Work Text:
—Oye, Bakugou, ¿eres cosquilloso?
El recién nombrado, con algo de fastidio, mira de reojo al dueño de habitación.
—No.
—¿Es en serio? —Kirishima vuelve a preguntar—. ¿Puedo intentar?
—No, jódete.
Ellos están estudiando. O, al menos, lo estaban. Sabe que el pelirrojo no volverá a concentrarse. De hecho, lo está mirando con esos ojos de cachorro inquieto con ganas de jugar.
—¡Por favor! —insiste.
—Te dije que no, ¿estás sordo?
—¡Solo serán unos segundos! ¡Tengo mucha curiosidad!
Ah, demonios. Es difícil decirle que no cuando se lo pide con tantas ganas —de hecho, es realmente débil cuando se trata de Kirishima, pero eso es algo que no le gusta admitir—, así que, luego de un bufido, termina por aceptar.
—¡Eres el mejor, hombre!
Entonces, Bakugou deja su cuaderno a un lado y tensa su cuerpo, listo para que el pelirrojo ponga las manos sobre él. Primero, comienza siendo una especie de descuidada caricia sobre su abdomen, la cual sube hasta llegar a su cuello. No hay ninguna reacción, por lo que Kirishima se rinde con evidente decepción.
—Te lo dije, idiota.
—¡Eres inmune! —dice el otro, con asombro.
—¿Y tú lo eres?
—Un poco —admite—. Depende de quien las haga.
—¿Qué demonios estás diciendo?
—Por ejemplo, cuando me hace cosquillas mi mamá, no puedo evitar retorcerme de risa. En cambio, cuando me las ha hecho Kaminari, apenas he reaccionado —explica, su ceño levemente fruncido—. ¿Será algo psicológico?
Bakugou se encoge de hombros, mirando al otro con atención. Intenta contener las ganas que tiene de hacerle cosquillas. De verdad lo intenta. Inhala con fuerza y tensa su mandíbula. Aun así, no lo logra.
Un segundo después, tiene las manos bajo la playera de Kirishima, pasándole los dedos por los costados del abdomen. De inmediato, escucha unas carcajadas.
Es extraño lo que siente cuando el pelirrojo deja caer la espalda sobre el colchón, sin fuerzas para hablar o alejarse. Es cálido. Le dan deseos de seguir con más ímpetu.
Bakugou sonríe con maldad, subiéndose sobre el cuerpo de Kirishima para inmovilizarlo y continuar haciéndolo reír de esa manera tan escandalosa. No sabe por qué, pero realmente verlo así le parece reconfortante... Y lindo.
—¡B-Bakugou!
Es fácil saber que, en el fondo, al pelirrojo no le molesta la situación, pues podría detener todo en cualquier momento. Sin embargo, no lo hace, así que el rubio se da la libertad de ir poco más arriba, subiéndole la playera. Sus manos están cerca de las axilas de su amigo y este se mueve con más fuerza. Las carcajadas resuenan por toda la habitación.
—Eres jodidamente sensible —se burla Bakugou.
Entonces, Kirishima hace un movimiento extraño que logra desequilibrarlo. Debe poner las manos sobre el colchón para no caer. Como no tiene intenciones de rendirse, lo primero que pasa por su cabeza es seguir torturando al pelirrojo por un poco más de tiempo, sin embargo...
Se da cuenta de la posición tan comprometedora en que están.
Siente sus mejillas encenderse de inmediato. Oh, mierda. Esto es extraño. Siente un zoológico completo dentro de su estómago cuando los ojos de Kirishima comienzan a abrirse. Su mente le dice que se aleje, que no espere nada, que se verá como un idiota si no escapa de la situación. A pesar de ello, no lo hace.
Se queda en la misma posición, sin moverse, esperando obtener alguna reacción de Kirishima que no sea solo un sonrojo. Necesita un permiso o una prueba de que ambos desean hacerlo con la misma intensidad. Pero el pelirrojo solo lo mira a los ojos por casi tres segundos, sin hacer nada, solo demuestra completa sorpresa.
Bakugou disfruta la sensación vaporosa que se crea con ambos alientos chocando, sus labios casi rozando. Es algo mágico. No obstante, si Kirishima no dice o hace algo, no puede ir más allá. Así que, aguanta con fuerza todo el deseo, conteniéndolo dentro de sí, para luego tragar duro. Piensa en alejarse pero, antes de que lo haga, el pelirrojo lo toma por la nuca y, sin dejarle tiempo para pensar, lo atrae a sí mismo.
