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Inapropiado

Summary:

Las miradas que le tira Jaeger son inapropiadas, por decir lo menos. Se dedicó a hacerlo durante toda la cena y ahora, minutos antes de las doce, vuelve a hacerlo. La mira fijo, la atraviesa con la mirada y eso no perturba a Mikasa tanto como el hecho de que le agrada.

Notes:

la historia era para una semana eremika del año pasado, subí todos los caps a tw excepto el último porque morí y reviví ahre

últimamente, vengo subiendo las weeks a tw y no acá, así que, si quieren leerlas cuando salen, síganme en @jearmimi

disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Las miradas que le tira Jaeger son inapropiadas, por decir lo menos. Se dedicó a hacerlo durante toda la cena y ahora, minutos antes de las doce, vuelve a hacerlo. La mira fijo, la atraviesa con la mirada y eso no perturba a Mikasa tanto como el hecho de que le agrada.

La televisión marca medianoche y todos brindan al mismo tiempo que la pirotecnia se escucha afuera.

Abraza a su tío, el primero a su lado, después a su hermana. Jaeger está justo detrás de Mikasa cuando se separa, provocando que tropiece con los zapatos de tacón.

—¿Y mi abrazo? —sonríe, sus manos todavía sobre sus brazos.

Ella lo mira sobre su hombro, pero no está segura de qué responder.

—¿Entonces? —insiste. Mikasa se aclara la garganta y se endereza. Después se acerca tímida a él, abrazándolo como corresponde abrazar a un desconocido.

Pero Jaeger se aferra a ella, pegándola a su cuerpo y acariciando con la yema de sus dedos la piel descubierta en su espalda por el vestido.

—Sos un desubicado —se separa de golpe, pero lo dice en voz baja, para que no se entere el resto de la familia.

—¿Te molesta? —la sonrisa de Jaeger no se borra en ningún momento, ni siquiera con el ceño fruncido de Mikasa.

—Sos un pelotudo.

Continúa abrazando al resto de los presentes, mitad su familia, mitad la familia del novio de su hermana.

Es la primera vez que pasan las fiestas juntos, idea de su hermana. Hay lugar para todos, ¿por qué no los invitamos también? Es razonable, antes solo eran sus tíos, su hermana y ella. Sin Pieck, solo serían sus tíos y ella.

Se supone que es más divertido festejar con más gente.

Eren Jaeger no es divertido. A Mikasa le da la impresión de que la acecha, observándola todo el tiempo, siguiendo sus movimientos.

Y no solo le parece, porque cuando al fin logra escaparse de sus tíos y el resto de la familia sin que nadie se dé cuenta para ir al patio, Jaeger ya está ahí.

—¿Jugando a las escondidas? —pregunta. Está apoyado en la pared, junto a la puerta. Tiene las manos en los bolsillos y la cabeza reclinada hacia atrás, despejando todo su rostro de los mechones que se escapan de su rodete medio desarmado.

—Parecés un acosador, Jaeger —se lleva el cigarrillo que tenía escondido en sus manos a la boca y lo enciende.

—¿Puedo pedirte una seca, Mika?

Lo mira con la peor cara que tiene. Suelta el humo y dice—, no me vuelvas a llamar así.

Jaeger suelta una risa.

—¿Señorita Ackerman está mejor?

Permanece quieta un segundo, pero termina cediendo. Jaeger sujeta el cigarro con cuidado y roza los dedos de Mikasa en el proceso.

—Tentás tu suerte —trata de sonar irritada, pero es difícil cuando lo tiene al otro enfrente, con la tenue luz del tabaco iluminando su piel dorada y después la expresión de su rostro cuando suelta el humo por la nariz.

—Así que, tengo suerte —levanta una ceja y le estira el cigarrillo a Mikasa.

Se encoge de hombros porque no sabe qué responder. Se lleva el cigarro a la boca y lo aspira, sintiendo la mirada punzante del otro.

—¿Y qué onda? —pregunta entonces—, ¿feliz de que tu hermana haya encontrado el amor?

—Supongo —se vuelve a encoger de hombros—. ¿Vos?

—Si te voy a ver en cada reunión familiar, sí.

—Sos pajero, ¿no? —ya lo irrita de verdad que sea tan… así.

—No, nada que ver —le suena a mentira—, solo con las chicas lindas.

Mikasa se acerca a él, se acerca mucho, y hasta se da cuenta de que Jaeger aguanta la respiración por un momento.

—Flasheás mucho, pibe —murmura, poniéndole el cigarro entre los labios.

Ella da dos pasos hacia atrás y la puerta del patio se abre.

—Che, Jean y Connie están en la puerta —es Pieck. Los mira a los dos y después sonríe como cada vez que quiere pedirle un favor a Mikasa—, ¿por qué no llevás a Eren a que los conozca? Seguro se llevan de diez.

Mikasa lo mira. Eren sigue con el cigarro en la boca, atrapado entre los dientes mientras ríe apenas, admitiendo la derrota, a ojos de ella.

—Dale, sí —dice él—, decile a Zeke que lo veo en casa.

Da otra pitada al cigarro y lo tira al suelo, entrando primero en la casa. Las dos lo siguen con la mirada y después Pieck voltea a ella.

—¿Era tuyo? —tiene los ojos entrecerrados.

—Si yo no fumo —bufa y entra a la casa también.

 

Jean se ve reacio y sobreprotector– tal y como siempre es con ella, pero Connie parece como si se hubiera reencontrado con un amigo de toda la vida.

—Entonces, ustedes son medio como primos ahora —concluye Connie después de que Jaeger le contara cómo se conocen.

Los tres lo miran haciendo una mueca.

