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Kirishima y Bakugou se alejan de su grupo de amigos para caminar a solas por la playa. Es de noche y el aire fresco acaricia sus cuerpos cubiertos por finas capas de ropa. El pelirrojo se arrepiente de no haber abrigo alguno, pero no puede pensar en eso ahora. En cambio, se concentra en el chico que está a su lado y en el sonido que emiten las olas cuando rompen en la orilla.
—Sentémonos —dice Bakugou, quien, en vez de sentarse, se acuesta de espalda sobre la arena, dejando la mochila que llevaba puesta a un lado. Kirishima sonríe y luego se acomoda junto a él.
El cielo se encuentra despejado y las estrellas se ven grandes y hermosas.
—Hoy ha sido buen día.
—No ha estado tan mal —Bakugou admite.
—¡Te divertiste! Eso no puedes negarlo.
—Lo que sea...
Ellos guardan silencio por unos momentos. A lo lejos, se escuchan risas provenientes de sus compañeros de clase, quienes habían comenzado una fogata. La playa estaría desierta de no ser por ellos. Logran oír gaviotas que acompañan la suave melodía del viento y las olas. ¡Es todo tan tranquilo! Kirishima lo agradece luego de vivir un día tan intenso y divertido junto a sus amigos.
No es su intención, pero su mano choca con la de Bakugou. A penas se rozan, pero ninguno de los dos está haciendo algo para evitarlo. Ambos se mantienen paralizados. Ese suave toque es lo único que tienen; la prueba definitiva del mutuo sentimiento que, hasta el momento, no han podido expresar con palabras.
Pero Kirishima se sienta, alejando sus manos.
—Oye, ¿tienes una manta? Moriré de hipotermia si seguimos así.
Bakugou abre su mochila y saca la manta, entregándosela, o más bien, lanzándola.
Toma aire profundamente, pues no podría arrepentirse luego. Él sabe que una vez que ponga la manta sobre ellos no podrá escapar. Lo piensa una vez más, pero no puede ver consecuencias negativas. Quiere mantenerse positivo al pensar que todo saldrá perfecto.
Entonces, lo hace. Los cubre a ambos con la manta y luego vuelve a acostarse. Bakugou no emite palabra, incluso cuando sus cuerpos están tan cerca, con los brazos y piernas chocando por los costados.
Kirishima pone en marcha su plan:
—Te veías bien hoy, hombre. Bueno, siempre te ves bien... pero hoy te veías distinto, un poco más... ¿abierto? No lo sé. Pero me gusta ver cuando te diviertes. Me gusta estar contigo. Yo-
—Cierra la boca, Kirishima.
El pelirrojo traga duro.
—Amigo, estoy intentando decirte algo importante.
Para su sorpresa, el rubio se sienta sobre la arena. Kirishima intenta hacer lo mismo, pero el otro lo frena. Con la respiración cortada, se queda quieto y espera para ver lo que su compañero desea hacer. La respuesta es inesperada, porque, de un momento a otro, siente el cuerpo de Bakugou sobre el suyo. Abre más los ojos por la sorpresa y sus labios quedan entreabiertos. Sabe que se ve como un completo idiota, pero no le importa, porque Bakugou Katsuki está sobre él.
Aquellos ojos rojos son intensos y lo miran fijamente. Se ve decidido. Tan varonil. Kirishima quiere besarlo. Se muere por hacerlo.
—Te gusto, ¿cierto? —pregunta Katsuki, rompiendo el silencio entre ellos.
—Me encantas, Bakugou —responde suavemente, llevando una de sus manos a la mejilla de su acompañante, quien se ruboriza con rapidez—. Y... ¿yo te gusto?
—No dejo de pensar en ti a cada maldito momento.
Ahora es el pelirrojo quien siente la piel de su rostro arder. ¡Esa fue la confesión más varonil que pudo darle! Ah, su corazón late con tanta fuerza que podría hacer un hueco en su pecho y huir. Se pregunta si es que Bakugou es capaz de oírlo.
Los ojos del rubio siguen atentos a los suyos, como si esperara algo. Sin embargo, Kirishima no sabe qué. A penas puede moverse, ya que el cuerpo musculoso del chico sobre él se lo impide. Así que se mantiene quieto, intentando no colapsar por todas las emociones que estallan en su pecho.
Bakugou los cubre por completo con la manta, incluso sus cabezas. No tiene demasiado tiempo para responder después de eso, pues siente sus labios siendo aplastados por otros suaves y cálidos...
