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No pienso perderlos de mi lado

Summary:

Ustedes me recuerdan a ella.
Hacen que ella este presente en mi vida aunque ya no esté con nosotros.
Hacen que los recuerdos junto a ella siguen en flote en mi memoria, como si tan sólo hace días apenas sucedieron aunque ya hayan pasado más de dos años sin ella.
Hacen que recuerde el amor que le tuve cada vez que los veo aunque ella ya no pueda hacerlo.
Hacen sentir la misma sensación de cuidarlos y protegerlos como lo hacía con ella.
Por lo que no pienso perderlos de mi lado.

Notes:

Esta ambientado cuando los estudiantes de la Yuuei ya son héroes profesionales y viven sus vidas de adultos. Por lo que aquí Katsuki tiene una familia junto a Ochaco.

Chapter Text

 

Estaba en una misión en secreto para al fin poder arrestar a un famoso grupo de mafiosos, que había estado bajo la mirada de las autoridades por mucho tiempo y que no habían podido hacer algo ya que las pocas pruebas que los evidenciaban no eran las suficientes. 

Pero al final, se descuidaron de un pequeño detalle que les sirvió para ponerse en acción. 

En su equipo, estaba con varios profesionales que ya había tenido la oportunidad de trabajar anteriormente en otras misiones, y con algunos de sus antiguos compañeros de la academia, como Jirou, Tsuyu y Ojiro. 

Entraron a la guarida antes de que anocheciera por una de las puertas traseras, que un infiltrado dejo abiertas para ellos, que dirigía hacia el sótano. En sigilo revisaron en toda la habitación, encontrándose con tanta mercancía de drogas como de armas de fuego que eran ilegales. 

Kyoka contecto al techo sus conectores, pidiendo a sus compañeros guardaran silencio y lograr escuchar al otro lado. 

—En el primer piso no hay nadie cuidando cerca de la entrada del sótano —aclara la pelinegra mientras se acercaba a los demás. 

—Bien. Hay que separarnos en parejas para revisar el área antes de poner en acción el plan —hablo uno de ellos, tomando el papel de líder. Eso hizo que Bakugou frunciera el ceño, por lo que no tardo en que el lo hiciera también. 

—Tú y él vayan a zona este de mansión, ella y tu diriganse al oeste, ustedes tres revisen el norte y tu y yo vamos al sur —no se aprendió los nombres de los otros ya que no les interesaba saberlos. Por lo que terminó de organizar, todos se pusieron en marcha. 

Caminaron con cuidado de no ser atrapados por uno de los secuases que rondaban por los pasillos haciendo la guardia. 

Él se quedó con su excompañero Mashirao. Por suerte, no se encontraron con un mafioso en el camino, sino con las escaleras que los dirigían hacia el segundo pisos, por lo que no duraron en subir en ellas. 

Bakugou al llegar al final de las escaleras, escucha ruido. 

Más bien, voces. 

Voces infantiles. 

—¿Escuchas eso? — pregunta en voz baja a su compañero. 

—¿Qué? — dice el otro héroe confundido 

—Eso —pero sólo veía la expresión de Ojiro sin entender a lo que se refería. 

Rechistó para caminar hacia donde provenía el sonido. 

—Ground Zero, Bakugou... — lo llamaba Ojiro pero él solamente lo ignoró, dejándolo solo. 

Tuvo que caminar un laberinto de pasillos antes de llegar justo enfrente de la habitación que creía que estaban los niños secuestrados. No perdió tiempo para abrir la puerta, cuando lo hizo, se sorprendió en su lugar al ver de quienes se trataban. 

Eran sus hijos. 

Youta y Natsuki. 

Jugando en el piso de aquel cuarto de paredes con tonos grises como si estuvieran en la casa. Cuando abrió la puerta, los dos dejaron los muñecos para dirigir su atención hacia la persona que había entrado. 

Las expresiones de los pequeños cambiaron. 

Natsuki se levantó del suelo para después correr hacia él, como aún le faltaba crecer, lo abrazó de las piernas. 

—¡Por fin que llegas, papi! Te estuvimos esperando —dijo la rubia con tono alegre, olvidando por completo las circunstancias en la que se encontraban. 

—¿Por qué demon...? —fue interrumpido por su hija con otra pregunta que lo dejo congelado. 

—¿Donde está mami? —le miro con la misma expresión que le hablo antes, teniendo que tragar duró para responder. 

—Ella está... 

—Quiero ver a mami. 

—No sé puede, porque... 

—Yo quiero ver a mami ahora —reclamo, comenzando a hacer un berrinche que suele hacer cuando no le compra el juguete que quería. 

Se arrodilla para poder quedar enfrente de la pequeña de cinco años. Era igual de rubia como él pero con la diferencia de que sus rostro y ojos, hacia que se pareciera a Ochaco. Con ese último pensamiento, pone sus manos en los hombros de ella. 

