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El camino estaba despejado y el sol brillaba con calidez en el cielo. Dentro del coche, la emoción se palpaba en ambiente entre los más jóvenes y, no era para menos: iban al festival de asesinos, y la exaltación estaba por desbordarse.
Prompto y Noctis adoraban aquel juego y se habían pasado las largas horas de travesía hacía Lestallum comentando estrategias o momentos vividos hacía unos años, cuando estaban en el instituto y jugar aquello era uno de sus máximos placeres.
–¡Y aquella vez que intentaste colarte en un fortin y entonces…! –Fue a decir Prompto, muerto de risa por el recuerdo, pero en aquel monumento entraron al puente que conectaba con la ciudad, y comenzaron a ver la decoración, cortando su conversación, impresionados, mirándolo todo con los ojos abiertos de par en par. –¡Wow! ¡Mirad todos esos carteles! –Gritó, emocionado, señalando con entusiasmo mientras miraba a Noct, situado en el asiento de atrás.
–Está celebrándose… –Escucharon decir al príncipe en voz baja, mientras la emoción se iba formando en su rostro, subiendo el tono: –¡Está celebrándose de verdad! –Dijo esta vez, entusiasmado como un niño pequeño.
–¿Tanto os gustaba este juego? –Comentó Gladio con cierto tono jocoso, divertido por la reacción de Noct.
Ignis sonrió por su tono, no sorprendiéndole que no lo supiera: en aquella época Gladio andaba ocupado en otras cosas, pero el asesor si estaba más pendiente del príncipe, así que había podido ver de primera mano la emoción que los invadía al hablar y pasar las horas muertas con aquel videojuego, y aunque Ignis iba en aquella época tan solo a limpiar la casa cuando ya pedía una atención necesaria, se había percatado de a lo que jugaban.
Así que, complaciente como era, le contestó al escudo.
–Noctis es aficionado a Assasins creed, y Prompto también.
–¡Tú también lo serias si los jugaras! –Contestó Noctis con cierto tono ofendido.
El silencio se aposentó en el automóvil mientras entraban en la ciudad, absorbidos por el paisaje cambiante: los tonos burdeos y dorados se adueñaban de todo, mientras los jóvenes miraban a su alrededor casi sin reconocer aquellas calles que atravesaban para aparcar el coche.
Gladio y Noctis se alzaron casi a la par, impresionados de las vistas, intentando abracarlo todo. Por su parte, Prompto miraba todo con los ojos brillantes, pletórico.
–¡¡Esto es increíble!!
–Desde luego, sí que se sale de lo habitual. –Comentó Gladio sin disimular su asombro.
–¡Mirad cuanta gente hay! –La ciudad estaba de celebración, esto estaba claro y por sus calles atestadas se escuchaba el jolgorio de la fiesta y los olores de los puestos de comida invadían los sentidos.
–Y coches. –Apuntó con cierto fastidio Ignis, que era quien conducía, intentando encontrar un hueco. Confeti de los colores predeterminados invadían el cielo, cayendo como pétalos en flor con disimulo en todos los recovecos de la ciudad. ¿De dónde saldrían tantos?
Ignis aparcó en el primer hueco que pudo encontrar con un leve suspiro.
Por su parte, Prompto salió escopeteado cuando pudo, pletórico, dando vueltas a su alrededor. Dos figuras conocidas se acercaron a ellos, saludándoseles.
–¡Hey! –Dijo Cindy con un gesto, contenta de verles.
–¿Cindy? –Preguntó Gladio parpadeando, no habiéndose esperado para nada verla allí, y a su lado estaba Holly que hizo un gesto cortes.
–Cindy, Holly. –Ignis recreó una pequeña reverencia con la cabeza al saludarlas.
–¡Vaya! No sabía que conocías a mis cazadores favoritos. –Comentó la mayor, alzando una ceja.
–¡Da la casualidad de que también son mis clientes favoritos! –Contestó la rubia con una pequeña sonrisa más discreta pero encantadora, tapándose los labios con la mano.
–¿Os conocéis? –Preguntó Gladio.
Cindy asintió, con una sonrisa pletórica.
