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Vencedor

Summary:

Se abrió una de las puertas del garage y observó cómo entraban dos camionetas último modelo color negro y sonrió genuinamente, sabía perfectamente que quien venía manejando una de esas camionetas lujosas era el hombre dueño de su corazón, de su rancho, sus autos, dinero y todo lo que poseía: Bruno Bucceratti, su amado esposo, junto con los niños que formaban a su peculiar familia, a final de cuentas nadie se iba a atrever a cuestionar la vida de uno de los capos más importantes del narcotráfico como lo era Leone Abbacchio.

Notes:

Esto comenzó como un fic shitpost gracioso pero decidí transformarlo en esta cosa llena de sentimientos y drama(?) La verdad yo tampoco sé lo que escribí.

Sí, el título se lo puse por la canción de Valentín Elizalde XD

No se me dan los fics de varios capítulos, así que a pesar que esta historia da para mucho más, decidí dejarla hasta aquí. Espero que sea de su agrado y cualquier comentario me ayuda mucho a mejorar.

Work Text:

Vencedor

 

Era otro día normal, si se podría considerar así, tomando en cuenta el estilo de vida que llevaba, ya se acercaba la hora de la comida y mientras ésta llegaba, Abbachio se encontraba sentado en una de sus sillas de jardín cerca de la alberca, sosteniendo un vaso de whisky en una mano y un cigarro encendido en la otra; desde la emboscada de hace una semana al cártel enemigo se podía decir que todo estaba más tranquilo. Se abrió una de las puertas del garage y observó cómo entraban dos camionetas último modelo color negro y sonrió genuinamente, sabía perfectamente que quien venía manejando una de esas camionetas lujosas era el hombre dueño de su corazón, de su rancho, sus autos, dinero y todo lo que poseía: Bruno Bucceratti, su amado esposo, junto con los niños que formaban a su peculiar familia, a final de cuentas nadie se iba a atrever a cuestionar la vida de uno de los capos más importantes del narcotráfico como lo era Leone Abbacchio.

Se levantó de donde estaba para ir hacia su esposo, a pesar de que tenían a cuanto personal desearan para estas tareas cotidianas Bruno le insistía al capo en ir personalmente a recoger a los niños de la escuela; Leone sentía que era muy peligroso hacer eso ya que nunca se sabía cuando podían atacar los cárteles enemigos...pero también quedaba claro que jamás podría negarse a nada de lo que Bucceratti le pidiera. Llegó a donde estaba él y le dio un suave beso en los labios - Hola mi amor, ¿estabas esperando para comer? -sonrió amable el azabache mientras caminaban hacía la casa, ya que sus hijos adoptivos ya les habían adelantado.

 

-¿Todo bien hoy? ¿Te aseguraste de que no hubiese nadie sospechoso cerca?- siempre sobreprotector y preocupado por su familia.

-Sí, todo bien no tienes que preocuparte así, la escolta personal que me obligas a llevar a todas partes me cuida bastante bien, y a los niños también-

-Bruno, ya no son niños, Narancia y Trish ya van a cumplir 15 años, y son los menores-tenía que reconocer que aunque los siguieran tratando como “niños” lo cierto es que todos eran unos adolescentes con sus típicos problemas de pubertad.

-Leone no olvides a Giorno, él es el menor...y no me importa, así tuvieran 20 años para mí siempre serán mis niños, suficiente de esto vayamos al comedor, apuesto a que los niños sólo nos están esperando a nosotros-


 

Entraron al amplio comedor de su casa y efectivamente, había un bullicio provocado por los 5 adolescentes sentados a la mesa, la pareja entró y Abbacchio se aclaró la garganta para llamar la atención de todos, al instante todo se quedó en silencio mientras el albino tomaba asiento en la silla principal. Bruno dio la orden a la servidumbre para que comenzaran a servir los diferentes platillos que componían el menú del día. Ya que habían terminado de comer, Narancia y Trish cuchicheaban algo 

-Dile tú! 

