Chapter Text
Peso y Levedad.
Cuerpo y Alma.
Vida y Muerte.
Los humanos siempre se preguntan insaciablemente por estás cosas, como si en verdad pudieran descubrir los secretos detrás de todas ellas. Pero la verdad es que nunca podrán descubrir la verdad. A menos que mueran o sean algún ser mítico como un ángel o una parca.
¿Qué cómo se esto? Esa pregunta es muy fácil de responder.
Mi nombre es CS, de la división 4, y soy un ángel de la muerte.
Sí, un ángel de la muerte. Soy uno de los tantos que existen. A lo largo de la historia hermos sido nombrados por diferentes nombres según la cultura como Malak al-Maut, Azrael, Shinigami. No importa el nombre, al final es lo mismo, somos emisarios de la muerte y el destino.
Esto es porque no somos el típico ángel que da tranquilidad, ya que ayudamos a que los humanos mueran. Ah, pero no soy un malvado, solo sigo las órdenes del telar del destino.
Mis amigas las parcas son las que ven la vida de los seres humanos en el telar. Ellas tienen en su poder los hilos de la vida y manejas los libros del destino. Y cuando un humano va a fallecer, según lo interpretan en los complicados códigos del telar, colocan un bonito aro negro alrededor de ellos. Mientras más nítido sea el color negro, significa que el humano está más cerca a su muerte morir, y yo solo doy un pequeño empujoncito para que fallezcan.
A veces algunos humanos comienzan con una aro gris, en esos casos debo hacer un seguimiento de ellos hasta que sus aros sean negros. Pero particularmente no me gustan esos casos, prefiero que un aro negro aparezca de pronto y yo ayudar al instante. Por eso mi trabajo ideal es cuando me asignan a sitios con conflictos armados.
Amo los gritos de pánico, las acciones desesperadas y el miedo reflejado en los ojos de unos pequeños soldados, que ni siquiera saben cómo terminaron en esos lugares aunque sus mentes están bastantes claras que ese será el lugar de su muerte. Yo me encargó de aparecer para hacer cumplir esa idea previamente instalada en sus pequeñas cabezas.
Lo curioso es que en un sitio de conflicto armado un soldado no puede tener el aro negro rodeándolo, pero si da un paso en falso el aro aparece al instante. El destino ha cambiado. Su futuro jamás será el mismo. En ese momento, por ejemplo, si un hombre es el que apunta a otro, yo lo guío, me pongo detrás de él ayudándolo a fijar su objetivo, y, si algo sale mal, con mis poderes hago que la trayectoria de la bala cambie y dé en su destino.
Después de todo si un humano tiene el aro negro, este debe morir. Siempre debe morir. No hay manera de cambiarlo, ese era su destino definitivo.
Específicamente he trabajado en lugares de guerra mucho más que en otros. Durante la segunda guerra mundial estuve en Francia, en la guerra de indochina estuve en Vietnam del Sur, etc., etc. Me divertí muchos en esos lugares, tenía mucho trabajo, iba de un lado a otro, ayudando a que los humanos murieran y sus almas viajaran al inframundo a ser juzgadas.
Aunque ahora no tengo mi trabajo ideal, pues el jefe de todas las divisiones dijo y lo cito:
« Has hecho un excelente trabajo. Pero al parecer estás perdiendo tu camino como un ángel, ya que vez a los seres humanos como meros objetos que en cualquier momento pueden morir. Tienes que comprender todos los sentimientos que acarrean la vida y muerte de los humanos.»
Sí, recibí un gran sermón. Y eso que solo cité una pequeña parte porque en verdad su discurso duró como dos horas.
El punto es que me asignaron otra ciudad, una más tranquila, donde tengo que seguir esos casos aburridos de humanos con aros grises. De esa forma me asignaron a Corea. Cuando me dijeron ese país pensé que en la zona de conflicto en la frontera, pero cuan equivocado estaba, pues en verdad me asignaron a otro lugar.
Seúl.
Esta megalópolis es aburrida y superficial. Los seres humanos aquí, como en otras partes del mundo, se preocupan demasiado por la belleza física y el dinero. Tontos humanos, si supieran que no les servirán de nada esas cosas de las que tanto se preocupan al recibir el juicio final.
