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Lágrimas y flores para un amor no correspondido

Chapter 19: Buenas noticias y pizza caliente

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

—Parece que todo está en orden, Sugawara-kun.

—¿Significa que…?

—Sí, no queda ni una sola flor dentro de tus pulmones. Felicidades, oficialmente has superado el hanahaki.

Suga sonrió abiertamente y miró a Daichi quien, tan emocionado como él, lo abrazó eufóricamente, soltando un grito de júbilo que se mezcló con el suyo. La noticia se sintió como si hubieran ganado juntos las nacionales. Como si hubieran logrado el punto ganador contra el equipo más fuerte de la prefectura. Como si hubieran hecho el mejor bloqueo de la historia.

Koushi había esperado ese momento por mucho tiempo. Cada visita mensual al hospital había deseado escucharla, pero el hanahaki no era una enfermedad fácil de tratar, incluso si ya no se tenían razones para padecerla. Y él fue paciente, mucho. Usaba su inhalador y tomaba sus medicinas. Iba a sus chequeos y hacía sólo los esfuerzos suficientes como para no perder el aliento y no entrar en crisis. Y con el tiempo la mejoría había sido palpable; menos cansancio, respiración regular, recuperación de su peso normal, tez saludable y cabello fuerte. Pero no fue hasta que lo escuchó que se volvió real.

Había tenido que transcurrir un año para llegar a ese diagnóstico. Un año complicado por los cambios en su vida; nueva escuela, nuevo hogar y nuevo trabajo. No fue fácil, pero la mayoría del tiempo ni si quiera recordaba haber estado tan enfermo alguna vez. El haber pasado meses enteros escupiendo flores y sangrando al hacerlo se sentía como una pesadilla que con el paso del día se disolvió hasta desaparecer.

El médico sonrió contagiado por su efusividad y se puso de pie para despedirlos. Ambos muchachos le siguieron aún con unas sonrisas que bien podrían haber opacado al sol y salieron del consultorio agradeciéndole al hombre, no sin antes prometer que, si algo se complicaba, volverían. Aunque Suga estaba seguro de que no sería necesario.

—Esto tenemos que celebrarlo —dijo Daichi—¿Qué te apetece comer? Yo invito.

—Creí que tenías que volver a la academia después de esto —Suga respondió arqueando una ceja.

—Al diablo con la academia. Mi novio se ha curado por completo y quiero celebrarlo con él.

Koushi soltó una carcajada.

—¿Quién eres y qué hiciste con mi novio? El jamás se saltaría la escuela.

—Tu novio a veces puede ser rebelde también —le respondió un poco ofendido.

—Ajá. Como cuando… Y no olvides cuando… ¡Ah! Y cuando…

—¡Koushi!

—Bien, bien. Estoy jugando. ¿Por qué no vamos a mi apartamento y pedimos una pizza?

Daichi asintió y juntos tomaron el bus. Ninguno de los dos tenía la estabilidad económica para comprar un vehículo, pero Daichi estaba ahorrando para una motocicleta. Tampoco era que les molestara viajar en transporte público. Era lindo poder ir sentados juntos, acaramelados mirando por la ventana el pintoresco paisaje de Miyagi y haciendo gestos extraños a las personas que los miraban por demasiado tiempo con mala cara.

—Asahi escribió —dijo Suga entonces— Dice que podrá venir el próximo fin de semana para ver el partido de Karasuno. Me preguntó si podía quedarse en mi apartamento y le dije que era tan pequeño que era imposible que pudiera entrar por la puerta principal. Creo que lo hice llorar.

—Deja de molestar a nuestros amigos.

Koushi simplemente se encogió de hombros y cambió de tema.

—Vivir en Tokio no debe ser barato —reflexionó.

—¿Te gustaría mudarte allí? Al terminar la universidad, quiero decir.

—No realmente. Miyagi me gusta. Es tranquilo.

—Sí… Definitivamente vivir aquí no va contigo.

—Voy a fingir que no dijiste eso.

—¿Vas a decirle a tu padre? ¿Qué ya te dieron de alta completamente?

—Ugh, no me hables de ese hombre.

—¿Qué sucedió ahora? —preguntó Sawamura, ya demasiado acostumbrado a escucharlo quejarse de él. No que no tuviera razones, pero a veces…

—¿Recuerdas el dinero que estuve ahorrando para pagarle a Takeda-sensei todo lo que gastó en mí cuando me fui de casa?

—¿Y que en realidad era tu padre quien le daba ese dinero a sensei? Lo recuerdo.

—Pues le deposité a mi padre una parte de la cantidad total y me lo regresó, en un sobre, por correo. Es tan molesto. Además, el otro día que fui con la casera a pagar la renta descubrí que mi padre ya había pagado tres meses por adelantado. Le he dicho que no quiero su dinero, pero no me escucha.

