Chapter Text
Las protecciones alrededor de la casa vibraron ante la aparición del invitado y Tom agitó su mano para levantarlas. No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera y unos ojos castaños recorrieran el lugar con curiosidad. Lo había estado esperando por un tiempo.
– Es bueno verte otra vez, James – Tom se asomó por uno de los pasillos y observó divertido la expresión incrédula del joven.
Oh cierto, aquella era la primera vez que veía su rostro.
– l–lo mismo digo – James se apresuró en contestar, mientras un tono rosado coloreaba sus mejillas. Avergonzado por habérsele quedado viendo por más de la cuenta.
– Siéntete como en casa, deja tu bufanda y túnica en el armario, te dará calor si las usas aquí dentro – señaló.
Había adquirido esa propiedad un par de años después de dejar Hogwarts, pensando en que podría convencer a Dippet y volverse maestro en un corto periodo de tiempo. Lastimosamente, eso nunca sucedió, por lo que la casa quedó vacía y sin uso, hasta hace poco. Unos cuantos hechizos de limpieza y estaba como nueva. ¿Por qué hacer todo por sí mismo? No podía sentirse cómodo usando elfos domésticos. No le gustaba que otras criaturas hurgaran en sus cosas.
Observó a James guardar la ropa en el armario y sus ojos se oscurecieron parcialmente.
La familia Potter poseía una gran riqueza e influencias, pero lastimosamente, estaban fuertemente arraigados al lado de la luz y de Dumbledore. Fleamont, como jefe de Aurores, era especialmente molesto. No había forma de tentar a alguien cuyos valores pesaban más que el dinero y su vida. Así que solo quedaba ir tras el siguiente en la línea. Su hijo, James.
Joven e inexperto, era un objetivo fácil de manipular si se usaban las palabras correctas.
Era importante para su causa tener a la mayor cantidad de familias de su lado una vez que la verdadera lucha comenzara y los Mortifagos sacaran su estandarte a la luz. Perder toda una estirpe de sangres pura como los Potter, sería lamentable.
Por eso tomó el trabajo él mismo. Ya que no confiaba en que sus subordinados tuviesen la paciencia y el tacto suficiente para lograrlo.
– ¿Tienes hambre? – James negó con la cabeza.
– Comí antes de venir – respondió a Tom.
– Vamos entonces – hizo un ademan para que James lo siguiera a una puerta de madera blanca, que daba a una escalera que bajaba a un sótano. Una serie de fuegos fatuos iluminaron el camino.
James no dudó en seguirlo y eso hizo que Tom internamente sonriera. Cualquiera con algo de sentido común dudaría al entrar al sótano de alguien que apena si conoce, pero Potter lo seguía tan obedientemente. O era estúpido o ya confiaba demasiado en él.
Cuando James vio el amplio y costoso laboratorio que había bajo la casa pensó que Quejicus lloraría de envidia si lo viese. Había calderos de distintos tamaños, formas y materiales dispersos en ocho mesas. También tres armarios grandes llenos de frascos con diversos ingredientes, algunos tan caros como cuerno de unicornio en polvo o tan raros como unos ojos con doble pupila que aun parpadeaban… James preferiría olvidar ese detalle.
Un libro voló a las manos de Tom. Era una copia de su libro de texto de aquel año.
– Supongo que ya comenzaron con el Filtro de Paz – mencionó Tom mientras ojeaba el libro.
– Si, por ahora no hemos comenzado a prepararla, Slughorn ha insistido en repasar la teoría.
– cualquier error en la elaboración de esta poción podría causar al que la beba un sueño del que no podría despertar, repasar lo sabido no está de más – con un movimiento de su mano, múltiples frascos fueron depositados sobre una de las mesas.
Cuando James lo vio se sorprendió aún más. ¡Era magia sin varita!
¿Qué tan poderoso debe ser Tom para lograr eso y además tan fácilmente?
El de ojos castaños sintió un nuevo nivel de admiración por su amigo.
Por el brillo en los ojos del menor, Tom sabía exactamente que estaba pensando incluso sin necesidad de legemancia. La esquina de su labio tembló ligeramente.
Durante los siguientes noventa minutos Tom procedió a realizar la poción según las instrucciones del libro, aconsejando a James en los puntos clave, como a que dirección se debía revolver según los ingredientes, detallando cada color hasta que la poción se tornó blanca y emitió un vapor plateado, que indicaba que al fin estaba lista.
