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III
¿Qué te mantiene volviendo a aun mismo sitio?
Khada Jhin.
Rápidamente Jhin se encontró a diario en la misma azotea. Siguiendo con su mirada cada paso que su víctima daba. Sabía cosas.
Sabía qué prefería tomar el té con la mano izquierda mientras que el café optaba por degustarlo desde su mano derecha. Sabía que prefería las duchas calientes antes que las frías. Sabía que en cada ocasión, al terminar una de sus pinturas, se encontraba limpiando sus lágrimas inevitablemente.
E inevitablemente él deseaba hacerlo por ella.
Pero Jhin no tenia suficiente con solo mirarla desde el edificio, no. Así que un día se fijo exactamente a donde iba Leah durante el resto del día, un trabajo, en una pequeña cafetería dentro del centro.
Habían ciertos lugares en los que Jhin podía camuflarse.
En una multitud por ejemplo, mientras Leah esperaba el metro hacia su colonia.
Entre las sombras de los carriles la podía observar mientras revisaba su móvil, mientras charlaba con una compañera de su trabajo, mientras tomaba un café.
De repente, observarla en la oscuridad comenzó a perder sentido... si esos ojos café no le miraban de vuelta.
Jhin comenzó a acercarse súbitamente, cambiando de habitación en el edificio de enfrente hasta llegar a la azotea. Piso tras piso, donde se podía visualizar el total departamento de la chica.
Un día mientras ella trabajaba decidió acercarse hasta dicha habitación, donde se tomó la libertad de observar la ropa de Leah, sus dibujos y pinturas, su gato que reposaba pacíficamente sobre la cama. Incluso sintió el calor de la cafetera chocar contra sus robóticos dedos al entrar en contacto.
Tratar de entender a su presa le era complicado, así que consideró acercarse mas.
...
La primera vez en que cruzaron miradas fue gracias al inmenso ventanal que funcionaba como pared entre el disfuncional departamento, la abandonada calle y el edificio en ruinas donde Jhin la había observado por ahora días.
Quince, para ser exacto.
Ella se detuvo abruptamente frente al ventanal: mano sobre su pecho, pulsaciones aceleradas y labios entre abiertos.
"Encantadora" pensó Jhin.
Y así como el pensamiento vino y fue, así llegó otro:
"¿Como podría escucharme?"
"¿Acaso mi voz no sería aterradora?"
"En primer instancia, de mal gusto."
Leah Huggs
Durante días Leah tuvo el extraño sentimiento de sentirse observada, en su casa mientras preparaba café, o tomaba una ducha, o pintaba junto a su gato,
Durante su empleo, mientras esperaba el metro, incluso cuando solo se sentaba en una plaza a tomar su almuerzo.
¿Andaba algo mal con ella? Desde la muerte de Carmine nada había sido igual, y se decía a si misma que probablemente se debía al impacto emocional que seguía reciente pero, después de dos semanas no había excusa que cubriese ese sentimiento de incomodidad.
Sentía una mirada fría sobre ella, como la de un fantasma.
...
Habían sucedido cosas buenas desde la muerte de Carmine, una de ellas era que ya no debía molestarse en pagar la deuda de su apartamento pues el anterior dueño había muerto, ahora era suyo. Le alegró saber que al menos eso había conseguido durante su vida aunque no por si sola. Eso el Sr Pok, su gato.
Una tarde, mientras leía su correspondencia se encontró con un resplandeciente brillo proviniendo de la azotea del abandonado edificio que quedaba a pocos metros del suyo. Brillaba tan fuertemente que sus ojos tardaron unos segundos en ajustarse a ello.
Cuando dilucidaron el origen de dicho resplandor, un recuerdo volvió a su mente: Un arma brillante apuntando hacia su cabeza, misericordia, y soledad.
El asesino de Carmine le miraba fijamente desde el techo de enfrente, firme, con su mano derecha sosteniendo el brillante arma al costado de su pierna.