Por eso llevar a estos humanos a la muerte no es tan difícil. Aunque tampoco es divertido. Los humanos en esta ciudad se deprimen con facilidad, al no conseguir lo que quieren y terminan por suicidarse. Su lugar favorito para suicidarse es el puente del río Han, siendo este sitio el que se ha convertido en mi hogar, pues los humanos vienen por sí mismos y se tiran de él.
Pero un día pasó algo curioso. Yo me balanceaba lentamente por la barandilla del puente, en espera de alguna alerta de un humano a punto de fallecer, cuando apareció un chico en uno de los extremos del puente. Al principio pensé que se iba a suicidar pero no llevaba un aro negro, así que simplemente me dije que era un mero transeúnte, y dejé de prestarle atención.
Era un humano raro, parecía no haber completado su crecimiento, pues era bastante bajito. Aparte tenía un extraño cabello color rosa, aunque lo más peculiar en él, es que miraba el puente como si pudiera ver algo más.
En ese puente se podían ver muchas cosas si eras un ser sobrenatural, pero si eras un simple humano no verías nada. Lo que podías ver era producto de que la gente se había suicidado en el puente, y es que pequeños fragmentos de sus almas volaban alrededor en forma de pequeños aros de luz. Eso le pasa a los suicidas, sus almas jamás llegan completas al inframundo, pero llegan.
Además en este lugar se lograba divisar a una pequeña fantasma, pues algún estúpido ángel no había hecho su trabajo bien en Seúl y había un alma completa que no fue llevada a ser juzgada. Deben saber algo, los ángeles de la muerte tenemos un plazo máximo de media hora para llevar las almas al inframundo, si nos pasamos de ese plazo las almas se quedan en el mundo terrenal como fantasmas. Y por eso fui felicitado anteriormente, habían tantos muertos en las zonas de conflicto y aún con ello jamás perdí un alma, todas fueron llevadas al inframundo, sin excepción. Pero ese no era el caso de esta niña de largo cabello negro, ella no llegó al inframundo. Así que ella siempre se sentaba en la barandilla a mover sus pies viendo a la nada. Al parecer no había muerto en este lugar, pero lo estableció como su hogar, ya que siempre estaba ahí.
Regresando al humano, ese raro y bajito, este de pronto saco de una mochila un bloc y empezó a dibujar en él. Y aquí viene lo interesante. Yo dejé que dibujara, no me interesaba al principio. Pero por curiosidad me acerqué a él, en específico flote detrás de él, y me espante por lo que vi.
Al instante me teletransporte al refugio de las parcas. Cuando llegué estaba sudando, era la primera vez que experimentaba el miedo durante todos mis años de vida inmortal.
—Parcas —las llamé.
—Vaya pero si es nuestro ángel favorito —habló la parca del pasado.
—Un humano, el...
—Un humano te miro —contestó la parca del pasado—, si lo vimos.
—Es más que eso, el me dibujó. A mí y al alma que estaba en ese puente. ¿Cómo es eso posible? Nunca vi un humano con esas habilidades.
—Bueno, no te dibujo del todo. —hablo la parca del futuro.
Ella camino con paso lento hasta una parte del telar y sacó un hilo de vida, puso sus manos en ella y proyecto la imagen del chico con el dibujo ya terminado. Ella me mostraba el futuro.
—Este humano, solo te vio por un instante —hablo la parca del pasado.
El dibujo del chico no mostraba mi rostro, en su dibujo se me veía balanceándome sobre la barandilla con mis grandes alas negras y mi peculiar ropa blanca, pero mi rostro estaba borroso.
—Ese humano tiene un poder —la parca del pasado tocó el hilo de vida del chico—. Lee Jihoon, tiene el poder de ver a seres sobrenaturales.
—¿Eso significa que ese humano puede verme?
—Sí, pero solo por pequeños momentos. No te preocupes por él, no puede hacerte nada —esta vez fue la parca del presente, la que resolvió mis dudas.
Pero no me preocupaba lo que me pudiera hacer, yo estaba demasiado sorprendido. Un humano podía verme. A mí, un ángel. Él podía poner enfocar sus ojos y mirarme por un pequeño momento, y debo admitir que esto es lo más entretenido que me ha pasado en mis siglos de vida.
Definitivamente regresaría a ver al humano de nombre Lee Jihoon.
