Chapter Text
El cantar de los pájaros se mezcló con el murmullo del viento, conciliando una suave melodía. A lo lejos, podía sentir al dios del agua deslizándose en un pequeño río, mientras los árboles danzaban sutilmente anunciando que la primavera estaba próxima.
Un rayo de sol se filtró entre las hojas, acariciando gentilmente su rostro, consiguiendo que al fin el joven hombre abriera sus ojos. Aunque sus parpados se habían elevado, sus facciones siguieron de la misma forma, totalmente relajados y respirando la naturaleza que se transmitía en aquella zona del palacio.
—Ya es hora…—
Aunque estaba solo había un remitente para aquella frase, el viento respondió agitándose un poco más. El onmyouji(1) sonrió en respuesta.
Con elegancia desarmó la posición de meditación y se incorporó. Acomodó su abanico en el amarre de su cintura y luego se giró hacia el gran árbol que se extendía en frente suyo.
—Muchas gracias por las enseñanzas del día.— murmuró, inclinándose de inmediato con sumo respeto.
Una vez más el viento sopló, levantando algunas hojas que rebeldemente descasaban sobre el césped. El joven hombre arrugó apenas su nariz, sonriendo en agradecimiento. Sin pronunciar otra palabra, giró sobre sus talones y caminó en dirección al palacio.
La naturaleza lentamente quedó atrás, mientras las personas empezaban a aparecer en su rango de visión.
—Tenga buenos días, Hanyu-sama.—
Una joven le sonreía torpemente mientras hacia una reverencia, siendo correspondida por una gentil sonrisa y movimiento de cabeza de parte del onmyouji. Pero no fue detenido hasta la entrada a la biblioteca. Allí lo esperaba una doncella.
—Hanyu-sama, el desayuno está servido en la Sala Dorada.—
—Muchas gracias, Hana-dono(2), ¿El Emperador ya está disponible?— preguntó con amabilidad, siguiendo los pasos de la joven que lo guiaba.
—Se retrasó unos minutos. Hubo visitas inesperadas, pero informó que se uniría en breve.—
Inevitablemente la duda se vio en los ojos del onmyouji; los espíritus no le habían notificado de una visita sin anunciar. Con curiosidad, miró hacia el amplio jardín, esperando alguna señal de los kami(3); pero no hubo respuesta alguna. El viento seguía soplando con suavidad y el agua del estanque tan sólo reposaba.
Los labios de Hanyu se contrajeron, pero no se atrevió a cuestionar. Tan sólo dirigió una última mirada antes de ingresar a la Sala Dorada.
La emperatriz y los príncipes ya se encontraban en su sitio. La doncella, al igual que el onmyouji, presentaron sus respetos antes de tomar su posición. Fue justo en ese momento en que abrieron las puertas para el ingreso del Emperador. Todos se incorporaron para saludar, pero para la sorpresa de los presentes no se encontraba solo.
A unos pasos detrás de él, caminaba distraídamente un hombre de rasgos exóticos. Habían conocidos pocos como ese extraño, de grandes ojos castaños y cabellos ondulados; eran nativos del otro lado del mar.
—Pueden sentarse.— indicó el Emperador, una vez hubiera tomado su lugar.
El forastero había sido ubicado a unos cuantos asientos lejos del centro, pero su sonrisa despreocupada era evidente.
—Mi gente, él es el heredero del noroeste de las tierras occidentales, el príncipe Fernández. Nos acompañará por unos días.—
El hombre de grandes ojos inclinó su cabeza en respuesta, consiguiendo la aprobación de las personas que estaban presentes. Pero, aunque sus facciones no lo demostraran, el onmyouji estaba inquieto.
“¿Un Príncipe? ¿Por eso no es una amenaza que no se me notificó? No tiene sentido.”
Sus pensamientos vagaron mientras el té era servido. Durante la hora del desayuno no volvió a mirar al extraño y se centró en sus propios alimentos; luego cumplió con sus tareas matutinas como consejero del Emperador en una breve reunión mientras se retiraba la vajilla.
Después de unos minutos cada uno regresó a sus tareas, dejando que el onmyouji saliera a uno de los patios internos dispuesto a comunicarse con el kami del agua en busca de respuestas. Pero no llegó a dar muchos pasos, cuando notó que no se encontraba solo.
No tuvo necesidad de voltearse para saber quién era.
—¿Puedo ayudarlo en algo, alteza?—
El onmyouji se giró, haciendo una reverencia con respeto al extranjero. Pero el hombre en frente de él tan sólo negó con su cabeza, haciendo un suave movimiento de su mano izquierda.
—Por favor, no me llames así. Estoy en tierras ajenas, así que no me debes inferioridad.—
El monje sintoísta se sintió algo descolocado. Había conocido otros personajes de las tierras occidentales, pero era el primero que parecía despreocupado y lejano a cualquier rasgo ególatra.
—Sería descortés de mi parte el rebajar su título, príncipe.— respondió con cautela.
El hombre rió divertido, ladeando un poco su cabeza.
—¿Qué es un título en el mundo de los vivos, Hanyu-sama? El Emperador me habló de usted y de su conexión con el mismo espiritual, cosas que están muy lejos de nuestra comprensión mundana.—
La soltura que implementaba al hablar el príncipe era algo aturdidor; pero el japonés se mantuvo en su postura. Comprendía a la perfección que aquel hombre lo había seguido llevado por su curiosidad.
—¿Usted desea comprenderlo, príncipe Fernández?—
Y de nuevo estaba allí, sonriendo ampliamente en respuesta y con total desfachatez. Entonces el viento se elevó removiendo las hojas de los árboles y el murmullo de la naturaleza le habló al oído al monje. Pero, aunque al fin obtenía una respuesta, en ese momento era demasiado tarde. La presión en su abdomen y el repicar de su corazón habían hablado antes.
Las manos del onmyouji se contrajeron con fuerza al costado de su cuerpo; eso estaba mal, muy mal.
Continuará…
Aclaraciones del capítulo:
(1) Onmyouji: monje que sirve de vínculo entre el mundo espiritual y el terrenal. Hay varias versiones sobre los onmyouji en distintos mangas y animes, en esta ocasión cree mi propia versión en base a algunos que leí y me informé. En esta historia, son monjes que poseen habilidades en base a los cuatro elementos (fuego, tierra, agua y viento), pueden manejar las auras de la misma y comunicarse con los espíritus tanto humanos, como de la naturaleza.
(2) Dono: sufijo honorífico que podría traducirse como “doncella”, es algo que en la actualidad cayó en desuso.
(3) Kami: nombre que le otorgué a los espíritus de la naturaleza. Estos son manifestaciones que solamente las personas con poder espiritual elevado pueden verlo.
Nota de autor
Si hay algún lector de otra de mis historias, desde ya pido disculpas (?), sé que debo otras tramas que están inconclusas; pero esta tiene una carga emocional especial y fuerte para mi.
Antes que me amenacen, debo decir que esta historia ya está completa, consta de 13 capítulos y un especial. Está siendo betada por Tsuki y Zei, dos hermosas personitas que me ayudan a que mis escritos no parezcan un revoltijo. Así que desde ya, muchas gracias. Además, será publicado una vez a la semana a partir de hoy. Hay mucha dedicación en este humilde fanfic, así que les pido, que si les agradó comenten, que es la única recompensa que tenemos por esto <3.
Hay algunos detalles que los iré aclarando a medida que vayan saliendo los capítulos. ¿Tienen alguna duda, alguna crítica? Son bienvenidos. Muchas gracias por leerme y nos vemos al próximo domingo sin falta.
さようなら
