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Rating:
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Category:
Fandom:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 2 of ( Caja de Chocolates )
Stats:
Published:
2017-03-07
Completed:
2017-03-07
Words:
6,280
Chapters:
3/3
Kudos:
6
Bookmarks:
1
Hits:
142

El eco de tu compañía

Summary:

No había explicación, no había respuestas para una sola de las preguntas; pero Kyungsoo estaba dispuesto a descubrirlas con Jongin.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Fantasmita

Chapter Text

Lo observaba desde lejos—a veces no tan lejos. Aunque siempre pasaba desapercibido. La mayoría de las veces.

Pero la mayoría de las veces no eran todas.

Como aquel volteo rápido de cabeza del hombre hacia el final de la calle oscura y presuntamente vacía por la que caminaba, cuando por accidente tropezó, mojando sus pies en una charca que tiró agua a todos lados—aunque logró retirarse por la esquina a tiempo. También esa vez en que lo despertó al hacer caer una taza en la cocina, a las dos de la mañana, mientras intentaba sacar una caja que guardaba el hombre en la parte más alta de un mueble, que no alcanzaba, que de vez en cuando sacaba y le hacía entristecerse por alguna razón solo tocarla por casualidad—se escondió bajo el mueble en la esquina más oscura. Aunque la vez que estuvo más cerca de verlo fue una noche en particular. No podría recordar exactamente qué día de la semana; puede que un jueves o viernes, un sábado también era opción. Jongin en verdad parecía dormido, sobre el sillón, con la televisión encendida y la boca abierta, un brazo colgando por la orilla hasta tocar el suelo. Se permitió apagar la televisión, porque lo escuchaba en las mañanas enfurruñarse consigo mismo por lo distraído que habría sido de dejarla funcionando, y tomó su mano muy despacio hasta ponerla sobre su estómago para que así no despertase con un calambre. Estaba frío, por lo que fue hasta la habitación a buscar una manta liviana para poner sobre él. Se permitía esas cosas porque de alguna manera quería que el otro supiese que, por solo que se sintiese, no lo estaba—eran detalles, de los cuales al principio Jongin no se daba cuenta alguna, pero que progresivamente tras el paso de un año comenzó a ver; con pánico al principio, luego infinita duda e incluso negación, pensando que su memoria le estaba fallando o que el cansancio quizá le hacía imaginar cosas.

Pero la verdad era que Kyungsoo anhelaba ser reconocido, al menos un poco, últimamente. Solo un poco.

Avanzó silencioso, como siempre, en busca de la frazada, pero al emprender su regreso al sillón notó con espanto que Jongin no estaba allí. Se inmovilizó de inmediato. Estaba completamente oscuro, tan oscuro y silencioso que incluso él sintió uno de los más ridículos miedos.

"Sé que estás por aquí." La voz sonó tan cercana a él—Kyungsoo temblaba. En realidad no podía ser visto por la gente normalmente, pero a veces, lo sabía, cuando era buscado era posible de hallar.

Y, sin embargo, cuando lo buscaban solamente seguían gritos despavoridos, desgarradores, y maldiciones una tras otra. Sin acabar.

"Vamos, dame... dame una señal.”

Distinguió a Jongin caminando por el pasillo, estirando su mano como si fuese a alcanzar algo, pero la iluminación de la noche era tan escasa.

La única señal que dio Kyungsoo ese día fue la ventana del hombre abriéndose, cuando se dejó caer por ella desde el tercer piso por temor a causar miedo.

Pero Kyungsoo era de costumbres arraigadas.

Volvió un mes después del incidente. Quería que Jongin se olvidase de él—pero cambiar la mente de un hombre terco como aquel humano era difícil.

Kyungsoo cesó sus pequeñas ayudas por un tiempo, volvía a ser la mera presencia que custodiaría a Jongin de noche y noche, de domingo a domingo y diciembre a diciembre; que velaría su sueño y cuidaría sus pasos como un fiel apóstol seguiría a su maestro—solo que esto era simplemente Kyungsoo, de juventud eterna, siguiendo a Jongin, que con cada día una caricia de tiempo maquillaba su rostro y su cuerpo con el más sutil de los polvos.

Jongin le hablaba por las noches.

Las primeras conversaciones fueron causa del insomnio, porque el trabajo se le estaba escapando de las manos, y comenzaba con rezo a nadie en particular, la misma oración todo el tiempo:

"Sé que estás en algún lugar cerca de aquí."

Era como si en verdad lo supiese—descubriese a Kyungsoo espiándolo desde el armario, bajo su cama, sentado en el suelo o en la otra orilla del colchón, cuando una especie de valentía lo atravesaba y se aceraba lo suficiente.