Se besan.
Maldita sea, ellos se están besando.
Es un choque torpe de labios. Ni siquiera abren sus bocas. No sienten nada más allá de sus corazones latiendo con fuerza y sus respiraciones agitadas por el nerviosismo. Aun así, es algo nuevo y bueno, tan bueno que no pueden hacer más allá que mantener ese contacto por varios segundos.
Bakugou se separa. Abre los ojos solo para ver el rostro nervioso de su amigo. Tiene los párpados bien cerrados y la respiración contenida.
—Cálmate, Kirishima...
El pelirrojo da un suspiro y relaja su expresión, abriendo sus ojos. Una sonrisa borra todo rastro de inquietud que antes le invadía el rostro.
—¿No estoy soñando? —le pregunta Eijirou, travieso.
Bakugou le besa la comisura del labio, suspirando contra la piel caliente del rostro de Kirishima, quien suspira con suavidad.
—Eres un idiota —susurra.
El nuevo beso que se dan es un poco más profundo. Sus bocas están abiertas, intentando encontrar un ritmo adecuado. La sensación es cómoda, natural y, a la misma vez, novedosa. La inexperiencia de ambos es visible, sin embargo, a ninguno le importa demasiado, pues saben que están aprendiendo juntos y eso suficiente para que se sientan en confianza.
Siente una satisfacción que pocas veces antes había logrado sentir. Es como si los animales dentro del zoológico dentro de su estómago se hubiesen quedado dormidos. Por fin está conmigo, es lo único en que puede pensar: por fin.
Sin embargo, el mágico momento es interrumpido a causa de un chillido adolorido por parte de Kirishima. Bakugou se aparta, limpiando de su labio un rastro de saliva.
—¿Qué demonios?
Entonces, Kirishima le muestra la lengua, la cual está sangrando.
Sí, bueno, quizás el pelirrojo sea un poco idiota, pero eso no logra que lo quiera menos. Es más, se siente seguro y muy cálido, tanto así que una sonrisa genuina surca en sus labios.
—Idiota...
Kirishima vuelve a esconder su lengua, haciendo una mueca de asco por el sabor a sangre.
—Mis dientes son peligrosos —comenta con preocupación—. ¡Demasiado filosos!
Y eso es algo agradable. O al menos, él lo piensa de esa forma. Besar al pelirrojo es una especie de desafío que le encantaría poder pasar con éxito y sin secuelas.
—Eso es-
Bakugou no puede seguir hablando, pues lo que dirá es una especie de fetiche que ha obtenido luego de observar a su amigo por un largo tiempo. Kirishima es, de cierta manera, un tipo peligroso, tanto por su endurecimiento como por sus dientes, pero, al fin y al cabo, ambos lo son. No es como si Bakugou nunca haya activado su quirk a causa de una pesadilla o por mero descuido.
—¿Es qué? —Kirishima pregunta, curioso y divertido.
El rubio bufa, sus mejillas tiñéndose de rojo mientras los ojos de su compañero lo observan con mucha atención, esperando impaciente la respuesta.
—... Es atractivo —dice, bastante rápido, sin despegar su mirada.
Kirishima alza las cejas, gratamente sorprendido.
—¿Mis dientes te parecen atractivos? —le sonríe, pícaro.
Bakugou gruñe, sin dejar palabra.
—Es bueno saberlo...
Y, antes de que pueda reaccionar, los dientes del pelirrojo están mordiendo suavemente su cuello. Se estremece, sorprendido, pero no se aleja. En cambio, pone una mano sobre el torso del otro, quien sigue con la playera subida hasta su pecho —fue una de las consecuencias de las cosquillas que le hizo hace solo unos minutos.
—Kir- Eijirou —dice, provocándolo.
Pensó que su compañero lo soltaría, pero, por el contrario, lo único que logró fue que se entusiasmara más.
Traga duro, su mano derecha subiendo por el pecho del otro mientras suelta un suspiro tembloroso.
Kirishima le está dando besos y mordidas en lugares sensibles, subiendo hasta su mandíbula.
Quiere besarlo. Lo quiere tan mal.
—Eijirou —lo llama de nuevo.
Ahora sí lo logra. El pelirrojo deja de juguetear y lo mira a los ojos. Tiene las pupilas dilatadas.
