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A Thousand Years

Summary:

Beacon Hills está en calma, y su manada está sumida aún en el dolor y la negación. Han perdido a Allison, aunque han ganado nuevas adiciones al grupo. Sin embargo, alguien llega a romper los esquemas y poco a poco, la manada comienza a ser abducida para abrir los ojos y conocer la verdad.

Chapter 1: My Kind of Love

Chapter Text

La noche estaba tranquila y serena, la luna creciente brillaba coqueta en el cielo, salpicada por miles de estrellas a su alrededor, y el suave viento que corría bien podía ser considerado una simple brisa que acariciaba las copas de los árboles y hacía mecer las flores a su paso.

Había pasado casi un mes desde que extrañas criaturas vestidas de negro habían atacado casi la totalidad del condado, matando e hiriendo a personas sin razón aparente. Y aunque aún quedaban algunos reticentes que esperaban se esclareciera aquella situación, era la mayoría quienes estaban aliviados de que aquello hubiera terminado, aunque no tuvieran certeza de qué había sido realmente. La ignorancia te da paz, parecía ser el lema de muchos.

La manada de Beacon Hills, sin embargo, no podía decir que estaban completamente aliviados. Los Oni habían causado bajas en el equipo, bajas importantes. Allison había muerto hacía un mes, y para todos seguía siendo doloroso escuchar siquiera su nombre. Chris le había realizado un funeral tranquilo, casi privado, donde asistieron todos los que conocían la verdadera razón de la muerte de la joven cazadora, presentando sus respetos y tratando de ocultar su dolor. Luego de aquello, sólo Chris visitaba la tumba semanalmente, sintiendo como si mil dagas se clavaran en su pecho cada vez que veía la lápida gris frente a él, pero se había prometido ser fuerte, porque su pequeña merecía tener flores frescas cada semana.

Ni Isaac, ni Scott, ni Lydia hacían siquiera el vago intento por visitar el cementerio. Lo habían intentado, unas cuatro o cinco veces antes, pero la crisis de pánico que comenzaba a escalarles por las piernas era puro dolor. La presión sobre el pecho, la imposibilidad de respirar bien, la vista vidriosa. Desistieron al quinto intento, pensando que, quizá, si pasaba un tiempo prudente, el dolor sería más soportable.

Stiles pasaba casi todo el día en su casa, encerrado en su habitación, poniéndose al día con los deberes del instituto, escuchando música, viendo alguna película. Lo que fuera con tal de mantener su mente ocupada y dejar de recordar aquellas cosas. Aquellas muertes. Aquellas vidas que había tomado con sus propias manos. A veces lo acompañaban Lydia o Malia, aunque ninguna de las dos lograba levantarle demasiado el ánimo, y Stiles agradecía mentalmente cuando las chicas hacían abandono del hogar Stilinski, y agradecía aún más cuando nadie se asomaba siquiera por allí.

Melissa y el sheriff de vez en cuando se pasaban por el departamento de Chris para que no se sintiera demasiado solo. Como padres de hijos únicos podían entender el dolor del cazador e intentaban animarlo lo más posible. Y Chris no se quejaba de aquello. La enfermera y el sheriff habían logrado convencerlo de no irse a Francia y quedarse allí, en honor a Allison, porque era lo que ella habría querido. Que siguiera protegiendo a aquellos que no podían protegerse por sí mismos.

Peter se mantenía ausente, no era común verlo por las calles o en el loft de Derek si alguien iba a dar una vuelta a ver qué tal estaba el ex alfa, quien hacía un tiempo estaba más extraño de lo normal. Los Hale se mantenían fuera del radar y casi parecía que intentaran no pasar demasiado tiempo con la manada. Derek se mantenía ocupado revisando libros y haciendo investigación de la que nadie tenía idea alguna. Peter casi ni se veía, excepto por las veces que se encontraba "accidentalmente" con Malia, la cual simplemente lo ignoraba, desconocedora de las reales intenciones del Hale.

Tanto Malia como Kira trataban de mantener unido al grupo, principalmente porque al fin habían encontrado un lugar al que pertenecer, pero siempre el recuerdo de Allison Argent se cernía sobre ellas.

