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Language:
Español
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Published:
2020-04-23
Words:
2,072
Chapters:
1/1
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2
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12
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76

Volver a empezar

Summary:

Luego de todos los sucesos obrados por Yao. Lan Zhan debe lidiar con la tristeza de su hermanos Zewu-Jun. El volver a revivir los recuerdos del pasado lo lleva a enfrentar a Wei Wuxian.

¿Será capaz de abrir su corazón y liberar todo aquello que lo carcome?

Notes:

Bueno, hace mucho no escribo y decidí atreverme a escribir sobre "The Untamed" y los novios. Agradezco a mis amigas por la motivación para hacerlo y los muchos chillidos que hemos dado juntas en tiempos en donde la cuarentena nos puede estresar más de lo que pensamos.

Espero lo disfruten y disculpen lo poco ._.

Work Text:

 

La paz por fin había llegado a Descanso en la nube. Poco a poco los diferentes miembros del clan Lan iban volviendo a aquel hermoso lugar. La brisa de las montañas y los suaves sonidos de las cascadas traían la paz que muchos anhelaban luego de los últimos acontecimientos obrados por Jin Guanyao.

Lan Zhan salió del palacio de Zewu-Jun sintiendo un poco de tristeza al ver a su hermano en condiciones no muy dignas para los renombrados gemelos de Jade. La conversación había girado en torno a la traición de Yao hacia los clanes, pero Lan Zhan sabía que su molestia y tristeza iba mucho más allá que una pelea de clanes. Yao había traicionado años de algo que había ido más allá de una simple amistad. Con pesar, Zewu-Jun le había hablado del dolor que sentía al haber perdido a quién realmente había ganado su corazón. Todo por una venganza y la sed de poder de Yao, a quien no le importó pasar encima de todos incluso él.
 
Caminó por los senderos a paso lento. Las palabras de su hermano, tratando de contener las lágrimas, le causaba un profundo dolor. Cada palabra que salía de su boca se deslizaba con palabras escuetas pero precisas. Se detuvo al borde de la cascada con sus brazos en la espalda y pensativo recordó algunas pocas palabras de consuelo que fue capaz de transmitirle para calmarlo. Se sintió un poco avergonzado, no era el mejor expresándose, pero le consoló saber que al menos sus palabras habían logrado calmar esa ansiedad que tristemente compartían los dos desde pequeños. Si había alguien quien podía entenderlo era él.
Dio unos pasos junto a la cascada, el aroma a humedad y las cigarras que ya empezaban a sonar a su alrededor le hicieron revivir ese segundo amargo recuerdo hace dieciseis años atrás. Esa vez fue él quien tocó fondo y, al igual que su hermano, la soledad y la tristeza también había golpeado su puerta cuando aquel que amaba, decidió soltarse de su mano en aquel acantilado. Por dieciseis años no pudo olvidar la última mirada que se dieron, la mirada de la muerte y el miedo fue el único recuerdo que obtuvo cuando él cayó, con la culpa a rastras, con el corazón pesado y la tristeza del abandono. 


