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Language:
Español
Stats:
Published:
2020-05-20
Words:
2,535
Chapters:
1/1
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8
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69
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773

Casualidad

Summary:

Uzui lo envolvió en un abrazo que le hizo sentir un nudo en la garganta. Cada vez que estaba con él, y le hablaba, sintiendo su completa atención, se sentía sobrepasado por sus emociones. O cuando lo abrazaba, y Uzui parecía dispuesto a sostenerlo hasta que él lo soltara, como si supiera cuánto lo necesitaba, provocaba que sus lágrimas amenazaran con escapar.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Zenitsu estaba sentado junto a la cama de Tanjirou, como cada día desde que se levantaba, mientras recostaba su cabeza encima de sus piernas. Y cuando escuchó su voz, giró la cabeza en la dirección contraria, y se pegó a la ropa de cama lo más que pudo mientras trataba, si fuera posible, de atravesarla y pasar de largo hasta el suelo, donde no pudiera verlo.
Pero Uzui ni siquiera se fijó en él.
Saludó a Tanjirou, hablaron un rato y lo invitó a pasar a su casa antes del viaje, para luego irse con la excusa de dejarlo descansar, mientras el cuarto se llenaba de más y más personas.
Todos pasaron a verlo, saludarlo y despedirse. Inosuke, que estuvo a su lado todo el tiempo, lo traicionó y se escapó, pasando entre las piernas de la gente. Zenitsu entró en pánico y acabó saliendo por la ventana.
Pudo ser aún más humillante, pero por suerte no había nadie para verlo.
—Zenitsu.
Casi nadie.
Estuvo a punto de saltar a la ventana para volver dentro, pero ni eso sería menos patético ni tendría la suerte de caer sobre la cama.
—Dígame. —respondió en un tono con algo de sorna, mientras Uzui sonreía y se le acercaba.
—¿No pensabas despedirte? —se acercó, demasiado, de esa forma que Zenitsu llamaba peligrosa.
No pudo evitar mirar alrededor. Nadie los veía, pero por impulso puso su mano sobre los labios de Uzui cuando trató de besarlo.
—¡¿Por qué justo aquí?! —sabía que, si nadie los estaba mirando hasta ahora, luego de su grito definitivamente lo harían.
—¿Por qué no?
Claramente a Uzui no le importaba en lo más mínimo. Una vez fue oficial la disolución de los cazadores no parecía dispuesto a rendirle cuentas a nadie.
—Te dije que pasaría yo antes de irme. —le recordó, pero luego de todo el tiempo que prefirieron pasar esperando a que Tanjirou mejorara, ambos sabían que era poco probable. —Además tengo una reputación.
Uzui se largó a reír.
—¿De qué? ¿De no ser correspondido?
Zenitsu le dio una palmada fuerte contra el brazo, y acabó sonriendo también. Entonces la idea de no volver a verlo se apoderó de su mente, y sintió una angustia que poco a poco se le había hecho costumbre.
Envolvió su cintura con fuerza usando ambos brazos, sin fijarse si alguien estaba cerca, o si estaban lo suficientemente alejados de la ventana. Sólo quería abrazarlo con fuerza una última vez antes de irse.
Uzui lo envolvió en un abrazo que le hizo sentir un nudo en la garganta. Cada vez que estaba con él, y le hablaba, sintiendo su completa atención, se sentía sobrepasado por sus emociones. O cuando lo abrazaba, y Uzui parecía dispuesto a sostenerlo hasta que él lo soltara, como si supiera cuánto lo necesitaba, provocaba que sus lagrimas amenazaran con escapar.
—No tienes que irte, ¿sabes? Puedes…—Uzui buscó su rostro y peinó su flequillo hacia atrás con sus dedos antes de seguir. —Podemos estar juntos ahora.
Lo sabía. Se lo repetía a si mismo cada día, maldición. Sabía que podía quedarse, vivir con él, despertar cada día a su lado y nunca más sentir miedo de ser asesinado y devorado por un demonio.
—Lo siento. —se disculpó. Su voz temblorosa descalificadoramente aguda.