"¿Puedes entender el lenguaje de señas?" - Leyó de sus manos antes de poder evitar mas contacto visual con él. ¿En que momento soltó el arma? ¿Qué acababa de pasar? Por un momento creyó que su vida pendía de un hilo y de repente, ya no.
No, Leah no sabia lenguaje de señas, podía entender algunas cosas pero no sabia hablarlo.
"Escribe" pensó, y así tomando su bloc de bosquejos trazó en un papel.
"No, pero puedo aprenderlo." - Tal vez aquel sujeto era sordomudo, por eso no obtuvo respuesta ese día, y avergonzada pensó en lo ridícula que debió verse al hablar y esperar una respuesta de alguien que no podía hablar.
Jhin sonrió.
Y por supuesto: ella no lo vio.
Antes de poder interactuar nuevamente, Leah presenció como el extraño sujeto volvía a su posición anterior, como si algo le preocupase. Y así, con una agilidad casi inhumana Leah lo observo saltar desde la parte posterior del edificio, de espaldas a ella.
Esa noche, Leah cerró las cortinas, y se aseguró de cerrar el balcón.
Sin embargo poco descanso pudo conciliar esa noche, dueño de sus pensamientos el sujeto de la extraña apariencia.
Repasaba la imagen en su mente, probablemente era una de esas extrañas cosas tecnológicas que Ciudad Central tenía, quizás ni siquiera vida poseía. ¿Era un chico? ¿O un robot? No importaba cuanto lo pensara, debía salir de sus dudas a como diera lugar.
Khada Jhin.
Al día siguiente, antes de llegar a la azotea Jhin dilucidó a Leah en el ventanal, con la vista fijada hacia su dirección.
¿Le esperaba?
Algo dentro de sí se removió. Volvió a maldecir en sus adentros aquel fragmento que parecía disfrutar de sus dudas existenciales. Dudas que normalmente no tendría si hubiese asesinado a su presa ese mismo día en que observó esos ojos café.
Al no asesinarle, se condenó a si mismo.
Se preguntaba entre las infinitas noches que la observaba durante su rutina, cuanto se le permitiría este placer culposo que había descubierto en ella. Cuando alguno de sus incontables enemigos lo supiera, Leah moriría.
El sentimiento de perderla se retorció en sus adentros. Pensar que puede morir en otras circunstancias y no bajo uno de sus disparos le llenaba de furia. Era suya. Su presa.
Tenia que hacer algo.
Pero no hoy.
Al aterrizar en el punto donde usualmente se quedaba de pie a diario, los ojos café que tanto anhelaba ver se llenaron de vida inmediatamente. Tan rápido como pudo, parpadeó un par de veces y sus manos fueron elevadas hacia su tórax, donde comenzó a emular una serie de signos progresivos.
"Hola. Esperaba verte una vez más." - ¿Había aprendido el lenguaje de señas? ¿Acaso los humanos tenían microchips aceleradores de aprendizaje incorporados como él?
Jhin creyó sentir un escalofrío correr por su artificial columna. ¿Acaso poseía una falla eléctrica tenue y acababa de hacer circuito?
Muchas preguntas, pocas respuestas.
"No deberías." - Gesticuló tan rápido como pudo con sus dedos. Solo había pasado un día, pero ella al parecer había aprendido el lenguaje.
"Lamento si mis símbolos salen mal. Lo intento."
"Intentarlo es válido. El éxito en tus metas depende de que tan duro trabajes en ello."
Nuevamente su ser interno le hizo chillar sus dientes. Esto estaba mal.
"Gracias."
El silencio reinó entre ambos, solo para luego ser registrado en el visor del asesino un ligero movimiento seguido de otro, y otro más, una sonrisa, un baile.
Leah estaba bailando, de forma torpe y descuidada Jhin podría decir, pero sonreía en el proceso. Expresiones relajadas, ritmo cardíaco pasible. Estaba siendo feliz.
