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Oculto

Summary:

Shen Qingqiu es un príncipe sin logros, Liu Qingge el héroe para todos.

Lo que es verdad y mentira permanece oculto.

 

#LiuJiuWeek2020
Día 1: Aliados o Enemigos.
《El Príncipe y su Caballero》

Notes:

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LiuJiu Week! Woooo!!!! Era mi sueño desde hace tiempo ❤️❤️❤️
Habría sido mejor si me enteraba antes de que empezara :')

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Los sueños están repletos de rojo.

El cielo y la tierra, corrompidos con el color de la sangre y el hedor a la carne putrefacta. Todo pertenece a los muertos, a los suyos, a los de otros.

Todo es obra de uno, la realidad está cubierta de negro.

✦

Liu Qingge abre los ojos, lo recibe un techo desconocido.

Por un momento, la confusión y el recelo se apoderan de su mente. Su instinto lo hace buscar a Cheng Luan, la encuentra sobre la mesa nada familiar a lado de la cama donde actualmente yace acostado.

Es hasta que está de pie y con Cheng Luan en sus manos que se la sensatez lo aleja del rojo en sus sueños.

Observa la habitación y se da cuenta de lo elegante de todo. Es espaciosa y bellamente decorada, de colores blancos y verdes, igual a los colores del escudo del reino.

La comparación despierta la memoria. Por supuesto que tendría esos colores, fue hecha con ese propósito.

Está en el castillo, recuerda. Yue Qingyuan le pidió quedarse y no había nadie que se atreviera a negarse a las peticiones del Rey.

Nadie, excepto una persona.

A su cabeza llega la imagen de esa persona; el cabello libre y negro, la piel blanca, las iris castañas que a la luz destellan con verde, las túnicas finas de colores iguales al emblema al que ha jurado lealtad, el abanico que cubre los labios, pero no consigue ocultar la arrogancia de su dueño.

La imagen de sus pensamientos se despeja con el sonido de la puerta.

Con el ceño fruncido por la perturbación repentina, abre la puerta. Lo recibe una sirvienta del palacio.

—General Liu— dice, Liu Qingge no se pierde el tono dulce pero coqueto— el Rey me pidió avisarle que el Banquete se estará sirviendo pronto y espera contar con su presencia. ¿Necesita alguna ayuda para su ducha? ¿Quiere que le prepare un juego de túnicas nuevas? Estoy dispuesta a servir a todas sus necesidades.

Liu Qingge podía admitir que no era una mujer de aspecto común, su belleza era sobresaliente, ni siquiera el atuendo pobre la hacía perder su encanto. Lástima que no era ingenuo.

Aunque a él le encantara burlarse de su simpleza y falta de cerebro, ambos conocían la destreza de su mente. No se convirtió en el General del Ejército Bai Zhan del Reino Cang Qiong sólo por su fuerza (aunque admitiría que contribuyó mucho).

Incluso cuando había dormido gran parte de la tarde, sus instintos y su cuerpo estaban entrenados y tenían la experiencia suficiente para saber que aún faltaba algún tiempo para la hora del Banquete. No dudaba que Yue Qingyuan le hubiese dado la tarea a esa mucama de avisarle llegado el momento, pero era claro para él que ella había venido demasiado temprano.

Por su comportamiento, las intenciones eran obvias. Probablemente esperaba seducirlo con su voz dulce y apariencia seductora, quizá no con la intención de lastimarlo sino sólo de liberarla de esa vida de servidumbre.

Es una pena que Liu Qingge no fuese un lujurioso como el viejo Rey del Imperio Huan Hua. Por más que se le insinuara, no podría despertar su interés.

—No— responde sin más antes de cerrar la puerta y darle a la otra una oportunidad de colarse a su habitación por cualquier excusa.

El color de las mejillas de la sirvienta se torna rojo de ira y vergüenza, pensar que sería rechazada después de que todos los hombres que la conocían alababan su belleza. ¿Estaba apuntando demasiado alto al final?