Uzui sonrió al verlo llorar, porque lo entendía, y Zenitsu ya había hablado con él sobre por qué debía irse. Uzui no le estaba exigiendo nada, y si le decía que podía quedarse era sólo un recordatorio de que la decisión era suya.
Lo besó en los labios, luego en la frente, y volvió a abrazarlo.
—Haz lo que tengas que hacer. —dijo al final, antes de besarlo en los labios una última vez.
Zenitsu lo vio irse, y puso su mano sobre su pecho de manera inconsciente, sintiendo una presión que también se le estaba haciendo familiar.
Pero tenía que irse con Tanjirou.
Era tanto lo que habían sobrevivido juntos, y lo que significaba para él, que no se perdonaría jamás el no verlo terminar su viaje. Había decidido, no mucho después de conocerlo, que con orgullo moriría a su lado. Y si cumplía su meta, entonces estaría ahí para verlo.
Y ahora que todo había terminado, esperaba volver con él a casa, ayudarlo a convertirla en un hogar en el que pudiera volver a sentirse cómodo, y sólo después de eso seguir con su vida.
Aún con eso grabado en su mente hace tanto tiempo, le dolió horrores ver a Tengen alejarse de su lado.
.
Uzui se estiró y volteó, poniendo su mano sobre el otro lado de la cama, por costumbre, o instinto, echando de menos el menudo cuerpo que comprobó a su lado antes de dormirse.
—¿Zenitsu?
La habitación estaba tan clara que ni siquiera había terminado de enfocar a su alrededor cuando lo llamó.
—Voy. —respondió el chico desde otro cuarto.
Uzui volvió a caer sobre el colchón como un trapo.
Cada vez que despertaba, lo buscaba. Incluso antes de abrir los ojos, su mano ya tanteaba la cama a su lado.
Zenitsu entró en el cuarto sonriendo, quitándose la ropa para volver a meterse en la cama. Su cuerpo estaba frío, y el olor dulce en su cuerpo lo delató.
—¿Estabas cocinando? —preguntó, mientras lo envolvía en un abrazo, tomando la distancia necesaria sólo para poder verlo a la cara.
—Si. ¿A qué hora volviste anoche?
—Tarde. ¿Me esperaste?
—Traté, pero me dormí.
Sonrió al recordar la noche anterior. Cuando llegó, estaba dormido con ropa y por encima de la cama sin cubrirse.
—Me di cuenta.
Zenitsu buscaba su mano de forma inconsciente mientras hablaban. Parecía entretenerse jugando con sus dedos, y Tengen se lo permitía, porque le fascinaba bastante que sus manos fueran más pequeñas.
Lo escuchó hablar de lo que estaba cocinando, y se concentró en seguir cada uno de sus gestos con atención.
Tengen era un egocéntrico asumido, y era en general bastante despistado cuando se trataba de escuchar al resto, pero había algo en él que cautivaba todos sus sentidos, y lo obligaba a atender a todo lo que le estaba diciendo. En especial ahora, que fruncía el ceño por inercia cada vez que Uzui capturaba uno de sus dedos por un rato, dificultando su recorrido por su propia mano.
—¿Vamos a comer? —le invitó.
Uzui cerró los ojos, y se acomodó como si fuera a dormir.
—¿Y si comemos aquí? —trató, sabiendo por su expresión que esa no era una opción.
—Si no te levantas conmigo entonces vas a comer solo después. Y la comida sabe mejor cuando estás acompañado.
Escucharlo decir algo que sonaba tan antiguo le provocó risa, y al ver su cara confundida supo que no entendía de qué se reía.
—¿A quién le escuchaste eso? —preguntó, suponiendo que era algo que decía su abuelo.
—A mi hermano. —respondió, y un silencio les acompañó por unos segundos.
Mierda.
Sólo habían hablado una vez sobre su hermano, y no era para nada un recuerdo grato. Sabía lo delicado que era para Zenitsu recordar a esta persona, así que pensó sus palabras con cuidado.
—Tuvo que escuchárselo a alguien mayor, supongo.
Zenitsu soltó su mano durante ese momento. Mala señal, pensó Tengen.
—Sí, supongo. —se mordió el labio mientras sonreía de forma triste. —Me lo dijo luego de disculparse. Aunque pensándolo ahora, seguramente el abuelo lo obligó a hacerlo.
