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Zenitsu estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, tratando de ignorar la risa del hombre que en ese momento alzaba a Suma y amenazaba con arrojarla al agua mientras las otras dos reían.
Suspiró, y se odió por ser tan débil.
Shinobu le había pedido chequear si su recuperación iba bien, y él aceptó hacer cualquier cosa antes de escucharla terminar de hablar. Y trató de convencer a Tanjirou, pero dijo que ya tenía algo que hacer esa semana. No trató de tranzar nada con Inosuke y acabó aceptando su destino.
Pero al llegar, y escuchar su risa desde lejos, sus pasos se hicieron cada vez más lentos, y al llegar, y verlo, se rindió a la gravedad y se tomó un momento para meditar todo lo que hizo mal en la vida, que los dioses creían que merecía esto.
—Oh, ¡Zenitsu! —la voz de Hina le hizo levantar la vista esperanzado, pero la primera mirada que cruzó fue la de Uzui. Supo que su rostro no variaría mucho de la expresión de hastío que ya tenía. —¿Vas a pasar?
La chica se acercó a verlo, y se puso de cuclillas frente a él, entre curiosa y preocupada por verlo en el suelo.
—Sólo vine a entregarles esto.— le entregó la bolsa que Shinobu le dio. —Dijo que se la entregara a una de ustedes, y que se las arreglaran para dárselo.
En realidad, no tuvo que pedir explicaciones por eso: con lo poco que conocía de Uzui, supo que era del tipo que no se enfermaba nunca y no necesitaba ayuda de nadie. Como Inosuke, pero más molesto.
Ya estaba, ¿no? Entregó la medicina. Y ahí estaba Uzui, vivo, casi entero, sonriendo, caminando hacia él.
Mierda.
—¿Ya comiste? —le sonreía como si se llevaran bien. La actitud le confundió un poco.
—No. —fue honesto sin querer. ¿Por qué no había dicho que si? Se puso de pie, pensando en inventar algo para irse lo más pronto posible.
—Quédate a comer. —dijo Makio, que también fue a su encuentro.
—De acuerdo. —las palabras salieron por su boca antes de pasar por su cerebro. Creyó que había aprendido la lección luego de decirle que si a cualquier cosa que decía Shinobu, pero no.
Maldición.
Lo había pensado un montón, pero su mente no dejaba de repetirlo.
Maldición. Maldición. Maldición.
¿Por qué sentía tantas ganas de escapar?
Cuando se sentó a la mesa, se dio cuenta de que estaba evitando la mirada de Uzui. Y probablemente este ya lo había notado, porque se sentó en frente y no dejó de buscar enfrentarlo.
—Oye. —llamó su atención. Zenitsu le hizo un gesto con la cabeza sin dejar de comer. —¿Qué te pasa? ¿Sigues molesto porque tengo tres esposas?
Las tres sonreían, Makio se inclinó para alcanzar su mejilla y darle un beso suave. Zenitsu se puso rojo.
—No estoy molesto. Es que no mereces tres esposas.
Makio se rio fuerte, y esta vez se fue del lado de Uzui para impedir que lo pateara por encima de la mesa.
Las tres mientras cocinaban se le acercaron en algún momento a decirles lo agradecidas que estaban con los tres, por luchar de la forma en que lo hicieron y defenderlas con su vida sin siquiera conocerlas. Zenitsu sintió que esa atención tal vez hacía valer el viaje.
—No voy a opinar nada. —dijo Hina, levantándose de la mesa. —¿Quieres más?
Zenitsu tuvo que levantar la mirada para confirmar que le hablaba a él.
—No, estoy bien. Gracias.
La mirada de Uzui seguía fija en él. Volvió a ponerse rojo. Siguió preguntándose cómo esas tres mujeres maravillosas podían estar con alguien como él. Le ponía nervioso recibir la atención de las tres, porque estaba demasiado acostumbrado a la situación contraria. Se sentía bien que le reconocieran, de todos modos, ya que poco recordaba de ese día.
—Ah, cierto. —Makio atrajo la atención de todos al dejar un vaso lleno en frente de Uzui.
—No, gracias. —dijo, arrastrando el vaso lentamente lejos de él.
—No es pregunta. —insistió, acercando el vaso de vuelta a donde lo había dejado.
Zenitsu se dio cuenta de que estaba distraído entre Makio y el medicamento, entonces fijó su vista en él por primera vez.
No era la primera vez que se quedaba viéndolo, pero no parecía la misma persona. Ya no se enojaba al verlo, ni sentía ganas de discutir con él. Hizo lo posible por recordar cual había sido su primera impresión, cuando lo vio y trató de entender la situación mientras pensaba si entre los tres serían capaces de derribarlo, al menos por un segundo, para ganar ventaja.
Era tanta la diferencia de tamaño y, como comprobó más tarde, de habilidades, que hubieran dado más pena que pelea. Uzui también lo sabía, pero no se los sacó jamás en cara.
Seguramente valoraba la confianza.
Pero la escena que presenciaba ahora distaba bastante de aquella primera vez. Ahora trataba de convencer a sus tres esposas de por qué no necesitaba ese medicamento, pese a que las heridas en su cuerpo eran recientes y mucho más severas que las de Zenitsu.
¿Acaso el sabor no le gustaba? ¿O es que la idea de necesitar medicamento le causaba rechazo?
Se le iba a escapar una sonrisa si no decía algo de inmediato.
—Si no te lo tomas no me puedo ir. —mintió. Nadie le había pedido algo como eso.
Uzui lo miró como si se extrañara de que le dirigiera la palabra.
—Te prepararé un futon entonces. —le contestó sin siquiera pensarlo, como si su amenaza no le afectara en lo más mínimo y le diera igual tenerlo ahí. —¿Ustedes están bien con eso?
Las tres asintieron.
Zenitsu suspiró derrotado, mientras Uzui se ponía de pie triunfante, ignorando el remedio y los regaños de Hinatsuru.
Ayudó a recoger las cosas, porque le pareció correcto; suficiente le servían comida estando en cama, y ahora sentía la necesidad de hacerlo cuando podía estar en pie.
Aunque sus piernas apenas se estaban recuperando de la última pelea.
Cuando terminó de recoger, y luego de que las chicas le insistieron en que se pusiera cómodo y les dejara el resto a ellas fue que volvió a buscar el remedio y luego buscó a Uzui afuera.
La casa era amplia y abierta, entraba la luz por todas partes y el aire que se respiraba adentro era como estar parado en medio del bosque, debido a la circulación de aire.
Lo encontró en un deck de madera frente a la casa, sentado en el suelo, sus brazos escondidos en las mangas de su yukata.
Se sentó junto a él, y lo hizo sonreír al acercarle el vaso.
—¿Qué te da risa? —se quejó. Intentó sonar molesto, pero no se engañó ni a si mismo.
—Nada. Te ves diferente sin maquillaje.
¿Trataba de ponerlo nervioso?
—¿Mejor o peor? —respondió, tratando de seguir el juego.
Pues funcionó: lo puso nervioso.
