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Fue difícil ocultar su sorpresa cuando vio a Yizhen al otro lado de su puerta con nada más que su túnica interior; en el exterior la luna estaba llegando a su punto más alto.
—¿Por qué? —preguntó.
Su voz reflejaba su obnubilación.
Cuando Yin Yu escuchó los golpes al otro lado de la puerta imaginó que algo grave había ocurrido en la Ciudad Fantasma, ver a su antiguo shidi era un escenario demasiado extraño, incluso tuvo que frotar sus ojos para asegurarse que su imagen no era solo una ilusión a causa del sueño.
—Como no podía dormir, pensé que Shixiong podría ayudarme
Estuvo por repetir la misma pregunta, pero el vago recuerdo de haberle asegurado a Yizhen que lo ayudaría en cualquier problema que le surgiera lo hizo cambiar sus palabras.
—¿Cómo entraste a la Mansión Paraíso? —las personas que podían acceder eran contadas, más aún si estaba Xie Lian de visita.
En lugar de responder, Yizhen estiró su mano mostrando un par de dados, y si Yin Yu no se tambaleara todavía por el cansancio se los hubiera arrebatado. También le hubiera ordenado que regresara a su palacio en el Cielo Superior en lugar de invitarlo a pasar.
Todo era culpa del sueño. Su mente no trabajaba con claridad.
La obnubilación debía ser la culpable.
—¿Shixiong estaba durmiendo?
A sabiendas que Yizhen no captaría el sarcasmo, Yin Yu sólo se sentó en la cama, haciéndole un lugar al otro para que también lo hiciera. No tenía ninguna silla en su pequeña habitación, pero tal vez debería conseguir una si noches así se repetían. O tal vez una cama más grande.
De ese modo Yizhen sólo entraría y se acostaría a su lado sin necesidad de despertarlo. En el pasado, cuando aún eran shixiong y shidi, varios años antes de ascender, Yin yu había recibido varias visitas nocturnas del otro, tomando como medida que éste simplemente entrara cuando lo quisiera mientras no lo despertara.
No le molestaría rememorar esas épocas en ese momento.
—¿Tuviste un mal sueño? —preguntó, apenas podía evitar cerrar los ojos mientras hablaba.
Aunque no necesitara tanto del sueño como un humano promedio, tras largos periodos de actividad requería de descansar por al menos algunas horas. Dormir era uno de los placeres más grandes de Yin Yu desde que comenzó a trabajar para Hua Cheng. Un privilegio por su arduo trabajo.
—No realmente. Sólo no podía dormir —anticipando su siguiente pregunta, Yizhen agregó—. Tampoco he comido o bebido nada en particular, o hecho actividad física en las últimas horas. Sólo no puedo dormir.
Yin Yu asintió en silencio, aunque tal vez sólo estaba cabeceando.
—Insomnio —concluyó—. Tal vez has estado trabajando mucho estos días o tu ritmo circadiano se invirtió. Podría preparar un té o algo...
Era más una formalidad que un verdadero ofrecimiento. Yin Yu no planeaba volver a levantarse; nunca imaginó que podría sentirse tan cansado.
—De hecho me preguntaba si podría...
No lo dejó terminar la pregunta cuando le indicó con gestos que se acostara. La cama era más pequeña que la que habían compartido en el antaño, además de que sus tamaños tampoco eran los mismos. Ambos apenas tenían espacio para moverse sobre la suave superficie, pero poco le importaba en ese momento.
El silencio siguiente casi hizo que Yin Yu regresara a los brazos del agradable sueño, volviéndose ignorante de todo lo que ocurría a su alrededor, pero su mente aún no terminaba de perderse cuando la familiar voz lo llamó. Inicialmente no hizo nada, pensando que si lo creía dormido Yizhen no lo molestaría de nuevo y podría dormir. No ocurrió.
—¿Shixiong? —repitió, esta vez un poco más.
Yin Yu gruñó mientras se giraba.
Abrió los ojos apenas un poco, dentro de la oscuridad su vista estaba algo acostumbrada, pero cuando distinguió la cercanía entre su rostro y el de Yizhen casi se olvidó del cansancio. En cualquier otro momento se hubiera alejado de golpe, pero hacerlo ahora implicaría una caída de su cama, y eso terminaría de eliminar el sueño.
—¿Mmh? —inquirió, temiendo moverse.
Casi podían sentir la respiración del otro sobre el rostro.
—¿Podrías darme un beso de las buenas noches?
Yin Yu frunció un poco el ceño ante la extraña petición, pero no perdía nada con hacerlo. Levantó un poco más su rostro, sin despegar su cabeza de la almohada, para que sus labios quedaran a la altura de la frente del otro. Más que un beso había sido un suave contacto, pero no se alejó mucho cuando Yizhen lo envolvió con uno de sus brazos y se apegó a él.
El suave contacto se repitió, esta vez sobre sus labios, antes de que el otro lo abrazara del mismo modo que uno abrazaría una almohada.
—¿Estás feliz? —cuestionó Yin Yu, resignándose a la posición.
Su mente demasiado alejada para reparar en las acciones del otro.
En lugar de una respuesta vocal recibió un suave suspiro del otro, y unos minutos después, un ronquido. A Yin Yu le pareció un buen momento para tomar distancias, pero Yizhen parecía tan cómodo que terminó por dejarlo estar; incluso pasó uno de sus brazos sobre el alborotado cabello de su antiguo shidi y lo acarició.
Cuando despertaron, a la mañana siguiente, continuaban abrazados, pero esta vez fue Yin Yu quien decidió permanecer en esa cómoda posición hasta que alguien más decidiera interrumpirlos.