–Es mi mejor amiga. He venido a verla por el tema del festival. Me invitó y el Belo me ha insistido que deje un día aunque sea el taller: te cargas con demasiado trabajo, niña. –Imitó su tono con bastante acierto y volvió a reír, esta vez sin disimulo. –O eso dice. –Remató encogiéndose de hombros.
Prompto y Noct las miraban. El rubio saludó a la chica con su tono encantador de siempre.
–¡Cindy! ¡Me alegro mucho de verte! –Y no era mentira. Era curioso como los sentimientos cambiaban, o las percepciones, porque Cindy le seguía gustando, pero no de la misma manera.
–Hola Prompto. –Le sonrió con educación y se giró a los otros. –¿Qué hacéis por aquí? ¿En busca de información o…?
Ignis suspiró por lo bajo, pero fue Gladio quien contestó por los demás, muy pendiente de la rubia.
–Oímos lo del festival y decidimos acercarnos. Al igual que a ti, un día de descanso no hace daño.
–¡Eso es cierto! –Intervino la mayor. -¡Me alegro mucho de que hayáis venido a nuestra celebración! Hay comida rica y muchos espectáculos, espero que lo paséis genial… –Holly les miró unos instantes. –Pero no querréis destacar, ¿cierto?
Ellos se miraron, extrañados, sin llegar a entender el porqué de aquel comentario.
–¿Veis a la gente? –Señaló acertadamente. –Todos tienen los atuendos de asesinos. Si queréis, os puedo prestar algunos.
–¡¿Atuendos de asesinos?! –Dijeron a la par Noct y Prompto, emocionados, dando un paso al frente, toda su atención en la mujer. Ella rió por lo bajo.
–Sí, de asesinos. ¿Os interesa? –Era obvio que sí, pero le hacía gracia ver la reacción de los más jóvenes ante la idea de vestirse como aquel héroe de la antigüedad.
–¡¡Sí!! –Dijeron los dos acercándose más.
Holly miró a Cindy, y no tuvieron que decirse nada más. La rubia se dirigió con paso sexy hasta una furgoneta gris que había cerca aparcada, y de allí sacó los trajes.
Ignis alzó una ceja al ver la escasa tela.
–¿Nos esperabais o algo?
Cindy sonrió de medio lado, picarona.
–Lo cierto es que voy a pasar aquí varios días –confesó, – y pensé que quizá os viera… y no me equivoqué. –Sus ojos verdes brillaron al decir sus pensamientos en voz alta.
Prompto y Noctis se acercaron.
–¡Wow! Es increíble Cindy. ¡Gracias! –Dijo loco de contento el rubio, abrazándola a la misma. La chica parpadeó, pero se dejó hacer.
Noct bajó un poco el rostro en señal de agradecimiento escueto, mucho más cortado por la chica, mirando de refilón a Prompto. Se dio cuenta en esa mirada discreta que no le molestaba que se acercara tanto a ella, y eso le parecía bien.
Los celos eran malos compañeros, eso lo tenía más que claro.
–Gracias Cindy. Te los devolveremos luego. –Dijo a su vez, ignorando sus pensamientos.
La chica hizo un gesto vago.
–Bah, no importa. Cuando queráis.
Se metieron dentro del coche para cambiarse por turnos. Gladio con Noctis, y Prompto con Ignis. A este último le llamó la atención el orden. Con lo emocionados que estaban ¿no iban a cambiarse juntos? Por lo menos él no se quejó. Se ahorraba los comentarios innecesarios de Gladio al cambiarse. Prompto iba totalmente a la suya, emocionado.
–¡Esto es una pasad Ignis!
Salieron del coche. Noct puso una postura del videojuego y Prompto le río la gracia, haciéndole a la misma una foto, dando saltitos de emoción, mientras notaba las tiras del conjunto bambolear a su alrededor por sus locos movimientos. Seguro que aquella ropa acababa mareada de tanto brinco.
Gladio miró a Ignis de refilón.
–Parece que alguien esta incómodo.
El consejero se subió las gafas, intentando ocultar el leve rubor que tenía pintado en el rostro.