-No, yo le dije la vez pasada.

-Por favor! O no nos dará el permiso...-

-Bien...eh papá-llamó al mayor la única hija que tenía el matrimonio.

-¿Si, Trish? ¿Qué pasa?- su voz era firme pero amable, muy diferente a cuando daba órdenes a sus subordinados.

-Es que...Narancia y yo eh...lo que pasa es que habrá pronto una fiesta de una compañera nuestra y bueno…¿podemos ir?- dijo esperanzada la pelirosa

-¿Una fiesta? Bruno, ¿se trata de alguien confiable?-siempre consultaba con su amado azabache este tipo de cuestiones ya que no podía tener vigilados a todos los compañeros de escuela de sus hijos.

-Si, no hay problema ya he verificado eso, te daré toda la información necesaria más tarde, déjalos ir Leone-comprensivo como siempre, como una verdadera madre sería con sus hijos, así era Bruno con todos esos niños, ya que comprendía lo que era ser el de mayor edad en un orfanato y que ningún matrimonio se interese en ti; incluso podría considerarse que Bucceratti los rescató de que les echaran a la calle, a su suerte, él y Abbacchio los acogieron, les dieron un hogar, educación y amor. Al ser todos mayores no tenía mucho caso ocultarles a lo que verdaderamente se dedicaba su padre adoptivo, probablemente no eran conscientes de todo lo que implicaba, pero entendían lo cuidadosos que debían ser al elegir amistades, al salir solos, etcétera.


 

El día pasó tranquilo, Leone sólo debía realizar unas cuantas llamadas para comandar a su gente antes de poder ir a la cama tranquilamente, entró en la gran habitación principal y observó a su amado esposo recostado en la cama leyendo un libro pacíficamente, se sentó en el borde de la cama para comenzar a desabotonar su camisa; Bruno le sorprendió abrazándole por la espalda y besando sus hombros a la par que deslizaba la prenda fuera del torso de Abbacchio 

-¿Te he dicho ya cuánto te amo?- decía el azabache mientras besaba su nuca suavemente y apegaba su torso desnudo a  la espalda de éste, sintiendo el calor que emanaba de aquel sutil contacto

-Todos los días lo haces amor mío, aunque eso no significa que me ames más de lo que yo a ti- tomó una de las manos que le rodeaban llevándola a sus labios depositando un suave beso. 

Atesoraba esos momentos de ternura en privado, si bien en el exterior lucía como alguien hosco, rudo y grosero, con su azabache era totalmente lo opuesto, y es que si valía la pena quitarse su máscara de matón con alguien era con Bruno, jamás había podido negar ni una sola de sus peticiones o caprichos por más ínfimos que fuesen, así se tratara de un perfume costoso o de algo mucho más importante como la adopción de 5 niños huérfanos casi uno tras otro, le daría el mundo entero si éste se lo pidiera...haría lo que fuese por él.

-Eres lo mejor que me podrá pasar en la vida Bruno- giró levemente para unir sus labios con los del azabache, un beso suave pero apasionado, combinando todo ese amor con el deseo que le provocaba el cuerpo de éste, al terminar el beso el albino se levantó y en un rápido movimiento tomó al contrario y lo recostó sobre la cama, se deleitó un momento observando el torso tan bien formado de Bruno, así como ese tatuaje a mitad de su pecho que le volvía loco, se lanzó a devorar el cuello de éste sin miramientos y sin importarle las marcas que dejaba a su paso, siguió bajando por su clavícula con suaves besos mientras sus manos recorrían el resto de su cuerpo descaradamente, bajó por sus costados ocasionando que Bucceratti soltara pequeños gemidos, apretó su trasero por sobre la pijama mientras su lengua saboreaba uno de sus pezones, Bruno intentaba reprimir los sonidos lo más que podía tapando su boca con una mano. 

