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Language:
Español
Stats:
Published:
2019-05-24
Words:
1,796
Chapters:
1/1
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6
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251

Garabato

Summary:

Donde tu alma gemela puede dibujar sobre tu piel, Ritsu se siente desafortunado por los ridiculos garabatos de animales que se marcan sobre sus muñecas cada sabado.

Work Text:

Ritsu se despierta con un dolor de cabeza que ya es común en su cotidianidad. Es sábado por la mañana, si el ruido en la antesala le hace percibir algo, como su hermano mayor revoloteando por la casa sin saber que hacer. Antes de quitarse las cobijas que lo protegen tan bien, Ritsu suspira, sabiendo que era un día inevitable.

“¿Qué es esta vez?” Murmura más resignado que curioso, hacia el techo de su cuarto. Levanta su brazo debajo de la cobija, y frunce el ceño ante la vista de garabatos azules sobre su piel. Los dibujos eran horrendos. De esa clase que solo alguien que jamás se ha tomado el arte seriamente podían hacer. En otras circunstancias, Ritsu lo hubiera considerado hasta ridículo - irrelevante, incluso- pero el hecho de que estos garabatos se marcaran en su piel lo irritaban sin final.

Si, ellos se borraban a la medianoche del sábado, lo sabía. Pero eso no lo hacía menos molesto.

Ritsu no podía creer que su alma gemela fuera tan infantil.

 

Con historias sencillas y dulces que su madre le contaba desde que era niño, fue muy difícil evitar que Ritsu se volviera un romántico. Lamentablemente, esa mascara que había adoptado por el bien de otros le ha apartado de otros por unos cuantos años ya. Es difícil creer que alguien como Ritsu Kageyama podía ser un fiel creyente del amor , o hasta incluso soñarlo. Desde que tiene memoria sabe que algo como un amor eterno, o un alma gemela existe. Que aunque muchos intentan negarlo, o sucumben a la soledad de no poder hallar ese otro pedazo de corazón, es inevitable saber que alguien existe en otra parte del mundo que puede dibujar sobre su piel y compartirlo en la tuya.

Ritsu estaba ilusionado la primera vez que vio una pequeña estrella en su muñeca, como si fuera tinta azulada marcándose en su piel pálida, y se puso a llorar cuando desapareció por la noche antes de irse a dormir. Era difícil de negar, que al principio fue casi hasta tierno, elusivo de consecuencias que podría traer este suceso.

El morocho estaba tan emocionado, tan fascinado, que nunca tocó su piel. Cuando cumplió trece decidió que todo esto del alma gemela era ridículo. Habían pasado seis meses desde la ultima estrella sobre su palma.

 

Pero algo desafortunado ocurrió, la primera noche de otoño: Mientras cocinaba con Shigeo, accidentalmente su mano rozó la sartén. El dolor fue temporal, y gracias al botiquín de primeros auxilios fue reducido bastante-- pero la marca había quedado. Una línea roja se extendía por sus nudillos. Ritsu pretendió que no le importaba si la otra persona podía verlo.

A la mañana siguiente, Ritsu haya unos rayones sobre su herida y unas palabras.

 

Eso debió doler :P”

 

Algo sobre esa caligrafía le irritó profundamente. Desde ese fatídico día Ritsu recibe dibujos en sus brazos todos los sábados, como a reloj.

 

 

El problema en sí no es la cantidad de garabatos (que parecía variar según la energía de su contraparte) sino lo estúpido y molesto que le parecen a Ritsu. Un día eran alpacas, otros días eran vaquitas o pequeños cactus (que al principio ofendieron a Ritsu confundiendolo con otra cosa). Y otra cosa, estos eran en cantidad, y muy tontos… Y el morocho no podía encontrar nunca una chance de usar mangas cortas durante un sábado. No quiere que Mob se entere, o sus padres. Por eso se rehúsa a salir esos días, si hace mucho calor.

