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El compañero fantasma

Summary:

Después de que Yin Yu fuera exiliado del Cielo Superior, una mariposa peculiar atrajo su atención.
Una nueva oportunidad llega a él.
¿Aceptará lo que la calamidad más temida en los Tres Reinos le ofrece?

Notes:

Esto podría tomarse como una precuela de Reemplazo

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

«¡Tan sólo ve y muérete!».

Aún escuchaba esas palabras.

Él fue el que las dijo, pero ahora parecía que alguien más se las estaba diciendo. Su propio arrepentimiento. Aunque fue Yin Yu el que le pidió a Jun Wu ser desterrado, diciendo que no tenía sentido quedarse, todo el odio que lo había consumido ahora lo hacía sentir vacío. Todo por lo que había trabajado toda su vida se había perdido en un parpadear de ojos. ¿Por qué había hecho eso? ¿por qué, tras todos esos años, había dejado que su ira se desatara de ese modo? ¡¿Por qué fue justo ahora que se dejó llevar y pronunció aquellas palabras?! Todo fue un error…

Su mente estaba tan agitada que ni siquiera permitió que Jun Wu tratara la herida de su brazo. ¿Qué sentido tenía?

No le importaba lo que sucediera con sus generales adjuntos o con el mismo Yizhen (¿estaba bien? ¿ya había recuperado la consciencia? ¿qué diría al escuchar que él había sido expulsado del cielo?). Le habían dicho que él podría volver a ascender si se cultivaba lo suficiente, pero no había forma de que lo consiguiera, ahora era mortal después de todo. Costaría demasiado trabajo hacer algo así.

Incluso si volvía a ascender todos lo conocerían como aquel que casi mata a otro funcionario celestial. Y no a cualquiera. Sería conocido como el shixiong que casi mata a su shidi. Un ataque de celos. Simple envidia. No importaría la verdad tras el incidente, en los Tres Reinos sólo se esparcirían los rumores, cada uno más aborrecible que el otro.

Estaba perdido.

—¡Agh! —se quejó por su brazo roto.

Al menos debió dejar que lo arreglaran, ¿qué se había creído? Llevaba horas caminando y faltaba más tiempo para llegar a un pueblo. Mirando hacia atrás sólo podía ver árboles y cuando volteaba hacia delante el mismo maldito paisaje lo recibía, como si no estuviera avanzando nada. Maldijo en voz baja mientras se recostaba contra un tronco. Necesitaba descansar para evitar que su herida empeorara.

Cerró los ojos por algunos minutos, aunque bien pudieron ser horas, cuando por fin se dignó a reanudar su marcha algo brillante llamó su atención.

Había una mariposa frente a él.

Con su brazo sano intentó apartarla, pero ésta regresó al mismo lugar, reticente a marcharse. La actitud de la mariposa lo desconcertó un poco, pero de inmediato sintió su sangre helarse al recordar el único ser al que una criatura de ese estilo podría pertenecer. La calamidad roja que había acabado en una noche con todos los templos de más de treinta dioses marciales.

La lluvia sangrienta que iba detrás de una flor.

Un escalofrío lo recorrió mientras escudriñaba a su alrededor temiendo ver al demonio rojo recargado en alguno de los árboles. Observándolo. ¿Cómo había atrapado el interés de un ser así? ¿el universo lo odiaba tanto que ahora sería destruido por un ser que haría temblar a cualquier criatura en los Tres Reinos? Aunque aún había una pequeña posibilidad de que la mariposa sólo fuera una coincidencia.

—No te haré nada.

Claro que no iba a serlo.

¿Qué tan desafortunado podía ser Yin Yu?

Miró agitado a su alrededor buscando el lugar de procedencia de la voz, sorprendiéndose al descubrir que venía de aquella mariposa que revoloteaba con suavidad frente a él. Aunque la criatura parecía ser indefensa en ese momento parecía el ser más amenazador que Yin Yu había visto en su vida.

—Yo no-

No tuvo tiempo de hablar cuando esa voz severa y algo pícara lo interrumpió.

—No tengas miedo, no voy a comerte —una risa burlona le siguió a sus palabras—. Te dije que no te haría nada, ¿no?

Algo dentro de Yin Yu se revolvió en una vaga molestia. Mentiría si dijera que no estaba atemorizado por encontrarse frente a una calamidad, pero en ese momento ya no era un dios. Todo lo que le había importado ya lo había perdido, ¿qué podría hacerle? Las amenazas no servirían de nada con él y la actitud que parecía desprender esa mariposa lo estaba molestando.

La ira que había sentido se extinguió casi por completo con su exilio, pero ésta parecía dispuesta a regresar. ¿Por qué tenía que ser él y no Yizhen quien estaba fuera del cielo? Tras todo su esfuerzo, ¿no merecía más que encontrarse con el ser más temido dentro de los Tres Reinos? ¿Qué clase de sentido del humor tenía el destino?

Ahora estaba con un brazo roto, sin sus poderes, completamente indefenso. Un humano cualquiera, un mortal más. Una parte de él lamentaba no haber estado en una posición más elevada, porque no le molestaría decir todos sus conocimientos del Cielo Superior y la Corte Celestial a la calamidad vestida de rojo.

