Chapter Text
El problema con Phil es que él era muy considerado, Dan decidió. Él era muy todo, realmente. Muy amable, muy creativo, muy apasionado, muy inteligente. Y él era muy bueno para Dan –eso era seguro.
Últimamente, Dan se encontraba a sí mismo mirando su techo. Las manos detrás de su cabeza, los pies colgando sobre el borde de la cama mientras se recostaba de manera incorrecta, reflexionando sobre cosas de las que no debe reflexionarse mientras se está solo. Phil, por supuesto, había notado su tendencia a la soledad, y un día, le dio a Dan un empaque lleno de estrellas de plástico.
—Para tu “Paraje Pensativo” —dijo con una sonrisa tímida—. Brillan en la oscuridad.
Dan sólo le miró desconcertado, lo cual hizo flaquear un poco a Phil.
—Sólo imaginé que querrías algo bonito para ver mientras te recuestas ahí —Phil dijo silenciosamente, bajando su mirada al piso.
—Gracias, Phil. Me gustan —Dan respondió con una pequeña sonrisa curvando sus labios.
Y era cierto –realmente le habían gustado las estrellas. Cuidadosamente, las puso en su regazo, haciendo su mejor esfuerzo en tratar de recrear algunas constelaciones. Y luego decidió que los Antiguos Griegos o quienes fuesen los que habían determinado que aquellos puntos aleatorios de luz parecían osos estaban absolutamente chiflados, así que sólo las pegó arriba sin ningún orden.
Sólo ahora, aquellos estúpidos pedazos de plástico lo hicieron cuestionar la vida de la manera más absurda. Sólo se sintió más pequeño, mirándolas e imaginando que eran reales. En un universo infinito con un número infinito de lugares y planetas y estrellas, ¿cuál era el punto? Nada de lo que hiciera importaría en el gran esquema del universo. Nada que cualquiera hiciera, en realidad. Él tenía 22 años y el universo era más viejo que el infierno. Algún día, la Tierra y todos los que hubiesen vivido en ella –un pequeño punto de luz en el radar de los ojos del universo–, se habría ido, y al universo no le importaría una mierda. Todo continuaría. El universo seguiría expandiéndose, supernovas explotarían, estrellas nacerían y morirían, y con un demonio, no otra vez.
Dan cubrió su cara con sus manos, maldiciéndose a sí mismo por pensar mucho –de nuevo. Casi quería culpar a Phil por darle las tontas estrellas en primer lugar, pero tampoco era tan infantil. Eran muy reflexivas para ser un regalo. Y no eran el “algo bonito” que Dan quería mirar cuando se estaba perdiendo a sí mismo por otra maldita crisis existencial.
Si tenía que mirar a esas brillantes piezas burlonas de mierda por más tiempo se volvería loco. Suspiró, se levantó de su cama y bajó sin prisa las escaleras para la sala. Phil estaba sentado en el sofá rebuscando recientes Internet News potenciales, con las cuales Dan debía haberle ayudado. Dan se puso de rodillas y descansó su barbilla en la rodilla de Phil, esperando un poco impaciente para que éste lo saludara. Los ojos de Phil se posaron en la cara enfurruñada de Dan, pero rápidamente regresó la atención a su trabajo.
—¿Obtuviste algo bueno? —Dan preguntó.
—Unas cuantas cosas. Fui a pedirte ayuda pero lucías un poco preocupado. ¿Está todo bien?
—Sólo contemplando la inutilidad de todos los esfuerzos humanos en el gran esquema de un monstruoso universo que no se verá afectado en lo más mínimo cuando nosotros y todo lo que conocemos cese de existir.
—Bueno, hoy alguien salvó un gatito de una alcantarilla —Phil replicó con alegría. Era un verdadero rayo de luz.
—Al universo no le importa.
—Pero al gatito sí —Phil dijo, finalmente mirando directamente a Dan. Suspiró, cerrando su laptop y dejándola a un lado—. ¿Quieres hablar de eso?
Esa era la última cosa que Dan quería, realmente. Él quería una distracción. Algo para hacerlo sentir que no todo era en vano o que podría gritar en la parte superior de sus pulmones y éstos harían eco.