–No, solo que… esto es nuevo para mí.
Gladio contuvo una risa, intentando no hacérselo más duro al pobre.
–¡Os quedan muy bien a todos, chicos! –Asintió Cindy.
Prompto dio las gracias a las chicas, mirando a la calle de arriba y con los ojos de par en par se acercó a Noctis, señalándole con insistencia mientras tiraba de su brazo.
–¡Noct, Noct! ¡Mira ahí!
El joven compuso una pequeña sonrisa al verle tan emocionado, aunque no era para menos, estaban igual, solo que él lo expresaba menos efusivamente. Miró donde señalaba.
–¿Eso no es para hacer un salto de fe?
En la calle de arriba había un grupo de gente viendo imponente como un hombre se tiraba al vacío con algo de torpeza, pero consiguiéndolo.
–¡Wow! ¡Cómo mola! –Asintió Noct, mirando a su confidente, también emocionado.
Gladio rio por lo bajo.
–¿Por qué no vais a probarlo?
Prompto y Noctis se miraron, y sin perder un solo instante más ni preguntarse, se despidieron de las chicas con precipitación. No les hizo falta más que mirarse para entender al otro y, subieron corriendo la cuesta para acercarse al gentío, dejando a los demás atrás sin vacilar.
Las dos mujeres rieron.
–Que felicidad. –Apuntó Holly.
–Están muy emocionados. –Asintió Ignis, con una pequeña sonrisa en el rostro al verles irse.
–¿Qué vais a hacer vosotras? –Indagó Gladio, claramente curioso.
–Tenemos unos asuntos que atender por la ciudad. –Contestó Cindy alegremente, sin fijarse mucho en su interlocutor.
–Oh. –Dejó caer Gladio. –Entonces nos iremos viendo. –Parecía un pelín decepcionado.
–Sí –Cindy asintió, haciendo un gesto vago de despedida y girándose a su amiga.
–Nos vemos. –Se despidió la otra haciéndoles un gesto mientas se iban al lado contrario hablando animadamente.
Ambos las despidieron, quedándose un poco desplazados, o eso parecía ser.
Luego de eso, se giraron a ver a sus amigos, contemplando entonces la escena con el ceño levemente fruncido.
–¿Crees que es prudente que vaya tan a lo loco? –No lo estaba echando en cara, pero había cierto tono de reproche en la voz de Ignis, ahora que había reflexionado. Debía cumplir su deber después de todo. Todos debían hacerlo.
Gladio se encogió de hombros, quitando de su mente los lúgubres pensamientos que le habían invadido un instante.
–Bueno, un día es un día. Mañana seguiremos con las responsabilidades. –Le miró por encima del hombro, sonriendo de medio lado. –¿No crees que nos merecemos un descanso? –Meterse de forma vaga con Ignis le distraía cuanto menos. –Incluso tú, señor Scientia.
El ceño del mentado se hizo más profundo mientras emprendían la marcha: sí, todos necesitaban un hueco de descanso, así que por eso no había dicho nada, pero…
Por un lado quería dejarlos solos, y por el otro, quería mirar bien. Había detectado cierto cambio sutil en el comportamiento de los dos más jóvenes, como unos días antes que habían visto a Noctis dormir con Prompto en el frio de la noche con el chocobo.
Gladio no parecía prestar atención a los pequeños detalles, pero él sí.
No era algo muy notorio, porque seguían igual, pero…
–¡Ignis, vamos! –Le llamó Gladio desde el final de la cuesta, habiendo llegado casi al gentío. –¡Te vas a perder como salta Prompto! Es algo que no me pierdo ni por todos los guiles del mundo.
Sacudiendo la cabeza para quitarse aquellos pensamientos de la mente, siguió a los otros hasta la plaza.
Había un tumulto de gente alrededor de la torre donde el hombre se disponía a saltar, llenándose de vítores el aire, animando a que diera el salto. Prompto miraba aquello con cierta admiración.
Sintió la presencia de Noct cerca de sí, y en un toque furtivo, el moreno le tomó suavemente el meñique con el suyo, casi como si fuera por casualidad, susurrando cerca de su oído.
