
Y así, poco a poco todos iban dando su opinión. Era obvio que no todos creerían en ellos, mas el hacerle un funeral digno a la amada demonio, los unía. A los humanos solo les quedaba rezar para que después de este, todo se desenvolviera de forma tranqui la.