—No —Dan dijo, escabulléndose hacia las piernas de Phil y montándose en su regazo. Las manos de Phil se colocaron en las caderas de Dan de forma automática, pero aun así parecía titubeante, su labio superior enrojeciéndose a medida que lo mordía.
—Dan… ¿Necesitamos hablar de esto? —Phil dijo, y Dan estaba tentado a hacerse el tonto. No, ellos ciertamente no acordaron en ir ahí. Ellos eran mejores amigos. Follaban cuando les era conveniente. Funcionaba.
—No —Dan repitió.
—Lo siento. Yo solo… —Phil bajó sus manos a los muslos de Dan, acariciándolos ligeramente mientras continuaba—, pensé que podría estar contribuyendo al mal humor que has tenido últimamente. Has estado un poco, no sé como decirlo amablemente, necesitado. No es que esté indispuesto, pero estoy asustado de que me estés usando como una forma de alejar todos esos pensamientos en lugar de lidiar con ellos.
Muy perceptivo.
—¿Es eso algo malo? —Dan dijo indignado, poniendo sus manos en el cuello de Phil, alisándolo con precisión médica.
—Dan —Phil insistió, colocando una mano en el costado de la cara de Dan y moviéndole un cabello cercano para que le mirase—, necesito saber que estás bien. Soy primero tu mejor amigo y una “distracción” después. Habla conmigo antes de seducirme como una forma de quitarte estrés. Eso es todo lo que pido.
Muy sensible.
Pero ese era el problema –los roles que Phil jugaba en la vida de Dan se estaban juntando y volviéndose inmensamente difíciles de separar. Ellos habían decidido hace mucho tiempo que su amistad era lo más importante. Viniera el infierno o agua hirviente, ellos eran mejores amigos. Y luego Dan sólo tenía que ir y besar a Phil y hacer todo complicado.
Y luego esas bobas estrellas tenían que venir y hacer que Dan se diese cuenta por qué nunca había persuadido a Phil propiamente: miedo. Él había tenido, y aun tenía, miedo de joder todo y tenía miedo de ser un mal novio y tenía miedo de lo que la distancia le hiciese algo luego de que Dan supiera lo que era estar completamente envuelto en Phil mientras él dormía.
Así que nunca se permitió llegar a ese punto. Ellos hicieron un acuerdo mutuo en que el compromiso no era algo que necesitasen, pero tenían, tú sabes, necesidades. Así que se hacían los tontos cuando estaban aburridos o calientes o, cada vez más en el caso de Dan, cuando necesitaran quitarse estrés. Luego de que se mudasen juntos, Dan sabía que al menos un problema con estar en una relación real con Phil estaba resuelto, pero estaba contento con ignorarlo.
Sólo esas malditas y estúpidas comedias románticas estaban en lo cierto porque era muy difícil separar la intimidad física de la conectividad emocional cuando él tenía ambas con la misma persona. Pero al universo le importaba una mierda que Dan estuviera luchando con la forma en la que Phil lo estaba mirando con toda la sinceridad del mundo con los estúpidos océanos que tenía por ojos –y Dan se estaba ahogando.
—Estoy bien —Dan dijo, empujándose hacia adelante y presionando sus labios en el cuello de Phil antes de que éste último tuviese tiempo de examinar su cara. Phil se estremeció, lo cual sólo alentó a Dan, quien comenzó a desabotonar la camisa de Phil—. Sólo te quiero a ti.
Palabras como esas suponían que se debía activar el interruptor: está bien, ahora nos estamos haciendo los tontos. Deje amablemente la amistad en la puerta y tenga diversión. Sólo que el interruptor de Dan ya no estaba funcionando apropiadamente, y sólo quería a Phil –completa y enteramente. Y estaba muy asustado de decírselo porque él era una mierda y al universo no le importaba si tenía sentimientos por Phil, así que sólo se encargaría y, si su pequeña e insignificante vida le importaba del todo, haría lo mejor que pudiese para no joder todo.
—Me gusta perderme en ti —Dan continuó, respirando cálidamente contra la oreja de Phil mientras le ayudaba a quitarse su camisa.