–¿Quieres probar?
Prompto sonrió.
–¡Me muero de ganas! –Le vino una idea a la mente. –¿Crees que nos dejaran tirarnos juntos?
Noctis rio por lo bajo, divertido por la idea.
–Estaría bien, pero no creo. –Se quedó un momento pensativo. –¿No tenías miedo a las alturas?
Prompto parpadeó, y a la misma hizo un mohín.
–Sí. –Se encogió de hombros. –Pero la adrenalina es lo que tiene. Sé que es completamente seguro y… ¡como el videouego! –Se acercó un poco más. –Y hacerlo contigo molaría taaaanto… –Dijo con tono zalamero para convencerle mientras le tomaba del brazo, apoyando el pecho en el bíceps de su novio.
Noctis volvió a reír, esta vez por la ocurrencia, algo ruborizado. Últimamente no paraba de reír. Estaba… feliz.
El príncipe siguió picándole.
–Si nos tiramos juntos al caer podríamos hacernos daño. La gracia es no chocarse con nada, ¿no crees?
El gesto del rubio se intensificó, haciendo un puchero más grande de forma fingida.
–Jo. Chocar contigo sería un placer en realidad. –Dijo por lo bajito, riéndose encantado, mientras se tapaba la boca con disimulo para que nadie se diera cuenta de su broma secreta. Sus ojos se dirigieron hacia donde habían venido y sus manos se separaron. En un acto reflejo, ambos dieron un paso hacia atrás.
Noctis supo de inmediato que los otros dos estaban ahí por el lenguaje no verbal de su amigo. Normalmente no se ponían tan cariñosos en público, pero al haber tanta gente… nadie se fijaría en ellos, por eso se habían dado cuerda.
Y si era así, ¿Qué más daba? No les conocían.
–¿Vas a saltar Prompto? –Picó Gladio, con los ojos divertidos y una sonrisa ladeada.
El más joven cuadró los hombros.
–Claro. ¿Lo dudabas? –Gladio dejó escapar una risita ante su ocurrencia y fingido tono altivo.
–Deseando verlo estoy.
Prompto apretó los labios, acercándose un poco más a la cola para esperar su turno. Noct le miró desde su posición sin moverse.
–¿No vienes?
El príncipe agitó la cabeza.
–No. Puedes tu solo. Lo sé. –Sus ojos grises tenían algo silencioso pintado, algo que solo el otro sabia. Puedes hacerlo, confió en ti. Le decían de forma intima.
El chico respiró hondo, y exhaló, intentando relajarse, mientras asentía y daba un paso más al frente. Sí. Podía.
Pasaron unos minutos de tensión por su parte hasta que le indicaron que podía subir la escalinata.
Con el ritmo más lento que podía percibir la subió, con el corazón en un puño.
Tragó saliva.
¿Estaba muy alto o era cosa suya? Miró al abismo mareado, intentando centrar la vista.
Oía a la gente gritarle –a Gladio sobre todo, pero no entendía las palabras– era como un tumulto confuso que se pisaba uno a otro sin control.
–¡Venga Prompto, salta! Hay cola. –Le gritó Gladio desde abajo.
–Gladio, no seas malo. –Espetó Ignis.
Noctis miraba la escena desde abajo con el corazón en un puño. Aun en la distancia, podía ver lo pálido que estaba su amigo.
–Vamos Prompto, tu puedes…
Pero no pudo. Segundos después se giró, desapareciendo de la vista. El público, incluyendo a Gladio empezó a decirle de todo.
Segundos después el joven bajó pálido y algo tembloroso con el rostro gacho.
–Lo siento.
Noctis se acercó de inmediato, abrazándole.
–No. Lo siento yo por no haber subido contigo, no te martirices.
Se separaron porque sabían que los otros dos andaban mirándoles, y Noct vio de refilón que Gladio iba a comentar algo. Antes de que pudiera decir nada, le lanzó de inmediato una mirada que le paró en seco.
No pensaba permitir que hundiera más la moral del rubio.
Ignis tosió para llamar la atención de todos y que dejaran de mirar al tirador.