Como si esa mariposa hubiera leído sus pensamientos comenzó a revolotear a su alrededor con gracia, parecía que se estaba divirtiendo mientras lo rodeaba. Más mariposas se hicieron presentes y se unieron a la primera, convirtiéndose en un enjambre plateado que cubrió su visión por completo. Cuando las mariposas se detuvieron y desaparecieron había un hombre vestido de rojo frente a Yin Yu.

Su cabello era del mismo color de la tinta y tenía una piel tan pálida como la nieve. Un parche cubría uno de sus ojos y admirando más a detalle su estoica figura pudo ver una pequeña trenza con una perla rojiza en la base y pequeños colmillos sobresalir de la sonrisa en sus labios.

La simple imagen hizo que su boca se secara.

—Hace tiempo que te he estado observando —había diversión en su rostro mientras veía los movimientos temblorosos del antiguo dios frente a él.

—¿Es…? ¿Es así?

A Yin Yu le costaba creer que alguien tan poco sobresaliente como él, alguien que incluso había sido confundido con su brillante y extraordinario shidi, ¿qué hizo para llamar la atención de ese ser? Y lo más importante ¿era algo bueno?

—Puedes llamarme Hua Cheng, Yin Yu —parecía estar disfrutando de la situación—. Sé todo sobre ti. Fuiste echado del cielo, ¿no? Un acto injusto, ¿al menos te dejaron explicarte? ¿Pudiste hablar?

Las palabras del demonio movieron algo dentro del antiguo dios.

Nuevamente estaba en el Cielo Superior, todos esos dioses marciales rodeándolo, mirándolo acusadoramente mientras se llevaban a Quan Yizhen. ¿Quién era el verdadero culpable de la situación y por qué estaba decidiendo tomar el castigo cuando trató de detenerlo? Todo su odio. El rencor.

No importaba. Fue él quien dijo esas palabras. Esas malditas palabras. «Sólo ve y muérete». ¿Qué había pensado que pasaría? Nada. Sólo por eso las dijo. Porque se olvidó de las consecuencias y que al final su esfuerzo sería ignorado.

Había estado tan cansado. El dolor de su cabeza había superado al de su brazo roto, sólo quería acabar con todo. Dejar de ser juzgado y escapar de esa mirada acusadora. Porque todos parecían estar pensando en lo mismo. Que alguien como él nunca debió ascender en primer lugar, una persona egoísta a la que no le importaban posiciones mientras pudiera mantener un alto nivel. ¿Qué, de todo eso, era verdad? ¿Qué, de todo eso, era mentira? Su amabilidad pasada sería borrada por un ataque de ira, algo provocado por un viejo rencor con el que vivió tantos años.

¿Era su culpa? ¿Era su culpa haber soñado con ser un dios?

—Sólo quería que todos se callaran —confesó, su mirada aún perdida en los recuerdos de la escena. Sentía que si levantaba la mirada vería de nuevo esos rostros aparentemente decepcionados, aunque detrás de cada uno había una profunda alegría por deshacerse de alguien como él.

—Sí. Eso imaginé —Hua Cheng no dejó de sonreír en ningún momento—. Te sentiste humillado. Pisoteado y sólo querías acabar con todos. Te lo preguntaré una vez, ¿lo harías?

¿Hacer qué cosa? ¿Acabar con todos los que lo vieron como alguien inferior? Incluso si tuviera ese poder no se imaginaba haciéndolo, nadie era culpable de que fuera exiliado. Sólo él mismo. Pero antes ya había estado por acabar con la vida de Quan Yizhen, en ese momento fue un error surgido de su rabia, pero… ¿lo haría?

¿Lo mataría? No tuvo mucho tiempo para pensar su respuesta cuando el demonio volvió a hablar, aparentemente complacido de la forma en que Yin Yu estaba reaccionando a sus palabras.

—Quiero que trabajes para mí.

Eso lo sorprendió.

—¿Por qué yo?

—¿No quieres demostrarle a ellos tu valor?

La idea sonaba más tentadora que la de acabar con sus vidas. Mostrarles su poder… ¿pero qué poder era ese? ¿El suficiente para volver a ser un dios?

—No lo sé.

Hua Cheng asintió, como si toda esa conversación fuera solo una prueba cuyo resultado aún no era del todo seguro.

—Nadie te juzgará. Serás reconocido por tu esfuerzo, no vivirás a la sombra de nadie. Si yo gobierno la tierra serás tu quien esté a mi lado. Un fantasma si nombre, si así lo prefieres, que ayudará a esta calamidad —sonrió, parecía perdido en un recuerdo, una imagen en su cabeza, mientras hablaba—. Aunque no te obligaré, si no quieres hacerlo puedes olvidarte de mi oferta —agregó—. Pero siempre serás bienvenido a la Ciudad Fantasma si así lo quieres. Puedes buscarme ahí. Si cambias de opinión.

Dicho eso se dio la vuelta, pero los pasos que dio fueron lentos.