Con sus diestras manos Abbacchio deslizó la pijama de Bruno sin detener el camino de besos desde su cuello hasta su abdomen, bajando un poco más hasta el bulto que comenzaba a formarse en la ropa interior del menor, la bajó un poco liberando así la erección que exigía ser atendida Abbacchio le lanzó una mirada pícara a Bruno dándole a entender exactamente lo que estaba por suceder a lo que éste respondió cerrando sus orbes azules y con un fuerte sonrojo.

 

Tomó el miembro con su diestra y comenzó un movimiento lento sobre éste, acariciando de la base a la punta escuchando con satisfacción como un gemido escapaba de labios del azabache

-¿Qué pasa bebé? Oh, te gusta esto ¿cierto? -soltó perversamente el albino mientras  aumentaba el ritmo en su mano.

-Ngg...A-abba...cchio-suspiraba intentando articular palabra pero le era imposible ante tanto placer.

-Si sabes que esto apenas está comenzando,¿verdad Bru-no?- posó sus labios sobre la punta y dio un ligero beso para posteriormente comenzar a lamer esa parte sin detener el ritmo en su mano, sabía como volver loco a Bucceratti, conocía cada rincón de su cuerpo y sabía dónde y cómo tocarle para llevarlo al éxtasis, acariciaba su abdomen, su trasero, todo lo que estaba a su alcance mientras su boca seguía ocupada dándole placer a su miembro engullendo todo lo que le era posible. Bruno no pudo contenerse y llevó sus manos a la cabeza de Leone para profundizar más llegando al fondo de su garganta, escuchó complacido un gemido ahogado por parte de su esposo mientras sentía la saliva en su erección e incluso un poco escapaba por la comisura de sus labios, apartó sus manos y el albino rápidamente se retiró para tomar un poco de aire.

-¿Estás bien, Leone? - a pesar del candente momento el azabache no podía evitar preocuparse por su amado, el cual asintió recuperando el aliento sólo para lanzarse de nuevo sobre él y fundirse en un apasionado beso, donde sus lenguas se rozaban salvajemente, Abbacchio mordió el labio inferior de Bruno de manera sensual para después separarse un poco

-Adoro cuando haces eso, sin importar nada estás pendiente de mí- le dio un corto beso antes de despojarlo definitivamente de toda prenda que cubriera su hermoso cuerpo, de nuevo un camino de besos inundó el cuello y pecho del menor dejando uno que otro chupón y mordida a su paso.

 

Bruno se encargó de sacar el lubricante que se encontraba en la mesita de noche junto a su cama, sabía perfectamente lo que seguía y era evidente que lo deseaba, se lo entregó a Abbacchio, el cual empapó sus dedos en el viscoso líquido, hubo un intercambio de miradas cómplices, estaban tan conectados que las palabras sobraban, dándole un beso justo en el lugar donde se encontraba su corazón Abbacchio bajó sus manos y comenzó introduciendo un dedo en la entrada de Bruno preparándolo para él, sintió como el cuerpo debajo de él se estremecía con la intromisión convirtiéndose en placer rápidamente. Metía y sacaba su dedo delicadamente, aumentando el ritmo de vez en vez sintiendo como su amado azabache temblaba e intentaba no gemir tan audiblemente, introdujo un segundo dedo sin mayor problema abriéndose paso entre sus paredes, cada tanto detenía sus suaves besos en el pecho y rostro de Bucceratti para susurrarle palabras tiernas, cuando los dedos de Leone entraban y salían sin dificultad procedío con un tercer dedo a lo que Bruno ya no pudo aguantar el gemido que salió de sus labios.

 

-Ahh...Leone…- ya no había escapatoria, su cuerpo y su mente estaban en otra dimensión, donde sentir a Abbacchio, sus roces, su olor, todo de él era lo único que pareciese darle sentido a todo -...hazlo p-pronto- rogó al albino, se moría de ganas de ser llenado por él y sólo por él. Abbacchio se apartó un momento sacando los dedos del interior de Bruno para retirarse el resto de prendas que aún cubrían su cuerpo, liberando su erección.

