Chapter Text
Día 1: Progreso
Semi AU con quirks, en el que Eri nunca aprendió a manejar su particularidad ya que nunca completó su entrenamiento.
En parte inspirado en la película del diario de una pasión, por lo que hay angst.
—Buenos días, señor Deku ¿qué tal está?
Izuku sonrió. Positivo y tranquilo como cada día ante los demás, aunque preocupado y atemorizado muy en el interior. Era un día más, un intento más. No había nada que perder.
—Estoy bien, gracias, por preguntar. Aunque solo llámame Izuku o mínimo Midoriya, eso de señor no termina de convencerme, tengo treinta y dos años, y aún tengo juventud, ¿sabes? —comentó el pecoso con una risa ronca.
La enfermera rió, ella era una joven muy hermosa, de cabellos platinados y largos que estaban detenidos en un bun en su cabeza. Sus ojos eran rojizos y suaves y sus sonrisas eran hermosas.
Después de todo, Eri no había dejado de sonreír después de que Izuku le rescatara cuando estaba pequeña. Ahora ella estaba en sus veintes, mientras que Izuku iba algo más adelante iniciando la década de los treinta.
—Lo sé, es solo... lo respeto mucho, y también le admiro, sigue salvando a la ciudad, y a pesar de eso viene diario. Debería descansar más.
—Cuando se trata de amor nunca estás cansado. Nunca dejas de intentar. Ni de ser positivo al respecto.
—No hemos notado cambios en sus registros, su cerebro está igual. Los doctores realmente no saben cómo revertirlo —Eri se mordió el labio inferior de forma inquieta. Parecía culpable. Probablemente así se sentía incluso si no tenía nada que ver.— Han pasado meses... yo... si tan solo yo pudiera controlar mejor...
Los ojos de la chica se pusieron llorosos y eso le estrujó el corazón a Izuku. Ella no tenía la culpa de nada. Aizawa había intentado entrenarla, pero al nunca poder hacer pruebas con humanos para detectar si había progreso o no, Eri había terminado asustándose y por ende eso le había llevado a nunca aprender el manejo de su don. Luego, cuando su profesor falleció en labores heroicas, nadie más quiso hacerse cargo de su entrenamiento.
Por esa misma razón la chica había decidido estudiar enfermería, y es que tenía el deseo de ayudar a otros sin importar qué. Era un pensamiento muy noble.
Pero Izuku entendía a la perfección la frustración de no poder controlar su particularidad, por lo que sintió que se le rasgaba el alma de verla llorar.
—Hey... —susurró él con dulzura y acariciando su cabeza, Eri siempre le provocaba un sentimiento protector— no pasa nada, ¿sí? No es para nada algo de lo que te deba culpar. Nosotros... tuvimos mala fortuna ese día, pero confío en que un día de estos pasará. Saldremos adelante. Shouto es muy fuerte.
Eri se limpió las lágrimas con cuidado y le sonrió con los ojos acuosos.
—Es que yo, si yo-
—Basta, por favor, esto fue un accidente mientras estábamos trabajando, y no tuviste algo que ver, fue un niño inocente que como tú no tenía idea de cómo manejar su don, pero pasará. Lo hará.
Izuku le sonrió, y luego aspiró un poco al ramo de rosas blancas que traía en la mano. Por supuesto eran para Todoroki. Él intentaba traerle algo nuevo todos los días, y las flores de ese tipo indicaban que deseaba pronta recuperación para él. Tenía fe en Shouto. Mucha. Nunca dejaría de tenerla, y estaría para él hasta el último de sus días. Después de todo, ellos habían hecho esa promesa el día de su boda.
Su esposo nunca faltaba a su palabra e Izuku mucho menos lo haría.
—Son unas lindas flores —comentó Eri con los pómulos en color rosa.
—Gracias. Espero que le gusten. Shouto puede ser difícil, pero su corazón es noble y vamos a lograrlo.
—Siempre tiene esa confianza en él. Es lindo ver que dos personas se quieran así.
—Confío en que Shouto volverá. Tarde o temprano lo hará. Ahora, si me disculpas, tengo una cita con el amor de mi vida.
—Claro, hasta luego se-... Midoriya.
—Adiós, Eri-chan.
Izuku se despidió con un movimiento de mano y una sonrisa, y entonces emprendió su camino al tercer piso, justo donde estaba la habitación de Shouto.
Hacía siete meses Shouto había sido golpeado por un quirk de un niño asustado que estaba rescatando de un incendio. El pequeño había activado sin querer su quirk y entonces Shouto ahora sufría una falta de memoria... aunque era más bien algo parecido al Alzheimer.
