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Se debía tener muy mala suerte para cruzarse con dos miembros de Mad Trigger Crew en su propio territorio, en un día que ya de por sí era malo y justo días antes de la DRB, esos días en que las personas no pierden oportunidad de soltar ovaciones y provocaciones para lograr un adelanto exclusivo del poder de cada agrupación; no es la excepción, entonces, y se escuchan gritos de todas partes, de los transeúntes y las personas en casas o negocios, todos intentando que Sasara y Rosho, de Dotsuitare Honpo, intercambien algunos versos con Rio y Jyuto, los locales.
— No tenemos que hacer esto, en serio, sólo ignoren a esas personas y sigamos nuestro camino. Mi deber es detener peleas sin sentido y fuera de lo permitido. -Jyuto, pese a sentir una ligera emoción ante la idea de un enfrentamiento así, decide tomar el papel que le corresponde y dejar que todo pase sin que ninguna de las partes involucradas quede como blandengue.
— Así es, eso sería lo correcto pero... Sólo por una vez, ¡quisiera que me permitan comprobar el estado de Rosho! -Sonriente, la imagen más habitual del comediante para ojo público, golpeteó con el abanico el hombro de Jyuto quién, molesto por el trato tan casual en una situación tensa que parece no comprender el otro, desea esposarlo ahí mismo y llevarlo un par de días a las celdas del distrito. Al menos, quisiera verlo echarse en la nada cómoda cama y tratar de contener el frío.
— ¡Sa-Sasara! ¡T-tú...! -El profesor, en otras circunstancias, lo habría golpeado con el puño cerrado en esa cabezota dura que no parece cumplir su función correctamente, pero, ahora mismo, está más ocupado en contener el temblor de sus manos, la sequedad de su garganta que le impide hablar correctamente y el pánico al estar rodeado de tantas personas y más conforme llegan, atraídos por la ya de por sí grande multitud. Desea salir huyendo de ahí o, es más, renunciar por segunda vez a trabajar con Sasara, después de todo, las pistas sobre lo detrás que está de su talentoso amigo no dejan de aparecer, atravesando su pecho y llevándose la determinación de meses atrás, cuando acepto sin pensar.
— ¡Es una buena idea! ¿O tienen miedo de ser vencidos por este par de novatos? -Sasara estaba a punto de pedir "por favor", pero es más divertido si intenta molestarlos, siendo esos dos compañeros de Samatoki y tras ver su desempeño en la batalla final del torneo pasado, sabe que eso será más eficiente. Tiene calculado lo que hace, en caso de que las cosas se pongan feas, sólo se reirá como en sus shows y salvará a Rosho de un ataque demasiado fuerte o de sus miedos, lo que llegue primero.
— Iré yo, Jyuto. -Busujima Mason Rio toma iniciativa, deteniendo a su compañero cuando estaba por sacar el micrófono. -Tú eres una autoridad, involucrarte en esto te traería peores represalias a sí sólo te quedas mirando un poco. Terminaré pronto.
Rosho siente un escalofrío, una especie de sudor helado comienza bajar por su nuca, al tiempo que es incapaz de despegar los pies del suelo y salir de ahí; las sensaciones que ya conoce, producto del pánico escénico, están apareciendo más pronto de lo esperado, arrastrándolo a la primera vez que se sintió minimizado, ridículo y torpe a comparación de Sasara. Hay un nudo en su garganta, un sin fin de malestares agudizados en su cuerpo y, sobre todo, le parece mirar a sus padres compadeciéndolo, con la vista fija en el pequeño niño sentado en un rincón, demasiado asustado para salir de su escondite.
No logra volver al mundo real, ni siquiera cuando es golpeado por el ataque del miembro de MTC, el micrófono se le escapa de las manos al tiempo que sus rodillas flaquean y cae al suelo, no recordaba que provocaran un dolor tan agudo, tal vez sea esa la mejor prueba de que Rei Amayado se contuvo contra ellos y realmente no son tan buenos... Si es el caso... Es inútil, no pasarán ni de la primera ronda, quizá Sasara y Rei tengan oportunidad, pero no mientras él se interponga en su camino... No mientras ese miedo paralizante siga atormentándolo con su carga de dudas. Mira a su alrededor, ensordecido, más no cegado. Las personas que tenían un poco de fe en los nuevos la pierden de inmediato y se burlan de la facilidad con que cayó, aunque no está en sus cinco sentidos para tener claro el tiempo, sabe debió alcanzar para apenas un verso, es normal recibir carcajadas ante su debilidad, las personas que asisten y disfrutan las batallas de rap esperan enfrentamientos épicos, un espectáculo que regale sorpresas en vez de decepciones.
— ¡Lárguense, jodidos mirones! ¡Fuera de mi maldita vista o los haré pedazos! ¡Hey tú...!
Apenas empieza a recomponerse del estupor cuando siente un tirón del chaleco, alguien lo jaló para forzarlo a quedar de pie, aunque siente una violenta furia emanando hacia él, pronto aquella sensación desaparece, intercambiada por... Nada. Absolutamente nada. Sólo él, apenas sostenido por sus temblorosas piernas y quien sea que lo levantó bruscamente.
Intenta regresar a la realidad, disculparse con todos y salir de esa división ajena, correr hacia Osaka y encerrarse en su departamento a pensar todo lo que dio por hecho, eso a lo que creyó poder aferrarse estando nuevamente con Sasara.