—Bueno, pensé que ya sabías que esa es la forma en la que él demuestra que le importas.

—No sé de qué hablas.

Daichi torció los ojos.  Pero decidió no seguir hablando.

La relación de esos dos siempre había sido complicada. Koushi era demasiado expresivo con sus sentimientos y su padre todo lo contrario. Mientras al hijo no le costaba nada elogiar o decir te quiero, el padre era mucho más complicado y eso era lo que los mantenía en constantes discusiones. Sin embargo, desde que Suga había caído enfermo y había estado a punto de morir, su padre había cambiado un poco para mejor, sólo un poco. Pero parecía que su hijo aún le tenía un poco de rencor. Tampoco es que alguien lo culpara, no después de todo lo que el señor Sugawara había hecho. Lo que le había hecho a su familia.

Llegaron al apartamento veinte minutos después. Koushi no mentía cuando decía que era realmente pequeño, pero en su momento fue lo único que podía pagarse con sus ahorros de cuando consiguió su primer trabajo. No estaba mal cuidado y manteniéndolo limpio era realmente acogedor, pero aún esperaba poder costearse algo mejor en el futuro. Era verdad que la invitación de su padre para volver a casa aún estaba abierta, pero él no quería regresar. Aunque a veces era un poco complicado pagar la universidad y los gastos de vivir solo.

Daichi se quitó los zapatos y sacó el móvil para pedir la pizza —queso, jamón, tocino, piña y pimientos porque era la favorita de Koushi— mientras Suga ordenaba un poco. Cuando se desocuparon, ambos se sentaron alrededor de la mesita baja en una esquina de la habitación, simplemente esperando a que llegara la comida mientras charlaban de trivialidades y miraban la televisión.

—Kou ¿me prestas tu cargador? —preguntó Daichi en algún punto.

—Sí, está en ese cajón —respondió Suga distraídamente, cambiando de canal en la pequeña y vieja tv que un antiguo inquilino había dejado.

Estaba tan distraído que, cuando Daichi gritó, le hizo saltar.

—¿Qué ocurre? —preguntó poniéndose de pie, con el corazón latiendo fuertemente por el susto.

Pero Daichi no parecía lastimado, ni algo similar. Simplemente cerró el cajón rápidamente y se recargó en él, luciendo como si su madre hubiera encontrado el lugar donde escondía el porno, si en algún momento hubiera sido el tipo de chico que tuviera porno. Nunca lo fue.

—Nada —respondió y Suga frunció el ceño tratando de recordar qué era lo que guardaba en ese cajón además de del cargador.

El cargador, unos papeles de la universidad, unas medicinas para emergencias y…

—Oh… —dijo y soltó una carcajada. —¿Te dio vergüenza? —Le preguntó a su novio levantando una ceja. Daichi enrojeció hasta las orejas, pero no respondió—. Sólo son condones, Dai Dai.

—Sé lo que son —le respondió apartándose del cajón y dándole convenientemente la espalda para que no pudiera seguir viendo su rostro, pero Suga podía distinguir el enrojecimiento en sus orejas y su cuello.

Daichi se sentó y no le miró. Suga no podía desaprovechar esa oportunidad.

Delicadamente, Koushi se hincó a su espalda, colocando las manos en sus hombros. Tranquilamente acercó sus labios a su oreja y le preguntó:

—¿Y sabes para qué sirven?

Los músculos de la espalda de su novio se tensaron al tacto de su aliento y sus palabras. Suga no había pretendido eso, sólo había querido jugarle una pequeña broma que lo incomodara antes de explicarle que los habían regalado en la universidad como parte de una campaña de salud, pero de repente fue como si el aire se volviera más pesado, más difícil de respirar, una sensación completamente diferente a tener los pulmones llenos de flores.

El calor corporal de Daichi le calentó las palmas de las manos, y le aceleró el corazón al punto en que podía escucharlo latir en sus propios oídos. La actitud de Sawamura era contagiosa aparentemente y su propia broma había terminado por afectarle. Se sentía un poco ridículo, ambos eran adultos y habían hablado sobre eso, sobre ellos haciendo eso, pero aun así…

La mano de Daichi se posó sobre la suya y su piel se erizó. El excapitán giró el rostro y le miró directamente a los ojos. Estaban encendiéndose lentamente, como fuego cayendo del cielo en el fin del mundo. Fue emocionante. Como subir una montaña rusa por primera vez. Suga se preguntó si debía dar el primer paso, si tenía permitido avanzar.

Pero entonces Daichi dijo:

—No lo sé. ¿Por qué no lo averiguamos?

Koushi lo supo de inmediato, sentirse tímido no era una opción. Sawamura le miraba como si fuera a devorarlo vivo y él no quería ser una presa fácil. Había experimentado un montón de “primeras veces” con Daichi, pero de todas, esa se sentía mucho más intensa. Se sentía como conducir un auto a toda velocidad y ellos ni si quiera se estaban tocando todavía.

Suga no respondió a su pregunta. Simplemente le sonrió como se les sonríe a los compañeros de crimen. Daichi pareció comprender la señal y acarició su rostro con delicadeza. Las palmas de sus manos se sentían duras por los años de voleibol y los diferentes entrenamientos físicos a los que era sometido en la academia de policía. Fue un tacto firme que le hizo cerrar los ojos instintivamente.

Luego vinieron los labios, labios dulces y suaves contra los suyos. Aliento cálido con sabor al zumo de naranja que Daichi había tomado de su refrigerador. Un beso casi casto que duró apenas unos segundos antes de ser profundizado. La lengua del pelinegro abrió su boca de forma torpe que denotaba su falta de experiencia. No que Suga sí la tuviera, pero era fácil dejarse llevar.

Daichi giró el cuerpo para quedar frente a él sin dejar de besarlo y le sujetó de la cintura mientras el del lunar se aferraba su cuello, como si abrazarse en esa posición fue completamente natural. Un desastre de prendas que intentaban apartar sin éxito y alientos calientes que se mezclaban con respiraciones agitadas.

Nada que no hubieran experimentado antes entre ellos, pero esta vez, probablemente llegarían hasta el final.

Antes habían tenido que detenerse gracias a la enfermedad de Suga y su problema para respirar bien. El doctor no recomendaba las actividades físicas exhaustivas y el sexo, aparentemente, contaba como una. Habían tenido momentos perfectos y otros no tanto y aunque realmente no sentían que su relación estuviera incompleta y probablemente hubieran podido vivir sin hacerlo nunca, les gustaba como se sentía y les gustaba hacer sentir bien al otro.

Daichi le besó los labios, le besó el rostro y el cuello mientras lo recostaba en el cálido suelo de madera. Suga le acarició el vientre y el pecho y jaló un poco de su cabello negro deleitándose de la suavidad de sus hebras. Era extraño sentirte aprisionado entre un cuerpo pesado y una superficie, pero no desagradable, sino todo lo contrario.

Koushi gimió bajito cuando su novio le quitó la camiseta, despeinándolo todavía más en el proceso. Él, para no quedarse atrás, hizo lo mismo y se sintió lleno de paz cuando sus pechos desnudos se tocaron, encajando como dos piezas de un rompecabezas que habían estado perdidas.

El contacto de la piel fue ardiente, como una llamarada a la que alguien había alimentado con gasolina cuando sus ojos se encontraron. Ojos castaños que no eran exóticos o muy diferentes a los de la población promedio en japón, pero que para Koushi eran incluso más bonitos que cualquier otro color. Porque le miraban a él y sólo a él. Le miraban hasta el alma y le decían, le gritaban que Daichi quería eso tanto como él.

Y fue realmente un alivio. Porque por meses Suga había estado luchando contra la inseguridad de pensar que, tal vez, cuando estuvieran en esa situación, Sawamura se daría cuenta de que amar a un chico y tener sexo con él eran asuntos diferentes y él lo entendería, pero no por eso dejaría de ser un poquito menos doloroso sentirse rechazado.

Gracias al cielo no parecía ser el caso. Sawamura estaba duro como una roca y sus manos no denotaban una pisca de miedo al explorarlo, ni si quiera cuando acariciaba las partes que gritaban que no era una chica. Había escuchado de tantos hombres que se arrepentían de llegar hasta el final en experiencias con otros hombres que por un momento pensó que su mala suerte sería tanta que terminaría por pasarle.

Una vez que las dudas se disiparon, la mente de Koushi se sumergió completamente en la experiencia; en los pequeños choques eléctricos que sentía su piel cuando lo acariciaba, la forma en la que su sangre corría cuando le lamía en sus lugares sensibles y la manera en la que sentía que se derretiría cuando el pelinegro susurraba su nombre en su oído, pidiéndole más. Exigiéndole más.

Y él quería darle más.

Daichi colocó su mano sobre su entrepierna y lo masajeó de una forma que no fue suave, pero tampoco doloroso. Koushi soltó un jadeo que le hizo sonrojar y esconder su rostro en el huevo entre el cuello y el hombro de su amante. Aferró sus dedos delgados, a la espalda gruesa de su novio, sintió que podría venirse únicamente con ese roce, pero se negó a hacerlo, no sólo por dignidad, sino porque quería llegar al final.