Cuando llegó el turno de James, no pasaron ni quince minutos para que las cejas de Tom tambalearan.
¡¿Acaso ese muchacho no había escuchado nada de lo que le dijo?!
No solo había dejado caer demasiado polvo de ópalo en el caldero, ahora estaba revolviendo tan bruscamente que algunas gotas ya habían saltado hasta la mesa.
Tom no quería limpiar el desastre en caso de que la poción estallara. Así que, posicionándose detrás del joven, tomó la mano de James y sin dejar de revolver comenzó a guiarlo de una forma más lenta.
– No es una carrera, debes ser suave y gentil con tus movimientos, la poción no ira a ningún lado – le recordó – así, muy bien, no tengas los hombros tan tensos, es solo el movimiento de la muñeca.
– c–creo que puedo yo solo – a Tom no le pasó desapercibido el ligero desliz en el habla de James.
– Bien.
Se apartó y notó como las orejas del menor estaban de un color rojizo. Una reacción interesante.
Algo burbujeó en su interior, llevándolo a amedrentar un poco más a James.
Un toque en la mano, un susurro cerca del oído. James estaba especialmente consiente de su presencia. Realmente era solo un niño.
Tom se apartó para dejar que James continuara el proceso en soledad.
Al final de la tarde, James tenía un caldero con un líquido de color azul claro. No era el color correcto y el vapor emitía un ligero aroma a regaliz cuando se dispersaba por el aire. Aun así, era un primer buen intento, o eso hubiera dicho su madre, pero Tom no era su madre.
James descubrió otra faceta del joven. Su perfeccionismo para todo.
Aquella mirada que le dio a su poción hacia a James recordar las miradas que McGonagall les daba a ellos cuando las copas aun saltaban como ranas. Aun así, mantuvo la calma y luego de un par de consejos y un libro extra bajo el brazo, lo dejó ir.
– 0 –
Una vez dentro de su dormitorio, James decidió darse una ducha para eliminar el olor a regaliz de su cuerpo, era desagradable y se había pegado incluso a su ropa. Probablemente Tom tuviese los mismos problemas con sus propias prendas.
Tuvo un ligero sobresalto cuando pensó en Tom.
No pensó que su nuevo amigo sería tan guapo – joder – era injusto que alguien tuviese un rostro así de perfecto, además era muy hábil con la magia, incluso sin su varita. Con alguien así ¿Qué cara quedaba para los demás hombres?
Luego de pasar toda la tarde en el sótano de Tom estudiando, James no tenía ganas de salir del dormitorio. Por lo que se vistió con su pijama y se sentó en su cama, comiendo algunas galletas que había tomado de las cocinas en su camino de regreso.
Cuando se sentó en la cama, sintió algo duro debajo de él. Había olvidado sacar el libro que le dio Tom de entre sus túnicas.
Miró alrededor. No parecía que sus amigos volvieran pronto. Al menos Sirius no regresaría hasta pasado el toque de queda y probablemente arrastre a Peter con él. Remus tenía sus deberes de Prefecto. Y él, no tenía nada que hacer realmente.
El libro se titulaba “Guía para principiantes e Intermedios, el misterioso mundo de los brebajes y pociones” Un título bastante largo en su opinión. Pero lo entendió una vez que se fijó en el autor. Tom Riddle.
Y al parecer no era el único. Al parecer era un conjunto de tres libros ligados solo a las pociones.
Tom realmente era muy inteligente (cerebrito) si había escrito todo ese libro él solo. Pero, no había escuchado de él antes, tampoco lo había visto en las tiendas de libros, aunque si era sincero, realmente no se fijaba en nada que no tuviera “Quidditch” en el título.
Abrió la primera página y poco a poco comenzó a sumirse en las palabras. Estaba escrito en un lenguaje sencillo de entender y estaba acompañado de unas ilustraciones muy bien hechas que acompañaban a los pasos de cada poción, incluyendo sus efectos. Por primera vez en su vida, se sintió intrigado por algo que no fuesen los deportes y defensa.
– ¡Ha llegado el Rey, perras! – del susto, a James se le escapó el libro de las manos hasta el suelo. Ni siquiera recordaba en que página había quedado.
Miró a Sirius con frustración y sorpresa. Luego miró hacia la ventana donde el cielo ya estaba oscurecido. ¿Cuánto tiempo había estado leyendo?