Treinta y un años y con esa enfermedad. Era una locura. Shouto seguía teniendo su cuerpo firme y joven en cuanto a dolencias o padecimientos, pero a veces sufría de la pérdida de actividades básicas como comer o asearse. A veces sí lo hacía. También había llegado a recordar detalles de su vida actual o cuando era más joven. Aunque jamás había llegado a recordarle a él.
Y claro, por si eso fuera poco, se había olvidado por completo de él. De su amor. De su vida juntos.
Era muy duro. Seguir trabajando y luego ir a verlo para no tener nada que le indicara que algo estaba mejorando. Él se presentaba a diario con él, intentaba ser su amigo y trataba de enamorarlo a diario. No es que antes no hubiera estado enamorándolo a diario, pero ahora era distinto. Debía poner mucho más empeño, y más entereza emocional. Tenía que ser muy fuerte cada vez que iba a verlo.
La situación era muy frustrante en ocasiones. Había veces en las que Midoriya no podía contenerse y lloraba por la noche una vez que estaba en casa. Cómo deseaba estar de nuevo entre sus brazos como antes. Que le estrechara, dormir en su pecho o que él durmiera en el suyo. Que tomara las siestas en su regazo, que le besara las pecas, que le dejara acariciar su rostro, besarle los labios, y amarlo con cada porción de su ser.
Debía conformarse con esto. Y seguir esperando. No perder esa pizca de esperanza y seguir creyendo que en algún momento todo estaría bien.
Izuku contuvo el aliento una vez que se paró tras la puerta de su habitación, suspiró profundamente, y entonces tocó.
—Adelante —el característico monótono color de voz se escuchó del otro lado de la puerta. Al menos eso no cambiaba en él. Incluso si olvidaba muchas cosas.
Con todo el valor reunido en su mano, Izuku bajó la manija y asomó la cabeza.
—Buenos días, Todoroki-kun.
Una de las advertencias del doctor era no hablarle con tanta familiaridad a Shouto, por lo que debía usar su apellido. Y aunque era doloroso, Izuku se consolaba con aquellos días escolares en los que ya se estaban enamorando del otro, pero aún así mantenían la formalidad.
—¿Buenos días? Uh... ¿quién eres?
La expresión de Shouto no era precisamente amable pero tampoco grosera, solo era cautelosa. Era lógico, él no estaba familiarizado con nada. Ni siquiera con él.
—Buenos días —le sonrió de forma brillante.— Mi nombre es Izuku Midoriya y he venido para otorgarte algo de compañía.
—Gracias, pero no necesito compañía.
Aquí iba de nuevo. Siempre era complicado iniciar porque Shouto tenía vestigios de su personalidad: "Sr. No vine aquí para hacer amigos."
El pecoso rió brevemente.
—Lo sé, pero me han enviado acá y no podré uh, irme hasta dentro de unas horas porque desconozco un poco la ciudad. Así que... ¿me dejarías quedarme aquí hasta que vengan por mí?
Siempre debía inventarse algo, las mentirillas blancas eran necesarias para romper un poco el hielo. Las necesitaba para quedarse allí con él.
—Como sea.
En el lenguaje borde de Shouto, Midoriya sabía que eso era un sí.
Izuku terminó por entrar y le entregó las flores.
—Toma. Es un regalo por dejarme estar aquí. Me dijeron que te gustaba tener flores en tu habitación.
Shouto miró por instinto hacia el jarrón que tenía algunas violetas, parecía estar convencido de las palabras de Izuku por la mueca casi imperceptible que le vio hacer.
—Gracias.
Pero no las tomó de sus manos, por el contrario, caminó hacia el balcón y se sentó en una de las sillas para mirar hacia afuera.
Eso no inmutó a Midoriya, simplemente caminó hacia el jarrón, le quitó las flores antiguas, lavó el recipiente y acomodó las nuevas. Se veían lindas, tan bellas como el cabello de Shouto en su lado derecho.
Se percató de que la comida que le habían llevado estaba intacta sobre la mesita, así que estaba aliviado de haber traído el desayuno para ambos. Normalmente Shouto comía, pero había días como hoy en que parecía estar triste y se saltaba los alimentos. Quizá de forma involuntaria al olvidar que debía comer, pero Izuku podía leer muy bien su estado de ánimo.
Miró alrededor de la habitación y se dio cuenta que como era usual, estaba perfectamente ordenada; la cama estaba hecha, los platos limpios estaban en la pequeña alacena y los libros acomodados. Este era Shouto. Este era él. Seguía estando allí.
Midoriya se dirigió con cuidado hacia el balcón y se quedó observando como Shouto miraba todo lo del exterior. Al menos todo lo que podía ver. Tanto su ropa pulcra y blanca del hospital como su cabello se movían con el ligero viento de esa fresca mañana de invierno.
