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Cuando Yin Yu ingresó al cine, no imaginó que su asiento estaría al lado de uno de sus compañeros de la escuela. Aunque iban en grados distintos, conocía a Quan Yizhen por las múltiples ocasiones en las que terminó intermediando en los conflictos que tuvo con alumnos mayores; casi siempre a favor del más joven. Esperaba que no lo reconociera y pudiera disfrutar de la película sin la menor interacción, pero ni siquiera habían terminado los comerciales del inicio cuando Yizhen se percató de su presencia.
Prácticamente saltó en su asiento: una sonrisa de emoción e incredulidad en su rostro.
—¡¿Shixiong?!
Yin Yu se hundió de hombros al escucharlo. Una falsa sonrisa en su rostro mientras lo saludaba con educación; realmente no había querido verse con nadie conocido ese día. Rara vez tenía tiempo libre entre la escuela, tareas y sus trabajos extra, y cuando solía tenerlo siempre había alguien que lo arruinaba.
—Hola —dijo en voz baja.
Aún no empezaba la película, pero siempre le pareció grosero que las personas hablaran dentro del cine una vez las luces eran apagadas. Como si la oscuridad trajera la silenciosa regla de permanecer callados hasta que volvieran a ser encendidas; al final de la película.
—Nunca imaginé que te vería aquí, ¿vienes con alguien?
—¿Me ves con alguien?
Yizhen al menos tuvo la decencia de reírse en voz baja.
Por suerte los comerciales terminaron y la introducción a la película calló cualquier murmullo en el cine, cortando su inicio de conversación. Debido a que ese sería el último día en que se emitiría la película los espectadores estaban mucho más atentos que en otras ocasiones, no deseosos de perderse ningún detalle, y algunos ansiosos de simplemente volver a ver esa película.
Él había visto la versión antigua y las buenas críticas lo convencieron de entrar a ver la nueva versión. Daba la pinta desde su imagen promocional que era algo que valía la pena ver. Nezha. Una modernización del mito que se decía había hecho una adaptación digna de un premio. Las películas animadas no solían sobresalir mucho, así que se interesó bastante al ver la sorprendente recepción que tenía esa.
Intercambiaron entre algunas escenas comentarios, bromas. Yin Yu y Yizhen parecían tener un sentido del humor ligeramente parecido y aunque el primero solía ahorrarse sus pensamientos, le gustó ver que el más joven expresaba en una voz baja lo mismo que había pasado por su mente. Nunca imaginó que le agradaría ver una película con otra persona, aunque no fue como si hubiera sido una reunión planificada.
«¡¿Por qué haces esto?!»
Yin Yu dio un brinco en su asiento cuando a la escena de la película se le sumó un agarre a su brazo. Miró dubitativamente la mano que se aferraba a su antebrazo antes de seguirla hasta su dueño. Yizhen. Parecía que se había emocionado y como reflejo lo había sujetado. El más joven se giró al sentir la mirada de Yin Yu sobre él y al ver el motivo inmediatamente lo soltó.
—¡Lo siento! —exclamó en voz baja.
Yin Yu meneó la cabeza.
—Descuida.
No quiso decir más porque estaba atento a la película, pero esperó que su falta de movimiento le hiciera saber al otro que estaba bien si volvía a hacerlo. No le importaba demasiado si era sincero, aunque el incidente no se repitió: Yizhen se obligó a tener más consciencia de sus reflejos mientras veía la película.
De vez en cuando, Yin Yu desviaba su mirada para ver sus reacciones, la forma en la que la emoción se reflejaba en los grandes ojos de Yizhen o cómo se balanceaba en su lugar era digna de ver; sentía que el otro hacía lo mismo en algunas momentos. Continuaron intercambiando opiniones en voz baja y riéndose en las mismas escenas. Incluso cuando a uno se le acabaron las palomitas y al otro el refresco terminaron compartiendo, como si en verdad hubieran planeado ir juntos.
Cerca del final, Yin Yu se vio obligado a bajar la mirada con atisbos de lágrimas en sus ojos. Desde el inicio había esperado que una escena como esa ocurriría; los trailers decían mucho, pero había dolido más de lo que creyó. El protagonista aceptando su destino, rebelándose a su vez, despidiéndose de sus padres y luchando contra el chico al que había llamado mejor amigo.
«¿Por qué no me mataste?»
El dragón ahora estaba en su forma humana. Ambos se daban la espalda, pero los recuerdos de su primer encuentro sólo aumentaron las lágrimas que se acumulaban en los ojos de Yin Yu. No quería llorar porque en cuanto se encendieran las luces todos verían sus ojos hinchados y ciertamente no quería eso.
«Porque eras mi único amigo».
La confesión del protagonista no hizo más digerible la escena.
Estaba por levantar una de sus mangas para limpiar las lágrimas cuando un pañuelo se plantó frente a sus ojos. Yizhen lo miraba con una sonrisa mientras se lo ofrecía. Era difícil saber si también estaba llorando porque la visión de Yin Yu estaba borrosa, así que no lo pensó mucho cuando tomó el pañuelo y limpió las lágrimas. Sus oídos atentos a la película.
—¡Fue asombrosa! —exclamó Yizhen cuando salieron del cine.
El resto de personas también intercambiaba sus opiniones, pero la voz del más joven parecía superar a las de los otros. Tal vez le parecía así debido a la cercanía con la que caminaban. Cuando las luces volvieron a encenderse se levantaron al mismo tiempo, caminando juntos hacia la salida y los botes de basura. Tras eso continuaron caminando juntos, como si fuera algo completamente normal. Tal vez lo era.
—Fue bastante buena.
—¡Ya quiero ver la segunda parte!
Yin Yu asintió. Podía imaginarse yendo con Yizhen para verla cuando saliera.
El más joven pareció leer sus pensamientos porque no tardó en hablar:
—Iremos juntos, ¿no? ¡Aunque antes de que salga deberíamos reunirnos de nuevo y salir a algún otro lado!
—¿Tal vez ir a comer? —sugirió.
No era el mayor fan de salir, primordialmente por su escaso tiempo libre, pero sonaba llamativa la idea de hacerlo. Se había divertido más de lo que imaginó, aunque tal vez se debió a que sólo estuvieron dentro de una habitación oscura por dos horas mientras una película se reproducía ante ellos.
—¡Suena genial! ¿Qué quieres comer? —preguntó mirando a los restaurantes de comida rápida que los rodeaban—. También podríamos ponernos de acuerdo para ir otro día juntos a alguna pizzería o comer en otra parte. Y después de eso ir al boliche, ¡o al zoológico! Yo me encargaré de comprar los boletos.
La repentina cantidad de invitaciones lo dejó perplejo, pero por algún motivo no pudo negarse. Tal vez fue la convicción en la mirada de Yizhen, o que una parte de él en verdad quería salir más. Quizá incluso porque disfrutaba de su compañía… aunque seguramente era sólo el interés por salir.
