Chapter Text
Lance intentaba concentrarse en su estudio para su examen de geografía. Constantemente se repetía que faltaban ya solo dos semanas para que las clases terminaran, o en su caso, dos semanas para oficialmente dejar de ser un estudiante de secundaria. Luego de las vacaciones de verano pasaría a ser un estudiante de preparatoria y quizá así ya no ser considerado un niño para su familia.
Se levantó de su escritorio y caminó hacia la puerta de su habitación, dispuesto a cerrarla. Su madre constantemente le decía que la dejara abierta porque luego él no escuchaba cuando ella lo llamaba, pero era difícil que eso sucediera en esos momentos, en especial porque su madre estaba platicando con una de sus hijas en el pasillo al lado de su puerta.
—Es la graduación, mamá. No tendré oportunidad de usar un vestido así hasta graduarme de la universidad.
Lance rodó los ojos. Ese era el tema de la semana. Su hermana mayor, Rachel, iba a graduarse esa semana de la preparatoria. Pedía constantemente que le compraran un nuevo vestido para la ocasión. Logró que su papá cediera, pero la verdadera prueba a vencer era su mamá.
—¿Tanto quieres un vestido nuevo? —preguntó su madre, aún sin caer ante su hija.
—Todas las chicas de los talleres deportivos acordaron llevar el mismo color. ¡No quiero fallarles! Como miembro del equipo de basquetbol, debería ir del mismo color que ellas.
No era que a Lance le interesara la plática sobre vestidos de mujeres, sino que repentinamente había caído en la cuenta de algo. Hasta se sintió tonto por no haberlo pensado antes.
Nunca había podido acompañar a sus otros hermanos a sus graduaciones porque le llevaban muchos años. Rachel era la más cercana a él en edad. Se llevaban tres años de diferencia. Eso significaba que en la fiesta habría chicas en sus dieciocho años. Para él, alguien de quince, eso era como un sueño hecho realidad.
Salió de la habitación. Rachel estaba dando brincos de emoción porque su madre acababa de ceder ante la petición de comprar un nuevo vestido.
—¿Puedo ir?
Las dos voltearon a verlo. No les extrañaba tanto. Lance era alguien muy social, como lo eran casi todos en su familia. Sabía interactuar con la gente y le gustaba estar con ellas, además de que, para bien o para mal, le gustaba estar rodeado principalmente de mujeres.
—Eh…
Rachel no sabía qué responder. No era que no quisiera que Lance fuera, sino que no entendía para qué querría ir su hermano.
—No veo por qué no —dijo finalmente su hermana.
Ambos voltearon a ver a su mamá, quien era la que más parecía dudarlo.
—No sé, Rachel. Si tú andarás en la fiesta, ¿quién va a cuidarlo?
—Después de las vacaciones tendré dieciséis años, mamá. No creo que me tengan que andar cuidando.
—Si tanto te preocupa, lo estaré vigilando desde lejos —dijo Rachel—. Además, ¿qué tanto puede hacer Lance? Si bien le va, más que a una chica, sólo conquistará a una silla.
Lance se puso rojo de las mejillas. Odiaba que su hermana dijera en voz alta sus verdaderas intenciones.
—De acuerdo, de acuerdo —respondió al final su mamá. Sólo que ya sabes, Rachel. Los quiero aquí antes de media noche, o sino mandaré a uno de tus hermanos por ti.
. . .
El día de la fiesta llegó. Rachel estaba feliz con su nueva ropa y Lance se había vestido lo más elegante que pudo. Trató de hacer de todo para parecer mayor, pero luego de que uno de sus hermanos lo sacara casi a patadas de su habitación por querer usar su colonia preferida, se hizo a la idea de que no dejaría de parecer un chico de secundaria.
Uno de sus hermanos los dejó en la escuela. Esta estaba cerrada a excepción del gimnasio, lugar en donde se llevaría acabo la fiesta de graduación. Desde afuera alcanzaba a distinguirse la música y se veía mucha iluminación proveniente de las ventanas.
—Vamos —le dijo Rachel—. Y recuerda, Lance, compórtate.
Este asintió a medias. Pocas veces había pisado el territorio de la preparatoria y a veces se ponía nervioso de imaginarse que después de vacaciones sería un estudiante ahí.