–Quiero mirar que platos hay nuevos en la ciudad. ¿Os venís? –Miró a Gladio de refilón. –Vente conmigo, seguro que hay cosas que te interesen. –Gladio fue a abrir la boca para rebatir, pero antes de que pudiera expulsar el aire Ignis lo atajó. –Armas. –Especificó, dando en el punto exacto.
La expresión de Gladio cambió de parte en parte.
–¡Sí! Me hace falta un buen escudo, el mío ya está para el arrastre.
Todos asintieron, sabiendo que tenían razón. Tanto trote en el camino con cacerías pasaba factura.
–Está decidido entonces. ¿Prompto, Noctis? ¿Podéis haceros cargo de coger una habitación de hotel? Con un poco de suerte habrá aún plaza.
–Eh… claro. –Asintió Noct algo extrañado. Normalmente esa era una tarea de la que se ocupaba el consejero, no fiándose de ellos, pero, compartiendo una sola mirada, supo que pasaba: estaba preocupado por Prompto. Sabía que necesitaba un poco de intimidad que todo aquel gentío no le iba a dar. Y menos con Gladio metiendo cizaña.
Ignis se despidió con un gesto escueto, y el escudo hizo un ademan con la mano mientras les daba la espalda.
Cuando al fin estuvieron solos, Noctis tomó de los hombros a su amigo, y caminó por la callejuela, sabiendo que a pocos pasos estaba el hotel. Prompto se mantuvo en silencio, pensativo.
–Bienvenidos. ¿En qué puedo servirles? –Les preguntó amablemente el dependiente del hotel al entrar y llegar a la barra.
–Querríamos una habitación para cuatro personas, por favor.
–¿Van a usarla ya?
Noctis miró de refilón a Prompto, asintiendo.
–Sí.
–Está bien. La habitación 101 esta disponible. Pasen, por favor.
Noctis asintió, llevando a su amigo aun por los hombros hasta el inicio de las escaleras. Prompto seguía un poco ido aun cuando llegaron al lugar indicado.
El moreno lo dejó allí y se fue a abrir un poco la puerta corredera del balcón para que entrara el aire.
–Será mejor que te sientes.
Prompto obedeció como un zombie sentándose pesadamente, y dejándose caer en la cama con un largo suspiro.
–Quería hacerlo, de verdad.
Noctis se giró a mirarle, con los ojos algo atormentados.
–Tendría…
La expresión de Prompto cambió, dándose cuenta que quizá Noctis se estaba culpando a si mismo.
–¡No! No. –Dijo más clamado el rubio, mirándole desde su posición. –No pasa nada. Quería hacerlo por mí mismo y sé que tú sabias eso, ¿estoy equivocado? –Los ojos de ambos se encontraron, y Noctis no pudo rebatirle. –Simplemente… pues no pudo ser.
Un quedo silencio se apoderó del espacio que los separaba. Cada uno pensando atropelladamente que decirle al otro para que cambiara la cara, queriendo que el otro estuviera alegre de nuevo… y de pronto, una idea vino rápidamente a la mente a Noct, pero no le dio tiempo a expresarla en voz alta porqué el rubio le interrumpió.
–No quiero que te sientas culpable ni nada. Otra vez será. –Se encogió de hombros.
Noct se quedó mirándolo unos instantes, y distraído de lo que había estado maquinando, se acercó a la cama, sentándose a su lado con simpleza. Prompto se incorporó, sentándose, y con la respiración de ambos entrecortada, sus labios se buscaron con suavidad.
–Si lo piensas así me alegro… no quiero que te martirices. –Musitó entre beso y beso Noct.
–Ni yo que tú lo hagas. –Contestó a la misma Prompto tomándole el rostro entre las manos, mirándole con intensidad a los ojos. Ambos sonrieron de forma genuina, tornándose su sonrisa una risa contagiosa repleta de dientes en ambos rostros.
–¿Seguimos con el festival? –Atajó Noct, con los ojos brillantes, teniendo en el fondo de su mente la idea que había tenido muy presente.
–Por favor. –Asintió Prompto, todo rastro de la tensión anterior perdido con el sabor de los besos de su amante sobre su piel.