—El parentesco no funciona así —dice Jean.

—Es verdad, ni ahí soy pariente de Mikasa —reafirma Jaeger. Ella rueda los ojos.

Van a la casa de Sasha, tradición que tienen desde hace años. Jean y Connie siempre la van a buscar, porque les queda de pasada.

—¡Trajimos al primo de Miki! —anuncia Connie apenas atraviesan la puerta.

—No soy el primo —repite Jaeger.

—Medio como primo —corrige Jean y suelta una risa cuando recibe el ceño fruncido del otro.

Mikasa no está segura de cómo interpretar la situación, porque ahora, Jaeger no le presta la más mínima atención. Todos lo rodean, curiosos con la novedad. Le sacan conversación, le enchufan un vaso de cerveza y el otro ni siquiera lo rechaza.

No les da bola. Sale otra vez al patio a fumar. Su tranquilidad dura poco.

—¿Me das uno? —estira el paquete sin dudar a Jean—. ¿Qué onda este pibe?

—Es el hermano de Zeke —se encoge de hombros—, Pieck me pidió que lo traiga.

—Parece simpático —responde sin interés, soplando el humo y devolviendo el paquete.

—Me parece que me quiere chamuyar —confiesa Mikasa y Jean resopla divertido.

—¿No sería raro? Sus hermanos son pareja.

—Sí, bueno, vos lo pensás, yo lo pienso, pero él… —los dos se asoman a mirarlo por la ventana. Está riendo con Connie y Armin hasta que capta la mirada de Mikasa. Hace un gesto con la cabeza y le guiña un ojo—. Parece un pelotudo.

—A vos te gustan los pelotudos —se burla Jean y ella jadea ofendida.

—Puede ser, pero no los incestuosos.

Jean ríe un poco más hasta que caen en silencio, solo el ruido de la música y las risas de adentro retumbando.

—¿Sigue en pie el irte? 

—Creí que ya habíamos concluído ese tema —suspira ella.

—Tengo hasta abril para convencerte —ríe él, llevándose el cigarrillo a la boca—. Igualmente, podés estudiar eso mismo acá, sin necesidad de irte a cuatrocientos kilómetros de nosotros.

—¿Me vas a extrañar, Jeannie? —se burla Mikasa y él se cruza de brazos.

—Obviamente, boluda, por eso no quiero que te vayas.

—Solo van a ser cuatro años, ni te vas a dar cuenta.

—Cuatro si te va bien.

—¡Ey! —se queja y los dos ríen—. Volveré en vacaciones, mis tíos se mueren si no me ven en cuatro años.

—¿Cómo se lo tomaron?

—Levi, sorprendentemente bien —dice todavía sin creerlo—, creo que hasta está orgulloso, creyó que sería un tiro al aire —Jean suelta una risa—, pero Kenny, ugh, todavía mariconea cada vez que me ve.

—¿Se puso a llorar hoy?

—No, pero es porque no estaba lo suficiente en pedo —él la mira sin creerle—, Pieck escondió el whiskey para que no haga una escena delante de la familia de su novio.

 

A eso de las cinco de la mañana, después de que Mikasa bosteza por quinta vez, Jaeger se levanta del sillón.

—¿Querés que te acompañe a casa? —propone.

—Tu casa queda para el otro lado.

—Nosotros la llevamos —dice Connie, sin quitar los ojos de sus cartas y de Sasha, para evitar que haga trampa.

—Mi hermano me dijo que sigue ahí, así que… —insiste Jaeger.

—Está bien, ustedes quédense —dice Mikasa. Toma su cartera del sillón y levanta una mano—, los veo en la semana.

Sale de la casa con Jaeger. El cielo está aclarando y las calles están desiertas.

—No me había dado cuenta antes, pero sos bajita sin los zapatos —dice, rompiendo el silencio y dándole una mirada a las crocs que Sasha le prestó.

—Callate —ríe.

—Ey, ¡una risa! ¿Significa que ya me das bola? 

Mikasa lo mira y él le devuelve la mirada, moviendo las cejas y sonriendo.

—¿Estuviste tomando, Jaeger? —se burla.

—¿Cómo Jaeger? Somos medio como primos, deberías decirme Eren —bromea, repitiendo las mismas palabras que lo jodieron toda la noche.

Llegan a la casa de ella, pero todas las luces están apagadas.

—¿Estás seguro de que Zeke sigue acá? 

—En realidad, se fue un rato después que nosotros —confiesa—, pero yo quería acompañarte a casa.

Y Mikasa piensa, tengo dos opciones.

Y hace mucho que tengo un buen polvo.

—¿Para qué? —finge inocencia, porque ya decidió qué hará.

Están parados junto a la puerta de ella, del lado de afuera. Mikasa se apoya contra la pared y lo mira fijo, a la vez que se muerde apenas el labio inferior– y espera que eso sea suficiente, porque hace mucho que no coquetea.

—Quería estar solo con vos —responde Jaeger—. ¿Te dije que estabas preciosa hoy?

—No.

—Porque lo estabas– y lo seguís estando, Miki —suspira su apodo y, aunque suena bastante bien, Mikasa no puede evitar hacer una mueca.

—Tampoco me llames así.

Jaeger suelta una risa—, ¿hay alguna forma en la que pueda llamarte?

Está muy tentada a decirle que no lo haga, pero le parece que eso va a arruinar el ambiente.

—No me llames —no puede resistirse—, solo seguí diciéndome lo preciosa que estoy.

Él vuelve a reír y da un paso hacia Mikasa.

—¿Por dónde empiezo? Este vestido… Me encanta la abertura en la espalda.

—Lo noté —responde, rememorando la caricia que le había dejado después de las doce.

