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Las nubes se extendían por todo el cielo amenazando con tormenta. El retumbar de sus truenos era capaz de espantar a cualquiera y el aire estaba tan frío que uno podía ver su propio aliento al hablar. Cualquier persona normal hubiera pensado que aquel pronóstico del tiempo no era para nada favorable y que, la decisión más sensata, era buscar refugio. Pero Kageyama Tobio no era alguien normal y un clima así significaba que era el momento ideal para dar una caminata por el bosque.
El bosque era extenso y traicionero, sus fuertes robles se levantan con orgullo y su salvaje vegetación cubría todo lo que podía. El paisaje resultaba tan bello y atemorizante, que llenaban a Tobio de extraña combinación entre amor y respeto.
Tobio inhaló profundamente, dejando el delicioso aroma de pino llenar sus pulmones. Se sentía afortunado por tener aquellos momentos de paz en su vida teniendo en cuenta todo por lo que tuvo que pasar.
Días con ese tipo de clima siempre lo ponían pensativo y era porque gustaba salir a caminar. Disfrutaba alejarse, tomar unos minutos para pensar y reflexionar en esas cosas que juro nunca decirle a nadie. Ese día en particular se encontraba más nostálgico de lo normal y sus pensamientos habían comenzado a ir por un camino turbio cuando de repente, el crujir de unas ramas captó su atención. Se sintió agradecido y curioso al mismo tiempo. Se levantó con lentitud y sacudió sus ropas.
Respiró hondo, logrando así identificar al intruso ante de verlo.
Dulce, naranjas....
Sonrió levemente, sabía perfectamente de quien se trataba.
—¡Kageyama! —Gritó el chico.
—Hinata... —Respondió él en un tono suave. El pelirrojo sonrió y comenzó a hablar con energía. Kageyama solo asentía con la cabeza escuchando distraídamente todo lo que decía mientras caminaban de regreso al campamento.
Ambos chicos eran parte del clan Suno Karak. Eran un grupo pequeño y en comparación a otros clanes no tenían mucho que ofrecer. A pesar de eso, eran un clan muy unido y desde el principio hicieron sentir a Kageyama parte de su familia.
El moreno miró a Hinata con una sonrisa. Sino fuese por su gran insistencia, lo más seguro es que él seguiría recorriendo el bosque por su cuenta sin lugar a donde ir. Ahora, gracias a él, tenía una verdadera familia; amigos que lo aceptaban y querían tal y como era, y lo más importante, un hogar.
Definitivamente le debía mucho a Hinata.
—¡Hey! ¿Me estás escuchando, Kags?
—Claro que lo hago.
—Entonces estás de acuerdo con lo que digo, ¿No? —Kageyama asintió, sin saber realmente a qué se refería. —Ah, que bueno ver que admites que soy más rápido que tú y mejor en todo. Era hora que lo aceptaras.
El moreno levantó una ceja. —¿Disculpa?
Hinata le mostró una sonrisa traviesa. —Alcánzame si puedes, Bakageyama.
—¡Espera! ¿Qué? ¡Hinata, idiota!
Hinata salió corriendo y Kageyama lo siguió sin dudarlo. Aunque su tono era molesto, el moreno iba sonriendo. Quería mucho a su amigo, pero no podía evitar controlar ese lado competitivo que siempre surgía cuando estaban juntos. Ambos iban riendo y Hinata gritó indignado cuando Kageyama lo rebasó sin problema un minuto después iniciada su carrera. La victoria de Kageyama fue corta, porque de un segundo a otro se encontró siendo dejado atrás por un lobo de pelaje rojizo. Abrió los ojos con cierta sorpresa antes de cambiar su expresión a una de molestia.
¡Maldito Hinata!
—¡Eso es trampa! —Gritó con enfado.
Bueno, si así quieres jugar...
Kageyama tomó impulso y de un salto su cuerpo cambió. Cuando aterrizó, un lobo de pelaje un oscuro quedó en su lugar. Lo único que se permaneció igual fueron sus ojos azules, los cuales brillaban con emoción mientras perseguía a su amigo.
El par de lobos corría con energía, con un trote tan fuerte y veloz que parecían caballos. Los animales huían despavoridos al escucharlos venir siendo intimidados por su gran tamaño. Eran más grandes que los lobos normales y los humanos fácilmente los confundían con osos. Hinata era pequeño en comparación a sus amigos, pero era más veloz que cualquiera. Kageyama era el único que lo rivalizaba y quizás era por eso que el pelirrojo sentía la necesidad de retarlo cada vez que podía.