Pero aquella noche todo había sido tranquilo. Desde hacía días gruesas y oscuras nubes habían cubierto los cielos de Beacon Hills, pero durante la tarde se habían disipado, llevándose también el frío, y la noche era templada y refrescante. La luna creciente resplandecía en el cielo, y la suave brisa recorría las calles del condado, meciendo suavemente las hojas de los árboles. Nada podría hacer presagiar que aquella noche, todo cambiaría.

 

El Cadillac rojo se detuvo en el estacionamiento del cementerio y de él descendió una joven. Sus finísimos zapatos de taco aguja hicieron eco al apoyarse sobre el frío pavimento, y su larga capa negra hizo un sonoro frufrú al ondearse con la brisa. Sobre sus hombros caían sedosamente relucientes rizos dorados, escapando de la prisión que una capucha les daba, ocultando también de paso el perfilado rostro de la joven, quien cerró la puerta del vehículo y se encaminó hacia el interior del cementerio. Sus ojos, ocultos bajo la sombra de la capucha, brillaban con un extraño resplandor tornasolado, y sus carnosos labios pintados en rojo rubí dibujaron una sutil sonrisa cuando su vista se apoyó sobre la lápida más reciente del cementerio.

Sacó sus manos de los bolsillos de la capa que llevaba encima y deslizó los dedos de su mano derecha por el fino granito gris, recorriendo el tallado de las letras hasta detenerse sobre la T final.

-He tardado demasiado- susurró, bajando la vista y observando la tierra compactada bajo las camelias que cubrían el suelo. Entonces, unas pisadas a su espalda la hicieron voltearse, permitiendo a la luna iluminar parcialmente su rostro, de facciones finas y elegantes, con la tez dorada como las arenas del Sahara, y sus labios ampliaron la sonrisa al ver el portentoso animal tras ella. Era semejante a un lobo, de hocico largo y colmillos afilados que sobresalían entre sus labios, la nariz era perfilada, permitiéndole captar hasta la más mínima esencia a su alrededor, sus ojos, grandes y profundos, eran del color del fuego, como si se tratara de dos carbones encendidos, sus orejas, grandes y puntiagudas, parecían estar en constante alerta, captando cada sonido, por efímero que fuese. Su pelaje brillaba sedoso, en un color negro con motas marrones, y tanto su pecho como sus patas tenían el pelo gris, como si llevara demasiados años de vida- Has tardado- susurró la joven, volviéndose hacia la tumba y el animal se acercó, hasta sentarse sobre sus patas traseras. Su tamaño era tan grande, que aún así sentado, sus ojos quedaron a la altura de los ojos de la joven, y la observó, interrogativo, y pareciera que estuviera diciéndole lo loca que estaba con aquella mirada.- Es hora de comenzar el show, mi fiel compañero- susurró ella, dibujando con su mano derecha un arco en el aire, dejando tras de sí una estela de fuego, y cuando finalizó, tenía en sus manos un reluciente arco y flecha de fuego, iluminando todo a su alrededor, y la brisa pareció aumentar, trayendo consigo un augurio. El lobo entonces volvió a levantarse, adoptando una posición de ataque, y alzó sus encendidos ojos rojos hacia la luna, emitiendo un estremecedor aullido, que recorrió las calles de Beacon Hills, despertando a todos a su paso- Pas le sang qui unit une mème famille, il est le mème coeur qui forment un lien indissoluble- recitó la joven, tensando la cuerda y apuntando la flecha de fuego directamente hacia la tierra- Je suis de retour- finalizó, soltando la cuerda y la flecha se clavó sobre la tumba, encendiendo todo a su alrededor, incluso la lápida, como si se tratara del material más combustible del mundo.

El arco en las manos de la joven desapareció y ella acomodó su capucha sobre la cabeza, dándose la media vuelta para regresar al automóvil. El lobo detuvo su aullido y se giró, comenzando a seguirla, y ambos fueron cubiertos por la profunda oscuridad de la noche, sin dejar ni rastro de ellos.