—Ayúdame a encontrarte —Phil respondió con voz ronca mientras tomaba la cara de Dan entre sus manos y lo besaba. Dan estaba esperando algo forzoso; así era usualmente como eran los roles entre ellos en las sábanas (o se suponía), que sólo se manejaban por la lujuria. Pero los labios de Phil eran suaves, cálidos y lentos contra la boca de Dan. Los dedos de Phil se arrastraron sobre la espalda de Dan hasta que llegó al dobladillo de su playera y la levantó. Dan sacó sus brazos fuera de las mangas y prácticamente aventó la tela sobre su cabeza y la lanzó al otro lado de la habitación.
Phil inmediatamente tomó la cara de Dan en sus manos y –en un acto tan tierno que hizo que el corazón de Dan diera un vuelco–, presionó un beso en la frente de Dan antes de hacer su camino devuelta a sus labios.
Besar a Phil siempre tenía un fin –estaba básicamente entendido que iban a tener sexo cada vez que comenzaban, hasta que uno de los dos decidía que no estaba de humor o lo que fuera. Esta vez se sentía diferente.
Sus bocas se amoldaron lentamente, sin siquiera importándoles que sus labios estuviesen resecos y pegajosos. Dan tomó el labio superior de Phil entre sus dientes, inclinando su cabeza hacia atrás hasta que éste estuviese liberado. Antes de que pudiese hacerlo otra vez, Phil enredó sus brazos alrededor la espalda de Dan, giró sus cuerpos y derribó a Dan, por lo que quedó tumbado de espaldas y Phil encima de él. Dan rio.
—¿Qué hay contigo y el taclearme?
—Es lo más divertido que he hecho —Phil molestó, poniéndose entre las piernas de Dan.
—¿Es eso? —Dan replicó, colgando sus piernas alrededor de Phil y clavándole sus talones en la espalda baja, queriendo tocarlo lo mejor posible.
—Mhm —Phil asintió, mirando a Dan con una tímida medio sonrisa con su flequillo colgando de su cara. Todo lo que faltaba eran los bigotes de gato, y quizá habrían sido 4 años antes: la primera vez que habían hecho eso.
—Yo también —Dan dijo, su voz tan pequeña como aquella vez, y peinó el cabello de Phil con sus dedos y lo puso fuera de su cara—. Tienes una hermosa frente —Dan dijo, incapaz de reprimir una risita, que no estaba en el guion.
—Tú tienes un hermoso todo —Phil contestó, captándolo. Era divertido como aquellas palabras tenían el mismo efecto en Dan por segunda vez consecutiva. Dan quiso preguntar si lo decía en serio; pero, justo como la última vez, las palabras se atoraron en su garganta, así que se irguió sólo lo suficiente para besar a Phil –rápida y tímidamente. Sólo que él no le dejó retirarse esta vez.
Los brazos de Phil aún estaban alrededor de la espalda de Dan, sosteniéndolo. Phil selló sus bocas de nuevo, empujándolos a ambos hacia adelante para que así cayeran contra los cojines. Dan arrastró sus uñas contra la lisa espalda plana de Phil, bebiendo de su calidez y la sensación de estar completamente encerrado en la esencia del sudor de Phil y algo dulce.
Era justo como la primera vez: lento, paciente y apasionado. Y, por dios santo, sólo se estaban besando. Dan no podía recordar la última vez que él había besado a alguien sólo con esa intención. Un arremolinado, ajustado placer se coló en su estómago. Mariposas. Era un hombre maduro con mariposas, porque el hombre que se suponía estaba follando lo hacía sentirse amado.
Pero Phil ciertamente no lo amaba. No podía. ¿Que no el amor requiere alguna clase de reciprocidad? Y con eso, ¿Dan no necesitaba darle algo a Phil para que lo amase? Claro, era muy bueno en el sexo oral y eran mejores amigos, pero Dan no era tan considerado como Phil. Él era irresponsable, inconsciente y emocionalmente muy constipado para siquiera envolver su cabeza con el pensamiento de que Phil podría amarlo también.
Y si lo hiciera, habría dicho algo. Phil era valiente –él estaría dispuesto a tomar la oportunidad y decirle a Dan acerca de sus sentimientos. Él no sería lo suficientemente tonto como para sufrir en silencio por años, queriendo algo más, como Dan.