Pensó que estaba arriesgando un llanto incontrolable al alargar esa conversación, pero no podía fingir desinterés. En serio quería saber cómo fue su vida; cada detalle que pudiera compartir con él.
—¿Por qué se disculpaba? —se atrevió a preguntar.
Zenitsu suspiró, acomodándose cerca, volviendo a sujetar su mano.
—Me había golpeado por quejarme demasiado, y me dio dos golpes como —hizo ademán de golpear ambos lados de su cabeza al mismo tiempo, con los puños cerrados pero golpeando con la muñeca. —justo en los oídos. —sonrió con amargura. —Creo que nunca volví a llorar de dolor como en ese momento. Hasta él se asustó.
Tengen no pudo evitar fruncir el ceño y apretar los dientes. Sabía lo sensible que eran sus oídos, y se recordó a si mismo cuando era un niño y sentía un dolor más grande de lo que era capaz de controlar. Pero no recordaba haber recibido un golpe así de uno de sus hermanos.
—¿No le dijiste a tu abuelo?
—No quería morir. —dijo, riendo. —No lo “acusé” nunca. Además no era raro que me golpeara, sólo que esa vez no midió su fuerza. El abuelo debió hablar con él, porque fue a buscarme para comer al rato. Yo seguía llorando, obviamente.
Lo contaba como si fuera una anécdota divertida. Podía entender la nostalgia, quizás, porque ninguna de esas personas estaba con vida, pero le costaba entender que pudiera recordarlos con cariño. Supuso que lo subestimaba.
—¿No te enojabas con él? —no quería detalles que lo hicieran sentir incómodo o triste, pero no le entraba en la cabeza el por qué dejarías que te pasen a llevar por años. Apenas Tengen entendió que no quería seguir con su familia, se fue junto a las personas que quería proteger, y que estaba seguro nunca estarían en su contra.
—No. —su mirada volvió a dar una vuelta por el cuarto. —Digo, tal vez en el momento sí, pero era mi hermano.
—¿Aunque te golpeara?
—Bueno, mi abuelo también me golpeaba, pero me amaba.
Escucharlo decir eso fue como un puñetazo en la entrada del estómago.
Pudo comprender que en realidad Zenitsu no tenía en ese entonces a nadie más que a ellos dos, y que el maltrato para él era algo normal. Como si en un golpe no dejara de haber cariño sólo porque te lo daba una persona de tu familia.
La idea le revolvió el estómago.
No sabía qué decir ahora. No sabía cómo decirle que no volvería a sentir algo como eso. Que nunca más confundiría el amor con el abuso, ni volvería a ser lastimado. No mientras él estuviera a su lado.
Pero ninguna palabra podía cargar el peso de lo que sentía por él en ese momento, y sólo pudo incorporarse para alcanzar sus labios y darle un beso.
—Te amo. —dijo, mientras su mano se entrelazaba en su cabello antes de volver a besarlo.
Y entendió que Zenitsu no se estaba tomando sus palabras a la ligera, porque comenzó a llorar. Tal vez por el simple hecho de recordar a su familia, o tal vez por analizar sus recuerdos de forma diferente ahora que llevaba años sin ellos, pero cuando envolvió a Tengen en un abrazo no pudo dejar de llorar.
—No digas algo como eso ahora. —se quejó.
—Lo siento. —sonrió, sin saber por qué era su culpa.
—Estaba tratando de no llorar, y ahora-
Tengen volvió a caer en ese momento tan recurrente en donde no sabía qué hacer cuando lo veía llorar, porque nunca se le dio bien el consolar a las personas y porque él era una persona que jamás lloraba.
Y aunque supiera que hacer cuando lloraba, definitivamente no sabía qué hacer cuando lloraba y sonreía al mismo tiempo, como ahora.
—Me estás asustando.
Zenitsu le dio un golpe suave en el brazo, y lo empujó para devolverlo a su lado de la cama y acurrucarse sobre su pecho otra vez.
—¿Te vas a levantar a comer conmigo o no? —ahora su tono de voz parecía regañarlo.
Tengen se tomó su tiempo para pensarlo.