 

 

Stiles se despertó de golpe, con el corazón palpitándole a mil latidos por segundo, y suspiró, angustiado, para luego girar el rostro, al sentir la extraña presencia en su habitación, y entonces sintió que el corazón se le detenía al ver a aquel gigantesco animal, sentado sobre sus patas traseras, observándolo en medio de la oscuridad, con los ojos encendidos como si se tratara de dos carbones encendidos. Cuando su corazón volvió a latir, emitió un grito tan angustiado que, si su padre no había despertado con el aullido, seguro lo haría con su grito. Pero entonces el animal se difuminó, poco a poco, hasta desaparecer, envuelto en la oscuridad, siendo sus ojos lo último que resplandeció en la negrura, mientras unas extrañas palabras hacían eco en la mente del castaño: “Pas le sang qui unit une mème famille, il est le mème coeur qui forment un lien indissoluble”

-Stiles! Estás bien?- el sheriff entró a la habitación y encendió la luz, mirando todo alrededor, casi como si esperara encontrarse algo extraño en el cuarto de su hijo.

-Sí… sí- titubeó el castaño, incorporándose en la cama, para apoyar la espalda contra la pared, tratando de controlar su respiración- Debió ser sólo una pesadilla- continuó, mirando a su padre, quien lo observó como si supiera que mentía.

-No habrás visto a un lobo gigante junto a tu cama… ¿Verdad?- interrogó entonces el sheriff y Stiles lo miró boquiabierto- Entonces no fue una pesadilla… acabo de verlo también- indicó su padre, mesándose el puente de la nariz, y en ese momento sonó el teléfono de Stiles. El castaño cogió el aparato y miró la pantalla, frunciendo el ceño, para luego contestar.

-¿Scott?

-¡Stiles! ¿Estás bien?- preguntó el moreno de inmediato y Stiles suspiró, sabiendo desde ya que el mes de descanso había terminado.

-Sí, estoy bien… estamos bien- contestó, con voz apagada- Simplemente acabamos de despertar por un estruendoso aullido y vimos un lobo gigante junto a nuestras camas.

-¿Ustedes también?- interrogó Scott, y Stiles pudo escuchar que Melissa decía algo en la lejanía, pero no llegó a reconocer las palabras- Isaac, mamá y yo hemos visto lo mismo. Isaac acaba de llamar a Lydia, y a ella también le sucedió, y mamá llamó a Chris Argent…

-Y él también lo ha sufrido- lo interrumpió Stiles, con voz monótona, preguntándose cuándo Beacon Hills volvería a ser el aburrido condado que era antes.

-Vamos a tu casa, no tardamos- indicó entonces Scott- Pasaremos por Lydia, Malia y Kira de camino. Nos vemos!- finalizó el moreno, cortando la llamada y Stiles se apartó el teléfono de la oreja y lo miró, como si de pronto no reconociera lo que tenía en las manos.

-Creo que vienen para acá… todos- musitó, ceñudo.

-Prepararé café- indicó el sheriff, saliendo de la habitación y dirigiéndose a la cocina, por lo que Stiles miró hacia la puerta, preguntándose en qué momento habitaba la cuarta dimensión desconocida, en la cual su padre lucía casi emocionado porque la manada en pleno se reuniría en su casa.

Finalmente decidió ponerse las pantuflas y bajar a la sala, donde su padre ya había preparado suficientes tazas para todos, y desde la cocina surgía un delicioso aroma a café.

-¿Qué criatura será ahora? ¿Otro hombre lobo? ¿Tendrá que ver con la investigación que estaba haciendo Derek Hale?- musitaba su padre, sin hablarle a nadie en particular más que a su propia conciencia y Stiles lo observó, silencioso.

-Es probable- dijo finalmente, llamando la atención del sheriff, quien lo observó- Los demás dicen que Derek ha estado sumergido en esa investigación, pero nadie sabe de qué se trata pues cuando le preguntan por ello, él evade el tema.