— Me disculpo. No debí actuar así en realidad, sólo creí que era una competencia interesante y podríamos divertirnos, no fue mi intención actuar con alevosía. Lo lamento.
— Yo... Estoy bien, sólo... Sólo... - Se talla los ojos, preocupado por su vista borrosa, sus dedos se mojan levemente y es consciente de las lágrimas corriendo por sus mejillas. Demonios. No se percató de ese patético detalle antes, con razón se reían de él. Demasiado avergonzado, se limita a asentir, para dejar claro que no existen rencores. La molestia que experimenta se dirige hacia el peliverde a unos pasos y hacia si mismo, si el primero no los hubiera provocado, nada habría terminado así... Si el fuera alguien decidido como Rei, ese enfrentamiento habría sido lo esperado por los espectadores y los retados.
Sin soltar al de Osaka, Samatoki regaña a sus compañeros de división, ante un atónito Sasara que mira lo bien que su ex compañero se lleva con esos dos, no es que esperase verlos llevarse mal, pero congenian demasiado bien, aunque el peliblanco no ha cambiado nada su actuar violento e histérico (la mejor prueba es como patea al policía), ninguno se queja, de hecho, le parece que todos se divierten, casi alcanza a notar una sonrisa en sus rostros. Quizá... Quizá... Samatoki no necesitaba cambiar, podía siempre ser ese tipo agresivo y encontrar así la forma de sonreír, además, está siendo amable con Rosho, en vez de agredirlo o bombardearlo de insultos, lo ayudó a levantarse y continua sirviendo de apoyo. Es eso lo que se roba su atención, retrasando la ayuda de su parte hacia su amigo, quién, mientras tanto, se encuentra admirado por lo que alcanza a entender. Obvio que, cuando se tranquiliza, reconoce al llegado líder de MTC, quien se encargó de disipar la multitud, quien lo toma fuertemente e impide una nueva caída.
— ¿Estás bien? -La voz ronca le sorprende, dentro de todo, suena tan calmada, grave y hermosa, le recuerda a lo que una vez intentó imitar durante su etapa de rebeldía adolescente. Viéndolo bien, tiene la mirada que él usaba y se esfumó al perder la confianza, a veces, aún puede sentir su sangre hervir y sabe que debe lucir muy similar a esos tiempos, pero nunca igual, porque ya no es el mismo...- Oí... ¿Me escuchas?
— S-Sí...
— Las personas ya se largaron, Jyuto arreglará todo para que sea un incidente y ya. Ahora, largo a tu división. Los dos. -En cuanto las miradas de los los líderes se cruzan, el ambiente se tensa, aunque nadie más se interesa en ello, es evidente porque el de lentes y el tipo con arma se quedan a lo lejos. Y, en este punto, él también se distrae de la lucha de miradas que mantienen, quiere concentrarse en Samatoki, descifrar más de esos ojos y perderse en su fiereza, en los recuerdos que lo invaden de sí mismo y, sobre todo, una idea repentina.
Sí pudiera volverme tan fuerte como él, ayudaría más. A mis estudiantes, a Sasara, a todos... Podría... Ser como él... Dejar de bajar la mirada y, entonces, agradecerle mirándolo de frente...
— Gra-gracias... Nos... -Qué tonto. Decir "nos vemos" todo casual, sabiendo que su siguiente encuentro será en Chuuoku, como rivales.
— Nos vemos. Esto... ¿E-en serio estás bien...? -El yakuza desvía la mirada, pero no logra silenciar su voz, recibe una breve sonrisa por respuesta, muy similar a las que el profesor dedica a sus alumnos cuando tienen dudas y levantan la mano tímidamente.
En casa, tras deshacerse de un insistente Sasara sobre pasar la noche a su lado, piensa una y otra vez mejores formas de responder, a la muchedumbre escandalosa deseosa de obtener diversión a costa de otros, al enorme sujeto del cual no puede recordar ni la voz y, sobre todo, al famoso Samatoki Aohitsugi. Un simple gracias sabe insuficiente, a su vez, alguien con tanto poder no podría pedir nada de un pobre hombre engañado en su intento por obtener más dinero y con problemas de autoconfianza. Seguro de ello, se recuesta sobre su costado derecho y logra dormir, los ojos escarlatas continúan fijos en su mente.
Su alumna obtuvo la preciada entrevista para ingresar a una compañía de talentos. La entrevista de la joven fluyó perfectamente. Eso lo deja feliz, aunque ahora deba caminar para llegar a casa sin gastar demasiado; pero no importa, mientras los sueños de otros puedan realizarse...
— ¡Ough!
— ¡Agh!
Un intercambio de gruñidos. Se detienen, uno dispuesto a buscar pelea, el otro para disculparse.
Samatoki se sorprende y maldice su suerte. Ya tenía demasiado con soñar a ese tipo como para ahora alucinarlo, sólo su voz lo tranquiliza, al menos, sabe que no está perdiendo la cordura. Al instante, vuelve a maldecir y a sentir la razón volar de su ser.
— Oye... Tú... ¿Quieres comer pudín? E-en agradecimiento del otro día...
Rosho se siente de lo más estúpido.
Samatoki ríe. ¿Cómo negarse a los ojos más decididos que ha visto en años?