 -¿Listo, amor mío?- cuestionó pícaramente antes de tomar al azabache por las caderas y comenzar a introducir su miembro lentamente, disfrutando del calor de las ajustadas paredes de Bruno soltando un gruñido desde lo profundo de su garganta, introduciendose de a poco, observando la cara de placer del hombre debajo de él -Ah...estás tan estrecho, Bruno- se introdujo un poco más profundo en el mencionado haciéndole soltar un gemido de excitación pura -Shh Bruno, nos escucharán los niños- dijo con cinismo Leone, dando otra profunda estocada viendo como el azabache se mordía el dorso de la mano para no gritar, dirigiéndole una cínica sonrisa, Abbacchio comenzó el vaivén un poco lento primero, pero aumentando el ritmo gradualmente, llenando cada rincón de la intimidad de Bucceratti.

 

Ambos se encontraban presas del placer y la lujuria, pero sin dejar de lado el amor que se tenían, entre cada estocada Leone se acercaba para besar los hombros del azabache, besar sus mejillas y darle apasionados besos, donde sus lenguas danzaban acariciándose suavemente, callando así un poco los sonidos de placer que intentaban salir por parte de ambos. -Nghh...ah Leo..ne- suspiraba el menor mientras enredaba sus piernas en las caderas del albino y arañaba su espalda conforme éste llegaba más profundo en su ser, dio un par de estocadas en el mismo sitio que hacía a Bruno retorcerse de placer provocando el orgasmo de éste, derramando su semilla entre el abdomen de ambos, Abbacchio tomó un ritmo más frenético, empujándose más rápido dentro del azabache alcanzando su propio orgasmo unos momentos después del de su compañero, derramándose dentro de él.

 

-Ah...Bruno, eres maravilloso- decía el albino mientras intentaba recuperar el aliento y quitaba de la frente y rostro de su amado los cabellos que se le pegaban por el sudor. -Quisiera quedarme así contigo toda la vida-susurraba tiernamente Abbacchio mientras tomaba entre sus brazos a Bruno, acurrucandolo sobre su pecho. -No quiero separarme nunca de ti, Abbacchio- y con esas palabras llenas de amor ambos quedaron profundamente dormidos.


Las mañanas en la casa del capo eran también otro desastre, Narancia y Fugo peleando y gritando por cualquier tontería, Trish tardando horas en arreglarse, Mista hurgando a escondidas en la cocina antes de que sirvieran el desayuno, Bruno ayudando a Giorno a peinarse, era toda una odisea el poder sentarse a desayunar a una hora prudente para que no se hiciera tarde. 

Como era usual, Bruno llevó a los niños a la escuela, y realizaba algunas compras por el centro comercial; por otra parte Abbacchio se encontraba encerrado en su despacho molesto, vociferando y dando manotazos de vez en vez a su escritorio mientras atendía una llamada telefónica.

-NO! No, no y no, esto es intolerable…¿que acaso no saben con quién se están metiendo? Esos cabrones van a pagar por esto, y más vale que despaches a la bola de ineptos que decidiste contratar para “vigilar la zona”, no sirven para nada!- colgó el teléfono violentamente y se levantó tomando un vaso y sirviéndose whisky, era muy temprano para ello; si Bruno hubiera estado en casa probablemente se habría molestado, pero es que dirigir todo un cártel del narcotráfico era un trabajo bastante exigente. Parecía ser que la única forma en que las cosas marcharan bien en su territorio era yendo a supervisar todo personalmente.