—El escote también me encanta– pero tus piernas —suspira—, ¿hacés ejercicio?

Mikasa suelta una risa.

—Creí que serías mejor en esto.

—Ah, viste, soy muy bueno fingiendo —ríe y Mikasa no puede evitar acompañarlo—. Pero, bueno, medio como que ya me cansé… 

Mikasa lo mira y ahora está todavía más cerca. Apoya una mano en la pared y el espacio entre ellos es escaso.

—¿Puedo besarte?

 

Nunca le habían preguntando eso, así que no tiene una respuesta. Dale, chapame, pibe, por un segundo, esa es su respuesta automática, pero se la guarda, porque Jeager ya está sobre su boca, acariciando sus labios y robándole el aliento.

Las manos de él se sienten calientes y húmedas sobre su piel, no le agrada, pero no se queja. En todo caso, contradice sus pensamientos, porque abraza su cuello y enreda una mano en el cabello ajeno.

—Au, au, au- —se queja Jeager, sujetando la mano de ella.

—¿Sos de raíces sensibles? —se burla Mikasa.

—Bastante.

Su solución es soltarse el cabello. Lo tiene más largo que ella. Se pasa una mano por el pelo, quitándolo de su cara y vuelve a apoyarse en la pared, acorralándola.

—¿Seguimos?

—No.

La cara de Jeager es maravillosa. La confusión y la decepción pintan sus facciones y Mikasa ríe, disfrutando su maldad.

—Podríamos entrar.

—Sos hija de puta, eh —murmura él, el color regresando y siguiéndola dentro.

Todo el camino hasta la habitación es oscuro. Se escuchan los ronquidos de Kenny desde alguna parte de la casa, pero Mikasa no distingue de dónde.

Cierra la puerta con llave después de entrar. Gira a Jeager, lo encuentra pateando su pantalón para sacárselo mientras está enredado en la remera.

—Sos rápido, eh.

—No sé cuánto tiempo tenemos —Mikasa lo ayuda a sacarse la remera. Jeager sonríe cuando sus ojos se encuentran con los ajenos—, mejor prevenir que lamentar.

—Cómo te gusta decir gilada, ¿es parte de tu chamuyo? —dice ella mientras lo empuja a la cama y se sube a su falda.

—Está funcionando, ¿o no?

Mikasa no responde. Reanuda el beso y es un alivio, porque cansa la cantidad de pelotudeces que Eren Jeager puede decir en un rato.

Pero cuando está en silencio es agradable. Sus caricias también y sus labios ásperos contra su cuello aún más. De a poco, desliza el vestido con sus movimientos, hasta que ella termina sacándoselo.

—Parece pijama —suspira Jeager.

—¿Eh?

—Ay, creí que no escucharías —ríe.

Mikasa vuelve a besarlo antes de que diga otra gilada.

Siente las manos de él acariciando sus brazos, su espalda y sus senos, quedándose en los últimos, masajeándolos con emoción. Antes de que pueda quejarse de que llevan demasiado tiempo así, Jeager baja sus manos hacia el estómago y los muslos de ella. 

Mikasa siente su calentura aumentar, solo de pensar en lo que seguía.

Él la acaricia sobre la ropa interior, no exactamente en el clítoris, pero capaz solo es juego previo.

—¿Te gusta? —susurra en su oído, acariciando todo excepto el clítoris.

—Y… —no tiene el corazón para decirle que lo está haciendo para la mierda. Sujeta su mano y la guía hacia el lugar correcto—. Probá ahí.

Lo hace sin quejarse, haciendo jadear y gemir a Mikasa. No está tan mal.

Ni eso, ni el resto de las cosas que hace en la noche. Ni en pedo es el mejor polvo de Mikasa, pero tampoco el peor.

—Poné el ventilador cuando te vayas —dice ella poniéndose un vestido de pijama para ir al baño. Cuando regresa, Jeager está acostado con su celular—. Andate.

—Ahora en un toque —responde mientras ella se acuesta. La abraza y le besa el cuello—, no me voy a quedar a dormir.

 

Eren Jaeger le sigue pareciendo inapropiado pero, en su defensa, ahora Mikasa está igual.

De todos modos, él le gana, porque le está agarrando una teta. 

El sol entra con fuerza por su ventana dándole de lleno en la cara. Se está cagando de calor, especialmente porque Jaeger puso como el orto el ventilador y ahora apunta hacia la pared, no a ellos.

Ni siquiera quiere mirar su celular, seguro que es tarde y que él no debería estar ahí.

—Ey —le da un codazo que le da en el estómago—, te tenés que ir.

—Eh… au, ¿por qué me pegás?

—Dijiste que no te ibas a quedar a dormir.

—Es que me quedé dormido.

—Dale, Jaeger, tomatelá.

—¿No era Eren anoche? —se burla, hundiendo su rostro en el cuello de ella, pero Mikasa le da otro codazo—. Au, bueno, ya me levanto…

Los dos se levantan y se visten. Mikasa abre despacio la puerta de su habitación, espiando que no haya nadie afuera.

—Este vestido está casi tan lindo como el de anoche —murmura Eren en su cuello, deslizando una mano por su muslo, pero Mikasa le pega en la mano—. Ay, perdón.

—Vamos —susurra ella y ambos van en puntitas hasta la puerta—. Chau, no me llames nunca.

Eren se acerca e igual le deja un beso en los labios.

—Te llamo en la semana.

Le cierra la puerta en la cara y después se gira, otra vez vigilando que nadie haya visto. Suspira.

Va a la cocina a poner el mate y casi se muere del susto al ver a Kenny dormido en la mesa.