Uzui se tomó su tiempo para mirarlo fijo, de pies a cabeza, para finalmente dar su respuesta.
—Mejor.
Zenitsu quiso echarse a reír, no de forma suave, sino más bien histéricamente. Logró aguantarse.
—¿Por qué te retiraste? —dejó caer sus piernas hacia afuera de las tablas de madera, rozando el césped con los pies, y se recostó de espaldas, con la vista yendo desde Uzui al cielo que poco a poco daba indicios de oscurecer pronto.
Tal vez era porque ya no era un pilar, o porque ya no estaban bajo sus ordenes, o porque la dinámica completa entre ambos había cambiado, pero de pronto se sintió muy a gusto hablando con él, y quería seguir ahí por un rato.
—Ya perdí la mitad de mi vida. —respondió, mirando un punto en el bosque que Zenitsu no logró identificar. —No quería morir así. —su mirada volvió a buscar la de Zenitsu. —Lo habría hecho si no fueran tan obstinados y tercos.
¿En serio habían sido útiles? Recuerda bastante poco de la pelea. Más que nada los gritos de Inosuke ordenándole cosas, y luego de despertar el estado en el que se encontraba su propio cuerpo, y sentir los latidos de Inosuke reducirse casi a cero sin que él pudiera hacer algo.
Se sintió impotente. Tanjirou le aclaró un poco las cosas, y le explicó qué pasó con él desde que el demonio lo puso a dormir hasta que despertó sin entender nada. Perdió la consciencia apenas lo sacaron de los escombros, y sólo luego de recuperarla otra vez en donde Shinobu supo que Uzui fue envenenado, mutilado y que casi pierde la vida, él y Hinatsuru.
—Lamento no haber sido de más ayuda. —dijo en un susurro, lo suficientemente alto para que sólo Uzui lo oyera.
Zenitsu podía escuchar cosas incluso estando dormido. En este momento, junto a él, podía escuchar su respiración calmada y sus latidos. Y de la pelea, recuerda su respiración errática, descontrolada, tratando de ser pausada, y su pulso reducido al mínimo. No podía verlo, ni siquiera estaba cerca, pero de forma involuntaria lo buscaba. Al igual que a sus compañeros, trataba de confirmar que habían sobrevivido. Y sabía plenamente el dolor por el que pasaba cada uno de ellos, sin poder hacer absolutamente nada para ayudarlos.
La frustración de aquel momento le hizo apretar los dientes ahora.
—¿No estás siendo muy duro contigo mismo? Yo era el jodido pilar. Yo debí mantenerlos fuera de peligro, no ustedes a mi. Ni siquiera debí llevarlos ahí. Si hubieran muerto...
No necesitaba terminar de hablar. No con él, al menos. Zenitsu sabía, escuchaba, sentía lo que Uzui estaba sintiendo. Si no había perdidas, lamentabas las heridas. No salías glorioso de ninguna batalla. No en este mundo.
Zenitsu sólo se podía hacer una idea del peso que cargaba Uzui sobre sus hombros, siendo un pilar, teniendo personas a las que proteger, con las que volver. Zenitsu no tenía nada de eso, por eso se daba el lujo de ser un cobarde.
Sintió que tal vez había sido duro con él cuando lo conoció. Ahora que había luchado a su lado, buscaba formas de justificar cada detalle que le pareció irritable en su forma de ser.
Se atrevió a sentirse atraído incluso, por cada uno de esos detalles.
—¿Se siente mal por retirarse ahora? —preguntó. Y la expresión de Uzui le hizo darse cuenta de lo que había dicho, obligándolo a tapar su boca con ambas manos.
—¿Qué pasó? —Uzui sonreía, burlesco.
Era la primera vez que le hablaba de forma respetuosa, pese a que siempre pensaba en él de esa manera. La única razón por la que era informal con él teniéndolo al frente era para molestarlo. Era la única forma en la que se ocurrió joderlo. En ese entonces.
—¡No volveré a hacerlo! —gritó, algo sonrojado. No creyó que Uzui notaría la diferencia de inmediato.
Uzui se reía con ganas, echado hacia atrás como si nadie más lo escuchara.
—Vamos. Y me tomo la medicina.
—¡No me debería chantajear usted a mi! —volvió a cubrir su boca con ambas manos. Uzui volvió a reír. Zenitsu se incorporó para acercarle el vaso. —¡Ya! Hágalo entonces.
—No podría aburrirme de esto. —le recibió el vaso y se bebió el contenido de un solo trago. Hizo una mueca de disgusto, y luego pareció darse cuenta de algo. —Espera, no. Sentí que había ganado, pero ahora vas a irte.
Zenitsu sonrió. ¿En serio le molestaba que tuviera que irse?
—No era verdad que debía quedarme. Iba a irme de todos modos, se lo bebiera o no.
Uzui pareció indignado.
—¿No es suficiente el placer de mi compañía?
—¿Honestamente? —preguntó. Uzui asintió. —No.
Esta vez pareció que Uzui iba a atacarlo, y Zenitsu ocupó todo el peso de su entrenamiento para dar una vuelta hacia atrás y ponerse de pie con el impulso, esquivando lo que sea que iba a hacerle Uzui al lanzar ese manotazo.
Recogió el vaso del suelo y volvió donde estaban sus esposas.
—¿Qué hablaban? ¿Por qué tantas risas? —Suma parecía genuinamente interesada.
—¿Eh? —Zenitsu dudaba de que se haya oído desde ahí, y sospechó que tal vez se habían acercado sin que él lo notara. Tenía la guardia baja, así que era posible que hayan estado escuchando de cerca.
—Tengen tiene un montón de cosas en su cabeza, incluso más ahora que se retiró. Es raro escucharlo reír así. —explicó Hinatsuru.
—Ah. —respondió, y se sintió obligado a no dar otra respuesta monosilábica. —Logré que se bebiera esto, —les dio el vaso de vuelta. —así que me voy ahora.
—¿Estas seguro? Puedes quedarte, te puedo armar un futon si quieres. —ofreció Makio.
Zenitsu se había acostumbrado a "escanear" a las personas, como un detector de mentiras. Pero no lo preguntó de mala gana, ni por compromiso. Era una propuesta completamente desinteresada. Eran tan amables. En serio Uzui no merecía tener a esas tres mujeres como sus esposas.
—Gracias. —se inclinó. —En serio, gracias, pero prefiero pasar la noche con mis amigos.
—Qué lindo. —Suma presionó sus mejillas con la palma de sus manos.
—Está bien. Gracias por venir, Zenitsu. —se despidió Hinatsuru.
Zenitsu lloraría si seguían tratándolo tan bien. En serio quería quedarse ahora.
—No hay problema. Gracias por la comida, y por todo.
Luego de despedirse, debió pasar junto a Uzui para salir. Sus modos parecieron resetearse, porque esperaba que le dijera algo molesto, y ya estaba pensando en algo pesado que responder.
—Nos vemos. —fue la despedida de Uzui.
No se verían, ¿cierto? Tal vez no volvía a subir ahí, y no habían razones para que Uzui bajara. Seguro no se volvían a cruzar más.