Antes de besarlo, Bakugou aprieta un pectoral de su compañero con su mano derecha. Antes de obtener una respuesta, une los labios de ambos y lo besa con premura, sin importarle en lo más mínimo los peligrosos —y atractivos— dientes de Kirishima.
Solo quiere seguir, ir más allá, sentirlo más cerca, besar cada lugar...
La cadera de Eijirou se mueve. El bulto se siente evidente, pues choca con la pelvis de Bakugou, quien también se siente medio duro.
No piensa en detenerse y, al parecer, el pelirrojo tampoco tiene esas intenciones.
Katsuki sonríe en medio del beso y, mientras respira pesadamente por la nariz —antes sentía que se ahogaba, pero ahora cree entender cómo respirar bien mientras su boca está ocupada—, mueve suavemente su cadera, haciendo que ambas erecciones se rocen, con toda esa ropa interrumpiendo un contacto directo. Kirishima gime contra su boca, sus lenguas tocándose, encontrando un ritmo correcto.
Oh, joder. Bakugou se siente demasiado bien. Muy, muy caliente.
Entonces, todo el ambiente cae como un saco de piedras contra el suelo cuando escuchan tres golpes lentos en la puerta. Solo hay alguien que toca de esa manera: Kaminari.
Ellos intentan separarse, pero no lo logran del todo, así que, cuando el rubio eléctrico entra, primero los mira con sorpresa, luego con una clara expresión de terror cuando ve a Bakugou con el ceño tan fruncido. Entonces, sin decir una palabra, retrocede y vuelve a cerrar la puerta.
—Oh, no —Kirishima dice, con una mano sobre su frente. Está claramente frustrado.
Mierda, tiene unas ganas tremendas de explotarle la cara a ese tonto confianzudo que entra sin siquiera esperar algún tipo de respuesta positiva. Sin embargo, sabe que no puede explotarlo, así que respira profundo mientras se aleja del cuerpo de su compañero.
—Ese maldito... —gruñe.
—Está bien —Kirishima se sienta en la cama, arreglando su ropa—. Nos estábamos dejando llevar demasiado.
Bakugou lo mira fijo, sentándose a su lado.
—¿Y eso qué?
La pregunta del rubio es genuina. Después de todo, ambos estaban disfrutando del momento y dejarse llevar se veía —y se sigue viendo— como una excelente opción ante sus ojos de adolescente calenturiento.
—Quizás suene un poco anticuado, pero de verdad me gustaría que tuviésemos una cita... Aunque, bueno, el orden de los factores no altera el producto.
Bakugou lo golpea suavemente en el hombro, divertido.
—Idiota.
—¡Me has dicho idiota demasiadas veces hoy! —Se queja, con un divertido dramatismo—. No deberías tratar así a alguien que acabas de besar.
—Me dijiste idiota tres jodidas veces ayer, no puedes quejarte.
En vez de responder, con una sonrisa pequeña y sincera, Kirishima se acerca a su rostro. El rubio se mantiene quieto, cerrando suavemente los ojos en cuanto los labios de ambos se rozan. Es un cálido contacto, mucho menos provocador que los besos anteriores, pero la emoción que atraviesa sus cuerpos es muy similar.
—¿Mañana estás libre? —Bakugou pregunta, una vez que sus bocas de separan.
Kirishima asiente, dejándole un corto beso en el centro de los labios.
—Entonces, salgamos mañana.
—¿Una cita? —pregunta el pelirrojo, sonriente.
—Sí. Será la mejor jodida cita que hemos tenido.
—No hemos tenido otras —Kirishima se queda un segundo en silencio—. A menos que...
Bakugou resopla, intentando actuar serio. En el fondo, solo quiere sonreír.
—Cuando pasamos al arcade me tomaste de la maldita mano y compartimos un helado —el rubio dice—. Y hace tres semanas fuimos al cine y terminamos caminando por la playa.
El pelirrojo, medio impactado, se aleja unos centímetros y comienza a enumerar con sus manos todas las no-citas que tuvieron.
—El arcade, el cine, el parque de diversiones, el centro comercial, la maratón... —Enseña su mano abierta—. ¡Hemos tenido cinco citas! Y yo pensando que solo estaba malinterpretado las cosas...
—No seas tan exagerado, sólo-
—¡Somos prácticamente una pareja y yo ni cuenta me di!
El rostro sonrojado de Kirishima le genera una sensación cálida en todo su cuerpo. A veces ese idiota puede ser estúpidamente adorable y...
