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Cuando tenía catorce años, Kirishima dio su primer beso. Fue con un chico con el cual salió a tomar helado y pasear por un parque cerca de la escuela. No quería besarlo, tampoco le molestaba la idea, pero no hubo un deseo inminente desbordando por todo su cuerpo. Lo besó porque sentía que era lo correcto, porque es lo que se hace al finalizar las citas, ¿no?
Salieron un par de veces más, hasta que Kirishima se fue a la UA.
Y en ese lugar, pudo conocer a una chica especial, la misma que ahora se encuentra durmiendo en su hombro durante el viaje de regreso a la academia. Se vieron en la obligación de ocupar su sábado de descanso en el centro comercial para comprar ropa, luego de que sus vestimentas comunes comenzaran a quedarles ajustadas —todo culpa de la adolescencia y el entrenamiento, pero realmente no se están quejando.
Ahora mismo, Kirishima mira ensimismada a su amiga, observando las facciones suaves de esta. Se ve bastante linda cuando está relajada. Bueno, ella es linda siempre, pero su belleza habitual es diferente, mucho más salvaje y seria, como alguien inalcanzable que solo se puede observar de lejos. Sin embargo, es diferente ahora. Bakugou está relajada, dejándose llevar por el movimiento del bus y el sonido del motor, entregándole un momento de vulnerabilidad.
La pelirroja siente algo verdadero. Un deseo que es imposible de ignorar.
Sus mejillas enrojecen de pronto.
No sabe qué es esto. No entiende sus sentimientos. Está demasiado confundida como para dar un paso adelante, pero su corazón le impide retroceder. Siempre está en esa delgada línea de la confusión, a punto de resolver un acertijo que por meses la ha estado acomplejando.
¿Será la cobardía que le nubla la razón?
Siente como si tuviese navegando en un barco, con la marea tan alta que no se puede mantener de pie sin tambalear. Está mareada y tiene una brújula en la mano, cuyo vidrio tiene tanta suciedad que es imposible ver dónde se encuentra el norte.
Necesita limpiarla.
Necesita despejarse.
Pero, ¿cómo demonios logrará despejarse si lo único que desea es pasar todo el día cerca de Bakugou?
Malditas sean esas contradicciones.
Kirishima comienza a reconocer con mayor exactitud las calles. Están por llegar a su lugar de destino, así que respira profundo y mueve poco a poco su hombro para despertar a la chica que duerme allí.
—Ey, Bakugou —susurra—. Estamos llegando.
La rubia gruñe.
—Wow, pareces un animal rabioso —dice, divertida—. Vamos, o nos pasaremos de la parada…
Entonces, la mayor se aparta con un suspiro, parpadeando varias veces y bostezando, sin molestarse en cubrir su boca. A demás, tiene su largo cabello rubio más alborotado de lo normal. Kirishima ríe nuevamente.
Lo que no espera, es que los iris rojos de su compañera se posen fijamente en ella, observándola por cortos segundos que logran hacerla sentir inquieta. No puede mantener la mirada y dirige sus ojos a otro lugar, mientras escucha un chasquido de lengua por parte de Bakugou, que, lejos de sonar molesta, es como si estuviese divertida.
Y cuando la vuelve a mirar, la sonrisa que tiene en el rostro es claramente burlesca.
Por todos los dioses, se ve realmente bien.
—Pareces un tomate —le dice Bakugou, para luego levantarse y comenzar a caminar hasta la puerta.
Y oh, claro, está muy sonrojada ahora mismo.
—¡Oye! —dice, intentando regañarla, pero su tono es mucho más cariñoso que eso.
Toma las bolsas de las compras y sigue a su amiga, quien ya pulsó el botón para que las puertas se abran en la próxima parada. Cuando lo hacen, ellas salen, sintiendo el aire fresco del atardecer acariciar sus rostros.
El bus las deja a menos de dos cuadras de distancia de la entrada a la UA, así que caminan tranquilas… O bueno, no tanto por Kirishima, quien continúa por su tormentoso viaje en barco, con las olas cada vez más fuertes.
En el corto camino hasta el campus de la UA, la pelirroja es quien habla, mientras la rubia responde con comentarios un tanto secos. No es como si eso no fuese normal, pero ellas tienen una relación diferente ahora, un poco más cercana. Así que, asume que las respuestas de su amiga se deben al cansancio, pues a esta hora es normal que ella se esté arreglando para ir a dormir.
En el edificio, algunos de sus compañeros están viendo televisión. Kirishima los saluda de forma rápida para seguir a su vecina de habitación al ascensor.
El silencio las absorbe. Ninguna de las dos se dirige la palabra.
A pesar del día maravilloso que tuvieron, donde pudieron compartir un tiempo a solas, conversar y pasarlo bien, Kirishima siente que, penas den un paso dentro de sus habitaciones, se separarán y todo volverá a la normalidad. Mañana será otro día más de la rutina. Otro día intentando entender lo que sucede consigo misma, porque la marea no se calma y el barco que la mantiene en pie se ve cada vez peor, como si fuera a derrumbarse de un momento a otro y, por si fuera poco, una gran nube gris la amenaza. Sabe que comenzará a llover.
Es momento de enfrentarse o caer.
Los pasos hasta las puertas de sus habitaciones jamás se sintieron tan profundos.
—Me voy a dormir —la rubia dice, haciendo un ademán con su mano.
Casi por inercia, la toma de la mano y le dice: —¡Espera!
Bakugou la mira con el ceño fruncido, confundida.
—¿Qué te pasa?
No sabe qué decir. Fue un estúpido impulso.