Y todo eso fue demasiado, porque Phil estaba presionando sus labios en el cuello de Dan, y su respiración era cálida y su tacto ligero como una pluma en las costillas de Dan. Ciertamente, él no estaba permitido para hacer eso cuando Dan quería ser tomado fuera de sí mismo. Él quería sólo una sensación y parar de pensar demasiado pero Phil estaba siendo inusualmente gentil y deliberado y mierda.
—Phil… —Dan logró soltar, y se suponía que eso debía ser una pregunta, pero su voz no le dejaría asumir la entonación apropiada. Su garganta se puso tensa y pudo sentir lágrimas saliendo de sus ojos porque él estaba realmente y bien jodido. Al universo no le importaba, y tampoco a Phil. Phil sólo estaba mezclando todo, haciéndolo más intenso para ambos. Porque Phil era un hombre maduro con control sobre sus emociones, y Dan era un niño necesitado.
Dan nunca quiso que se terminara esa sensación: pretender que ellos realmente estaban juntos y que ellos hacían el amor en lugar de sólo follar y que él podría estirarse para alcanzar la mano de Phil y saber que ésta estaría ahí para entrelazar juntos sus dedos y guiarlo para cuando estuviese perdido. Y él estaba tan perdido.
—¿Dan? —el suave susurro de Phil lo trajo devuelta a la Tierra. Phil limpió una lágrima con su pulgar, arrugando su frente con una creciente preocupación mientras miraba a Dan—. No estás bien, ¿o sí?
—No —Dan respondió con voz gruesa.
—Realmente no lo pensé. Ven aquí —Phil se desenredó de Dan y empujó a éste a su regazo, abrazándole y presionando la cara de Dan en la curva de su cuello. Y eso era exactamente lo que más y menos necesitaba.
—Lo siento —Dan musitó en el hombro de Phil, pensando que eso compensaría todo. Perdón por ser tan estúpido no dijo. Perdón por amarte cuando se supone que no debería. Perdón por estar a punto de joder todo.
—No puedo seguir haciendo esto —dijo Dan.
—¿Qué quieres decir?
—Hay una razón por la que estaba citando nuestra primera vez, Phil. Esta vez se sintió… diferente, sólo ahora.
Phil se movió, soltando un poco a Dan.
—Estabas dolido. Imaginé que debía tomarlo lento —masculló.
—No es tu trabajo el cuidarme —Dan inhaló.
—Bueno, alguien tiene que hacerlo, desde que tú eres el que se está lastimando en primer lugar.
Dan retrocedió, irracionalmente ofendido por la declaración. Era enteramente cierto, por supuesto. Pero él era demasiado orgulloso para aceptarlo.
—Quizá no lo haría si no estuviera jodidamente enamorado de ti —Dan espetó, y luego inmediatamente mordió su lengua, queriendo tomar de vuelta las palabras lo más pronto posible mientras pasaban por sus labios, pero era demasiado tarde. Bien hecho, Dan, se regañó a sí mismo mientras su estómago le daba una horrible estacada. Jodiste todo, justo como sabías que lo harías. No se atrevió a mirar a Phil mientras salía perturbado de la sala en busca de su playera.
—Dan —dijo silenciosamente Phil, mientras recuperaba la palabra que lo había perforado.
Dan no lo esperó para que continuase y se limitó a subir dos escalones a la vez. Necesitaba salir de ahí. Tomó su billetera y llaves, y no pudo evitar el dejar de mirar a sus ojos hacia arriba a la única fuente de luz en la habitación. Se subió a su cama y quitó una de esas mierdas del techo, enterrándose sus puntiagudos costados en su mano.
—¿Dan? —Phil se había materializado en su pasillo, y Dan no tenía idea cuánto tiempo había estado ahí. Dan miró fijamente a sus zapatos, los cuales había terminado de ponerse—. Por favor, di algo.
—¿Qué quieres que diga? —se levantó y rodeó a Phil, cada línea de su cuerpo aun a la defensiva. Excepto las pequeñas cosas que lo delataron: el temblor en su mano izquierda, el temblor en su labio inferior.