—Tío —llama, tocándole el hombro—, tío, ya es de día.

—Mierda —jadea, enderezándose. Mira alrededor y sonríe cuando sus ojos caen en ella—. Pieck puede intentarlo todo lo que quiera, pero nunca podrá esconder el whiskey de mí.

—Lo noto —responde, sacando la botella de la mesa—. Andá a acostarte.

—Nah, ya dormí lo suficiente —se estira—, ¿Ponés el mate?

Prende la pava con agua y después va a buscar su celular. Son apenas las once.

—¿La pasaste bien con tus amigos, nena? —pregunta Kenny cuando ella le da el mate—. No te escuché llegar.

—Seguro estabas bien en pedo.

—En pedo, pero no sordo —ríe él.

Mikasa ríe también, pero más incómoda, rogando con fuerza que no los haya escuchado en la madrugada.

—La pasé bien —responde—. ¿Se quedaron hasta muy tarde?

—El ortiba de Levi se fue a dormir media hora después de que te fuiste, y tu hermana se quedó hasta que encontré el whiskey —Mikasa asiente, recibiendo el mate de vuelta—. Estaban medios preocupados por el pendejo este, porque no sabían qué iba a hacer… Eh, ¿Eren, era?

Se quema con el agua.

—¡La puta madre!

—¿Qué te pasa? ¿Estás en pedo también? —lo mira frunciendo el ceño y él suelta una risa—. Andá a ponerte agua fría.

 

Para su desgracia– o no, porque no está segura de cómo catalogarlo, Eren Jaeger le manda un mensaje en la semana.

¿Ya me extrañás?, dice. Mikasa hace una mueca y lo agenda como Infumable. Antes de que respondas que no, ¿querés ir a tomar algo en la semana?

Lo piensa un momento.

¿Vos invitás?, pregunta.

Obvio.

Se encuentran en un bar, bien lejos de la casa de los dos. Ni en pedo va a dejar que su familia descubra esto. 

Lo más probable es que lo vea un par de veces antes de irse y después todo se corte. No es un mal plan y Jaeger es… agradable, cuando quiere. Seguro le sale todo bien.

—¿Pudiste caminar bien después de–? —es el saludo que le da él, pero la cara de culo de ella interrumpe sus palabras—. Bueno, che, te estoy jodiendo.

—¿Sos pelotudo de nacimiento o te caíste de cabeza de chiquito?

Jaeger ríe apenas, pero no responde. Se sientan en una mesa en el patio interno del bar.

—Escuché por ahí que te ibas —comenta él cuando les traen las cervezas—. El pelotudo de mi hermano no me supo decir a dónde.

Ella resopla divertida y da un trago a su bebida—. Me voy a estudiar.

—Ah, ¿sí? Creí que eras la fracasada de tu familia —se burla él.

—No soy como vos —le devuelve la joda y él ríe sin negarlo.

—¿Qué vas a estudiar?

—Cómo soportar a mi familia mariconeando porque no estoy ahí —Jaeger suelta una risa—. Ingeniería.

—Oh, así que sos inteligente.

—Más que vos.

—No se nota.

Los dos sueltan una risa.

Pasan bastante tiempo charlando, de cosas banales, de sus familias… Mikasa concluye en que sí es agradable.

—Me parece que la estás pasando bien —comenta él después de terminarse la segunda cerveza.

—Soy muy buena fingiendo —bromea.

—¿Tenés ganas de fingir en un telo–? Ay, eso sonó como el culo —Jaeger se tapa la cara avergonzado mientras ríe.

—Creí que como el otro día tocó mi casa, ahora tocaría la tuya —ella ríe.

—Bueno, si querés, pero seguro que Zeke y Pieck están allá —Mikasa hace una mueca—, les digo que llevamos facturas para el mate.

Ella suelta una risa y él la acompaña.

—Sos nefasto, eh.

—Me tomo la realidad con gracia.

 

Mentiría si dijera que esa fue la última vez que tuvo sexo con Jaeger.

—Me viste más tiempo sin ropa que vestido, dejá de llamarme por mi apellido.

Le gusta tener sexo con Eren.

El problema sería, incluso peor a que sus familias descubran esto, es que se quedara embarazada.

Y lo peor sería descubrirlo de casualidad, cuando se hace los estudios médicos antes de viajar.

Cosa que pasa.

—Estás embarazada —dice el médico—. ¿Felicidades?

Se debió dar cuenta por la cara que puso que no son buenas noticias.

—Acá tenés algunas opciones… Y te voy a derivar con una obstetra.

Apenas sale del hospital, lo llama. ¿Cuál sería la forma correcta de decirle?

—Ah, ¿querés que nos veamos hoy? —dice él apenas contesta—, de verdad no te cansás–

—Estoy embarazada —suelta y la voz de él muere en el momento—. ¿Dónde estás? Tenemos que hablar.

—Eh– yo– estoy… —respira profundo—. ¿Estás segura?

—¿Dónde estás? —repite, más firme.

—Te veo en diez en donde siempre —dice y corta.

Cuando llega, Eren ya está ahí. Está sentando en una mesa afuera del bar y está fumando. En cuanto la ve, tira el cigarrillo.

—¡Me lo hubieras dado! —se queja ella.

—¿¡Dártelo!? ¿Pero vos estás loca–? Dios, todo este tiempo estuviste fumando… —se agarra la frente.

—No seas exagerado, ni que me lo fuera… —se interrumpe. Se sienta frente a él, de a poco la realidad cayéndole encima—. ¿Qué vamos a hacer?

—¿Querés tenerlo? —pregunta con una mueca.

—No —confiesa ella.

—Yo tampoco —ríe apenas, pero no hay gracia en su voz.

