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Hua Cheng y Xie Lian no eran una familia, mucho menos pareja, pero había algunas veces en las que ambos se veían de ese modo.
Todo había empezado algunos años atrás. Cuando Xie Lian era joven siempre imaginó que algún día se casaría y tendría una enorme familia, pero el paso de los años no le permitió cumplir con esa fantasía del modo que hubiera deseado. Incluso cuando comenzó a trabajar como maestro de chicos de primaria, él quería tener un hijo propio al cual criar y cuidar.
No le importaba si tenía o no a alguien a su lado.
Fue así que llegó a la idea de adoptar. Lamentablemente era difícil conseguir la tutela de un niño cuando uno no tenía una pareja o un trabajo de gran prestigio, fue ahí en donde se involucró Hua Cheng.
Desde que iban en la escuela media ambos habían sido amigos cercanos, sus personalidades e intereses siempre habían estado algo alejados, pero eso no les impidió estar juntos todo el tiempo. Cuando escuchó del deseo y la problemática a la que se enfrentaba Xie Lian, Hua Cheng decidió fingir ser su pareja.
Al ser un reconocido doctor y cumplir juntos con todos los requisitos fue fácil para ellos conseguir la tutela de un niño. Ruoye. El chico se ganó el corazón de Xie Lian desde la primera vez que lo vieron.
Pensaron sólo cuidarlo juntos los primeros meses para pasar con las primeras revisiones del orfanato, pero conforme el tiempo pasaba terminaron por mudarse juntos indefinidamente. Era mucho más sencillo de ese modo y disfrutaban de la presencia del otro.
—San Lang, tus vacaciones están cerca, ¿no? —Xie Lian estaba recostado en la cama con un álbum de fotos en sus manos—. Podríamos organizar un viaje, E-Ming nunca ha visto la playa.
Hua Cheng asintió, sentándose en la cama a su lado.
Como era muy amplia pensaron que era una buena idea compartirla, además la tercera habitación de la casa había sido ocupada por E-Ming. Un paciente de Hua Cheng que debido a un accidente había perdido a sus padres, fue por la insistencia de Xie Lian que terminaron por conseguir su tutela también.
Después de todo, el chico no tenía otro familiar al cual acudir.
Por culpa del accidente había perdido uno de sus ojos, justo el contrario al que Hua Cheng perdió en un accidente distinto muchos años atrás. Xie Lian solía decir que había sido el destino que ocurriera eso. Era algo interesante cómo la apariencia de E-Ming se asemejaba un poco a la de Hua Cheng, ocurriendo lo mismo con Ruoye y Xie Lian. Una coincidencia, aunque tal vez el destino podría haber participado un poco en eso.
—La playa suena agradable —concordó—. Aunque no creo que a Ruoye le guste la arena.
Xie Lian se rió.
—Tampoco lo creo, pero E-Ming seguramente la disfrutará.
Fue un gesto involuntario, pero ambos juntaron sus hombros y se recargaron el uno sobre el otro apenas estuvieron lo suficientemente cerca. Xie Lian seguía pasando las fotos del álbum que comenzó a llenar desde que comenzaron a vivir juntos. Originalmente iba a marcar el crecimiento de Ruoye, pero lentamente se llenó de fotos de otros momentos y salidas. Hua Cheng por su parte las estaba mirando con una sonrisa.
—Esta se ve algo borrosa —señaló una en la que aparecían los cuatro frente a una noria.
La habían tomado dos meses atrás en una feria a la que fueron.
—El próximo año podemos tomar una nueva —comentó Xie Lian pasando sus dedos sobre la imagen—. Tal vez podríamos hacerlo una tradición.
—No suena mal, Gege.
Ambos continuaron viendo las fotos del álbum por algún momento y sin darse cuenta sus posiciones lentamente se cambiaron mientras rememoraban algunos momentos. Xie Lian se recostó en el pecho de Hua Cheng y pasó el álbum a éste para que fuera él quien pasara las páginas. Una posición perfecta para que ambos pudieran ver bien las fotos.