Nevaría en unos días. A Shouto le encantaba la nieve. Tal vez podría conseguir el permiso del doctor para que saliera a verla caer, a sentirla en su piel y dejarse descansar sobre ella.
—¿Tienes hambre?
Lentamente Shouto despegó su vista del horizonte y posó sus ojos heterocromos en él. La mirada que tanto amaba. La que anhelaba le viera con amor de nuevo.
—No lo sé —respondió Todoroki algo inseguro.— Es que hoy...
Todoroki eligió quedarse callado. Midoriya no iba a presionarle.
—Traje soba fría, ¿te gustaría un poco?
Los ojos de diferente color brillaron con intensidad en cuanto escuchó aquello. Quizá Shouto tenía problemas para recordar muchas cosas, pero al parecer su comida favorita no era una de ellas. Cuando Todoroki asintió Izuku rápidamente fue por las cosas, se las puso sobre la mesita junto a él y le dio los palillos, le recordó cómo sostenerlos y utilizarlos, y en medio de un desastre que parecía infantil, Shouto comió de forma satisfecha y calmada.
—¿Quieres un poco más?
Él no respondió. Simplemente volvió su mirada hacia afuera. Casi siempre lo hacía. A veces no le volvía a dirigir la palabra durante el resto de su visita, y aunque dolía, debía ser más paciente que nadie para evitar llorar por ello frente a él.
—Parece ser que nevará en unos días, ¿te gustaría ver la nieve?
—Nieve...
—¡Sí! ¿Quisieras acompañarme a verla?
—¿Por qué debería? Ni siquiera sé si puedo confiar en ti.
—Puedes... en verdad puedes —le dijo Izuku de la forma más dulce que encontró, sacándose el nudo de la garganta ante la forma tan brusca de ser de Shouto. Pero este era él. Su Shouto. Su Shou-chan.
—Mis hermanos. Quiero ver a mis hermanos.
Era raro que Shouto hablara de ellos, pero mientras recordara algo, él debía alentarlo.
—Oh, claro... ellos... ellos vendrán más tarde. Por ahora, si hay algo de lo que quieras hablar, puedes decírmelo.
—No hay nada. De hecho puedes irte. Estoy bien.
—P-Pero, si hubiera algo, lo que sea, de verdad puedo escucharte o... ¿te gustaría escuchar música? ¿O leer un libro? ¿Escuchar alguna historia? Totalmente puedo intentar buscarlo o conseguirte lo que quieras, solo dime y pondré manos a la obra para que-
Repentinamente Shouto comenzó a reír. Algo breve, pero no lo había escuchado hacerlo en todos esos meses. Y no era una risa de burla, sino una sincera y amable.
—Eres muy parlanchín y entrometido —su mirada se endulzó por un momento.— Él también era así...
—¿Él? —inquirió Izuku esperanzado.
—Se llama Izuku. Me recordaste mucho a él... es... tan cautivador. Espero poder decirle cómo me siento un día de estos.
—¿Tú... tú te sientes atraído a él?
Esto era... simplemente inédito. Shouto nunca había hablado de él. Quizá ahora lo estaba haciendo respecto a su época escolar, pero no importaba esto era importante. Era la primera vez que lo mencionaba. El corazón se le apretó, y tenía tantas ganas de llorar.
—Es más que eso... es mi mejor amigo, creo... que estoy enamorado. Al menos eso dijo mamá.
—Estoy seguro que ese tal Izuku es afortunado. Así que no tengas miedo y dile lo que sientes la próxima vez que lo veas.
Le dijo el pecoso mientras unas lágrimas involuntarias comenzaban a resbalar a través de sus mejillas.
Justo en ese momento Shouto miró en su dirección con los ojos bien abiertos.
—Bailar... a él le gusta bailar. ¿Por qué no bailas conmigo?
—¿Yo?
Todoroki asintió ansioso, y por supuesto que Izuku no se pudo negar a ello mientras le veía con esos ojos esperanzados y anhelantes. Esto era mucho más de lo que esperaba. Shouto seguía allí. Este paso era muy grande, y vaya... cuánto quería llorar de alegría debido a ello.
El muchacho de ojos heterocromos se levantó de forma torpe y le tendió la mano, e Izuku le siguió de inmediato dentro de la habitación. Lo siguiente que sabía era que Shouto le tenía pegado a su cuerpo, moviéndose ávidamente y elegante en cada paso. Como un baile de salón con música lenta.
Izuku no sabía si estaba bien dejarse llevar por ello, pero estaba tan feliz, de ese momento, tan cansado de todos esos meses sin progreso, que ahora todo lo que deseaba era recargar su cabeza sobre el hombre que le estaba sosteniendo.