 

-Ineptos, pedazos de mierda...agh- dio un sorbo a su whisky mientras que con su mano libre se presionaba el puente de la nariz, se vio interrumpido en la sarta de maldiciones que salían de su boca cuando la puerta de su despacho se abrió sin previo aviso -¡Les dije que no quería que me molestaran!- vociferó girando en dirección a la puerta y su cara se coloreó de rojo ya que quien entraba no era la servidumbre sino su amado Bruno, dejó rápidamente su vaso de whisky en la barra y se apresuró a la puerta- L-lo siento Bruno, creí que era...perdóname-

 

El azabache entró completamente en el despacho -Está bien Leone, no tienes que disculparte, sé que jamás me hablarías así- se acercó a su esposo y le abrazó por detrás -¿Todo bien?- comenzó a dar un leve masaje sobre los hombros del mayor- ¿Qué ocurre? Sabes que puedes contarme- trataba de reconfortar a su esposo.

-No es nada cariño, es solo...es trabajo, ya sabes- si bien era consciente que Bruno sabía a qué se dedicaba, no le gustaba involucrarlo de más, se reservaba muchas cosas por el bien de su familia.

-Bien, sabes que estoy aquí para lo que necesites- depositó un tierno beso en la mejilla del albino, si éste no quería contarle él no tenía porqué insistir -Hubo...hubo unos problemas en la parte norte del territorio…-comenzó a contar Leone - ...al final terminó en una balacera entre el cártel del golfo y nosotros y bueno supongo que puedes deducir el resto. Entonces para volver a poner orden, además de correr a los ineptos que tengo como supuestos vigilantes tengo que ir personalmente a rifarme, no puedo permitir que me quiten territorio, me haría ver débil ante el resto de los cárteles...todo va a estar bien, no te preocupes- le dedicó una tenue sonrisa antes de darle un suave beso en los labios - Anda, ve a hacer tus cosas, yo seguiré trabajando-

 

Bruno salió del despacho, ya con una evidente preocupación en el rostro, sabía de sobra lo peligrosos que eran los cárteles enemigos, no le gustaban los enfrentamientos ya que todo siempre eran balaceras y vidas perdidas a fin de cuentas, sabía que así era el negocio, sabía que se enamoró de un hombre que se dedicaba al narcotráfico y que estaba muy fuera de la ley, estaba consciente de todo ello pero al fin y al cabo era el amor de su vida, se preocuparía por él de cualquier manera, sin Abbacchio su vida no tendría gran sentido, sabía que se moriría de amor por él en el momento en que llegara a faltarle. -Por favor, que Leone no tenga que ir personalmente- lanzó una plegaria entre murmullos antes de irse a la cocina a supervisar la hechura de la comida.

 

Llegó el momento de ir por los niños a sus respectivos colegios y de nuevo Abbacchio se quedó solo en su enorme casa, no lo expresaba pero le preocupaba el bienestar no solo de Bruno, sino también de todos sus hijos, hasta el insufrible de Giorno, ya le había planteado con antelación a Bruno el tema de enviar a sus hijos a estudiar a diferentes internados en el extranjero y el azabache siempre se negaba, ya que creía que Leone quería alejarlo de sus hijos adoptivos y hacerlos autosuficientes; aunque la verdadera preocupación del mayor era justo eso, enviarlos lejos para alejarlos de este ambiente viciado, mantenerlos seguros, a salvo y vivos. Sonaba muy crudo pero era la realidad aunque no la quisiera enfrentar, entre cárteles no se respetaba edad, sexo o parentezco y si para imponerse había que masacrar incluso a inocentes niños, sus enemigos no se tocarían el corazón a diferencia de Leone, quien tenía como una regla inquebrantable el respetar la vida de los infantes aunque fuesen hijos de sus enemigos.