—San Lang.
Hua Cheng bajó la mirada para ver el rostro del otro.
—¿Sí?
—Nada, sólo quería decir tu nombre —Xie Lian ni siquiera elevó la mirada mientras lo decía, pero la sonrisa en su rostro se enganchó.
Y por un segundo, ambos parecieron olvidar de nuevo que entre ellos no había nada más que una profunda amistad.
—Eso es cruel Gege, si sigues diciendo cosas así en verdad serás mi muerte —se burló Hua Cheng—. Aunque no me molestaría escuchar tu voz repitiendo mi nombre.
Ese parecía un comentario normal e inofensivo, pero por algún motivo hizo que las mejillas de Xie Lian enrojecieran ante la implicación. Cuando Hua Cheng se dio cuenta, él también tuvo que controlar un respingo. ¿Cuánto tiempo llevaban estando tan cerca? Pero sería mucho más incómodo si se alejaban ahora.
El álbum pareció quedarse en el olvido cuando Xie Lian por fin elevó su mirada, haciendo que los ojos de ambos se encontraran. La posición era algo incómoda, pero parecía que el mismo pensamiento cruzó por la mente de ambos.
Sería tan fácil besarse de ese modo.
—Papá, papi ¿puedo dormir con ustedes?
La voz desde el otro lado de la puerta era la de E-Ming y le precedieron unos suaves golpes sobre la superficie lisa.
Ambos se congelaron en sus posiciones sorprendidos, pero pronto la misma sonrisa cariñosa cubrió su rostro mientras volteaban a ver a la puerta aún cerrada.
—Lo siento A-Ming, tu padre y yo estamos jugando twister.
Xie Lian casi se atragantó con el comentario del más alto.
—¡San Lang! —gritó.
La puerta se abrió un poco revelando la figura de E-Ming, y detrás de él, Ruoye le cubría los ojos con una mano mientras escudriñaba a los adultos en la cama como si quisiera comprobar que era adecuado apartar su mano. No había muchos años de diferencia entre ambos, pero le sacaba más que una cabeza de altura.
Desde el primer día en que E-Ming llegó, Ruoye y él habían empezado a llevarse como verdaderos hermanos. Aunque considerando que tanto Hua Cheng como Xie Lian eran hijos únicos no podían estar por completo seguros de esa afirmación.
—¿Tú también, Ruoye?
La expresión avergonzada de Xie Lian mientras se apartaba de Hua Cheng sin éxito consiguió que éste comenzara a reírse aún más.
Tomando eso como una señal, Ruoye y E-Ming se acercaron a la cama y comenzaron a reír también. Cuando Xie Lian por fin alejó sus manos de su cara ambos adultos se hicieron a un lado para que los niños pudieran subirse. Ruoye se recostó en las piernas de Hua Cheng y E-Ming en las de Xie Lian.
Sentados así parecían realmente una familia cualquiera.
—¿Podemos ver la tele? —preguntó E-Ming estirando su mano hacia la mesa de noche en donde estaba el control.
—Creí que querías dormir —le recordó Ruoye.
—Podemos hacerlo después.
Dejaron el álbum de fotos en la mesa de noche y apagaron las luces para después poner una película. La cama era lo suficientemente espaciosa todavía para que durmieran los cuatro ahí. Cuando los menores se quedaron dormidos, Xie Lian se recargó en el hombro de Hua Cheng y acercó una de sus manos a la del otro.
Ambos envolvieron sus manos en un cálido apretón mientras descansaban recargando su peso uno en el otro, y así se quedaron hasta que el sueño los hizo apagar la tele. Mañana terminarían de planificar su viaje por las vacaciones. Ir a la playa los cuatro sonaba a una imagen adecuada.
Hua Cheng y Xie Lian no eran una familia, mucho menos pareja, pero eso podría cambiar algún día. Tal vez más pronto de lo que cualquiera esperaba.