—Pero me da pena…

—A mí también —responde.

Quedan en silencio.

—¿Habría que decirles? —pregunta Eren, pero ella hace una mueca—. ¿Vos no estás por irte? ¿Qué vas a hacer?

Mikasa se pasa una mano por la cara, quitándose el sudor de ahí, excepto que no es sudor.

—La puta madre… No quiero tener un bebé, no estoy lista– ni siquiera sé si quiero tener uno algún día…

—Entonces, vamos a–

—Tengo que decirle a Levi —interrumpe ella—. Dios, me va a matar…

—Tranquilizate —dice Eren. Sujeta su mano por encima de la mesa—. No es… tan malo esto–

Ella retira su mano veloz y lo mira frunciendo el ceño.

—Vos me estás jodiendo–

—¡Q-quiero decir! Todavía hay tiempo para decidir– ¿todavía hay tiempo?

Mikasa rebusca en su mochila los folletos que le dio el doctor y se los da a Eren.

—Hay tiempo —confirma él y vuelve a tomar su mano—. Podemos resolver esto, ¿sí? No hace falta decirle a nadie.

—Eren —evita gritarle, pero no está muy lejos—. ¿Tenés trabajo?

Él eleva una ceja—, ¿a qué viene eso?

—Porque yo no, así que ya estamos hasta las pelotas porque no podemos pagar un aborto solos —dice—, y en el delirante caso de que nos lo quedemos, seguimos sin plata para mantener a… esto.

—Bueno, sí, tenés razón —admite—, deberíamos decirle a alguien.

 

Van a la casa de Mikasa. Levi ya debería estar de vuelta del trabajo y probablemente Pieck no esté. Bien, uno a la vez.

—¿Tío? —llama Mikasa cuando entran.

—Cocina —responde él. Eren y ella se miran y él sujeta su mano, sonriendo apenas.

—¿Sos pelotudo? —susurra, soltándolo de golpe y él frunce el ceño mientras se cruza de brazos—. Vine con Eren… El hermano de Zeke.

Los dos entran a la cocina y Levi los mira con una ceja levantada.

—Sorpresivo, pero… —se encoge de hombros y ceba un mate—. Tomá.

Los dos se sientan en la mesa y ella lo recibe.

—Hay algo que queremos decirte…

—¿No te pareció escuchar la puerta? —murmura Eren.

—Estoy embarazada.

Hay una pequeña pausa. Capaz Levi lo está procesando.

—¡VOS ME ESTÁS JODIENDO! —exclama cuando se da cuenta de lo que dijo, al mismo tiempo que Zeke y Pieck entran a la cocina.

—Ey, ¿qué hacés vos acá? —pregunta Zeke, mirando a Eren.

—¡Te voy a cortar los huevos, pendejo de mierda! —exclama Levi, mirando a Eren también.

—¡Pará, pará! —interviene Pieck, porque Mikasa se está tapando la cara, a nada de llorar—. ¿¡Qué pasa acá!?

—¡Dejó con el bombo a la nena! 

—¡Felicidades! —Zeke sonríe y le da una palmada a Eren.

—¿¡Sos pelotudo!? —exclaman Levi y Pieck al mismo tiempo.

 

Levi, en lugar de ayudar, los altera más. Le jura la muerte a Eren y a Zeke, ya que estamos, le dice a Mikasa que ya mismo va a buscar dónde abortar y después se gira a Pieck.

—Vos te llegás a quedar embarazada y te desheredo.

—Antes me corto las tetas —es la respuesta de ella.

Es un día intenso.

Al final de todo, Levi termina echando a los Jaeger y después Pieck lo echa a él de la habitación de Mikasa.

—¡Tengo derecho a estar ahí! —dice desde el otro lado de la puerta.

—Tío, dejá de romper las pelotas —responde ella. Se queda junto a la puerta hasta que lo oye alejarse refunfuñando. Gira a Mikasa—. Ahora sí, explicame qué pasó.

—Tuvimos sexo.

—Sí, bueno, lo noté —se sienta a su lado en la cama—. ¿Desde cuándo?

Mikasa hace una mueca—, Navidad…

—Ah, son rápidos, eh —a Pieck le sale una risa irónica. Se pasa una mano por la cara—. Perdón, es… Ya no sos una nena, Mikasa.

—Lo sé.

—Pero apenas tenés diecinueve– —respira profundo—. Es tu decisión, ¿sí? No importa qué diga el tío o yo o Eren. Es tu decisión.

—Yo– —su voz tiembla, pero traga el nudo en su garganta—, me enteré hoy mismo– no sé– no tengo idea– —Mikasa voltea a mirarla con ojos brillosos y lágrimas acumulándose—. No sé qué hacer, Pieck.

La voz de la menor se quiebra a la vez que rompe a llorar. La otra la abraza y Mikasa llora en su hombro.

—Traje mate —Levi abre la puerta de golpe, asustándolas—. Háganme lugar, pendejas.

—No tenés el más mínimo tacto, eh —dice Pieck, pegándose más a la otra para que él se siente.

—Ya me conocés, nena —Levi se sienta del otro lado de Mikasa.Tiene la mirada fija en el mate mientras lo ceba despacio. Lo toma, lo llena otra vez y se lo extiende a Mikasa—. ¿Querés que mate al pibe?

Mikasa retira su mano veloz antes de agarrar el mate y lo mira frunciendo el ceño.

—¡Tío! —gritan las dos a la vez.

—¡Me refiero a Jaeger, no al pendejo que tenés ahí! 

—¡Tío, basta, no estás ayudando un carajo! —exclama Pieck.

