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Uno puede pensar en el amor como una fantasía sin ninguna clase de sentido. Puede pensar en ese sentimiento como un lastre, como una forma del ser humano de seguir reproduciéndose. Por supuesto, cuando uno piensa así del amor, se refiere al amor romántico de las películas que resultan ser taquillazos. Y es que, ¿Quién no se siente atraído por la fantasía del amor perfecto? Del amor que no se fundamenta en celos, del amor equilibrado, libre; del amor que se basa en compartir al lado de esa persona especial cada momento feliz de tu vida.
Jeon Jungkook tenía dieciséis la primera vez que conoció esa clase de amor. Desde luego, no fue idílico, ni tampoco libre. Y, desde luego, no lo consideró realmente equilibrado. Era joven, inexperto y acababa de descubrir que la vida no era una de sus playlist de Elton John. Pero fue una primera experiencia. No la describiría como la más bonita de su vida, porque no lo fue, pero al menos aprendió mucho sobre sí mismo en el transcurso.
Tampoco fue una experiencia traumática. Dentro del estándar de lo que podría resultar una relación homosexual, su salida del armario no fue tan dura como lo podría haber sido. Había crecido en una familia distante. La clase de familia que no aprobaba sus relaciones, pero tampoco las cuestionaba realmente. En cuanto tuvo oportunidad, consiguió un trabajo, se matriculó en la universidad y se alejó del hogar, nunca miró atrás, y a día de hoy, sigue sin hacerlo. Un par de meses de terapia bastaron para convencerse de ello.
De hecho, si a su corta edad Jungkook tuviese que escribir una autobiografía, probablemente la titularía “podría ser peor”. Tenía una buena vida. Iba a la universidad y estaba a punto de graduarse, estudiaba en el extranjero, trabajaba a tiempo parcial en donde fuese que le cogiesen el currículum y nunca se había metido en líos.
Lo único en la vida de Jungkook que se había torcido en los últimos años era la presencia de su mayor enemigo y vecino Kim Namjoon. Tal vez era por su manía de mantener el rellano demasiado limpio o por la costumbre de tocar el piano a las cuatro de la mañana mientras Jungkook intentaba preparar y enviar uno de sus últimos ensayos. Y sí, parte de la culpa era suya por esperarse a última hora, pero ¿Qué esperaban de él? A fin de cuentas, no era una mente privilegiada.
Jungkook tenía otros vecinos molestos, a los que también consideraba sus mejores amigos. Formaba parte de una especie de comuna en la que todos vivían en la misma zona de apartamentos solo por comodidad. Además, una vez se había ido de casa, había dependido en cierto modo de ellos para encontrar un sitio al que pertenecer, y unos cuantos años después, finalmente creía que lo había conseguido.
No había visto nunca como tal a Namjoon, como a un amigo. Algunas veces coincidían en el ascensor, pero el otro llevaba siempre un tapabocas cubriéndole el rostro y una gorra, y cuando no lo llevaba, Jungkook no había puesto mucho empeño en fijarse en su cara. Sabía que se llamaba así porque siempre puedes confiar en Jin para que te cuente algún cotilleo vecinal, y aunque Jungkook no estuviese particularmente interesado en los cotilleos vecinales, al menos le mantenía distraído al volver de clase.
Sus amigos, de todas formas, sí que se interesaban bastante más por las vidas ajenas, sin dejar de lado las propias. Yoongi y Jin vivían juntos, por ejemplo, eran una amorosa pareja que tenían un chihuahua llamado Versace y compartían una pasión por la moda asombrosa. Yoongi era diseñador, Jin era modelo. Juntos vivían como buenamente podían en el ático del apartamento, siendo mariposas sociales que nunca tenían realmente días libres. El hecho de que viviesen en aquel barrio y no en uno más adecuado a sus capacidades era algo que asombraba a Jungkook, pero nunca había indagado demasiado en el tema. Sus razones tendrían para ello.
Los siguientes en el catálogo de amigos y vecinos molestos eran el “trío maravilla”. Unos músicos bohemios que vivían entre montañas de libros, cartas del tarot, instrumentos sacados del rastro de la ciudad y muebles en cuestionable estado. Cuando no estaban haciendo ruido y llamándolo música, se dedicaban a trabajar en distintas áreas a cada cual más dispar de la otra. Park Jimin era pediatra, Kim Taehyung era fotógrafo (y alguna vez hacía sesiones para Jin) y Jung Hoseok era profesor de educación física. Se habían conocido en un sitio de citas rápidas varios años atrás y habían decidido mudarse juntos casi al momento.