—Lo que sea. Dime qué es lo que está pasando por tu cabeza —Phil pidió gentilmente. Dan se mofó.
—Creo que ya he dicho suficiente.
—¿Escucharías si yo digo algo?
—Tienes mi entera atención —Dan espetó. Phil tragó.
—Así no es como quería que pasara —dijo finalmente dejando caer su mirada. El silencio siguió, y cuando miró de nuevo hacia arriba, Dan lo fulminó expectante, tratando de mantener su mirada lejos de la línea de sus hombros desnudos. Phil aún no se había puesto su camisa, lo cual no ayudó en nada a la concentración de Dan.
—Estabas en lo correcto cuando interpretaste lo que acaba de ocurrir. Estaba tratando de decirte algo.
El concepto abstracto de una simple palabra hizo estallar el estómago de Dan, floreciendo a través de su pecho en un fractal agudo. Quizá. Una ambiciosa palabra que le permitió, por una fracción de segundo, tener un poco de esperanza. Pero sus fosas nasales se inflaron, se negaba a tener el pensamiento de que Phil de hecho podría quererle también.
—No jodidos nací ayer, Phil. No me consientas. No necesito que me mientas para evitar que salte.
—No podría mentirte si tratara. Me conoces. Haría cualquier cosa para evitar que saltases. Pero debes saber que nunca mentiría acerca de esto: te amo, Dan.
La palabra, dicha en alto, se quebrantó y dispersó como un vidrio roto a través del silencio entre ambos. Pero Phil realmente no lo decía en la manera que Dan quería.
—Sí, claro, me amas. Como a un amigo. O como a un hermano. Un hermano al cual ocasionalmente le follas el trasero cuando estás aburrido y caliente.
La mandíbula de Phil se cayó y éste se recargó contra el marco de la puerta.
—¿Cómo puedes decir eso? Eso es realmente insultante para nuestra amistad, ¡y lo sabes!
Dan podía sentirse a sí mismo cavando su tumba, pero parecía que no podía parar.
—¿Amistad? —escupió Dan—. Sigues usando esa palabra, pero no estoy realmente seguro de que sepas qué significa. Los amigos no duermen en la misma cama, no se follan entre sí y, ciertamente, no se enamoran. ¿Así que quieres llamar a esto una amistad? Diría que eso es una definición muy liberal de la palabra.
—¿Así que entonces no somos amigos? —Phil contestó, luchando por mantenerse entero—. Concuerdo contigo, porque los amigos se cuentan unos a otros cuando algo les molesta, en vez de guardárselo por quién sabe cuánto tiempo dejándolo pudrirse como esto, hasta el punto donde no es posible repararlo.
Aunque él hubiese comenzado, escuchar a Phil decir eso provocó que el estómago de Dan se situara en algún lugar entre sus tobillos.
—No —dijo en voz baja, retractándose—. Por supuesto que somos amigos.
—No lo somos —Phil dijo firmemente—. Siempre hemos sido más.
Y eso, de todas las cosas, fue la frase que más causó que la débil compostura de Dan se presionara.
—¿Más? ¿Cómo puedo posiblemente pedir más que esto? —explotó, oscilando su mano en una salvaje articulación—. ¿Más de lo que ya he tomado de ti? Todo lo que haces es dar y dar, y yo te absorbo como el niño quejumbroso que soy. ¡Y debería estar agradecido por lo que me das! Debería sentirme afortunado que, aunque nunca me amarás, por lo menos llego a fingir que lo haces por una hora al día varias veces a la semana. Pero eso no es lo suficiente bueno para mí, ¿o sí? Por supuesto que no, ¡porque soy un egoísta de mierda y siempre tengo que ponerle emoción a algo tan sencillo como tu pene debajo de mi garganta! Debería ser simple, pero no, ¡porque lo he arruinado todo! ¡Lo arruiné! ¡Porque soy un desastre!
Colapsó jadeando con sus puños cerrados tan fuertemente que sus nudillos estaban blancos gracias a la tensión que la estrella de plástico hacía, cortando profundamente la palma de su mano.
—Dan —Phil dijo cautelosamente, tomando unos cuantos pasos en retroceso con su mano extendida.
—No me jodidos toques —siseó Dan—. Sólo me enamoraré más de ti y todo se pondrá peor.
