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Category:
Fandom:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2017-09-05
Completed:
2017-09-06
Words:
10,078
Chapters:
3/3
Comments:
6
Kudos:
94
Bookmarks:
7
Hits:
1,157

Los Mortífagos

Summary:

Draco Malfoy jamás ha concedido una entrevista desde que comenzó su carrera como cantante de Los Mortífagos. De hecho, el grupo no se ha pronunciado ni una sola vez públicamente. Pero de algún misterioso modo que ni él mismo comprende, Harry Potter, reportero novato de la revista "El profeta del Rock" ha conseguido lo imposible: un encuentro y la promesa de responder a sus preguntas.
El problema es que quizá Malfoy no es lo que Potter esperaba.

Notes:

En ocasiones hay personas muy especiales que llegan a tu vida sin que te lo esperes y la cambian por completo. La hacen mejor. Porque tienen esa clase de energía, esa clase de sonrisa o de actitud que hace que los días se iluminen y las cosas ya no parezcan tan malas.
Exactamente una de esas personas es a la que va dedicado este fanfic.

Espero que este regalo esté a la altura de este vigésimo cuarto cumpleaños en el que te ves envuelta, Cova. Sabes que te deseo lo mejor y que he escrito con todo el amor del mundo sobre algo que nos gusta mucho a las dos y que hemos venido compartiendo casi desde el principio. Mi problema con Drarry es culpa tuya, y lo sabes.

Supongo que descubrirás en quiénes están inspirados "Los Mortífagos". Y que te arranque una sonrisa descubrirlo.

Te quiero muchísimo, amor.

Disclaimer: los personajes protagonistas de este fanfic no me pertenecen y son propiedad de J.K. Rowling y ese largo etc legal que no me apetece escribir.

Chapter 1: Primer movimiento

Chapter Text

La luz del sol matutino iluminaba por completo las mesas junto al ventanal, mientras el olor a café se extendía por el aire. Pequeñas partículas de polvo se mantenían suspendidas en aquel aroma, diferenciándose unas de otras al reflejar la luz natural del exterior. Una suave música ambiental daba el toque final a una escena pacífica de domingo por la mañana. A menos que tu nombre fuese Harry Potter, claro.


En su fuero interno, Harry sufría una conmoción absoluta. Cogió el vaso de papel que le ofrecía el camarero y sorbió los restos de café con leche que se habían quedado sobre la tapa de plástico al cerrarlo. Recogió también su cambio y le dedicó una sonrisa silenciosa pero llena de nervios al joven chico pelirrojo que le saludaba desde el otro lado de la barra. Normalmente ver a Claude le ayudaba mucho a tranquilizarse: ver al chico más guapo de su barrio siempre le animaba. Pero esa mañana no, esa mañana había cosas mucho más intensas pugnando en su estómago.


Salió de la cafetería colocándose de nuevo los auriculares. La guitarra solista de Legio le separó del resto del mundo. Era su segunda canción favorita de Los mortífagos, y pronto esa misma guitarra estaría acompañada de la impresionante voz de su cantante. Legio nomen mihi est, quia multi sumus. Esa era la primera frase que Draco Malfoy pronunciaba en aquella canción.


El estómago le dio otro pinchazo. En apenas unos minutos tenía un importante encuentro con el propietario de la voz que más le había hechizado en toda su vida. No llevaba mucho tiempo trabajando para la revista El Profeta del Rock, pero le habían asignado la entrevista que llevaba meses queriendo hacer. Y sólo por un pequeño detalle sin importancia: había ido a clase con Draco Malfoy en la universidad.


Sabía que ese era el único motivo por el que el quisquilloso cantante de Los Mortífagos le había concedido una hora de su apretada agenda. Nadie había conseguido entrevistarle nunca. Se negaba a hablar con los medios de comunicación porque aducía que ese misterio era precisamente lo que hacía que la gente los escuchase. Por ese mismo motivo todos los miembros de la banda actuaban bajo una túnica con capucha que les cubría la cara. Todos a excepción del propio Malfoy, quien actuaba en esmoquin, con las facciones elevadas de sus huesos faciales remarcadas en un tono blanco sobre la pintura negra que cubría las zonas hundidas de su rostro. Era como una calavera. Pero la calavera más estilizada que Harry había visto nunca.


Estaba tan ensimismado en la música y sus preocupaciones que un coche por poco lo atropella al lanzarse a la calle con el semáforo en rojo. Tuvo suerte de que su café no se derramase sobre su para nada pulcra camisa verde. Le temblaban las manos mientras caminaba en dirección a la discográfica. Sentía un hormigueo extraño en la boca del estómago y no podía evitar querer morderse el labio y arrancarse pequeños trocitos de piel. Era una mala manía que había adquirido durante la universidad.


La gente caminaba despreocupadamente por las aceras de Londres aquella mañana. Eran las nueve y media de la mañana de un domingo, de modo que nadie estaba apurando el paso para llegar al trabajo, o directamente corriendo calle abajo, empujado y apartando al resto. Harry sólo se encontraba con algunas personas que salían de casa para hacer pequeños recados, o con alguna pareja de mediana edad que empezaba el día corriendo un par de manzanas.


En la distancia, saliendo de una boca de metro, pudo ver a un par de chicas que volvían a casa después de una noche de fiesta. Una de ellas se le quedó mirando fijamente y le hizo una señal a su amiga, señalándole. Pudo ver como ambas gesticulaban, gritándole algo, pero no se molestó en quitarse los auriculares y directamente las ignoró. No tenía tiempo para aquellas historias.


Se arremangó por duodécima vez en media hora para mirar la hora de nuevo. Todavía tenía diez minutos para llegar y apenas le faltaban un par de calles para encontrarse frente a la puerta de la discográfica Black Records. Relajó el paso y se obligó a respirar profundamente. Justo en ese momento empezaba a sonar Lilit. Su primera canción favorita. En esta ocasión la voz de Malfoy abría la canción, sin acompañamiento alguno, leyendo un pasaje de la biblia en latín.


Et occurrent hyaenae thoibus, et pilosus clamat ad amicum suum; ibi cubat lamia, et invenit sibi requiem. Había algo especialmente sensual en el modo en que comenzaba Lilit. Malfoy susurraba al micrófono como a un amante íntimo, con una voz aterciopelada que siempre hacía que se le erizase la piel. Por eso no pudo evitar un escalofrío cuando cesó su voz para darle paso a la introducción rítmica de la batería.


Se sorprendía a sí mismo cada vez que se encontraba en una situación como aquella. Estaba caminando por la calle, rodeado del tumulto de la ciudad, respirando los miles de aromas propios del centro. Podía oler el pan recién hecho, las especias recién compradas de las tiendas hindúes y el desagradable humo de los tubos de escape. Pero la voz de Draco Malfoy, susurrándole al micrófono, le alejaba de todo aquello y le dejaba aislado, creando una especie de instante íntimo entre ellos dos.


Pese a todo, seguía caminando.


Cuando alcanzó la puerta principal de Black Records aún quedaban tres minutos para la hora en la que oficialmente había quedado con el cantante de Los Mortífagos. Tiró el vaso en una papelera cercana. Después empujó torpemente la barra de metal negro que hacía las veces de pomo y entró. El interior era pulcro, pintado en tonos de blanco, negro y gris. A ambos laterales descansaban dos filas de sillas que desembocaban en un amplio mostrador de color negro mate. Al otro lado le esperaba la sonrisa de la recepcionista.


- Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?
- Vengo a ver a Draco Malfoy - se apresuró a quitarse los auriculares y apagar su viejo mp3 - Tengo concertada una entrevista con él para las diez menos cuarto.
- Permítame que lo consulte - introdujo un par de comandos en el ordenador - ¿su nombre?
- Harry Potter. Para la revista El Profeta del Rock.
- Sí, claro. Aquí está. Me sorprende que le hayan concertado una entrevista un domingo.
- A mi me sorprende que ustedes abran un domingo - le dedicó una sonrisa más nerviosa de lo que pretendía.
- Bueno, la música no descansa - golpeó con fuerza la tecla enter - y nosotros tampoco.
Una sonrisa forzada y un silencio incómodo.
- Si es tan amable de seguirme.
- Claro.