Jungkook quería mucho a aquellos tres, especialmente tenía una muy buena relación con Taehyung, porque estudiaban juntos. Él le había recomendado aquel apartamento durante el primer año de carrera y la verdad era que Jungkook no podía quejarse. Junto a su compañero de piso, un chico muy agradable llamado Yugyeom, los gastos no eran excesivos y aunque algunas de las cañerías estuviesen arregladas con cinta americana por regla general no solía quejarse.
Yugyeom pasaba mucho tiempo fuera, así que Jungkook solía tener mucho espacio para sí mismo y sus materiales de estudio. Aunque no tenía muy claro qué iba a hacer en un futuro; su plan a corto plazo era terminar la carrera de Bellas Artes y entrar a trabajar en algún estudio de diseño 2D o 3D con la ayuda de los contactos de Yoongi y Jin. Ya le habían conseguido algunos interesados, así que el destino que pudiese esperarle no era una incógnita tan grande que le intimidase demasiado.
Pero dentro de aquel encefalograma plano que era su vida, Jeon Jungkook tenía otras inquietudes. Como por ejemplo, aprender a hacer origami, o saltar en paracaídas, o enamorarse. Ninguna de ellas había conseguido satisfacerlas a través de videojuegos o internet. El problema principal se fundamentaba en que entre la universidad y el trabajo apenas tenía tiempo para sí mismo, mucho menos para aficiones. Y cuando lo tenía, estaba tan cansado que a duras penas era capaz de pedir una pizza a domicilio y sentarse en el sofá para que Yugyeom le acariciase el pelo.
Más de una vez se habían planteado la posibilidad de salir juntos, pero les faltaba motivación para ello. O al menos, a Jungkook le faltaba motivación para ello. Yugyeom era un buen chico, realmente lo era, pero no despertaba en Jungkook la chispa que estaba buscando. Hoseok, Jimin y Taehyung le habían invitado en más de una ocasión, alegando que “donde caben tres, bien caben cuatro”, pero Jungkook sabía perfectamente que eso no era cierto y que, aunque se ofreciesen de buena fe, estaba claro que entre ellos tres había una clase de vínculo que distaba mucho de lo que Jungkook realmente estaba buscando. Y se preguntó si tal vez estaba esperando demasiado.
Pero Jin, que definitivamente era más observador que el resto de sus amigos, se percató rápidamente del problema de Jungkook y se limitó a lanzarlo a un lado con un gesto de su mano.
— No, cielo, es que cada uno somos un mundo para esto de las relaciones. —Dijo, extendiendo su mano para coger una taza del estante alto y tendérsela a un adormilado Yoongi antes siquiera de que el otro se lo pidiese—. No puedes simplemente aceptar lo que ya tenías de antes. Si no conoces aún a alguien con quien quieras tener una, simplemente no es el momento.
Jungkook sabía que Jin tenía razón, pero no era tan fácil. La persona ideal no aparecía de la noche a la mañana rodeada de purpurina, a cámara lenta y con un filtro color crema mientras los pájaros cantaban y se posaban en sus hombros. La vida no funcionaba así, y aunque estaba desesperado por enamorarse, había otras cosas
Se miró al espejo de su habitación. Tenía clase en una hora, pero también tenía que coger el transporte público, así que debía estar listo lo antes posible. Normalmente ya habría salido y habría aprovechado para desayunar en la cafetería de su facultad, pero la noche anterior la había pasado trabajando en un complicado proyecto de escultura y prácticamente había dormido lo justo como para no desmayarse en las prácticas de fotografía ese día.
Se terminó de vestir corriendo al mirar la hora, no le dio tiempo a adecentarse más, pero de todas formas no esperaba encontrarse con nadie y no había contestado a ninguno de sus matches en Tinder por falta de ganas, así que tampoco iba a tener mucha acción esos días.
Cogió su mochila, comprobó que llevaba las llaves y la cartera y luego simplemente se la echó al hombro y cerró la puerta, haciéndole frente al duro día que le esperaba.