—Realmente no lo entiendes, ¿verdad? —Phil dijo tranquilamente con su mano aún extendida—. Te conozco mejor que cualquiera en este planeta, y estoy diciéndote que te amo. Más de lo que comprendes. Te quiero al lado de mí en todo lo que haga. No te cambiaría por nada ni nadie.
—Lo harías. Y a veces deseo que ya lo hubieses hecho. Podrías cambiar mi arrepentido trasero angustioso por un burbujeante y sociable novio que no tenga dos toneladas de un peso autoimpuesto cargando en sus hombros. Desearía que me cambiaras por alguien que pudiera amarte en la manera que te mereces. Quiero hacerte feliz, pero no puedo.
—Alguien que escuchara sería bueno, sí. Claramente estás perdiendo mi punto si crees que querría hacer eso. Te escogería todas las veces No sé qué más puedo decir para hacer creértelo.
Hubo un largo y doloroso silencio antes de que Dan pudiera hablar.
—Nada —suspiró—. No hay nada que puedas decir.
—No creo que salga ileso si tratara de demostrártelo.
Dan se tironeó un poco hacia atrás al escucharlo, posando su mirada en la cara de Phil, buscando signos de decepción. La boca de Phil estaba presionada en una línea determinada y sus cejas estaban dibujadas hacia adentro, pero no había falta de sinceridad dilatada en sus ojos.
—¿Perdón? —Dan preguntó estúpidamente.
—Quiero besarte, pero tengo miedo de que me golpees.
Dan sintió tensarse su garganta. Él quería que Phil lo besase. Él lo quería más de lo que necesitaba respirar.
—Nunca podría golpearte —admitió.
—Estoy muy seguro de me encontrarías algunas marcas de latigazos ahora mismo, si me permites —Phil masculló rotundamente. Dan luchó contra una pequeña, espontánea, vaga y dolorosa sonrisa.
—Eso no cuenta —dijo—. Tú me suplicaste por esas.
—Calla, Howell —Phil dijo, arqueando la esquina de su boca. Él corazón de Dan dio una dolorosa punzada y empujó la estrella de plástico en su bolsillo.
—Cállame.
Era un reto para ambos y una invitación para Phil para besarlo; y Phil lo tomó como eso, acortando la distancia entre ellos con unas cuantas zancadas. Deslizó sus brazos alrededor del cuello de Dan, acercándose una pequeña fracción, necesaria para presionar sus labios juntos. La boca de Dan inmediatamente se separó en un hábito irrompible y sus dedos se arrastraron a través de la piel desnuda de la espalda de Phil con desesperación.
Phil correspondió inmediatamente, lamiendo dentro de la boca de Dan y agarrando firmemente su cabello entre sus dedos. Y Dan gimió, porque la chispa de electricidad obtenida por la boca de Phil en la suya parecía nunca fallar. Su lengua se enredó con la de Phil de manera urgente, y de repente él estaba dejando más marcas en la espalda de Phil porque estaba ahogándose otra vez, y Phil era su oxígeno.
Hubo un agitado movimiento mientras Phil maniobraba a Dan hacia atrás y las partes traseras de sus rodillas chocaban con el costado suave de la cama y estaban extendiéndose a través del colchón, Phil apoyándose sobre Dan en un hombro mientras colocaba sus dedos debajo de la playera de Dan, suave, delicada e íntimamente.
Y no era una intimidad artificial; no eran los toques gentiles aquí y allá que guiaban de manera fundamental a un inevitable fin del juego. Era la clase de intimidad natural compartida por amantes. A pesar de que inclinó más su boca para permitirle a Phil un mejor acceso, Dan pudo sentir aquella incómoda opresión brotando de su pecho y repentinamente ahí estaba de nuevo la inoportuna marea de lágrimas contra sus mejillas.
Phil debió haber sentido la humedad, porque se apartó y su rostro se ensombreció.
—¿Qué pasa, Oso? —susurró, extendiéndose hacia la mesita de noche de Dan para tomar una frazada.
Dan forcejeó para sentarse, chocando con el pecho de Phil en el proceso, y no pudo evitarlo –se envolvió en él, sus brazos deslizándose entre los planos y las curvas de los hombros de Phil como vides deslizándose y asegurándose de que la base lo apoyaría.