-Habrá que pensar en una nueva historia para cubrir los rastros- musitó el sheriff, volviendo a hablar consigo mismo- Cubrir la historia de los Oni nos costó mucho, pero los altos mandos quedaron satisfechos, mucho más al ver que el agente McCall nos ayudaba en eso. Y ahora que Parrish conoce la verdad al respecto, también contaré con su ayuda- el sheriff se detuvo por un momento, pensativo- Espero que el nuevo oficial no vaya a sospechar o inmiscuirse en esto.

-Nuevo oficial?- interrogó Stiles, dirigiéndose a la cocina para buscar el café, justo en el momento que sonaba el timbre de la puerta.

-Colin Sullivan, viene transferido desde Nueva York- respondió el sheriff, dirigiéndose a abrir la puerta y mirando atónito al variopinto grupo que lo saludó desde la entrada- No pensé que fueran a venir todos.

-Todos los involucrados de momento- asintió Scott, sonriendo a Stiles cuando lo vio salir de la cocina. El castaño los observó, con la cafetera en la mano, y suspiró profundo, sintiendo que volvía a su realidad.

-Vaya… sólo faltan los Hale- musitó, dejando la cafetera sobre la mesa de centro mientras todos entraban y comenzaban a sentarse en distintos lugares.

-He llamado a Derek varias veces, pero no contesta- respondió Isaac, encogiéndose de hombros- Supongo que el aullido no lo despertó.

-Estoy segura de que ha despertado a medio condado- repuso Lydia, sentándose junto a Stiles- Probablemente sólo no quiere inmiscuirse en esto y dejar de lado su investigación secreta.

-Como sea- intervino Chris- Estamos aquí para buscar alguna explicación a lo que nos ha sucedido. Todos vimos a ese enorme lobo junto a nosotros, ¿No?

-Yo no- negó Kira

-Ni yo- admitió Malia- Sólo escuché el aullido y me desperté… de hecho pensé que podría ser uno de ustedes- indicó, mirando a Scott e Isaac alternadamente.

-¿Todos vimos al lobo excepto ustedes dos?- preguntó entonces Stiles, frunciendo el ceño.

-¿De dónde sintieron que provenía el aullido?- interrogó Isaac, cruzando los brazos y mirando a las dos adolescentes como si fueran sospechosas.

-Yo… creo que venía desde el norte- musitó Kira, encogiéndose de hombros

-También yo… de hecho…- Malia se mordió el labio, notoriamente nerviosa- Parecía venir desde el cementerio.

-¿El cementerio?- interrogó Chris, y miró a Scott, quien pareció pensar lo mismo que él.

-El lobo sólo se le ha aparecido a la manada original- repuso Isaac, pensativo.

-¿Original? Éramos cuatro los originales- refutó Stiles, seguro.

-No… me refiero… a la manada que se enfrentó a los Oni- contestó Isaac, suspirando profundamente- Los Argent, los McCall, Los Stilinski, Lydia, yo…

-No están insinuando que esto tiene que ver con Allison, ¿Verdad?- interrogó Lydia, sintiendo que le flaqueaban las fuerzas. Chris iba a decir algo, pero su teléfono comenzó a sonar, así que se sacó el aparato del bolsillo y miró la pantalla, dudoso, para luego contestar. Todos se quedaron silencioso, atentos a lo que el cazador dijera, y notaron de inmediato que algo malo sucedía cuando su semblante cambió radicalmente y finalizó la llamada, con las manos temblorosas, mirando la pantalla del teléfono como si no pudiera creer lo que acababa de oír.

-¿Chris? ¿Qué sucedió?- preguntó Scott, acercándose preocupado.

-Era el administrador del cementerio- contestó el hombre, con voz temblorosa- Luego del aullido, el cuidador nocturno fue a dar una ronda… y encontró una tumba vacía- todos lo miraron aún más ansiosos, desesperados por la continuación- La tumba parecía haber sido saqueada y faltaba sólo una cosa.

-¿Qué?- preguntó Isaac, al borde de la impaciencia

-El cuerpo de Allison Argent- contestó Chris, mirando al grupo con los ojos vidriosos, sintiendo que una gruesa cuerda se anudaba en su garganta.