Hoy son estrellas, y algunas están siendo montadas por conejos. Sobre el nudillo de su dedo indice hay un corazón. Ritsu siente que va a morir.

Decide, una vez más, que odia completamente a su alma gemela.

 

“Ritsu, ¿estas despierto?”

“Lo estoy.” Se sienta en la cama, y ve a Shigeo entrar a paso apresurado, sin embargo, no dice más. “¿Que sucede?” incita.

“Quisiera pedirte un favor.”

 

Él no quiere en verdad salir de casa, pero nunca puede decirle que no a su hermano. A consecuencia de un día cálido, Ritsu usa una camisa que cubre sus brazos completamente. No hay nada que puede hacer sobre su dedo.

Suspira, y baja las escaleras, donde su hermano lo espera. Hay cosas sobre la mesada, tuppers, botellas de agua, incluso una caja de té y caldos. Es todo lo que necesitan llevar, y Ritsu sabe que tiene que cargar con gran parte de ello.

Al parecer el amigo de Shigeo esta con una fiebre. ¿Hanazawa Teruki, era? En verdad, Ritsu no ha interactuado mucho con él en estos meses. Diferente es, donde Mob ha entrado en confianza con ese tal Teruki, tanto así que se ofrece a ir a verificar como esta su fiebre.

El hermano menor no siente el deseo de preguntar donde están sus padres, o porque nadie mas puede cuidarlo.

 

“Gracias por acompañarme, Ritsu” Como esperaba, el sol es molesto, pero no suficiente para hacerle querer quitarse la camisa (Y aunque, no lo haría).

El morocho solo asiente, sin saber que más podría decir. Técnicamente ambos conocen a Teru-san, así que no debería ser raro.

 

 

El lugar donde habita es un conglomerado de departamentos, pero aún así no discrimina en espacio interno. Ritsu no puede evitar sorprenderse al ver a su hermano forzar la puerta con sus poderes, pero imagina que Mob tiene una razón, o una confirmación del dueño.

Esta oscuro, y Ritsu toquetea la pared en busca de un interruptor. Cuando lo haya, se ilumina el cuarto. En el medio, hay una bola de sabanas sobre un futón. Alguien duerme ahí.

“Hanazawa-kun?”

“¿...Hm, Kageyama-kun, eres tú?” Su voz sonaba áspera y tomada. Hasta casi le da pena. Se revuelve un poquito y asoma su rostro entre las mantas. Su nariz esta roja pero el resto palido- una sonrisa avecina. “Ah y Ototou-kun”

Ritsu desea que le deje de llamar así cada vez que lo ve, pero ser el hermano menor de Shigeo es sin duda su legado por siempre.

“Preparare algo. Con permiso.” El morocho se aleja de Teruki y su hermano, ahora de cuclillas en frente de él, preguntándole por su estado. Ninguno de los dos le presta atención a Ritsu cuando se va a la cocina.

Esta no es la forma que quería pasar su sábado, pero supone que podría ser peor. Ritsu ya tenía un récord por vivir en situaciones incomodas. Toma los pequeños tuppers y remueve los vegetales. Revisa varios cajones hasta hallar una cuchilla. Prepararía una sopa para Hanazawa mientras ellos hablaban, y luego podría volver a la seguridad de su hogar, a observar con rencor los garabatos sobre sus brazos, pensando en como no son adorables y que tan estúpida la persona que los hizo es.

Ritsu esta acostumbrado a las cosas domesticas, y hacer esto es lo más fácil. Cuando el pollo esta hervido y los vegetales hechos, lo sirve en un plato y regresa con cuidado a la habitación principal.

Teruki y Shigeo ya no están hablando, pero su hermano esta planchando las mantas con sus manos como si fuera una madre. Tal vez siente un poco de celos por ese cuidado. Cuando Ritsu se acerca, el otro le lanza una pequeña mirada.

 

“Mejor, voy a hacer té.” Se levanta y se va, dejando a Ritsu a merced del paciente.