«Oh, santa mierda...»
El pelirrojo no tarda demasiado en reaccionar: pone su mano derecha entre esos cabellos rubios, acercándolo aún más. Abre la boca, abriéndose paso entre los labios del otro con su lengua. Siente a Katsuki tensarse, como si no esperara que Kirishima reaccionara de esa manera, pero responde y lo acepta de inmediato.
Debido a la manta, el aire se vuelve espeso y caliente, aunque a ninguno le importa realmente, sobre todo cuando el beso comienza a tomar mayor profundidad y fuerza. Ambos sin demasiada experiencia, se dejan llevar por el fervor del momento, como si sus cuerpos estuviesen en algún un modo automático. Dejan de preocuparse por hacerlo bien y se enfocan en el hecho de que por fin se están besando.
Cuando Kirishima siente un sabor metálico invadir su boca, se detiene, alejando a su compañero con suavidad.
—Es mía —responde Bakugou de inmediato, refiriéndose a la sangre—. No importa eso ahora.
Claro, sus dientes. Él debió haber pensado en eso antes.
Cuando Bakugou se vuelve a inclinar hasta su boca, el pelirrojo lo abraza por la espalda y lo sujeta con fuerza. El beso es suave y húmedo, sus lenguas hacen contacto inmediato. El sabor a sangre va desapareciendo con el pasar del tiempo hasta ser completamente inexistente. El rubio, quien se encuentra un poco jadeante, se separa por breves segundos y le muerde el labio con poca delicadeza, logrando que al pelirrojo se le escape un pequeño sonido entre sorpresa y placer.
Demonios. Sus pantalones se sienten apretados y duele. Sabe que Bakugou está al tanto de su situación, pues sus pelvis están juntas.
—B-Bakugou creo que... es mejor que nos detengamos —Kirishima dice, tragando duro.
El otro lo mira por unos segundos y vuelve a besarlo, mucho más suave que antes. Justo cuando están dispuestos a separarse, escuchan voces dirigirse hacia ellos. Entonces, se alejan del otro de forma brusca. Los filosos dientes de Kirishima pasan por sobre el labio del rubio, y eso es suficiente para que sangre salga de ahí una vez más.
—Mierda —Bakugou gruñe, limpiándose con el dorso de la mano. Se sienta sobre los muslos de Kirishima y deja la manta a un lado, para luego levantarse definitivamente.
Una vez liberado de la manta, el pelirrojo respira el aire fresco y se queda ahí, recostado en el suelo mientras Bakugou se quita la arena pegada a sus pantalones.
—¡No crean que no los vimos! —Sero grita, acercándose a ellos.
—Estamos en público, par de indecen-
Algo sucede que impide que Kaminari termine de hablar. Kirishima solo escucha risas estruendosas por parte de Jirou, Sero y Ashido. Se sienta de inmediato para ver lo ocurrido y se encuentra con su amigo tirado boca abajo sobre la arena.
El muy idiota se tropezó con sus propios pies.
Kirishima se una a las risas.
—¡Qué demonios! —Ashido dice, dejando de reír—. ¿Eso es sangre?
Ella tiene una linterna en la mano, así que lo apunta a la cara. El pelirrojo siente su rostro arder. Limpia su labio con el dorso de su mano. Luego, la chica dirige la luz a Bakugou.
—¡No apuntes directo al rostro, idiota! —gruñe el rubio, con las manos en sus bolsillos. Pasa la lengua sobre su labio inferior para quitar la sangre que cae de ahí.
—Definitivamente eso es sangre —Jirou comenta—. Deberían ser más cuidadosos, chicos.
—Cielos, ¿qué tan salvajes son? —la voz de Sero aparece nuevamente.
Mientras tanto, Jirou ayuda a Kaminari a levantarse, pero este último la jala del brazo y ambos quedan tirados sobre la arena, ella se queja, aunque su diversión ante la situación es bastante obvia.
—Toma —Bakugou dice, lanzándole la manta a Kirishima.
—¿Quieres que la guarde? —pregunta, confundido.
—No, idiota. Antes dijiste que tenías frío, ¿no? —responde, tomando su mochila del suelo.
Kirishima asiente sonriente, mientras se levanta y pone la manta sobre sus hombros. Está demasiado feliz como para decirle a Bakugou que el frío se le pasó desde que comenzaron a besarse. En cambio, solo lo toma de la mano y comienzan a caminar en silencio.
