Actions

Work Header

Crusheando

Chapter 6: Ser impulsivo male sal

Summary:

El otro abraza su cuello y se aferra a su cabello.

—Quisiera ser tu silla —murmura Jean, besando su cuello.

—¿Eh?

—Para que te sientes en mí todos los días.

Notes:

si llegaron hasta, los felicito ahre

esta los últimos dos caps (este y el anterior) vienen cortesía de mi salida de un bloqueo, por eso son chotísimos jaja ey, pero las risas no faltaron(?

estoy un toque tipsy y tengo sueño, así que ehhh vayan a seguirme a tuiter, seguro aparece el link al final y sino, soy jearmimi

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Ymir es una novia demasiado buena. Deberían darle un premio. 

Cada vez que Historia empieza alguna dieta, comienza a ir al gimnasio, lo que sea, ella le hace la segunda. Como ahora, que se propuso tomar mínimo tres litros de agua en el día.

El resultado de esto es que ahora Ymir va al baño un aproximado de cinco veces por hora. Podría mentirle y decirle que está tomando el agua cuando en realidad la tira, pero no es tan mala. 

Igual, va a pasar a tomar dos litros en lugar de tres porque, dale, a cada rato se está meando.

Lo importante de esto es que cada vez que va al baño, pasa por los cubículos de Porco y Reiner. Le dan asco. Demasiado empalagosos. Siempre está uno en el cubículo del otro hasta que Armin se da una vuelta y ambos fingen estar trabajando.

Y ni siquiera es como si estuvieran haciendo algo, no, solo están ahí, tirándose miradas, haciéndose comentarios de doble sentido. Ugh.

—¿Por qué pasás a cada rato por mi cubículo? —cuestiona Porco cuando están almorzando—, no vas a decir que es porque vas al baño, ¿no?

—No, ni ahí, es que me encantan las arcadas que me dan ustedes cada vez que los veo.

—¿Tan seguido vas a mear? Eso no es bueno —agrega Jean frunciendo la nariz.

—Estoy tomando más agua, por eso, pero volviendo a lo otro —se gira a Porco, que tiene la boca llena de fideos—, ¿podrías dejar de geder con Reiner?

Él ríe—, ¿qué? ¿Te da envidia?

—Terminá de tragar —reprende Jean.

—No me da envidia, me dan asco y vergüenza ajena.

—Envidiosa —repite y sus ojos se desvían de inmediato cuando ve a Reiner entrar a la cocina—. Hola.

—Hola —devuelve el otro y después observa al resto—, buen provecho.

—Gracias —dicen al mismo tiempo, juzgando las miradas que se tiran los otros.

No se quedan mucho más, Jean e Ymir se sienten de más ahí, a pesar de que nadie diga nada.

 

—Che, ¿estás ocupado? —Jean se asoma en la oficina de Armin.

—No, ¿qué necesitás?

—Me parece que hay una puerta que se está rompiendo, ¿podés mirarla?

Él asiente y se levanta, siguiéndolo.

Llegan al armario de insumos de limpieza. Armin mira el picaporte y lo mueve.

—Me parece que está bien.

—Fijate del lado de adentro.

Abre la puerta y entra, Jean lo sigue y cierra tras suyo, después se acerca a Armin para besarlo.

El otro abraza su cuello y se aferra a su cabello.

—Quisiera ser tu silla —murmura Jean, besando su cuello.

—¿Eh?

—Para que te sientes en mí todos los días.

Armin no puede reprimir la risa que se le escapa, hasta que se acuerda que le dijo a Jean que ya no pueden salir el otro día.

—Ey, yo te dije algo a vos —dice empujándolo.

—Y yo tengo algo para decirte a vos también —responde poniendo voz seria, pero sin soltarlo—, renuncié e hice reserva para cenar el viernes.

—QUE HICISTE QUÉ–

—Sé que suena raro decir que hice reserva, pero me encanta ese lugar y siempre–

—¿¡Cómo vas a renunciar!? —exclama, separándose más—. ¡Es una boludez renunciar por mí!

—Ni ahí, es un trabajo bastante de mierda este y– —se vuelve a acercar—, me gustás bastante, no quiero esperar meses para salir con vos.

Armin tiene una mueca en el rostro, no convencido con la decisión del otro.

—Pero… ¿qué vas a hacer? —Jean se encoge de hombros, pero su sonrisa no se borra—, ay, no, sos un boludo.