Las clases transcurrieron con la normalidad usual. No solía haber novedades en su vida, y aquella no iba a ser la excepción. Aunque, al menos, Taehyung esta vez se había acordado de ponerse ropa interior y no se había cruzado por los pasillos con uno de sus exs. Lo que se puede calificar, a fin de cuentas, como un buen día.
Veréis, Jungkook está desesperado por encontrar el amor, pero tampoco es como si no lo hubiese intentado antes. Aparte de sus ligues ocasionales, tiene una lista de exnovios considerablemente larga para lo poco que suele socializar fuera de su exclusivo grupo de amigos.
Primero estuvo Han, un compañero de intercambio. La falta de comunicación acabó haciendo que ambos estuviesen en páginas completamente distintas. Mientras que Han se pensaba que era algo puntual, Jungkook estaba convencido de que era algo serio. Y lo pasó tan mal cuando descubrió que no que Jimin consiguió aterrorizar al muchacho hasta que finalizó su viaje, haciendo que se alejase por completo de Jungkook cada vez que se cruzaban por los pasillos de la facultad.
Luego estuvo Kevin. Kevin y Jungkook se conocieron en Tinder, y la verdad sea dicha, al principio las cosas al principio fueron prácticamente idílicas. O así lo veía Jungkook hasta que se dio cuenta de que a Kevin le daba vergüenza llevarle con sus conocidos porque al principio solo había quedado con él por “probar a hacerlo con un asiático” y luego se había avergonzado de él. Aquello, obviamente, conllevó una ruptura y una amenaza de Jimin que mantuvo a Kevin alejado del radio de Jungkook. No sabe muy bien qué le dijo exactamente, pero nunca más le volvió a ver.
El último había sido Eric. Eric, capitán del equipo de tiro con arco universitario. Alto, deportista, cariñoso y sensible. Jungkook, receloso, había pasado meses intentando encontrarle fallos. Meses en los que Eric simplemente intentó que el chico se abriese a él y las cosas funcionasen. Se portó como todo un príncipe azul, convenciendo a Jungkook de que aquella era la definitiva, de que por fin había encontrado aquel amor del que todos hablaban, de que simplemente hasta el momento sólo había tenido muy mala suerte.
Hasta que una vez se encontró en casa a todos sus amigos con una mirada muy seria, y entonces lo supo.
Los príncipes azules también destiñen.
Eric intentó pedirle perdón por sus infidelidades en infinidad de ocasiones. Y por alguna razón, Jungkook acabó cediendo y perdonándole (no podéis juzgarle, tenía unos ojos azules muy bonitos). Sus amigos no estaban contentos con aquello, pero lo aceptaban porque querían a Jungkook e intentaban que ese amor no les nublase demasiado el juicio.
Acabó resultando en que ellos tenían razón y Eric era un gilipollas infiel, lo cual dolió a Jungkook, pero no le sorprendió en absoluto. A fin de cuentas, ya iba sobre aviso cuando volvió con él. Además, los celos habían resultado siendo demasiado, carcomiéndole por dentro y haciéndole sentir horrible porque se consideraba algo tóxico. Se suponía que le había perdonado, no tenía por qué estar celoso.
La presión finalmente pudo con él y se encerró durante días en su cuarto sin querer saber nada de nadie. Yugyeom, visiblemente preocupado, llamó a sus amigos para que hiciesen algo. Jimin, Tae y Hobi lo intentaron, incluso Yoongi. Finalmente, no fue hasta que Jin llegó a su casa, entró como un torbellino en su habitación, corrió las cortinas y le gritó que no se acababa el mundo porque un desgraciado hubiese hecho las cosas típicas de un desgraciado que Jungkook finalmente despertó de su letargo y empezó el lento proceso de superación.
Un año después, todavía le dolía ver a Eric en los pasillos de la facultad. Era un duro recordatorio de uno de los más fatales golpes a su autoestima, la presencia de la persona que le había dejado de lado por otra. Y no importaban las inspirantes conversaciones de sus amigos al respecto, Jungkook no podía dejar de pensar que, en el fondo, había sido culpa suya.