—Oye, oye, está bien. No voy a ninguna parte —dijo Phil abrazando a Dan firmemente.
—Lo sé —dijo Dan.
Pero deberías, no dijo. Estarías más feliz si lo hicieras.
—Te amo —Phil contestó, acariciando la espalda de Dan.
No, no me amas, no dijo Dan. No lo suficiente.
—También te amo. Pero yo… Yo sólo, no lo sé, necesito despejar mi mente. Te he estado dejando hacer eso por mí un buen rato. Creó que iré por una caminata.
A regañadientes, se separó de Phil y se levantó.
—Es tarde —Phil replicó—. ¿Por qué no mejor te quedas a dormir?
—No creo que pueda dormir ahora —musitó Dan. Sólo quiero dormir al lado de ti, pero no puedo.
—Está bien. ¿Pero por qué tengo esta extraña sensación de que no regresarás?
—Lo haré.
—Tal vez no del todo.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Siento como si —Phil pausó y pareció considerar sus palabras cuidadosamente—, como si apenas te hubieses vuelto mío y ya te estoy perdiendo.
—Prometo que regresaré —dijo Dan, aunque sabía que esa no era la respuesta que Phil quería oír. Siempre regreso a ti.
—Está bien. Cuídate.
Dan asintió, pero no pudo confiar en sí mismo para hablar. Se inclinó hacia adelante brevemente y presionó sus labios con los de Phil –fue limpio y un poco torpe, sus labios ligeramente húmedos aferrándose mientras se apartaba. No miró atrás mientras caminaba con dificultad fuera de la puerta –sabía que la imagen de Phil sentándose ahí con sus tristes ojos azules le quemaría por siempre el cerebro si lo hacía- y bajó las escaleras. Cerró la puerta frontal detrás de él y se encaminó sin un destino particular en mente.
Se arrepintió de no haber tomado la prevención de llevar una chaqueta consigo mientras el aire de la noche era glacial, húmedo y se pegaba a su piel. Metió sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones, pero sus dedos chocaron dolorosamente con la estrella de plástico. La retiró y ésta brilló dócilmente en la palma de su mano.
Dan no sabía si podría odiar un objeto inanimado de manera tan intensiva. Si no fuera por aquellas estrellas estúpidas nunca habría tenido que sufrir su mini colapso psicótico en primer lugar. Quería tirarla –sólo lanzarla en la calle vacía y librarse de ella- pero no podía permitirse el hacer basura. A Phil no le gustaba.
—Demonios —musitó.
Giró su mirada, buscando una papelera, y en vez de eso una fuente a una cuadra se cruzó en su mirada. Una continua corriente de agua estaba rebosando en la orilla. Funcionaría.
Caminó hacia ella, mirando cautelosamente alrededor, como si alguien más estuviese lo suficientemente loco como para estar fuera tan tarde. Cerró sus ojos, apretando la estrella en su mano por última vez.
Deseo que Phil pueda encontrar a alguien más. Alguien que pueda hacerlo feliz y darle todo lo que quiera.
Dan lanzó la estrella en la fuente y la escuchó golpear el agua con un satisfaciente plop. Cerró sus ojos, respirando el aire fresco y deseando que tuviera algo más feliz que desear.
Pero no lo tenía, así que se alejó de la fuente, enderezó sus hombros contra la fría brisa e hizo su camino de vuelta al departamento. Phil se movía en su cama mientras Dan pasaba por delante de su habitación. La cama de Dan, cuando se acurrucó en ella, aun completamente vestido, nunca se había sentido tan vacía.
X
Dan se estiró, dejando salir un satisfecho maullido mientras sus extremidades tronaban. Se giró, agarrando sus brazos en su pecho desnudo. Espera.
Dan parpadeó rápidamente, frotandose sus ojos y mirando alrededor de la habitación oscura. Divisó unos objetos familiares –su lámpara de ámbar, su piano, unos cuantos peluches- pero algo estaba mal. Se sentó con brusquedad, mirando alrededor y casi cayéndose de la cama cuando su mirada se posó en una forma distintivamente femenina tendida al lado de él.