Suelta una risa, pero Armin sigue serio.

—No es tan malo, ya me las voy a arreglar.

 

Una semana después, Jean se da cuenta de que pensó como el orto todo. Estuvo haciendo boludeces para tener unos pesos y Armin estuvo ocupado todos los días. Todo mal.

El punto donde piensa que tocó fondo es cuando se encuentra otra vez en la puerta de la oficina. Se prepara emocionalmente y entra, conociendo el camino de memoria.

—Son todos unos hijos de puta —dice cuando entra a la cocina, dejando el combo de McDonalds en la mesa.

—Yo solo quería almorzar —se justifica Reiner, el que hizo el pedido.

—¿Sabés cuántos tuvimos que cancelar hasta que nos tocaras vos? —trata de defender Ymir.

—Forros —concluye Jean, colgándose la mochila de repartidor y regresando por donde entró. El problema es que se desvía. Hacia la oficina de Armin—. Acá está tu pedido, una tormenta de facha.

Armin desvía lentamente los ojos de la computadora y lo mira interrogante—. ¿Cómo decís?

—Tu pedido —repite—, porque trabajo de delivery ahora, ¿entendés?

Él frunce la nariz—, ¿delivery–? ¿Esta es tu forma de pedirme de vuelta tu trabajo, Jean? Porque te dije que no iba a poder hacerlo…

—¡No, no–! Te estoy jodiendo, nomás… —se acerca y se sienta en la silla del otro lado del escritorio—, los chicos hicieron un pedido y aproveché para pasar a verte, como hace algunos días… 

—Perdón —dice veloz—, mucho trabajo.

—Me imagino–

—Seguramente, como renunciaste, tu trabajo fue derivado y, bueno, es todo un quilombo ahora.

—Uy.

—En fin —Armin suspira—. ¿Hasta qué hora hacés entregas? Podemos hacer algo cuando salga.

—¡Me parece maravilloso! —se levanta con una sonrisa y lo besa apenas—. ¿Qué tenés ganas de hacer? Voy a hacer más pedidos para tener plata.

—Ay, Jean, puedo pagar yo–

—¡Es joda, es joda! —ríe—, todavía tengo la plata de la liquidación.

Armin hace una mueca, pero Jean no abandona el buen humor. Se vuelve a estirar para besarlo.

—Te vengo a buscar cuando salgas.

 

—Fue algo cruel —dice Reiner, comiendo su combo de lujo entregado por Jean.

—Vos tenías ganas de McDonalds —dice Porco.

—Claro, técnicamente, fue tu idea —agrega Ymir, levantándose de la mesa.

—Ay, dale —ríe él.

Ella se va, dejándolos solos. Porco muerde su propio sánguche, todavía analizando cómo decir lo que estuvo maquinando todo el día. Le da una mirada a Reiner, que está enfocado en su celular.

—¿Estás viendo a alguien más? —suelta Porco, tomándolo desprevenido.

—¿... A qué viene eso? —cuestiona, dejando el teléfono de lado. 

Él se encoge de hombros—. Yo no estoy viendo a nadie más.

—Eh… ¿Bien ahí? Yo tampoco.

—Estaba pensando… —no puede evitar seguir pensando mientras habla—, que está bueno eso, ¿no?

Reiner lo mira sin entender.

—¿Que… no veamos a nadie más?

—Claro —asiente veloz—, estaría aún mejor mantenerlo así.

Ahí entiende a dónde quiere llegar y Reiner no puede reprimir la risa.

—¿Esta es tu forma de pedirme que seamos novios? —sigue riendo, pero no es burla. Bueno, solo un poquito.

—No me gustan las etiquetas —Porco hace una mueca—, solo digo– sigamos así, tipo, viéndonos solo a nosotros.

—Oh, claro, claro, no novios, solo amigos que cogen solo entre ellos.

—Exacto.

Reiner suelta una risa y ahora sí se le contagia un poco a Porco.

—¿Me estás boludeando?

—Un poco– pero, dale, hagamos eso.

—Genial.

—Perfecto.

Caen en silencio, pero ninguno reanuda la comida.

—¿Querés ir al baño? —murmura Reiner y el otro sonríe.

—Por supuesto.

Notes:

gracias por leer! aguante los finales chotos SÍGANME EN TWITTER O ME LASTIMO