— Ha sido un gran día. —Taehyung se estiró sobre las mesas del patio de la facultad, ajustándose las gafas de sol—. El sol brilla, hemos aprobado fundamentos de la fotografía técnica…
— Ha sido un día normal. —Replicó Jungkook, sumergido en la lectura de uno de los últimos tomos que había publicado Marvel.
— O sea, un día perfecto. —Taehyung se incorporó y a Jungkook no le hizo falta alzar la vista para saber que había un grupo de chicas mirándole desde la otra mesa. Estaba acostumbrado al efecto que tenía su amigo—. Todavía me sorprende que estés tan tranquilo hoy, la verdad.
— ¿Por qué no iba a estarlo?
— Porque es el cumpleaños de Yugyeom y a estas alturas normalmente ya estás llamando a Jin para que te deje pasar la noche en su casa.
La realización de lo que acababa de decir Taehyung no le llegó hasta pasados unos vergonzosos minutos. ¿Se le había olvidado el cumpleaños de sus mejores amigos? Sí, claro. Pero eso no era una novedad en Jungkook. Era literalmente el pan de cada día, así que normalmente era Jimin el que se ocupaba de transmitirle la información por adelantado. No obstante, había estado tan ocupado con el trabajo de fotografía técnica y pensando en su aniversario fallido con Eric que se le había pasado por completo.
Y, además, tanto Jin como Yoongi estaban de viaje para la semana de la moda de Milán. Y no tenía llaves del piso, porque Jin se las había pedido un mes atrás para dejárselas a su prima Hani, que se había quedado allí un tiempo. Todo eso solo podía significar una cosa: Jungkook iba a tener que asistir a la fiesta de cumpleaños de Yugyeom por primera vez desde que vivían juntos.
— Oh, Dios. —Dijo, soltando el cómic e incorporándose con brusquedad—. Tengo que llamar a Jin.
— Oh, vamos. No te hará ningún daño quedarte esta noche, Jungkook.
— Tú no lo entiendes.
— Sí, no te gustan las fiestas, lo entiendo perfectamente. Pero piensa en la ilusión que le hará a Yugyeom…
— Yugyeom no tiene ningún control sobre sus invitados, Tae. Ninguno. Y el equipo deportivo de la universidad no se pierde una. —Replicó, con pánico en la mirada. Taehyung entendió entonces a lo que se refería.
— ¡¿Tu mejor amigo invita al cerdo infiel de tu ex a las fiestas?!
— No lo hace voluntariamente, pero tú sabes cómo son estas cosas, Tae. Tengo que buscar un motel o algo.
— ¿Por qué un motel? Quédate con nosotros.
Jungkook no quería hacer eso. No porque no le gustase estar con sus amigos, no. Había una razón más profunda y retorcida: quería estar a solas y llorar abrazado a alguno de sus peluches mientras veía Titanic.
— Gracias, Tae, pero tengo planes para esta noche.
— No vamos a dejar que te quedes solo mientras ves Titanic. —Antes de que Jungkook abriese la boca para protestar, Taehyung le lanzó una mirada seria—. Sí, Kookie, todos lo sabemos.
— Bueno, y qué pasa. Todos tenemos nuestras formas de pasar el tiempo libre.
— Tú no tienes tiempo libre. Nunca. Literalmente llevo sin verte pasártelo bien desde que Jin te llevó a hacer de voluntario a un refugio de animales por aprobar los primeros exámenes de la universidad. —El argumento de Taehyung era ridículo. Jungkook se lo pasaba bien—. Y no te atrevas a discutírmelo. Te conozco mejor que tú mismo.
— Bueno, es que no me gustan las fiestas.
— Y eso es respetable, pero tampoco es como si lo hubieses intentado nunca. —Dijo Taehyung, chasqueando la lengua—. Solo estoy diciendo que deberías intentarlo. Alegrar a Yugyeom, pasártelo bien y joder a tu ex y a tu vecino gilipollas a la vez.
— No quiero solo joder a mi ex, Tae. Quiero que Jimin le prenda fuego. Una vez incluso dejé gasolina en vuestro piso para ver si se animaba.
— ¡Así que fuiste tú! —Exclamó, casi indignado—. Ya hemos hablado de lo que Hoseok y yo opinamos sobre que incites a nuestro novio a cometer homicidios.
— A él le gusta. Es algo consensuado.