—Claro. —respondió, en seco. Porque en serio analizó la idea de que no volvería a verlo, y que Uzui seguiría ahí, pero su futuro era tan incierto que le aterraba. Podía no volver porque estaría ocupado salvando personas, o porque fue asesinado y devorado por un demonio.
¿Qué tipo de despedida era "nos vemos" cuando sus vidas eran como las de ellos? Uzui idiota.
No fue hasta que llegó donde el resto, y mucho después, cuando estaba a punto de irse a dormir, que Shinobu se acercó a él otra vez.
—Olvidé decírtelo temprano, pero necesito que mañana vuelvas a ir. El medicamento debe tomarse a diario o no habrá ninguna mejora. Tú sabes eso, pese a que siempre tratas de evitarlo. —sonrió de esa forma que siempre hacía, esa mueca permanente en su rostro que simulaba una sonrisa.
Lo dejó luego de informarle eso, y Zenitsu por primera vez pensó que esa mujer no era tan encantadora como él creía.
—¿Qué tienes? —preguntó Tanjirou. Zenitsu ignoró su presencia y, en cambio, se puso en guardia al escuchar los pasos de Inosuke acercarse al cuarto.
Lo vio entrar directo a su cama y caer como un tronco. Entonces Zenitsu dejó de estar alerta.
—Shinobu me dijo que debo volver con Uzui mañana. —se lamentó.
—Creí que te agradaba.
—¿Por qué creerías eso? —preguntó espantado, mientras él mismo se recostaba y se cubría con las mantas, viendo a Tanjirou hacer lo mismo.
—Bueno…—pasó a llevar la punta de su nariz con un dedo, sonriendo.
Zenitsu puso los ojos en blanco.
—Nunca lo odié, ¿cierto? ¿Cómo podrías notar un cambio?
—No, odio no. Cómo explicarlo… —Tanjirou lo pensó un momento. —Ya no te pone nervioso. O… ¡No te enojes! —gritó al ver sus intenciones de levantarse. —No te incomoda estar con él, y antes si. Tú deberías saberlo.
No dijo nada. Ya no quería hablar con él. ¿De qué lado estaba? Claro que le molestaba. Uzui era molesto, y no podía estar a gusto con él. Ni quería volver mañana.
El sólo hecho de pensarlo le provocaba bruxismo antes de dormirse.
.
Y ahí estaba, frente al deck de madera en el que Uzui se sentaba, y le sonreía con sorna.
—No quiero hablar contigo. —bufó, derrotado.
—Siéntate conmigo para descansar un rato.
Había evitado la hora de la comida para no quedarse más tiempo del necesario, pero ahí estaba, metiéndose en la boca del lobo.
Se sentó junto a él, y volvió a dejarse caer de espaldas. Ahora veía un cielo azul despejado.
—Lo sabia, ¿verdad?
Uzui apenas podía contener la sonrisa, luciendo una inocencia infantil que no le quedaba bien. Según Zenitsu.
—Sí. Kocho mandó un cuervo ayer, antes de que llegaras.
Ha.
Quería responderle algo que no lo dejara tan mal parado, pero pensó en cómo llamaba a Shinobu por su apellido. Eso de alguna forma decía mucho de la confianza que se estaba tomando al estar ahí acostado, sin reparar siquiera en que Uzui siempre le llamó por su nombre.
—¿No se lleva bien con ella? —preguntó. ¿Estaba siendo molesto él ahora?
Uzui claramente fue tomado por sorpresa.
—Cada vez que los veía podía ser la última vez. Supongo que nunca los miré demasiado.
Si Zenitsu pensara de esa forma, no habría terminado siendo tan cercano con Tanjirou e Inosuke, y no podía imaginar su vida sin ellos ahora. Pero esa reflexión nacía de su falta de experiencia, porque Uzui no era ningún insensible, y si pensaba de esa forma era porque ya había perdido demasiada gente cercana.
Zenitsu supuso.
—¿Sigue entrenando?
No era lo que quería preguntar. Quería saber cómo había sido su entrenamiento a la edad que él escapaba de su abuelo para que no lo golpeara, porque de esa forma se haría una idea más clara y acertada de su vida, y podría entender por qué ahora decidía las cosas de esa forma. No quería asumir nada.
—¿Crees que una mano menos va a impedir que me mantenga en forma? Claro que sigo entrenando, y de forma extravagante, nada menos. No me tengas lástima.
Una mano y un ojo menos. Zenitsu casi agradecía no haberlo visto pelear, porque se habría desmayado al ver su cara cortada.
Pero no, no sentía lástima. Lo miró, tratando de imaginar su cuerpo bajo la ropa. No lucía tan corpulento así, pero Zenitsu recordaba el tamaño de sus brazos, y aun con la yukata se apreciaba el ancho de su espalda. Sumada su altura. ¿Quién le tendría lástima? Con los ojos cerrados y los pies amarrados aun lograría hacerlo polvo.
Pero no le diría eso.
—No le tengo. —confesó. —Me costó acostumbrarme a entrenar todos los días, y me escondía para no tener que hacerlo. O escapaba a robar comida. —no dejó que la risita de Uzui le distrajera. —Pero ahora creo que aunque me retire no dejaría de entrenar.
—Es que uno no entrena por la posición que tiene, uno tiene esa posición por como entrena. Yo siendo un pilar entrenaba como si fuera mizunoto. ¿En cual estás?
—Kanoe.
—¿Y tu meta?
¿No morir, quizás? No tenía meta. Sabía que las palabras de Uzui se le iban a grabar a fuego. Era inspirador, y ni siquiera trataba de serlo.
—No sé. —mintió, y no supo por qué estaba evitando hablarlo, si Uzui estaba siendo conversador. —Creo que… ser útil para alguien. Salvar a alguien. Proteger a alguien. Hacer que el tiempo que me entrenaron no haya sido tiempo perdido.
Era lo más honesto que había dicho en un tiempo. Pensaba en su abuelo, obviamente. Nunca se rindió con él, y le bastaría si llenaba sus expectativas.
—Debes ser fuerte para poder decir con confianza que vas a ser útil para alguien. Si eres débil, alguien va a tener que protegerte, y tal vez perder su vida en ello.
—Que cruel. —pensó. Y al escuchar a Uzui otra vez se dio cuenta de que lo dijo en voz alta.
—Lo sea o no; es la realidad.
—¿Cuál era su meta?
—Seguir vivos. A nuestro modo. Cumplir con una luna, retirarme y venir aquí a pasar el día hablando con el chico que me trae los remedios.
Se levantó de golpe.
—Cierto. —le dejó la bolsa en el regazo. —Por favor.
Fue el turno de Uzui para dejarse caer de espaldas sobre la madera. Sus ojos cerrados, su cabello esparcido en el suelo y sus brazos abiertos a cada lado. Zenitsu pensó en dejarse caer junto a él, pero su cabeza habría quedado sobre su brazo, y su rostro demasiado cerca del suyo.
La idea le hizo revolver el estómago.
—¿Si no lo tomo no te vas?
—Me voy a ir de todos modos, pero no puedo mentirle a Shinobu.