Las puertas del gimnasio se abrieron y Lance, lejos de sentirse nervioso, se sintió emocionado. Había gente bailando, conversando o haciendo ambas cosas. Él siempre se consideró alguien extrovertido, con facilidad para socializar sin importar el ambiente. No se dejó intimidar porque fueran más grandes que él.
Aún así, luego de varios intentos de conquista -según él-, comenzó a pensar que quizá y sí afectaba el que fuera tres años más joven que las chicas que estaban ahí. Ellas se comportaban como si ya fueran universitarias. No se iban a andar fijando en un chico que aún no había terminado de crecer.
Por otro lado, Rachel se encontraba platicando con sus amigas del equipo de basquetbol. Mientras hablaba con ellas, se encontró a lo lejos a un chico que le recordaba vagamente a su hermano Lance.
Había compartido algunas clases con él a lo largo de la preparatoria. Se llevaban bien al punto de hablarse, pero no tanto como para considerarse amigos muy cercanos.
Fue a saludarlo, y mientras se acercaba, recordó por qué se le figuraba tanto a Lance. Ambos eran pésimos para conquistar chicas.
—¿Has tenido suerte, Matt? —le preguntó Rachel cuando llegó a su lado, luego de que una chica diera media vuelta, indiferente a los encantos de Matt.
—Apenas les digo cuál es mi cómic favorito, se esfuman —dijo algo cabizbajo el chico.
Rachel rio y le dio unas palmadas al hombro.
—Yo creo que en la universidad encontrarás a alguien más acorde a ti.
—Hay un chico por aquí —dijo Matt, acomodándose sus anteojos—, se nota a leguas que es menor que nosotros. ¿Es tu hermano?
—¿Cómo lo sabes?
—Todos los McClain se parecen. Vagamente recuerdo a tus hermanos mayores cuando entramos a la preparatoria.
—Sí, es mi hermano. Lo dejé acompañarme.
—¿Vino por su propia cuenta? Eso es extraño. Yo casi tuve que pagarle dinero a mi hermana para que me acompañara. Detesta salir a lugares llenos de gente, pero mis papás no querían dejarla sola en casa.
—No sabía que tenías una hermana —dijo Rachel, sorprendida.
—Se llama Katie. Acaba de terminar primer año de secundaria. Soy mayor que ella por cinco años.
—¿Y dónde está?
Matt llevó su dedo índice hacia los asientos para el público del gimnasio, pero a donde señaló, estaba vacío.
—Oh, no…
. . .
Lance, después de un fallido intento por acercarse a una chica y que esta le señalara que era obvio que él acababa de terminar la secundaria, salió al patio de la escuela a tomar aire y a buscar no desanimarse.
Afuera, creyéndose solo, comenzó a inventarse diálogos para ver si alguno resultaba lo suficientemente convincente para conquistar a una chica.
En su entretenimiento, caminó hacia un árbol y fingió que este era una chica, haciéndole una plática imaginaria en donde todo salía de acuerdo a sus planes.
—Esta noche es encantadora, pero no tanto como tus ojos. ¿Mi nombre? Si tanto te interesa, me llamo Lance, pero tú puedes llamarme…
—¿Te puedes callar? No me dejas escuchar música.
Totalmente descolocado, Lance se le quedó viendo a la rama que tenía en sus manos. Cayendo en la realidad de que era imposible que el árbol le hablara, lo rodeó para llegar al otro lado, encontrándose a una chica sentada en el piso con las piernas recogidas hacia su pecho. Tenía su cabello marrón claro bastante largo, adornado con una diadema del mismo color que su vestido lila. A pesar del accesorio, su cabello ondulado caía desordenadamente y su fleco le tapaba la frente y parte de los ojos miel que lo miraban duramente. En sus manos tenía su celular con audífonos conectados que iban a sus orejas escondidas en su mata de pelo.
Lance se sentía hundido en la vergüenza. ¿Qué tanto de sus escenarios imaginarios de conquista había escuchado la niña? Supuso que aún era una niña, pues si él se veía chico comparado a los graduados de la fiesta, ella se veía aún más.
—Yo… no pensé que hubiera alguien aquí. Digo… —Agradecía que hubiera poca luz, porque de haber suficiente habría sido muy notorio el color rojo de sus mejillas.
La chica, inmune a la vergüenza de Lance, se quitó uno de los auriculares para escucharlo mejor y le puso pausa a su canción.
Al ver la pantalla encendida, Lance logró ver la imagen del álbum y reconoció la portada al instante.
—¿Ese no es…?