— Jungkook, por favor, no incites a mi novio a matar a nadie nunca más. —Replicó Taehyung, cruzándose de brazos—. ¿Por qué no haces tú algo al respecto? Entiendo que Jimin es la estrategia perfecta para aterrorizar a alguien, pero sienta mucho mejor cuando viene de ti.
Jungkook no respondió, pero volvió aquel día a casa dándole vueltas a la idea. ¿Por qué no hacía algo al respecto? No solucionaría el problema, y probablemente ni siquiera le sentaría tan bien. Pero solo por ver la cara de rabia de Eric tal vez sí merecía la pena.
Yugyeom estaba escondiendo los objetos de valor en su habitación cuando Jungkook llegó a casa. Era ya una costumbre desde que la primera vez había tenido que pagar por el arreglo de su adorada play station 4.
— Si te engañan una vez es culpa suya, si son dos es culpa tuya. —Había dicho, echando la llave de su habitación con una sonrisa de satisfacción.
Jungkook no estaba de acuerdo con eso. Si te engañaban una vez y te volvían a engañar una segunda vez solo eran unos cerdos infieles que se merecían arder en la hoguera del infierno. Pero no dijo nada porque, a ojos de Yugyeom, Jungkook había superado a Eric.
Hablando de Yugyeom, se sorprendió notablemente cuando vio a Jungkook volver a casa.
— ¿Jungkook? ¿Qué haces aquí?
— Es la primera vez que alguien me pregunta qué hago en mi casa. —Respondió, tratando de mantener una fachada neutral.
— ¿Sabes que es mi cumpleaños?
— ¿Sí? Programé un regalo de Amazon hace semanas, ¿Te ha gustado?
— Estoy altamente ofendido por él. No necesito un vibrador que imita el pene de Hulk. —Replicó Yugyeom, Jungkook simplemente se limitó a liberar una pequeña carcajada—. No sé, es que siempre… ya sabes. Desapareces sin dejar rastro. Pensé que esta vez no sería distinto.
— Quién sabe, estoy lleno de sorpresas. —Dijo, guiñándole un ojo y luego entrando en su habitación y cerrando la puerta tras de sí.
¿En serio, Jeon? ¿”Lleno de sorpresas”? Literalmente te sabes todos los diálogos de Titanic y la oferta completa de helados del supermercado de la esquina. ¿Y el guiño? Tienes suerte de que Yugyeom sea literalmente la persona más tonta del planeta o se habría dado cuenta en cuestión de instantes de que estabas tramando algo.
Suspiró con suavidad, mirando el desastre de su habitación. Estaba entrando en pánico. Sabía que aquellas fiestas no eran para nada su estilo, pero Taehyung había prometido que iría y arrastraría a Jimin y Hoseok para ir con él, así no se sentiría tan solo. En parte, Jungkook sabía que lo había hecho para obligarle a asistir también a él, por hacer que sus mejores amigos hiciesen el esfuerzo de acudir.
Pero el terror seguía corriendo por sus venas. No quería enfrentarse a Eric, ni siquiera un año después de todo lo que había pasado. No se sentía preparado para ello y la idea realmente le asustaba. ¿Y si le humillaba delante de todo el mundo? ¿Y si se daba cuenta de que todavía le guardaba rencor? Seguro que se reiría delante de él, con su preciosa sonrisa y sus dientes blancos y sus increíbles ojos azules curvándose de aquella forma que solía volver a Jungkook loco.
— Soy patético. —Gimió, mirándose al espejo.
Como venido del cielo, su móvil vibró antes de que se pusiese a llorar. Era Jin, que siempre parecía tener una habilidad especial para saber cuándo Jungkook le necesitaba. Era una especie de ángel de la guarda, y se conocían prácticamente de toda la vida. Jin le había ayudado en todos los momentos esenciales de su vida, en concreto cuando tuvo una crisis en torno a su homosexualidad, cuando tuvo otra en torno a su elección de universidad o cuando su primer novio le propuso tener sexo, cosa que no apasionaba a Jungkook y Jin le había dicho directamente y con mucha seriedad que jamás hiciese nada que no quisiese, que la virginidad era una gilipollez y que el sexo o era consentido y entusiasta o era directamente un abuso.
Sus consejos habían marcado el crecimiento de Jungkook, tanto físico como emocional. Simplemente Jin era el único capaz de leerle a la perfección sin necesidad alguna de esfuerzo.
