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Incondicional

Summary:

Un álbum de fotos provoca que Tony recuerde a su primer amigo por correspondencia, y todo lo que vivieron juntos hasta la adultez. Un reencuentro más tarde le hace recordar por qué era que al chico lo habían apodado como “El Sol”

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

— Pá Tony, ¿de cuándo son estas fotos? -Peter sostenía un álbum acartonado, bien conservado para lo viejas que se veían las fotos. La mayoría eran de él, de Tony Stark-Rogers, en su niñez y adolescencia. —Se ven antiguas.

— Son de cuando tenía tu edad, mocoso. Gracias por hacerme sentir viejo. -Le revolvió el cabello antes de regresar a la cocina en la torre, Steve estaba en ella preparando la cena.

Natasha y Clint estaban en la sala con Peter, una de las fotos llamó su atención. -¿Y quién es él? -preguntó Clint en voz alta, señalando una foto en particular.

— Sí, Tony, ¿quién es este muchacho? — Tony volvió a acercarse, en la foto que Clint señalaba estaba él, a sus 15 años, recargado en el cofre de un coche con un muchacho apuesto con el cabello largo que parecía una melena de León y sonrisa dulce; ambos reían por un chiste olvidado.

— Es un viejo amigo de la infancia, lo conozco desde los diez años. -Tony sonrió por el recuerdo, la risa de su compañero de antaño estaba en su memoria junto a su dulce voz.

— ¿Conoces, entonces aún tienen contacto? -intuyó Natasha- Que tierno.

Steve escuchaba la conversación y se acercó para no perder detalles. Observó la foto, el compañero de Tony era muy guapo.

— Me parece familiar. Pero no sé de dónde. — Dijo Peter más para sí que para todos. El muchacho tenía un espacio entre los dientes incisivos que recordaba de algún lado. — ¿es famoso?

— Mucho, en la música.

— ¿Y cómo se conocieron? —preguntó Steve al fin, había cosas de Tony que aún desconocía y esta en particular le daba curiosidad.

— Bueno, cuando era niño, mi madre me alentaba a aprender otro idioma y que hiciera amigos de mi edad, entonces me dio un libro de direcciones de amigos por correspondencia y... -rio un poco por el recuerdo, su manita cayendo al azar entre las direcciones- estaba ocupado, creo yo, porque dejé caer mi mano en la página y escogí un nombre al azar. Un niño mexicano, así podría aprender y practicar mi español.

 

— Tony —le había dicho su madre ese día en su habitación. —, cariño, siempre estás aquí, ¿no hay otros niños con los que puedas jugar?

— No madre, tengo mucho que hacer. -Le había respondido el pequeño Tony con su vocecilla.

— Pero, ¿y tus lecciones de español? No haz avanzado casi nada con tu curso en casa. —le señaló los libros abandonados—

— No sirve mucho estudiar si no tengo a alguien con quien practicar, mamá.

— Tienes razón, hijo, ¿qué te parece esto? — María trajo consigo un libro con direcciones— ¿Por qué no te haces con un amigo por correspondencia y así practicas?

— No lo sé mamá, no tengo el tiemp— María lo interrumpió.

— Solo una carta, Tony. Si te agrada tu amigo por correspondencia puedes seguir contestando, sino, no pierdes nada.

— Está bien mamá, pero sólo una carta. —Tony abrió el libro en una página al azar y dejó caer sus dedos, con los ojos cerrados. Cuando los abrió leyó el nombre y escribió ahí mismo la carta frente a María para contentarla, Jarvis la enviaría a primera hora en la mañana.

— ¿Entonces es de México? -preguntó Clint llevándose una mirada de Natasha.

— En efecto. —le respondió Tony casi sin sarcasmo— Yo le escribía en español, y él me respondía en inglés.

— ¿Y luego se vieron en persona, como en las películas? —Peter sonaba emocionado.

— Unas cuantas veces, los dos teníamos agendas apretadas, más él que yo en esos años.

— ¿Recuerdas su nombre? —preguntó Steve.

— ¿Cómo olvidarlo? Su nombre es Luis Miguel.

Fue todo lo que necesitó Peter para buscarlo en internet.

— ¡Es súper famoso, Pá Tony! —el teléfono de Peter mostraba los discos, los conciertos, los premios. — La segunda persona más joven en ganar un Grammy— Siguió contando sus logros, Natasha se dirigió a Tony:

— ¿Aún mantienen contacto?

— Ya no tanto como antes, pero sí. Cambiamos el papel por correos electrónicos y mensajes de texto. — Sonrió orgulloso.