—Cariño, ella está de viaje —cada vez que decía esa mentira, creía que era cierta pero algo en él sabía que no lo era. 

—No es justo —hace un puchero, cruzando sus brazos. 

—Lo sé, pero... 

—¿O será que esta muerta? 

El castaño, que se había mantenido callado desde que llegó, tenía la expresión sería, mirándolo fijamente, con esos ojos rojos que heredó de él, que podía sentir el odio en ellos. 

Ochaco había muerto hace más dos años cuando estaba combatiendo con un peligroso villano. Katsuki había intentado, con todos los medios posibles, llegar a la pelea desde que apenas se había enterado de lo que se enfrentaba su mujer. 

Pero no llego a tiempo. 

Encontró a su esposa, tirada en el suelo lleno de escombros de un edificio hecho en ruinas en el que se presencio el combate en ese lugar. Con el traje roto en varios lugar, mostrando su piel pálida y suave, llena de grandes moretones que le adornaban a su cuerpo y una grave herida en el estómago, que no paraba de salir sangre. 

Se sentía como un completo idiota inútil, que pudo haber hecho algo si hubiera llegado antes, que sólo pudo abrazarla, llorando y suplicando que no se fuera de su lado, como hace tiempo se habían prometido de siempre permanecer juntos. 

Esa promesa se había roto. 

Aun así con lo que le había dicho, trato de sonar tranquilo, aunque su voz le delatará. 

—Youta, ¿pero que mierdas dices? Dije que tu mamá... 

—No mientas, viejo —apretó con fuerza sus puños, que estaban a sus costados. 

Para ser un niño de siete años, tuvo la mala suerte de tener la misma actitud de mierda y que fuera más inteligente a comparación de sus compañeros de la primaria. Ahora comprendía mejor a sus padres. 

—¿Por qué no ha regresado?

—Porque... —fue interrumpido e nuevo por Youta. 

—¿Por qué no podemos saber lo que hace? ¿Por qué no nos llama? ¿Por qué no pregunta de nosotros? ¿Por qué ya no vuelves hablar de ella como solías hacerlo?¿O por qué cuando te preguntamos de ella, cambias de tema? 

Cada pregunta hacia que el corazón le doliera aun más con la anterior. Hasta que ya no pudo mantenerse serio a la última pregunta. 

—¿Por qué ya no la vemos? 

—¡Callete, tonto! —hablo la rubia, separandose de él, mientas se tapaba los oídos y cerraba los ojos—. Eres un mentiroso, Youta. Papi dile que deje de mentir. 

—N-natsuki...—intento acercarse pero si hija le dio un manotazo. 

—Mami no está muerta —ahora era ella quien lo miraba con odio en los ojos castaños—Tu no quieres que la veamos. Eres malo. Eres muy malo, papi. 

—No es eso, sino que...—intentaba aclarar las cosas pero si voz empezaba a quebrarse. 

No vió el momento cuando Youta llegó a lado de Natsuki, pero si cuando los dos se sostuvieron las manos y le rompieron en ese mismo lugar, con tan sólo dos palabras: 

—¡Te odio! —ambos lo dijeron al mismo tiempo, con lágrimas cayendo de sus ojos. 

Aun arrodillado, se tapó los oídos y acerco su rostro al suelo, para no seguir viendo la desgarradora escena en la que sus hijos eran los protagonistas. Pero seguía escuchando sus reclamos llenas de tanto resentimiento, que las lágrimas no paraban de salir. 

—¡Basta! ¡Basta! —Repetía la palabra, pesando que así lograría algo, hasta que empezó a murmurar—... basta, ya no quiero seguir escuchando, por favor. 

Las voces de sus hijos, dejaron de escucharse. Alarmado, levanto la vista, y encontrandosé con algo que le robo un jadeo lastimero de sus labios. 

Mas bien, a alguien. 

Ahí estaba Ochaco. Con el uniforme deportivo de la academia Yuuei, con la ropa desgarrada, rasguños en el rostro y el cabello despeinado. Vestida en la primera vez que se fijó más en ella. Sus ojos tenían el brillo de determinación de ganar ese combate, es brillo que hizo enamorarse de ella. Decían que era frágil, pero él no podía verlo. 

Después la vio con ropa casual, la misma ropa que había usado cuando se confesó en su primera cita. Ese día habían ido todos a un nuevo parque de diversiones, con temática de All Might, habían subido a todos los juegos mecánicos, y también a los juegos en donde ganabas un premio como recompensa. Traía a la mano los dos peluches de Dangos que le había regalado, uno rosa y el otro amarillo.Al salir del parque, se declaró a ella, que fue aceptado al instante y fue recibido por un fuerte abrazo de la castaña, por la emoción, activo su quirk, causando que ellos flotaran y llamaran la atención de los demás. 