— Me ha dicho un pajarito que esta noche vas de fiesta. —Dios, había echado de menos el sonido de su voz—. ¿A qué se debe ese milagro divino? ¡Min Yoongi! Como vuelvas a pincharme juro por Dios… —Jungkook escuchó de fondo la voz enfadada de Yoongi diciendo algo como “pues deja de moverte de una vez”.
— Taehyung me ha convencido. —Dijo, sin mucho convencimiento—. Cree que será bueno para mí.
— Será bueno para ti. —Aseguró Jin, siseando después. Al parecer, Yoongi y él habían vuelto a pelear, porque era en esos momentos cuando Yoongi se ponía agresivo con las agujas—. Aunque si no estás listo, Hani sigue en la ciudad, puedo pedirle que… ¡Auch! ¡Ya te he dicho que lo siento! —Jin chasqueó la lengua a través de la línea.
— No te preocupes, estoy listo. —Mintió, sin mencionar ese lapsus que acababa de tener en el que casi se echa a llorar.
— Definitivamente, estoy llamando a Hani en estos momentos. —Dijo Jin, y Jungkook supo que se había dado cuenta. ¿Tan mal sonaba?—. Necesitas a uno de los nuestros ahora mismo. ¿Quieres que vaya Jaehwan también?
— ¡No! Te prometo que estoy bien, Jin, no hace falta que molestes a Hani…
— Si no le permitiese colaborar en una venganza por desengaño amoroso me mataría, Jungkook. Dice que está de camino. Tú simplemente déjate llevar.
Era una idea terrible. ¿Cómo iba una desconocida a ayudar a Jungkook?
Bueno, Hani no era exactamente una desconocida. Tenía una intuición parecida a Jin y el hecho de que fuesen primos y se hubiesen criado juntos era fácil de percibir una vez pasabas tiempo con los dos. Pero, aun así, Jungkook no estaba preparado para abrirse con una desconocida.
Nunca ocurriría.
Aunque una hora después, Jungkook estaba sollozando en el regazo de Hani mientras ella le daba palmaditas cariñosas en la cabeza.
— Y entonces, le pillé en la cama con otro ¡Me prometió que no volvería a hacerlo!
— Los hombres son lo peor.
— ¡Lo somos! —Exclamó, incorporándose bruscamente—. ¿Cómo pudo hacerme algo así? Fue tan humillante, Hani. Toda la facultad lo sabía menos yo. Dios, no pude salir de casa en una semana.
— Y ahora, quieres vengarte. —Dijo ella, esbozando una pequeña sonrisa y cogiendo una gran caja que había traído consigo—. Es lógico, y comprensible. Y en cualquier otra situación, no te recomendaría hacerlo. Pero se merece que le den de su propia medicina.
— No funcionará. Yo no soy como Jin o como tú. —Y no se refería sólo al aspecto físico, el cual era importante. Le faltaba actitud y valor para hacer algo así, para plantarle cara.
— Hay veces en las que tienes que obligarte a aprender. —Dijo ella, desenvolviendo la caja y abriéndola delante de Jungkook, el cual se atragantó al ver lo que contenía—. Es de la última colección de Yoongi. Jin ha sido muy explícito al describirme lo mucho que todos deseáis esa venganza, especialmente tú. —Añadió, mientras Jungkook trataba de recuperarse—. Mira, Kookie, voy a serte sincera. Esto no va a servirte. No va a aliviar cómo te sientes, ni a cambiarlo. Es decir, podrás sentirte orgulloso de habérsela devuelto, pero eso no basta. Y una vez lo hagas, tienes que prometerme y prometerte que vas a pasar página. Eric es un gilipollas sin empatía, pero tú también tienes que poner de tu parte. Nadie va a devolverte tu autoestima ni tu seguridad, tienes que recuperarla tú mismo en algún momento.
Jungkook se mordió el labio inferior, mirando el contenido de la caja. Hani tenía razón. Tenía que recuperarse en algún momento y dejar de llorar. Tenía que aprender a aceptar que el episodio con Eric no había sido culpa suya. Pero de todo eso podría encargarse después de la fiesta de Yugyeom.
— Está bien, hagámoslo. —Dijo, devolviéndole la sonrisa a Hani.