¿Qué demonios?
Brincó fuera de la cama, vistiendo sólo un bóxer negro, retrocediendo con pánico en lo que aparentemente era su habitación, aunque no luciera en nada como ella. La chica en cuestión, que había estado durmiendo, se sacudió despierta ante su movimiento rápido.
—¿Dan? —preguntó, y él se detuvo en seco. Su acento era americano.
—¿Y quién jodidos eres tú? —espetó. Deseó que a cualquier dios que estuviera escuchando que ella no fuera una fan.
—Debería estar ofendida si no supiera qué tan ebrio estabas anoche —dijo impertinentemente, empujándose en una posición para sentarse. Levantó una ceja—. ¿Realmente no recuerdas nada?
—Ni siquiera sé dónde jodidos estoy —dijo mientras sus ojos miraban alrededor de la habitación una vez más. Estaba llena de sus posesiones, pero no tenía otra sensación de familiaridad.
—Me suena a un problema personal —dijo la chica, ladeando su cabeza hacia un costado—. ¿Mucha resaca? Dijiste que esta era tu casa. Tenías la llave y todo. Y estabas demasiado ebrio como para robar las llaves de alguien más. Lógicamente, debemos asumir que el departamento es tuyo.
—¿Dónde está Phil? —preguntó más para él mismo, pero ella lo escuchó.
—Y ahí está el famoso nombre —dijo, chasqueando su lengua. Puso su largo cabello castaño detrás de sus hombros desnudos fijando su mirada en la cara de Dan—. Así era como me seguías llamando mientras follábamos. ¿Exnovio, supongo?
—Uh… ¿no? Él vive conmigo… —Dan se desconectó, toda su cortesía disipándose mientras dejaba la habitación para explorar “su” departamento. No, ciertamente nunca había estado antes ahí, y ciertamente no era el departamento que compartía con Phil. Se tropezó con lo que aparentemente era una oficina con su Mac y una gran pila de papeles situándose en el escritorio y unos cuantos marcos en las paredes.
Se sentía nauseabundo –seguramente esto era sólo una pesadilla muy vívida. Se medio regresó de vuelta a “su” habitación, sólo para encontrar a la chica vistiéndose.
—¿En qué ciudad estamos? —preguntó de manera franca.
—La última vez que revisé: Londres —contestó—. A menos que nos hayamos teletransportado durante la noche.
—Estarías sorprendida —masculló, rascando la parte trasera de su cuello y haciendo una mueca mientras encontraba evidencia de un chupetón bastante entusiasta. Frunció el ceño—. ¿Qué demonios es esto? —preguntó, deliberadamente irritado. Ella miró y no se molestó en tratar de esconder su sonrisa.
—Estoy un poco celosa —respondió fácilmente—. Tienes un hermoso cuello.
—La única persona que ha hecho eso, que está permitida de hacerlo, es Phil —espetó Dan irracionalmente molesto. La chica, en cambio, no parecía ofendida –de hecho, sólo terminó de ponerse sus zapatos y se levantó, colgando su bolso sobre un solo hombro.
—La cosa se complica —dijo sarcásticamente—. Mira, no es que me interese, pero ciertamente tienes unos cuantos problemas sin resolver a los que quizá quieras echarle un vistazo. O, tú sabes, tomar unas vacaciones. Ver a un terapista. Encontrar a ese tal “Phil”, quién aparentemente es tan bueno en la cama como yo. Algo. Te hará un mundo mejor.
—Claro. Bueno, probablemente conozcas la salida mejor que yo. Gracias, creo.
—Haré una suposición educada y diré que probablemente no quieres mi número —dijo ella, de brazos cruzados, dando un suspiro pesado y llevando su mano al brazo de Dan de manera afectiva—. Qué mal. Bueno, buena suerte acomodando tus mierdas, Dan.
—La necesitaré —dijo, abriendo la puerta para ella mientras esta caminaba fuera de ella.
Qué demonios.
—Oh, y por cierto —añadió ella antes de que él pudiera cerrar la puerta—; si ayuda, cuando te conocí anoche, estabas hablando con tus amigos acerca de qué ibas a hacer para tu cumpleaños número 30.