—Qué noble.
—Sólo tómese el remedio.
Uzui lo miró. El color de su ojo lucía aun más fucsia con esa luz, y parecía tener luz propia. El reflejo en los cristales de su parche le chocó contra los ojos, obligándolo a entrecerrarlos.
—¿Qué apuro tienes en irte?
—Ninguno. —respondió. Así de simple: no tenía por qué irse tan pronto, sólo quería hacerlo.
—¿Entonces? —seguía viéndolo fijo. Zenitsu se preguntó si debía inventar algo. —Creí que nos llevábamos bien.
—Usted mismo dijo que soy el chico que le trae los remedios. —sonó ofendido, pero para nada lo estaba. En verdad se sintió bien cuando Uzui lo incluyó de esa forma en su meta, como si ese momento tan simple fuese parte de ella.
—Fuiste sincero conmigo, así que tal vez deba serlo también para que sea justo. —volvió a incorporarse, y lo vio de reojo, para luego fijar su vista en el césped bajo sus pies. —No sabia que sería tan agradable estar contigo. Ayer lo dudaba, pero… hoy te esperaba.
Sonrió. Sin mirarlo, sólo porque se le escapó.
Zenitsu sabía que la expresión que tenía le hacía parecer a punto de llorar, pero no sabía de que otra forma mirarlo.
¿Por qué estaba emocionado? Sintió un nudo en el estómago. ¿Por qué le afectaba tanto? Uzui lo miró sonriendo aún, como si se riera de él mismo, y Zenitsu sintió que se desmayaría.
—Que inesperado. —si no enviaba la conversación a un lado menos profundo acabaría siendo perjudicial. Para él. Porque lloraría, seguramente. —Con que incluso Tengen Uzui tiene un lado sensible.
Uzui le cubrió la cara con la palma de la mano y lo empujó hacia atrás suavemente. Zenitsu rio. Que haya evitado golpear su nariz solo demostraba su punto.
—Cuando vuelvas, me cuentas tu meta.—soltó. En parte lo estaba liberando para que se fuera, pero lo ataba a volver en otro momento.
Atar era un termino demasiado extremo. Zenitsu estaba feliz, porque quería volver, y acababa de ser invitado a hacerlo.
—Esa va a ser mi meta, entonces.
Ambos se miraron al mismo tiempo. Si alguno de los dos hubiera reído, habría pasado como una broma, pero ni Zenitsu lo dijo en broma ni Uzui se lo tomó a la ligera.
Volvería. Volver ahí sería su meta. Evitaría morir teniendo en mente que debía volver, porque Tengen Uzui lo estaría esperando.
.
Acababa de volver de una misión. Pasaron un par de días desde que la empezó, y los sintió como si fueran años. Definitivamente odiaba estar solo. Se aburría viajando, no confiaba en sus reflejos para nada, pasaba alerta confundiendo la distancia de lo que escuchaba y le costaba encontrar motivación para seguir avanzando sin sus amigos.
Ahora que estaba de vuelta, empapado, porque cayó al agua en medio de una pelea y era: desvestirse, secar su ropa y volver al otro día, o volver tal cual con toda su ropa mojada.
Eligió la opción incorrecta. Se dio cuenta mientras miraba el suelo y Shinobu lo regañaba por ser tan descuidado. Y que lo obligaría a tomar el medicamento con peor olor y sabor si enfermaba por ello.
Cuando pudo por fin darse un baño y conseguir ropa seca, decidió buscar a Tanjirou, que estaba en una misión también, y a Inosuke, que estaba dormido y prefirió no molestarlo.
Se tumbó en la cama boca abajo. Estaba agotado, le dolían las piernas y sentía la garganta irritada, pero no se lo diría a Shinobu.
Acabó quedándose dormido con el pelo mojado y despertó casi sin voz. Ni siquiera se cubrió con una manta.
Inosuke le dijo que Shinobu lo buscaba, y casi le dio un infarto. No podía toser frente a ella. Ni hablar, porque su voz estaba rasposa. No podía dejarla darse cuenta de que se había enfermado.
Recordaba cuando pequeño desobedecer a su abuelo, enfermar y recibir sus golpes como castigo por no hacer caso. Se preguntó si el castigo de Shinobu sería peor que ese. No tentaría a su suerte.
Debía reportarse con Uzui ahora, además.
Desde que volvió pensaba en ir, pero quería descansar primero. Y tampoco se le ocurría un motivo.
Casi deseaba que Shinobu lo mandara a dejarle algo.
Escuchó su voz hablando con Inosuke en el pasillo, y se escondió detrás de la puerta. Apenas Shinobu entró, Zenitsu escapó por el pasillo como un rayo. Si esconderse de Shinobu no era motivo suficiente para buscar asilo en casa de Uzui, entonces nada lo sería.
Pasó a robar comida antes de partir, agregando cargos en su condena. Necesitaría a Tanjirou como mediador cuando volviera a enfrentar a esa mujer, eso si quería salir con vida.
En el camino pensó lo estúpida que era su excusa. En especial la parte en la que le temía a Shinobu, la cual para nada era mentira.
Pero al ser recibido por Makio, que lo hizo pasar mientras le sacaba en cara lo poco que se quedó la última vez y le ofrecía comida de forma contradictoria a su tono de voz molesto, sintió que no tendría que dar ninguna explicación por estar ahí.
Makio lo llevó del brazo hasta donde estaba sentada Hinatsuru, escribiendo en un papel sobre la mesa. Frente a ella, Suma estaba de pie, pero con las manos sobre la mesa, jugando con una manzana.
Uzui abrazaba a Suma por la cintura, mientras apoyaba su mentón en el hombro de la chica, hablando cerca de su cuello, obligándola a escapar del contacto. Por cosquillas, supuso Zenitsu.
—¡Oh! —Uzui se levantó, para verlo por encima de la cabeza de Suma, pero sin soltar su agarre. —¿Hoy si te quedas a comer?
Se sentó frente a ellos, al lado de Hina, mientras Makio se acercaba para sentarse junto a él.
—¿Puedo? —sonrió.
—No finjas modestia. Siempre vas a ser bienvenido aquí. Aunque me sorprende verte tan pronto, la verdad. —Uzui volvía a hablar mientras su cabeza descansaba sobre el hombro de Suma. Ella parecía acostumbrada, porque siguió hablando con Hinatsuru como si Uzui no le molestara en nada. Makio los escuchaba a ellos, pero sin participar.
—Escapé de Shinobu porque quería darme un remedio asqueroso.
—¡Ha!
Era obvio que iba a burlarse. Suma se quejó del grito tan cerca de su oído y se lo quitó de encima dando un paso disimulado al costado. A Uzui no le importó, y apoyó sus antebrazos en la mesa para quedar más cerca de él.
—¡No estoy siendo mañoso! ¿Y si me envenena?
Uzui logró contagiarle su risa, pero para nada lo había dicho en broma. Era paranoico al nivel de creer que iban a envenenarlo con los remedios. Pero tampoco era su culpa: si lograran hacerse una idea del sabor, el olor, lo grumoso que era ese remedio… lo entenderían plenamente.
