Actions

Work Header

Falling Apart

Summary:

La última vez que vio a sus sobrinos, los únicos que alguna vez le mostraron amor, algo cambió. De repente, sus sonrisas se convirtieron en indiferencia y repulsión. Las palabras que más temía, "Es solo un loco", fueron el golpe final.

El rechazo de los niños lo destrozó por completo, y Mo Xuanyu se hundió lentamente en la oscuridad de su mente. ¿Cómo se sobrevive cuando el único amor que te quedaba se convierte en desprecio?

Y en su mente rota, la respuesta se desvaneció en la risa desquiciada de quien ya no tiene nada por lo que luchar.

Work Text:

Durante el breve tiempo que estuvo en LanLing, Mo Xuanyu se enfrentó a un montón de restricciones que nunca antes había conocido. No sabía si era por su condición de hijo ilegítimo o si su orientación sexual, que era un secreto a voces, también tenía algo que ver.
Lo que más le molestaba, sin embargo, era que no podía hablar con sus hermanas políticas, a menos que estuvieran sus medios hermanos presentes o fuera en un banquete donde alguien le dirigiera la palabra. Tampoco se le permitía acercarse a ellas ni darles pequeños obsequios.

Probablemente, si su madre política no fuera quien realmente gestionaba la secta mientras su padre se ocupaba de otros asuntos, tampoco se le habría permitido hablar con ella.
No era como si le estuviera prohibido hablar con sus hermanos, simplemente ninguno de los dos tenía tiempo para él, siempre ocupados con sus responsabilidades dentro de la Torre.

Pero había algo que sí podía hacer, y era lo único que le hacía sentirse un poco mejor.

Jugar con sus sobrinos. A-Ling y A-Song lo habían cautivado desde el primer momento en que los vio. Eran pequeños, vulnerables...
No había estado con ellos desde su nacimiento, pero en cuanto sus sonrisas se dirigieron a él, supo que quería estar con ellos, cuidarlos, guiarlos, y que, al menos, serían su razón para seguir adelante. Los niños se convirtieron en la única parte de su vida que realmente le importaba.

Las semanas pasaron, y aunque cada día se sentía más agotado por sus fracasos en el entrenamiento, siempre encontraba tiempo para estar con los niños. No le importaba si sus progresos eran lentos, disfrutar con ellos era todo lo que necesitaba. Incluso comenzó a aprender de ellos, dejándolos enseñar lo que sabían, y de alguna manera, eso lo hizo mejorar en sus prácticas.

Observó en detalle las cosas que a cada uno les costaba. Mientras Jin Ling era increíble con el arco, parecía tener problemas con la caligrafía. Jin RuSong, por su parte, era un jinete impresionante, pero la música no parecía ser lo suyo. Entonces, mientras los niños se divertían dándole órdenes — algo que le parecía tierno más que nada — él ideaba formas de ayudarles a mejorar en lo que fallaban, sin que se dieran cuenta de que, en realidad, él también estaba aprendiendo de ellos.

Los niños, más que nada, se convirtieron en su razón para seguir en la secta.

Por eso, cuando se enteró de que debía marcharse, sintió que todo se desmoronaba. De alguna forma, el aire parecía haberse vuelto espeso, y las palabras se le atragantaban. No era solo tristeza, era una sensación de vacío que le hacía difícil respirar. Sintiéndose como si estuviera perdiendo el poco sentido que había logrado encontrar, pensó que al menos podría ver a los niños una última vez. Ellos tenían que entenderlo, ¿no? Les había dado todo lo que tenía, les había mostrado lo mucho que los quería.

Pero al verlos, algo había cambiado. Ya no lo miraban con la misma confianza ni la misma calidez. En sus ojos había algo que lo dejó helado: no solo lo ignoraban, lo evitaban. No sabía qué había sucedido, el día anterior estaban pescando juntos, jugando, riendo. ¿Qué había cambiado en tan poco tiempo?

“Es solo un loco.” Los escuchó decir, sin que intentaran siquiera esconderlo. Esas palabras, dichas tan casualmente, lo paralizaron. ¿De verdad pensaban eso de él? ¿Qué había hecho para merecerlo?

— Ling-Ling, Ru-ru, ¡esperen, yo no…! — Intentó alcanzarlos, pero ellos ya le dieron la espalda, sin una palabra más, y corrieron lejos. — Por favor, no… Yo no… — No importaba lo que intentara decir, ellos no se detuvieron. Ya estaban demasiado lejos, y las lágrimas le nublaron la vista, haciéndole imposible seguirlos.

Fue la última vez que los vio. La última vez que los vio sonreír, la última vez que estuvo cerca de ellos. Y cuando finalmente tuvo que irse, con el corazón pesado, solo podía pensar en cómo, de repente, los niños lo habían olvidado. O tal vez ya nunca lo habían considerado como algo más que un loco. Y eso, de alguna manera, lo destrozó más que cualquier otro dolor que pudiera haber experimentado.

Series this work belongs to: