Chapter Text
—Bueno —comentaste—, podría ser peor.
—Mucho peor —concordó Bucky.
Las cosas no habían salido según lo planeado, por decir poco. Tan poco como lo planeado, que ahora se encontraban con Bucky varados en un pequeño (diminuto) refugio al norte de Rusia.
El invierno azotaba el exterior con un brazo indomable sin piedad. El viento traía nieve como balas consigo y la temperatura caía en picada como a un abismo. El pequeño cuadrado de cemento se encontraba en un bosque desolado, pocos arboles dotaban la planicie desierta, pelados por el frío y sosteniendo capa tras capa de nieve que caía durante noche y día. Las horas de sol eran incontables, convirtiendo el escenario en un cristal blanco resplandeciente. Pero las pocas horas de oscuridad, se hacían lugar en la memoria: dientes gélidos mordiendo todo a su paso.
—¿Debería cuestionar el por qué Stark tiene un refugio en el medio de Rusia?
—Yo no lo llamaría el medio, muñeca.
Entrecerraste los ojos en dirección a Bucky, que parecía un poco demasiado contento para la situación, una sonrisa engreída tirando de la comisura de sus labios levemente.
—Al norte, muy al norte —te corregiste—. En el medio de la nada.
Nada había sucedido según lo planeado. Lo cual, de todos modos, no significaba que había sucedido totalmente mal.
Una misión se había desarrollado normalmente, nada sobrenatural ni de extremo riesgo. Como muy pocas veces, acompañaste al reducido grupo de Vengadores que se harían cargo de la misión. No solía ser normal, pero aceptaste entusiasmada la propuesta de acompañarlos a Oriente en la misión. El Dr. Banner no se encontraba disponible, y necesitaban a una química para hacerse cargo y revisar un par de cosas que eran parte del porqué del plan. Habias estado emocionada, sin negarlo. Natasha se había reído y Bucky te había mirado extraño.
—Pasas demasiado tiempo con Peter —declaró el Sr. Stark.
—Nada como demasiado —sonreíste alegremente.
Todo había funcionado hasta cierto punto. Había habido muchas explosiones, y bueno, el resto era historia. Bucky te había tomado del brazo en medio de la confusión y subido a una avioneta. En su apuro por escapar de quienes los perseguían en otras avionetas se habían lanzado del vehículo en movimiento (una vivencia que nunca habrías pensado tener en tu lista de cosas extrañas y directamente aterradoras), dejándolo volar hasta estrellarse lejos, haciendo de señuelo. Bucky había abierto el paracaídas demasiado cerca del suelo para tu gusto, pero la nieve había sido sorprendentemente blanda, y profunda.
Para tu asombro, el supersoldado parecía de hecho saber a donde iban, y no perdidos en un desierto de nieve. Luego de caminar un par de horas se habían encontrado con la pequeña instalación, destacando extrañamente contra el paisaje, como si a un niño se le hubiera caído un cubo de juguete en el medio del jardín.
Bucky extrajo una llave de uno de los incontables bolsillos de su pantalón y la introdujo en la puerta, la cual se abrió con un profundo quejido. Una capa de hielo se quebró de su antiguo lugar como segunda piel del edificio y el interior se dejó ver.
No era más que un monoambiente muy bien aprovisionado. Al entrar se encontraba una pequeña cocina con una superficie de mármol, unas alacenas y una mesa en la otra punta del lugar. El soldado entro sin dudarlo y se dirigió a una pared a la izquierda. De repente, todo el interior se lleno de luz, y te diste cuenta que había abierto las pesadas persianas de una ventana. Todo el lugar parecía ser un bunker, revestido por pesadas puertas y persianas, manteniendo el frío a raya.
Una puerta de aspecto normal a la izquierda guardaba un pequeño baño, no mas que una regadera, inodoro y un espejo con compartimiento.
En el extremo norte, sin puerta, estaba la habitación mas grande: una cama que parecía ser mas que de dos plazas, unas mesitas de luz a ambos lados y un hogar a un costado.