—Yo… quería agradecerte —comenta, intentando sonar segura—. Lo pasé muy bien hoy. Realmente lo disfruté.
—Solo fuimos a comprar ropa, idiota. No es necesario-
—Quizás para ti no es la gran cosa, pero de verdad fue un muy buen día para mí. Eres una muy buena…
¿Amiga?
¿Eso es lo que realmente quiere?
No. Maldita sea. No es lo que espera. No quiere quedarse con ese título.
Como si fuese cosa del destino, escuchan las puertas del ascensor comenzar a abrirse. Es claramente Uraraka. Piensa en soltar la mano de Bakugou, pero no alcanza hacerlo, pues esta abre la puerta de su propia habitación y la lleva consigo para adentro.
Ahora está lloviendo. Su ropa se empapa al igual que el suelo de madera del barco. Todo comienza a crujir.
La mirada de Katsuki es diferente ahora. Mucho más sincera y genuina, pero completamente seria. La pelirroja aprieta sus labios, soltando las bolsas de las compras que traía en su otra mano.
—He pensado mucho en esta mierda, así que es mejor que cierres la boca y escuches bien —le dice, mirándola con seriedad. Sus manos aún no se separan—. Me siento jodidamente extraña cuando estoy contigo. No sé en qué maldito momento comencé a mirarte de manera diferente al resto, pero todo ha sido raro como la mierda desde entonces y-
—Bakugou…
—Joder, solo… tengo estos sentimientos por ti y no sé qué debería hacer...
Kirishima necesita sentarse. Traga duro y suelta la mano de la rubia, caminando hasta la cama. Una vez que se encuentra sentada sobre esta, respira con profundidad.
—Aún me cuesta asimilar todo esto…
—¿Qué cosa?
—El hecho de que… creo que me gustas —murmura, sin poder mirar a la dueña de habitación a la cara—. Llevo un tiempo sintiéndome así y-
—¿Cuánto tiempo?
Ella lo piensa, porque realmente ha sido un buen tiempo. Aprieta los labios antes de volver a hablar.
—Unos meses… casi un año.
Bakugou la mira, frunciendo el ceño. En vez de hablar, simplemente se acerca a ella. Sus rodillas chocan. El rostro de Kirishima es alzado por dos dedos que se sitúan en la parte baja de su mentón.
Los dos pares de ojos rojos chocan. Sus miradas se hablan.
Pero no es suficiente.
Kirishima se pregunta a sí misma si esto es algo normal. Si bien otras veces ha sentido este deseo recorrer su cuerpo, jamás había sido tan fuerte. Es como si en su pecho hubiese una jaula con un ave que da todo su esfuerzo por salir y ser liberada.
Sus sentimientos están atrapados, chocando entre ellos, a punto de estallar.
La lluvia hace que el vidrio de la brújula se limpie. Ahora ve su norte. La marea comienza a calmarse y es más fácil avanzar. Cree tener la respuesta.
Entonces, solo se deja llevar.
De manera inesperada, Bakugou se sienta a horcajadas sobre sus piernas. La menor da un pequeño grito ahogado, que suena como un ruido difícil de entender. Se avergüenza seriamente por eso, pero a su compañera no parece importarle.
Los brazos de la rubia le rodean el cuello de manera suave. Kirishima se queda inmóvil, sin saber bien qué hacer, disfrutando de la calidez que le comparte el cuerpo de su amiga, mientras le mira los labios como si fuese lo único que puede hacer en estos momentos. Pero hay más. Ellas lo saben. En la comodidad e intimidad de esta habitación, sin ojos juzgándolas ni bocas murmurando, son capaces de hacer y deshacer.
El momento es suyo.
Comienza siendo suave. La pelirroja busca los labios de Bakugou, quien se mantiene quieta en su lugar. Sus alientos se entrelazan a medida que la distancia se acorta hasta volverse inexistente. Miles de sensaciones lo recorren. Se siente estremecer solo con ese pequeño contacto, que a la misma vez es tremendamente placentero. Quiere más. Más tiempo, más intensidad.
Es tan bueno.
Es un simple choque y ambas están sonriendo de forma boba cuando se separan. Sin embargo, ninguna tiene la intención de perder el tiempo, pues este es oro puro en estos momentos.
El anhelo por obtener más es fuerte.
El problema aquí es que ninguna de las dos parece tener una gran experiencia con los besos, así que, cuando están abriendo sus bocas, se vuelve algo torpe y lento. Sin embargo, no se están quejando. Por el contrario, siguen intentando mejorar. La nariz de Kirishima se entierra en la pálida mejilla de su amiga —que, siendo sincera, no sabe si es correcto seguir llamándola solo de esa manera— y sus manos se acomodan en la cintura de esta, tomándola suavemente.
Sigue la introducción de sus lenguas, como una especie de experimento que se siente bien, pues no tardan mucho en buscar lugares sensibles dentro de la boca de la otra. En diez minutos, sus labios nunca se separan por completo, pues luego se están dando pequeños mordiscos y secos besos que parten desde la comisura de sus labios hasta el centro, volviendo a la profundidad de antes.
—Quédate aquí está noche —Bakugou le pide, con un susurro contra su oreja.
No tarde mucho en responder, pues no hay nada que pensar. Solo asiente con la cabeza repetidas veces, ansiando volver a besarla.
Puede que Kirishima esté flotando ahora mismo, caminando por esponjosas nubes, pero, como pocas veces en su vida, está realmente segura de lo que quiere.
Porque Bakugou le gusta —demasiado, para ser sincera— y no volverá a intentar reprimir sus sentimientos.
No le importa dejarse caer, si los brazos de su chica estarán para atraparla.