Repentinamente, la vergüenza de Lance había desaparecido. Se puso en cuclillas al lado de la chica para ver mejor la pantalla.
—¡Lo sabía! Es Your Love.
—¿Disculpa? —Ella se limitó a levantar una ceja, totalmente anonada.
—Estabas escuchando Your Love de The Outfiled. ¡Es quizá mi canción favorita! O bueno, una de las que más me gustan. Nunca había conocido a alguien más o menos de mi edad a quien le gustara eso.
—En realidad —respondió, aún extrañada del cambio repentino de comportamiento que el chico tenía—, es la primera vez que la escucho. Mi hermano me dijo que le gustaba mucho y quise escucharla para saber por qué. Además, no quería estar dentro del gimnasio.
Lo último lo dijo cohibiéndose un poco, dejando que su fleco ocultara aún más sus ojos.
Lance al inicio no supo si dejarla ahí y regresarse a la fiesta o quedarse con ella. Pensó que podría seguirle hablando de esa banda que ella acababa de descubrir y que a él le gustaba tanto, pero tenía la impresión de que a ella no se le daba tan fácil interactuar con la gente como a él.
Aún así, decidió intentarlo.
—¿Y te gustó la canción? —preguntó con la voz baja y calmada, sentándose con las piernas cruzadas frente a ella. Al parecer surtió algún efecto, pues ella volvió a levantar la mirada para verlo.
—Estaba a la mitad cuando en eso te pusiste a seducir al árbol.
—Oh.
Lance volvió a enrojocer de sus mejillas, pero no se dejó cohibir.
—Ponla desde el inicio. Si quieres disfrutar esa canción en su totalidad tienes que entender unas cosas sobre los años 80s.
Tomó uno de los auriculares y, señalándolo, indicó si podía usarlo. La chica sólo asintió, muy extrañada de la personalidad de Lance.
Cuando la canción comenzó, Lance le habló sobre ese grupo, el por qué había hecho esa canción.
—¿Quién es Josie? —dijo la chica al escuchar la primera estrofa de la canción.
—La canción es de un joven enamorado de una mujer mayor que tiene un hijo. El hijo se va de vacaciones y el joven aprovecha para decirle a ella cuánto la ama.
Lance no pudo evitar reír cuando la chica miró de nuevo la pantalla de su celular, con una cara de extrañeza tal que parecía haber encontrado un animal jamás visto.
—No creo que a tu hermano le guste la canción por eso. A mí me gusta más que nada por el modo en que el joven habla del amor. Es tan intenso lo que siente que debe expresarlo, a sabiendas de lo que la gente dirá de él.
—Viéndolo así, tiene más sentido. Aunque… conociendo a mi hermano, creo que lo de las mujeres más grandes no es tan erróneo.
A Lance le dio pena decirle que él también tenía gusto por mujeres más grandes. No por nada estaba ahí.
Mientras Lance seguía hablando sobre la canción, la chica cerró los ojos, dejándose llevar por una mezcla extraña entre la música y las palabras de Lance. Hacían una mezcla muy particular, casi armoniosa.
Cuando la canción terminó, abrió los ojos. Lance se dio cuenta de que ella se veía mucho más tranquila, ya no malhumorada, aunque aún tímida, pero de un modo más agradable y fácil de llevar.
Se dio cuenta a pesar de la poca luz que la chica tenía algunas pecas en sus mejillas. Le llamó la atención porque él también las tenía, sólo que en ella era más notorio por su piel tan blanca.
—Te ves muy chico para graduarte de la preparatoria —comentó ella al darse cuenta que estaba siendo observada.
Lance rio y negó con la cabeza.
—Es que no soy un graduado. Le dije a mi hermana que quería acompañarla a la fiesta y me dejó hacerlo. Yo voy a ingresar a la preparatoria después del verano.
Hasta ese momento Lance se preguntó qué hacía ahí alguien más joven que él.
—¿Y tú? No eres tampoco de los graduados, ¿o sí?
—No. Yo estoy en primer año de secundaria. Vine porque mi hermano se gradúa. Mis padres tenían hoy una reunión de trabajo y no me dejaron quedarme sola en la casa. Preferí venir aquí. Al menos Matt me deja hacer lo que quiera.
Al haberse quitado los audífonos notaron que la música proveniente del gimnasio se filtraba hasta donde estaban ellos. Era más bajo el sonido, pero muy perceptible.