Ninguna mariposa se acercó tampoco para envolverlo de nuevo en ese enjambre y el lento andar le hicieron creer que eran los últimos momentos que le daba por si se decidía ahora. Cada paso más lento que el otro, esperando ser detenido en cualquier momento.

—¿En verdad me quieres a mí?

Aunque sólo veía la espalda de Hua Cheng podía imaginar que la sonrisa de su rostro se había ensanchado mientras se detenía.

—No permito que cualquiera trabaje para mí. Soy muy meticuloso con los antecedentes de cada persona a la que le doy un encargo —confesó—. Conoces el cielo mejor que yo, ¿no es así? —parecía querer recordarle su inicial deseo.

Yin Yu se encogió de hombros.

—De hecho… era un dios de bajo nivel, nunca pude entrara a la Corte Celestial o-

—Eso no me importa. No es el cielo lo que me interesa, además ya tengo demasiados ojos ahí arriba —esa revelación le sorprendió—. ¿Ya tienes tu respuesta?

No podría explicar de donde vino su determinación en ese momento.

Trabajar para un rey demonio aunque aún ansiaba el cielo. ¿No hubo una vez un dios que dijo que mientras el cuerpo estaba en el abismo el corazón estaba en el paraíso? Ese recuero de algún modo lo incitaba aún más a responder.

—Acepto.

Complacido, Hua Cheng sacó algo detrás de su espalda y se lo entregó.

—Toma esto.

—Esto es…

Sostuvo el sólido material en sus dedos antes de darle una vuelta, siendo sorprendido por una cara demoniaca pintada sobre la superficie.

—Una máscara. Para cubrir tu identidad —explicó, y al ver la cara de confusión en el otro agregó—. Aunque me ayudes nadie en el Palmo Celestial debería ser capaz de reconocerte —esas palabras sonaban como una promesa. «Podrás volver»—. Además, tienes poca presencia. Incluso con una máscara las personas difícilmente se percataran de que estás ahí.

Ese último comentario casi lo hizo fruncir su ceño.

—Entonces te intereso porque soy un fantasma incluso sin serlo.

Una risa de hilaridad afloró a sus labios, rompiendo por completo con aquella intimidante y enigmática fachada.

—¿Qué importa por qué me interesas? Me interesas, eso no va a cambiar. Incluso si de la noche a la mañana tuvieras una presencia más fuerte que la de una calamidad mi interés no cambiaría.

Yin Yu asintió.

Esas palabras de algún modo lo hicieron sonreír. Por primera vez en mucho tiempo parecía que alguien lo estaba mirando por quien era. Reconociendo su esfuerzo, su fuerza, su valor. Aunque había otra persona que en el pasado lo miró con ojos emocionados y expectantes esa sensación no se comparaba a la de ahora (además jamás volvería a encontrarse con esa persona). En lugar de sentirse como una marioneta arrastrada por las situaciones se sentía algo poderoso. Él, un dios de bajo nivel, había sido observado por la calamidad roja. La lluvia sangrienta que iba detrás de una flor quería que trabajara para él.

—Antes de ir a la Ciudad Fantasma déjame ayudarte con esto —Hua Cheng tomó sin previo aviso su brazo rato, pero cuando lo sujetó ni siquiera le dejó paso al dolor cuando una corriente de energía recorrió el brazo de Yin Yu. Estaba curado—. Debió ser molesto, ¿no? Es horrible tener heridas causadas por situaciones que tú no provocaste.

Casi quiso preguntar si había sido así con el ojo faltante del demonio, pero no tuvo el suficiente valor de hacerlo. Ese día ya había tenido más emociones de las que quería, no iba a buscar deliberadamente más.

—¿Tendré que morir para poder estar a tu lado?

Hua Cheng meditó la respuesta mientras comenzaban a avanzar.

—Eventualmente. ¿Te asusta la idea?

Yin Yu se encogió de hombros, dejando de caminar.

—No tienes que hacerlo si no quieres, ahora eres mortal. Puedo cederte de mi poder espiritual para mantenerte si es lo que quieres —parecía que intentaba tranquilizarlo con sus palabras—. Además, podría ser más difícil regresar al cielo como fantasma.

—Está bien, no tengo miedo.

En lugar de retomar la caminada el rey demonio extrajo un par de dados de una de sus mangas, extendiéndoselos a Yin Yu con un asentimiento. No tuvo que dar indicaciones para que éste supiera qué hacer; soltando los dados con su brazo recién sanado, ligeramente contento por el par de seis que se mostraron después, una puerta pareció abrirse frente a ellos.

La puerta hacia su nueva vida.

 

¿Quién diría que mientras que el dios exiliado y el demonio se alejaban en dirección a su nuevo futuro, en dos lugares totalmente distintos otras dos personas buscaban? El primero, un dios también exiliado que no sabía con precisión lo que estaba buscando; y el segundo, un dios marcial culpable de un exilio que buscaba una sencilla explicación.

Y cuando esas dos personas encontraran lo que buscaban, Yin Yu perdería lo que había encontrado.

Notes:

Disculpen el triste final, yo realmente adoro a Yin Yu~
Pueden encontrarme en twitter como:
@MeitoKodoku

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