Ya no pensaba en lo suertudo que era Uzui de tener tres esposas. De hecho, tal vez era todo lo contrario. Vivir con él era más bien un privilegio. Estar bajo su cuidado. Ser amado por él también debía sentirse bien.
Se perdió pensando en la forma en que sostenía a Suma cuando llegó. A ella no parecía importarle, pero Zenitsu no pudo pensar en un lugar más seguro que ese.
Se imaginó a si mismo entre sus brazos, y su pulso se aceleró.
Uzui se inclinó, buscando su mirada.
—¿Seguro que sólo es eso? —intercambió miradas con Makio, que tampoco entendía su repentino cambio de tono. —¿Tienes fiebre?
—No. Nada, en serio.
No pareció convencerlos, pero tampoco podía hablarles de las malas jugadas que le hacía su mente.
Volvió a evitar la mirada de Uzui después de eso.
Comió con ellos, ayudó a cocinar, incluso. Y era un inútil cocinando, y se le quemaba hasta el agua, pero Hinatsuru tenía la paciencia de una santa, y le repetía instrucciones las veces que fueran necesarias.
Poco a poco sintió la piel de su rostro arder, y asumió que seguía avergonzado. Al despertar sin voz, creyó que quedaría tirado a medio camino durante su escape, y tendría que arrastrarse arrepentido de vuelta. Pero cuando se vistió y entró en calor caminando, su garganta dejó de doler. Sólo sentía una ligera molestia; nada para echarse a llorar.
Estaba ayudando a Suma a ordenar un bolso, cuando se dio cuenta de que las cosas que guardaba eran de primera necesidad, como un botiquín de emergencia. Todos ellos llevaban uno al salir.
—¿Vas a salir? —preguntó.
Ella estaba metiendo unas vendas a la fuerza en un bolso ya lleno. Zenitsu hacia lo posible por comprimirlo para que lograra cerrarlo.
—Si. Tenemos una… ¿misión? Seguimos siendo cazadoras, entonces atendemos encargos.
Su respuesta abarcó bastante. Zenitsu supuso que era costumbre no dar detalles de lo que hacía. No debía ser una costumbre difícil de olvidar si te la inculcaron por la fuerza, y Zenitsu sabía lo que era aprender a los golpes.
Lograron cerrar el bolso. Zenitsu suspiró. Suma se estiró, haciendo sonar su espalda.
—Bien, deséame suerte. —sonrió de forma dulce, como si saliera a recoger frutas.
—Espera. —estaba especialmente lento ese día. —¡¿Ahora?!
—Si. —se inclinó levemente para besar su frente. —¿Cuidarás a Tengen mientras no estamos?
Abrió mucho los ojos, y le hizo una mueca de espanto.
—¿Van las tres?
Asintió. Tomó el bolso y salió, dejando a Zenitsu en shock unos segundos, hasta que se incorporó y la siguió. Hina y Makio ya la esperaban afuera.
Lo siguiente pasó como si Zenitsu lo viera a través de una pantalla. Como conversaron, relajadas, le recordó a como ellos mismos salían cada vez, como si no fuera a pasarles nada. Se despidieron de él, y de Uzui, que tampoco lucía preocupado, y se fueron.
Entonces su estómago se revolvió. Estaban solos ahora.
¿Qué haría? Cuando conversaba con él todo era tan fluido, que no sabía cómo romper el silencio. ¿Quién de los dos empezaba a hablar cuando conversaban? Estaba a punto de correr tras ellas cuando Uzui se inclinó cerca de su rostro, y puso el dorso de su mano sobre su mejilla, y luego sobre su frente.
—¿Me repites por qué Kocho iba a darte un medicamento? —murmuró, sonriendo, tan cerca de su cara que Zenitsu dejó de respirar hasta que dio un paso atrás.
—Tortura. —soltó, sin pensarlo, haciéndolo reír otra vez. —Y por si me resfriaba, pero principalmente tortura.
Siguió a Uzui hasta un cuarto que no supo identificar, del cual sacó unas vendas y un desinfectante.
—¿Me ayudas? —preguntó, tendiéndole las cosas.
—¿A qué? —preguntó en un tono descalificadoramente agudo.
—Si me tienes un poco más de confianza la vamos a pasar mejor, ¿sabes?
Tuvo que golpearse imaginariamente el estómago con un puñetazo para poder mantener su rostro normal.
Decidió dejar de hacer el tonto por un rato.
—¿Tengo que cambiar sus vendas? —preguntó. Uzui asintió. —Corro riesgo de desmayo, ¿sabe?
Uzui estuvo a punto de darse un cabezazo contra el mesón frente a ellos. A propósito.
—¿Qué haces siendo un cazador si te da miedo la sangre?
—No es miedo. Sólo… ¡Le cortaron la mano! —sujetó su propia mano dramáticamente. —¡Toda la mano! ¡Y quiere que cambie sus vendas como si no fuera nada!
—Si no puedes lo hago solo.
—Si puedo. —se retractó.
Uzui resopló, divertido.
—Decídete.
Claro que podía ayudarlo con sus jodidas vendas. Trataría de ignorar el escalofrío que le recorría de la punta de los pies hasta la nuca y los vellos de sus brazos erizándose.
—Yo lo hago. —decidió. No pensaría en eso. Ya había visto gente herida en peores condiciones. Él mismo estuvo molido un montón de veces. Sólo tenía que pensar en cualquiera menos Uzui.
Entonces Uzui comenzó a quitarse la venda del brazo, y empezaron a aparecer las vendas ensangrentadas que estaban en contacto directo con su piel. La herida parecía estar cicatrizando, y la tela había quedado pegada en la sangre seca.
No alcanzó a terminar de descubrirse el brazo, cuando su vista de pronto se desenfocó, vio de reojo el techo, Uzui gritó su nombre, y todo se fue a negro.
.
Abrió los ojos, y sintió dolor de cabeza. Su cuerpo estaba frío pese a estar cubierto con unas mantas, y su rostro ardía. Su garganta estaba seca, y sentía dolor hasta en la mandíbula.
—Pensé que habías muerto.
Se incorporó en la cama, con bastante dificultad. Había una ventana, y del otro lado se veía oscuro. Se preguntó si daba hacia afuera, y cuantas horas estuvo ahí. No sabía cómo recoger su orgullo para decirle que era broma lo del riesgo de desmayo, pero la coincidencia era algo humillante.
—¿Es de noche? —preguntó.
—Casi. —Uzui estaba sentado al final de la cama, y se acercó más ahora que Zenitsu había despertado. —Tengo que confesar algo.
Podía ver claramente su rostro pese a la poca luz. Hizo uso de todo su raciocinio para tratar de recapitular los hechos en su mente: se desmayó, Uzui seguramente lo llevó hasta ahí, y lo cubrió. Probablemente luego de comprobar su temperatura corporal.
Trató de hacerse una idea de cómo lo dejó encima de la cama, su cuerpo sobre el suyo temporalmente, y su cabeza dio vueltas. Sintió cosquillas en el estómago.
