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Park Jimin maneja perfectamente la fama.
Es un hecho, todo el mundo sabe que ha nacido para ello. Teatro, cine, música, danza. Jimin tiene todos los elementos para ser una estrella, siempre ha estado convencido para ello. Es guapo, es adorable, es atractivo, tiene encanto... definitivamente, ha nacido para brillar.
Por eso no está nervioso mientras se repasa el maquillaje en el enorme tocador de su casa, ni cuando se toma un café mientras lee el New York Times en la isla de su enorme cocina. Lleva una vida de en sueño.
Cuando llega finalmente al plató, su agente le hace repasar por última vez el guión. No siente nervios tampoco entonces, desenvolviéndose con facilidad. Puede soportarlo, sabe hacer que las preguntas se adapten a lo que él quiere responder sin parecer maleducado en el proceso.
Jimin solo siente nervios cuando está sentado frente al presentador, Kim Seokjin, el cual le dedica una sonrisa antes de que se siente. Y de pronto, se encienden las luces de las cámaras y el público grita y aplaude. Jimin traga saliva mientras Seokjin le da la bienvenida.
Kim Seokjin es una leyenda, eso es. Donde quiera que va, su carisma le abre cientos de puertas. Es intimidante siquiera respirar su mismo oxígeno. Es directo, idiota y atractivo, lo cual, por desgracia, coincide exactamente en el tipo de hombre que le gusta a Park Jimin.
─ Esta es una gran manera de empezar la mañana. ─Responde Jimin a una pregunta, y Jin le lanza una mirada burlona. Inesperada. Jimin se tensa en su asiento.
─ Todas las mañanas conmigo son grandes mañanas, cuando quieras lo probamos. ─Ahí está. Su carácter burlón con aires de superioridad que hace saltar chispas por dentro a Jimin. Lo ha visto cientos de veces, mucha gente ha sido testigo de ello.
─ Me temo que estoy casado con mi trabajo. ─Replica de nuevo, liberando una risa nerviosa mientras su estómago da un pequeño vuelvo.
El juego de Seokjin siempre está al borde de la indecencia sin salir de la inocencia. Pero esta vez parece especialmente animado, porque ese tipo de comentarios surgen con más normalidad.
Pero la entrevista sigue de forma fluida. Tienen buena química, mañana las revistas dirán que se lució y tendrá mucha más publicidad, tal vez nuevas ofertas de trabajo. Es la segunda vez que va al programa de Seokjin, y la primera fue un éxito rotundo. A la gente le gustó su dinámica, apreciaron el humor, decían que nunca le habían visto sentirse tan cómodo con nadie.
Jimin estaba de acuerdo.
Esa noche llegó a casa tarde, como de costumbre. Tenía una sesión de fotos para una campaña publicitaria. Llevaba todo el día pensando en Seokjin y en su manera de comportarse durante el programa, en lo guapo y natural que era, en lo agradable que resultaba escucharle.
Y entonces, mientras se preparaba algo rápido para cenar sintió unos brazos envolverse en su cintura. Dio un pequeño respingo antes de relajarse ante la conocida presencia. Se echó hacia atrás y esbozó una pequeña sonrisa.
─ ¿Hoy no tengo beso de buenas noches?
─ No sé, has sido un chico malo esta mañana. ─Murmuró, girándose para encarar a Jin, pasando los brazos por su cuello─. Además, eso es trampa. No puedo saber cómo eres por las mañanas si nunca estás cuando me despierto.
─ Qué despiste, quizá deberías corregirme. ─Ronroneó Jin─. La próxima vez podrías hacerlo directamente en los camerinos, como aquel primer programa.
─ Nunca vas a dejar eso morir, ¿verdad?
─ No. Es imposible olvidar tu presencia cabreada encerrándonos en el camerino. Pensé que me ibas a dar una paliza.
─ Hm. Demasiado guapo para estropear esa bonita cara, prefiero ponerla a buen uso.
─ Me gustaría que la gente supiera cómo eres en realidad.
─ ¿El mejor ex-novio del mundo?
─ Marido.
─ Lo sé, pero me gusta cuando lo dices.
Jimin se dejó besar, y puso a buen uso la preciosa cara de Seokjin sobre la enorme isla de la cocina de su apartamento.