—De acuerdo. Pero sólo porque me tenía que levantar de todos modos para ir al pueblo.
Zenitsu en seguida buscó su mirada.
—Si necesitas algo yo puedo ir en un rato.
¿Acababa de ofrecerse a ir por él de compras? ¿Sólo por ser amable? ¿Todo eso era capaz de lograr con un beso? Sonrió al responder.
—Mejor vamos juntos.
Entonces Zenitsu volvió a la normalidad.
—Entonces ve sólo. —dijo, volteando para darle la espalda.
Tengen usó todo su control para no empujarlo fuera de la cama.
—No te acompañaré afuera cuando sea de noche y te de miedo entonces. —dijo, dándose la vuelta también, sintiendo casi enseguida sus brazos a su alrededor, y su frente pegada a su espalda mientras lo abrazaba.
—Eres cruel. —soltó.
Tengen lo aceptaba, pero tomando en cuenta el chantaje que Zenitsu le hacía a diario, estaban a mano.
—Te voy a ignorar aunque llores de miedo. —amenazó. —Y dejaré a Chuntaro afuera por la noche aunque lo vea por la ventana.
Por el movimiento de la cama y su respiración contra su espalda supo que se estaba riendo, y se le contagió por más que trató de hacerse el enojado.
—Eres horrible, en serio. —le recriminó aún riendo.
Tengen volteó otra vez, hasta volver a quedar encima de él.
Zenitsu no puso ninguna resistencia cuando sus manos fueron sujetadas sobre su cabeza, e incluso abrió las piernas para acomodarlas alrededor de su cadera. Una escena que Tengen amaba, y sabía que a Zenitsu le gustaba encontrarse en esa situación, por más que sus labios dijeran otra cosa. Sus mejillas se pusieron rojas cuando Tengen comenzó a besar su cuello.
—Dijiste que íbamos a ir a comer. —insistió, mientras ladeaba su cabeza y dejaba escapar suspiros cada vez más agitados.
Tengen mordió su cuello suavemente.
—Deja comerme esto primero y luego vamos.
Zenitsu resopló, e hizo lo posible por ahogar su risa para no matar el ambiente, pese a ser quien estallaba en risa siempre que tenían sexo. Simplemente no dejaban de hablar tonteras en ningún momento, y como a Tengen se le contagiaba su risa, acababan riendo ambos y su momento se iba por el tacho.
—Te amo. —dijo Zenitsu, por primera vez.
Tengen no pudo abrir más los ojos, y dejó de moverse, soltando sus manos para poder incorporarse y ver su cara.
—¿Cómo fue? —preguntó, esperando oírlo otra vez, mientras lo veía.
—Te amo. —repitió, sonriendo. Su rostro estaba completamente rojo y evitaba mirarlo a los ojos mientras luchaba por quitarle la ropa interior.
Tengen podría haber saltado sobre la cama como un niño sólo por lo feliz que le hizo escucharlo decir eso, pero se contuvo, como el adulto que era, y en cambio lo ayudó a desvestirlo.
No podría nunca tener suficiente de su rostro sonrojado, de su cuerpo temblando bajo el suyo, o de sus manos recorriendo su cabello y su espalda, sujetándolo con fuerza, como si necesitara esa contención.
Tengen necesitaba verlo, porque casi no soportaba perderlo de vista, ni se sentía capaz de tenerlo lejos. De no sentirlo por un solo día.
No se aburriría nunca de verlo intentando explicarle lo que sentía cuando lo hacían, o las caras que hacía, mientras trataba de explicar por qué parecía que iba a llorar, mientras Tengen se burlaba de ello.
Era sin ninguna duda lo más importante en su vida. El motivo por el que reía todos los días y la confirmación de que cada batalla había valido la pena, que todo lo que hizo lo condujo a ese momento, a esa vida junto a él que lo esperó durante tanto tiempo y que por fin podía disfrutar, sin convencerse de lo afortunado que era, por estar vivo, por estar con él, y por todo lo que les esperaba de ahora en adelante.

Notes:

nunca puse mi mano en el destino
soy más de perderme por el camino
pero no puede ser simple casualidad
haber dado con algo tan especial