Él también tenía algo que confesar.
—¿Qué? —preguntó. Su voz sonaba soñolienta, y supuso que era porque acababa de despertar.
—Le avisé a Kocho que estabas aquí.
Todo lo que sintió hace un momento se esfumó se pronto.
—¡Traición! —gritó.
Uzui sonrió, y se acercó aún más.
—¿Qué pensaste que era?
—Ahora no voy a decirlo. —cortó, evitando su rostro.
—Pero tiene algo positivo. —esperó que Zenitsu volviera a mirarlo para volver a hablar. Su rostro a un palmo de distancia. —Ahora te cuidaré toda la noche.
Su respiración volvió a cortarse. Fue imposible despegar la mirada del color de sus ojos. Era tan atractivo, que ni siquiera notó cómo la distancia entre ellos se acortaba poco a poco.
Algo le provocó picazón en la nariz, y estornudó de improviso, provocando que Uzui se alejara en menos de un segundo, poniendo la palma de su mano contra la cara de Zenitsu para empujarlo de vuelta a la cama, recostándose a su lado, ahora tomando distancia.
—Mala idea. —se arrepintió Uzui.
Zenitsu estaba confundido. ¿Qué habría pasado si no lo hubiera interrumpido? ¿Por qué cambiaba tan seguido el ambiente entre ellos?
Quería preguntar si Shinobu le había respondido algo, si estaba molesta, si amenazó con ir a asesinarlo ella misma, algo.
Pero la respiración fuerte de Uzui le distrajo. Siempre le llamó la atención, desde que lo conoció, el cómo escondía su respiración, haciéndola imperceptible para un oído normal.
Escucharlo ahora sólo significaba que estaba relajado y a gusto a su lado.
Zenitsu lo vio de reojo. Su cuerpo tumbado junto al suyo le invitaba a acercarse, acurrucarse junto a él, o arriba, esperando que le ponga la mano encima. Como un gato.
En ese momento, si Uzui le ponía la mano encima, se sentía bastante capaz de ronronear.
Pero Uzui no leía mentes, y Zenitsu estaba demasiado ocupado lidiando con sus sentimientos de adolescente como para hacer algo.
Uzui estaba de espaldas, con los ojos cerrados, como si se hubiera dado por vencido, y tratara en serio de dormirse.
Se acomodó mirando hacia el otro lado, sobre su costado. Tal vez aún podía recuperar ese momento. Uzui parecía dispuesto a… ¿a qué, precisamente? No quería que se lo explicara nadie. Quería que Uzui se lo enseñara. Ahora, de preferencia.
Se movió poco a poco hacia él, sin voltear, hasta que sintió su espalda chocar contra su brazo. Entonces se detuvo.
El espacio desocupado que quedó frente a él ahora era descaradamente amplio. Ni sonámbulo habría sido capaz de rodar hasta llegar junto a él así de cerca.
Estuvo a punto de desertar, cuando sintió la cama moverse bajo el peso de Uzui. Al sentir su respiración contra su nuca comprobó que se había volteado hacia él, y su cuerpo entero se petrificó al sentir su mano sobre su pierna.
Apretó los ojos. No sabía por qué, pero mientras su mano subía hasta sus caderas en una caricia suave, se mordió el labio. Sentía calor. El cosquilleo que provocaba su aliento contra su cuello le hacía estremecer.
Entonces la mano se coló por debajo de la ropa, y Zenitsu sintió sus dedos fríos meterse debajo de su camiseta. Su piel tembló bajo el tacto, ardía, y parecía arder con más fuerza al sentirlo.
Sus dedos avanzaron hasta su abdomen, y Zenitsu se sintió superado por la situación. Tal vez era el colapso físico que tuvo hace un rato efecto de la fiebre, o el colapso emocional que estaba por tener ahora.
Daba igual. Se había acobardado.
Volteó una vez más, quedando boca abajo. Escondió su rostro en la almohada. No quería volver a levantarse jamás.
Por un momento, no supo qué haría Uzui. Si se iría, o si se acercaría de vuelta. Porque era obvio que Zenitsu no estaba dormido.
Pero no fue ninguna de las dos. Uzui volvió a acomodarse como estaba, suspirando.
Su pulso también se había agitado. Zenitsu podía escucharlo. Estaba tan concentrado en él, y el silencio a su alrededor era tal, que podía escuchar su sangre fluyendo, su corazón latiendo, su respiración un poco más rápida que antes.
Quería llorar. Quiso arrepentirse de haberse arrepentido.
Uzui era demasiado. No sabía cómo ponerlo en palabras, sólo era algo que sentía cada vez que lo veía. Para bien o para mal, era demasiado.
.
Por la mañana, para cuando Zenitsu despertó, Uzui ya no estaba a su lado.
Como no se sentía tan mal como la noche anterior, se levantó de la cama, y se preparó psicológicamente para enfrentar a Uzui. Pero cuando lo encontró, ni siquiera le tocó el tema.
Tal vez era mejor de esa manera. Ignorar lo que había pasado, o casi pasado, y seguir adelante.
—Si aún quiere que cambie su venda…—ofreció, de manera tímida.
—Claro. Pero ponte frente al futon, por si se te ocurre caer de espalda.
Lo dijo sin mirarlo, no al menos hasta que Zenitsu se rio.
—No fue por eso. —se justificó. —Debí ser sincero.
—¿Te sentías mal?
—No mal, pero… sí pude hacer algo antes.
Uzui asintió.
—Kocho respondió. Dijo que enviaría medicamentos. Olvidé preguntar si llevarían veneno, perdón.
Zenitsu sentía que las cosas iban demasiado bien como para ser verdad. ¿En serio no le diría nada sobre anoche? No quería ser él quien sacara el tema.
Comieron juntos. Todo era diferente ahora que ellas no estaban, pero todo fluía de igual manera. Las veces anteriores se acostumbró al lugar de cada cosa, y ahora que estaban solos se desplazaba con confianza, sin preguntar nada.
Para el mediodía, volvieron a instalarse en el deck, son los pies hacia abajo y cada uno con un té caliente en la mano. Parecía broma la vez que ambos se engañaron diciéndose que entrenaban a diario, porque no había tenido Zenitsu un día menos productivo que ese.
—¿Cómo entrenaba cuando era menor?
—¿Menor cómo?
—Menor que yo.
Frunció el ceño. No parecía contento pensando en eso.
—Lo primero… me enseñaron a mentir. ¿Sabes lo buen mentiroso que tienes que ser para convencer con una mentira al tipo que te esta enseñando a mentir?
Zenitsu pensó en su última mentira. Seguramente fue la que se dijo esa mañana: que las cosas estarían mejor si ninguno de los dos decía nada.
—¿Y era bueno en eso?
—¿Bueno? Le podría haber enseñado yo a él a mentir. —ni siquiera aguantó dos tiempos la mirada de Zenitsu y confesó: —Era terrible. Me costó más que a todos. —hizo memoria. —También tenía encargos a esa edad. Robos, o reunir información. En eso si era bueno.