No pudo evitar alejarse desanimada, conquistar a Liu Qingge no sólo era por gloria, en realidad se había enamorado del rostro joven y apuesto del caballero más habilidoso del Reino.

Antes ya había escuchado que el corazón de Liu Qingge era como una montaña incapaz de moverse, también había escuchado de la cantidad de mujeres hermosas que rechazó, pero tenía suficiente confianza en su apariencia como para intentarlo de todos modos; pero, al final, tuvo el mismo resultado. Se preguntó si en el mundo existía alguien que lograra tocar ese corazón de piedra.

Cuando los pasos de la sirvienta se perdieron, la puerta se abrió de nuevo y Liu Qingge salió de la habitación. Ya que estaba despierto, no tenía caso permanecer encerrado hasta la cena.

Los pasillos del Palacio son extensos y variados, similares entre sí. De no estar familiarizado con ellos, podrías ser fácilmente confundido y quedar varado al igual que en un laberinto; aunque no siempre fue así, solo pocos años antes, Yue Qingyuan ordenó una remodelación completa del castillo para crear esta ilusión a los espías y asesinos que desearan colarse dentro.

Pero Liu Qingge no fue como otros que saltó a halagar a Yue Qingyuan por su sabiduría, no sabiendo que tal artimaña oscura y sucia nunca podría salir de la mente de su Rey bondadoso y gentil.

No, ese truco debió ser una sugerencia de la resbaladiza serpiente cuya lengua susurra al oído del Rey. Sólo él pensaría en trampas tan viles y convencería a Yue Qingyuan de implementarlas.

Al menos Liu Qingge estaba familiarizado con el Palacio lo suficiente para no caer en el juego. Incluso si caminaba por los pasillos sin ningún guía, no se perdería.

Sirvientes pasan a su lado y se inclinan al reconocerlo, de ahí en más lo dejan andar a su gusto. Primero, porque el banquete de esa noche debía ser perfecto, todo el personal del castillo está con las manos llenas con los arreglos; segundo, incluso si quisieran impedirle el paso, ¿cómo detener a un hombre que podría asesinarlos sin necesidad de desenvainar su espada? Tampoco es como si Liu Qingge fuera un desconocido, en todo el Reino, su fama era incluso más famosa que la del príncipe.

Aunque no lo obstaculizan ni lo observan demasiado, Liu Qingge todavía los escucha susurrar entre ellos cuando pasa a su lado.

—Es Liu Qingge, el General de Bai Zhan.

—El héroe del Reino.

—El hombre más fuerte.

—El hombre más guapo.

—Un Dios de la Guerra.

A dicho Dios no le importan tales palabrerías; al contrario, al escucharlos frunce el ceño, todos notan el mal humor repentino. Se apresuran en sus pasos, sin querer ser el objetivo de su desquite.

En cuanto a Liu Qingge, él sigue caminando, aguanta la mala sensación por las alabanzas.

Se detiene hasta que llega a una habitación particular, dos mujeres de armadura violeta custodian la puerta.

Las dos le asienten como señal de reconocimiento, al igual que todos hasta ese momento. Pero no se apartan con temor como el resto, ni quedan deslumbradas por su rostro apuesto. Ellas por sí mismas son bellezas etéreas, después de todo.

—El Rey está adentro hablando con Tian Lang-Jun— le avisa una, la mayor entre ellas—. Si quieres, puedo avisar de tu presencia, pero si serás bienvenido o no, no puedo asegurártelo.

En otras palabras, si te dan permiso, podrás pasar; si no, olvídalo, no te dejaré entrar.

Era por esta actitud que Liu Qingge admiraba a la Guardia Real de Xian Zhu, incluso ante él, el General de Bai Zhan, se negaban a doblegarse, sólo siguiendo la voluntad y los deseos del Rey con lealtad absoluta.