—Si ya hemos tenido cinco citas, entonces podríamos seguir en lo que estábamos —El pelirrojo se vuelve a acercar, hablando con su voz profunda para provocarlo.
Y caliente. En definitiva, puede ser muy caliente también.
Sin embargo, Bakugou le pone la mano sobre la cara y lo aparta. Kirishima da un extraño quejido.
—No —responde serio, quitando la mano del rostro del otro.
—¡Pero...!
El rubio vuelve a acortar la distancia entre ellos y lo calla con un pequeño beso.
Mierda, hace menos de cinco minutos se dieron su primer beso y ya siente el maldito deseo de hacerlo a cada momento. Es un jodido adicto.
—Mañana —le dice—, después de la cita.
Kirishima asiente.
—Levántate temprano o sacaré tu culo de la cama a la fuerza —le advierte—. Debemos pedir la autorización para salir.
Y Kirishima vuelve a asentir.
Bakugou debe volver a su habitación para ir a dormir, así que, como una forma de despedida, ellos se besan una vez, y luego otra, y otra... y mierda.
—Quédate aquí —le pide el pelirrojo.
Él debería negarse, porque, en el fondo, sabe que ellos no se quedarán con las manos tranquilas si es que duermen en la misma cama. Sin embargo, la opción es tan tentadora que decir que no es casi una tortura.
—Vamos, Katsuki —le dice, sonriendo—. Hace frío...
—Hay calefacción.
—¡Me moriré de frío!
—Para algo existe la jodida calefacción.
—Y luego, cuando estés en el funeral, te estarás lamentando por no haberte quedado con tu novio...
—Mierda, se te está pegando el estúpido dramatismo de Kaminari.
—Yo solo quiero abrazarte —Eijirou sigue hablando—, y oler tu cabello al despertar y-
Bakugou bufa, levantándose de la cama.
—¡No te vayas! —le pide el pelirrojo.
—Iré a buscar mi pijama.
Y, entonces, el rostro de Kirishima se ilumina.
Antes de esperar una respuesta, el rubio abandona rápidamente la habitación y se dirige a la suya propia, donde se cambia de ropa. Cuando vuelve al cuarto del pelirrojo, este ya se encuentra acostado en la cama, mirando distraídamente su móvil. Sin pensarlo demasiado, se quita las pantuflas y se acuesta bajo las sábanas. Como la cama es pequeña, ambos quedan apegados. Sus pies desnudos se tocan.
—Tienes los pies jodidamente fríos —gruñe Bakugou, sin apartarse.
—Te dije que podía morir —el otro responde, apagando la pantalla de su celular—. ¿Dormirás ahora?
Al ver la hora en su propio móvil, el rubio ve que aún es bastante temprano, por lo que niega con la cabeza. Quiere buscar algo en internet antes de ir dormir. Teclea rápidamente en el buscador de Google, donde, en menos de un segundo, le aparece una serie de resultados. Entra a la primera opción, la cual es un blog.
"Recomendaciones para el primer encuentro sexual entre dos hombres", lee el título.
Mira a Kirishima de reojo, el cual está viendo un vídeo de un gato haciendo algo estúpido en YouTube. Luego, vuelve a poner atención a lo que el escritor del blog comenta.
Unos minutos después, la voz de Kirishima lo distrae.
—Para comenzar, recomiendo comenzar con actividades suaves —el pelirrojo lee, murmurando—, como juntar ambos pen- ¡¿Qué estás leyendo?!
—¿Qué crees tú?
—Oh dios, es bastante... gráfico —sigue leyendo, interesado.
Sin siquiera darse cuenta, ellos pasan alrededor de media hora leyendo las recomendaciones que el escritor del blog les entrega y, a la misma vez, comentan sobre estas. Es un momento demasiado natural, como si se estuviesen organizando lo que cocinarán al día siguiente. Cuando terminan de leer, hacen más búsquedas en internet y entran a diversas páginas para ilustrarse con consejos, muchos de ellos se repiten de manera constante.
La cabeza de Kirishima está apoyada sobre el pecho del rubio, las piernas de ambos entrelazadas bajo las cálidas sábanas.
—Ya es hora de dormir —Bakugou bosteza, apagando la pantalla del móvil.
—Eres un anciano...
Sin embargo, el pelirrojo no pierde la oportunidad de dormir abrazado a Bakugou, mucho menos cuando este le dice que le dejará ser la cuchara grande.