—¿Y qué haces aquí afuera? —preguntó Lance, genuinamente curioso.
La chica bajó la cabeza y miró hacia otro lado. Poco a poco volvía a ese estado introvertido.
—No me gusta estar rodeada de gente. Me siento más cómoda estando sola.
—Oh.
Lance no supo si esa era una indirecta para decirle que se fuera. Se puso a pensar cómo de la nada se le había acercado a la chica, sin presentarse e invadiendo su privacidad.
—¡No, no! No hablaba de ti —se corrigió ella de inmediato cuando vio la cara de incomodidad que había puesto él—. Perdón, siempre es lo mismo. A veces digo cosas sin pensar en lo que otros puedan sentir al respecto. Luego entiendo por qué me molestan por eso.
—No seas tan dura contigo. No pasa nada. Pero más importante aún, no importa cómo seas, nadie tiene derecho a hacerte menos o tratarte mal. No es entendible que la gente te moleste.
La chica le sonrió vagamente, parecía que esas palabras tuvieron mucho significado para ella.
Lance se dio cuenta de que ni siquiera se había presentado, por lo que decidió comenzar.
—A todo esto, me llamo…
—Lance —lo interrumpió.
El chico levantó una ceja, anonado.
—Se lo dijiste al árbol y te escuché.
Lance recordó sus frases de conquista.
—Yo me llamo Katie —dijo ella luego de reír.
—Mucho gusto, Katie.
Ambos se sonrieron y miraron al piso, ya no muy seguros de cómo seguir la conversación.
Al quedarse callados, el sonido de la música se hizo más presente. Lance reconoció la canción que estaba comenzando a sonar. Iba a decir algo, pero Katie le robó la palabra.
—Parece que ya comenzó la hora de las baladas románticas. Quizá la fiesta ya no tarde en terminar.
Lance asintió. Ringht Here Waiting se escuchaba desde la puerta abierta del gimnasio. Antes de ir a la fiesta había pensado que para esa hora estaría bailando románticamente con una chica, dejando que esta colocara su mejilla sobre su hombro, balanceándose lado a lado.
Volteó a su lado y Katie estaba mirando de nuevo su celular. Ella era huraña e introvertida, contrario a la clase de mujeres que Lance solía buscar, más coquetas, elegantes y femeninas. Pero era extraño, en sólo veinte minutos, Katie le resultó la chica más agradable que había conocido hasta ahora. Salía por completo del formato que él tenía sobre las mujeres.
Sonrió de lado. Esperó no estar siendo muy intrusivo.
—¿Quieres bailar?
El celular casi se le resbaló a Katie. Sus mejillas lograban verse ardiendo a pesar de la poca luz.
—¿B-bailar? ¿Tú? ¿Yo? ¿Q-qué?
Lance finalmente soltó la carcajada.
— ha dejado de funcionar —dijo, aún riendo entre ternura y diversión.
La chica soltó una risa clara y genuina por el comentario. Fue la primera vez que la escuchó reír así.
—Entiendo si no quieres. Sólo era una idea. ¿Pero qué sentido tiene venir a un baile si no vas a bailar?
Katie pareció dudarlo. Jugaba con sus dedos de un modo curioso.
—Supongo…
Se puso de pie y se quitó polvo de su vestido. Lance también se levantó y le extendió la mano para que ella la tomara. La mano de Katie estaba congelada. No sabía si así era su temperatura siempre o si estaba ella muy nerviosa.
No queriendo incomodarla, la llevó más cerca de la puerta. La música se escuchaba mejor y había algo más de luz. Así quizá y no se sentiría tan acorralada.
A Lance le parecía extraño que supiera tan bien cómo hacerla sentir más cómoda. Siempre estaba rodeado de gente extrovertida como él, hablando y riendo abiertamente. Era la primera vez que convivía genuinamente con alguien como ella. Le pareció bastante tierna.
Le extendió la otra mano. Ahora se estaban tomando de ambas manos y Lance pensó que lo mejor era que eso fuera lo más cercano que pudieran estar. Creyó que, si se le acercaba más, la chica se arrepentiría o se sentiría incómoda. No quería eso.
—Sólo balancéate —dijo Lance con la voz más calmada y alegre que pudo—. Izquierda… derecha… izquierda…
—Sé cómo balancearme, Lance —le respondió riendo, mirándolo desafiante.
