Work Text:
Kaminari y Sero se encontraban completamente divertidos al ver a su par de amigos, Kirishima y Bakugou, completamente borrachos y dormidos. Por supuesto, ellos no desaprovecharon la oportunidad de hacerles una pequeña broma. Como el hermano de Kaminari fue a estudiar a otra ciudad su habitación estaba libre, la cual aprovecharon para dejar a sus amigos alcoholizados. El rubio llevó a Kirishima y Sero a Bakugou, quienes se quejaron bastante, pero colaboraron en el camino. Cuando los dejaron caer en la cama, ambos volvieron a dormir.
—Deberíamos rayar sus caras —Kaminari dijo, malicioso.
—No, eso no es suficiente. ¡Tenemos una gran oportunidad! —Sero puso las manos en su boca, pensando—. ¡Ah, necesitamos a Ashido! Ella es la de las buenas ideas.
—Pero ahora es muy tarde para llamarla —dijo el otro, mirando la hora. Casi eran las 5:30 am.
—Uhm… debemos pensar en un buen plan. Algo que recuerden por mucho tiempo, aunque Bakugou nos quiera matar luego.
Pero por muchos minutos que pasaban, nada se les ocurría. ¡Jurarían escuchar el canto de los pájaros! Ya estaba amaneciendo, pero ellos debían encontrar algo. No podían dejar esa estupenda oportunidad escapársele de las manos. Hicieron una lista de cosas, pero todas les parecían aburridas. Hasta que, finalmente, la mente de Sero hizo clic.
—Viejo, lo tengo…
Cuando el azabache explicó su plan, Kaminari sonrió y procedieron a ejecutarlo. ¡Una idea simple y muy buena! Fue como si el espíritu de Ashido lo hubiese poseído.
Comenzaron quitándole las playeras con suma delicadeza. Ellos intentaron no reír demasiado fuerte, así que se mordieron los labios. De todas formas, fue muy difícil, ya que ellos también bebieron, no tanto como para emborracharse, pero sí se encontraban un poco mareados. Cuando se deshicieron de esas prendas de ropa, fueron moviendo los cuerpos con mucha suavidad. Pasaron un brazo de Bakugou bajo la cabeza del pelirrojo. Luego, el brazo de Kirishima pasó por sobre el pecho del otro. Y, finalmente, entrelazaron las piernas de ambos.
—Ya quiero ver sus caras cuando despierten —Kaminari dijo, aguantándose la risa.
—Es mejor que nos vayamos —Sero lo empuja hasta la puerta.
Cuando estaban a una distancia prudente, comenzaron a dar carcajadas hasta no poder más. Luego, se dirigieron a la habitación del rubio a dormir. La cama era lo suficientemente grande para que los dos cupieran. A penas sus espaldas tocaron el colchón, se hundieron profundamente en el sueño.
Kaminari tuvo un sueño raro donde estaba nadando en el mar y, a la misma vez, llovía intensamente. Ansiaba tanto llegar a la orilla, pero por más que avanzaba, la arena se veía más y más lejos. Despertó asustado y con muchas ganas de ir al baño. Oh, esos malditos sueños con mucha agua siempre le avisan cuando está a punto de orinarse en sus pantalones. Se levantó de la cama y se dirigió al baño, intentando hacer el menor ruido. Su boca estaba amarga y seca. Cuando terminaron en el tocador, bajó las escaleras en dirección a la cocina y buscó un vaso con agua, el cual bebió rápidamente.
Era mediodía, seguramente habría dormido más si las estúpidas ganas de vaciar su vejiga no lo hubiesen despertado.
Sus padres llegarían en tres horas. Debía ordenar rápidamente y sacar a los chicos con resaca de su casa. Si sus progenitores veían lo mal que se encontraban, seguramente no los dejarían hacer más reuniones en su casa.