Se agachó a coger uno de los tantos conejos que solían acompañarlo en sus caminatas por Descanso, y le acarició el lomo mientras su mirada se perdía en el caudal del río que tenía frente a él. Los recuerdos vinieron una y otra vez a su mente. Recordó cuando recobró la conciencia en su habitación después de aquel acantilado de la muerte. Recordó como, con la mirada fija en el techo de su habitación sintió el peso de su corazón, un corazón que el creía que jamás actuaría así frente a alguien. Era un peso que no lo dejaba ponerse de pie, un peso desconocido, muy diferente al que sintió cuando perdió su madre cuando pequeño. Ese era el peso de la pérdida del ser amado. Ahí, entre sombras y tristezas, recordó que fue la tonada de la flauta de su hermano la que a diario le recordó la calidez del mundo y la belleza de las cosas que lo rodeaba. Fue su hermano quien lo había consolado tras la pérdida de quién se había negado asumir que había llegado a estremecer su mundo como nadie antes lo había hecho.
Dio un suspiro lleno de tristeza, sí, su hermano fue el único que lo consoló en aquellos momentos en el que todos los demás le dieron la espalda de manera sutil y dolorosa. Fue él quien lo consoló en el palacio del silencio cuando lo encontró con la mirada perdida mirando las botellas de “Sonrisa del Emperador” que cuidadosamente había guardado bajo el tatami cerca de su cama y que desde aquella vez se habían quedado sin su dueño.
Dejó al conejito en el suelo, y notó que la noche se empezaba a hacer presente, miró desde donde estaban, ya apagadas, las luces del palacio de su hermano. Sonrió con tristeza, mañana volvería a entonarle melodías con su Guqin y buscar devolverle un poco de consuelo  a su corazón destrozado con las notas precisas, era lo mínimo que podía hacer por él.
Miró hacia donde quedaba su palacio, debía volver, pero algo aún carcomía su interior y necesitaba pensar un poco más.
—¡Hey Lan Zhan! —escuchó su voz tras él —. Estaba buscándote, llegaron noticias de Palacio del Loto.
Lan Zhan volteó a verlo, ahí estaba él con esa sonrisa que hacía desaparecer sus penas, le sonrió con un dejo de tristeza que Wei Ying no pudo evitar notar.
—¿Estás bien?
—Lo estaré después de descansar, tuve un día pesado con Zewu-Jun.
—Lan Zhan, tan buen hermano que eres, Jiang Cheng ya me habría regañado por estar triste tanto tiempo —bromeó con ligereza.
Wangji lo miró con reproche, Wei Wuxian se llevó una de sus manos al cabello nervioso.
—Vale, lo siento, no me gusta verte así —miró a su alrededor —podríamos ir a sentarnos ahí al lado del río un rato, ¿te parece?
Lan Zhan lo miró de reojo y sin decirle nada caminó hacia una roca que había cerca del río. Wei Ying siempre sabía cómo calmarlo o hacerlo enojar, pero cuando se encontraba con su sonrisa sabía en ese preciso instante que solo era para él. Se sentó pesadamente en uno de los asientos de piedra dispuestos en aquel lugar y habló con voz serena.
—No puedo consolarlo como lo hizo él conmigo, cuando tú —hizo una pausa y miró a Wei Ying que ya se sentaba a su lado y tomaba su mano con delicadeza.
—Lan Zhan, lo siento…
Lan Zhan no respondió a su gesto, retiró su mano con delicadeza y la pasó por su rostro agotado. Wei Ying no dejaba de mirarle.
—Lan Zhan, tu diadema… 
Wangji se puso de pie sin prestarle atención y caminó dando pasos amplios y pesados hacia el borde del río. Sintió la mirada de Wei Ying tras él mientras una rabia empezaba a brotar desde su estómago como una llama imposible de apagar, empuñó sus manos mientras bajaba la cabeza buscando no dejar escapar todo lo que sentía en ese momento, pero la voz de Wei Wuxian fue el catalizador de algo que ya no podía callar más.
—Por favor Wei Wuxian, no sigas, necesito estar solo un momento.
—¿Acaso te hice algo malo?—peguntó Wei Ying acercándose a él a paso lento.
—No, es solo que… —lo miró con tristeza — no sigas callando más la verdad Wei Wuxian —lo miró con una mezcla de tristeza y rabia a la vez —Lo sé todo.
Wei Wuxian se detuvo en seco, su mirada reflejaba no entender que trataba de decir Lan Zhan, este último le dio la espalda ocultando unas lágrimas que empezaban a asomarse por sus ojos.
—Lan Zhan no entiendo lo qu-
—Tú núcleo, lo sacrificaste.
El silencio entre los dos se hizo presente mientras la noche ya se asomaba con sus primeras estrellas y la luna llena era lo único que los iluminaba en aquel lugar. 
—¿Cómo supiste? —preguntó Wei Ying con el rostro pálido.
—Allá en muelle del loto, luego de desmayarte, Wen Ning enfrentó a tu hermano quien había perdido la razón. Sus palabras llenas de verdad fueron capaces de calmar la ira de su Zidian —se volteó a verlo —. Ahí supe la verdad, todo lo que hiciste.
Wei Wuxian tocó su nariz y sonrió con un dejo de tristeza.
—Ese Wen Ning, sabía que no podría callar un secreto, ¡cuando lo vea ya verá! 
—¡Wei Wuxian! —gritó creando un eco a su alrededor —¿No entiendes la locura que hiciste?
—Lo hice por mi hermano, no podía dejarlo ahí sin más, vacío, sin un propósito en su vida.
Lan Zhan se acercó a él quedando tan solo a unos pasos frente a él, la mirada severa intimidó a Wei Wuxian.
—¿Y donde quedas tú?, podrías haber muerto, te sometiste por dos noches a un dolor indescriptible, ¿solo por él?
Wei Wuxian asintió con tristeza en sus ojos y trató de esbozar una falsa sonrisa.
—Lan Zhan, mírame, estoy bien. Aprendí a manejar las artes oscuras, pude volver a reconstruir mi vida sin la ayuda de mi núcleo y hemos llegado aquí luego de tanto gracias a eso.
Wangji negó con su cabeza mientras sentía que la rabia se apoderaba de él, tomó aire y sintió que toda esa rabia empezaba a transformarse lentamente en tristeza, mientras un nudo en la garganta empezaba a formarse.
—No me entiendes, Wei Ying —bajó su cabeza al decir estas últimas palabras, posó sus manos en los hombros de él —. No se trata de tu núcleo, ni de tu hermano. Se trata de como te sacrificas sin importarte los sentimientos de los demás. 
—Para nada, es mi preocupación por ustedes la que me lleva a hacer cosas.
—¿A cambio de qué? —lo soltó y le dio la espalda —¿cuántas veces estarás dispuesto a morir?, ¿Acaso no piensas en la gente que te estima?
—Es en lo que más pienso cada vez que hago algo —respondió con seriedad —Mi gente allá en Yiling murió por mí, incluso el pequeño Yuan. 
Lan Zhan empuñó sus manos, aún no era tiempo de revelar la verdad sobre Sizhui, Wei Ying notó la reacción de él y habló con la voz entrecortada.
—Mírame Lan Zhan, no me queda nada, solo tú y Wen Ning —Lan Zhan volteó a verlo y notó como su rostro se ensombreció —. Debo aprender a vivir así, es mi destino, mi castigo por jugar con lo prohibido, no tengo clan ni menos familia, ¿Qué más necesito pasar?, ¿Perderte?
Lan Zhan sintió como un escalofrío recorrió su espalda. Los recuerdos de hace dieciseis años volvían. Miró a Wei Ying con detención, cada surco de su piel, su mirada, su cabello ondeante estaba frente a él. Su corazón empezó a latir con fuerza dejando atrás toda la rabia que había sentido. Lo tenía frente a él, el destino les había dado una nueva oportunidad y esta vez no la desaprovecharía. Quería decirle todas esas cosas que había pensado en los años de ausencia.
—No quiero perderte de nuevo. ¡No podría aguantar tanto dolor de nuevo!