Había aprovechado la pausa para enroscar el cable de los auriculares alrededor del cuerpo del mp3 y guardarlo en su vieja bolsa de cartero marrón. Sus manos empezaron a temblar con mayor intensidad en cuanto hubo entrado en el ascensor con la recepcionista. Ella pulsó el número seis y se limitó a entrelazar las manos y esperar. El silencio podía cortarse con un cuchillo.


- Aquí es - la recepcionista le indicó amablemente con el brazo que saliese del ascensor al tiempo que las puertas comenzaba

n a abrirse - El señor Malfoy le espera en la sala de entrevistas número cuatro, tercera puerta a la derecha - y justo antes de cerrarse a sus espaldas escuchó - Buena suerte.
Se giró instintivamente ante aquella afirmación. Sabía que Draco Malfoy no tenía buen carácter, pero había aceptado voluntariamente realizar aquella entrevista. Pese a todo, el nudo del estómago se le reforzó mientras caminaba por el pasillo hasta la puerta que le habían indicado. Tomó aire y la abrió.


Dentro le esperaba Draco Malfoy en todo su esplendor. Sentado en una butaca de cuero negro con reposabrazos, descansaba con la cabeza apoyada en la parte trasera, mirando hacia el techo. Tenía las piernas estiradas, con los tobillos cruzados sobre un reposapiés también de cuero negro. No llevaba su común esmoquin de las actuaciones, pero sí el maquillaje que lo caracterizaba, con su precioso pelo rubio platino echado hacia atrás.


- Oh, Potter, adelante.
- Buenos días, señor Malfoy - se acercó educadamente, evitando una silla de plástico negra que se encontraba de frente a la butaca - Es un placer encontrarme con usted en persona, al fin- y le tendió la mano.
Malfoy le miró desde su asiento y le dedicó una sonrisa torcida, casi insinuante. Durante un segundo, la mente de Harry se trasladó al inicio de Lilit y un escalofrío le recorrió la espalda. Pese a todo, el cantante se negó levantar la mano y estrechar la suya.
- Hasta donde yo sé, ya nos habíamos encontrado en persona con anterioridad - le indicó la silla de plástico con un gesto de la cabeza - Durante cuatro años, para ser exactos.
- Sí, bueno - Harry tomó asiento, incómodo, y abrió su cartera para sacar la grabadora y la tablet con las que tomaba nota en las entrevistas - Me refería desde que empezó su carrera artística y hablamos por última vez.
- Puedes tutearme, Potter - una sonrisa sarcástica y un modo amenazante de pronunciar su apellido - Y deja de llamarme señor. Es molesto.
- Perdona, ¿Malfoy? - ante el asentimiento de su interlocutor, continuó - Normalmente hablo informalmente con mis entrevistados antes de comenzar las preguntas de rigor, para que nos conozcamos un poco.
- Creo que nos conocemos lo suficiente, Potter.
- ¿Ah sí? - se moría de ganas por morderse el labio y apenas podía controlar el temblor de sus manos.
- Imagino que sigues siendo el mismo chico pedante al que todos los profesores adoraban.
Esa afirmación cayó sobre sus hombros como un cubo de agua fría. ¿Chico pedante al que todos los profesores adoraban? Nunca había tenido esa imagen de sí mismo.
- ¿Perdona?
- Sí, ya sabes. De esos que apenas tienen que respirar para ser admirados. Tú y tu - hizo señas con los dedos para simular comillas - "sensible oído para la música clásica y el contrapunto".


Recordaba aquellas palabras. Eran lo que había dicho exactamente el profesor Lupin un día de tercero justo antes de salir de clase. Pero era incapaz de recordar a Malfoy en aquella escena. De hecho, apenas recordaba a Malfoy en sus años universitarios, más allá de la figura pálida y silenciosa de un chico rubio que siempre vestía de negro y se sentaba al fondo de la clase.