A regañadientes, Liu Qingge admitía que el batallón de Xian Zhu, separado por completo del ejército, fue una de las mejores ideas de ese tipo. Podía recordar como una gran cantidad de personas se quejaron de esta propuesta cuando fue sugerida, en especial por el requisito de ser conformado sólo por mujeres. A pesar de que no le molestaba un poder de lucha separado al ejército, cuando escuchó lo último incluso Liu Qingge tuvo sus dudas, pero resultó que esto fue una gran ventaja, los invasores admiran las rosas, pero ignoran las espinas.

—Por favor, Qi Qingqi.

Ella asiente y se pierde dentro de la habitación, Liu Qingge aprovecha la ausencia de terceros para alejar la formalidad

—Mingyan— saluda, y la sonrisa con la que Liu Mingyan le responde aún es visible a pesar de la tela que oculta la mitad de su cara.

—Hermano.

Sólo necesitan ese intercambio, ambos se han visto y saben que el otro tiene buena salud, eso es suficiente para sentirse pleno.

Pero Liu Mingyan continúa hablando, pese a su expectativa.

—Felicidades por tu victoria— dice, y Liu Qingge siente su estómago retorcerse.

Antes de poder responder, Qi Qingqi sale de nuevo, con un gesto le indica que tiene el permiso.

Él agradece y reanuda su andada, pero cuando pasa junto a su hermana escucha el susurro y la advertencia.

—Él también está adentro.

Liu Qingge reprime su impulso de bufar. Si no supiera que él estaría ahí, ni siquiera habría venido.

Cuando la puerta se cierra detrás de él, lo primero que hace es una reverencia en honor a la realeza reunida.

—General Liu, levante la cabeza. Un hombre tan apuesto como usted, su belleza no puede apreciarse de cuclillas.

Ese, por supuesto, no fue nadie que él conociera, pero también fue la razón por la que se inclinó. En días normalesz no tendría necesidad de hacerlo por su buena amistad con Yue Qingyuan.

Cuando levanta la cabeza, lo observan tres pares de ojos, todos con emociones diferentes.

La más destacable es la figura alta y desconocida vestida de colores oscuros, de ojos grandes y de un negro profundo del mismo tono que su cabello; las cejas cónicas enfatizan su aspecto valiente y sobresaliente. El halago de belleza que le dio a Liu Qingge incluso podría parecer una burla si comparan aspectos, es claro que Liu Qingge es una belleza entre bellezas, pero ese hombre tiene un encanto salvaje y misterioso, más masculino en comparación con los rasgos delicados de Liu Qingge.

Él sabe en seguida que ese hombre es Tian Lang-Jun, Gobernante del Reino del Sur, quien era su enemigo hace nada.

Tian Lang-Jun es el más obvio respecto a su emoción. No le interesa ocultar su curiosidad por Liu Qingge, todo lo contrario, lo juzga con ojos descarados, pero no hostiles. Es más de lo que Liu Qingge esperaba debido a su papel en la guerra reciente, y al parecer para Yue Qingyuan es lo mismo, pues no consigue evitar el suspiro de alivio al ver que Tian Lang-Jun no muestra signos de odio por quien en varias ocasiones arruinó sus planes de conquista.

Detrás de ambos, está un tercer hombre cuya presencia no es tan notable. Parado justo detrás de donde Yue Qingyuan permanece sentado. La reacción de este hombre es la más oculta y, sin embargo, Liu Qingge lo ha conocido lo suficiente para leer el sentimiento de desilusión en sus pupilas cuando lo vio ponerse de pie en lugar de permanecer en el suelo arrodillado.

A Liu Qingge no le sorprende, sabe lo mucho que a él gusta verlo doblegado.

—Agradezco las palabras de su Majestad— es lo único que responde a Tian Lang-Jun, se conoce lo suficiente y sabe que es más probable que arruine las cosas mientras más habla. No quiere ofender a su nuevo aliado, no cuando acaban de salir de la guerra.