– ¡Cornameta! ¿Dónde te habías metido? Logré escapar antes de mi castigo y fui a Hogsmade a buscarte, pero no te encontré en ningún lado, espera, ¿y ese libro? ¿Estabas leyendo? ¡No puede ser! ¡¿Remus al fin logró lavarte el cerebro?! ¡Vuelve amigo! ¡No caigas en el lado oscuro! – gritó mientras sacudía al joven castaño por los hombros.
– ¿Quieres cerrar la boca, Sirius? Vas a despertar a toda la torre con tus gritos – Remus había llegado y detrás de él, Peter saludó.
– ¡Malvado! – Se dirigió ahora a Remus – ¡al fin lo hiciste! ¡Lunático ha convertido a Cornamenta en un come libros!
– No seas dramático, Canuto, es solo un libro – bufó James.
– ¿De qué es el libro? – preguntó Sirius.
– Pociones.
– ¡Noooo! – Sirius se arrodilló llorando y golpeando el suelo de piedra con sus puños, gritando como si le hubiesen asesinado al amor de su vida.
Remus estaba comenzando a considerar golpearlo con “Historia de la Magia” con tal de callarlo de una buena vez.
James rodó los ojos.
Peter recogió el libro del suelo y lo miró con curiosidad, para luego dárselo a James.
Remus dejó de lado al perro dramático y se acercó a James con curiosidad por el libro que al fin había hecho que su amigo se interesara en estudiar.
– Tom Riddle… nunca había escuchado un escritor con ese nombre – mencionó – ¿de dónde lo sacaste?
– Un amigo me lo dio – respondió escuetamente.
– ¿Puedes prestármelo cuando lo termines? No he visto ejemplares de ese libro ni siquiera en la biblioteca del colegio – la sed de conocimiento de su amigo era de sus rasgos más notables.
James aceptó prestárselo una vez que lo terminara. No creía que a Tom le molestara, ya que, de todas formas, iba a conocerlos dentro de algunas semanas.
– ¿Soy yo o aquí huele a regaliz? – comentó Peter.
– 0 –
Una semana después, James se sentó junto a Sirius en su banco del salón de pociones. Podía ver a dos lugares de distancia el cabello rojo sangre de Lily, quien reía cómodamente junto a Quejicus. James gruño por lo bajo, mientras que por su mente pensaba en mil y una formas de hacer a la serpiente miserable, pero luego pensaba en Tom y en su rostro decepcionado y un malestar aparecía en su estómago.
Slughorn al fin hizo su aparición y reveló que por fin harían el filtro de paz.
Y como no podía faltar, Slughorn prometió un premio a aquel que hiciera la mejor opción, un bocado de suerte liquida.
La emoción de la competencia se vertió en todos ellos, incluso Sirius no podía negar lo tentador que era el premio.
Tenían noventa minutos para completar la tarea, luego de que eligieran al ganador, debían embotellarlo y dejarlo en el escritorio del profesor para que fuera evaluado.
Cuando la cuenta regresiva comenzó, James procedió a verter el polvo de Ópalo con cuidado en el agua. No estaba nervioso, ya había preparado la poción antes. En su segunda visita al sótano había logrado preparar una poción decente de un tono lechoso y luego había continuado leyendo el libro que Tom le había dado. ¡Podía hacerlo!
Los minutos pasaban y los calderos emitían colores diferentes.
Y entonces, el reloj de arena llegó a cero.
– Todos dejen sus calderos, se acabó el tiempo – dijo Slughorn.
Hubo algunos gimoteos de decepción alrededor de la sala. Entre sus compañeros, había quienes estaban resignados a lo que les salió, otros parecían estar a punto de tener un ataque de pánico y así sucesivamente.
Sirius miró con desgano su poción azul y luego miró hacia el caldero de James, quedándose sin palabras.
Slughorn pasó por los distintos puestos, revisando los contenidos de cada caldero. Hasta que llegó al puesto de Snape y Lily, a quienes sonrió.
– Bien hecho muchachos, en especial usted señor Snape, me atrevería a decir que su poción es correctamente funcional, diez puntos para Slytherin – felicitó radiante – en cuanto a usted, señorita Evans, estuvo cerca, pero tal vez deba aumentar un poco más la intensidad de la flama la próxima vez.
– Gracias por el consejo, señor.
Continúo revisando los demás puestos, aunque con menos entusiasmo, pues ya había visto la poción del dotado del semestre. Así que realmente no le tenía fe a los demás, pero igual daría una que otra felicitación, después de todo, había estudiantes bastante competentes.