"Últimamente he estado demasiado cansado y debería dormir más, pero ahora me encuentro hablándote, a las doce de la noche, en lugar de estar roncando." Jongin miraba el techo mientras Kyungsoo escuchaba silencioso, entretenido en esforzarse en pensar el último cumpleaños de Jongin. ¿Fue el número veintidós o veinticuatro? Había pasado tantos con él que ya ni siquiera podía señalar el exacto. Si fue ese día en que había llovido tan fuerte y habían visto juntos una película, solos—Jongin, solo. O aquel en el cual se embriagó con un puñado de amigos en un bar y debió espantar, tocándole los hombros, a los que se le acercasen por la calle solitaria con malas intenciones cuando ya volvía a su hogar. También podría haber sido ese que celebró holgazaneando y comiendo dulces escondido—no, en aquella ocasión era muy joven.

"¿Soy muy ruidoso por las noches? ¿Ronco muy fuerte?" Kyungsoo quería decir que normalmente no, que solo lo hacía cuando dormía en una mala posición, pero únicamente se dedicó a disfrutar el hecho de que al fin era hablado directamente. Luego de tanto.

"Creo que voy grabar durante la noche para ver si debo visitar algún médico."

Luego de varias observaciones más, Jongin finalmente se durmió, a las 4 de la madrugada. Sin ronquidos.

Las noches siguientes Jongin puso una cámara apuntando a su cama desde el frente de la habitación; Kyungsoo no se preocupaba mucho por ello, ya que era muy extraño que saliese en alguna fotografía o registro digital. Pero cuando Jongin despertó a las dos de la tarde un fin de semana, al sentarse a los pies de la cama y avanzar rápidamente el video con Kyungsoo espiando tras su hombro y las cortinas aún cerradas, un golpe de turbación le hizo querer volver a desaparecer por mucho.

Porque ahí, en la grabación, podía ser distinguido. Jongin lo había notado. Hizo que el video siguiese su velocidad normal; a las tres de la madrugada podían ser delineados sus brazos delgados, cruzados en el umbral de la ventana, que Jongin había dejado abierta porque ya era verano. Colgando con sus piernas desde afuera, como si no hubiese muchos metros de distancia entre el umbral y el suelo. Se vio el movimiento leve cuando apoyó su mentón en sus antebrazos mientras su cabeza permanecía en dirección la cama. La luz clara de la luna era lo único que denotaba sutilmente sus bordes casi transparentes e invisibles, la mancha que era ahora él, su excusa de cuerpo.

Jongin pausó el video e hizo un acercamiento a su lugar, entrecerrando sus ojos mientras que él se preparaba para lo que vendría: el miedo, el horror, la expresión de asco, el espiritista u hombre religioso que vendría a intentar limpiar o exorcizar el lugar. Retrocedió con cautela, expectante de la reacción del hombre, y justo cuando entró por el borde del armario Jongin se paró, casi como en una especie de trance, abrió su escondite mientas que Kyungsoo cerraba sus ojos fuertemente acurrucado en la parte de abajo, se cambió de ropa y salió corriendo.

Jongin no hizo lo que esperaba.

Cuando llegó un par de horas más tarde en sus manos tenía una caja que dejó sobre la cama. Continuó su día como si nada hubiese pasado. Pidió una piza a domicilio de la cual comió solo la mitad viendo un programa sobre viajes alrededor del mundo. Llegando el atardecer se bañó y entonces, al salir vestido como si fuese a dormir, habló de nuevo.

"No estoy asustado."

Kyungsoo esperó en la sala cuando Jongin se adentró por el pasillo.
"Si sigues aquí, por favor, no te vayas"—le escuchó decir.

Al regresar, minutos después, tenía un aparato extraño en una de sus manos, similar a un radar, y en la otra algo que le recordaba a una antena pequeña. Kyungsoo no sabía qué era eso, pero en el momento en que empezó a emitir sonidos como los de una radio en sintonía, y Jongin comenzó a caminar hacia donde se encontraba sentado, Kyungsoo entró en pánico. Afuera estaba atardeciendo, por lo que el apartamento se llenaba de naranjos apasionados y violetas vivos, entrando sol por cada una de las ventanas. Retrocedió de espaldas, chocando con la mesa pequeña de café y moviéndola apenas un centímetro. El humano lo notó.

"Por favor, no tengas miedo"

¿Cómo él podría posiblemente tener miedo? ¿No era Jongin quien debería sentirse perseguido por fantasmas y salir corriendo? Kyungsoo no podría haberlo admitido nunca, pero sí, tenía mucho miedo. Cambió de dirección y, rodeándolo, pasó a la habitación sin quitar sus ojos de él.

Jongin aún no levantaba su mirada de la máquina, que parecía seguirlo donde fuese—si Jongin levantaba su cabeza, si el hombre lo hiciese... Kyungsoo no sabía. No quería ser expulsado del lado de alguien a quien hubo acompañado tantos años—pero a aquellas alturas, si Jongin se concentrase lo suficiente, quizá lo podría ver, quizá… ¿Qué iba a ver, sin embargo? No tenía confianza en nada, nunca la tuvo y estando vivo probablemente tampoco. No sabía qué era frente a ojos humanos. ¿Sería como en el video o solo un borrón en el aire, alguna versión deforme de sí mismo? Un recuerdo abandonado, un alma en pena que no sabía lo que buscaba.