"Por qué se supone que bailas."
Leah se detuvo. Apartando cabellos de su rostro pero manteniendo aún así la sonrisa, respondió.
"Para ti."
Jhin rodó sus ojos hasta dejarlos en blanco. ¿Lo estaba acaso convenciendo de no finalizar su cometido? Era inútil.
No por falta de impulsos.
Ni del deseo.
"No logrará distraerme de mi objetivo final."
Aún así, la sonrisa de Leah no desapareció.
¿Estaría rota acaso? E inmediatamente Jhin quiso retractarse de sus palabras. Leah ahora preguntaría sobre "su objetivo final" y para ser honesto con si mismo, era una pregunta que no deseaba responder.
Contrario a las máquinas, los humanos podían ser engañados.
"¿No sabes quien soy?" - Preguntó ante la clara ausencia de palabras. No sabía si por falta de contexto, o entonces por no saber cómo responder. Jhin testeo las aguas.
"No eres un tipo bueno."
Bien, Jhin asintió a sus palabras, notando una leve hesitación en Leah antes de proseguir.
"Tampoco eres malo."
Jhin tronó sus nudillos, liberando un poco de su exasperación antes de proseguir.
"Tal vez debí presentarme con anticipación."
Leah alzó sus hombros y los dejó caer en signo de liberación antes de responder.
"Conozco al sujeto que no me asesinó en el callejón."
Eso fue todo para Jhin, quien en un leve truene de muñeca conectó su matriz con las bocinas donde anteriormente Leah escuchaba música.
Y así, habló.
"No. No conoces nada sobre mi. No conoces como asesino gente, como disfruto dejar sangre a mi paso. Como no te he asesinado, porque considero que eres una distracción digna de conservar lo suficiente hasta atraer alguno de mi infinita lista de presas, que eventualmente han de perecer, bajo mi arma. Al igual que tú."
A medida que la voz inundaba la sala, la sonrisa de Leah poco a poco fue desapareciendo. Jhin incluso aseguraría que registró el momento exacto en que dio un pequeño salto, al su voz sonar.
Ojos desorbitados.
Miedo.
Pero por algún motivo, Jhin no se sintió reconfortado ante la reacción de su presa.
Desvinculado de las bocinas, observó cómo lentamente el miedo se transformó en decepción. Decepción en cansancio y eventualmente, en nada.
Antes de que su mente pudiese registrar lo que quería gesticular en señas. Incluso antes de que si quiera pensara en hablar con señas y no con palabras nuevamente, Leah se giró.
Jhin visualizó la sombra café desaparecer entre la multitud de cabellos castaños que ahora cubrían casi en su totalidad el cuerpo de su presa.
Mano sobre el interruptor. La sala se volvió completamente un lugar oscuro.
Sin la ayuda de su mascara, todo lo que Jhin pudo ver gracias al reflejo del vidrio fue a si mismo. Sus instintos le dejaron saber que su presa buscaba refugio, en la oscuridad, buscaba no ser vista, perderse entre la seguridad de su hogar.
Pero... ¿Lo estaba?
Enviando la señal a su centro, la visión nocturna de su mascara le permitió ver más allá de la oscuridad.
Estaba en su cama, cubierta por su sabana.
Eventualmente, en calma.
Jhin se permitió observarla por unos cuantos minutos más.
Los minutos se convirtieron en horas.
Y las horas hubiesen transcurrido de no ser porque la solicitud de un nuevo trabajo apareció en su campo de visión. Así como la voz escandalosa de su IA.
"400.000 piezas. Y un cubo."
"Buenas noches, Lullaby" - Gesticuló lentamente con sus manos, casi con la misma delicadeza en que le hubiese susurrado esas palabras a un niño, para posteriormente abandonar la terraza.
Si tan solo fuese una mejor persona.
Y si tan solo Leah lo hubiese visto.