“Oh,” Teruki suspira alegre al sentir el aroma. “Sopa, genial~ Muchas gracias”

Él se sienta en su cama con un poco de esfuerzo, y Ritsu solo sostiene el plato en silencio, la cuchara balanceándose peligrosamente en el borde. Entonces, Hanazawa le da una sonrisa. Algo en su gesto no le agrada.

Al parecer no puedo moverme bien por los mareos, te molestaría alimentarme, Ototou-kun?”

Lo dice con tal simpleza que a Ritsu le cuesta creer que este muchacho tenga mas de dos neuronas.

Su respuesta es como una arcada: “No.

Teruki ríe y él se siente como el chiste. “Solo bromeaba~ pasame eso” el rubio mueve su mano y el plato empieza a flotar, lejos del agarre de Ritsu. En verdad dudaba que este tipo necesitara cuidado, aun enfermo.

Comienza a comer despacio, sin apuro, y Ritsu siente que tendría que levantarse e irse-- pero algo lo mantiene fijo en el lugar. Él es como un reloj de pie haciendo sombra sobre Teru.

Hanazawa tiene un pijama celeste, tiene pequeños ositos estampados. Es ridículo, pero Ritsu no puede dejar de observarlo. Algo lo percata de haberlo visto antes, en algún lugar. Nada hace clic, y Teru continua tomando.

Su manga se resbala un poco, y una sombra lo quita de su concentración. Mob esta caminando hacía ellos, con una bandeja de té en sus manos. Entonces la manga de Teru se baja por su antebrazo, y Ritsu se congela.

“¿Qué son esos?” La voz estoica de Shigeo vitupera las ganas de Ritsu de salir corriendo. Teru deja su plato flotar con sus poderes, y chequea su brazo.

“Ah- esos son dibujos que hice esta mañana. Estaba aburrido.”

“Ya veo, este lince es lindo.”

“Eso es un conejo, Kageyama-kun.”

“...Oh”

Ritsu esta quieto, y resiste su urgencia de abrazar sus extremidades para protegerse.

“Esto no se marca en … tu media naranja?”

A Teru le parece súper gracioso. “media naranja? Pues si, supongo. Pero nunca conseguí una respuesta así que no creo que existan.”

 

No, no, no,

no

no

no no no no

no

no

no nononoonono…….! Hanazawa Teruki NO era su alma gemela, de ninguna manera!

 

Pero esos estúpidos dibujos, son imposibles de imitar.

 

 

Ritsu sobrevive la siguiente media hora de Shigeo y Teru hablando sobre cualquier cosa. No participa, aunque ya tiene bastante con el pánico inicial. En todo ese trayecto, Ritsu cree que ya pasó por los siete estados de duelo.

Nunca se lo dejaría saber. No importaba que. A ninguno de los dos.

 

Mob saluda a Teruki y le desea que se cure rápido, la sonrisa del rubio era la mas brillante de ese día. Abre la puerta, y sienten la voz del rubio desde adentro.

“Ah, Ototou-kun, olvidaste un tupper aquí.” Ritsu mira a su hermano y él asiente. Al entrar un paso dentro del departamento, el contenedor plástico vuelva a toda velocidad hacía su cara. Ritsu lo detiene con su manos, irritado. ¿Qué demonios?

“Ups, lo siento.” Teru lamenta con el tono menos pesaroso posible. Se acerca unos pasos hacía él “Buen atajo, igual.”

Ritsu frunce el ceño, pero resiste un comentario, simplemente presionando el tupper en su pecho.

“Ah.” La voz de Teruki hace eco en la entrada, y algo en su rostro es extremadamente curioso. “Bonito corazón, el de tu nudillo.”

 

Ritsu va con premura, y su hermano apenas puede mantenerle el ritmo. Tampoco le responde a su hermano mayor cuando le pregunta porque su rostro esta sonrojado.

 

Presentía que los garabatos serían peores de ahora en adelante.