"No quiero hacerte daño"

De pronto botó lo que había en sus manos y se mantuvo mirando el suelo. Kyungsoo temblaba y sentía deseos de llorar ridículos, porque probablemente no podría aún si quisiese. Se encontraba en la pieza y no había escapatoria; la ventana tenía seguro, el closet estaba hasta cerrado, las frazadas de la cama estaban tan desordenadas que todo espacio para meterse bajo ella estaba tapado por alguna manta y Jongin estaba en la puerta, cerrándola tras él. Kyungsoo no podía atravesar paredes, no funcionaban todos los mitos que se les decían a los vivos. No tendría forma de esconderse sin provocar algún hecho paranormal.

Pero había algo extraño, sin embargo, que no entendía muy bien; toda la superficie del suelo estaba blanca, con una capa delgada de algo como un polvo esparcido cuidadosamente sobre un pastel. Entonces lo notó—vio las pisadas, la forma de sus pies que por ser verano, estaban descalzos, y se notaban llegando desde el pasillo marcando delatadores su ubicación.

La angustia era tan grande. Por un instante deseó estar más muerto de lo que se encontraba. Se alejó tres pasos más y afectivamente se marcaron tres huellas suyas, propias.

Jongin levantó la mirada, sus ojos marrones, como un café muy amargo pero que ha de saber muy bien, con una forma que Kyungsoo personalmente pensaba que era tan linda—esos ojos, esa tarde calurosa de verano, se encontraron con los suyos.

Podría ser su imaginación, una ilusión demasiado deseada de lo que siempre anheló Kyungsoo desde que decidió permanecer junto a Jongin cuando lo vio llorando, con su uniforme de secundaria, en un parque—con absolutamente nadie a su lado. Esa única vez en que Jongin también supo mirarlo, la primera, porque sintió una caricia consoladora en su espalda y miró hacia un lado encontrando el rostro de Kyungsoo por meros segundos antes de volver a hundir su cabeza entre sus brazos. Ahora, sin embargo, eran ojos maduros; ojos que calmaron su cuerpo y su alma perdida. Estaba viendo justo dentro de él, justo a través de las capas que cegaban a los humanos de distinguir lo que había más allá de sus narices. Y Kyungsoo pensó no importa, está bien, porque es el mismo Jongin—el que consoló tantas ocasiones, del que escuchó tantos secretos, observó cientos de noches, disfrutó tantas veces desde un rincón. Ahora su espíritu estaba siendo confortado.

"No te vayas", pidió Jongin. Se sentía tan desnudo. "Me gusta tenerte conmigo"

Y Jongin sonrió.

Kyungsoo nunca pudo adivinar si efectivamente lo vio aquella vez o no, pero dejó de pensar en eso cuando el hombre continuó contándole sobre algunas cosas las noches, cada vez con más frecuencia.

Siguió sus pequeños favores; como una sombra, lo seguía a donde fuese—aunque cuando había demasiada luz prefería esperarlo o salir a buscarlo cuando estuviese menos soleado. Demasiada luz le hacía sentir más invisible de lo que era, débil, insignificante. Jongin a veces hacía pruebas, dejaba cosas pequeñas como su teléfono o llaves en cualquier lugar aparentemente perdidos solo para darse cuenta que al día siguiente esos objetos estarían esperándolo sobre el velador. A veces grababa de nuevo, pero Kyungsoo era tímido y pocas veces se exponía a la luz nocturna. Jongin revisaba los videos con cuidado y hacía esa cosa extraña de sacar capturas cuando lo hallaba, para luego imprimirlo en pequeño con papel fotográfico. Kyungsoo no entendía. No había sentido alguno en hacer eso, a menos que intentase de alguna forma probar que los fantasmas o espíritus en tierra existían.

Dudaba que esa fuese la razón.

Muy pocas veces usaba su aparato detector, pero a él no le gustaba y trataba de mantenerlo escondido del humano. Entonces también cuando Kyungsoo era silencioso por demasiado tiempo Jongin hacía su truco del polvo blanco por todo el apartamento, y lo seguía, lo calmaba, decía que solo quería saber donde estaba pero que sus intenciones no eran malas—ninguno buscaba asustar al otro.

En su cumpleaños Jongin volvió a estar solo.
Solo con él.

Pidió algo antes de apagar las velas con los ojos cerrados, y al abrirlos, con Kyungsoo sentado al lado contrario de la mesa, donde Jongin le había sugerido que se sentara, volvió a pensar que había sido descubierto. Le daba un poco de vergüenza cuando Jongin hacía eso, parecía estar manejándolo bien—cuando le hablaba y miraba hacia el punto exacto en el que se hallaba. Acertando. Acertando de nuevo.

Le llamaba "Fantasmita."