—¿Qué trae al General Liu aquí? El banquete será servido dentro de poco, lo que sea que desee decir, seguro podía esperar hasta ese momento— quien habló no fue Tian Lang-Jun, mucho menos Yue Qingyuan.

Liu Qingge habría rodado los ojos de no ser porque estaba en presencia de una persona con la que debía mostrar completo respeto a sus gobernantes. De no ser así, ya habría criticado la tendencia a enmascarar las palabras del otro. ¿No era obvio que lo estaba llamando invitado indeseado?

—El príncipe Shen tiene toda la razón, esta vez fue mi imprudencia— suelta las palabras a regañadientes, no se pierde el brillo de diversión en los ojos del otro, el bello rostro se ilumina con un toque de arrogancia difícil de disfrazar.

—¿No está siendo el príncipe Shen Qingqiu algo duro?— lo defiende Tian Lang-Jun para sorpresa de todos— El General Liu es, después de todo, el mayor contribuyente de esta alianza. De no ser por él, me temo que nuestros Reinos seguirían en guerra. ¿No deberíamos darle algo de cara?

Con sólo esas palabras, cualquier rastro de malicia en las facciones de Shen Qingqiu se derriten, cuando su atención se centra en Tian Lang-Jun no hay más que respeto y una suave sonrisa. Una falsa sonrisa.

—El Gobernante del Sur es sabio, este príncipe ha sido iluminado.

Tian Lang-Jun le responde con su propia sonrisa, pero Liu Qingge no la encuentra reconfortante en absoluto, solo despierta emociones difíciles de describir. Este gobernante no es tan tonto como otros; por lo visto, no es alguien a quien Shen Qingqiu pueda engañar con su máscara de Príncipe dócil.

El tenso ambiente se rompe con una tos suave. Todos regresan a Yue Qingyuan, el único cuya sonrisa es verdadera.

—En realidad, el General Liu llegó justo a tiempo. Recién terminamos la reunión hace un momento, estaba por ordenar que sirvieran el banquete de celebración por nuestra alianza.

Después de escuchar a Yue Qingyuan, el estado de ánimo de Tian Lang-Jun mejoró en seguida, sus ojos incluso se iluminaron de curiosidad y emoción genuina.

—He escuchado mucho de la comida de estas tierras, ¡llevo mucho tiempo queriendo probarla! Usted también, General Liu, he escuchado de todas sus hazañas, soy un ávido amante de las historias, me encantaría escuchar todas sus aventuras de sus propios labios.

—Será un honor— responde, eso al menos podía hacerlo.

Yue Qingyuan y Tian Lang-Jun salen primero del estudio; el segundo parece tener mucho que decir y a Yue Qingyuan siempre le ha gustado escuchar, al menos el banquete no augura ser incómodo. Detrás de ellos, Qi Qingqi y Liu Mingyan los siguen como su escolta.

Antes de que Liu Qingge pueda salir, sin embargo, la puerta ya ha sido cerrada por Shen Qingqiu, dejándolos a los dos solos dentro de la oficina del Rey.

Liu Qingge ya lo esperaba.

—¿Que querías?

La pregunta es franca y poco cortés, nadie relacionaría palabras tan groseras con el elegante, refinado y educado príncipe Shen Qingqiu. Pero estas personas poco sabían de los verdaderos colores de su príncipe.

Liu Qingge observa a Shen Qingqiu alejarse de la puerta y sentarse justo en el sillón donde Tian Lang-Jun estaba antes.

Hay una gran diferencia entre antes y ahora, y, básicamente, entre dentro y fuera de una sala con alguien aparte de ellos. Cuando Shen Qingqiu se encontraba con alguien, no dudaba en mostrar su mejor cara y actuar inofensivo, educado pero prudente y sencillo. Un príncipe modelo.