Siguieron balanceándose, ambos riendo vagamente al pensar que debían verse ridículos a ojos de otros por sólo estar tomados de las manos, inclinándose de izquierda a derecha al ritmo lento de la canción. Pero no le importó a ninguno de ellos. Así se sentían cómodos.
—¿Qué tienen con la música de los ochentas? —preguntó Katie para no crear un silencio incómodo.
—¿A qué te refieres?
—A mi hermano le gusta, tú sabes mucho de esa música, la están poniendo en el baile…
—Es muy bonita. Puede ser muy alegre, muy fuerte o… muy romántica.
Katie desvió un poco la mirada con la última palabra.
—Sí, supongo.
—¿No te gusta?
—Digamos que nunca le había prestado atención.
Lance le soltó una mano y levantó un poco la otra. Al inicio Katie no entendió qué pretendía hacer.
—Da una vuelta —dijo Lance.
Katie sonrió y giró sobre uno de sus pies. Su vestido ondeó con la vuelta.
Volvieron a tomarse de las manos y rieron.
—Tú también —dijo Katie, divertida.
Lance volvió a levantar una ceja. Eso no se lo esperó, pero ante la idea rio con más ganas.
Katie levantó su mano y, aún sujetándose de ella, Lance dio una vuelta. Jamás lo había hecho. Siempre pensó que era cosa de mujeres el girar así en un baile, pero hacerlo le pareció de lo más divertido.
Al ser él más alto que ella, tuvo que bajar un poco más para dar el giro. Katie se esforzó por levantar su brazo lo más que pudiera.
Volvieron a tomarse de ambas manos. Katie se veía mucho más suelta, divertida. Eso tranquilizó a Lance. La sonrisa de ella era contagiosa.
Volvieron a balancearse, pero la canción estaba a segundos de terminar. Cuando finalizó, se soltaron. Las manos de ambos habían comenzado a sudar y les dio pena el que el otro se diera cuenta.
Katie iba a decir algo, pero el llamado de alguien los asustó.
—¡Katie!
La chica de inmediato volteó y Lance también. Caminando hacia ellos venía un chico con un gran parecido a Katie y, al lado de suyo, venía la hermana de Lance.
Cuando llegaron, cada uno fue con sus respectivos hermanos menores.
—¿Qué hacías acá afuera? —preguntó Matt. —Te dije que podías ir a donde quisieras, pero que me dijeras primero.
—Te vi muy ocupado tratando de coquetear con chicas. No quería arruinar tus conquistas.
A Lance le llamó la atención el tono que usó, más en confianza, con la sensación de que al hablar no iba a ofender a nadie. Se veía más segura de sí misma.
Matt rio, algo apenado. Lance pudo identificarse con eso.
—Al menos estás bien. Me asustó no verte.
Rachel se acercó a su hermano. Ella, más que verse preocupada, parecía extrañada.
—¿Y tú qué haces afuera? Creí que serías el rey de la pista de baile, pero nunca te vi ahí.
—Digamos que me dieron más ganas de bailar en otra pista —respondió, apenas y volteando a ver a Katie.
Eso no le dijo nada a Rachel, pero prefirió no seguir preguntando.
Matt se le quedó mirando a Lance.
—No pensé que nuestros hermanos se conocieran —dijo, viendo a los dos menores.
—Hasta hace como diez minutos —le contestó Katie —. Lance estaba tratando de seducir a la rama de un árbol. Nada que no hayas hecho tú ya antes, hermano.
Rachel y Katie rieron.
—Pidge… —dijo su hermano, en tono de advertencia.
Katie dejó de reír, pero seguía sonriendo.
Matt al final quitó su cara de fingir estar enojado y le dio unas palmadas en la cabeza.
—Bueno, ya que ya apareciste, mejor nos vamos. Esta fiesta ya terminó de todas maneras.
Matt se acercó a Rachel y a su hermano.
—Fue un gusto conocerte, eh…
—Lance —respondió.
Los dos se estrecharon la mano y luego Matt se despidió de Rachel.
Katie repentinamente se puso nerviosa, no sabiendo cómo despedirse de Lance, por lo que este dio el primer paso.
—Me la pasé bien contigo —dijo Lance extendiéndole la mano para estrechársela con una amplia sonrisa. Katie le devolvió la sonrisa y le extendió la mano.
—Yo también.
Se miraron unos segundos y luego soltaron sus manos. Katie dio media vuelta y siguió a su hermano.
—Hasta luego, Katie.
Ese "luego" tardaría en llegar.