—Bueno, bueno… tomá —le vuelve a extender el mate a Mikasa y ahora sí lo agarra—. Vamos despacio, ¿sí? Mañana vamos al hospital a que te hagan más exámenes…

Y si bien Levi no tiene nada de tacto, ahora no lo aparenta. Usa una voz suave que casi le hace creer a Mikasa que todo va a estar bien.

Cuando va al hospital, le dicen que está de cinco semanas, lo cual daría exactamente la noche de Navidad. No está segura de si sea un dato relevante, pero no puede evitar pensarlo cada tanto. La noche en que la cagaron.

—Creo que… deberíamos hablar de esto —Eren la citó en el mismo bar de siempre—. No tengo la más mínima idea de qué estás pensando, pero…

Se encoge de hombros.

—Voy a cumplir siete semanas —dice ella—, y quedan siete semanas para decidir qué hacer.

—Conseguí un trabajo —suelta Eren—. Es fijo, un conocido de mi papá, yo… estuve pensando muchísimo en esto y quiero tener el bebé.

Mikasa abre la boca sorprendida. Él la mira a los ojos, está serio y determinado. 

—Yo–

—No digo que quiero tenerte a vos– es decir, eso no estaría para nada mal, pero si vos no querés al bebé, está perfecto, yo me hago cargo y, no sé, firmamos alguna mierda para que sea oficial.

Ella cierra la boca y baja la mirada, sus ojos todavía redondos por la sorpresa.

—Aunque… si no hay ninguna posibilidad de que vos quieras llegar a término… lo entiendo, Mikasa —sigue hablando él—. Yo quiero tener al bebé, pero no te voy a obligar.

—Tengo que pensarlo —murmura.

 

Y ese pensamiento es lo único que invade su mente hasta que le llega un mail.

¡Feliz día de los enamorados! Les recordamos que la inscripción a materias comienza hoy.

¿Y qué va a hacer con la facultad? ¿Y su plan de ir a estudiar ahí? Esto le caga todo.

Sea como sea, no podrá estudiar este año. Jean se pondrá contento. 

Eso le recuerda– no le contó nada a sus amigos. ¿Debería hacerlo? Capaz tengan la misma reacción que Levi.

No está segura de si quiere descubrirlo.

 

Lo habla primero con Eren y después reúne a su familia.

—Decidimos quedarnos con el bebé —anuncia ella y Kenny escupe la cerveza.

—¿¡Estás embarazada!? —exclama poniéndose de pie y con sus ojos ya fijos en Eren.

—¡Tío, la puta que te parió! —devuelve Pieck, limpiándose la bebida del rostro.

—¿¡No le dijeron!? —cuestiona Mikasa. La otra hace una mueca y Levi se cruza de brazos.

—Si siempre está en pedo este viejo de mierda, no se hubiera acordado igual —responde él.

—Callate, maleducado de mierda —masculla Kenny y se vuelve a Eren—, y a vos, pendejo precoz, te voy a matar.

—¡Basta, basta! —exclama Mikasa—. ¡Si vamos a tener este bebé, él sería algo así como mi novio, así que no le podés hablar así!

—¿Algo así? —pregunta Eren, elevando una ceja.

—Te dije que no me caía bien ese cuando lo trajiste, pero nunca me das bola —Levi mira a Pieck y ella jadea.

—¿¡Estás tratando de echarme la culpa a mí!?

—Vámonos a la mierda —murmura Mikasa, agarrando a Eren de la muñeca y levantándose de la mesa.

Él se gira para al menos saludar con la mano, pero todos los Ackerman de la mesa lo están apuñalando con la mirada, incluída Pieck.

—Tu familia me aterra —susurra él cuando salen de la casa.

—Vas a tener que acostumbrarte.

—Entonces… ¿Algo así como tu novio? —la mira sonriendo y después hace una mueca—, podrías ser más romántica.

—Vos no fuiste romántico cuando me dejaste con el bombo.

—¡Cómo que no! —suelta una risa y pasa su brazo por los hombros de ella—, te voy a mostrar qué tan romántico puede ser Eren Jaeger.

Mikasa ríe también y apoya su cabeza en el hombro de él mientras caminan. El pensamiento de que capaz esto no sea tan malo no abandona su cabeza.

 

Es viernes. Hace muchísimo calor y eso la pone de un humor de mierda. Se arrepiente de haberle dicho a Eren que lo iría a buscar al trabajo porque ahora lo está esperando y él todavía no sale.

—Au… —ya hace un buen rato que tiene dolor de panza, como cuando querés ir al baño—. Este hijo de puta…

Pero.

Algo no se siente normal.

Revisa su teléfono y él sigue sin ver sus mensajes, por lo que se decide en ir a un café a usar el baño.

Entra a un cubículo y su celular vibra. Bueno, que espere ahora. Se baja el pantalón y la ropa interior y–

Su teléfono vibra con intensidad, por una llamada.

—Che, ¿dónde estás? Dijiste que estabas afuera —es Eren.

—Estoy–

¿Ya está llorando?

—¿Mikasa? —debe estar llorando mucho si él se da cuenta del otro lado del teléfono—. Mikasa, ¿dónde estás? ¿Qué pasa?

—T-tengo que ir al hospital– estoy– estoy sangrando, Eren.

 

El viaje en el taxi y la espera en la recepción son en total silencio. El único que habla es Eren, contando hasta donde sabe al enfermero y a la doctora.

—Lo lamento muchísimo, pero…

Mikasa no escucha. Siente a Eren abrazarla y llorar en su hombro, pero lo único en lo que puede pensar es que es el último día para anotarse a las materias de la universidad.