Preparó café, un poco de tostadas y puso todo en la mesa, junto con un tarro de mermelada y mantequilla. Obviamente no los dejaría irse sin desayuno. No fue necesario ir a despertarlos, pues Bakugou fue el primero en bajar y… ¡estaba rojo! ¡Kaminari olvidó por completo la broma que le hicieron! Su amigo se veía bastante nervioso. No fue una reacción que esperaba, pues pensó que lo primero que haría sería enojarse y bajar gritando groserías graciosas. Pero no resultó así.
—Oye, ¡Bakugou!
—Debo irme —dijo a toda velocidad y salió por la puerta principal.
¿Qué demonios había pasado?
Asumió que era cosa de minutos que Kirishima bajara, así que lo esperó mientras tomaba una taza de café. Cuando un montón de cabellos rojos aparecieron en su campo visual, Kaminari puso su mirada sospechosa mientras bebía de la taza.
—Hola —saludó Kirishima, pasando una mano tras su nuca para luego sentarse frente al rubio—. Gracias por el desayuno, amigo.
Definitivamente pasaba algo, pues el pelirrojo evitaba completamente su mirada.
—No es nada —dijo, mientras sacaba una tostada y le untaba mermelada—. ¿Te duele mucho la cabeza? Hay aspirinas en el baño.
—Siento que me están golpeando con un martillo. Luego buscaré una. —Puso café en una taza y la miró con atención, como si fuese lo más interesante de observar—. Y… ¿Bakugou se fue?
—Sí.
—¿Parecía enojado?
—No.
—¿Dijo algo?
—Solo que debía irse.
—Ya veo.
—Viejo, dime qué pasa. Tenemos confianza, ¿no?
Kirishima asintió, suspirando. Justo cuando iba a comenzar a explicar, Sero apareció con una sonrisa en su rostro.
—¡Buenos días!
—Shhh, viejo. Kirishima va a decir qué sucedió con Bakugou.
El azabache le lanzó una mirada preocupada, con el ceño fruncido. Quizás metieron la pata hasta el fondo al hacer esa broma. Pero, definitivamente, no fue con malas intenciones. Bueno, sí, querían asustarlos un poco, pero nada más.
Sero se sentó y se sirvió café. Luego, miró expectante a Kirishima.
—Ya, comienza —Kaminari dijo.
—¡No hagan esto como un interrogatorio!
—¿Desde cuándo eres tan tímido? —Sero rió un poco.
—¡No estoy tímido! Solo… es algo difícil de contar.
—Sólo suéltalo, viejo, como vomito… vomito verbal —el rubio comentó, asqueado ante su propia comparación.
—¡Puaj! —Sero y Kirishima exclaman al mismo tiempo.
El pelirrojo suspiró y sus ojos volvieron a estar fijos en la taza de café.
—Bakugouyyonosbesamos —dijo, rápidamente.
—¡¿Qué?! —El azabache parecía realmente sorprendido.
—No entendí ni mierda —Kaminari admitió.
—No lo diré de nuevo. Una vez es suficiente —respondió el otro, con el rostro tan rojo como su cabello.
—¡Vamos!
—No, amigo. Ya lo dije.
—¡Lo dijiste muy rápido!
—No hables tan fuerte, hombre. Me duele la cabeza como el infierno. —Tocó su cien.
—Gritaré si no me dices qué demonios dijiste.
—¡Sero ya entendió! Tú no pusiste atención. No es mi culpa.
—¡AHHHHHHHHHHHHHHHH!
—¡Agh, no grites!
—¡Bakugou y Kirishima se besaron! —Sero gritó, como si recién hubiese procesado la información.
Todos se quedaron en silencio luego. Kirishima cubrió su cara con ambas manos. Definitivamente, no era lo que Kaminari esperaba oír, pero sentía que de alguna forma debía aliviar la tensión que se formó de manera tan repentina.
—Y… ¿te gustó?
Sero comenzó a reír, mientras tanto, el pelirrojo hundía más el rostro en sus manos.