Antes, con Tian Lang-Jun, Shen Qingqiu se había mantenido de pie y escuchaba impasible la discusión de los dos hombres, agregando sólo uno u otro comentario, pero sin buscar imponer sus ideas o que resaltará su presencia. Ahora, con Tian Lang-Jun fuera, el comportamiento es todo lo contrario; las pupilas mantienen un brillo astuto y su postura en el asiento reflejan una presunción más alta que la del mismo Rey de Cang Qiong.

Liu Qingge casi puede escuchar el girar de las ruedas en su cerebro, no por él, sino por todo lo que escuchó en las últimas horas. Shen Qingqiu ya estaba planeando y Liu Qingge no sabía qué estaba planeando. De no ser porque conoce a este príncipe y la lealtad incondicional que le tiene a su hermano, no le resultaría difícil creer que su ambición es tan grande como para armar un golpe contra la Corona.

Shen Qingqiu es un hombre del que todos debían de cuidarse, un zorro astuto, una venenosa serpiente. Esto, sin embargo, pocos eran los que lo sabían. La mayoría del mundo ni siquiera lo ponía a sus ojos, sólo es el príncipe, sin nada malo para reprochar, sin nada bueno para felicitar, se mantiene tanto al margen de cualquier asunto que los ciudadanos apenas recuerdan que existe, ¿quién lo notaría cuando existen celebridades como Yue Qingyuan, Liu Qingge y hasta Qi Qingqi de las cuales cuchichear?

Qué fácil de engañar es la gente. Qué fácil es caer en las estratagemas de Shen Qingqiu.

—Me llamaron héroe, el héroe del Reino, no menos.

Shen Qingqiu frunce el ceño en claro fastidio.

—¿Y por eso interrumpiste esta reunión importante? Podías venir a quejarte en cualquier otro momento.

—¿Me habrías recibido en algún otro momento?

Shen Qingqiu tuerce los labios, claro que no.

—¿Y que si te llaman héroe? Es lo que eres, ¿no? El gran general Liu Qingge, cuya fuerza es equivalente a la de mil hombres, cuya belleza es comparable a la de mil mujeres, el héroe que rompió las filas y filas de soldados del Reino del Sur hasta que forzó a su gobernante a considerar una alianza.

Bellas palabras, si Liu Qingge fuese alguien más se habría creído los halagos. Pero Liu Qingge era Liu Qingge y Shen Qingqiu se estaba burlando de él.

—Ellos incluso me llamaron un Dios de la Guerra— responde, ignora las palabras del otro.

Esta vez, Shen Qingqiu se queda callado por un segundo breve. Las comisuras de sus labios se alzan en una sonrisa satisfecha y calculadora.

—¿No es eso bueno? Mientras más te glorifiquen, más miedo te tendrán y menos causaran problemas a Cang Qiong. Un "Dios de la Guerra", no lo había pensado, mañana empezaré a propagar el apodo.

Sus miradas se cruzan, en silencio le indica a Liu Qingge que ya lo ha decido y no puede hacer nada para evitarlo.

—No debería ser yo quien tenga ese apodo— es lo que Liu Qingge responde.

Sí, el lucho contra miles de soldados y derrotó batallones hasta cruzar la frontera del Sur y arrinconar a Tian Lang-Jun; pero quién armó todas las estrategias para lograrlo no fue él, él solo jamás habría vencido sobre las tácticas brillantes de Tian Lang-Jun.

En todo el mundo, sólo una persona era más ingeniosa que él, pero esa persona pasaba sus días en un Palacio leyendo libros, recitando poemas, tocando instrumentos y haciéndose pasar por un príncipe pasivo sin conocimientos ni interés por el campo de batalla.

A otros les gustaba tomar el crédito completo y no compartirlo, pero Liu Qingge no era así, él no disfrutaba de una gloria que no era del todo suya.

—¿Yue Qingyuan sabe de tu participación detrás de escena?— pregunta.