Sus pies avanzaron con decisión y dejando atrás las tres mil leyes del clan Lan lo abrazó con fuerza, sintió su pecho junto al de él, sus corazones latían a la misma velocidad mientras Wei Ying se escondía en su pecho sollozando con desconsuelo. Acarició su cuello con delicadeza mientras el aroma de él se colaba por su nariz como un almibar delicioso. Estaban por fin juntos, no dejaría que nadie más lo dañara, no dejaría que la tristeza se apoderara de su sonrisa. Aquel hombre había llegado a cambiar su vida por completo y se había adueñado sin permiso de su corazón. Ahí en medio de la soledad de la noche y con la cascada junto a ellos Lan Zhan dejó caer las lágrimas que prometió no volver a derramar mientras sentía como el peso que cargaba iba desvaneciéndose. Ahi estaba él, frente a quien una vez dio por perdido, mostrándole su lado más frágil, donde los títulos que ostentaba quedaban reducidos a nada. Ahí estaba con él que siempre lo hacía sonreír y que había vuelto a la vida como un regalo del cielo, un regalo que se había jurado aquella vez que se reencontraron, nunca más permitiría que se lo arrebataran.
Lan Zhan se separó unos centímetros de él y vio la luna reflejada en los ojos de Wei Wuxian, su sonrisa había vuelto, sus corazones ya no estaban solos y no volverían a estarlo. Le tomó el mentón con su mano y lo besó largamente mientras con su otra mano hundía sus yemas en la larga cabellera de Wuxian quien se dejó llevar por las caricias que Wangji le daba. Lan Zhan soltó la cinta roja del cabello de él y se separó mostrándole el accesorio con una amplia sonrisa.
—Será mejor que vayamos a casa.
Wei Wuxian le sonrió con picardía, Lan Zhan le tomó la mano y salieron caminando entre risas. Mañana sería un nuevo día, pero esa noche, los dos bailarian entre las sábanas hasta enredarse juntos y dormir agotados de tanto amor.


Nadie podría cambiar de nuevo el curso de un amor interrumpido. 
Los dos lo sabían bien.