Se encogió de hombros. Zenitsu también sabía que no sirve ser bueno en algo que no te hace sentir cómodo, y debió ser algo que sintió Uzui cada día que vivió bajo unas normas que ni le acomodaban ni lo consideraban.
—¿Qué sintió al convertirse en cazador?
—¿Qué sentí pasando de shinobi a cazador? Fue escapar de una pesadilla que desde que nací fue mi realidad, para entrar en un sueño en el que me permitían hacer lo correcto, siendo bueno en ello, y me pagaban. Igual lo valoro más por haber pasado por eso primero, así que no lo considero tiempo completamente perdido. Muchas veces me salvé con cosas que aprendí ahí.
Zenitsu sólo sabía de rumores e historias antiguas sobre los ninja, pero era totalmente diferente estar frente a uno. En especial cuando tenía una sensibilidad que se oponía por completo al código de conducta que relataban los libros.
—Es genial. —soltó.
La mirada sorprendida de Uzui sobre él le obligó a no cubrirse la boca, por orgullo.
—Lo sé. —respondió, obviamente.
Se preguntó si debía decirle lo mucho que significó que le dijera que lo esperaría. De alguna forma, logró meterse en su mente, y cuando no estaba ahí pensaba todo el tiempo en volver, y cuando estaba ahí casi no pensaba en nada.
—Eres honesto ahora. ¿Es algo que cambia con la luz o qué? —Uzui ni siquiera estaba dispuesto a parpadear; parecía estar analizando hasta sus gestos.
—¿Qué?
—Creí que estábamos siendo sinceros los dos, pero es difícil entenderte. ¿No estoy siendo claro con lo que quiero?
Ah, anoche. Mierda.
No sabía qué decir, porque también le costaba trabajo entenderlo. Era obvio que se había arrepentido a último momento, pero también pensó que tal vez Uzui ignoraría eso.
Era el momento para hablarlo. Sintió que debía confesarlo, pero aún no encontraba un tiempo para ello. Anoche simplemente no estaba en condiciones, porque se sentía mareado por la fiebre. Se preguntó si, en una noche normal, la situación hubiera seguido, y hasta dónde.
Aún le quemaba la piel que recorrió su mano. Eso no había sido un sueño, o una alucinación por el golpe que se dio en la cabeza. Uzui había puesto su mano sobre su cuerpo, sólo un momento, y Zenitsu casi pierde la cabeza.
Se sentó sobre sus piernas, con sus rodillas juntas hacia el frente, mirando a Uzui cara a cara.
—Bien. Voy a ser honesto, entonces. —decidió. Se puso a si mismo ese ultimátum.
Uzui simplemente subió una pierna para poder voltear hacia él. Su otra pierna aun balanceándose sobre el pasto, y su cuerpo ligeramente inclinado hacia el suyo, lo suficiente para que Zenitsu se sintiera intimidado.
—Te escucho. —murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Lo había convencido de tener una conversación tan incómoda que Zenitsu quería taparle la cara con la mano para que las palabras en su mente volvieran a tener sentido. Pero con su rostro tan cerca no era capaz de concentrarse en nada.
—Cierre los ojos. —pidió.
La sonrisa de Uzui fue aún más pronunciada, pero accedió.
Zenitsu sintió su rostro arder, y los latidos de su propio corazón retumbaban en sus oídos.
Llevaba bastante pensando en él. Tratando de entender sus propios sentimientos, tapándolos con una actitud infantil, como si no le hiciera inmensamente feliz ser reconocido por él.
Tomó aire, de forma entrecortada. Sintió que era bastante probable que se desmayara de nuevo.
Uzui se relamió los labios, y Zenitsu supo que el desastre que era su mente y su corazón era transparente para alguien como él.
Se decidió a besarlo. Tal vez sí se desmayara, pero valía la pena arriesgarse.
Cerró los ojos al acercarse. Sus labios se rozaron, pero sin llegar a besarse.
Sintió la sonrisa de Uzui contra sus labios, y un suave beso luego. Le temblaron las manos, y sabía que si estuviera de pie también le temblarían las piernas. Sentía su calor, su respiración, su cabello sobre su frente incluso, y no quería cortar esa cercanía.
Pero un sonido lo alertó.
Volvió a mover su rostro, y no alcanzó a mirar alrededor porque Uzui se inclinó hacia él para volver a besarlo.
Zenitsu levantó la mano para detenerlo, sólo un momento, pero no fue necesario, porque se detuvo en seco al escucharlo.
—¿Qué mierda?
Zenitsu reconoció la voz de Sanemi, y se puso de pie en un segundo, escabulléndose dentro de la casa lo más rápido que pudo.
Mientras escapaba, volvió a escuchar a Sanemi gritar.
—¡Tiene la edad de mi hermano! ¡¿Qué mierda te pasa?!
Su corazón latía tan rápido que creyó que moriría. Ni siquiera recordaba cómo respirar. De todas las maneras en las que pudo acabar ese momento, tenía que ser con algo que ninguno de los dos se esperaba.
Zenitsu lo escuchó. Los pasos de Sanemi acercarse, fue capaz de escucharlo y trató de detenerse, pero Uzui ni siquiera hizo el intento por parar. O no le importaba, o no fue capaz de escucharlo para nada. Zenitsu sabía que Uzui podía escuchar tanto como él, y si no lo detectó, fue porque estaba aún más distraído que el mismo.
¿Qué era eso?
Su hermano... ¿Tenía un hermano?
Más importante, ¿estaba mal? Lo dijo como si fuera sólo un niño, como si Uzui estuviera en problemas por lo que estaba haciendo, como si no hubiera sido su decisión besarlo primero.
Iba a colapsar. Ya no los escuchaba. No quería escucharlos, tampoco.
Sólo esperaba que Sanemi se fuera para volver a salir.
La puerta a sus espaldas se abrió, y soltó un grito, mientras decidía si meterse bajo la cama o saltar por la ventana.
Entonces escuchó a la persona que entró al cuarto, y saltó a abrazarlo.
—¡Tanjirou! —ignoró el quejido de su amigo. No pensaba soltarlo hasta olvidar que Sanemi estaba a unos pasos de ellos.
—¿Te sientes mejor? —preguntó. —Me alegro. Estaba muy preocupado.
Le correspondió el abrazo enseguida. Zenitsu sabia que no lo merecía.
Cierto, se supone que esta muy enfermo. Se separó de él. ¿Cómo explicarlo?
—Colapsé ayer por la fiebre, dormí todo el día y la noche, por eso estoy un poco mejor. Me duele un poco la cabeza, nada más.
La verdad seguía cansado, como si su cuerpo entero estuviera agotado, pero no quería decirle que estaba hecho polvo, porque seguramente Shinobu lo sabría. Tanjirou era incapaz de mentir.
—Shinobu dijo que trajera esto, –le enseñó una bolsa que le provocó a Zenitsu ganas anticipadas de vomitar y llorar. —Pero si quieres te puedo llevar de vuelta. ¿Prefieres estar allá?
Para Tanjirou, Uzui le caía pésimo, y se debían estar llevando como el perro y el gato, sin posibilidades para Zenitsu de poder escapar.