El moreno alcanzó a su amigo sin mucha dificultad. Corría justo detrás de Hinata. El pelirrojo bufó molesto y ansioso, notando lo cerca que estaba su rival de él.
Solo un poco más, pensó Hinata al ver que les faltaba poco para poder llegar al campamento.
Las cabañas aparecieron frente a ellos. Hinata casi podía saborear la victoria cuando de repente, Asahi se atravesó en su camino. El chico iba completamente distraído y Hinata, en un intento desesperado por no chocar con él y evitar lastimarlo, se frenó abruptamente sin recordar que Kageyama iba detrás suyo. Kageyama soltó un sonido de sorpresa y ambos lobos se quejaron ante el impacto de sus cuerpos. Rodaron por el suelo mientras Asahi seguía caminando tranquilamente, completamente ajeno a lo que había provocado.
Kageyama terminó acostado boca arriba, siendo atrapado por Hinata que estaba sobre él con sus patas a cada lado. Kageyama gruñó molesto, indicándole con la mirada al otro que se quitara de encima. Hinata, a pesar del golpe que se dieron, parecía contento y en vez de moverse como le pedía Kageyama, aprovecho la posición de ambos para inclinarse y lamer de forma cariñosa su hocico. El otro se tensó ante la acción Shouyou solo agitó su cola de un lado a otro, sintiéndose complacido.
Hinata por fin se movió y comenzó a caminar de regreso a la cabaña que ambos compartían. Kageyama se enderezó lentamente y juro que si no fuese porque se encontraba en su forma animal su rostro estaría rojo de la vergüenza. Caminó sin prisa detrás de Hinata mirándolo con curiosidad. Él era su mejor amigo en todo el clan. Hinata lo entendía mejor que nadie y había estado a su lado desde el principio. Se encontraba agradecido con él y afortunado de tenerlo en su vida. La relación de ambos no siempre fue fácil. Hubo muchas discusiones y disgustos entre ellos, pero superaron todo aquello y lograron forjar una amistad muy especial. Eran tan cercanos ahora que, bueno, había veces que parecían más que amigos. Había ocasiones que todo parecía igual entre ellos, pero los pequeños detalles eran los que le recordaban a Kageyama que había algo más.
Sus amigos del clan lo habían notado también y varios de ellos los alentaban a comenzar una relación. Kageyama no iba a negar que tenía sentimientos por Hinata, pero había muchas cosas que lo hacían dudar. Su pasado lo acechaba y lamentablemente, le impedía avanzar. Hinata era un chico sensacional y muy encantador, él se merecía alguien mejor. Alguien que fuese capaz de entregarse a él completamente.
Llegaron a la cabaña. Hinata abrió la puerta con su hocico y ambos entraron. Se dirigieron a lados opuestos y, dándose la espalda, se transformaron de nuevo en humanos. Kageyama se apresuró a vestirse. La desnudez era algo muy cotidiano para cualquier lobo y no existía morbo entre ellos. Pero desde que las cosas con Hinata cambiaron, no podía evitar sentir algo de vergüenza y comportarse de manera más pudorosa.
Se giró al mismo tiempo que Hinata. El chico le sonrió y guiñó el ojo antes de salir. Kageyama suspiró y fue detrás de él, ligeramente sonrojado.
Al salir notaron que varios de los chicos se encontraban reunidos y parecían estar teniendo una discusión acalorada. Ukai y Daichi, los dos alfas líderes del clan, se veían preocupados y molestos. Kageyama se acercó a ellos con el ceño fruncido. Podía oler el temor y furia que sentían. Antes que de poder preguntar qué era lo que estaba pasando, una fuerte ráfaga de viento proveniente del este atravesó el campamento. Kageyama respiró hondo y logró percibir el aroma que tenía a los alfas tan tensos.
De repente, fue como si el tiempo se detuviera para Tobio.
No… Esto no puede ser… Alfa… ALFA
Tobio palideció y sus manos comenzaron a temblar. Cerró sus ojos con fuerza.
Peligro PeligropeLigroPeligroA faA LFAal-AlfaALFA-
Su respiración se volvió irregular. Una terrible combinación de terror y emoción recorrió su cuerpo.
SalvajePELigroso ALFAaLFa ALFA alfa AL--
Por mucho tiempo creyó que nunca iba a tener que preocuparse por él otra vez.
Pensó que se encontraba libre de su pasado y que era más fuerte a ahora.
Pensó que estaba seguro.
Peligroso.
Cruel.
No había duda.
Delicioso.
Solo podía tratarse de él.
Oikawa.
