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Se encontraba sentado en una pequeña silla de madera vieja, ansioso movía repetidamente sus pies de arriba a abajo en un mismo punto, sus manos estaban sudadas y la cabeza le dolía. No sabía cuántas veces se había halado el cabello.
Quería llorar, quería entrar a la oficina de aquel hombre y exigirle que lo recibiera, quería gritar, mas no podía caer en este tipo de situaciones si es que quería ser atendido. Otabek Altin se estaba sintiendo el peor novio del mundo, y es que Yuri Plisetsky había sido secuestrado, y lo peor es que no tenía idea de quién podría ser el culpable.
Un hombre rubio de alta estatura se dirigió a él, caminaba como si aquel caso no fuese la gran cosa, como si deseara marcharse rápido, Otabek ignoró eso.
—Christophe Giacometti, jefe de investigaciones —saludó el hombre —venga conmigo, por favor.
Giacometti llevó al kazajo hasta su oficina, para después sentarse de la forma más cómoda que pudo y seguido, ofrecer al joven moreno que tomara siento. Así, cuando ambos estuvieron en sus sillas, el investigador volvió a hablar.
—Denuncia por secuestro, ¿es eso correcto, señor Altin?
—Sí, así es. —respondió Otabek resoplando, le pareció una pérdida de tiempo que le preguntara algo que ya estaba en el pequeño informe que había realizado la mujer que le atendió.
—¿Qué parentesco tiene usted con la víctima?
—Es mi novio, salimos desde hace tres años.
—¿Cuándo fue que se dio cuenta de que su pareja había sido secuestrado?
—Anoche, él debía llegar a mi apartamento, se suponía que haríamos maratón de Saw. Pero nunca llegó, lo llamé varias veces y él no contestaba, así que fui a su apartamento.
—¿Y qué ocurrió cuando llegó usted al apartamento de la víctima, señor Altin?
—Él no estaba, las cerraduras habían sido forzadas. Me pareció extraño, él siempre responde a mis llamadas, por eso fui a buscarlo.
—¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
—Hace una semana, habíamos ido a cenar con varios amigos —relató el joven, pero fue interrumpido con un gesto del hombre que le pedía detenerse.
Christophe tomando el teléfono de su oficina, marcó algún número y luego de dos tonos pidió a uno de sus colaboradores que se hiciera presente en su oficina.
Un muchacho de pálida piel y cabello negrísimo, ingresó en aquella oficina sin siquiera tocar, con un gesto más duro que serio, observaba a Otabek mientras Giacometti le informaba sobre el caso.
—Señor Altin, el investigador Lee se encargará de su caso —informó el hombre
—Seung Gil Lee —se presentó el hombre de rasgos asiáticos —por favor, relate con detalles esa cena que mencionó, intente no olvidar nada.