Por el silencio de Shen Qingqiu, Liu Qingge ya sabe que no.

—Lo sospecha— le responde, y Liu Qingge se alivia porque su Rey no se permite vendar los ojos—, pero no me preguntara al respecto.

Liu Qingge lo sabía, así de mimado tenía Yue Qingyuan a su hermano. Lo dejaría hacer y actuar como quiera sin preguntar. No es como si importe en serio, ambos sabían que las acciones de Shen Qingqiu siempre eran a favor de Cang Qiong.

—¿Cuándo dejarás la farsa?— pregunta esta vez, como siempre lo hace cuando se reúnen. La respuesta siempre es la misma.

—Cuando sea conveniente.

Liu Qingge se cuestiona si algún día será conveniente.

Entre ser una espada visible que todos pueden ver y analizar como Liu Qingge, Shen Qingqiu prefería ser una daga oculta para sorprender a sus enemigos llegada la situación. Es como el juego de Go al que Shen Qingqiu es fanático, donde todas las piezas se mueven sin saber que él es quien las controla.

Shen Qingqiu se levanta, da por terminada la conversación.

—Si eso es todo, vámonos. Ya tengo una excusa para nuestra tardanza.

Shen Qingqiu debe sentir sus emociones conflictivas cuando pasa a su lado porque se detiene antes de abrir la puerta.

—Por cierto, Liu Qingge.

Liu Qingge gira su cuerpo al escucharlo. Cuando lo hace, otros labios se estrellan contra los suyos.

Los músculos de Liu Qingge se tensan, sus labios permanecen sellados y sus manos inmóviles a sus costados. Su firmeza no dura, no cuando la lengua de Shen Qingqiu lame sus labios y con sus ojos le pide, le ordena, abrirlos.

El beso deja de ser un contacto frío cuando Liu Qingge cede a él. Las manos quietas rodean la cintura del príncipe y Shen Qingqiu rodea con sus brazos el cuello del caballero. Sin la armadura molesta, Shen Qingqiu incluso acaricia los músculos de la espalda.

Cuando el aliento falta, se separan sus labios, pero no sus cuerpos.

—Hiciste un buen trabajo— susurra Shen Qingqiu entre el espacio de sus bocas—. Terminando el banquete puedes venir a reclamar tu recompensa. ¿No es esa la verdadera razón por la que te quedaste?

No, quiere decir Liu Qingge, negar las palabras y usar a su Rey de excusa.

No puede.

La sonrisa felina de Shen Qingqiu se extiende cuando no llega una respuesta, incluso le da otro beso rápido antes de separarse en compensación.

Durante el banquete, mientras compartía anécdotas con Tian Lang-Jun, no se olvidó de observar la actitud y platica tranquila de Shen Qingqiu con el general de la otra nación y sobrino de Tian Lang-Jun, Zhuzhi Lang. El sobrino no resultó tan inteligente como el tío, quedando cautivado por el acto inocente del otro, ¿pero era Liu Qingge alguien para hablar?

Esa misma noche, mientras observaba a Shen Qingqiu dormir con varias marcas en su piel de jade, se reprendió por ofender a Zhuzhi Lang antes, ¿no había caído él mismo en el juego del príncipe?

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Notes:

¿Qué tal? ¿Qué les pareció? 👀
¡Sigo sin creer que no me entere de la Week hasta que ya estaba!

Este es un trabajo apresurado, me disculpo por todos los errores 🙏

La verdad no sé qué tan bien quedó esto, pero espero les gustará.

Al principio había elegido la temática de Paladín & Mago Oscuro, pero me di cuenta de que la trama sería demasiado compleja y la cambié a una más fácil de escribir (un día utilizaré ese borrador para algo...).

Lo más probable es que no termine la Week a tiempo, pero estaré dando todo mi esfuerzo por acabarla, aunque sea tarde 💪🏽❤

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