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Language:
Español
Stats:
Published:
2018-03-09
Updated:
2018-03-23
Words:
4,851
Chapters:
4/?
Comments:
8
Kudos:
19
Bookmarks:
1
Hits:
507

De soledades y otras cosas

Summary:

La soledad es dolorosa y Javi lo sabe mejor que nadie. Sin familia, sin un lugar que se sienta como un hogar y constantemente extrañando algo que parece perdido en la bruma de su memoria, su vida es un camino gris que se extiende frente a él en un paisaje desolador.

Sin embargo, todo parece dar un giro para mejor una fría mañana a finales de otoño cuando sus ojos se posan en esa persona.

Negro, blanco y rojo.

Las únicas cosas que nunca cambian.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

— ¿Qué has hecho?— susurró horrorizado al ver a su amigo, arrodillado en la lodosa tierra producto de la lluvia y la sangre, que lloraba sobre el cuerpo de un hombre muerto.

Muchos cuerpos más poblaban el campo. Las guerras humanas eran así, sólo dejaban muerte y un silencio frío que aun después de la batalla parecía reverberar con los gritos de los caídos.

—Yo... lo he asesinado...— el corazón le dolió al escucharlo decir esas palabras. El dolor y la desesperación se filtraban en su voz como la sangre que manchaba sus ropas.

—Te ordenaron no venir. No debiste venir— le susurra con ferocidad, temiendo que el viento arrastre sus palabras a oídos indeseados.

—Pero ellos estaban tan desesperados por ayuda. Y yo no pude negarme, tenía que...

—Pero ese es mi trabajo. No se suponía que tú mancharas tus manos. No — se arrodilla al lado de su amigo sin importarle la suciedad bajo sus pies—. Debemos irnos, pronto ellos llegaran y serás castigado si ven esto.

—Lo siento, lo siento...— sigue disculpándose con el cadáver y no escucha ninguna de sus advertencias.

Se levanta del suelo fangoso y lo toma del brazo con fuerza, obligándolo a levantarse y a mirarlo a la cara. Ojos claros como el ámbar se encuentran con los suyos oscuros como la tierra de las tumbas.

—Debemos irnos, e...—las palabras mueren en su boca cuando siente las plumas de sus alas erizarse en advertencia.

No, no, no. Piensa con pánico.

Se vuelve justo a tiempo para ver a las cinco figuras que se acercan a ellos. En un desesperado, e inútil, último intento despliega un poco sus oscuras alas para ocultar a su compañero.

Las palmas de sus manos pican con la necesidad del metal caliente de su arco. No lo hagas. Se recuerda.

— ¿Qué significa esto?— pregunta una voz iracunda que no reconoce. Alguien de otra unidad.

—Yo…

Rápido como una cobra su brazo se dispara y toma el cuello de la criatura que más ama en todos los universos y lo obliga a agachar la cabeza y permanecer en silencio.

«Cállate, cállate, cállate». Le susurra desesperadamente. Su amigo lucha contra su agarre por un instante y luego se detiene.

— ¿Y bien?— los ojos del líder brillan, expectantes. Si hay algo que los cazadores y rastreadores no toleran es la deslealtad, la desobediencia, la traición. Y un mensajero descarriado era la presa perfecta.

—Yo lo hice— dice con la voz fuerte y clara. A sus espaldas puede escuchar una brusca inhalación.

Está bien. Ellos me creerán. Soy un cazador, soy peligroso. Ellos me creerán.

— ¿Y él?

— Vino a despedirse de un humano que ha muerto en este lugar.

—Al parecer hizo algo más que sólo despedirse— susurra alguien, cuyo rostro no puede ver. Lo están disfrutando, acorralándolos hasta que la vergüenza por sus errores sea tal que no tengan más remedio que confesar.