No quería cambiarle esa idea. No ahora, al menos. Ya confesaría sus pecados al volver.
—Estoy bien. Mañana vuelvo. —respondió, seguro. —Gracias.
Parecía dudoso, pero aceptó.
—Si cambias de idea, manda a Chuntaro y vuelvo por ti.
Zenitsu definitivamente podría llorar.
—Gracias. —gimoteó, mientras volvía a pensar que no lo merecía.
—¿Sabes qué pasó entre esos dos? Sanemi parecía molesto.
—¡¿Cuándo no está-¡?
—No siempre. Luce molesto pero no siempre lo está.
—¿Y ahora lo estaba? —temió preguntarlo.
—Bastante. —respondió Tanjirou con seguridad. —Pero Uzui parecía de buen humor.
¿Qué?
—¿Eh? ¿En serio?
Tanjirou sonrió.
—No lo estaba tomando en serio. Él me dijo que estabas escondido aquí y me dejó pasar.
Zenitsu se sintió tan avergonzado en ese momento que bien podía volver a dormir y no despertar más.
Uzui fue el siguiente en abrir la puerta, aún sonriendo.
—¿Cómo está? —preguntó Tanjirou con genuino interés.
—Perfecto, la verdad. ¿Y tú?
¿Qué situación era esa? ¿Por qué estaban los tres en el cuarto?
—Igual. —sonrió. —Gracias por cuidar de Zenitsu.
Si la tierra se abriera y lo tragara, lo agradecería de por vida.
Uzui lo miró a él antes de responder.
—El gusto es mío. —soltó.
Zenitsu le hizo un gesto, queriendo borrarle la sonrisa de la cara con sus propias manos, pero Tanjirou volteó a verlo, y Zenitsu miró hacia otro lado de forma poco disimulada.
—Me alegro que se lleven bien ahora. —su amplia sonrisa lo encandiló. ¿No se daba cuenta? Probablemente su cuerpo estaba impregnado del olor de Uzui por dormir en su cama, por besarlo, por llevar horas junto a él. De seguro Tanjirou lo sabía, pero no hacía preguntas porque no le correspondía, o porque esperaba estar a solas con él. Zenitsu sentía que le debía explicaciones. A él, a Shinobu, a Sanemi incluso, a Chuntaro, a todo el mundo. La culpa lo envolvió de pronto, como si estuviera haciendo algo malo, a espaldas del resto.
—Hay complicidad. —agregó Uzui.
—Bien por ustedes. —Tanjirou seguía tan radiante como para enmarcarlo. —¿Le dejo esto?
Uzui le recibió el medicamento, y volvió a carcajearse por el vuelco que dieron las cosas.
Acompañaron a Tanjirou a la entrada. Zenitsu se bebió el medicamento antes de que se fuera porque sabía que Shinobu le preguntaría y su condena ya debía ser bastante larga.
Se quedaron junto a la entrada hasta que lo vieron perderse en el bosque, y Zenitsu se cubrió la cara con ambas manos. Quería desaparecer. Todo era tan absurdo. Escuchó la risa de Uzui, y se largó a reír con él.
—¿Retomamos? —ofreció.
Zenitsu asintió, y se dejó arrastrar hasta el cuarto otra vez.
Fue arrojado sin mucha delicadeza sobre la cama, y Uzui se lanzó sobre él sin siquiera cerrar la puerta.
—Espera.
Uzui siguió su mirada y entendió enseguida.
—Nadie va a entrar. —vio su rostro dudoso pese a que le había creído, pero sólo por molestarlo añadió: —Aunque va ser más divertido si piensas que si.
Nada de divertido tenía que alguien los viera de ese modo, ¿era idiota?
Pero poco se puede reclamar cuando te están comiendo la boca.
Uzui probó sus labios con ímpetu, y se separó de él con la misma energía.
—Tienes el sabor de ese jodido remedio.
Zenitsu podría mirar su rostro desde esa distancia y ese ángulo todo el día. Necesitaba volver a sentir sus labios. Sentía que nunca sería suficiente. Y que tuviera el sabor horrible del remedio en la boca le provocaba más ganas de besarlo. Sólo por molestarlo, para justificar la complicidad.
Puso sus manos en su nuca para volver a atraerlo. Sentir su cuerpo sobre el suyo era algo que ya había imaginado pero que nunca pensó que se sentiría así de bien. Volvió a besarlo, permitiéndole enredar su lengua con la suya como quisiera, mientras no dejara de hacerlo.
El calor volvió a su cara. Sabía que estaba completamente rojo, y le avergonzaba, más que la situación en la que se encontraba.
Volvió a pensar en la puerta abierta. Cualquiera podía entrar, era cierto. Todo lo demás estaba abierto. Su corazón se agitó pensando que alguien podía aparecer en cualquier momento, y le importó tan poco, que entendió a lo que se refería Uzui.
Era divertido. Estar con él, conversar con él, era divertido. Era atractivo. Besarlo era lo mejor que Zenitsu había sentido en su vida, y se derretía a cada centímetro que sus manos avanzaban bajo su ropa.
No había nada de malo en eso. Sus sentimientos estaban tan claros en ese momento, pero era tan difícil describirlos.
Uzui comenzó a besar su cuello, y Zenitsu pensó que el cosquilleo le haría empujarlo lejos, pero era tan agradable sentir sus labios contra su piel, su lengua recorrer su cuello, su respiración provocándole cosquillas y hasta electricidad sacudiendo su cuerpo.
Lo envolvió en un abrazo, con sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas alrededor de su cintura, sin ganas de dejarlo salir.
Uzui pasó su mano por debajo de su cintura, y antes de que pudiera pensar qué haría, lo levantó de la cama y rodó hacia un lado, dejándolo encima de él, abrazándolo con fuerza.
Afirmó su cabeza contra su pecho durante un momento, seguramente para que no viera su cara cuando habló.
—Prométeme que vas a volver. —dijo en un susurro ronco.
Sabía a lo que se refería. Se aferró a esa idea desde la primera vez que se lo dijo, y lo prometería hasta sentirse capaz de poder cumplirlo sin ninguna duda.
—Lo prometo. —se levantó para cruzar sus brazos sobre su pecho y apoyar su mentón en ellos. —¿Va a esperar por mi?
Uzui le dedicó una sonrisa que hasta ahora jamás le había visto. No era burlesca, ni seductora, sino más bien cálida.
—Cada día. —prometió.
Zenitsu se acomodó a un costado, dejándose abrazar otra vez, y buscó pegarse una vez más contra su pecho, para escuchar sus latidos ir casi a la par con los propios.
Zenitsu sabía lo que las personas pensaban, y sentían, pero lo ignoraba. Para protegerse de ser lastimado.
Ahora no le daba miedo escuchar. Escuchar cada detalle que Uzui le entregaba, porque sentían lo mismo.
Le costaría horrores irse, y extrañaría su calor cada segundo que pasara lejos de ahí, pero eso le daría fuerzas para pelear, y ganar, y volver con vida. Volver las veces que fuera necesario, hasta el día que no fuera necesario irse.