— Y, ¿tienes algo de él para escuchar? — Clint lo provocó.

— Búscalo en Spotify, Legolas —regresó a la cocina a la par de Steve, Tony lo llama:

— ¿Qué tienes, Cap?

— Nada Tony, pienso en cómo pasan los años.

— Pensamos igual entonces...

 

— ¡Tony! —lo llamó María- Tienes correo, hijo.

— ¿De quién? —preguntó sin interés, su proyecto había fallado de nuevo y necesitaba piezas nuevas.

— De tu amiguito por correo, Luis.

— ¿En serio? —se detuvo y recogió la carta de las manos de María. Se quedó de pie sin saber qué hacer.

— Anda hijo, ve a leerla. —lo alentó antes de retirarse, Jarvis lo miraba con una sonrisa. Creía que la carta estaría en español, así que se ofreció a traducirla si lo necesitaba.

— Gracias Jarvis, te llamaré si te necesito — por alguna razón sonreía, no esperaba una respuesta en verdad. La abrió en cuanto llegó a su habitación. Se sorprendió cuando vio que estaba en inglés:

 

“Hola Anthony!

Perdón por tardar tanto en responder pero ocurrió algo que no pude aplazar. En fin, Mi nombre es Luis Miguel, pero puedes llamarme Micky si quieres. Puedo llamarte Tony?

Cuando leí tu carta creí que era de otro nativo del español, en serio lo estás aprendiendo apenas? Es muy bueno! Espero leer más de ti en un futuro. Eres mi primer amigo por correspondencia :).

Si alguna vez vienes a México, pregunta por mi, o por Luis Rey, es mi papá, podríamos tener una pijamada.

                                                   Tu amigo,

                                                 Luis Miguel        
                                                      G. B.

 

——ny, Tony! —era la voz de Steve la que lo llamaba.

—¿Q— qué pasa?

— Te pregunté si querías más puré, ¿no me escuchaste?

— No, perdón me perdí en mis recuerdos. —río un poco ante los ojos azules que lo cuestionaban.

—Bueno, ¿por qué no me sigues contando de tu amigo? Me da curiosidad. —trató de sonar lo más neutro posible.

—Bueno, Luis y yo compartimos cartas durante 3 años, cada que llegaba una, Jarvis la dejaba en mi habitación, a veces me hablaba en español sin darme cuenta para ver mis avances.

—Y ¿qué tal?

— Aprendí lo suficiente como para pedirle a Luis que me enviara cartas en español de vez en cuando.

 

Las cartas continuaron yendo y llegando, Tony sentía que Luis era el hermano que nunca tuvo, alguien a quien podía confiarle mucho más que a nadie, sus miedos y sus disgustos. Aprendió que el padre de Luis era igual o incluso peor que Howard, que tenía pocos hermanos pero los quería mucho a todos. Que su madre era una actriz de origen italiano.

Un día, la carta llegó con un paquete, un disco de vinilo, y en la portada venía la foto de un niño muy bello, con el cabello lacio y largo hasta los hombros, tenía los ojos verdes y la piel pálida. El niño veía a la cámara con una expresión soñadora. 

— ¡Este debe ser él! — Contó un Tony casi adolescente a Jarvis, por alguna razón nunca se había preguntado cómo era que se veía Luis Miguel, pero pudo ver, que era un niño hermoso. — Jarvis, ¿puedes poner el disco?

—Por supuesto. —El mayordomo tomó el vinilo del sobre y lo colocó en el tocadiscos, una suave melodía salió del megáfono junto a una voz juvenil casi andrógina cantando sobre una cita entre adolescentes yendo por helado, la voz era suave y dulce, si miraba la foto del chico en el sobre del disco podía imaginarlo hablando:

En una de las cartas Luis había mencionado que le gustaba cantar, y que pronto sacaría un disco. Tony, en tono de broma, le dijo que cuando le hiciera que le enviara una copia para escucharlo. No creyó que lo haría. Un comentario a modo de broma inició una tradición casi anual. Cada que Luis sacaba un disco nuevo, le enviaba a Tony una copia de la primera tirada. Tony los llegó a escuchar todos y guardarlos.

Hablando de eso...

— Viernes. —llamó al AI.— ¿Todavía tenemos los discos que me envió?

— Sí señor —respondió la voz mecanizada— Todos los discos están resguardados en uno de los sótanos.

Ante la mirada de Steve, Tony se levantó y llegó al ascensor. — Ya vengo.

Steve, junto a los demás, se quedó se quedó en la mesa, perplejo con el cambio de ánimo repentino de Tony, viéndolo casi correr por recuperar un recuerdo.