—No había visto un lugar mas hogareño en mi vida –dijiste, con sinceridad. Bucky bufó y dejo caer pesadamente su mochila al lado de la puerta, ya cerrada. Empezó a ir de extremo a extremo, abriendo todas las persianas, dejando ver las motas de polvo bailar en el aire.
—Stark tiene refugios como este prácticamente en todo el mundo —te respondió a tu pregunta original—, por si pasan cosas.
—¿Por qué nadie me dijo? —te indignaste— Digo, tampoco sé si hubiera llegado hasta aquí sola…
—Nadie te dijo porque no ibas a estar sola —destacó Bucky, como si fuera obvio. No dijiste nada, porque tal vez lo era.
El refugio estaba bastante vacío de muebles, pero te diste cuenta de que estaba todo lleno de pequeños envoltorios. Abriste las alacenas y estaban repletas de comida enlatada, comida deshidratada, objetos en bolsas cerradas al vacío. En el baño había pasta y cepillos de dientes, mudas de ropa en bolsas y toallones. En la esquina de la mesa unos libros aun en sus fundas de plástico se apilaban en una pequeña torre, y dentro del hogar bidones y bidones de liquido azul estaban amuchados.
—Hay un generador en el exterior —explicó Bucky cuando te encontró mirando los hectolitros de nafta.— Nos dará luz y calentará el agua.
—Lo mas hogareño del mundo —repetiste y Bucky se rió por lo bajo. Agarró un bidón de nafta y salió al exterior. Era de día y la luz era encandilante, y por ahora el abrigo que ambos llevaban era suficiente para estar en la nieve. Lo seguiste en su rodeo a la estructura hasta una protuberancia que salía a un costado. Bucky saco otra llave y abrió la puerta de ese otro pequeño lugar. Te asomaste sobre su hombro con curiosidad, para solo ver un generador eléctrico y un tanque de almacenamiento de agua. Un caño bajaba desde el techo hasta este y después se internaba en la diminuta casa. Viste con sorpresa como el “almacenador de agua” era solo un tacho lleno de nieve en el techo.
“Podría definitivamente ser muchísimo peor.” pensaste.
—Teníamos tiempo para llegar al punto de reunión hasta hace media hora. Ya nos vendrán a buscar —te aseguró Bucky.
“No es como si estuviera ansiosa al respecto.”
Volvieron a entrar al refugio y Bucky cerro la pesada puerta detrás de si. Solo se escuchaba un leve ronroneo del ahora encendido generador en el exterior, el resto del mundo silencioso.
—Puedes ponerte cómoda muñeca, y explorar todo lo que quieras —Bucky enarcó una ceja con una sonrisa, como si supiera que esperabas para revisar cada rincón del lugar como una niña.
—¿Debería preocuparme el hecho que al parecer lees cuerpos tan bien que prácticamente es como si leyeras mentes? —inquiriste, yendo de hecho a recorrer todo el lugar. Empezaste por los libros, leyendo sus contraportadas y separándolos en dos pilas en orden de interés.
—No por ahora —te tranquilizó.
Escuchaste como abría su mochila y sacaba diferentes cosas. Revoloteo por la cocina un rato, luchando un poco con las hornallas hasta que se dignaron a funcionar correctamente.
—¿Sabes si el mecanismo de la ducha es especial, o funciona normalmente? —le preguntaste desde el baño en voz alta, observando lo que parecía una regadera y manijas comunes y corrientes. Tu mochila había quedado perdida en alguna parte de Rusia Oriental, así que habías separado sobre el inodoro cerrado un toallon y una muda de ropa del resto de las cosas que el refugio parecía tener guardados como secretos.
“¿Habrá algún panel camuflado en alguna pared?” te preguntaste “No me sorprendería de Tony.”
—Es normal —te respondió Bucky a tus espaldas. Diste un pequeño respingo, pero intentaste rápidamente ocultarlo—, solo espera un rato hasta que el agua salga caliente. Los caños deben estar helados.