- No sabía que estuvieses...
- Estuve ahí todo ese tiempo, Potter. Los cuatro años.
- Me refería a...
- ¿En el momento en que el profesor Lupin prácticamente te confesó lo mucho que le atraías? Sí, bueno - Malfoy se pasó la mano por el pelo, en un gesto extremadamente sensual - eso lo escuché por error.


El silencio se hizo entre ambos. Harry le miraba directamente a los ojos y Malfoy le mantenía la mirada, sin ningún tipo de reparo. Sonreía, con esa sonrisa que se dibuja en los labios de alguien que sabe que tiene controlada la situación, elevando con suavidad y prepotencia la comisura de los labios. Por su parte, Harry empezaba a sudar frío y a sentirse muy incómodo.


- ¿Te lo tiraste, Potter? - y eso fue un susurro, como si le hablase íntimamente al micrófono.
- No - su voz salió ahogada, casi sin aire.
- Bien - Malfoy se echó hacia atrás, acomodándose sobre la butaca y recolocando los pies - Pues empecemos con esa entrevista.
Se mantuvieron la mirada un par de minutos, en silencio. Harry tragó saliva y es aclaró la voz mientras desbloqueaba la tablet y abría el programa con el que tomaba notas. Después, encendió la grabadora y la acercó a Malfoy.
- ¿Cómo nacieron Los Mortífagos?
- Me esperaba una pregunta con más sustancia para empezar, Potter - se relamió antes de seguir contestando - La verdad es que es una idea que venía fraguándose desde el primer año de universidad. Unos amigos y yo empezamos a barajar la idea de hacer una banda de música donde la temática principal fuese religiosa, pero tratada desde una perspectiva oscura. El nombre viene del mago oscuro que Blaise, el batería, usaba cuando jugábamos a Dragones y Mazmorras.
- Todas vuestras canciones, de las que te entitulas como compositor, hablan sobre figuras oscuras u olvidadas de la religión cristiana, ¿a qué se debe esa especial fijación por el tema religioso? ¿Por qué sus, digamos, personajes malvados o demoniacos?
- Porque siempre he sentido atracción por las cosas prohibidas.
El tiempo se detuvo en ese segundo para Harry. Los ojos de Malfoy le miraban fijamente, con una intensidad que iba más allá de la prepotencia que había mostrado antes. Era casi como si quisiese devorarle con la mirada.
- Especialmente por aquello que las religiones tachaban como malvado - continuó -. Además, me encanta la estética religiosa mezclada con lo gótico y rayando en lo satánico. Eso y el color verde - le guiñó el ojo, despreocupadamente.
- Muchos de nuestros lectores se preguntan de dónde sacas la inspiración para componer la música de la banda - Harry intentó recuperar la compostura - y por qué nunca has querido hablar de ello.
- Digamos que la música llega sola una vez he encontrado al personaje que quiero identificar con ella. Y mis compañeros me ayudan mucho a pulir mi idea. Después, para la letra, me encierro en mi mismo un par de días y regreso con referencias y metáforas que se adapten a las formas de mi música.
- Pero esa música es muy pasional, algunos incluso hablan de una especie de instinto primitivo que subyace.
- Yo siempre he creído que la música tiene que follarte, Potter - esas últimas dos palabras le golpearon, erizándole la piel - Y mis canciones son la forma en que yo me follo todas las concepciones que hay sobre sus protagonistas. Y a mi público, claro.
- Entiendo. Otra cosa que también os caracteriza es esa estética tan particular, con las túnicas y tu maquillaje facial. Tenéis casi el aspecto de un grupo de sectarios. ¿Tiene algún motivo en particular? ¿Por qué una calavera?
- He contestado esto más o menos cien veces - jugueteaba con la costura del reposabrazos de la butaca - Pero nos gusta mantener el misterio. Las túnicas son relativamente cómodas y fáciles de conseguir y nos recuerdan un poco, como bien has dicho, a un grupo de seguidores de alguna secta. Al fin y al cabo, somos Los mortífagos, que suena mucho a seguidores de Kali Ma o algo así. Yo era el único al que llevar la túnica sobre el rostro le dificultaba actuar, de modo que nos pusimos a pensar qué podía ponerme yo. Y el maquillaje de una calavera parecía lo más adecuado – Draco señaló su cara, de facciones prominentes - En la universidad tenía incluso más marcados los pómulos. Además, se me puede ver como a la muerte personificada, devorando las almas de nuestros seguidores con mi sibilina voz. Soy su líder y todos ellos lo saben.
- Nos pediste que la entrevista fuese corta cuando aceptaste concertarla con nosotros, así que hemos decidido cerrarla con una pregunta formulada por un suscriptor o suscriptora anónimo, de las muchas que nos enviaron a la redacción cuando se supo que concederías una entrevista en exclusiva.
- Dispara, Potter.
- Queremos saber más sobre el Draco Malfoy que oculta esa calavera, queremos saber sobre el hombre tras el cantante, ¿cómo te describirías a ti mismo?
- No hay mucho que decir, la verdad. Cuando no llevo mi máscara, sólo soy un hombre corriente con aficiones corrientes, en especial la música. Un poco tímido e introvertido, quizá - eso se parecía a lo que Harry recordaba de él - A veces pienso que el líder de Los Mortífagos y Draco Malfoy son dos personas completamente distintas, como el doctor Jekyll y el señor Hyde. Una suerte de alter ego. No creo que Draco fuese capaz de componer lo que el líder de Los Mortífagos compone.
- ¿Y quién compuso Lilit? - la pregunta sorprendió al propio Harry nada más formularla.
Pero quien más se sorprendió fue Malfoy. Se quedó mirándole, con los labios entreabiertos, pegado firmemente al respaldo de la butaca.
- Supongo que ese fue Draco - desvió la mirada unos instantes, tímido, para después volver a sostener la de Harry - pero ¿a qué viene esa pregunta?
- Lo he dicho sin pensar, perdona.
- No, no. ¿Por qué, Potter? ¿Por qué has preguntado específicamente por Lilit?
- Supongo que suena... diferente.