Así que lo hizo, se rindió y tomó lo que quería, reposando su cabeza sobre él y aferrándose a su mano mientras se movían lentamente con una música inexistente.
—Izuku... —susurró Shouto en su oreja con sus mejillas juntas.
—Shou-chan... —murmuró de vuelta Izuku con un sollozo quebrado. Extrañaba tanto su calor y palabras dulces. El toque fino de sus manos. Su labios. Su voz.
—¿Izuku?
Sin dejar de moverse entre el compás de sus pasos, Izuku levantó la cabeza con cuidado hacia él, y se dio cuenta de que era a él a quien Todoroki estaba llamando. De que su mirada se notaba cristalina y sus labios estaba en un puchero.
—¿Shou-chan? Dime que esto no es un sueño...
Él no pudo evitar soltar más lágrimas. Todoroki por su parte aunque estaba conmovido, también lucía confundido.
—¿Qué sucede, cariño? ¿Por qué lloras?
—Hace meses que no me llamabas así. Estoy muy feliz, es todo.
—No entiendo... ¿qué hacemos en el hospital?
—Un quirk de un niño... es una historia larga, pero... ah... Shou-chan... te he extrañado mucho... —lloriqueó él.— Los médicos no saben bien cómo o cuándo volverás a la normalidad... ni siquiera sé si ahora es que estás volviendo, pero... no te rindas. Regresa conmigo. Con todos los que te amamos.
Shouto se inclinó mientras seguían bailando y le besó con fiereza. Con hambre. Como si de repente fuera consciente de todos los meses de distancia que habían tenido de forma emocional y mental. Quería que supiera a través de ese beso que aunque no estaba del todo bien, haría lo que fuera para no rendirse y volver a la normalidad.
Los labios de Izuku le respondieron con la misma intensidad, no sabía si esto era producto de su imaginación o si de verdad estaba sucediendo. Y si era así... ¿por cuánto tiempo? ¿Es que el efecto al fin se detendría y Shouto volvería a la normalidad? Así que él aprovechó su momento de lucidez y le besó como hacía meses no lo había hecho. Se permitió pasar las manos tras el cuello de Todoroki y besar, besar y besar. Todo labios, dientes y lengua. Era desordenado y profundo, pero lo necesitaba tanto.
—Te amo, Izu. Te amo más cada día. Gracias por no rendirte conmigo. Te prometo que hago lo que puedo. Todo estará bien, amor.
—Yo también te amo, Shou-chan. Y mi amor por ti es lo que me ha ayudado estos meses, no me voy a rendir jamás.
Shouto le limpió las lágrimas y después de eso, ellos simplemente continuaron bailando al ritmo que se habían inventado, tan amorosos y pegados. Tan juntos. Tan desbordantes de la pasión que sentían por el otro.
De repente su danza se detuvo, y el cuerpo de Shouto se tensó.
—¿Quién eres? ¿Por qué estás tocándome así?
—Shou-chan... —suspiró.— No... regresa, por favor quédate, no te vayas... —Izuku sorbió su nariz y la tristeza comenzó a invadirle como una avalancha.
—¡Suéltame! —espetó retirando con brusquedad sus manos de su cuello y su cuerpo entero del suyo.— ¡Vete! ¡¿Quién eres?!
Shouto dio un golpe en la pared, y su mano derecha comenzó a congelarse. Esto era malo, si se alteraba de más podría causar un accidente, por lo que oprimió el botón a un lado de la puerta para que los enfermeros vinieran a verle y calmarle con algún medicamento en caso de ser necesario.
Todoroki seguía gritándole que quién era cuando las enfermeras y un doctor llegaron, le inmovilizaron pronto y le inyectaron alguna clase de calmante.
—Lo lamento, y-yo... me equivoqué de habitación... lo siento...
Izuku se cubrió la boca con su mano y salió corriendo de allí con el alma destrozada. Se quedó parado tras la puerta y se dejó caer mientras seguía sollozando e intentando calmar los temblores de sus lágrimas.
Sin embargo, no todo era negativo. Tenía un consuelo, una esperanza ardiente que le estaba llenando el pecho. Esta era la primera vez que él le recordaba, que le llamaba por su nombre y por un apodo cariñoso. Que le tomaba en brazos como antes y le decía que le amaba. Shouto estaba allí. Shou-chan estaba allí. Este sin duda era el mayor progreso que habían obtenido hasta el momento, y jamás iba a rendirse hasta rescatarlo de ese mundo del olvido y tenerlo a salvo y entre sus brazos de nuevo.
El amor era esperanzador y paciente e Izuku lo sería cada día hasta lograrlo.
