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Sutil

Summary:

—Dazai.

—¿Mm?

—¿Qué mierda?

Chuuya no esperaba encontrar a Dazai haciendo un desorden en la sala del apartamento que comparten. Sin embargo, tampoco esperaba que Dazai fuera a pedirle algo que nunca le cruzó por la cabeza antes.

Notes:

Fluff de estas bellezas, cortito y amoroso y solamente inspirado porque vi varios fan arts de Fem!Dazai. Tienen 17/18, oks? Oks. Gracias por leer <3

Work Text:

—Dazai.

 

—¿Mm?

 

—¿Qué mierda?

 

Chuuya estaba en todo su derecho de reaccionar de esa manera por la siguiente razón: ¿por qué demonios Dazai usaría vendajes en sus piernas debajo de sus medias? ¿Eran necesarias? ¿Y qué hacía Dazai en medio de la sala con las medias a sus pies, falda haciendo estorbo en el piso y la camisa de vestir a medio abrir? Chuuya casi se tropieza con la chaqueta y el chaleco negro que estaban apilados a la entrada. Dazai parece no importarle cuando termina de bajarse sus medias negras y las deja hechas montón en el piso de la sala, casi saltando hasta que se puede echar en el sillón, campante como si el lugar fuera solamente suyo.

 

Ane-san ya le dijo varias veces que controle su temperamento, que no pierda la cabeza, pero el desorden es demasiado que hasta le está haciendo la sangre arder tanto que sus mejillas y las puntas de sus orejas se ponen rojas cuando azota la puerta para cerrarla detrás suya. ¡Encima la estúpida Macarena tenía la puerta sin pestillo!

 

—Qué. Mierda. Haces.

 

—¿Qué pasa, Chuuya? ¿Acaso mi belleza te ha causado algo? ¿A la gran Nakahara Chuuya? —como si para remarcarlo lo hiciera, eleva ambas piernas en el aire, largas y delgadas y Chuuya siente un tirón en el estómago que atribuye a las ganas de golpear a su compañera. ¿Eran esas panties de rayas? No demasiado aterradoras para una mujer que es la ejecutiva más joven de la mafia.

 

, me causa ganas de golpearte para que te calles —la risa de Dazai la irrita más y entonces la ve encogerse en el sillón hasta que se sienta, estirando sus larguiruchos brazos hacia ella. Chuuya rueda los ojos y se acerca de todas formas, dejándose caer a su lado y casi golpeándola con la bolsa con la que cargaba. Trata de ignorar el «qué buena mascota» que escucha a su lado y solamente gruñe en respuesta, cansada e irritada. En parte había sido culpa suya que Dazai se hubiera lastimado en la última misión (nah, en realidad siempre era culpa de Dazai por creerse intocable pero Chuuya sería buena y tomaría esta por el equipo. O algo así) y necesitaba un momento sin la presencia de la castaña, por lo que cuando Dazai se quejó de sus vendas, Chuuya se ofreció a ir a comprarlas. Dazai la ojea y entrecierra su ojo visible, los labios ligeramente abultados y apretando la bolsa contra su pecho—. ¿Y ahora qué?

 

Dazai parece pensarlo por un momento, Chuuya se pierde el pequeño momento en el que Dazai baja a verse a sí misma y luego a verla a ella. La pelirroja está perdiendo la paciencia y enarca ambas cejas para que prosiga con cualquier tontería que vaya a salir de su boca. Ya puede escucharla burlándose de su estatura o del tamaño de su pecho o…

 

—Ayúdame a cambiar mis vendas, Chuuya.

 

Chuuya se esperaba todo menos esto. La observa, sinceramente anonadada, el sombrero de su cabeza se desliza y se cae en el sillón pero no se preocupa de eso. Gestiona un poco para asegurarse de que Dazai no estuviera ya borracha o que le estuviera jugando alguna broma idiota que acabaría con ella ahorcando a la prodigio como la última vez. Dazai usa su mirada de: «¿eres estúpida?» y Chuuya lo pierde ahí. Le arrebata la bolsa de regreso y empieza a murmurar debajo de su aliento lo inútil que Dazai era y como estaba cansada de ser tratada como su sirvienta y mandadera. Ni Mori ni Kouyou se imaginarían esto real: Dazai y Chuuya, ambas en la compañía de la otra, en silencio. Chuuya dejó de murmurar cuando empezó a desnudar el brazo izquierdo de Dazai, luego de haber tardado un rato con el derecho. Sabe de los intentos de suicidio de la castaña, pero poder ver las cicatrices y trazos le hacen sentir algo más. Dazai mantiene su vista en ella y solo hace ligeros sonidos, casi inaudibles, cuando Chuuya roza su piel. Sensible por el poco toque, seguramente, algunos cortes seguían frescos de la última vez.

 

Los brazos fueron más fáciles que las piernas, especialmente porque Dazai no dejaba de estirar sus piernas de palo enfrente de ella mientras sonreía con sorna, nada más paró un momento después de que Chuuya le diera una palmada en el muslo desnudo. Compartieron una pequeña mirada de reto y Chuuya se ocupó de empezar a enredar las nuevas vendas, tardando ligeramente más tiempo del necesario. Cuando acaba, Dazai tiene una mirada que tarda en comprender y para cuando lo hace, se gana una risa más audible y molesta, las piernas de Dazai en su regazo. ¿Cómo es que no la ha empujado de las escaleras todavía?

 

No es que no haya intentado.

 

—Chuuya —la pelirroja murmura un “qué”, sus manos empujando los ondulados mechones de pelo lejos de sus hombros, tonta Dazai debería cortarse el pelo o al menos tratar de mantenerlo. Chuuya vuelve a preguntar, esta vez colocando dos mechones de pelo detrás de sus orejas, tomando su mentón para que levante el rostro y descubrir el nudo que sostiene la venda de su ojo. Dazai cierra el otro y la deja continuar, tarareando una canción en la que estaba trabajando aún. La venda cae en la pila con las otras y ella abre los ojos, encontrando los azules de Chuuya, su ceño fruncido con sus cejas perfectamente arregladas. Ojos color miel parecen fundirse en el par azul mar.

 

Ambas vuelven a quedarse en silencio sino por el pequeño sonido que hace la boca de Dazai contra la de Chuuya, un efímero sonido de ambas compartiendo un beso, iniciado por quién sabe. Es corto y se separan solo para volver a inclinarse contra la otra. Chuuya siente los labios de Dazai extenderse debajo del beso y eso la obliga a mantener el mismo un poco más, volviendo a peinar uno de sus cabellos detrás de su hombro. Se separan y esta vez sus frentes se unen.

 

—Eres un dolor en el culo, ¿lo sabes? —las manos de la pelirroja hacen un trabajo excelente cuando colecta todo el salvaje pelo de Dazai hasta amarrarlo en una cola alta. Decide no ponerle la venda en el ojo de nuevo por dos razones: era una jodida molestia enredarle la cabeza con una venda a Dazai sin tratar de cortarle la circulación al cerebro… y porque se veía mejor sin la mitad de la cara tapada.

 

—Me lo recuerdas a cada rato, Babosa. Al menos yo digo cosas más originales que ese insulto.

 

Definitivamente Chuuya iba a ahorcar a Dazai algún día. Quizá no hoy, con sus manos deslizándose a desabotonar su camisa que luego deja caer en suelo, mismas manos que desatan vendas en el torso de Dazai, labios que usa para callarla de sus estupideces.

 

Chuuya tal vez tardaría un poco más ésta vez en envolver como una momia a Dazai.