James estaba sonriendo cuando Slughorn llegó frente a él. No hace falta decir que la cara consternada del profesor de pociones fue realmente divertida.
– Es perfecta… ¡es realmente perfecta! Incluso más que la del señor Snape – su consternación se transformó rápidamente en emoción – ¿está bien que me lleve un poco para mi botica personal?
– No hay problema, profesor – James no ocultaba su orgullo. ¡Había trabajado duro esas dos semanas! ¡Podía ser tan arrogante como quisiese!
Snape no podía creer lo que estaba escuchando. ¡¿El cerdo de Potter realmente había hecho una poción mejor que la suya?!
– Siga así señor Potter, oh cierto, quince puntos para Gryffindor por el excelente trabajo – entonces suspiró – es bueno ver que el talento para pociones de los Potter no se ha perdido realmente, Fleamont era tan hábil para las pociones como para los duelos. Ah. Todavía recuerdo esos días. Impresionante. Simplemente impresionante.
Cuando terminó de revidar los calderos, el ganador fue claro.
James recibió felizmente el Felix Felicis y lo guardó en su mochila. Slughorn continuó alabándolo y diciendo que de seguir así, seria recibido gustosamente en el Slug Club.
La clase terminó y los merodeadores pronto se retiraron. No hicieron un escándalo con el asunto, habían visto como James estudiaba el libro arduamente, por lo que no dudaban que la poción era enteramente por su trabajo.
– Debiste ver la cara de Snape, Cornamenta. Prácticamente estaba verde de envidia – se reía Sirius.
– ¿Fue así? diablos, me la perdí – sonrió de lado mientras jugueteaba con el frasco dorado entre sus manos.
– Además, la pelirroja no dejaba de mirarte – Sirius le guiñó el ojo.
Estaba gozoso. Su esfuerzo había valido la pena. Pero realmente no podía esperar para contarle a Tom.
– 0 –
Cuando llegó el siguiente sábado, James apareció delante de la casa de Tom de muy buen humor. Las protecciones pronto cedieron para dejarlo entrar.
Tom lo esperaba sentado en uno de los sillones de la sala de estar. Estaba bebiendo una taza de café mientras revisaba unos papeles de aspecto importante. Le recordó un poco a su padre mientras trabajaba en su propia oficina en casa. Incluso tenía esa misma expresión de cansancio.
– Hola, Tom – saludó luego de colgar su bufanda – ¿está todo bien?
– Hola, James, si, solo algunos problemas con la administración de algunos activos importantes, puedo resolverlo.
– Tuve mi examen de pociones hace unos días y ¿Qué crees? Fui el mejor de todos, incluso superé a Snape – dijo orgulloso.
– Eso está muy bien – dejó los papeles a un lado para acercarse al chico – pero recuerda, el filtro de paz es solo el primer escalón, aun te queda un amplio camino por recorrer. Pero creo que no es lo único que tenías que decirme.
– Solo pensé que, de no haber sido por tu ayuda no habría podido hacerlo – tosió y metió la mano en su bolsillo, sacando el frasco con liquido dorado.
Tom abrió ligeramente los ojos al reconocerlo.
– Slughorn me dio esto por ser la mejor opción, pero tú me ayudaste a hacerlo, eres realmente un buen maestro, Tom, así que esto es para ti – extendió el frasco hacia Tom, quien lo tomó entre sus dedos largos y delgados. James pudo sentir una vez más la frialdad de estos cuando sus manos rozaron – además, podría ser de más utilidad para ti.
Tom miró el frasco y luego a James. Soltó entonces una pequeña risa.
– Ustedes los Gryffindor son realmente son únicos – comentó.
– ¡Hey! ¡¿Qué quieres decir con eso?!
El mayor solo sonrió, mirándolo fijamente con esos intensos ojos azules. Entonces Tom cerró la distancia entre ambos, depositando un beso en la mejilla del castaño. James pudo sentir como los suaves labios de Tom rosaban la comisura de sus propios labios y se congeló a la par que el calor comenzaba a subírsele al rostro.
– A partir de la próxima semana, puedes traer a tus amigos aquí – dijo suavemente, dando un paso hacia atrás algo rápido. Guardo el frasco en su propio bolsillo con renovado ánimo.
– oh… ¡oh! ¡Eso es genial! – James tardó unos momentos más en reaccionar, pero estaba realmente feliz. Por fin podría presentarle a Tom a los merodeadores.
