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Summary:

Logró acostumbrarse poco a poco a la compañía del mayor, llegando a tal punto que el estar sentado junto a él, en la azotea de su departamento, viendo el ocaso, era ameno.

ShimaTeruWeek2019, día 3
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Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Logró acostumbrarse poco a poco a la compañía del mayor, llegando a tal punto que el estar sentado junto a él, en la azotea de su departamento, viendo el ocaso, era ameno. ¿Y cómo podían culparlo? Estuvo solo por tanto tiempo, sus padres y su constante ausencia habían dejado algo en él que no podía llenar con las inusuales visitas de sus compañeros de clase, o salir de vez en cuando con los hermanos Kageyama. No, esto era mucho más íntimo; se acostumbró a verle cada vez con más frecuencia hasta que era completamente normal encontrarlo sentado en su sofá, bebiendo café y escuchando la televisión cuando volvía de la escuela, observarle bajar el volumen al aparato y oír un muy necesitado “Bienvenido a casa, Teru,” acompañado de una sonrisa.

 

Después de todo, sólo eran dos personas solitarias que necesitaban de alguien.

 

La cálida tarde se estaba tornando más fría conforme el sol bajaba, su piel se erizó a causa de esto y un escalofrío recorrió su espalda dejando escapar el correspondiente siseo de su boca. Posó su mirada en su acompañante, alababa como el cambio de temperatura no parecía afectarle en lo absoluto. Lo observó por un momento, las hebras de su cabello danzaban junto a la helada brisa, despeinando el mismo que usualmente procuraba mantener presentable. Mantenía sus ojos perpetuamente cerrados desde su última batalla, aun así, parecía estar tan absorto como él en la puesta de sol, los tonos multicolor de ésta abrazaban las curvas de su rostro de una forma en la que sólo podía describir como poética. Decidió sacar su teléfono de su bolsillo.

 

Snap.

 

El sonido pareció llamar la atención del azabache, quien giró levemente la cabeza a la dirección del menor.

 

— ¿Una foto? — Preguntó Shimazaki, descansando su cabeza en la palma de su mano.

 

— Sí, bueno, — Su mirada estaba fija en la pantalla, escribía algo. — El atardecer luce precioso… Y te veías cool en esa pose. Además, no he posteado una foto en mi Instagram desde hace un tiempo, creí que quedaría bien.

 

— Yo creí que la gente que te sigue lo hace para ver cosas de tu vida, no la de un exterrorista. — Soltó una carcajada y se cruzó de brazos, haciendo sonar el cuero de su chaqueta.

 

— Supongo que ahora ya formas parte de mi vida, se tendrán que acostumbrar. — Un leve sonrojo floreció en las mejillas del rubio al darse cuenta de lo que había dicho. No era mentira, y eso era lo que más le avergonzaba.

 

El mayor le ofreció una sonrisa. No era como aquel engreído gesto que solía lucir día a día, ésta era genuina, una que emanaba felicidad y confianza. Había pasado tanto tiempo desde su primer encuentro, desde que huyó cobardemente cuando las cosas se pusieron tensas y abandonó Claw, desde que pasó meses ocultándose de todos, incluyendo sus antiguos compañeros de trabajo y amigos, en completa soledad, la culpa comiendo lentamente su cabeza y haciéndole perder la cordura. El daño que le causó a toda la gente afectada era irremediable, claro estaba, pero no se veía capaz de seguir si no hacía algo al respecto. Se comportó como un niño, inmaduro y egoísta, sin tener en cuenta las repercusiones que podría causar en los demás y en sí mismo. Por esta razón se encontró de pie frente a la primera persona en la que pudo pensar para disculparse, aquel chico esper a quien había golpeado sin piedad y estuvo dispuesto a matar sin problema alguno. Le resultaba casi increíble que se encontraran aquí, cerca de un año después, pasando cada tarde juntos.

 

Teruki tenía razón, todos pueden cambiar.

 

— Sabes, en momentos como estos, me encantaría tener mi visión de vuelta. — Escuchó el sonido del viento golpeando las hojas, los autos pasar frente a ellos, cosas que nunca se tomó la molestia de apreciar hasta ahora.

 

— Así, sería capaz de verte sonreír.

 

Despegó los azules ojos de su teléfono para ver anonadado al azabache, quien seguía sonriendo. Sintió su corazón acelerarse, sus mejillas arder, el frío desvanecerse de su ser. No pudo contestar nada, la explosión de emociones dentro de sí no se lo permitieron. De todas formas, no hacía falta; el aura de Teru se intensificó, resplandeciente y llena de júbilo, delatando los tácitos sentimientos. Y para Shimazaki, eso valía mucho más que cualquier palabra.

Notes:

Es mi primera vez escribiendo a estos dos. Está muy jolsom... Se me escapó. :$