 

La comida transcurrió en un silencio y tensión bastante notorios entre los padres de familia, Trish y Narancia tenían sus cuchicheos pero muy leves a diferencia de otras ocasiones, todos sabían que algo había pasado entre sus padres, pero nadie se iba a atrever a preguntar ya que eran “cosas de adultos”; hasta que un rubio perspicaz no pudo evitar dirigirse a Bruno -Bucceratti…¿ocurre algo?- como era el miembro más reciente de la familia aún le costaba llamar Padre a los dos hombres que le habían sacado de esa sucia casa de adopción en quiebra -No Giorno, ya te dije que puedes llamarme papá, descuida hijo todo está bien ¿porque la pregunta?-

-Porque apenas y se han volteado a ver durante la comida- agregó Mista sin dejar de comer

-No hay que ser un genio para notarlo, hasta Narancia se dió cuenta- agregó Fugo, el mayor de todos los adolescentes.

-EY! El que te hayan ascendido grados solo por lo listo que eres no te hace un genio- respondió ofendido el pequeño Narancia -De hecho justamente eso es lo que me haría un genio, bobo-

-Narancia, Fugo basta- alzó un poco la voz el albino- y ustedes Giorno y Mista, ¿aportan algo a esta casa? ¿O porque tendría siquiera Bruno que darles explicaciones de lo que pasa o no pasa aquí?- estaba molesto eso era más que evidente, por lo que nadie más dijo una palabra, apenas terminar de comer y Abbacchio se encerró en su despacho hasta altas horas de la noche.

 

Cuando Bruno sintió como Abbacchio entraba a la habitación se levantó un poco y encendió la lámpara que estaba sobre su mesa de noche, iluminando un poco todo -Leone…¿todo bien?- de nuevo se acercó a abrazarlo -No, Bruno tengo que irme lo más pronto posible a arreglar todo este desmadre, no quiero dejarte aquí solo con los niños es muy peligroso-

-Abbacchio...Abbacchio no vayas- rogó el azabache con un hilo de voz -no es necesario, manda a alguien más, pero quédate conmigo- el aludido tomó delicadamente a Buceratti por la cintura envolviendolo en un cálido abrazo -Bruno, mi hermoso y amado Bruno, sabes que no puedo, si dependiera de mí el ir o no ir, elegiría un millón de veces quedarme a tu lado-

-P-pero ¿cómo no va a depender de ti? Eres...eres el líder de la organización, todos tienen que obedecer tus órdenes, ordénales que vayan y arreglen las cosas!- continuaba con su tono de súplica hacia el albino, las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos azules, se aferró más fuerte al mayor enterrando su rostro en el pecho contrario -Bruno, no me hagas esto, verte así me parte el corazón; no puedo cambiar las cosas, es un hecho que tengo que ir, pero intentaré posponerlo lo más que pueda, la seguridad de mi familia es primero- besó con delicadeza el cabello sedoso del azabache mientras acariciaba su espalda levemente para intentar tranquilizar al contrario.

 

Leone sabía que ese viaje tenía que hacerse, pero no iba a dejar desprotegida a su familia, de nuevo tendría que tocar con Bruno el tema de los internados para los niños, pero ya sería después cuando estuviera más calmado. También intentaría enviar a Bruno de viaje al extranjero, jamás le temió a morir en toda su vida, esa fue una de las cualidades que lo había llevado hasta ser el jefe, pero desde que tenía a Bruno y una familia en su vida, se había vuelto más cauteloso, comenzaba a aterrarle un poco el qué pasaría si llegara a faltarle a su familia; ciertamente el realizar ese viaje y que se llevase a cabo ese enfrentamiento era uno de los riesgos más grandes que podía correr a esas alturas de su vida, pero tenía que hacerse y Leone como el líder que era, lo afrontaría pasara lo que pasara, aunque eso significase heridas de bala o incluso la muerte.

 

A la mañana siguiente ya con los niños fuera Abbacchio y Bruno se sentaron a la mesa a platicar seriamente el asunto de la seguridad de los menores -Bruno, yo entiendo que quieras pasar todos tus días en la compañía de tus hijos, no te lo estoy prohibiendo, sabes que no es por ese lado el asunto, sabes mejor que nadie que los amo, aunque no tenga precisamente los mejores modos de demostrarlo-

-Leone, no hay nadie más apto para cuidar a los niños que yo, ¡soy su padre!- ese era el argumento más firme de Bucceratti.