Luego estaba con el vestido de bodas. Ese día sufrió los peores nervios que nunca había sentido en toda su vida, y desaparecieron al instante cuando la vio caminar en el altar junto a su suegro. Ella se veía hermosa, igual como lo era cuando no tenía encima todo el maquillaje y el cabello recogido en un moño tan elaborado. 

Siguió con la bata del hospital, cargando con ella a dos bebes, que supo al instante que se trataban de Natsuki y Youta. El trabajo de parto fueron las horas más largas que tuvo que pasar para por fin ver por primera vez a sus hijos, eran tan pequeños e indefensos, pensaba que cuando los cargaba, iban a ponerse a llorar al ver su cara pero la sorpresa que se tomó al verlos y escucharlos reír. 

Así fueron cambiando la escenas, que le recordaban a un momento preciso que compartió con ella. Las lágrimas silenciosas fueron cayendo de sus mejillas con cada imagen que veía enfrente. En todas, tenía adornando una sonrisa en su rostro. 

Excepto la última. 

Que fue cuando la encontró herida en el suelo después de su fuerte combate, sin vida. 

—¿Por qué no llegaste a tiempo, Katsuki? —hablo por primera vez desde que apareció, pero con la voz decepcionada. Eso le destrozo por completo. 

—Ochaco, lo siento —murmuró con dolor, sabiendo que ella nunca logrará escuharlo antes de que muriera. 

Abrieron la puerta de la habitación y todo se volvió oscuro. 

 

 ◻◼◻◼ 

 

La misión fue un éxito, pero no fue gracias a él. 

Los demás habían logrado arrestar a todos los integrantes del grupo de mafiosos. Pero les faltaba sólo a uno. 

Se trataba de un sujeto que podía manipular a la gente a ver ilusiones de sus mayores miedos y tristezas, Katsuki tuvo la pésima suerte de haberse encontrado con él. 

Toda había sido una ilusión, pero lo había sentido tan real y doloroso. 

Lo encontraron en el piso llorando mientras que el mafioso estaba sentado en una silla, disfrutando torturarlo de esa manera. Cuando entraron sus compañeros, el quirk había dejado de funcionar en él, y no perdió el tiempo de desquitarse con el estúpido sujeto. 

En el camino hacia la estación de policías, había sentido el ambiente incómodo que hicieron sentir los demás. Nunca se habían imaginado que el héroe explosivo héroe número dos tenía puntos débiles que le causaran que se sintieran tan mal, hasta para hacerlo llorar de esa manera. Los únicos que entendieron un poco su dolor, fueron sus ex compañeros. 

Se quedó callado todo el tiempo, dando a entender que no quería que se le acercaran, solo si fuera muy necesario. Su rostro era el mismo de siempre, que estaba serio y fastidiado, pero sus ojos reflejaban que estaba perdido en sus propios pensamientos. 

Al terminar de hacer el papeleo, condujó su auto en dirección a la casa de sus padres, había dejado a sus hijos a dormir con ellos para que los cuidaran mientras que él estaba en la misión. 

Llegó eso de la una de la mañana, y las luces aun seguían prendidas, dando a entender que sus papás seguían despiertos. 

Abrió la puerta con las llaves que aun llevaba desde que se las dieron cuando era adolescente. Camino hacia la segunda planta de la casa, por lo que pasó por la sala de estar, siendo visto por sus progenitores, que miraban una serie en la televisión. 

—¿Qué son estas horas de llegar, mocoso?

—No estoy de ánimos de discutir, vieja. 

Mitsuki se contuvo de reclamar al ver a Katsuki a los ojos rojos, demostrado que había llorado horas antes. Sabía que había pasado algo pero no iba preguntarle, conocía bien a su hijo, sabía que si lo presionaban para hablar, no soltaría nada y mejor esperaría que él mismo lo contará. 

—Los niños se quedaron despiertos hasta tarde, querían esperar a que llegaras —comentó Masaru. 

Él asintió con la cabeza y subió las escaleras. Ellos estarían durmiendo en su antigua habitación, creían que llegaría hasta temprano en la mañana por lo que no habría problema en usar esa cama. 

Se encontró con Natsuki y Youta abrazados debajo de las mantas, pero se llegaba a ver que tenían las piernas arriba del otro.

—¿Sucede algo, viejo? —el castaño despertó por la luz que entraba de la puerta, se frotaba los ojos para ver mejor— ¿Cómo te fue? ¿Les diste su merecido a las personas malas? 

Katsuki permaneció callado y se sentó al borde de la cama, acariciando el rubio cabello de su hija, que sonrió entre sus sueños al sentir el tacto. 

—Les di su merecido a las personas malas —repitió en voz baja y calmada—. Youta. 

—¿Sí, viejo? 

—Mañana vamos a visitar a mamá.