Así que detuvo a Daichi y se abalanzó sobre él. No lo tenía planeado, en absoluto, pero la posición resultante fue más comprometedora que antes. Los pantalones aún se interponían entre ellos, pero sus glúteos rozaban descaradamente la erección de su novio quién lucía como si fuese a desmallarse en cualquier momento. Ambos parecían demasiado avergonzados como para decir una palabra, así que Suga hizo lo único que le pareció lógico; le besó.

Le besó usando su lengua, cosa que no hubiera hecho su hubiera tenido la cabeza fría, pero a Daichi realmente no pareció importarle, más bien le correspondió y hizo con su garganta pequeños gruñidos de placer que estimularon a Koushi. Era increíble la forma en la que ambos parecían tomar el mismo ritmo. En el voleibol, en su amistad, su relación romántica y parecía que en el sexo también.

—¿Está mal si digo en voz alta lo mucho que quiero joderte?

Dijo Daichi, voz ronca y profunda que hizo que todo en Suga se encendiera al punto de carbonizarse. La frase ni si quiera había sido tan sucia o vulgar, pero era la primera vez que Sawamura usaba ese tipo de vocabulario y, mierda, fue realmente ardiente.

Y tal vez Koushi, le hubiera dicho lo mucho que quería que le jodiera, si no hubieran llamado a su puerta.

Daichi se dejó caer sobre el suelo de madera soltando un suspiro de frustración. Koushi, por su parte cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire, esperando que eso fuera suficiente para despejar su mente. No lo fue, sin embargo. Quería mandar al diablo al que seguramente sería el repartidor de pizzas.

—Vamos Kou, tienes que abrir. Es el repartidor—dijo Daichi, como quien no quiere decirlo, pero debe hacerlo sabiendo que nadie más lo hará.

—¿De verdad tengo que? —preguntó como si le doliera físicamente la sola idea de dejar a medias lo que ya habían comenzado.

—Sería grosero no hacerlo —intentó razonar con él. Porque esa era la clase de novio que era Daichi y a Suga le gustaba la mayoría del tiempo, pero no en ese preciso instante.

—Bien —se rindió poniéndose de pie, dolorosamente duro— Bien. —repitió sólo para convencerse a sí mismo. Pero no sirvió de mucho.

Entonces, antes de que lograra apartarse lo suficiente, Daichi lo tomó suavemente de la mano y lo jaló para depositar un pequeño beso en sus labios y decir:

—Después de comer. No vas a escapar. 

Y su sonrisa fue una promesa.

Suga le sonrió de vuelta, una sonrisa cómplice que decía más que cualquier palabra; lo estoy esperando, ven por mí, el que no va a escapar eres tú. Y se levantó. De repente, el tener que esperar ya no se sentía como una tortura, sino como una expectativa que se elevaba conforme pasaban los segundos. Un factor que le agregaba sabor a la espera y que hacía que el cuerpo entero le hormiguera de anticipación.

Cuando el repartidor le entregó su pizza, él ya se había colocado una camiseta y había logrado disimular su erección con una buena propina y una disculpa rápida —casi fingida— por haberlo hecho esperar. Al entrar, Daichi ya había terminado de poner la mesa y el único rastro de lo que había pasado quedó en su cabello comúnmente arreglado y ahora hecho un desastre. Ambos disfrutaron su pizza y una soda con una tensión nueva entre ellos. Una que no tardarían mucho en resolver.

Notes:

Hola a todas. Muchas gracias por haber leído Lágrimas y Flores y una disculpa por haber tardado en actualizar tanto tiempo, no sólo este capítulo. Realmente me divertí mucho escribiendo esta historia. Trabajar la personalidad de Suga es complicada y me costó bastante trabajo imaginármelo deprimido. Espero haber hecho un buen trabajo <3 Gracias a todas las personitas que siempre estuvieron aquí comentando la historia, de verdad que eso fue lo que me ayudó a seguir adelante con ella.

En fin, espero que les haya gustado. Mi siguiente fic será del fandom Sky8 The Infinity, así que tal vez quieran darle un vistazo.
Un fuerte abrazo y gracias una vez más.

Notes:

Hola a todos, esta es la primera historia que hago para el fandom de Hiakyuu, así que estoy un poco nerviosa jaja. Espero haber plasmado la personalidad de los personajes de manera correcta y que ustedes disfruten de este trabajo tanto como yo estoy disfrutando escribirla. Sé que el Daisuga no es tan popular como el Kagehina, pero para mí son una de las ships más adorables. 

Esta historia va a contener bastante de angst, pero probablemente tendrá final feliz... Probablemente. Con el hanahaki nunca se sabe. 

En fin. Si eres de las personas que me seguían por el Drarry o el Asheiji y te decepcionó saber que este proyecto no era de ninguno de esos fandoms me disculpo jaja Pero espero que también puedas apoyar éste (?