 

Jean es el que le abre la puerta. Tiene el cabello más largo que hace ocho meses y sonríe amplio antes de abrazarla.

—¡Era hora de que llegaras! —se separa—. Si no llegabas a venir, iba a tu casa y te cagaba a piñas.

Mikasa suelta una risa y entra en la casa de Sasha con él.

—¿Cómo no voy a venir? Me prometieron comida y escabio gratis, nunca me lo perdería.

Sasha y Armin también la abrazan y, por primera vez en su vida, no está del orto porque hace calor y la están tocando.

—¡Che! —exclama Connie mientras se levanta de su silla—, ¡llegó tu medio como prima!

Se escuchan tosidas desde la cocina y Mikasa siente a Connie abrazarla mientras sigue procesando lo que dijo.

—¿Está–?

—Hola… —saluda Eren, entrando al living con el resto. Tiene la remera media mojada por haberse ahogado recién y un vaso y una botella de cerveza en la mano—. No sabía que venías…

—No sabía que te juntabas con ellos —responde Mikasa, cruzándose de brazos.

—¿Qué tiene de malo? —cuestiona Armin.

—Es bastante simpático —admite Jean en voz alta.

—A veces paga el escabio —agrega Connie.

—¡Se quema la pizza! —grita Sasha. Pasa de largo de todos, pero se detiene junto a Eren para pegarle en el brazo—. Tenías que fijarte si ya estaba, pelotudo.

—Me distraje —responde él, sobándose el golpe.

Es noche de Póker, costumbre que sus amigos– y Eren adoptaron mientras ella no estaba. 

—Así que… —dice Jean mientras reparte las cartas—. ¿Qué se siente ser la única recibida del grupo?

—Me siento superior —dice ella y después ríe cuando la putean.

—Ey, no todos somos fracasados —ríe Connie.

—Eren tiene trabajo estable —agrega Armin.

Eren se vuelve a ahogar con la cerveza.

—¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso, pibe? —se burla Sasha.

—¿De qué trabajás? —pregunta Mikasa mirándolo.

—Es… en el mismo lugar de siempre.

—¿El local–?

—Sí, del conocido de mi papá. Al parecer, soy bueno ahí —ríe apenas.

—Es encargado —presume Connie por él.

—Ah– felicidades.

—Gracias.

El ambiente, por suerte, no es incómodo. Solo para Eren y Mikasa, pero incluso para ellos comienza a hacerse ameno. También la cerveza ayuda mucho.

—Nunca perdés esos hábitos, eh —Eren la atrapa fumando en el patio de Sasha. Se para a su lado, también apoyado en la pared.

—Parece que te lo contagié —responde apenas cuando lo ve prender su propio cigarrillo.

—Fue por… —la voz de él se apaga un momento y después bufa, no perdiendo el buen humor—, podría decirse que sí.

Caen en silencio. 

—Veo que te cortaste el pelo —señala ella. Eren asiente, pasándose una mano—. No te queda mal.

—Gracias.

No es la primera vez que se ven en los cuatro años que Mikasa se fue a estudiar, pero sí es la primera vez que están totalmente solos y en un entorno que no sabe lo que pasó.

—Así que… —ella voltea a verlo mientras Eren habla con una mueca—, terminaste de estudiar.

—¿Estás tratando de sacar charla? —se burla y después suelta una risa cuando él desvía el rostro, avergonzado—. Ay, Dios, no es necesario que te esfuerces, podemos estar en silencio también.

—Pero, uh, me agradaría charlar —confiesa—, siempre quise volver a hablarte, pero como que la amenaza de muerte de tu tío me frenaba un toque.

—¿Qué tío?

—Todos ellos —los dos ríen—, no quiero mandar al frente a nadie, pero… Me dijeron que si me volvía a acercar a vos, me iban a encontrar en una zanja.

—¿... De verdad?

—Bueno, Pieck se rio y dijo “mentira, mentira… tíos, cierren el orto o los meto en un geriátrico” —Mikasa suelta una risa—, así que, creo que nunca lo sabremos.

Él se ríe un poco, contagiado por ella, que todavía no puede parar.

—Lamento que mi familia sea así —dice después de un rato.

—Nah, son simpáticos si finjo que están jodiendo —Eren le sonríe y Mikasa hace una mueca—. No están jodiendo…

—No están jodiendo.

—Ay.

—¡Che, ya vamos a jugar! —gritan desde adentro de la casa.

—¡Ya vamos! —devuelve Eren, quitándole las palabras de la boca a Mikasa. Ella lo mira con una ceja levantada—. ¿Qué?

—¿Desde cuándo sos amigo de mis amigos? —tira el cigarrillo y comienza a caminar hacia la casa.

—Supongo que cuando te fuiste, les empezó a faltar alguien que les traiga el escabio mientras juegan a las cartas —dice, abriéndole la puerta para que entre primero.

—Eren, ¿podrías traer una birra? Porfavorcito —dice Connie desde la mesa.

—¿Qué te dije? —Mikasa ríe mientras él va a la cocina.

Todos se sientan en la mesa y poco después, Eren se les une. Oficialmente, comienza la noche de Póker.

 

—Deberíamos dejar de hacer esto.

Mikasa se apoya sobre su pecho y lo mira con una ceja levantada.

—No dijiste eso las últimas tres veces.

—Es que…

—Ni tampoco hoy, cuando empezamos.

—Bueno, che —se rio, acorralado—. Es que…

Eren se queda en silencio. Mikasa se acerca más y él le acomoda un mechón de pelo detrás de la oreja.

—¿De verdad querés parar? Porque está bien, entiendo.

—No quiero, pero… —hace una mueca. 

Ella se tira al costado de él en la cama y apoya su cabeza en su mano, mirándolo.

