Chapter Text
Por desgracia para Azirafel, Crowley se había comprado finalmente un smartphone. Uno con pantalla táctil y una funda negra muy a la moda. Le pegaba, sin duda, pero los ruidos de los toquecitos y las ruidosas exclamaciones del demonio durante sus partidas online sacaban a Azirafel de su lado angelical de forma molesta e irritante.
Pero lo que más fascinaba a Crowley era la cámara frontal de veinte megapíxeles y la cámara interna de doce megapíxeles (sea lo que sea que significara eso). Crowley le explico felizmente a Azirafel lo que era un selfie .
—Gracias. Ahora no tendré que morir en la ignorancia. Errm bueno, ya sabes. Gracias. —Azirafel sorbió su chocolate.
Crowley parecía irritado.
—¿Cómo es que nunca has visto a adolescentes sacarse fotos a sí mismos? Esto ocurre en, bueno, todas partes. Especialmente aquí, en Londres, con todos esos turistas y demás.
—No, no me había dado cuenta, —dijo Azirafel honradamente. De verdad que tiene la cabeza en las nubes, pensó Crowley y se acercó aún más.
—Bueno, ángel, la mejor forma de entender los selfies —jugueteó con el móvil en sus manos— es experimentarlos personalmente.
Azirafel se estremeció.
—¿A qué te refieres?
—Vamos a hacernos un selfie. —Crowley sonrió y, antes de que Azirafel pudiera protestar, el demonio se había colocado muy cerca de su cabeza y había alzado el móvil en su mano. Por un breve momento, Azirafel podía ver sus caras en la pantalla, entonces hubo un sonido de click y Crowley volvió a apartarse. Así que era eso, mmm.
—Mira. —El demonio sonrió y puso el móvil en frente de la cara de Azirafel—. Tu sonrisa parece tan incómoda como siempre, pero creo que mi aspecto lo compensa.
Azirafel no dijo nada mientras bebía de su chocolate, despreocupado por el tema. El ángulo de la foto era raro y la luz no le sentaba especialmente bien a su cara.
—Oh, mira, queda genial en blanco y negro —dijo Crowley y volvió a colocar el teléfono justo frente a la cara del ángel.
Cuando el ángel alzó la mirada, realmente encontró la versión en blanco y negro bastante favorecedora.
—Mi piel parece tan luminosa —dijo maravillado.
—Eso es sólo el filtro —dijo Crowley.
—Oh —musitó Azirafel.
—Los filtros hacen que todo parezca mejor.
—Pero entonces no es un recuerdo real —dijo Azirafel entristecido.
—¿Y a quién le importa eso? La gente de estos días no quiere memorias, quieren publicar fotos suyas en redes sociales para conseguir ‘me gustas’ y comentarios sobre lo guapos que salen y los tipos de dieta que están haciendo y el rimel que están usando y esas cosas.
Azirafel asintió, aunque sólo había entendido un pequeño porcentaje de lo que Crowley acababa de decir. El demonio pulsó fervientemente la pantalla y, eventualmente, dijo:
—Estas son divertidas.
Se colocó al lado de Azirafel nuevamente y, esta vez, el ángel se aseguró de ajustar su postura a tiempo y colocó sus manos sobre su regazo, esgrimiendo su mejor sonrisa. Pero cuando miró a su cara en la pantalla, había dos orejas perrunas sobre su cabeza y una nariz rosa dibujada sobre la suya propia.
—Oh —dijo divertido—, mira eso. Me ha convertido en un perro.
—A mí también —dijo Crowley y sonrió con picardía.
—Las tuyas son negras —recalcó Azirafel y sonrió también.
Ahora se encontraba de buen humor, así que accedió cuando Crowley le pidió que sacara la lengua. Se rieron ante el resultado (bueno, Crowley se rió principalmente del deleite infantil de Azirafel, en lugar del propio filtro, porque de verdad, parecía bastante bobo).
—¡Soy un perro! Esto es realmente divertido. —Sonrió Azirafel.
—¿A que sí? Mira, tengo muchos más…