Se quedaron mirándose en silencio, mientras Harry apagaba la grabadora. Después dirigió toda su atención a la tablet mientras daba un par de retoques a sus notas y cerraba el programa, dejándola en suspensión para guardarla en la cartera. Lo recogió todo y se fijó en que Malfoy aún le miraba fijamente.


- En fin, gracias por la entrevista - se levantó y esperó unos instantes de pie junto a la silla, en aquella situación que le resultaba especialmente incómoda.
- No tienes que darlas, Potter - Malfoy se levantó también, acercándose a la puerta para abrírsela y dejarle pasar - Ha sido un placer.
- Sí, supongo que echarme en cara lo pedante que era y la incómoda situación con Lupin, han merecido la pena - susurró Harry, justo antes de salir.
- ¿Has dicho algo?
- Nada - se giró con una sonrisa fingida - Nada en absoluto.
- ¿Necesitas compañía para salir?
- No, no tiene pinta de ser muy complicado. De nuevo, un placer, Malfoy.
- Igualmente, Potter.


Se apresuró en recorrer el espacio de pasillo que le alejaba de las puertas del ascensor, sintiendo la atenta mirada de Malfoy en la nuca. Cuando vio su propia cara en el espejo que recubría la pared posterior del ascensor, suspiró. Estaba pálido y parecía asustado. Malfoy había controlado completamente la situación y el ambiente, sin dejarle espacio casi ni para respirar entre tanta tensión.


Nada más abrirse las puertas en el piso inferior, salió disparado hacia la recepción. Se despidió educadamente de la recepcionista, que le dedicó una sonrisa compasiva, con una especie de trasfondo malicioso, y salió a la calle. Necesitaba respirar aire fresco, liberarse de esa sensación de sumisión absoluta y escuchar música.


Se puso los auriculares y encendió el mp3. Buscó una canción concreta y le dio al botón de reproducir. Tomó aire cuando el Draco al que admiraba empezó a susurrarle al micrófono. Et occurrent hyaenae thoibus, et pilosus clamat ad amicum suum; ibi cubat lamia, et invenit sibi requiem. Y lo soltó todo justo antes de que empezase a sonar la batería.