—¿Es por eso? —lleva bastante queriendo preguntarlo, preguntar cualquier cosa del tema, pero nunca le pareció el momento correcto.

Ahora tampoco, pero ya lo dijo.

Eren se encoge de hombros. Mikasa cierra los ojos, todavía media incorporada, dejándose llevar de a poco por el sueño gracias a las caricias que recibe de él en las costillas.

—Nunca lo hablamos —suelta Eren y ella abre los ojos para no dormirse—. Obvio, nunca tuvimos oportunidad, pero… ¿deberíamos?

—¿Querés hablarlo?

—¿Vos querés?

Mikasa hace una mueca indecisa.

—No tengo nada para decir ahora… Pero, qué sé yo, te escucho a vos.

Hay otra pausa donde Mikasa se sienta cerca de dormirse otra vez, pero vuelve a abrir los ojos cuando siente a Eren tomar aire.

—Me sentí como el orto cuando pasó– seguro que vos también, pero ahora estamos hablando de mí —bromea y ella resopla divertida—, y, no sé, ¿pensé que capaz las cosas pasan por alguna razón?

—Yo hubiera tenido que dejar la facu y probablemente te hubiera terminado odiando —Eren ríe, pero ella no está bromeando.

—Bueno, espero que no me odies igual por lo que pasó —bromea para aligerar su propia tensión.

—No es como si hubiera sido solo tu culpa.

—Ah, entonces si hubiera sido mi culpa, ¿me odiarías? 

—Y sí —ríen los dos—, pero bueno, si te odiara, no seguiríamos haciendo esto.

—Creí que eras morbosa y te gustaba coger con bronca —Mikasa sigue riendo.

 

Hace casi dos meses que está oficialmente de vuelta en casa. Había olvidado lo insoportables que son ahí. Pieck se había mudado con Zeke casi un año después de que Mikasa se había ido, algo preocupada, cabe agregar, porque era la primera vez que Levi y Kenny se quedaban solos desde… capaz, desde siempre. Ambas esperaban que no se mataran.

Mikasa encuentra la casa más silenciosa sin su hermana. A ella le gustaba escuchar música todo el tiempo y como que era insoportable. Ya de por sí tenía que fumarse los gritos de sus tíos peleando, así que nunca tenía silencio y tranquilidad.

Ahora sí. Al fin.

—Che, pendeja, podrías lavar los platos, ya que te rascás la argolla todo el día —es el saludo de Levi cuando regresa del trabajo.

—Están en remojo.

—¡Hace tres días que están así!

—Ughhh… Ahora voy…

También ve a Eren. No muy seguido, porque resulta que está bastante comprometido con su trabajo y hasta es responsable. No la deja verlo los días de semana, porque dice que lo hace dormirse tarde.

—¿Cuándo vas a buscar un trabajo? —pregunta Levi. Los tres están sentados en la mesa, cenando.

—Creí que los pibes salían con trabajo de la facultad —comenta Kenny.

—No en este país.

—Estoy en eso —miente Mikasa—, estuve mandando CVs y tuve entrevistas, pero–

—¿Entrevistas? —Kenny suelta una carcajada—. ¡Si estás ahí echada todo el día!

—¡Claro que no!

Los dos mayores bufan, sin creerle.

—Son re insoportables ustedes, ya van a ver que voy a tener trabajo antes de que termine la semana.

—Estamos a miércoles —señala Levi.

—¡Y lo mantengo!

 

Ni en pedo se tenía fe, pero al final sí consigue trabajo. Es una empresa pequeña, un poquito desesperada, justo como ella. Lo que sea con tal de no darle la razón a su tío.

El viernes, Pieck la invita a comer a su departamento, para festejar el cerrarle el orto a Levi y para que lo conozca.

Eren está ahí.

—Eren está acá —dice Pieck cuando le abre la puerta del edificio.

—Uh, ¿ok?

—Es que– Zeke me avisó a último momento que venía, y no quiero que te pongas incómoda —Pieck ni se imagina que ellos se ven.

—¿Por qué me pondría incómoda? —se hace boluda—, ¿será porque tuvimos un aborto espontáneo?

—Dale, boluda —Mikasa se ríe.

—No pasa nada, si me lo estuve cruzando estos últimos años —le recuerda a su hermana—. La primera vez fue incómodo, después ya no.

Suben, Mikasa saluda a los otros dos. Charlan, cenan, toman un poquito de alcohol. La pasan bien.

—¿Querés que te acompañe a casa? —pregunta Eren cuando se están preparando para irse.

—Dale, gracias.

—No la vayas a dejar embarazada otra vez —dice Zeke y suelta una risa desde la cocina.

—Seguí lavando, pelotudo —devuelve Eren, incómodo, pero tratando de mantener el ambiente amistoso.

—Lo voy a cagar a piñas —murmura Pieck antes de cerrarles la puerta.

Eren comienza a caminar hacia el ascensor y Mikasa lo mira contrariada.

—¿Supongo que tenés llaves? Porque parece que no va a abrirnos…

—Sí, sí —ríe él—. Son dos pajeros para abrir la puerta.

—Me imagino.

El viaje hasta la planta baja es silencioso. Eren recién lo rompe cuando salen a la calle.

—Che, ¿querés venir a mi casa? —Mikasa lo mira y él sonríe—. Ya aprendí a usar un forro bien, si es lo que te preocupa.

—¿Las veces anteriores no sabías? —eleva una ceja y los dos ríen—. Solo si me hacés el desayuno mañana.

—Obvio, está cien por ciento asegurado. ¿Mate con edulcorante?

—Me das asco.

Notes:

gracias por leer!

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