-No estoy diciendo que no lo seas, pero amor, piensa en lo mejor para ellos, perdona si lo que te digo es demasiado duro pero, ¿acaso preferirías que los maten a tenerlos lejos?- de verdad que Leone odiaba pensar en eso, odiaba muchísimo más mencionarlo, y ver como el rostro de Bucceratti se ensombrecía le partía el alma -Bruno, daría mi vida por ellos y por ti, sin dudarlo y sé que tu harías lo mismo...pero no quiero llegar a esos extremos mi amor, prevengamos eso enviandolos lejos para que estén seguros, los podrás ver siempre que quieras-

Una lágrima resbaló por la mejilla del azabache, Leone tenía razón, tenía que velar por la seguridad de sus hijos, y si eso implicaba enviarlos lejos un tiempo tendría que hacer el esfuerzo, todo fuera por un bien mayor. Acordaron que al finalizar el año escolar hablarían con los adolescentes para que eligieran algún colegio en el extranjero para estudiar algo de su agrado, no les impondrían nada, pero les dejarían en claro las cosas.

 

Abbacchio se dedicó a planear su viaje, su estrategia de ataque, conseguir su gente de confianza para que lo acompañara, conseguir el armamento y todo lo necesario para el enfrentamiento que se aproximaba; pudo retrasar su viaje lo suficiente, pero eso le había costado muchos hombres, el cártel del golfo se estaba poniendo muy violento y en definitiva el único con la agilidad mental para dirigir una emboscada no podía ser otro que Leone Abbacchio. Faltaba ya un mes y medio para que terminaran las clases, los hijos de la pareja ya sabían sobre el tema de estudiar en el extranjero y aunque algunos se mostraron rejegos, al final terminaron comprendiendo; ellos tampoco querían separarse pero sabían que era por su propia seguridad. Aún tenían tiempo para tomar una decisión sobre sus estudios, su futuro. Fugo al ser el mayor podía decidir si quería acatar las órdenes de sus padres o no, ya que estaba por cumplir la mayoría de edad, sin embargo fue el primero en tener una decisión, iría a Harvard, quería estudiar leyes, curioso considerando el entorno de ilegalidad del que provenía. Giorno quería estudiar administración y negocios internacionales, eran los únicos que tenían alguna decisión firme, el resto divagaba e intentaban tomárselo en serio, era difícil que prácticamente de un día a otro tomaras una decisión de la que dependía el resto de tu vida.  

 

Llegó la fecha en la que Abbacchio tendría que ir a su enfrentamiento, ya no se podía posponer más, había ideado varios planes de reserva además del original, no quería fallos ni errores por parte de nadie, quería poder volver sano y salvo a su hogar lo más pronto posible, había acordado ir con Bruno acompañandole, no había nadie mejor para cubrirle las espaldas, estaba dejando su vida en manos de su amado Bucceratti y viceversa. Iban a salir en la noche para que los niños no se dieran cuenta, aunque los escoltas tenían instrucciones precisas de no revelar la ubicación a la que se dirigía la pareja así como de proteger la casa a toda costa.

Tomaron camino cerca de medianoche, todos los adolescentes ya dormían, el único que encontraron por el pasillo fue a Giorno -Espero que todo salga como lo esperan- no se podía distinguir ningún tipo de emoción en su voz -Todo va a estar bien Giorno, ve a dormir y volveremos en un par de días como máximo- amoroso como siempre, Bruno acarició sus rubios mechones y besó su frente. -¿Y si no vuelven?- sonaba serio. -Si no volvemos...cuida a tus hermanos, vigila que tomen un buen camino en sus vidas, ¿de acuerdo Giorno?- el menor asintió con una sonrisa triste -Está bien papá Bruno, cuida de papá Abbacchio él también te necesita mucho- se dieron un pequeño abrazo de despedida, Bruno no quería ponerse sentimental antes de ir a una situación donde debía tener la cabeza fría, sin embargo le llenó de felicidad que el último de sus hijos por fin le llamara papá.