Asentiste con la cabeza, agradeciéndole y echándolo de la pequeña habitación. Hiciste como te dijo, y un sonido gutural que habría sido fantasmagórico de noche resonó en las paredes hasta que agua empezó a caer de la regadera. Pusiste la mano bajo su caída y la retrajiste rápidamente, el agua fría dejando tu palma roja.
Esperando que el agua se calentara prendiste la luz, que volvió a la vida con un chasquido de desuso y te sacaste toda la ropa, húmeda por la nieve y sucia de las largas horas de caminata.
—Algo me dice que estaremos aquí un largo tiempo —murmuraste para ti misma antes de entrar a la ducha. Recién bajo los efectos del agua caliente te diste cuenta de cuan agarrotado estaba tu cuerpo por culpa del frío, músculos tensos y articulaciones doloridas.
Abriste los ojos levemente y unos frascos sellados aparecieron en tu línea de visión.
—L’Occitane —leíste la etiqueta y te reíste con ganas. Fuera, Bucky frunció el ceño con confusión.
10 minutos después abriste la puerta y un cálido vapor se escurrió hacia la habitación principal, evaporándose rápidamente contra el cambio de temperatura. Llevabas puestas unas gruesas medias con un jogging, remera y buzo, todo variando desde un azul oscuro a un marrón cálido.
—Creo que el Sr. Stark nunca dejará de sorprenderme —declaraste, acariciando la manga del buzo entre tu índice y pulgar, fascinada por su calidad y perdurabilidad de quien sabe cuanto tiempo luego de estar en una bolsa. No dijiste nada mas, pero a este punto ya sabias que Bucky era mas que capaz de entender qué sucedía con muy poco. Él al igual que Steve compartían habilidades físicas sorprendentes, mas allá de la resistencia y fuerza, sus sentidos estaban altamente agudizados. Pero algo que habías notado que Bucky tenia mas que Steve, era la capacidad de observación. Siempre callado, su mirada era aguda y tomaba en si cada detalle de sus alrededores. Mas allá de lo que lo rodeaba, era realmente sorprendente lo mucho que podía leer el lenguaje corporal de las personas.
Bucky no dijo nada pero esbozó una leve sonrisa. Hacia mas de esas, te habías fijado, desde que había vuelto de Wakanda.
Te dirigiste a la habitación y Bucky tomo tu lugar en el baño. Entraste y un muro de calor te dio la bienvenida. Pestañeaste sorprendida, girando hacia el hogar de donde habían desaparecido los bidones de nafta y en su lugar albergaba un vivo fuego.
Hiciste un sonido de apreciación con la garganta y te dejaste caer sin escrúpulos en la cama como un peso muerto. El sonido que soltaste ahí fue de puro placer. Tony realmente sabia hacer un refugio. Estiraste una mano sobre tu cabeza para tocar la pared en la cabecera de la cama, y como bien habías creído, no estaba fría como lo estaría si fuera simple cemento.
No había ventanas en esa habitación, pero luz suficiente entraba desde la sala principal y se desparramaba por todos lados. Por la posición del sol parecía mediodía, pero sabias mejor que eso. Habias perdido la cuenta, pero creías que el sol brillaban hacia ya 12 horas al menos.
Rodaste hasta un extremo de la cama, el que habías decidido reclamar como el tuyo. Boca abajo, tu corto pelo cayo sobre tu rostro haciendo de cortina contra el mundo a tu alrededor, ocultando efectivamente un leve rubor. La cama era grande y no habría ningún problema con que ambos la compartieran. Eran adultos y no niños vergonzosos. Pero pensar que el hombre que ahora se bañaba se encontraría respirando tranquilamente al alcance de tu mano…
Bufaste haciendo un par de pelo elevarse perezosamente, volviendo a caer sobre tu rostro sin problemas.
—Tonterías, tonterías, tonterías —repetiste en susurros como un mantra.