—Creoqueélmegusta —balbuceó.
—No hables tan rápido, viejo. —El rubio suspiró.
—Dijo que cree que Bakugou le gusta —tradujo el más alto.
—¿Cómo es que crees? ¿Te gusta o no?
—Sí, me gusta —respondió el entrevistado.
Luego de decir eso, Kirishima sacó las manos de su rostro y tomó un buen sorbo de café. Luego, se quejó por el dolor de cabeza, pero miró hacia el frente y habló: —Cuando desperté él me estaba mirando muy fijamente. Estábamos abrazados y sin playera, no sé cómo pasó eso. Pero… él se acercó a mí y me besó. Yo le seguí el beso y luego fue tan... extraño y él dijo que debía irse y yo lo dejé irse porque no le dije nada para que se quedara y…
—¡Muchos detalles! —Kaminari tomó su cabeza—. Ugh, jamás pensé que escucharía que mis amigos se dieron besos húmedos en poca ropa sobre la cama de mi hermano.
—Si lo pones de esa forma... —Sero hizo una mueca.
—¡Pero no lo imaginen, idiotas! —Kirishima movió sus manos y luego gimió—. Mierda, mi cabeza estallará. Iré por aspirinas.
Cuando Kirishima fue al baño, los que quedaron en la mesa se miraron con preocupación.
—¿Deberíamos decirles lo que hicimos? —el rubio murmuró.
—No creo que sea buena idea.
—No soy muy bueno guardando secretos, lo sabes.
—Sí, pero... es mejor que lo confesamos cuando ellos ya estén bien. Quizás las cosas terminen peor si lo decimos ahora —reflexionó, y Kaminari estuvo de acuerdo.
Cuando su amigo pelirrojo llegó, los miró con el ceño fruncido, pero no dijo nada, en cambio, metió la pastilla a su boca y fue por un vaso con agua.
—Entonces... —Kaminari comenzó—. ¿Hablarás con Bakugou?
—No lo sé, creo que es mejor esperar un poco.
—Háblale cuando el dolor de cabeza haya desaparecido. No creo que sea buena idea esperar tanto tiempo —opinó Sero.
—Tengo un poco de miedo que yo no le guste —el pelirrojo murmuró.
Kaminari sabía cómo era Bakugou, a pesar de que no lo conocía hace tanto tiempo. De todas formas, no era difícil saber que ese chico malhumorado no se iba por cualquier persona. Antes de saber lo del beso, juraría que no estaba ingresado por nadie. Aunque, bueno, siempre fue bastante más cercano a Kirishima. Y, en ese momento, se sentía un idiota por no haberse dado cuenta de los sentimientos de sus amigos.
—Yo creo que le gustas. Él comenzó el beso. Sabes que Bakugou no es de besar a cualquier persona —el rubio comentó.
—Sí, viejo. ¡Está claro que le gustas! No tienes que pensarlo demasiado —Sero complementó—. A demás, él no arriesgaría la amistad que tienen por curiosidad o algo así. Te aprecia.
—¡Y te besó cuando estaban recién despertando! No le importó el mal aliento ni la resaca. Eso debe significar algo.
Kirishima rió.
—Gracias, chicos. Definitivamente le hablaré hoy.
.
.
.
En la noche, cuando Kaminari vio su móvil, tenía casi cien mensajes del squad.
Kirishima: “Bakugou y yo estamos saliendo. Solo venía a comentar eso. Los quiero, chicos.”
Ashido: “OMGG, NO ESPERABA ESO.
¡Felicidades!
Esperen, no es una broma, ¿cierto?
Si es una broma, estaré muy enojada.”
Bakugou: “No es una jodida broma.”
Ashido: “¡Felicidades!”
La conversación seguía por unos largos mensajes más. Kaminari solo dejó sus felicitaciones y apagó la pantalla. De alguna forma que no logró comprender, lo que comenzó siendo una broma, terminó con algo inesperado, pero mejor.