 

Iban por una de las carreteras más peligrosas de Michoacán, había tres camionetas delante de la de Bruno escoltando, y otras 2 atrás listas para abrir fuego al menor movimiento sospechoso, debían pasar el primer punto donde los hombres de Leone debían distribuirse para la emboscada, hasta ese momento todo iba de acuerdo al plan, 3 de las 5 camionetas que escoltaban previamente habían tomado caminos de terracería para rodear al cártel del golfo y ahora sólo dos protegían el vehículo donde viajaban Leone y Bruno, pasaron por una zona con varias colinas, de pronto se dejó caer una lluvia de balas, el conductor de la camioneta donde viajaba la pareja perdió el control, las otras dos camionetas ya no podían avanzar, habían disparado a las llantas, los hombres se encontraban en el intercambio de balas, Leone veía a varios de esos hombres ya tendidos en el suelo, sin vida. Una bala atinó al cristal de la parte de atrás del vehículo, el albino rápidamente cubrió con su cuerpo a Bruno y se agachó para no recibir el impacto de la bala, habían esquivado esa, se percataron de que el conductor ya estaba muerto y la camioneta estaba sin control, se estrellaron contra la barra de contención de la carretera, Leone ya estaba disparando en la dirección en la que provenían los tiros, Bruno estaba cargando su arma también, había hombres tendidos por toda la carretera, algunos caían muertos desde las colinas, Leone no entendía que pudo haber salido mal y quizá nunca lo sabría. Uno de sus mismos hombres de confianza se había vendido al otro bando.

Leone combatía como podía pero ya le habían herido la pierna y a Bruno le habían rozado el brazo, no pudieron contenerlos, eran demasiados, la lluvia de balas cubrió a ambos, el albino siempre protegiendo a Bruno, unieron sus labios una última vez antes de que ambos entregaran su último aliento. Murieron juntos para que así ninguno de los dos tuviese que cargar con la pérdida del otro.


 

A la mañana siguiente los adolescentes despertaron en la gran casa esperando ver a sus padres, pero las noticias en la televisión les informarían de la realidad, de nuevo eran huérfanos, pero al menos esta vez no estaban solos. Lloraron de impotencia, todos a excepción de Giorno, no es que no le doliera solo que recordó las palabras que le dijo Bruno la noche anterior, sentía como su deber el proteger esa familia a la que ahora pertenecía y haría lo que fuese necesario para velar por el bienestar de todos, estudiaría pero también tomaría el control del cártel de su padre,  tenía una misión que cumplir.

Terminó el año escolar y todos los adolescentes tomaron distintos caminos, Fugo iría a Harvard, mientras que Mista y Giorno irían juntos a Europa, Trish fue la primera en dejar claro que no querría participar de los asuntos ilegales que llevaba su familia, pero que contaban con ella en lo que necesitaran. Narancia, quien fue el más afectado con la muerte de sus padres fue a estudiar a Estados Unidos, pero en un año ya había dejado la escuela, vivía a costa del dinero que les habían dejado sus padres, despilfarrandolo en tonterías,  no quería entender muchas cosas, sus hermanos no podían hacer mucho por él si no se dejaba ayudar primero, temían porque terminara consumiendo drogas o alcohol, todos tuvieron que reunirse para apoyar a Narancia, sin falta acudieron cuando Giorno se los pidió, Fugo habló seriamente con el -ya no tan pequeño- Narancia; las palabras de todos lo hicieron reflexionar, sabía que sus padres no hubiesen querido ese tipo de vida para él. Finalmente aunque unos años tarde terminó sus estudios de arquitectura y asegurándose de ser un hombre de bien, ya que ese era el deseo más grande que tenían sus padres.